Cultura y sociedad

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El Greco, Góngora, Alberti, Falla...

      

Sepulcro de Góngora. Capilla de san Bartolomé y san Esteban. Mezquita de Córdoba. bmre.


     Contaba en 1927 Enrique Romero de Torres, también pintor como su famoso hermano, que Francisco Pacheco encargó a su yerno Diego Velázquez, cuando viajó a la capital para visitar El Escorial, un retrato de Luis de Góngora. Se ha creído durante muchos años que ese cuadro era el depositado en el Museo del Prado. En realidad, es una copia del original, que fue muy celebrado en su tiempo, y que se exhibe en el Museum Fine Arts de Boston. El autor de la copia es anónimo y Enrique Romero de Torres reflexionaba en los comienzos de 1927 sobre la autoría del retrato del Prado cuando se iba a cumplir el centenario del vate cordobés. Era un retrato sobre el que se habían hecho múltiples versiones o copias, de mejor o peor calidad. Romero de Torres seguía pensando en 1927 que era obra de Velázquez. Hubo también una teoría expresada por Enrique Romero de Torres: La existencia de un retrato de Góngora pintado por El Greco, tesis de un crítico portugués y obra no conocida. El artículo de Romero de Torres finaliza así:
     "Si el semblante es el espejo del alma, al contemplar estos retratos de Góngora, de rostro largo y abultado, ojos pequeños y mirada penetrante, nariz larga y encorvada, fruncido entrecejo, barbilla saliente y boca sumida plegada con maliciosa rigidez, vemos también la fisonomía moral de aquel ingenio que causó una gran revolución en nuestra literatura nacional y a quien la posteridad le dio el honroso dictado de Príncipe de los poetas líricos de España." (Mayo 1927, Enrique Romero de Torres, BRAC)

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     Decía Alberti que "a mí siempre, al lado de Tintoretto y Tiziano, sin olvidar al Veronés, me arrebató El Greco, amando su apasionada y punzante locura, como ascendiendo a vértice de llama, a luz hecha salmuera, a lava de espíritu candente. Lo llamé en mi libro A la pintura: 

     purgatorio del color, castigo,

desbocado castigo de la línea,

descoyuntado laberinto, etérea

cueva de misteriosos bellos feos,

de horribles hermosísimos, penando

sobre una eternidad siempre alumbrada!

     Entre los más grandes admiradores que tuvo El Greco se encontraba Góngora, que le dedicó un alambicado soneto que estuvo grabado en su lápida de la iglesia de San Torcuato, que más tarde fue perdida, perdiéndose la tumba del pintor:

     Esta en forma elegante, ¡oh, peregrino!,

de pórfido luciente dura llave,

el pincel niega al mundo más süave,

que dio espíritu a leño, vida a lino.

    El Greco había muerto en 1614, dos años antes que Cervantes y Shakespeare... Trece años después moría Góngora, dando lugar con esa fecha—1627—al origen de nuestra generación llamada del 27...

Fuente: ABC, 31-12-1929

     ... En esta larga y casi milagrosa travesía hacia mi río del Olvido, ese Guadalete que por mi pueblo discurre bajo el puente de San Alejandro (hoy desaparecido) y con cuyas aguas me veré confundido un día no muy lejano, me han acompañado, en momentos muy distintos de mi vida, María Teresa y María Asunción... (Alberti, R.: La arboleda perdida, V, 1988-1996).



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Góngora


     En el Boletín musical de Córdoba de 1928 se publicaba la siguiente reseña musical sobre Manuel de Falla:
     "Las últimas obras de Falla son: Homenaje para guitarra; «Córdoba», obra escrita para voz y arpa sobre un soneto de Góngora, homenaje espiritual a la memoria del vate cordobés; y el Concierto de «Clavicémbalo», dado a conocer en el pasado mes de noviembre por la orquesta del Palacio de la Música y considerado por la crítica como una de las páginas representativas del arte musical contemporáneo..." (José Algibez, Boletín musical de Córdoba, marzo de 1928).



 
Manuel de Falla para "Litoral", 5-6-7, octubre 1927.


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     Tomamos esta nota el 14-12-2022 en el Archivo Museo Sánchez Mejías:      "Revista Litoral- SM 82E LIT-, facsímil de los nueve números publicados entre 1926 y 1929 en Málaga, y de los tres números editados en México en 1944. Introducción de Julio Neira. Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales, 2007. Edición al cuidado de publicaciones de la Residencia de Estudiantes. Málaga: 9 números, 1926-1929, Emilio Prados y Manuel Altolaguirre. México: 3 números, 1944, Rejano, Giner, Moreno Villa, Prados y Altolaguirre. Nos interesa el número 5-6-7, octubre 1927, por las colaboraciones sobre Góngora, más valiosas por las colaboraciones de pintores como Gris, Picasso, Dalí, Palencia, Prieto y, curiosamente, José María de Cossío." (Revisaremos con otros artículos o estudios).


