Cultura y sociedad

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Piel de España

 

Encarnación López, Argentinita. ABC, 20-04-1933.

     

        Rafael Marquina (1887-1960) fue un ensayista, periodista, dramaturgo y biógrafo nacido en Barcelona que murió en La Habana. Desde muy joven se dedicó al periodismo, como redactor en las revistas La Publicidad y Teatralia, o como crítico en El Imparcial hasta 1935, cuando se trasladó a la capital cubana. Allí trabajó para Información, escribiendo una reputada sección, Vida cultural y artística, e integrándose en la vida social y cultural de la Gran Antilla. Era hermano del dramaturgo catalán Eduardo Marquina[1].

     Nos interesa una colaboración que publicó el 23 de abril de 1933 en otro medio español, Blanco y Negro, donde con el título Piel de España y corazón de Francia[2], analizaba la obra Piel de España de Pierre Sarment, que se había presentado en el teatro de L’Athenée, actuando su autor como el protagonista, Lord Cowley, que tiene devaneos amorosos con Soledad, una española, que no le corresponde al estar enamorada de Charlie, un amante de lo español y la española. Además, en la obra, los tres personajes principales no son lo que parecen. ¿Por qué nos interesa este drama con aires folletinescos?


La fábrica de locuras, en Folies Bergère, como exageración española. 1931. ABC. 


      La razón reside en la visión que tiene el autor francés de España en 1933 y porque incluye a Argentinita en la reseña que Rafael Marquina hace sobre la obra. Haremos una mención previa a Argentinita para contextualizar y seguiremos luego con el artículo.

     En esos días de abril de 1933, Argentinita actuó en el Teatro Español en una única audición con cantes y danzas españolas[3]. Un par de meses más tarde anunciaba que reintegraba a su repertorio El amor brujo de Falla, en un espectáculo que sería el germen de Las calles de Cádiz. ABC mencionó la colaboración de su hermana Pilar, Rafael Ortega, Antonio Triana y La Macarrona. En cuanto a la música, la orquesta Bética, que había fundado Manuel de Falla y dirigía Ernesto Halffter, estaba al cargo de su perfecta ejecución[4]. Argentinita se había especializado en canciones y danzas españolas, cosechando grandes aplausos del público con repertorios de Albéniz, Falla, García Lorca o Barbieri[5].

     La reseña que Marquina hacía sobre Piel de España y su visión del españolismo le servía al autor para recordar una especie de restauración frecuente de esta idea, con distintos eclipses, entre el público parisino, donde España era actualidad en sus escenarios.

      En el Folies Bergère se representaron en los años treinta espectáculos de motivos españoles con cierto pintoresquismo. Los éxitos que tuvieron antes Antonia Mercé, La Argentina, y, en ese momento, Encarnación López, Argentinita, Anita Ávila o Raquel Meller, remarcaban esa españolidad en las tablas francesas. Para Marquina, es más bien un exceso en la representación que sería homologable al exceso en el marchamo francés, como en la obra La Francerie de Paul Raynal o Raynald, que incidía en el mismo exceso sobre lo español de las obras sobre tema hispano.

     En Francia, en los años treinta del siglo pasado, la mayoría de los comediantes habían abandonado los temas bélicos, tratando obras más frívolas, como descanso de la meditación o el filosofismo tras la Gran Guerra.


Teatralia, dirigida por Rafael Marquina. 30-01-1909. Archivo de revistas catalanas antiguas.
     
     
     Como complemento a este artículo, volvamos a Encarnación López Júlvez, Argentinita, y su única representación de cante y danza española en el Teatro Español el 22 de abril de 1933. Y aquí seguimos la crónica de El Sol del día siguiente, 23 de abril.
     A Encarnación López le seguía un público fiel. Lo más culto y sensible de Madrid. Era una artista inimitable por su voz y por su personalidad: Su forma de bailar, su forma de tocar las castañuelas... Su arte era fragante y cautivador. Una composición de Falla o una tonadilla de nuestro folklore eran expresadas de forma adecuada, a través de la armonía de su cuerpo y su voz. 
     A los espectadores ofreció una primera versión de Triana de Albéniz, y Argentinita la representó sobria en las maneras y con entusiasmo en la pasión. El público le contestó con fervorosos truenos de palmas y una admiración sin límites. (El Sol, 23 de abril de 1933).


Argentinita con una muñeca. Fondo Francisco de Goñí y Soler. Copia sin datar. Archivo de la imagen de Castilla-La Mancha.




[1] https://historia-hispanica.rah.es/biografias/28086-rafael-marquina

[2] BLANCO Y NEGRO, 23 de abril de 1933.

[3] ABC, 20 de abril de 1933.

[4] ABC, 16 de junio de 1933.

[5] ABC, 23 de abril de 1933.



15-08-2026 20:30 Actualizado 18-08-2026 21:43

Gregorio Corrochano, crónica literaria.

     

ABC, 11-08-1919. Inicio de crónica de Corrochano

   

     Uno de los aspectos más llamativos que observamos al escribir sobre cómo recogió la prensa de 1900, tanto la especializada como la diaria, la inauguración de la Plaza de Toros de Manzanares, es la forma en que se contaba la corrida. Parecía un acta notarial o, en el peor de los casos, un certificado de defunción donde se hacía en muchos casos un relato numérico de lo acontecido.

