Cultura y sociedad

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El campeonato de España de fútbol de 1928

    

Arrillaga , Samitier y el árbitro Vallana. El Heraldo de Madrid. 21-05-1928.


     Fue allí, en Tudanca, donde del verso corto, frenado, castigado, pasé insensiblemente a otro más largo, más moldeable al movimiento de mi imaginación de aquellos días. Escribí entonces «Tres recuerdos del cielo», el primer y espontáneo homenaje de mi generación a Gustavo Adolfo Bécquer. (Mucho más tarde vendrían los de otros.) Pero de pronto, dejando a un lado alas y tinieblas, hice una oda a un futbolista —«Platko»—, heroico guardameta en un partido entre el Real de San Sebastián y el Barcelona. Fue en Santander: 20 de mayo de 1928. Allí fui con Cossío a presenciarlo. Un partido brutal, el Cantábrico al fondo, entre vascos y catalanes. Se jugaba al fútbol, pero también al nacionalismo. La violencia por parte de los vascos era inusitada. Platko, un gigantesco guardameta húngaro, defendía como un toro el arco catalán. Hubo heridos, culatazos de la Guardia Civil y carreras del público. En un momento desesperado, Platko fue acometido tan furiosamente por los del Real que quedó ensangrentado, sin sentido, a pocos metros de su puesto, pero con el balón entre los brazos. En medio de ovaciones y gritos de protesta, fue levantado en hombros por los suyos y sacado del campo, cundiendo el desánimo entre sus filas al ser sustituido por otro. Mas, cuando ya el partido estaba tocando a su fin, apareció Platko de nuevo, vendada la cabeza, fuerte y hermoso, decidido a dejarse matar. La reacción del Barcelona fue instantánea. A los pocos segundos, el gol de la victoria penetró por el arco del Real, que abandonó la cancha entre la ira de muchos y los desilusionados aplausos de sus partidarios. Por la noche, en el hotel, nos reunimos con los catalanes. Se cantó Els segadors y se ondearon banderines separatistas. Y una persona que nos había acompañado a Cossío y a mí durante el partido, cantó, con verdadero encanto y maestría, tangos argentinos. Era Carlos Gardel. (Rafael Alberti. La arboleda perdida)

     El recuerdo de Alberti unió dos partidos en uno. Por la correspondencia entre José María de Cossío y Gerardo Diego, conocían algunos jugadores del nuevo deporte de moda, el fútbol. A continuación, citamos a Gerardo Diego, que siente no haber asistido a los dos partidos del Campeonato de España.


La Nación, 21-05-1928

           Querido José María: Sentí en efecto perderme la epopeya de Santander, en dos partes. ¿Visteis también la segunda? (Carta de Gerardo Diego a José María de Cossío a finales de mayo de 1928). La vinculación con el nuevo deporte de moda entre los miembros de la generación del 27 llevó a tener amistad con algún jugador famoso, como vemos en otra carta de Diego a Cossío:

     Hice el viaje de ida con el Barcelona F. C. Me aburrí bastante porque se pasaban la vida jugando al póker, 7 y media, chamelo, etc., cantidades inabordables para mi pobreza e inocencia en esos juegos. Y luego, ese maldito catalán del que apenas se apeaban. Por lo demás bien. Allí, fui invitado por ellos al hotel a comer y a ver un partido de argentinos donde representé bastante bien el papel de delegado catalán. (Carta de Gerardo Diego a José María de Cossío el 22 de noviembre de 1928 tras su viaje a Uruguay y Argentina, donde enfermó. Tenía amistad con Samitier).

     Según la prensa de la época, hubo dos partidos. Uno, el 20 de mayo de 1928. Otro, dos días después. Ambos acabaron con empate tras la prórroga. El árbitro del segundo partido fue el célebre Pedro Escartín, quien, a juicio del corresponsal de El Sol, estuvo acertado, pese a las críticas de los guipuzcoanos. El partido de desempate quedó aplazado hasta después de las Olimpiadas, en las que el fútbol era disciplina olímpica y no había todavía campeonato del mundo. Los jugadores estaban agotados. El torneo olímpico lo ganó Uruguay. En 1930 se celebró la primera Copa del Mundo. 
     Continuando con el Campeonato de España, hubo incidentes tras el segundo partido.
     Un grupo de seguidores vascos del Real de San Sebastián insulta a Samitier, jugador del Barcelona, que contesta propinando un puñetazo al que le injuria y marchándose al vestuario, a donde se dirigen los seguidores vascos. En la caseta se produce una batalla campal, que no pasó a mayores por la intervención de la fuerza pública, que llegó a simular una carga policial para disolver a los grupos que se acercaban. La caseta del vestuario del Barcelona fue acordonada para que no entrase nadie ajeno al equipo. Únicamente resultó herido Ramón, reserva del Barcelona, el cual, al intentar reunirse con su equipo, recibió un culatazo en el pecho. Estos incidentes fueron reseñados de esta manera por los corresponsales de El Diario Español y El Mundo. El corresponsal de El Sol habla de algunos incidentes porque seguidores de uno y otro equipo querían entrar en las casetas de vestuario de los equipos. Esto provocó que la Guardia Civil tuviera que desenvainar sus sables para contener a las dos aficiones. Y necesitaron entrar en las casetas para que no se agrediesen entre jugadores y directivos de ambos equipos, imponiendo su autoridad a culatazos. La excitación, según parece, fue muy intensa.
     Lo que sí fue memorable es la memoria parcial de Rafael Alberti. Memorable porque se quedó con la visión de Platko herido en el primer partido. Recuerdo que dio lugar a la oda deportiva más famosa de la literatura española, al menos para los seguidores del Barcelona. Nadie es/somos perfectos. Donde el heroísmo, el sacrificio y la mitificación preludian algunos de los temas de Llanto por Ignacio Sánchez Mejías de Federico García Lorca, con la diferencia de la supervivencia del portero, careciendo del tema clásico de la muerte en la literatura, propio de esta bella elegía lorquiana. Dejamos la Oda a Platko de Rafael Alberti como final de la exaltación deportiva:

