Cultura y sociedad

Mostrando entradas con la etiqueta Ernestina de Champourcín. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ernestina de Champourcín. Mostrar todas las entradas

Carmen Conde: Ecos de la Academia (4)

     

Carmen Conde a los 6 años. Fuente: Cuadernos de Literatura Infantil y Juvenil


     Sobre la lectura de ingreso en la Real Academia de la Lengua en enero de 1979, vamos a reseñar la información que apareció en EL PAÍS y ABC el 30 de enero de 1979, porque el 29 de enero era lunes y la única publicación era Hoja de Lunes. Para finalizar, utilizaremos un medio que no existía en 1979 para recordar aquel momento. En este caso, EL MUNDO, que se empieza a publicar diez años después.

      EL PAÍS, 30-01-1979, titulaba su crónica del ingreso como académica de Carmen Conde El fin de una discriminación literaria. Injusta y vetusta, dijo la poeta. Citó a Mihura, que había comprendido mejor a las mujeres al interpretarlas en sus inolvidables comedias. Era el ritual de siempre. Citar al autor que te ha precedido en el asiento. Nombró, a continuación, a escritoras del siglo XIX: Gertrudis Gómez de Avellaneda y su sentido del tiempo transfuga y el deseo de eternidad. Añadió a Carolina Coronado y Rosalía de Castro, reivindicando a la poesía de la mujer que se sale del esquema previsto; y efectuó un estudio crítico y semejante de poetas masculinos tratados en su estudio. Memoria y muerte fueron dos de los pilares sobre los que se basó el estudio sobre la noción de eternidad, como señalaría el académico que le contestó, Guillermo Díaz-Plaja, que desembocaría en esa misma noción de eternidad, más allá de la fama y la inmortalidad, y que, en Juan Ramón y Unamuno, tocaba lo religioso y lo místico. 

     La poesía era memoria y biografía cuando habló de Cernuda, Espriú y Antonio Oliver, su marido. Con Cernuda, contaba que hay un momento en el que nos encontramos con la existencia de una realidad diferente de la percibida a diario. Y la poeta decía que hay un momento en que ya no basta esa realidad diferente, sino que algo alado y divino debía acompañarla y aureolarla, tal el nimbo trémulo que rodea un punto luminoso. Y termina: Ese nimbo trémulo; lo divino y lo humano, alma y cuerpo, tierra y mar... cita entonces a Antonio Oliver, porque en ningún poeta deja de alentar la esperanza de ser y de haber sido.

     Los Reyes de España impusieron el cordón verde de la Academia tras hablar de temas que los redactores de EL PAÍS consideraban comunes a hombres y mujeres: la fugacidad del tiempo, la presencia de la muerte y el deseo de eternidad.

     Señalaba también EL PAÍS que estaba el aforo completo en la lectura de ingreso de Carmen Conde, tanto por la importancia de la primera mujer académica como por la presencia de los Reyes. Un acto con más asistencia que la registrada en la entrada de Aleixandre o Madariaga.

     Continuamos con ABC. Llevaba en su portada del 30 de enero el ingreso de Carmen Conde.

ABC, 30 de enero de 1979

      Los reyes y la cultura, titular que informaba de la participación de la jefatura del Estado en distintos actos culturales. En las páginas 8 y 9 del diario, un reportaje de la lectura de ingreso realizado por Santiago Castelo con reportaje gráfico de Sanz Bermejo incidía en la presencia de los Reyes al ser la primera académica de número y por la expectación creada en el mundo literario. Era un día con un inicio frío y con lluvia intermitente y madrugadora, pero el sol se hizo con la tarde en medio de altas nubes.
     La tarde se hizo femenina y los invitados y curiosos formaron colas de expectación. Por allí se veía a Acacia Uceta, Carmen Llorca, Ernestina de Champourcín, Carmen Bravo-Villasante, Pureza Canelo, Marta Portal, Consuelo Burell, Pilar Díaz-Plaja, Sofía Martín Gamero, Angelina Gatell, Elena Soriano, Sagrario Torres, Elena Andrés, Concha Zardoya, Carmen de la Torre Vivero..., etc., y tal vez el espíritu de Isidra de Guzmán...
     Las dos plantas del salón de sesiones se llenaron. José María Pemán llegó del brazo de Luis Rosales un poco antes de la entrada de los Reyes, que, aplaudidos, se sentaron en la mesa presidencial. A su derecha, el director de la Academia, Dámaso Alonso. Cuando todos se sentaron en sus sillones correspondientes, salieron a buscar a la poeta los señores académicos Terán y Torrente Ballester. Carmen lucía un traje negro largo de tul con hilos finos de lamé dorado, según Santiago Castelo, que continuaba con lo referido con anterioridad sobre el fin a una tan injusta como vetusta discriminación literaria. La referencia obligada a su predecesor Miguel Mihura y la lectura sobre la poesía y los poetas del siglo XIX y XX más queridos. El murmullo sonriente se produjo con  los versos de Carolina Coronado:

     ¡Gloria a los hombres de alma generosa
que la prisión odiosa
rompen del pensamiento femenino!