     Había crónicas que podían relatar por qué un torero había triunfado o fracasado. Otros cronistas podían utilizar sus conocimientos taurinos debido a su acendrada técnica. Pero la crónica taurina no se convirtió en una expresión estética hasta que llegó Gregorio Corrochano. Y ello era posible porque escribía sobre las emociones de las personas, más allá del toro y el torero. Describía desde los miedos al valor, desde la inteligencia a la belleza, desde el ambiente al detalle más ínfimo. Nada se ocultaba. Y su lenguaje era ajeno a lo pomposo o ruidoso. Era la claridad del lenguaje.

     No entraremos en otro aspecto, propio del primer tercio del siglo XX, el heroísmo. Convierte al diestro en una especie de héroe moderno, que lucha contra su destino: el riesgo y la muerte. De este modo, puede enlazar con las obras de García Lorca, Alberti o Gerardo Diego. Corrochano, además, fue un personaje público. Sus crónicas o su participación en la película La Malcasada, 1926, así lo atestiguan. 

     No. No es este propósito ni el presente cometido. La idea que nos mueve se acerca más a cómo empezaban sus crónicas, al ambiente que presentaba y cómo le ayudaba a interpretar aquello a lo que había ido. Pongamos unos ejemplos:

     El 11 de agosto de 1919, Corrochano está en San Sebastián y comienza de esta manera su reportaje:

     ¡San Sebastián! ¡Ya estamos en San Sebastián! Lo escribimos con una gran alegría. Después del acelerado viajar de un lugar a otro, la llegada a San Sebastián nos desquita de muchas incomodidades, es la recompensa de pasadas molestias. San Sebastián es para nosotros el descanso sin abandonar el trabajo, pues tiene todo esto un sello tan ligero, tan superficial, que hasta lo que parece trabajo es pasatiempo. En otros sitios tuvimos que escribir frecuentemente en un café, un poco sobresaltados por los golpes que daban sobre el mármol de una mesa de unos jugadores de dominó. Aquí escribimos en el saloncito del Casino: este saloncito tan femenino, junto a una mujer que escribe más con los labios que con la pluma, pues entre tanto mira al papel o a la pluma, ociosa, sus labios, adelantándose o escondiéndose entre los dientes, trazan mil títulos. Entre la partida de dominó y esta otra partida, la tarea nuestra cambia de aspecto. Por eso San Sebastián tiene el encanto de hacernos adorable el trabajo.

     Este preámbulo de Gregorio Corrochano era el aperitivo para contarnos que habían toreado Joselito, Juan Belmonte e Ignacio Sánchez Mejías. A nosotros, en realidad, la imaginación nos llevaría a la placidez de la capital guipuzcoana, a la mujer que escribe y habla, entre el papel y la pluma, y recordamos, conjeturamos, cómo serían los antiguos cafés donde se golpeaban las fichas de dominó en duelos incruentos.


ABC, 6 de agosto de 1920. Gregorio Corrochano, detalle crónica.




     Damos un pequeño salto en el tiempo. El 6 de agosto de 1920 encontramos a Gregorio Corrochano en las fiestas de la Virgen Blanca de Vitoria. Hemos obviado, sobrevolado, la crónica de la muerte de Joselito porque es casi una crónica elegíaca: «No quisiera ser el cronista a quien la fatalidad le reservó esta narración». Es, tal vez, una de las crónicas más extensas de Corrochano. La brillantez estética se encorseta en la claridad de sus sentimientos. Y es un momento para otras palabras.

     En Vitoria cuenta lo que hace al llegar a una ciudad:

     Uno de nuestros primeros cuidados al llegar a una población es leer su Prensa. Así en un momento nos ponemos en contacto con sus vecinos. No es la noticia interesante la que buscamos; buscamos algo más, el espíritu local, el ambiente, el palpitar del pueblo, para sentir y pensar con él y no ser un extraño, un forastero. Nos disgusta mucho ser forastero. El forastero solamente se lleva el recuerdo de la incomodidad, de la aglomeración inevitable y un poco molesta, y deja, con su dinero, el recuerdo de alguna impertinencia, la agria protesta por la necesidad incumplida. No me es grato ser forastero, y para evitarlo, nada tan eficaz como la adaptación por medio de la Prensa local.

     En uno de los periódicos que miramos en la biblioteca del Círculo Vitoriano (biblioteca donde se lee, por lo que veo), en el Heraldo Alavés, nos encontramos una circular que dice: "Don José Ortega Munilla". Y como sentimos una admiración casi mística por el viejo maestro, de ingenio lozano, por el fecundo escritor que nos sorprende cada día con el artículo preciso y oportuno, como si tuviera a la actualidad por confidente, nos dispusimos a leer. Era una carta del ilustre periodista. Es una carta de gratitud para el Ayuntamiento, "este hidalgo pueblo y su Prensa", por un reciente homenaje otorgado. Al enterarnos, hemos sentido una íntima satisfacción y una gran simpatía por este pueblo, que así trata a Ortega Munilla.

