Cultura y sociedad

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Entre el flamenco y la vanguardia: La propuesta y los críticos_2

 

Puerta de la Justicia, acceso a La Alhambra. Flickr

 

      La proposición del “Cante jondo”

     “En la sesión celebrada el día ocho del pasado mes por el Ayuntamiento de Granada, fue presentada y elocuentemente apoyada por don Antonio Ortega Molina, una solicitud de subvención para celebrar un concurso de Cante Jondo (canto primitivo andaluz) …” Así comenzaba Manuel de Falla un artículo en El defensor de Granada el 21 de marzo de 1922.

     Falla quería que se celebrara durante el Corpus, la fiesta grande de Granada. Alegaba la numerosa nómina de firmantes de la solicitud, que el Ayuntamiento había recogido con auténtico fervor, del cual se había hecho eco toda la prensa.

     El texto de la solicitud, la conferencia dada en el Centro Artístico por Federico García Lorca, los artículos publicados en prensa local y nacional señalaban el fin elevado del proyecto sobre el que escribía el músico gaditano afincado en Granada. Sin embargo, se veía en la necesidad de aclarar o solucionar ciertos equívocos que contrastaban con las innumerables adhesiones que había recibido para el proyecto.

     Para el maestro, la necesidad de actualización y revalorización del canto jondo era tan necesaria para Granada como la conservación del palacio de Alhambra, gastos que nunca consideraría injustificados, y cuya arquitectura había sido emulada en muchos edificios. Por ello consideraba que la música nueva no sería tal, ni las orquestas sonarían de un modo determinado de no haber existido influencias como los cantes populares andaluces y este era el caso del cante jondo.

     No era un simple azar que las músicas rusas buscasen inspiración en los ritmos, las formas, el color y los recuerdos de España. Una música, poesía de Andalucía, que estaba en peligro. Decía Falla que el canto andaluz era la sombra de lo que fue y debe ser, que había degenerado en el flamenquismo que adulteraba y modernizaba elementos esenciales que le caracterizaban. Se producían artificios en la modulación vocal que impedían la comparación de los puros cantos primitivos de Oriente con los nuestros. Criticaba, en fin, la torpe amplitud del reducido ámbito melódico de los cantos: la pobreza tonal de las dos únicas escuelas modernas y la frase groseramente metrificada sin flexibilidad rítmica.

     Pero no cabía la desesperación. Había que restituir la canción andaluza a su primitiva belleza como fin primordial del concurso de cante jondo. Y el marco incomparable de Granada se había elegido por devoción a la ciudad y la creencia en que ella misma hubiese dado forma definitiva a estos cantos. Persistirían en el intento de llevar a cabo el evento y sabían que, en un futuro, los artistas tendrían una razón para recordar Granada, su Corporación, el Centro Artístico y los iniciadores de la idea porque renacieron en toda su pureza esos cantos de maravilla como legítimo orgullo de la música natural europea[1].

      ¿Quiénes criticaban la iniciativa del Concurso de Cante Jondo?

     Existían dudas en el mismo periódico donde escribía Falla. Se comentaba que le eliminaron una alusión sobre la conservación de la Alhambra[2]. En medios liberales como EL SOL veremos cómo se informó críticamente. En los medios locales resalta la figura de Francisco de Paula Valladar con su revista La Alhambra. Y fuera de Granada, destacó la figura de Eugenio Noel, antiflamenquista y antitaurino, como recoge Gerardo Diego. Se habla incluso del excesivo purismo y elitismo de Fernando de los Rios, que inicialmente expuso críticas al cartel de Manuel Ángeles Ortiz. Debemos decir que, en defensa de Fernando de los Ríos, que era el factótum de todo lo que se organizaba en relación con el Concurso de cante jondo como autoridad académica indiscutible, miembro de la Institución Libre de Enseñanza y el miembro del partido socialista que fue a la Unión Soviética con Daniel Anguiano para elaborar un informe en 1920 sobre la adhesión de los socialistas a la Tercera Internacional comunista. Su tesis de no adhesión fue aceptada. El viaje y su posición sobre la Unión Soviética fue publicada en libro

     El cartel del concurso de Ortiz fue criticado entre los miembros del Centro Artístico más antiguos, lo que Lorca llamaría en el lenguaje de sus amigos de la Residencia de Estudiantes, putrefactos. Todo se solucionó con la copia del cartel que Falla envía a Zuloaga. El pintor le contesta por telegrama que era un cartel magnífico. Y Manuel de Falla lo fija en el tablón de anuncios del Centro Artístico. Silencio en todos sus miembros. Zuloaga era respetado por todos.

      Vamos por los críticos. En el diario EL SOL se publicaba el 14 de junio de 1922 una viñeta de Bagaria donde un guitarrista cantaba muertes y ejecuciones de forma sarcástica/irónica como única alegría.

¡Anda, arma mía y sigue echando alegrías por la boca!... Bagaria para EL SOL, 14-06-1922

 

     Sin embargo, al día siguiente, 15 de junio de 1922, hay una información más detallada y elogiosa coincidiendo con la celebración del Corpus. El 13 de junio: Entradas agotadas con el detalle de los vestidos a la moda de 1840 tanto en la aristocracia como en la gente del pueblo. Los hombres, con sombrero ancho y capa. Zuloaga decorando la plaza de los Aljibes. Tapices granadinos, mantones de Manila y telas antiguas. Candiles y faroles iluminaban con brillo y fantasía. Tras las presentaciones, discurso inaugural de Ramón Gómez de la Serna. Y después, se recoge las actuaciones de los concursantes. Al tiempo, se desarrollaba una exposición de cuadros de Zuloaga con éxito.

     Durante el 14 de junio, los trenes llegaron abarrotados de Sevilla y Córdoba. En medio del silencio más absoluto, al llegar la noche, cantaron Diego Bermúdez, Concha Sierra, Manuel Pavón, el Niño de Jerez, Antonio Muñoz y Carmen Salinas. A las doce, con el fin e inicio del día, comenzó a llover. Tras el chubasco, Caracol cantó saetas.

     El 16 de junio en un breve de EL SOL se informa de la decisión del jurado con el comentario del éxito del concurso, la fiesta ha tenido un carácter andaluz maravilloso que hará guardar al público un inolvidable recuerdo.

    El 17 de junio, EL SOL, en otro breve informa de la recepción que se celebró el día siguiente a la finalización del concurso en los salones de la Asociación de Periodistas en Granada. Se cita a Falla, Rusiñol, Zuloaga, Gómez de la Serna, corresponsales extranjeros y nacionales, artistas de Granada, pero no a García Lorca. Se celebró un lunch en una fiesta cordial.