     No olvidó la referencia a Antonio Oliver, que nunca perdió el aliento de la esperanza del ser y de haber sido.

     Castelo contaba que Carmen Conde paró para tomar algo de agua o que Antonio Hernández Gil, expresidente de las Cortes, llegó tarde al acto académico por un atasco circulatorio. Como anécdotas varias.
     A Carmen Conde le contestó Guillermo Díaz-Plaja que señaló que la España de santa Teresa y de Carolina Coronado, de Rosalía de Castro y de Emilia Pardo Bazán, de Concha Espina y de María Moliner había dejado huérfana de representación femenina a la Academia, situación que se rompía con Carmen. Díaz-Plaja hizo una bella semblanza de la poeta que remató con unas palabras de Aleixandre: Aquella niña que se puso en pie para la vida, con la intención de dar la bienvenida a la recién elegida.
     El rey impuso a Conde la medalla de la Corporación; la reina felicitó a la poeta con un beso; y el rey le pidió que se sentara ya con sus compañeros. Acto seguido, se levantó la sesión. Según Santiago Castelo, era el primer gran triunfo de la mujer española.

Fotografía: ABC, 30-01-1979
     
     En la foto, son acompañantes de Carmen Conde: Antonio Buero Vallejo, Alfonso García Valdecasas, Gerardo Diego, Dámaso Alonso, José María Pemán y Martín de Riquer. 

     Ahora vamos a salir de EL PAÍS y ABC. Nos vamos al diario EL MUNDO. Pero ya en el siglo XXI.
     Estamos en el centenario de su nacimiento, 2008. En la Biblioteca Nacional se expusieron 300 piezas de su legado cultural. El comisario de la exposición fue Francisco Javier Díez de Revenga, quien manifestaba que Carmen Conde, que sabía de la importancia que tenía su ingreso como primera mujer en la Academia, observaba que su labor como escritora prolífica se había reducido a este ingreso, por otra parte, importantísimo. La exposición se estructuraba en cuatro partes: Niñez, adolescencia y juventud; Trabajos y viajes; Actividades literarias y culturales; y Carmen Conde académica.

Foto: Ángel Casaña para EL MUNDO y EFE


 
       Damos otro salto en  el tiempo y llegamos a 2018. EL MUNDO publica que Google ha homenajeado a Carmen Conde en el aniversario de su nacimiento con un doodle. EL MUNDO reseña que fue una poeta relacionada con la generación del 27, que su producción literaria fue muy extensa, que creó la Universidad Popular de Cartagena con Antonio Oliver, su marido, y que fue la primera mujer académica de número. La considera como una pionera en múltiples campos.
Doodle de Google sobre Carmen Conde en agosto de 2018

     Y, finalmente, estamos en 2019. Rosa Villacastín escribe un reportaje evocando dos hechos: Su entrada en la Academia y la relación que estableció Carmen Conde con su abuela Francisca, por la cual conoció a la escritora y su marido, Antonio Oliver, cuando tenía nueve años en octubre de 1956. El matrimonio de poetas se presentó en la sierra de Gredos con unos universitarios americanos porque querían conocer a la abuela de Rosa Villacastín, Francisca Sánchez, porque había sido el gran amor de Rubén Darío, el poeta nicaragüense, del que guardaba un archivo en un baúl azul. La idea era convencerla de que donara ese archivo al Estado español para que no se perdiera cuando muriese.
      A partir de ese instante se forjó una amistad entre Carmen Conde y Francisca Sánchez, con visitas al archivo del poeta modernista. Con el tiempo, Villacastín cuenta que echó una mano en la catalogación del archivo que Conde entregó a su ciudad natal, Cartagena. El resto del artículo es muy elogioso sobre la poeta.
     Fruto de la relación con la familia, Carmen Conde escribió Francisca Sánchez, acompáñame..., biografía sobre Francisca y Rubén Darío, basada en la correspondencia que mantuvo la pareja en los dieciséis años que vivieron juntos.
     Rosa Villacastín contaba que asistió con su hermana al discurso de ingreso en la Academia, que, además, supo que Carmen Conde mantuvo amistad con la reina Sofía desde ese acto, a la que visitaba en el Palacio de la Zarzuela. Y evoca su vida en el apartamento de la calle Ferraz, dedicada a la escritura. 
     Carmen murió de Alzheimer en 1996, enfermedad que le detectaron cuando todos sus seres queridos se habían marchado.