     El lector debe esperar aún un párrafo más para saber si hubo corrida en Vitoria, pero tiene, si quiere, un interés inicial: conocer si Corrochano salió de la biblioteca, si estuvo contando sus lectores, si alguna vez se ha sentido forastero, o lo ha sido siempre, y, en definitiva, si la admiración por José Ortega Munilla, el director de El Imparcial, era debida a su calidad periodística o a la afición taurina compartida. 

     Un tercer ejemplo del estilo de Gregorio Corrochano lo observamos en la crónica titulada El Prólogo de la Feria, 20 de abril de 1923, que preludia el disfrute de la misma:

     Tiene la feria de Sevilla un prólogo que os hace desear la feria con apetito de emociones. Y así como un libro interesante no puede interrumpirse ni para dormir y el día sorprende al lector, la feria de Sevilla, una vez conocido el prólogo, es todo insomnio y trajín hasta agotarla en su último día... Este año el prólogo lo escribió la Reina.

    Montada en caballo andaluz, vestida de negro, con el talle ajustado por la chaquetilla corta y la rubia cabeza ensombrecida por el sombrero cordobés, galopa delante de los toros esta amazona andaluza. Va junto a ella la infanta Luisa, que hostiga la jaca capona, de cola corta y rizosa crin, y no le falta a su silueta airosa ni la silla de línea blanca ni el pañuelo anudado al cuerpo para que la chaqueta no se desciña al galopar. Completan el cortejo doña Sol y la duquesa de la Victoria, el duque de Gor y un tropel de caballistas sevillanos, entre los que destaca Eugenio Luque, por su destreza, y Juan Antonio Jacobo y Pepe Naranjo, como los últimos conservadores de la tradición de la feria.

     Cruzan el puente de Guadaira, camino de los prados... Los caballos pasan de la quietud al galope, aguijoneados por la espuela, y un tirón de la rienda los vuelve a la quietud. Se distingue la Reina, porque brilla el pelo como brilla el trigo maduro, y la infanta Luisa se anuncia porque es la figura más campera entre la gente de campo.

     El inusual parangón entre la lectura de un libro y los preparativos de la feria de Sevilla coincide en esas noches en blanco, sin dormir, pensando en el final del libro o en el inicio de la feria que se desea disfrutar. 

      ABC es un periódico monárquico y su cronista ensalza a la reina. Con clase y con maestría: Traje corto negro que contrasta con su rubia cabeza. Cabeza ensombrecida con sombrero cordobés. La infanta monta un caballo capado, una jaca capona. Es manso. Lo mismo no lo sabe, pero hostiga a un animal tranquilo, porque lo han creado así. Lleva anudado un pañuelo al cuerpo para que la chaqueta no se abra al galopar. Corrochano distingue a la reina porque su cabello brilla como el trigo maduro. Las metáforas, las repeticiones plasman imágenes de un mundo donde casi no pasa nada, pero el cronista lo presenta/representa como un mundo de sensaciones.


ABC, 20 de abril de 1923. Detalle de la crónica de Corrochano

     En estos ejemplos, el hilo conductor es/fue Ignacio Sánchez Mejías, el polifacético mecenas de la Generación del 27. Corrochano, amigo del torero e intelectual, veía algo más que la figura desgarbada, grande para ser torero, y futuro héroe mitológico. Lo sigue y lo aprecia.

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     Referencias consultadas:

     - ABC, 11 de agosto de 1919, página 17.

     - ABC, 18 de mayo de 1920, página 7.

     - ABC, 6 de agosto de 1920, página 16.

     - ABC. 20 de abril de 1923, página 7.


Breve satírico en The Times, 30-03-1919.





      31-07-2026 Actualizado... 9:22

Ciudadanos contemporáneos, 2: La Vicalvarada y el manifiesto de Manzanares en "ABC" y la revista "Ejército de Tierra"

      

Benito Pérez Galdós, Wikipedia

     Galdós vivía en una casa poco lujosa del paseo de Areneros. No quería recibir visitas mientras trabajaba. No quería distracciones en sus estudios y en sus trabajos.

     A los pocos que recibía se encontraban con el filtro del escrupuloso servicio de la casa. La sala donde escribía tenía mucha luz y ventilación. Escribía mojando la pluma en el tintero, rodeado de libros, acompañado de antiguos diarios. Sobre un atril depositaba las hojas escritas, origen de sus futuros libros.

     A finales de febrero de 1903 tenía entre manos Los duendes de la camarilla, el tercero de los Episodios de la cuarta serie, cuando el cura Merino atenta contra Isabel II, en los primeros años de la década de 1850. A este libro seguiría La revolución de Julio, que recrearía los sucesos de 1854, con la sublevación militar del Campo de Guardias, el manifiesto de Manzanares y el origen de la Unión Liberal, que daría lugar a O’Donnell, libro sobre el largo gobierno del militar.[1]

     Galdós relataba el convulso siglo XIX con la mala herencia del reinado de Fernando VII. Siglo de pronunciamientos, siglo de golpes de Estado, que un día propugnaba libertades que, pasado un tiempo, luego restringía.