      La ironía o la crítica, algo atávica, vuelve de la mano de Bagaria el 21 de junio. Sobre el carácter flamenco del vasco Zuloaga y el catalán Rusiñol.

     En las referencias que estamos haciendo de EL SOL, notábamos la ausencia de Adolfo Salazar, el crítico musical del diario, firmante de la adhesión a la solicitud del Concurso de Cante Jondo de 1922. En esos días se encontraba en París. Escribe un artículo el 23 de junio con el título Kaleidoscopio, y llegando al final dice:

      Tras el nombre de Falla, que está en todas las bocas, y tras el concurso de “cante jondo” que organiza, y que es aquí ya famoso…

      A pesar de la versión de González Alcantud, las críticas del desarrollo del concurso no pasaron de las caricaturas de Bagaria en EL SOL, aunque no sean extensos los artículos.

     Mayor crítica al concurso viene de la revista La Alhambra dirigida por Francisco de Paula Valladar. A mediados de febrero de 1922 advierte: Ser entusiasta de la fiesta de los cantos populares granadinos, pero dejémonos de «cante jondo…» Corremos, no lo olvide el Centro, el peligro gravísimo de que esta fiesta pueda convertirse en una españolada…

Francisco de Paula Valladar. Wikipedia

 

     A finales de marzo criticaba el artículo escrito en El defensor de Granada por Manuel de Falla por la referencia a la influencia del cante jondo en Rusia y Francia, argumentando que desde entonces han aumentado las españoladas y que se debería copiar la propuesta sevillana de saetas; y ve más interesante una labor investigadora y educativa como la de los músicos regionales manchegos y sus seguidillas o el sistema murciano de enseñanza de su canto regional.

     Sin embargo, no deja de señalar de forma admirativa la llegada de Rusiñol y Zuloaga, sin explicar que el motivo son los preparativos del concurso (La Alhambra, 31-5-1922). El 15 de junio critica que el tema El origen de los cantos populares andaluces: su estudio y vicisitudes, que había sido propuesto por la Real Sociedad Económica, haya quedado desierto en el concurso. Porque creía que era  escaso el tiempo para realizarlo, el ámbito geográfico de su estudio y la investigación sobre su origen e influencias en los gitanos.

     El 30 de junio dice que se han exagerado las influencias del cante jondo sin aportar documentos. Se queja de las 12.000 pesetas que ha aportado el Ayuntamiento, que no se han tenido en cuenta sus observaciones para no caer en la españolada, como así lo ha visto. Dijo que como festejo nuevo había resultado estupendo. Pero que, como cosa artística, había sido nulo. Y puso como ejemplo de españolada la zambra de gitanos y gitanas camino del Sacromonte con asistentes ataviados como en 1840. Y criticó, finalmente, la relación establecida con los orientalismos- las influencias del cante jondo y los cantos primitivos del Oriente- con la nueva música de Glinka, Debussy, Ravel y Stravinsky o Gautier y Merimeé.

     El 31 de julio anunciaba que estaba recogiendo toda la información publicada sobre el Concurso de Cante Jondo y señalaba un artículo publicado en La acción, irónico sobre el certamen. Las referencias siguen apareciendo directa o indirectamente al concurso de cante jondo como de la España de la pandereta el 31 de agosto, o como celebraciones a evitar (31-10-1922). Y a final de año- 31 de diciembre- describe al Concurso de Cante Jondo como de desagradable recuerdo.

     Finalmente, citaremos entre los críticos del Concurso del Cante Jondo y el flamenco a Eugenio Noel. Considerado miembro de la generación del 14 o epígono de la del 98, sobre él escribió Gerardo Diego por su aversión al flamenco y la tauromaquia como adversario ambulante y melenudo de la fiesta y en general del flamenquismo, al que atribuye todos los males del atraso patrio…sus diatribas contra el flamenquismo y el toreo hay que reconocer que se produjeron en un momento en que el exceso de popularidad del toreo y lo incompatible del abundante sacrificio caballar con la nueva sensibilidad moral que ya se estaba forjando las haría disculpables aunque tan exageradas…[3]

     Noel había publicado en 1914 dos revistas antiflamencas y antitaurinas de escasa tirada y poco anuncio económico que las sustentara: El flamenco y El chispero. En el caso que nos ocupa, la referencia es un artículo escrito el 10 de junio de 1922 en La Esfera. Con el título El misterio del Cante Hondo. El “tablao” se va, comenzaba calificando de huraño y hosco a Felipe Pedrell (folklorista y musicólogo amigo de Falla) para citar su obra y remarcar que los jóvenes artistas al sentirse atraídos por el ejemplo ruso han indagado el cancionero galaico portugués y el orientalismo musical bético o bien el catellanismo agrupado en sus virtudes y acentos por Salinas. Y, además, buscando la espontaneidad viva del sentimiento, se preguntaban qué cosa sea el cante hondo andaluz, el género flamenco y el sentimiento gitano. 

     Han llegado a idear un torneo de canciones en marco apropiado a esos apoyos rítmicos en libertad tan caros a las isocronías del compás moderno, en una plaza del Albaicín, en la San Nicolás.

     Hasta ahí califica de acertada la labor erudita, pero critica que la complejidad de estos cantes andaluces es ajena a los propios andaluces al ignorar esos innumerables y sutilísimos diseños, arabescos, impresionismos, patetismos y elementos decorativos, e, incluso, repugnan hablar de ello. Critica Noel a los cantaores, al andaluz cerrado porque no distingue el cante hondo flamenco y el cante de sentimiento de la tierra tartasia[4], que, según Noel, indigna a la inteligencia y la técnica.

     La técnica y el intelectualismo son impotentes para luchar con un alma que no es cristiana y posee substancialmente su contenido emocional; que no es mora ni mucho menos árabe, y tiene del corazón africano y sangre oriental la proyección más extraordinaria. Un andaluz puede libertarse, en la vida diaria, de la sugestión de lo flamenco, pero siempre está dispuesto y ansioso de caer en esa emoción que le es necesaria a su espiritualidad. Y lo curioso es que ama lo flamenco por eso mismo: porque se niega a toda definición, a toda ley, porque admite todos los estilos y modalidades, cadencias, sonidos y ritmos.”