Francisca Sánchez y Carmen Conde, EL MUNDO


     

     -----     -----

    Fuentes referenciadas:
     - EL PAÍS, consultado 16-01-2026
     - ABC, consultado 13-02-2026
     - EL MUNDO, consultado 14-01-2026

     Interrelaciones:
     - Ernestina de Champourcin





13-02-2026 22:22 Actualizado 17-02-26 10:33

Sobre la maternidad y la pérdida.

 

Fuente: The Conversation


     Aunque no hemos leído ni visto la adaptación al cine de la novela Hamnet, el tema que tratan Auba Llompart y Gisela Rovira nos lleva a otros artículos/libros leídos en el último año, circunstancia que ha hecho que reflexionemos sobre el tema que escriben. Así que hemos tirado del siguiente hilo.

    Chloé Zhao ha dirigido una película sobre el guion escrito por Maggie O’Farrel de su novela Hamnet. La autora habla de un tema difícil sobre el que pocas veces se habla: la muerte infantil. La película pretende que el espectador sienta el dolor de la madre casi en primera persona. Una tragedia que afecta a toda la familia y redefine la psique materna. Llompart y Rovira nos cuentan que la madre es un espíritu libre, con una vida independiente junto al doméstico papel de esposa. Esa libertad se rompe por la muerte del hijo y sufre un duelo profundo con sentimiento de culpabilidad al ver que la sociedad espera su control total de la maternidad, que incluye adivinar o prevenir su desaparición. El duelo y sus fases son presentados: negación, ira, negociación, depresión y aceptación. El tiempo se suspende y la madre se consume.

    Y la forma de afrontarlo varía. Por no estar acompañada de su pareja, que no soporta la situación y se marcha. Está ausente físicamente. La madre, por tanto, debe superar el grueso de la culpa y la carga emocional, siendo dos procesos distintos de duelo[1]. Vamos a una situación distinta de esta muerte infantil:

    Sara Mesa es una escritora sevillana que trata en Mármol, uno de los cuentos de Mala letra (2016), la desmitificación ideal de la infancia y adolescencia narrada desde una voz adulta que recuerda el impacto que les causó en la infancia la muerte de un amigo adolescente de su hermana mayor por suicidio. La forma en la que reaccionan los niños y cómo lo hacen sus docentes. La reacción va desde la empatía a la frialdad. Hay, también, una creencia infantil de que únicamente se suicidan los mayores. Y la vida es vista de forma distinta, sí. Para un niño, la vida parece no tener límite. O, al mismo tiempo, aprecian una actuación represora en los adultos ante estos sucesos. Los niños se enfrentan a situaciones a las que no están preparados, pero son coyunturas  que no pueden o no saben obviar.

Fuente: Editorial Anagrama


     Vamos con otra perspectiva: Ernestina de Champourcín se sintió sola a su vuelta definitiva a Madrid en 1977, porque había tenido una intensa vida en la capital desde finales de los años 20 hasta la guerra y porque, en esa vida relacionada con el Lyceum Club de Madrid, sirvió de nexo de unión entre Concha Méndez y Carmen Conde, que estuvieron unidas en una maternidad perdida. Sobre la maternidad también escribió Ernestina. Con Maternidad (Cántico inútil, 1936), Ernestina de Champourcín publica unos versos, tras dos años enferma[2], y conociendo lo que habían pasado sus amigas, que dicen:

Hijo tuyo…

Silencio de mi carne sellada

Eternidad sin muerte.

Solo yo sé su nombre.

Un nombre que no existe

Y palpita en la oscura tentación de

Mis venas,

Un nombre impetuoso que levanta

Mi sangre

Con sístoles de fuego.

 

Verdad limpia, sin roces.

Nadie hollará su frente

Con un turbio rocío de insólitas

Palabras,

Nadie herirá su pecho

Ni podrá torpemente mancharle el

Corazón.

 

Hijo nuestro. Pureza de todo lo

Imposible.

¡Qué grávida dulzura aquieta mi

Regazo!

 

     Ernestina de Champourcín no tuvo hijos. Ejerció ese hilo conector entre Concha Méndez y Carmen Conde. Ambas sufrieron la muerte de un descendiente. Y reflejaron en alguna de sus poesías la desaparición del mismo. Concha Méndez y Ernestina se conocían del Lyceum Club, donde Champourcín ejerció de secretaria. Ernestina aparecía junto a Josefina de la Torre en la antología de poesía española de 1934 de Gerardo Diego, que sentó el canon de la generación del 27. Concha Méndez, Ernestina de Champourcín y Carmen Conde tuvieron de guía poético a Juan Ramón Jiménez. Concha, con Manuel Altolaguirre, tuvieron una labor editora/impresora importantísima en las vanguardias. En la revista Héroe (núm. 3) publicaron un poema de Ernestina.