     Platko
     (Santander, 20 de mayo de 1928)
     Nadie se olvida, Platko,
     no, nadie, nadie, nadie,
     oso rubio de Hungría.

     Ni el mar, 
     que frente a ti saltaba sin poder defenderte.
     Ni la lluvia. Ni el viento, que era el que más regía.

     Ni el mar, ni el viento, Platko,
     rubio Platko de sangre,
     guardameta en el polvo,
     pararrayos.

     No, nadie, nadie, nadie.

     Camisetas azules y blancas, sobre el aire,
     camisetas reales,
     contrarias, contra ti, volando y arrastrándote,
     Platko, Platko lejano,
     rubio Platko tronchado,
     tigre ardiendo en la yerba de otro país. ¡Tú, llave,
     Platko, tú, llave rota, 
     llave áurea caída ante el pórtico áureo!

     No, nadie, nadie, nadie,
     nadie se olvida, Platko.

     Volvió su espalda al cielo.
     Camisetas azules y granas flamearon, 
     apagadas, sin viento.
     El mar, vueltos los ojos,
     se tumbó y nada dijo.
     Sangrando en los ojales,
     sangrando por ti, Platko,
     por tu sangre de Hungría,
     sin tu sangre, tu impulso, tu parada, tu salto,
     temieron las insignias.

     No, nadie, Platko, nadie.
     nadie, nadie se olvida.

     Fue la vuelta del mar.
     Fueron
     diez rápidas banderas
     incendiadas, sin freno.

     Fue la vuelta del viento.
     La vuelta al corazón de la esperanza.
     Fue tu vuelta.

     Azul heroico y grana,
     mandó el aire en las venas.
     Alas, alas celestes y blancas, rotas alas,
     combatidas, sin plumas, encalaron la yerba.

     Y el aire tuvo piernas,
     tronco, brazos, cabeza.

     ¡Y todo por ti, Platko,
     rubio Platko de Hungría!

     Y en tu honor, por tu vuelta,
     porque volviste el pulso perdido a la pelea,
     en el arco contrario el viento abrió una brecha.

     Nadie, nadie se olvida.

     El cielo, el mar, la lluvia lo recuerdan.
     Las insignias.
     Las doradas insignias, flores en los ojales,
     cerradas, por ti abiertas.

     No, nadie, nadie, nadie, 
     nadie se olvida, Platko.

     Ni el final: tu salida,
     oso rubio de sangre,
     desmayada bandera en hombros por el campo.

     ¡Oh, Platko, Platko, Platko,
     tú, tan lejos de Hungría!

     ¿Qué mar hubiera sido capaz de no llorarte?

     Nadie, nadie se olvida,
     no, nadie, nadie, nadie.


En la tercera final del Campeonato de España ganó el Barcelona. Wikipedia.



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     Referencias consultadas:

     ALBERTI, R.: La arboleda perdida.

     El Heraldo de Madrid, 21-05-1928

     La Nación, 21 de mayo de 1928.

     El Diario Español, 23 de mayo de 1928

     El Mundo de Madrid, 23 de mayo de 1928

     El Sol, 23 de mayo de 1928.

     DIEGO, G./COSSÍO, J.M.: Epistolario. Nuevas claves de la Generación del 27. Ediciones de la Universidad de Alcalá de Henares y Fondo de Cultura Económica. Edición de Rafael Gómez de Tudanca. Prólogo de Elena Diego. 1996.

     ALBERTI, R.: Cal y canto. Platko. El tema de la sangre, la vida o la muerte saliendo por los ojales debe ser un recurso literario recurrente de Alberti. En Joselito en su gloria utiliza un término popular andaluz, alamar, para indicar ¡que se me escapa la vida / por entre los alamares!, como se aprecia en el manuscrito que se guarda en el Archivo Museo Sánchez Mejías.






    18-07-2026, 10:51, actualizado el día que España ganó el mundial de fútbol. 19-07-2026 9:31

La ciudad dividida por un río

     

El Danubio a su paso por Budapest. Wikimedia.