     Y, acercándonos al final,: De ahí el fenómeno curioso de que mientras no hay fuerzas humanas que separen moral y musicalmente lo flamenco de lo andaluz, cada día lo flamenco tiene menos valor de exhibición y una como tendencia a no prodigarse. Cada día son mayor número los que gustan de él que los profesionales de él. Los cuadros flamencos, los famosísimos tablaos desaparecen, se van…

     Remata, con un tono que hoy veríamos discriminatorio/racista,

      Y es que lo pintoresco, al retirarse del ambiente por su propia inanidad, hace más interesante y extraordinario el espíritu de esa Raza única. Si los gitanos no mintieran tanto; si fuera posible que un gitano profundizara en las pasiones, tal vez diera la solución del problema…Pero acercaos a cualquier cantaor o danzante gitanos, y no sólo no sabrá deciros cosa alguna, sino que, según toda probabilidad, lo ignora tanto como vosotros.

     Lo cierto es que para el flamenco y el cante jondo, el festival, con sus revisiones, se sigue recordando y celebrando.


La Esfera, 10-06-1922.



[1] Manuel de Falla en El defensor de Granada, 21 de marzo de 1922.

[2]  GONZÁLEZ ALCANTUD, J. A.: Jondistas y antifalmenquistas en el concurso de 1922. Un antes y un después en la historia del flamenco en Andalucía en la Historia, 74. Enero-marzo 2022.

[3] DIEGO, G.: Obra Completas. Tomo V. Conferencia inédita, 1957. Alfaguara. Madrid. 1997. Consultado 27-4-2024. Archivo Museo Sánchez Mejías.

[4] Tartaria. Puede ser un error sobre una supuesta civilización.



27-02-2026 12:27, actualizado 28-02-2026 11:35

Lugares de encuentro: Flamenco y vanguardia_1

  

   

Manuel Ángeles Ortiz. AH, núm.74, ene-marzo 2022


       El Concurso de Cante Jondo se celebró en Granada en los días 13 y 14 de junio de 1922. Dignificaba y actualizaba el flamenco con los conocimientos existentes en ese instante. La numerosa nómina de sus impulsores pretendía preservar la tradición del cante jondo que sentían languidecer y dar continuidad a la tradición musical nacionalista que surgió a principios del siglo XX. Hubo actos paralelos al concurso y se dieron a conocer o se consagraron figuras como La Niña de los Peines y un jovencísimo Manolo Caracol. De la animación a solidarizarse,  reseñamos aquí una carta de Manuel de Falla al musicólogo Felipe Pedrell el 2 de febrero de 1922: 
     "Adjunto envió a Vd. copia de un documento que pienso le interesará vivamente. Como verá por él tratamos de organizar o celebrar aquí una gran concierto de canto jondo para cortar su prisión total. Cuantos nos ocupamos de ello somos fervientes devotos de Vd. y su nombre y su obra nos sirve de vadera en nuestra empresa. ¿Podemos esperar que nos haga Vd. el honor de adherirse por telegrama a la solicitud que hemos de presentat en el Ayuntamiento de Granada dentro de la próxima semana? Una alegría nos daría Vd. con ello."
   Felipe Pedrell no pudo asistir finalmente al Concurso, pero si se adhirió. Falleció en agosto de 1922.
    Estas letras las escribimos tras leer el siguiente texto que nos lleva a la importancia que en la cultura y la vanguardia se pretendía encontrar entre la tradición musical y las nuevas corrientes artísticas que aportaban los ismos  

     "Este sería el caso del primer concurso de Cante Jondo organizado en Granada en 1922 por iniciativa de Federico García Lorca (1898-1936), Manuel de Falla, Juan Ramón Jiménez, Manuel Ángeles Ortíz o el torero Ignacio Sánchez Mejías, entre muchos otros. Los telones  fueron realizados por Zuloaga y Hermenegildo Lanz y se invitó como conferenciante a Ramón, aunque se cuenta que, ante el clamor del público cada vez que trataba de intervenir, no consiguió apenas pronunciar palabra. El cartel fue realizado por el pintor Manuel Ángeles Ortiz (1895-1984) con una estética alejada de parámetros folclóricos y más cercana a la de las revistas de vanguardia o de cierto cubismo futurista que practicaría y del que quedan ejemplos como el Bodegón con guitarra (1926) que el museo Reina Sofía expone en una sala llamada La noche española. Flamenco, vanguardia y cultura popular en que las conexiones entre el flamenco y la vanguardia internacional aparecen claramente, por ejemplo, en las fotografías de Vicente Escudero de Man Ray."  (Alonso, M.) 

(En la sala 205 del Museo Reina Sofía hay un vídeo de un baile de Vicente Escudero admirable cerca del Bodegón con guitarra de Manuel Ángeles Ortiz).


Bodegón con guitarra. Manuel Ángeles Ortiz. Sala 205 MNCARS

     "Si una influencia musical resultó determinante en la vida, la obra e incluso la personalidad del poeta de Fuente Vaqueros, no hay duda... (fue) don Manuel de Falla..."
    León nos dice que Lorca tomó parte más que activa en la organización del Concurso de Cante Jondo de 1922, que Falla promovía y que inspiró la conferencia que Federico allí pronunció. Y el mismo fervor por su maestro está en la base de los versos del Poema del cante jondo. O la participación en la colocación de una lápida en la casa que ocupaba Albéniz en Granada, a quien Falla tenía en gran estima. Y más tarde, en los Reyes de 1923, la colaboración del maestro en el teatro de guiñol para niños Títeres de Cachiporra (Cristobica), con otras obras de Cervantes, el propio Lorca y una obra anónima, Misterio de los Reyes Magos, acompañada por cinco músicos, entre ellos Falla al piano.
      Lorca dedicó tres conferencias a asuntos musicales: Importancia histórica y artística del primitivo canto andaluz llamado "cante jondo" (1922), revisada en los años treinta como Arquitectura del cante jondo; Canciones de cuna españolas. Añada, Arrolo. Nana. Vou-verivou (1928) y Cómo canta una ciudad de noviembre a noviembre (1933). A veces se ha incluido también la visión musical de Juego y teoría del duende (1933), por su visión flamenca, aunque en puridad no sea tal.
    