     Carmen Conde se sitúa en cierto modo en la periferia o al margen de la vida madrileña. Había publicado por medio de Juan Ramón Jiménez antes de Brocal (1929), y desde 1931 crea con su esposo la Universidad Popular en Cartagena que seguía el modelo de la Universidad de Segovia de Antonio Machado. Carmen Conde se cartea con Ernestina de Champourcín, como comparten la admiración y amistad con Juan Ramón Jiménez. Y Ernestina oficia de cicerone en el Lyceum Club con Carmen.

Concha Méndez. Wikipedia

     Carmen perdió una niña. Concha perdió un niño. Ambas en 1933. Y se plasmó en su escritura. Aparece el tema de la maternidad enlutada como representación íntima del dolor de la mujer. Concha Méndez, mediante la poesía, hace que madre e hijo vuelvan a encontrarse:

Ya tiene la tierra algo

que fue mío nueve lunas

(arbolillo nuevo

sin ramas ni fruta).

Brotó en mañana florida

de esperanzas y de luchas

(no pudo ver el sol

y no vio la luna).

El ángel que lo guardaba

se durmió en la noche oscura

(mi arbolillo nuevo

tuvo triste cuna...)

    

     También, en otro poema de Méndez, convierte a su corazón en la cuna del niño desaparecido, siendo un nuevo corazón:

Se desprendió mi sangre para

formar tu cuerpo.

Se repartió mi alma para formar

tu alma.

y fueron nueve lunas y fue toda

una angustia

de días sin reposo y noches

desveladas.

Y fue en la hora de verte que te

perdí sin verte.

¿De qué color tus ojos, tu cabello,

tu sombra?

Mi corazón que es cuna que en

secreto te guarda,

porque sabe que fuiste y te llevó

en la vida,

te seguirá meciendo hasta el fin

de mis horas.

 

     Carmen Conde publicó mucho más tarde Derramen su sangre las sombras (1983), cincuenta años de la pérdida maternal, aunque fue escrito en 1933, salvo su tercera parte. El poemario se compone de tres partes: La espera,17 poemas de Carmen más dos de su esposo, con la maternidad venidera en el cuerpo femenino; El desencanto, 12 poemas; y Mucho después, 2.

     Sobre La espera:

Voy ausentándome de mí.

Poco a poco, el lastre de ensueño

cede

su sitio a la realidad doble

que es mi vida en transcurso.

¡Otro ser dentro de mi carne

fragua su carne, su piel,

su corazón diminuto, mi estrella!

Asisto a la escisión silenciosa

con pasmo anhelante, con gozo

nuevo de verme en otros ojos

míos,

de mis ojos hechos,

de mi sangre coloreados,

ay, de toda cuanta soy. 

Día por día el latido

es golpe que me recuerda,

urgente,

valor que no tengo,

heroísmo que nunca soñé. 

Y temo por el que estoy creando

en convenido misterio

dentro de mi soledad sin orillas

cerca de mi corazón, su estrella. (31-07-1933)

 

     Sobre El desencanto, cuando descubre la pérdida de la hija y su cuerpo se convierte ahora, entonces, en una tumba, habiendo sido cuerpo creador:

Dentro de mí, muerta.

Mía viva a lo ancho de los meses

y al nacer para los otros,

muerta. 

Si yo hubiese sabido eso,

ni un esfuerzo habría hecho

para sacarte fuera de mí.

Contigo, hija que no conozco,

contigo y con tu silencio;

con tus ojos cerrados,

con tu garganta sin voz

me hubiera muerto (17-10-1933).

 

      Es la maternidad en duelo. Nacer y morir al salir al mundo. El cuerpo femenino aparece de forma distinta al canon clásico, masculino y erotizante. Y nos recuerda los dramas de los años treinta de García Lorca. Carmen Conde, Concha Méndez y Ernestina de Champourcín escribieron, por tanto, de un tema rupturista para la mentalidad de la época, la maternidad enlutada. Un tema de experiencia íntima, de dolor femenino por la ausencia de su recién nacido, sin caer en sentimentalismos.

Carmen Conde. Fuente: Goodreads.