     Casi treinta años después, en agosto de 1931, Federico Santander rectificaba su artículo Lo que quiere España, en el que se atribuía la represión de 1854 al duque de Frías en vez de al duque de Rivas, el de don Álvaro o la fuerza del sino, de mandato efímero: el de las cuarenta horas. Santander aclaraba entonces así:

     1854. 28 de junio-28 de julio: la revista del campo de Guardias, la “Vicalvarada”, Cánovas y su manifiesto de Manzanares, el motín de Madrid a la salida de los toros, Gándara defendiendo la casa de Salamanca, el torero Pucheta, la Junta salvadora del banquero sevillano y el general San Miguel, la confesión de las “deplorables equivocaciones” del manifiesto redactado por Pareja y corregido por Baralt, los coches enganchados para la partida de la reina, el abrazo de Espartero y O'Donnell… Allí estuvo a punto de extinguirse el reinado de Isabel II.[2]


     Dos años más tarde, el 5 de febrero de 1933, Antonio Royo Villanova explicaba Por qué estoy en la derecha con las siguientes palabras:

     La revolución que ha traído a España la República ha producido en el mundo político un verdadero terremoto, y como la tierra que hollaban mis plantas liberales se ha corrido violentamente a la izquierda, yo, sin moverme, resulto colocado a la derecha… El caso mío se ha repetido muchas veces en la historia política de España, y no con nombres modestos y oscuros como yo, sino con grandes parlamentarios y con insignes gobernantes. Don Antonio Cánovas era un revolucionario en 1854; escribió el manifiesto de Manzanares y formó parte de las Cortes Constituyentes que votaron aquella ley desamortizadora, revolucionaria y anticlerical de primero de mayo de 1855, que costó tanto sancionar a doña Isabel II. Y D. Antonio Cánovas, liberal en 1854, resultó conservador en 1875.[3]

Leopoldo O'Donnell. Wikipedia.


     El 8 de octubre de 1946, Luis Araujo-Costa escribía un artículo sobre Modelos de París y la atracción española sobre aquello que viniera de fuera, especialmente si era francés y, más concretamente, de París. Entre los ejemplos que cita, destacamos el siguiente, que no rompe la cadena de lo que estamos citando:

     Modelos de París, como tantos otros, fueron Los diamantes de la Corona. Los de Barbieri son de 1854, el año del Manifiesto de Manzanares. Los de Aubert. De 1841. El libro es de Scribe y Saint Georges. Pocos conocerán la partitura del compositor francés.[4]

     Cinco años más tarde, el 5 de marzo de 1951, Luis Araujo reseñaba una biografía de Cánovas escrita por Melchor Fernández Almagro. Las palabras, laudatorias, no olvidaban la larga carrera del biografiado:

     La bibliografía de Cánovas es muy copiosa. Se comprende dado el papel que Cánovas ha desempeñado en la Historia de España, desde el “Manifiesto de Manzanares”, de 1854, hasta su muerte en Santa Agueda, vilmente asesinado, el domingo 8 de agosto de 1897.[5]

     Tres años después, Fernando Díaz-Plaja escribió el 6 de julio de 1954 un artículo bajo la sección, PERO… ¡DE ESO HACE UN SIGLO! En ella recuerda la Vicalvarada y el Manifiesto de Manzanares. Nos cuenta cómo el primero de julio, las tropas que había arengado O’Donnell a las tropas que estaban bajo el director general de Caballería, general Dulce, se enfrentan a las tropas leales del ministro de Guerra, general Blaser, quedando la partida en tablas, en un curioso statu quo en el que se legisla contra los rebeldes en Madrid, mientras estos acampan cerca de Aranjuez. O’Donnel ha lanzado un manifiesto desde Alcalá de Henares. Los días pasan y Díaz-Plaja lo cuenta así:

     Sobreviene un compás de espera. Las fuerzas de O'Donnell empezaron un curioso camino por los campos de España sin vencer ni ser vencidas. El Gobierno anunciaba, día a día, la deserción de sus tropas; don Leopoldo insistía en la desmoralización de Sartorius. Y esta situación, al parecer sin salida, se prolongó hasta que Cánovas del Castillo, entonces joven y algo extremo liberal, redactó, el 7 de julio, el Manifiesto de Manzanares.[6]

     Vamos a dar un salto en el tiempo. Cuando Pedro González-Trevijano era rector de la Universidad Rey Juan Carlos en 2008, años antes de ser magistrado y, luego, presidente del Tribunal Constitucional, escribió un artículo el 9 de julio de 2008 titulado El porqué del Manifiesto, con motivo de la presentación en el Ateneo de Madrid del Manifiesto por la Lengua Común. Dentro de la introducción, escribía las siguientes palabras:

     Los Manifiestos- cualquiera que sea la denominación- siguen pues bien presentes. Desde los más religiosos, como los Diez Mandamientos de Moisés del Monte Sinaí y las Bienaventuranzas del Sermón de la Montaña, hasta las proclamas revolucionarias del siglo XVIII: la Declaración de Independencia americana en 1776 o la Declaración Francesa de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789. Sin olvidar el Manifiesto Comunista de 1848 o, entre nosotros, el Manifiesto de Manzanares de Cánovas del Castillo en 1854, el Manifiesto Andalucista de Córdoba de 1919 o el Manifiesto de los Intelectuales Españoles en Defensa de la II República en 1931.[7]

     Un año antes, Manuel Espadas Burgos, historiador nacido en Ciudad Real, había escrito el 25 de agosto un artículo titulado De nacionales a nacionalistas, en el que reflexionaba sobre la conciencia nacional española a pocos meses de los doscientos años de su consolidación a partir del levantamiento contra las tropas ocupantes francesas en 1808. En la decantación de esa conciencia nacional y la creación del decimonónico Estado español con el constitucionalismo de 1812 y su definición de nación española que se reflejó en todos los textos constitucionales españoles del XIX. Donde se refleja y se decanta lo que hoy tenemos asumido, que la soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado. O la indisoluble unidad de la nación española.