     La conferencia lorquiana Cómo canta una ciudad de noviembre a noviembre, de 1933, interpreta musicalmente Granada, y, como es obvio, no es ajeno al mapa lírico andaluz, que el poeta granadino ha pintado. Y el cante jondo es un actor principal en el mismo. Sevilla y Granada las presenta como las capitales de Andalucía la baja y Andalucía la alta. La del llanto o la de la pena negra. Granada está hecha para la música porque es una ciudad encerrada entre sierras donde la melodía es devuelta y retenida por paredes y rocas y no tiene más salida que las estrellas. (Aquí recordamos la idea lorquiana de paraiso cerrado para unos pocos de Granada que vimos en relación a Soto de Rojas).
     El proyecto del Concurso del cante jondo pasaba por estilizar y universalizar lo popular andaluz. Lorca y Falla querían reivindicarlo como fuente de música supranacional, no sólo andaluz, intentando interesar a Zuloaga, Gómez de la Serna o Rusiñol, pero también a músicos como Ravel y Stravinsky, señalando que el cante jondo pudiera haber influido en Debussy y Glinka. Buscaron un origen hindú- gitano-, un origen con "connotaciones románticas". (Hoy es relacionado con las clases populares urbanas).
     
     Falla, con sus lecturas de Víctor Hugo, Chauteaubriand, Gautier o Lucas, y los contactos con Debussy, Stravinsky o los Ballets Russes, relacionó el origen del cante jondo en la tradición musical de las culturas orientales que habían sido parte de la historia española que confluye en Granada- bizantina, árabe y gitana primitiva-, donde primó lo gitano y donde estableció la relación entre la música rusa de los Ballets y la española en un componente gitano-eslavo. A ello se unió la situación histórica del momento: la guerra del Rif y la visión tradicional de los gitanos. 
Banquete posterior al Concurso. Falla en el centro. Lorca y Ramón, 4º y 5º primera fila dcha. sentados. AH-47 y Universo Lorca

     
     Falla y Lorca contaron con el apoyo del Centro Artístico y Literario de Granada, junto a distintas personalidades del mundo de la música y del arte en general. Con las firmas de estas personalidades enviaron una carta al ayuntamiento de Granada el 31 de diciembre de 1921, que incidía en la importancia del cante jondo con influencia en los cantos populares y en la música culta, que hacía necesario combatir el desprecio que se tenía hacia el flamenco en ciertos ámbitos. Y añadieron cuantas adhesiones fueron encontrando.
     En marzo de 1922, Lorca cuenta al guitarrista Regino Sainz de la Maza que el ayuntamiento granadino aportaba el dinero necesario para organizar el festival. Le contaba, además, sus progresos con el dominio de la guitarra. Lorca era un aficionado al flamenco con anterioridad al Concurso de cante jondo. Acudía a tablaos y conocía cantaores; en el archivo de la Fundación García Lorca se conservan discos de aquella época. (Recordamos que hace unos meses- 25 nov- leímos en el espistolario de Salazar en el Archivo Museo Sánchez Mejías que Lorca le contaba a Adolfo Salazar que estaba aprendiendo guitarra por medio de dos gitanos- El Lombardo y Frasquito- que tocaban de manera genial, llegando hasta lo más hondo del sentimiento popular.- 2 de agosto de 1921)

     

     La tauromaquia y el arte flamenco han consignado a García Lorca dos caras opuestas, pero no tanto. Aquí bebemos de la fuente, también, de José Javier León. Tengamos en cuenta que son dos campos estéticos interconectados, nacidos en suelo ibérico y redefinidos en el siglo XIX. En lo flamenco se apreciaba al máximo y en lo taurino se le consignaba como poco experto. Pero sin ser un experto, ni un advenedizo, diseccionó el oficio de Cúchares y la lírica de Silverio en su conferencia más ambiciosa: Juego y teoría del duende.


     Salvo alguna poesía juvenil, alguna referencia más lograda en Mariana Pineda, lo taurino es más una alusión lírica que algo más profundo. En Poema de cante jondo, las referencias a ese mundo son los torerillos asociados a la mujer con un marbete festivo, jovial y sensual. Los versos de este poemario de 1922 están lejos de asociar flamenco y toros como hará en la conferencia citada de 1933, sin negar que aparecerá en Canciones o en Tragicomedia de don Cristóbal y la seña Rosita, 1923, como ornamentación más que como sustancia. En Mariana Pineda sí describe una corrida en verso. 
     Es conocido que José María de Cossío pidió a sus amigos poetas textos taurinos para su obra Los toros en la poesía castellana, y Lorca le ofrece fragmentos del Prendimiento de Antoñito el Camborio en el camino de Sevilla y la descripción de la corrida de toros de Mariana Pineda. Se habló de un posible poema a Belmonte, pero es desconocido por la crítica.
     Según León fue en 1927 cuando se vieron  por primera vez las caras en Madrid. (Aquí estamos intentando saber si hubo un encuentro anterior, como habían sido firmantes de la petición al Ayuntamiento de Granada de la realización del Concurso del Cante Jondo de 1922. La petición es de diciembre de 1921 y el concurso se celebró en el mes de junio de 1922. Por la correspondencia entre Cossío y Gerardo Diego, se habla ya del conocimiento de Sánchez Mejías en 1921. Pero Diego y Cossío eran aficionados. Y la firma lo que nos puede indicar es conocimiento y no amistad o influencia.)
     Un encuentro con más profundidad es reseñado por León poco antes de los actos fundacionales de mediados de diciembre de 1927. (Y es más sorprendente porque Lorca conocía a Argentinita desde la época de El maleficio de la mariposa.)
     (De los actos en Sevilla, creemos que Federico debió sacar una impresión de Sánchez Mejías de un nuevo padrino o cicerone espléndido.) De esos destellos puntuales como la Oda al toro de lidia (1919), se va produciendo un lento ascenso en los que para para versificar textos como Oda al Santísimo Sacramento (1929). Y el hecho crucial en ese cambio en García Lorca fue la conferencia en la Universidad de Columbia de Ignacio Sánchez Mejías. (Lorca y el mecenas ya tienen una confianza más profunda, ayudada por la pareja de Ignacio y amiga de Federico, Argentinita.)
     Entre Nueva York y Cuba compone los versos de Poeta en Nueva York (1929-1930) y la obra teatral El público (1930). Y en la primera, lo taurino tiene ya una alta entidad: Es el caso de 1910, Nocturno del Hueco, o Vaca.
    El público o La zapatera prodigiosa aportan claras imágenes taurinas que nos llevan al momento en que se rompe la amistad de Federico y Sánchez Mejías: El 13 de agosto de 1934, tras dos días de agonía después de la cogida en Manzanares por un toro de Ayala. Mucha gente cree que con la elegía de Llanto por Ignacio Sánchez Mejías se alcanza la cima poética del granadino y una de las más bellas elegías en español. Y, obviamente, pensamos que aquí tiene un conocimiento pleno de la expresión plástica del toreo. En Diván del Tamarit encontramos la Casida V Del sueño al aire libre donde juega bellamente con los jazmines y el toro. 
     Paramos aquí y retomaremos Juego y Teoría del Duende, que ya tratamos en otra ocasión, con motivo de la referencia a santa Teresa de Jesús.