[2] BALLÓ, T.: Las sinsombrero. Espasa. Barcelona. 2016-2017. Páginas 229-250. (27-5-2025 Archivo Museo Sánchez Mejías)



6-2-2026 19:53 Actualizando 7-02-26 19:29

Ernestina de Champourcín (3) en el Lyceum Club Femenino

Ernestina de Champourcín, Archivo General de la Administración



     Evocaba Ernestina en una entrevista concedida en 1996, aquel Lyceum Club Femenino del que formó parte activa, quitando importancia al lugar y el tiempo que ocupó y a la implicación que tuvo en el desarrollo de su creación:

     “No era nada especial. También en París y en Londres había Liceums Club. Nosotras copiamos la idea. Iban muchos hombres, el té era especial y muy barato… había salas de exposiciones, había salas de juego, pero no era exclusivamente femenino. Allí coincidieron muchas mujeres que habían frecuentado el Liceo de París, como Zenobia, como la mujer del ministro de Cultura… ahora no recuerdo su nombre. Invitábamos a los amigos y a las amigas. Lo que más les gustaba era la merienda, era muy buena y muy barata.”[1]

      Ella quería olvidar- ya nonagenaria, pero no desmemoriada- que había sido colaboradora directa del Lyceum Club desde sus inicios hasta el estallido de la Guerra Civil. Ella, que aspiraba a modernizar España a través de la educación, el club le brindó la oportunidad de canalizar sus deseos al organizar las actividades culturales.

     En abril de 1926, María de Maeztu presidió la asamblea que constituyó el Lyceum Club de Madrid en un local de la calle Miguel Ángel. Se pretendía crear un modelo cultural de inspiración krausista. María de Maeztu lo dirigiría. Las vicepresidencias las ocuparían Isabel Oyárzabal y Victoria Kent, la tesorería sería gestionada por Amalia Galarraga, la secretaría la organizaría Zenobia Camprubí y Ernestina de Champourcín y la vicesecretaría correría a cargo de Helen Philips. Habría dos presidentas de honor: La reina Victoria Eugenia y María del Rosario de Silva, duquesa de Alba.

     Desde sus inicios, el Club tuvo siete secciones. Ernestina perteneció a la sección de Literatura y Social, y, a partir de 1934, al establecerse las secciones de Ciencias e Hispanoamericana, Champourcín colaboró esporádicamente con esta última. Pese a la oposición de sus padres, pese a las críticas de su mentor Juan Ramón Jiménez, esposo de Zenobia, que no respaldaba este foro, Ernestina siguió y lamentó que Juan Ramón no quisiera participar en una conferencia.

     Ernestina no estaba asociada al Club por oposición paterna, pero se involucró en sus actividades. En la sección de Literatura se dedicó a atraer e invitar a personalidades del mundo de las letras. En la sección Social, su labor se dirigió en ayudar a mujeres y menores sin alfabetizar. En la sección Hispanoamericana, tuvo en cuenta sus nobles ancestros uruguayos que habían gestionado o regido territorios en América durante el periodo virreinal. Mantuvo, gracias a ello, relación con la médica Paulina Luisi, la poeta Alfonsina Storni o la actriz Berta Singerman.

      Otra sinergia positiva para Ernestina fue la red de contactos que estableció en el Lyceum: la hija del director del Museo del Prado, Fernando Álvarez de Sotomayor, Pilar,  le permitió asistir a la enseñanza de obras de arte del director y la poeta correspondía invitando a su hija a las exposiciones y recitales que daban tanto la Residencia de Señoritas como el Lyceum Club. Otro tanto ocurrió con las hijas del pintor José Pinanzo Martínez, Teresa y María Luisa, con quienes compartió tardes de café y visitas culturales. Ello redundó en una cultura más intelectual y profunda.

       En la sección de Literatura, uno de sus empeños fue el cuidado de la biblioteca del club. Tenían la dotación realizada por el matrimonio formado por María de la O Lejárraga y Gregorio Martínez Sierra. La casa ducal de Alba había aportado otra dotación libresca importante. Un total de doscientos volúmenes abarcaban diversas materias y destacaban por su pensamiento tolerante.

     Además, Champourcín consiguió establecer lazos con editores y personas relacionadas con el mundo editorial que le ayudaron a dar a conocer su obra. Empezó a realizar reseñas de autores conocidos, o que sería conocidos, como Lorca, Guillén, Juan Ramón, Concha Méndez y Carmen Conde.

     Tras la publicación de su primera obra, y con la ayuda de su mentor Juan Ramón Jiménez, comenzó a frecuentar tertulias literarias, conoció de primera mano las vanguardias, a los nuevos poetas, aquellos a los que leía. Aquellos a los que compraba sus libros en la librería de León Sánchez Cuesta, en la calle Mayor, donde le atendió en varias ocasiones Luis Cernuda. Procuraba, eso sí, asistir a la Residencia de Estudiantes donde los escuchaba y participaba en el Cine-Club que organizaba Gaceta Literaria.