     Esta decantación desde 1812 no obvia la realidad del debate centralismo-descentralización. Y aquí, pasamos a las palabras de Manuel Espadas para comprender cómo matiza:

     Atento a uno de esos problemas, el debate centralismo-descentralización, un Antonio Cánovas, todavía muy joven, en el llamado «Manifiesto de Manzanares» (1854) expresaba este propósito: «Queremos arrancar a los pueblos a la centralización que los devora, dándoles la independencia local necesaria para que conserven y aumenten sus intereses propios»[8]

    

Cánovas del Castillo. Wikipedia

     Como el siglo XIX fue el de los golpes militares protagonizados por los militares, hemos consultado la revista del Ejército de Tierra español y hemos visionado un artículo que hace referencia a la Vicalvarada y el Manifiesto de Manzanares.

     El teniente coronel de Artillería Eugenio Garcés Bonet escribe sobre la Vicalvarada en el número 846 de la revista, publicado en septiembre de 2011.

     Nos cuenta el sesgo moderado del alzamiento, con la intención de corregir la corrupción existente. No tuvo el impacto deseado, pero el gobierno no tenía fuerzas suficientes para sofocarlo. Según Garcés, los progresistas no tenían en sus filas un líder con carisma y ofrecieron esta oportunidad al general Espartero.

     Salta directamente al 7 de julio de 1854, cuando se publica un documento redactado por Antonio Cánovas del Castillo y firmado por el general O'Donnell, en el que se exigían importantes reformas, fundamentalmente una nueva Constitución, la reconstrucción de la milicia nacional y un nuevo marco legal capaz de garantizar las libertades[9]

     Como se sabe, durante un breve espacio de tiempo, el Cuartel General de los sublevados, y vencedores al final de esos turbulentos días, estuvo en la localidad de Manzanares, comandado por el general en jefe del Ejército constitucional, Leopoldo O'Donnell, conde de Lucena.

General Espartero. Wikimedia




[1] ABC, 26 de febrero de 1903, páginas 3-4.

[2] ABC, 7 de agosto de 1931, página 15

[3] ABC, 5 de febrero de 1933, página 23.

[4] ABC, 8 de octubre de 1946, página 9. Luis Araujo-Costa no recordaría que las revoluciones y golpes de Estado están muy relacionados con las revoluciones de Francia. Y la de 1854, de inicio incierto, evocaba todos los intentos de avance democrático de los estados liberales europeos, con mejor empeño o no.

[5] ABC, 30 de marzo de 1951, página 3.

[6] ABC, 6 de julio de 1954, página 21.

[7] ABC, 9 de julio de 2008, página 3. Observe el lector que comparan el Manifiesto de Manzanares con la Declaración de Independencia de los Estados Unidos, el Manifiesto Comunista y como versión laica de los diez mandamientos de Moisés.

[8] ABC, 25 de agosto de 2007, páginas 5-6. Obviamente, en la Restauración de 1875 pensará de forma distinta.

[9] Revista Ejército de tierra español, número 846, septiembre de 2011. Año LXXII. Páginas 107-111.



2 de julio de 2026 20:25, actualizando... 3-07-2026, 6:49

La querella de Sánchez Mejías en ABC

         

ABC, 2 de enero de 1925. ABC.

     "Ayer tarde tomó posesión la nueva Junta directiva de la Sociedad de Matadores de toros y novillos, haciéndose cargo de la presidencia Ignacio Sánchez Mejía.

     Se pronunciaron los discursos de rigor y se acordó obsequiar al presidente saliente, Salieri II, con una fiesta andaluza, que se celebró anoche mismo, y en la que reinó gran animación. 

     Como la Junta de ayer fué (sic) puramente formularia, mañana se volverá a reunir para tomar acuerdos.

     Reciba nuestra felicitación la nueva Junta, a la que deseamos toda clase de aciertos."

    (ABC, viernes 2 de enero de 1925. Edición de la mañana, página 10.)

     En una publicación posterior, Ignacio Sánchez Mejías, señala que antes de su presidencia los toreros estaban controlados por los empresarios. Aquí se despide a Salieri II con una fiesta. 

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ABC, 6-02-1925. ABC.


     "El Sr. La Cierva, Defensor de Sánchez Megía

     El diestro Ignacio Sánchez Megía, ante el reiterado veto de la Asociación de Empresarios, que trata de hacerle imposible el ejercicio de su profesión, ha decidido acudir a los Tribunales de Justicia, y ha encomendado el asunto al ilustre exministro, decano del Colegio de Abogados, don Juan de la Cierva, que ha empezado a actuar hoy."