     
Copia del Concurso de Cante Jondo de 1922. Museos Casa de los Toros de Granada y AH_74




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     Bibliografía/ Fuentes:

    - Alonso, M.: Arte en España en la primera mitad del siglo XX. 1898-1951, en VV. AA.: La vanguardia fragmentada. Arte del siglo XX. Editorial Universitaria Ramón Areces. Madrid.  2023. Páginas 325-393.

    - MNCARS

    - LEÓN, J. J.: De Federico a Silverio, con amor. Prólogo de Belén Maya. EUG. Granada. 2020. Páginas 43-46.

     - LEÓN, J. J.: La sangre derramada. Ecos de la tauromaquia de Sánchez Mejías en García Lorca. Seguido de El pase de la muerte de Ignacio Sánchez Mejías. Prólogo de Carlos Marzal. Athenaica. 2020. Páginas 21-108. (Reseña 20-2-2026, Archivo Museo Sánchez Mejías)

     - GARCÍA, M.A.: El cante jondo en la España de los años 20 y 30: Música, poesía, política y pueblo, en Rev. Let. Sâo Paulo, v.54, n. 2, pp 103-109, jul./dic. 2014.

    - CERDÁ, D.: En busca del cante jondo: aproximación al "cante primitivo andaluz" desde la perspectiva de Falla, en Quadrivium, Revista digital de musicología, 10, 2019.

     - DE LA OSSA, M. A.: Federico García Lorca y la música: El flamenco y la música tradicional

     - VIZCAÍNO, L. D.: Felipe Pedrell y la ciudad de Granada: Una relación epistolar, en Revista Catalana de Musicología, núm. XVI (2023), pp. 183-206.

20-02-2026 11:24 Actualizando... 24-02-2026 20:37

El Greco, Góngora, Alberti, Falla...

      

Sepulcro de Góngora. Capilla de san Bartolomé y san Esteban. Mezquita de Córdoba. bmre.


     Contaba en 1927 Enrique Romero de Torres, también pintor como su famoso hermano, que Francisco Pacheco encargó a su yerno Diego Velázquez, cuando viajó a la capital para visitar El Escorial, un retrato de Luis de Góngora. Se ha creído durante muchos años que ese cuadro era el depositado en el Museo del Prado. En realidad, es una copia del original, que fue muy celebrado en su tiempo, y que se exhibe en el Museum Fine Arts de Boston. El autor de la copia es anónimo y Enrique Romero de Torres reflexionaba en los comienzos de 1927 sobre la autoría del retrato del Prado cuando se iba a cumplir el centenario del vate cordobés. Era un retrato sobre el que se habían hecho múltiples versiones o copias, de mejor o peor calidad. Romero de Torres seguía pensando en 1927 que era obra de Velázquez. Hubo también una teoría expresada por Enrique Romero de Torres: La existencia de un retrato de Góngora pintado por El Greco, tesis de un crítico portugués y obra no conocida. El artículo de Romero de Torres finaliza así:
     "Si el semblante es el espejo del alma, al contemplar estos retratos de Góngora, de rostro largo y abultado, ojos pequeños y mirada penetrante, nariz larga y encorvada, fruncido entrecejo, barbilla saliente y boca sumida plegada con maliciosa rigidez, vemos también la fisonomía moral de aquel ingenio que causó una gran revolución en nuestra literatura nacional y a quien la posteridad le dio el honroso dictado de Príncipe de los poetas líricos de España." (Mayo 1927, Enrique Romero de Torres, BRAC)

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     Decía Alberti que "a mí siempre, al lado de Tintoretto y Tiziano, sin olvidar al Veronés, me arrebató El Greco, amando su apasionada y punzante locura, como ascendiendo a vértice de llama, a luz hecha salmuera, a lava de espíritu candente. Lo llamé en mi libro A la pintura: 

     purgatorio del color, castigo,

desbocado castigo de la línea,

descoyuntado laberinto, etérea

cueva de misteriosos bellos feos,

de horribles hermosísimos, penando

sobre una eternidad siempre alumbrada!

     Entre los más grandes admiradores que tuvo El Greco se encontraba Góngora, que le dedicó un alambicado soneto que estuvo grabado en su lápida de la iglesia de San Torcuato, que más tarde fue perdida, perdiéndose la tumba del pintor:

     Esta en forma elegante, ¡oh, peregrino!,

de pórfido luciente dura llave,

el pincel niega al mundo más süave,

que dio espíritu a leño, vida a lino.

    El Greco había muerto en 1614, dos años antes que Cervantes y Shakespeare... Trece años después moría Góngora, dando lugar con esa fecha—1627—al origen de nuestra generación llamada del 27...

Fuente: ABC, 31-12-1929

     ... En esta larga y casi milagrosa travesía hacia mi río del Olvido, ese Guadalete que por mi pueblo discurre bajo el puente de San Alejandro (hoy desaparecido) y con cuyas aguas me veré confundido un día no muy lejano, me han acompañado, en momentos muy distintos de mi vida, María Teresa y María Asunción... (Alberti, R.: La arboleda perdida, V, 1988-1996).



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Góngora


     En el Boletín musical de Córdoba de 1928 se publicaba la siguiente reseña musical sobre Manuel de Falla:
     "Las últimas obras de Falla son: Homenaje para guitarra; «Córdoba», obra escrita para voz y arpa sobre un soneto de Góngora, homenaje espiritual a la memoria del vate cordobés; y el Concierto de «Clavicémbalo», dado a conocer en el pasado mes de noviembre por la orquesta del Palacio de la Música y considerado por la crítica como una de las páginas representativas del arte musical contemporáneo..." (José Algibez, Boletín musical de Córdoba, marzo de 1928).



 
Manuel de Falla para "Litoral", 5-6-7, octubre 1927.