Benjamín Palencia para "Litoral", 5-6-7, octubre 1927.


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     "En este contexto se encontraban cuando decidieron acometer un volumen triple de la revista dedicado a don Luis de Góngora, culminación del homenaje mediante el que, con motivo del tercer centenario de su muerte, el grupo de poetas jóvenes reivindicaba su concepto de la poesía y reafirmaba una identidad estética coherente." (Introducción, Neira, J: Manuel Altolaguirre: impresor y editor. Universidad de Málaga y Residencia de Estudiantes. Ficha 14-12-22 Archivo ISM).
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     Contaba, y finalizamos, Miguel Artigas en 1927 en el Boletín de la Real Academia de Ciencias, Bellas Letras y Nobles Artes de Córdoba que, en los últimos años de Luis de Góngora, había menguado su fortuna, que, desaparecido Lerma y Felipe III, tuvo que esperar a ganarse la confianza del conde-duque de Olivares, quien lo terminó admirando o temiendo y le concedió su amistad. El mantenimiento del prestigio familiar, especialmente el de los Góngora maternos, exigía unos gastos que sus deudos pedían. Olivares le dio una pensión de 4.000 ducados en Córdoba y hábitos de Santiago a alguno de sus deudos. Poco pudo disfrutarla. Se le concedió en 1625 cuando tuvo su ataque de apoplejía, trastornando su memoria. La reina Isabel de Borbón, una de las musas de sus poesías, le envió sus mejores médicos. Algo mejoró para después acabar falleciendo el 16 de mayo de 1627. Fue sepultado en la capilla de San Bartolomé de la Mezquita Catedral de Córdoba, donde estaban enterrados sus padres y deudos, y donde durmió junto a su ensalzado Guadalquivir: 

 ¡Oh excelso muro, oh torres coronadas
 de honor, de majestad, de gallardía!
 ¡Oh gran río, gran rey de Andalucía,
 de arenas nobles, ya que no doradas!

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     En estos días que los ríos Guadalete y Guadalquivir parecían leones furiosos, recordamos a algunos que disfrutaron de su vista.

 6-2-26 22:05... Actualizado  9-2-2026 20:35


Soneto a Córdoba

 

                   

Luis de Góngora. Wikipedia.

                     Soneto a Córdoba 

¡Oh excelso muro, oh torres coronadas

De honor, de majestad, de gallardía!

¡Oh gran río, gran rey de Andalucía,

de arenas nobles, ya que no doradas!


¡Oh fértil llano, oh sierras levantadas,

que privilegia el cielo y dora el día!

¡oh siempre glorïosa patria mía,

tanto por plumas cuanto por espadas!


Si entre aquellas rüinas y despojos

que enriquece Genil y Dauro baña

tu memoria no fue alimento mío,


nunca merezcan mis ausentes ojos

ver tu muro, tus torres y tu río,

tu llano y sierra, ¡oh patria, oh flor de España!

(Luis de Góngora, 1585)

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Manuel de Falla y Federico García Lorca, 1926. Wikipedia.


     La conversión de Falla.

     Federico G.ª Lorca nos ha contado la conversión de Falla al gongorismo. A nuestras invitaciones había sucedido un silencio angustioso. Falla no era amigo de Góngora; influido sin duda por el concepto corriente- tan injusto- sobre don Luis, le juzgaba probablemente seco, y poco espiritual. Lorca no perdía sin embargo la esperanza. Un día consiguió que el maestro leyera unas cartas de Góngora en la edición de Foulché Delbose. Al día siguiente, encontró a Falla enfrascado en Góngora. - «Magnífico, magnífico. ¡Qué hombre! ¡Qué grandeza de espíritu! ¡Qué artista! Y mire usted: igual que con nuestros artistas. Las mismas incomprensiones para la pureza, para la firmeza de su arte». Ya sólo faltaba la elección de texto. El «Soneto a Córdoba» escrito desde Granada. Falla ha fechado su música también desde Granada. Los versos de Góngora se cantarán gloriosamente en lodo el mundo- «Porque Córdoba-dice Falla - es romana, romana, como la veía don Luis, y no árabe. No hay en su soneto una alusión que no sea romana, cristiana».

(Lola, número 1, diciembre de 1927)

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     Soneto a Córdoba_Manuel de Falla_Luis de Góngora_Victoria de los Ángeles


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     En la ciudad de Sigüenza vivía un amigo de Gerardo Diego, Bernabé Herrero. Era Bernabé soriano, empleado en Correos y aficionado, como muchos, a la poesía. Ya se sabe que si algo nos hace pensar, como la poesía, no embistes, como decía don Antonio Machado, más o menos. 