     (ABC, 6 de febrero de 1925, página 11.)

     Juan de la Cierva y Peñafiel fue ministro en distintos gobiernos de Alfonso XIII y padre de Juan de la Cierva Codorníu, inventor del autogiro.

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ABC, 8-2-1925. ABC.


     "Sánchez Mejia y las Empresas de Toros

     En nombre del diestro Ignacio Sánchez Mejía, presentó ayer en el Juzgado de guardia el procurador Sr. Ulrich una querella contra la Asociación de Propietarios y Empresarios de plaza de toros, por la coacción que, a juicio del querellante, supone el hecho de ponerle veto, cumpliendo con ello un acuerdo tomado por los socios de dicha entidad en Junta celebrada recientemente.

     La querella fué admitida por el juez de guardia y pasará al Jugado correspondiente."

     (ABC, 8 de febrero de 1925, página 25.)


Escrito del Sr. Ulrich, procurador de Ignacio Sánchez Mejías
      

    "Suplico a la sala que teniendo por presentado este escrito se sirva tenerme por personado en tiempo y forma en la causa referida con la representación que ostento y ordenar se entiendan conmigo las diligencias que se practiquen. Es justicia.

     Madrid 30 de diciembre 1925

     Aquiles Ulrich"


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ABC, 23-02-1925. ABC.



     "En honor de Sánchez Mejía

     Sevilla 23, 9 mañana. El vino de honor con que el matador de toros Ignacio Sánchez Mejía fué (sic) obsequiado en la Vinícola, resultó un acto muy cordial y cariñoso, viéndose llena de concurrentes...

... Después hablo Sánchez Mejía para expresar su gratitud a los organizadores del acto, a los subalternos de la torería, que tanto le habían ayudado en su campaña contra los empresarios, y de un modo especial a los novilleros de Sevilla, que son sus votos le llevaron a la presidencia de la Asociación de toreros.

     Dijo que ésta era antes una Asociación mediatizada por la de Empresarios, y que hoy actuaba con independencia y libertad.

     Censuró a la mencionada Asociación de Empresarios, porque en vez de ocuparse de gestionar el abaratamiento de las plazas de toros y la reducción de los gravámenes que pesan sobre los espectadores, daba la batalla contra los toreros, para rebajar sus honorarios y para procurarse economías tan importantes como la que supone la abolición de los dobladores.

     Dijo que no hablaba de su pleito, porque de la solución de él se habían encargado ya los Tribunales de Justicia...

... Concluyó su discurso abogando porque sea pronto un hecho la Federación de las Asociaciones de matadores, banderilleros y picadores, y excitando a todos para que tengan como símbolo de la profesión el quite, y como emblema, las palabras de Corrochano, de que Judas no puede ser torero..."

     (ABC, 23-02-1925, página 27).

     La defensa gremial, la lucha por la defensa de los trabajadores de la tauromaquia aparece en las palabras finales de Sánchez Mejías. En otra ocasión defenderá la mejora de la atención sanitaria en las plazas de toros. Habla de la defensa de todo el escalafón profesional.

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ABC, 25 de marzo de 1925.  ABC


     "La querella de Sánchez Mejía

     Sevilla, 24, 9 noche. En cumplimiento de un exhorto del juzgado del distrito del Hospicio, de Madrid, el juez de San Vicente ha llamado a declarar al gerente de La Taurina Sevillana, Sr. Salgueiro, con motivo de la querella presentada por el diestro Sánchez Mejía contra la Directiva de la Asociación de Empresarios."

     Dos párrafos más abajo, en otro breve se cuenta que Ignacio Sánchez Mejías está en Lisboa, ciudad en las que declara que toreará en la capital lusa durante cuatro años si se lo permiten. Al mismo tiempo, Juan Belmonte hace declaraciones en Lisboa. Está retirado, pero volverá a los ruedos para formar pareja con Ignacio Sánchez Mejía.

     (ABC, 25 de marzo de 1925, página 22.)

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     "Séptimo. Después que un banderillero ha prendido un par, el diestro Sánchez Mejía salta al ruedo y pide y obtiene permiso para banderillear. Prende un gran par, con salida comprometidísima (Ovación), y con la salida más cerrada aún, clava otro, inmenso. (Ovación prolongada).

     Agüero le brinda la muerte del toro. Muletea de cerca, sosegado y valiente, y, acostándose en el morrillo, atiza una gran estocada...

     Agüero invita a Sánchez Mejía a bajar al ruedo, y ambos dan la vuelta al anillo entre una ovación imponente."

     (ABC, 22 de abril de 1925, página 28)



     "AUNQUE LE PESE A ALIATAR

     ... ¡Oh, recuerdo de aquellas tardes del Gallo, el más florido de todos los toreros!...