Portada Reglamento Lyceum Club Femenino. BNE

     Invitó a Lorca en 1928, pero no acudió hasta febrero de 1929, con la circunstancia del posible suspenso de la conferencia por la oposición del cardenal Segura o el gobierno del Directorio de Primo de Rivera. Habló sobre “Imaginación, inspiración y evasión”. Su disertación tuvo eco en la prensa de la época. Concha Méndez también se atribuyó que García Lorca diese la conferencia en el Lyceum, así como la de Alberti. Lo cierto es que la Gaceta Literaria nombra a Ernestina y Pilar Zubiaurre como organizadoras de importantes conferencias en esas fechas.

     Sobre la famosa conferencia de Alberti, Palomita y galápago (¡No más artríticos!), hay una negativa inicial del poeta gaditano a dar una conferencia. Pero hubo un cambio de parecer en el portuense que estableció de nuevo contacto con Champourcín para hablar de poesía moderna el 10 de noviembre de 1929. Alberti apareció vestido de payaso, con una paloma y un galápago y criticó abiertamente a varios de los maridos de las socias del Club. Terminó pidiendo un voto de censura para la sección literaria. Ernestina estuvo a punto de dimitir, según contó a su amiga Carmen Conde. Ernestina escribio enn la Gaceta Literaria quitando hierro al suceso y Alberti envió después una carta de agradecimiento por permitirle dar la charla, destacando a Champourcín y Zubiaurre. Con los años, Ernestina se dio cuenta de que Rafael, el tonto de Rafael, les había tomado el pelo.

     En noviembre de 1928, a invitación de Champourcín, habló María Luz Morales, que firmaba en La Vanguardia como Felipe Centeno y escribía de una forma moderna sobre la feminidad en El Sol. Los ecos de la conferencia con reseñas positivas fueron recogidas en El Sol y La Vanguardia. Al final de su conferencia, Morales alabó a Ernestina.

     La conferencia de Alberti produjo la enemistad de algunas socias con Ernestina. Especialmente, las de mayor edad, como Carmen Baroja, y la defensa de las más jóvenes, como Concha Méndez.

     La oposición se hizo más fuerte a partir de los años treinta, especialmente con la conferencia de Ernesto Giménez Caballero sobre sexualidad. Con la República, hubo una división entre las personas que criticaban la politización del Lyceum, como Carmen Baroja, que lo abandonó, y las que consideraban que era demasiado conservador y burgués como Lejárraga o Concha Méndez. Hubo también un momento llamativo cuando Victoria Kent consigue la absolución de su defendido, Álvaro de Albornoz, implicado en el golpe de Jaca, en diciembre de 1930.

      Aunque estuvo involucrada en la organización de un homenaje a Mariana Pineda por su centenario, no asistió al acto porque la familia Champourcín se trasladó a La Granja entre mayo y octubre de 1931 con la intención de evitar que los hijos, Jaime con Renovación Española y Ernestina favorable a la República, participaran en actos políticos tras la quema de conventos en mayo de 1931. Volvió con el invierno y siguió organizando actos en el Lyceum: Recitales de poesía en el teatro Alkazar por Conchita Power, que leyó poesías de Ernestina con las de Garcilaso, Lope de Vega, Machado y Villalón. O la conferencia de Miguel de Unamuno en 1935 a cuenta de Raquel Encadenada.

     En 1935 también dio una conferencia Luis Cernuda, poeta del 27, con quien había salido años antes. En junio de 1936, las socias del Lyceum Club le organizaron un té-homenaje con motivo de su poemario Cántico inútil y por la novela La casa de enfrente, elogiadas por la crítica[2].

     El club fue un centro creativo de mujeres burguesas, con ideas femeninas, que buscaban mejorar la educación de la mujer, con carácter constructivo, intentando conseguir su emancipación. Para Balló, Ernestina fue la más moderna del grupo.

     Se ha hablado de las semejanzas y diferencias entre las alavesas del Lyceum Club: María de Maeztu, directora de la Residencia de Señoritas y presidenta del Lyceum Club hasta 1928, y la poeta Ernestina de Champourcín. 

     Eran unas alavesas que gozaron de reconocimiento público en sus respectivas áreas de trabajo y quedaron relegadas al olvido en sus últimos años. Mujeres independientes, altruistas, con gran conciencia de su valía. Ambas fueron traductoras por su dominio de los idiomas. Tomaron el exilio y se vieron marginadas. María estuvo influenciada por el cambio ideológico de su hermano Ramiro, tanto por su participación en la Asamblea Nacional primorriverrista como por el asesinato de Ramiro de Maeztu en 1936, suceso que provocó su abandono de cualquier práctica política. 

     Ernestina tampoco habló de política tras el exilio, pero es conocida su conversión religiosa que hizo que su poesía tuviese un marcado misticismo. Una mujer de contrastes. Republicana de origen aristocrático, fue mirada con recelo por republicanos, y exiliada por motivos políticos, no hizo alarde de republicanismo a su regreso. Fue promotora de literatura de mujeres y de sus derechos, sin declararse feminista. Culta y elegante, no quería aislarse de quienes la requerían para hablar de poesía o para recibir su consejo[3].