     Bernabé ayudaba a Eduardo Olmedillas en un semanario titulado La Defensa. Se le propuso tirar en la misma imprenta que el semanario la revista Lola. Accedieron, le proporcionaron el papel y se imprimió en los talleres de la ciudad del doncel. Quien haya podido visionar algún ejemplar de esta juvenil Lola, observará que, al final de la publicación, consta al pie la fe de imprenta siguiente: TIP. DE RODRIGO- SIGÜENZA

     En Castilla-La Mancha, Lola. La relación de Diego con la ciudad del doncel, para otra ocasión. Ahora, disfrutemos de la poesía del 27 durante el fin de semana y soñemos que Ignacio Sánchez Mejías está buscando nuevas coronas de laurel.

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     Nada de esta curiosidad, a veces excesiva, o no, sería posible sin el principio de Arquímedes del Archivo Museo Sánchez Mejías.

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     Claves:

       - Antonio Machado, Campos de Castilla, Proverbios y cantares, XXIV: De diez cabezas, nueve/ embisten y una piensa/ Nunca extrañéis que un bruto/ se descuerne luchando por la idea.

     - Sobre Arquímedes: Principio de la palanca: Dame un punto de apoyo y moveré el mundo. 


La fiesta del español

   

Don Quijote y Sancho en Barcelona. Flickr.

      "Tendieron don Quijote y Sancho la vista por todas partes: vieron el mar, hasta entonces por ellos no visto; les pareció espaciosísimo y largo, harto más que las lagunas de Ruidera, que en La Mancha habían visto; vieron las galeras que estaban en la playa, las cuales, abatiendo las tiendas, se descubrieron llenas de flámulas y gallardetes, que tremolaban al viento y besaban y barrían el agua; dentro sonaban clarines, trompetas y chirimías, que cerca y lejos llenaban el aire de suaves y belicosos acentos." (La llegada de Don Quijote y Sancho a Barcelona. Capítulo LXI, segunda parte, Don Quijote de la Mancha, Miguel de Cervantes.)

    Don Quijote y Sancho rompieron el cordón umbilical de La Mancha, de la que no renegaron, y marcharon a Barcelona atravesando burlas y bandidos, fascinados por el mar, como los griegos de Jenofonte cuando vuelven a verlo.

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Ignacio Sánchez Mejías, el hombre de la Edad de Plata. BMRE.


          "En Cádiz hay un viento Levante que suele presentarse en la plaza de toros los días de corrida, con orden de suspensión. No la suspende, porque todavía no se ha decretado nada con relación al viento en las tardes de toros; pero hace imposible torear. Esto lo sabe bien el público de Cádiz. Ayer hubo Levante en Cádiz. Sin embargo, quebró la regla, porque, por lo visto, ayer no podía haber Levante." (La vuelta de Sánchez Mejías. Contra viento y marea, ABC, 17 de julio de 1934, Gregorio Corrochano.)

    Gregorio Corrochano escribía maravillas de toros o de la guerra de Marruecos. Para contar que, contra viento y marea, un calvo y un canoso, Sánchez Mejías y Corrochano, se volvían a encontrar, ya maduros, en la hora de la formalidad

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     "La muchacha dorada

se baña en el agua

y el agua se doraba.

     Las algas y las ramas

en sombra la asombraban, 

y el ruiseñor cantaba

por la muchacha blanca.

     Vino la noche clara,

turbia de plata mala, 

con peladas montañas

bajo la brisa parda.

     La muchacha mojada

era blanca en el agua

y el agua, llamarada..." 

(Casida de la muchacha dorada, Diván del Tamarit, Federico García Lorca, 1936.)

    Las gacelas y casidas eran composiciones poéticas de origen arábigo andaluz que recuperó Emilio García Gómez en la Edad de Plata. Sin repetir las formas ni los temas, que no eran tan distintos a los habituales, Lorca crea imágenes fabulosas.

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     "Esta en forma elegante, oh peregrino,

de pórfido luciente dura llave,

el pincel niega al mundo, mas süave, 

que dio espíritu a leño, vida a lino.

     Su nombre, aun de mayor aliento dino

que en los clarines de la Fama cabe,

el campo ilustra de ese mármol grave.

Venéralo, y prosigue tu camino..."

(Inscripción para el sepulcro de Dominico Greco, Luis de Góngora).