     ... Un capitalista se echa al ruedo y da el espectáculo de todos. Carrera, caída, persecuciones, nada. Cambian la suerte, y cuando salen los banderilleros, otro capitalista se echa a la plaza. Pero este capitalista tiene trazas de no serlo... Vestía traje color café, hilvanado por sastre caro, según pregona el corte; sombrero de anchas alas, blanco, con cinta negra, amarrado en la barba. Ni se precipita, ni lleva en la mano la maletilla sucia del espontáneo, ni los toreros corren a cogerlo, sino que parecen sobrecogidos cuando junto a ellos pasa, con firmeza en el andar, expresión de un decidido ánimo. El murmullo del público advierte la sorpresa de la muchedumbre. ¿Quién es?... camina resuelto hacia el palco del Rey. Es...la misma extrañeza que describe Moratín cuando un caballero cristiano pide permiso a Aliatar para lancear un toro... Zaida da respuesta, diciendo que puede entrar, porque en tan solemne fiesta nada se puede negar...

     Agüero le sale al paso, y le ofrece, respetuoso, las banderillas. Es Mejía, Sánchez Mejía, dice la gente, rompiendo en un aplauso cerrado, y, en efecto, es Sánchez Mejía, que pide permiso para banderillear un toro... Y Sánchez Mejía pone dos pares... soberbios, de los suyos exclusivos... La ovación es imponente y el torero espontáneo... volvió a su asiento, acaso jurando, como el Cid, de no quitar la celada hasta que gane Madrid... Agüero le brindó el toro...

     Agüero da la vuelta al ruedo, acompañado de Sánchez Mejía, a quien obliga a que abandone de nuevo su asiento... Hizo falta que, como un espontáneo cualquiera, se echara a la plaza Sánchez Mejía contra la voluntad de Aliatar; pero con gran contento de Zaida, la mora (la afición), ... .- Corrochano."

    Aliatar fue el suegro de Boabdil, el emir de Granada. Pertenecía a un antiguo linaje de Granada dedicado a la venta de especias, que tuvo poder y riqueza tras la caída de los abencerrajes.

     Corrochano, en este caso, hace referencia a otro, por un poema de Nicolás Fernández de Moratín, Fiesta de toros en Madrid, con los amoríos de Aliatar y Zaida:

Su bravo alcaide Aliatar,

de la hermosa Zaida amante,

las ordena celebrar,

por si la puede ablandar

el corazón de diamante.

     

     Aunque antes había trabajado en otros medios, la carrera periodística, literaria, de Gregorio Corrochano está ligada a ABC. Acompañaba y/o sustituía al cronista taurino Dulzuras. Cuando muere en 1914, Corrochano ocupa el puesto de cronista taurino a instancias de Luca de Tena. Con él nacerá la crónica taurina de conjunto, que sustituye a la crónica toro a toro. Y coincide su esplendor literario en las crónicas con la edad de oro del toreo, la de Joselito y Belmonte. Por la muerte de Joselito, marcha de corresponsal de guerra a Marruecos, de donde regresa en 1922, para volver a la crónica taurina hasta 1936, crónicas que se irán reduciendo a partir de 1932 por la dedicación taurina de su hijo, pasando al periodismo político. Su prosa es directa y escrutadora. Lo cuenta todo: el ambiente, los toros, los toreros, el público... Escribió una novela sobre su periodo norteafricano Mektub, 1926, y participó junto a Sánchez Mejías en la película La malcasada, también de 1926. En la película de Francisco Gómez Hidalgo, Gregorio Corrochano aparece en muchas escenas, algo más que una colaboración, y más allá de la que comparte con Ignacio Sánchez Mejías cuando visitan al torero, interpretado por José Nieto, en el hospital, en la escena del vaso de leche. 

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     Se ha utilizado como base las referencias de Peña Robledo para ABC, para 1925. Para otros datos se ha utilizado distintas búsquedas: Wikipedia, RAH, ABC números posteriores a 1925. 

     Por los documentos del juicio, Ignacio recurrió a los sobreseimientos, con la acción de su procurador. Fue archivado inicialmente con el n.º 1153, en 1926, un cuatro de marzo. Y sobreseído el 17 de marzo. El archivo definitivo se produjo el 20 de diciembre de 1926.

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     El marqués de Benavites tuvo una colección de objetos variados, entre ellos, taurinos. Entre los objetos de su colección, se encuentra una muleta usada y un estoque con su vaina que perteneció a Ignacio Sánchez Mejías. Según parece el espadero fue el valenciano Luna. Hoy es una pieza de museo que se exhibe en el Museo de Ávila. (Cer.es)


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8-7-2025 12:23 Actualizado 10-07-25 6:28

Para saber más:

PEÑA ROBLEDO, E. Mª: Ignacio Sánchez Mejías según el diario ABC. Tesis doctoral de la Universidad de Burgos, dirigida por Pedro Ojeda Escudero. 2015. Archivo Museo Sánchez Mejías (1/7/2025).

La vida gris: Mayo de 1944

 

 

Ser español en 1940-Ideario. Gil Pecharromán

 


 

     Mientras Alcaraz ganaba la merienda, o la cena, parisina ante un alemán llamado Zverez, empecé a buscar qué noticias habían sucedido cercanas al nacimiento de un modisto de la movida, origen del diseño prêt-à-porter en los ochenta, que vivió y murió su madurez en los años de la transición y consolidación democrática española (1973-1994).

     Manuel Piña nació un 21 de mayo de 1944. 

     Busqué un diario de la posguerra española, El ABC monárquico, que entonces no podía serlo tanto, por el dominio de falangistas y tradicionalistas en la dictadura.