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     Tomamos esta nota el 14-12-2022 en el Archivo Museo Sánchez Mejías:      "Revista Litoral- SM 82E LIT-, facsímil de los nueve números publicados entre 1926 y 1929 en Málaga, y de los tres números editados en México en 1944. Introducción de Julio Neira. Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales, 2007. Edición al cuidado de publicaciones de la Residencia de Estudiantes. Málaga: 9 números, 1926-1929, Emilio Prados y Manuel Altolaguirre. México: 3 números, 1944, Rejano, Giner, Moreno Villa, Prados y Altolaguirre. Nos interesa el número 5-6-7, octubre 1927, por las colaboraciones sobre Góngora, más valiosas por las colaboraciones de pintores como Gris, Picasso, Dalí, Palencia, Prieto y, curiosamente, José María de Cossío." (Revisaremos con otros artículos o estudios).


Benjamín Palencia para "Litoral", 5-6-7, octubre 1927.


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     "En este contexto se encontraban cuando decidieron acometer un volumen triple de la revista dedicado a don Luis de Góngora, culminación del homenaje mediante el que, con motivo del tercer centenario de su muerte, el grupo de poetas jóvenes reivindicaba su concepto de la poesía y reafirmaba una identidad estética coherente." (Introducción, Neira, J: Manuel Altolaguirre: impresor y editor. Universidad de Málaga y Residencia de Estudiantes. Ficha 14-12-22 Archivo ISM).
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     Contaba, y finalizamos, Miguel Artigas en 1927 en el Boletín de la Real Academia de Ciencias, Bellas Letras y Nobles Artes de Córdoba que, en los últimos años de Luis de Góngora, había menguado su fortuna, que, desaparecido Lerma y Felipe III, tuvo que esperar a ganarse la confianza del conde-duque de Olivares, quien lo terminó admirando o temiendo y le concedió su amistad. El mantenimiento del prestigio familiar, especialmente el de los Góngora maternos, exigía unos gastos que sus deudos pedían. Olivares le dio una pensión de 4.000 ducados en Córdoba y hábitos de Santiago a alguno de sus deudos. Poco pudo disfrutarla. Se le concedió en 1625 cuando tuvo su ataque de apoplejía, trastornando su memoria. La reina Isabel de Borbón, una de las musas de sus poesías, le envió sus mejores médicos. Algo mejoró para después acabar falleciendo el 16 de mayo de 1627. Fue sepultado en la capilla de San Bartolomé de la Mezquita Catedral de Córdoba, donde estaban enterrados sus padres y deudos, y donde durmió junto a su ensalzado Guadalquivir: 

 ¡Oh excelso muro, oh torres coronadas
 de honor, de majestad, de gallardía!
 ¡Oh gran río, gran rey de Andalucía,
 de arenas nobles, ya que no doradas!

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     En estos días que los ríos Guadalete y Guadalquivir parecían leones furiosos, recordamos a algunos que disfrutaron de su vista.

 6-2-26 22:05... Actualizado  9-2-2026 20:35


El amanecer y el sombrero de tres picos

Diseños de Picasso. Wikimedia 

     

 

 

     Ahora, cuando las azules nubes se vuelven rojizas y anaranjadas por los primeros destellos del sol al amanecer, se recuerda el final de "Una noche en el monte Pelado". Músorgski hizo una pieza musical que representaba de forma creíble y ensoñada la calma que viene tras el aquelarre nocturno y la llegada del amanecer tras una noche en el monte pelado. Esos cinco minutos finales recompensan la belleza, también, de la tremenda alteración ocurrida en los 9 primeros minutos. Pasma la creación musical de esa transición, sin trauma y continua.

     Mientras se hace búsquedas infructuosas del aquel que no dio puntadas sin hilo por las tierras cercanas a donde se produce un vino tinto de la Alpujarra almeriense con el sonoro nombre de "Tetas de la sacristana", se cuenta como otro ruso, Sergei Diaghilev, impulsó a dar la estructura final a "El sombrero de tres picos" de Falla. Les había presentado Stravinsky, el de "El pájaro de fuego", ruso igualmente, y el coreógrafo fue León Massine, que, obviamente, era ruso. Era la época de la influencia de los Ballets rusos en Occidente. Para contrarrestar, el escenario y el vestuario eran de Pablo Picasso y la obra original era de Pedro Antonio de Alarcón, nacido en Guadix, que narra las peripecias amorosas de unos molineros y el corregidor. Ambientada en los comienzos del XIX, fue escrita hacia 1874. Con tono realista cuenta un suceso popular andaluz. 

     Lo llamativo fue que se estrenó con un gran éxito en el Teatro Alhambra de Londres el 22 julio de 1919. Se aunaba danza clásica con danza popular española, en un teatro inglés de nombre nazarí, con influencia rusa y libreto español. En el primer armazón musical de la obra, cuando sólo era trasunto del corregidor y la molinera, colaboró el escenógrafo y director teatral, Gregorio Martínez Sierra. Falla ya había colaborado con él en "El amor brujo", cuyo libreto era obra de la entonces mujer de Gregorio, María de la O Lejárraga, en el Teatro Eslava. 

       


 

 

     14 de julio de 2025. 7:07.  MSN_A_Gr_A_E. Actualizado 10:01 

Cruz y Raya: José Bergamín y Manuel de Falla

 

     




  Para contextualizar las relaciones entre José Bergamín y Manuel de Falla reproducimos unas declaraciones de André Gide[1] sobre Bergamín a finales de 1938:

     «El comunismo está flaqueando, lo que restituye al cristianismo su alcance revolucionario. El catolicismo traiciona o bien se vuelve conservador. Conservador, ¿de qué, Cristo y Señor? De títulos, de fortunas, de privilegios. La tradición no tiene nada que ver allí. Importa legar el espíritu, no “la letra que mata”. Nunca dudé de que algunos católicos lo sintieran. Pero, hoy, parece que la Iglesia misma lo comprende, que ha empezado a comprenderlo. Algunos (entre ellos Péguy, primero, luego Maritain, Marcel, Mauriac, Berdiaeff, Bergamín) ayudaron mucho para que así fuera.»

     Este texto es recogido por Luis Campodónico[2] el 25 de julio de 1968, quien relata que la mención de Bergamín se hace en el momento que ocupa la agregaduría cultural de la Embajada de España en Francia. Era considerado como uno de los católicos que intentaba que la Iglesia rompiera con su pasado. Tres años antes había roto con otro católico, Manuel de Falla, por los mismos motivos por los que era elogiado por Gide, según Campodónico, quien escribe con el conocimiento del Concilio Vaticano II y la encíclica Populorum Progressio.