     La vida de Ernestina estuvo marcada por la Guerra Civil. Era el momento de mayor madurez poética. No esperaba el golpe y la guerra. Madrid, el Madrid que admiraba su pareja, Juan José Domenchina, cambió ante sus ojos, se transformó súbitamente. Nadie sabia dónde estaba nadie… los yo de todos era ahora muy distinto con lo que no sabía cómo enfrentarse. En el 36 se casó con Domenchina y, tras varios pasos previos, el matrimonio Domenchina Champourcin llegó a México en 1939[4].

García Lorca y Alberti en 1926. ABC







[1] SANAHUJA, E., SANZ, T. y VARGAS, A.: Ernestina de Champourcín, entrevista. En DUODA Revista d’Estudis Feministes, núm. 10-1996.

[2] ESTEBAN CEREZO, M. ª D.: “¡Quién fuera Ernestina de Champourcín!” Contribución de la poeta en el Lyceum Club Femenino (1926-1936), Hispania Nova, 23, 2025. Páginas 153-172.

[3] AGUINAGA, M.: Dos ilustres alavesas en el Lyceum Club: María de Maeztu y Ernestina de Champourcin, Revista Cálamo FASPE n. º 66. 2018. Páginas 23-30.

[4] BALLÓ, T.: Las sinsombrero, sin ellas la historia no estaría completa. Espasa. Barcelona. 2016.  Archivo Museo Sánchez Mejías (lectura 6-6-2025)


    Entradas que contextualizan este artículo:
     - La obtención del sufragio femenino en España


 4-10-2025 20:23                                   Actualizado 5-10-2025 19:09

Ernestina de Champourcín_2 Misticismo y religiosidad.

 

Fuente: Biblioteca virtual Miguel de Cervantes

     Ernestina de Champourcín regresa de vez en cuando a España desde que enviudó. A finales de los sesenta, en uno de estos viajes, le entregó a Gerardo Diego el libro póstumo de Domenchina junto con Cartas cerradas, un libro que el santanderino ensalzó. Lo calificó de bello, desnudo y entregado. Eran cartas escritas a Dios, con el que ella habla o establece la relación. Cuando se acuerda de Domenchina, su marido, lo afirma en relación con la armonía de cielos y tierra, en una unidad divina en todo. Para Ernestina y para Diego la poesía era tal cuando tenía misterio. Debía tener gracia- en el sentido religioso-. Tal vez, las dos cosas. Aunar lo humano y lo divino. En la luz y en las sombras. Veía, intuía, a Ernestina en su periodo religioso más profundo. Percibía a Champourcín llena de misterio y de Gracia, ahora con mayúsculas. La época final de la vitoriana estaba marcada, según su antólogo, por la confesión humilde, el abandono del lucimiento personal, el ascetismo, que no olvidaba el uso de formas y palabras sensuales. Cosas que no necesitaba ante la verdad de un corazón, ante las tentaciones que asaltan a los creyentes, a esa relación que establecen con Dios mediante una carta que se abre para pocos y se entrevé para todos.

     Citamos aquí una poesía que Ernestina escribió a Juan José Domenchina por su muerte, recordando también aquel ciprés de Silos de Diego:

 Y te quise traer un ciprés de Castilla

Que hundiera sus raíces hasta tocar tus huesos:

Castilla que cantaste y amaste con locura

Cuando faltó a tus pies su barbecho fecundo.

     Raíces en lo hondo; copa esbelta en el cielo.

No ese ciprés de Silos que Gerardo cantara,

Sino un ciprés aún tierno que creciese a tu vera

Señalando al que pase la ruta que seguiste.

     Así todos verían al levantar los ojos,

Que ya no estás ahí donde tu nombre queda,

Porque el ciprés, cual índice de verdor y esperanza,

Guiaría su vista a tu verdad inmutable.

     ¡Qué guardia de cipreses en la tarde de oro!

Y me acordé de ti y de aquellos poemas;

Y de los que, después, colmaste de ese Amor

Que te acunó la muerte.

Yo te quise traer un ciprés de Castilla.

¿Para qué? Me pregunto. ¡Si ya la tienes toda[1]!

     Tanía Balló, cuando empezó a investigar sobre Ernestina de Champourcín, tuvo cierta prevención porque todo le llevaba a que la poeta en sus últimos años había acabado en el Opus Dei. Le costó superar sus prejuicios, reconocer su negatividad, porque debía conocer a la mujer, a la intelectual, la poeta, ante la que debía quitarse el sombrero. Ante una mujer que había vivido una tercera España. Aquellas personas que sufre en el momento de madurez personal, profesional y poéticamente, que se encuentra sin pensar con una guerra en julio de 1936. Con la más odiosa de las guerras, la guerra civil. Desapareció su vida madrileña. 