     El Danubio es uno de los ríos más caudalosos de Europa. Nace en la Selva Negra alemana y desemboca en el Mar Negro (Ponto Euxino), por Rumanía.

     En la llanura del Danubio medio se encuentra Hungría. En este país, la recepción de la cultura española es minoritaria. Hace poco viajaban dos turistas húngaros que se encontraban por España. Recalaron en medio de Castilla-La Mancha. Más concretamente, en Manzanares. Visitaron la Casa Malpica, lugar en el que se encuentra el Museo del Queso Manchego y el Archivo Museo Ignacio Sánchez Mejías.

     Dicen que hablaban un español casi perfecto, con un leve acento, que parecía indicar que se dedicaban a la enseñanza del español o habían realizado estancias en España durante algún tiempo. Ellos contaron que eran ingenieros de telecomunicaciones, que habían aprendido español en su juventud y que seguían ahondando, mediante lecturas y viajes, el conocimiento de la cultura española. 

     Según parece, se sintieron halagados cuando, al indicar que vivían en Budapest, les dijeron que era la ciudad dividida por un río, el Danubio. También les llamó la atención la existencia de un museo sobre un intelectual torero. 

    Su atención fue en aumento cuando supieron que el intelectual sevillano había escrito un libreto, con pseudónimo, sobre una revista musical que renovaba los ballets clásicos y flamencos en los años treinta del siglo pasado colaborando con Encarnación López (La Argentinita), Falla y García Lorca. A este último sí le conocían, pero el músico y la bailarina eran desconocidos para ellos. 


     Contextualizando, otra persona, les dijo que Falla tenía una fama similar a Béla Bartók y que García Lorca era conocido por sus obras internacionalmente antes de su trágica muerte. Sin muerte trágica, era semejante a la fama conseguida por el escritor húngaro Peter Esterházy, que se había consagrado internacionalmente con Armonías celestiales cuando este siglo daba comienzo, teniendo en cuenta que todas las comparaciones son, pues, arriesgadas.

     La emoción de los turistas aumentó con el conocimiento de la variada y compleja vida cultural del primer tercio del siglo XX, recogida en el Archivo Museo. Hizo que los viajeros húngaros reprodujeran a otro lugareño, quien les indicó dónde podían comer, un video de unos de estos ciudadanos del mundo recitando a Juan Ramón Jiménez en la plaza Mayor de Madrid.

     Olvidaron estos informantes la estrecha relación entre España y Hungría gracias a un deporte de masas. En el primer tercio del siglo XX siempre se recordará el poema que Rafael Alberti escribió al portero húngaro del Barcelona, Franz Platko

     Según parece, hace referencia a los tres partidos del campeonato de copa del Rey celebrados en la primavera de 1928 que se jugaron en El Sardinero. Asistieron José María de Cossío y sus huéspedes en Tudanca, Rafael Alberti y el cantante de tangos Carlos Gardel, que tenía gran amistad con el capitán del Barcelona, Samitier




     Alberti relata, escribe, la prodigiosa actuación del portero marcada por el ritmo con sus pausas del reglamento deportivo de los dos primeros encuentros de esta final. El ausente, en esta ocasión, fue Gerardo Diego, quien manifestó por carta a Cossío que había sentido perderse esta final que calificó de epopeya.  

 

“Ni el mar, que frente a ti saltaba sin poder defenderte.

Ni la lluvia. Ni el viento, que era el que más rugía.

Ni el mar, ni el viento, Platko,

rubio Platko de sangre,

guardameta en el polvo,

pararrayos.”

 

     Tras el mundial de 1954, cuando unos brillantes húngaros fueron subcampeones, y, sobre todo, con el final trágico de la revolución húngara de 1956, muchos de estos futbolistas jugaron al fútbol en los campeonatos españoles. Los más famosos: Puskas en el Real Madrid y Kubala en el Barcelona. 

    En estas letras se defraudará a los que piensen que se hará a partir de este momento un detallado informe futbolístico. Nada es más arriesgado que hablar de historia del fútbol cuando no se conoce el tema con profundidad. Y que dichos conocimientos están más relacionados con las tardes de partido compartidas con sus mayores como vínculo afectivo.

Bandera húngara sin escudo símbolo revolución 1956. Wikipedia

     Se conoce, claro, el éxito que tuvieron en el fútbol español. Del final de la vida de Puskas poco se puede informar. De la vida de Ladislao Kubala se tiene más información. Por medio de unos comerciantes textiles de Castilla-La Mancha se tiene noticia de un lugar que solía frecuentar: El Hotel Vila de Calella en Barcelona. Aseguran que Kubala, que llegó a seleccionador nacional, tenía amistad con los dueños y que alguna vez lo vieron durante los viajes que realizaban en el último tercio del siglo XX para negociar con fabricantes textiles catalanes.

     Hoy, por suerte, hay hispanistas húngaros que analizan la recepción de la obra de autores de la Edad de Plata en la intelectualidad de su país. 



      

México DF, 20 de mayo de 1959

      Manuel Altolaguirre a Camilo José Cela, 20-05-1959-1.          México DF, 20 de mayo de 1959      ¡Mi querido Camilo José Cela!      M...