     Vamos a utilizar a Campodónico, a Nigel Dennis[3] y a Fernando García deCortázar[4].

     Hay una expresión coloquial[5] que manifiesta el firme propósito de no volver a entender en un asunto o de no tratar más con alguien: Cruz y raya.

     Pero Cruz y raya fue una revista que representó los valores de un catolicismo crítico durante la II República, con personalidades tan relevantes como Manuel de Falla y José Bergamín. La revista de afirmación y negación surgía en momentos de crisis general de la civilización europea. Hitler llegaba al poder con la amenaza de la destrucción de valores occidentales. Los editores de la revista buscaron respuesta a esa crisis espiritual debido a que los periodos históricos de crisis están llenos de inseguridades y fanatismos, según García de Cortázar. Surgen las utopías políticas que aportan esperanzas desmedidas y desesperanzas inconsolables.

     Cruz y Raya tuvo esa sustancia rebelde y angustiada, buscando una respuesta a la crisis espiritual de aquellos años con un severo afán de totalidad. La revista estimulaba la publicación de cualquier registro literario: Cántico de Guillén, comentarios de la filosofía de Ortega por María Zambrano o de Falla sobre Wagner. 

     Falla y Bergamín reivindicaban, según García de Cortázar, que la respuesta a la crisis del humanismo europeo debía proceder de la reivindicación de la espiritualidad católica, que, a su vez, ponía en tensión el sentido mismo de lo español o España. El catolicismo debía ser inspiración para una lectura total de la crisis, sin mediación institucional alguna; una revista abierta, libre e independiente. Su límite, la definición esencial del espíritu: su nombre, Cristo.

     Una visión integradora que producía casos de contradicción. Por las diversas trayectorias políticas de sus redactores. La lectura de sus treinta y nueve números rezuma una incoherencia editora. Sin embargo, Cruz y Raya unió en algo a quienes en ella escribieron: la voluntad en la resolución espiritual de la crisis de Occidente con la participación española. Para una refundación moral de Europa.

      Campodónico nos muestra un Manuel de Falla extremadamente delgado, sombra de si mismo, en 1935. En 1913 contrajo sífilis en París y desde entonces es un asceta pétreo, benévolo para los demás y severo consigo mismo. Parece también apocado, temeroso de Dios y resentido ante el sexo.

     La versión que nos ofrece de la relación entre Falla y Bergamín en Cruz y Raya es que fue breve y equívoca. En 1933 Falla pasa largas temporadas enfermo. Aunque reside en Granada, viaja a Palma de Mallorca para encontrar una paz que no encuentra. Para Falla, Bergamín parece una persona inquietante, de un catolicismo distinto al suyo, más tentado e incierto.

     Tienen, según Campodónico, una visión distinta de la República. A Falla le preocupa el ateísmo oficial del nuevo gobierno. A Bergamín le atrae el ímpetu cultural, la oportunidad de obrar, el que sea posible un renacimiento.

     Las cartas de Falla a Bergamín muestran un lento y perceptible rechazo al desempeño de la revista. Empieza a no desear la responsabilidad de su publicación, primero, como editor, y, al final, como uno de sus fundadores.

     En mayo de 1933, Falla, solicita que deje de aparecer como editor y únicamente como colaborador, coincidiendo con la publicación suya. En ese primer número empieza sus críticas, pero celebra como magistral el artículo de Bergamín, aunque difícil de comprender para personas de lectura superficial.

     Hay una carta de Falla a Bergamín, 4-11-1933, critica a Bergamín por su ensayo publicado en Cruz y Raya porque señala en el Cristo de Velázquez cierta luminosidad diabólica, y él ve que su contemplación ha elevado las almas a Dios, prueba que no admite engaño.

      El 20 de enero de 1934, como había recibido una circular enviada a los editores de Cruz y Raya, se queja de ello, de nuevo, y vuelve a su solicitud de baja como editor y quedar como fundador.

      La publicación que colma la paciencia de Falla fue El Aviso, a principios de 1935. Lleva de subtítulo de escarmentados del año que se acaba. Está ilustrada por Benjamín Palencia, con inspiración surrealista y ordenados caprichosamente, según Bergamín. Falla sufrió una conmoción, según Campodónico. Las cartas que enviaba a Bergamín estaban encabezadas por la palabra PAX, la carta de 16 de febrero de 1935 ya no la lleva. Las sucesivas cartas muestran reproches hasta la ruptura. El espíritu sutil y lúcido, a ratos jesuítico y a ratos satánico de Bergamín, no conmovió nunca profundamente la concepción nuclear de Falla. Sus relaciones estaban condenadas a romperse. Un Falla torturado, con sus provisionales soluciones beatas, veía el ímpetu o la alegre tristeza de Bergamín en su quehacer como algo irritante. No se volvieron a escribir ni siquiera en sus exilios de Argentina, Falla, y de México, Bergamín. Nadie tuvo la culpa, pero nadie dialogó.

      La visión que nos ofrece Nigel Dennis es más completa. En las cartas anteriores a 1926, Bergamín muestra una gran admiración por Manuel de Falla, artística y espiritualmente. Dennis cree que la admiración era comparable a la que sentía por Unamuno. Le remitía obras recién escritas, incluso desconocidas por no publicarse en ese momento, como Don Lindo de Almería.

      El grupo de cartas de la época de Cruz y Raya, creada en 1933 y desparecida al comenzar la guerra en 1936, ponen de manifiesto los postulados de la revista. Debido a la admiración que siente por Falla, Bergamín habla con una gran sinceridad. Las cartas de Falla con otros fundadores de la revista, Alfonso García Valdecasas, sirven para aclarar las discrepancias con el director. Y entre los papeles de Falla se encuentra el borrador de la declaración de principios que inspira la publicación, el interés del escritor por conseguir su consejo o bendición, que nos ayuda a percibir la aportación de Falla a la revista.

     Los miembros de la generación del 27 manifestaron su devoción por Manuel de Falla. Tanto individual, como Bergamín, como colectivo. Las cartas enviadas por Bergamín se han podido rescatar, el archivo epistolar de Bergamín se ha perdido en su mayoría. Y las cartas de Bergamín son transparentes, como repite Dennis.

     Las cartas enviadas por Bergamín han constituido un interés histórico extraordinario por la atención dedicada a Cruz y Raya. A sus orígenes, su administración y su organización. Con la revista alcanzó Bergamín su punto culminante como intelectual y escritor antes de 1936.