      Es también cuando en noviembre de 1936 se casa con Domenchina, colaborador de Azaña. Con su marido se marcha de un Madrid inseguro para ella, señalada en un momento dado por sus orígenes aristocráticos, y termina en el exilio mexicano en 1939. Gracias a su trabajo como traductora pudo viajar. Domenchina acabó con depresión en México, no se adaptó a la dureza del exilio. Ella fue la que organizó allí sus vidas. Viajó a Estados Unidos a reencontrarse con Juan Ramón y Zenobia en varias ocasiones. Y en uno de esos viajes, su vida espiritual se iluminó religiosamente por medio del fraile trapense Thomas Merton, quien tenía un fondo místico elevado y un lenguaje actual, lo que permitió a Ernestina solucionar una crisis mística que le embargaba.

Thomas Mertón. Fuente: Flickr

       Esa fe le ayudó a volver a escribir: Presencia a oscuras. Y en 1952 esa llamada a la fe cristiana le lleva al Opus Dei. Y esa búsqueda de Dios se incrementa con la viudedad y el aumento de la soledad. La literatura y las actividades sociales llenan su vida. Colabora en la promoción de revistas literarias y asociaciones de mujeres, que recuerdan a su época del Lyceum Club Femenino[2].

     Ernestina de Champourcín mantuvo correspondencia con José María Escrivá de Balaguer. No le contestó a Ernestina hasta la octava carta, cuatro dedicatorias y una postal. Recibe cartas a través de personas interpuestas de la orden, en este caso, mujeres. En una visita a México de Escrivá de Balaguer en mayo junio de 1970 ya se tiene conocimiento de la obra poética de Ernestina por Escrivá de Balaguer porque confiesa que le ayuda a rezar. Hacía 1972 se produce otro encuentro cuando ya empieza a volver a España Ernestina. Fue en el colegio del Opus Dei, Tajamar, durante una tertulia de su fundador.

     Vamos a citar una de ellas, la última antes del fallecimiento de Escrivá de Balaguer, reflejo de la religiosidad de la poeta:

     Madrid, Navidad de 1974

     La Virgen lava pañales;

San José cuida del Niño.

¡Qué corriente de Amor fluye

Desde la casa hasta el río!

     Hay un zagal rezagado

En la mitad del camino,

Porque contempla entre sueños

Lo que el ángel ha dicho…

     Y la corriente de Amor

Envuelve al mundo dormido…

     Al dorso escribe: Con mis mejores oraciones por su intención y todo mi afecto

     Ernestina de Champourcín les desea UNA FELIZ NAVIDAD Y UN AÑO NUEVO LLENO DE PAZ Y DE AMOR

     Madrid 1974.[3]

Escrivá de Balaguer. Fuente: Wikimedia.

     Como ha señalado Helena Establier, la corporalidad es un motivo estructurador de la poesía de Champourcín en distintas etapas de su carrera literaria. En su juventud, el cuerpo fue un elemento de transgresión poética, consecuencia de las vanguardias y de la afirmación de su yo femenino. En su madurez de los años treinta se manifiesta de forma explícita en un anhelo de plenitud que busca la transcendencia hacia el mundo externo e interno, con la pasión de la conexión con otro. Tras la guerra y la tristeza del exilio, se matiza por la prevalencia del sentimiento religioso. Un anhelo de espiritualidad. Ya no es tanto el cuerpo, sino su alma. Su cuerpo inmaterial. 

8-6-2025 20:21 Actualizado 9-6-2025 9:18

[1] DIEGO, G.: Obras Completas. Tomo VIII. Edición de José Luis Bernal. Alfaguara. Madrid. 2000. 27/5/2025 Archivo Museo Sánchez Mejías. La poesía religiosa de Ernestina, publicada en Panorama Poético Español, 2 de enero de 1969.

[2] BALLÓ, T.: Las sinsombrero. Sin ellas la historia no está completa. Espasa. Barcelona. 2016-2017. Páginas 229-250. 27/05/25 a 4/06/25 Archivo Museo Sánchez Mejías.

[3] RODRÍGUEZ TOVAR, A.: La correspondencia postal entre Jossemaría Escrivá de Balaguer y Ernestina de Champourcín, en STUDIA ET DOCUMENTA, RIVISTA DELL’INSTITUTO STORICO SAN JOSEMARÍA ESCRIVÁ, 19-2025. Roma.


Entre el flamenco y la vanguardia: La propuesta y los críticos_2

  Puerta de la Justicia, acceso a La Alhambra. Flickr          La proposición del “Cante jondo”      “En la sesión celebrada el día ...