     Un periódico de la posguerra civil española, en medio de la Segunda Guerra Mundial, tenía un signo distintivo: escasez de papel y noticias;  escasas posibilidades acrecentadas por la falta de independencia ante el control gubernamental de la información.


     


     ABC recogía el 23 de mayo los hechos del 21, o días anteriores, porque el día 22 había sido lunes y no se publicaba prensa, salvo las Hojas. El control previo no evitaba la llegada de noticias de agencias que evidenciaban el avance aliado desde 1942. Recordemos el giro de la dictadura desde ese año. Desde el inicial aspecto fascista que dotaba Falange se había pasado a la pugna por el poder con los católicos del régimen. Serrano Suñer, el cuñadísimo falangista, había caído en desgracia tras los sucesos de Begoña. El propio devenir de la guerra mundial y las necesidades de negociar comercialmente con los británicos, dueños del mar, para poder arribar alimentos a los puertos españoles, obligaba a Franco a una realidad política ajena a la parafernalia falangista[1].

Serrano Suñer, Ramón.

     Los aliados habían desembarcado en Italia y preparaban el desembarco en Normandía a principios de junio. En la lejanía se recibían noticias de la guerra del Pacífico. Los japoneses se resistían a aceptar el avance angloamericano hacia el Norte y el Oeste del Pacífico: Filipinas y el corazón del Imperio Japonés. El Imperio del Sol Naciente había olvidado ya sus pretensiones sobre Australia y Nueva Zelanda y la propaganda del general Tojo era solamente eso: propaganda. Hablaba de una futura ofensiva para asestar el golpe definitivo a su enemigo. Únicamente habían conseguido progresos en China y los americanos intentaban prestar su ayuda a los partidarios de Chang para continuar con la resistencia.

     Las noticias tenían una mayor importancia si venían de los frentes europeos: La ofensiva en Italia, los bombardeos en suelo alemán, y el avance de las fuerzas soviéticas.

     En Italia, tropas francesas, americanas, polacas y canadienses luchaban por romper la línea Hitler y ocupaban el monte San Biagio. Se encontraban, además, a 40 kilómetros de Anzio.

     EFE, en noticia de agencia, informaba desde Londres que, a las 12 de la noche del 22, los montes Marino, Autone y Capiccio, situados al norte y nordeste de San Biagio, habían sido conquistados, según noticias llegadas del Cuartel General Aliado en Italia mediante Reuter. Estas tres alturas triangulaban San Biagio y conseguían un avance de ocho kilómetros. El avance seguía por el sector costero.


     Los ingleses informaban también del ataque aéreo sobre Duisburgo. Los alemanes reconocían este ataque sobre localidades y trenes de viajeros en el norte y centro de Alemania, pero habían repelido el ataque derribando 32 aparatos enemigos. Y sin dar datos, informaban de ataques alemanes en el este de Inglaterra.

      Desde Washington llegaban noticias del funcionamiento de la Ley de Préstamos y Arrendamientos. El presidente Roosevelt declaró al Congreso que había enviado a los aliados en los primeros meses de 1944 más de 2.100 aviones, cerca de 2.000 carros, y más de 60.000 vehículos militares. La mayoría de todos ellos para la posible invasión. El grueso del presupuesto de 24.225 millones de dólares, las dos terceras partes de equipos, servicios y abastecimientos, que fueron a los aliados, fue a parar a Gran Bretaña y Rusia.

     Los grandes navíos se arrendaron durante la guerra y se suministraron a los británicos. Entre estos arriendos también entraron aviones y carros. Creía el presidente americano que habían aprendido a trabajar junto a los aliados y que, de esta manera, lograrían antes la victoria con menos víctimas, como pueblos libres, y con ventaja para todos.

     En esos días se había formado en el norte la efímera República Social Italiana con la misma bandera, pero sin la cruz de Saboya y con el asta rematada por el Fascio del Líctor[2].

     Los aliados entraron en Sicilia en julio de 1943, Mussolini dimitió y fue arrestado, aunque fue liberado por fuerzas alemanas que le ayudaron a crear la República de Saló. Fue por poco tiempo. Los aliados entraron en Roma el 4 de junio de 1944. En abril de 1945, los partisanos detenían a Mussolini cuando pretendía huir. Fue fusilado y golpeado a martillazos[3].

    En estos años de autarquía, guerras, carestías y bloqueos, de colores blancos y negros que mudaban en gris, las mujeres, los hombres, luchaban por sobrevivir. Y en un pueblo manchego de casas blancas y mujeres de luto, entre ferroviarios, agricultores y costureras, surgía la vida.



[1] AVILÉS, J., EGIDO, A y MATEOS, A.: (2011) Historia contemporánea de España desde 1923. Editorial Universitaria Ramón Areces. Madrid. Páginas 103-124.

[2] ABC 23 de mayo de 1944, páginas 19-20.

[3] DE LA TORRE GÓMEZ, H. y OTROS.: (2010) Historia Contemporánea (1914-1989). Editorial Universitaria Ramón Areces. Madrid. Página 170.

Del viajero al escribano_2

       Me extraña su empeño en extender el conocimiento más allá de nuestro conflicto bélico más cruel. El marco temporal que se marcó, o al...