      La última carta de Bergamín a Falla, el 4 de septiembre de 1935, alude a la orientación fundamental que Bergamín ha procurado dar a Cruz y Raya, como a las publicaciones de Ediciones del Árbol, y pone de relieve las diferencias de temperamento y sensibilidad de entre Falla y Bergamín, según Dennis, al igual que señalaba antes Campodónico. La diferencia es la manifiesta admiración de Bergamín por Falla, la búsqueda de su consejo.

      Es claro que la ruptura definitiva se empieza a producir con la publicación de El Aviso en el Almanaque, a principios de 1935, con estas palabras de Falla:

     Con afecto que mucho me honra, usted me ha pedido repetidas veces que le hable con toda claridad, y así voy a hacerlo. En conjunto, el Almanaque me parece monstruoso… Usted no se habrá dado cuenta… además, no me sorprende excesivamente dada la “marcha” seguida por la revista en los últimos tiempos… dado el punto a que las cosas han llegado y dada también la falta de exacto juicio… yo no puedo seguir compartiendo la responsabilidad de la revista aunque…sólo ostentamos… el título de fundadores…Siendo sincerísima la amistad que le profeso, le escribo con pena por el disgusto que pueda ocasionarle, pero la conciencia así me lo exige…

     Bergamín le contesta prontamente:

     En este aviso mío… puse, con más empeño que nunca, mi propósito de siempre, de ir penetrando en el ánimo… del lector español, con las palabras más hondas y verdaderas de nuestra fe, sin que… en este espectáculo de la vida humana se le ofrece, se aperciba casi de la intención piadosa, compasiva, caritativa, cristiana, que le penetra. Y para ello, tomé por el camino más corto: el de la belleza, el de la poesía. No sé si habré sabido lograrlo. V. cree que no. Y es un gran dolor para mi esta opinión suya… Monstruo, sí lo hay en él; pero “monstruo en su laberinto”. Es un sueño de la vida y del mundo en que V. puede encontrar el espejo y el enigma con que los cristianos, desde la palabra de San Pablo, nos lo explicamos todo…

     En 1935, como se ha comentado, la enfermedad vuelve a Falla y no vuelve a escribir a Bergamín hasta el mes de agosto de 1935, sobresaltado por la publicación de Ars Amandi de Ovidio, en las Ediciones del Árbol:

          Claro está que yo no soy, ni quiero ser un “censor” … ¿Vd. puede realmente pensar que al Papa Pío IX le había de “complacer” el hecho de que un periódico que obedeciese a esa limpia inspiración publicase el “Arte de amar” de Ovidio…

     La contestación de Bergamín aborda el tema de El Aviso e ilumina el sentido profundo de Cruz y Raya. Su sensibilidad religiosa, su capacidad creativa y su visión de la realidad espiritual española es vista por Falla como demasiado radical e independiente, como poco dócil y ortodoxo:

     Dos afirmaciones recojo de su carta para aclararle…” Arte de amar” de Ovidio…Otra, las “mezclas detonantes” del “Aviso”. Son cosas muy distintas a primera vista…

     …Una obra de poesía clásica…tiene, efectivamente, un choque violento en su realismo o naturalismo aparente con el espiritualismo cristiano… gracias al cristianismo, a la actuación histórica civilizadora, cultural, de la Iglesia católica de Cristo, como se nos vino a las manos desprovista de tan exclusiva interpretación; como, ahora, para nuestra sensibilidad, tiene un valor moral, educativo, de pura, prístina emoción estética o creadora, de poesía, de transcendencia espiritual en definitiva…este valor moral del paganismo en sus obras de creación, de poesía, de belleza, ha sido siempre reconocido, con personal valor moral en la Iglesia… Precisamente la falta de educación humanística nos viene acarreando no poco daño en la hoy terrible insensibilidad estética y moral y religiosa de esa enorme masa de católicos ignorantes, en España…Por eso, desde un primer momento evoqué en la revista y en sus ediciones los grandes nombres significativos, por españoles, para nosotros, de esa auténtica tradición moral de independencia de los valore morales dentro de la Iglesia…Un editor o un escritor católico puede, y hasta, en mi sentir, debe, utilizar para su difusión o comentario los textos clásicos del paganismo…continuar la buena tradición católica. Y más en España…

     … Yo no creo que hay que perseguir al pecador por el pecado sino al pecado por el pecador. Al hombre tristemente carnal que somos…hay que lograr no tanto la evitación…del pecado como la conciencia de cometerlo, el arrepentimiento del pecador. Por eso creo que no debe disimularse, entorpecerse…la verdad de la carne, con toda su belleza viva, con toda su tristeza mortal.

     Y la poesía clásica amorosa…es una magnifica educadora moral en ese sentido.

     … Ya sé, querido y admirado, venerado amigo, que esta lucha de que dejé acaso demasiado rastro impersonal en mi AVISO, es lucha personal de cada uno consigo. Y la única disculpa que tengo…es contagiar a los indiferentes de esta inquietud espiritual que creo indispensable para todos… Y para todos lo hice todo para de todos los modos salvar alguno. Y en este sentido, por esta razón, también se hace así la Revista misma.

     Pero yo, yo, ese yo- mi único enemigo verdadero- corro, a veces, como sin saber adónde y lucho como quien azota el aire…

     Y V. amigo mío, con sus cariñosos reproches me ayuda a ello, tomando como a V. corresponde, la parte de Dios. Gracias, le repito. Y mientras con la ayuda de Dios, me defenderé de mí mismo, que es lo que hago con todo lo que hago con todo lo que hago, también con esta carta.

     Otras cosas quisiera decirle; pero ya lo que va es demasiado y no quiero abusar de su paciencia. Con el tiempo le explicaré más; y sin traicionar mi veracidad con falsa modestia, alguno y algunos de los resultados favorables que he conseguido con tanto empeño.

      La carta ha sido extractada por quienes escribimos estas palabras sobre los distintos cristianos católicos de la II República que publicaron una de las revistas culturales más importantes de este tiempo. Que publicó el Llanto por Ignacio Sánchez Mejías, de García Lorca, con ilustraciones de José Caballero; que homenajeó a Ramón y Cajal en el primer aniversario de su fallecimiento con traducciones de Von Lenhossék, porque no consiguió unas palabras de alguno de sus colaboradores españoles. O donde alternaban artículos de Santa Catalina de Siena con otro del arabista García Gómez, donde escribe de Aben Guzmán y/o el zéjel. 

Jose Bergamín.itoldya420.getarchive 


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