   Las conexiones entre pintura y literatura fueron corrientes desde el Siglo de Oro. Tiziano pintó las Poesías de Felipe II, de tema mitológico, con la libertad que se permitió y se le concedió por su prestigio. El Veronés fue juzgado por la Inquisición por las libertades que se tomó con una Última Cena. Fue condenado a rectificar la obra. Únicamente cambió el nombre: Cena en casa de Leví. Alegó que él se quería tomar la libertad de los poetas y los locos para crear sus cuadros. El actor más famoso del Siglo de Oro, Juan Rana, salía al escenario con un marco simulando ser una pintura. Góngora dedicó un epitafio al Greco y Quevedo honró al pincel.

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Carta de Rafael Alberti a Camilo José Cela


     "Uno se ve en el espejo y se tutea incluso con confianza, el espejo no tiene marco, ni comienza ni acaba, o sí, sí tiene un marco primoroso dotado con paciencia y panes de oro pero la luna no es de buena calidad y la imagen que devuelve enseña las facciones amargas y desencajadas, pálidas y como de haber dormido mal, a lo mejor lo que sucede es que devuelve la atónita faz de un muerto todavía enmascarada con la careta del miedo a la muerte, es probable que tú estés muerto y no lo sepas..." (San Camilo 1936, Camilo José Cela).

    Cela experimentó con la palabra y dejó la tercera persona para volver a ser el yo narrador, copiando a Joyce y Dos Passos. Es una delicia leer la correspondencia que tuvo con el Rafael Alberti romano que Cela publicó en Papeles de Son Armadans.

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    "Ahora ya el estar sola tiene cierto no sé qué, cierto mérito… El mérito militar es el valor, dicen… El valor tiene mérito; estar aquí sola y hacerlo bien para que digan… me conformo con que no digan, con que no puedan decir que lo hice mal. Ahora sola, con la puerta cerrada— no sé por qué la habrá cerrado, pero me alegro— no tengo miedo…"

(Barrio de Maravillas, Rosa Chacel).

    En la Transición, Rosa Chacel contó recuerdos del Madrid de principios del siglo XX, tras su vuelta en 1974 del exilio, mezclando tiempo y memoria de la juventud no tan olvidada.

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Ana María Matute. Flickr



    “Los hijos del Conde Olar heredaron la extraordinaria fuerza física, los ojos grises, el áspero cabello rojinegro y la humillante cortedad de piernas de su padre…” (Olvidado Rey Gudú, Ana María Matute).

    Los cuentos, la fabulación, la fantasía, el desencanto, lo desconocido, la ternura, el amor correspondido y el amor desdeñado. Ana María Matute.

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    “Aureliano Segundo regresó a la casa con sus baúles, convencido de que no sólo Úrsula, sino todos los habitantes de Macondo, estaban esperando que escampara para morirse. Los había visto al pasar, sentados con la mirada absorta y los brazos cruzados, sintiendo transcurrir un tiempo entero, un  tiempo sin desbravar, porque era inútil dividirlo en meses y años, y los días en horas, cuando no podía hacerse nada más que contemplar la lluvia.” (Cien años de soledad, Gabriel García Márquez).

    ¿Quién no le ha dado vueltas al tiempo y al espacio de los Buendía y el utópico Macondo? ¿Quién no se enamora del amor que perdura a pesar del tiempo y las adversidades de la vida en El amor en los tiempos del cólera?

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    “Por vanidad, no porque pensara reírse mucho, quería tener los labios suaves y brillantes durante toda la velada. La sospecha de estar embarazada no la hacía sentirse como para tener la risa a flor de labio. Nunca pensó en esta posibilidad al consumar su con Pedro…” (Como agua para chocolate, Laura Esquivel).

     Tanto la novela como la película rezumaban sensualidad, que comienza en parte por el estómago, por un amor que busca la solución a través de más de veinte años. El final hay que leerlo.

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Alfonso VI


       «En sancta Gadea de Burgos,   do juran los hijosdalgo,

allí le toma la jura   el Cid al rey castellano.

     Las juras eran tan fuertes,   que al buen rey ponen espanto;

sobre un cerrojo de hierro   y una ballesta de palo:»…

(Romance del juramento que tomó el Cid al Rey don Alonso, Anónimo).

    Todo acaba donde empieza. La poesía épica medieval construyó la épica lucha por desarrollar un idioma que cada 23 de abril recuerda qué fue, cómo nació, cómo sobrevivió y cómo nos deleita.



23-04-24 Actualizado 17-02-2026 21:25

Fábula y magnificencia sobre Aretusa, Alfeo y Hércules

                                


                                                                   


    

Aretusa y Alfeo (Wikimedia commons)
     Cuenta Ovidio[i] que el nombre de un profundo manantial sagrado llamado Aretusa se debe a una ninfa cazadora que recorría el norte de Grecia siendo reconocida por su hermosura y virtud. Un día de calor, cansada, encontró unas aguas tranquilas y transparentes en medio de bosques ribereños de ensueño. Se desnudó y entró en las aguas del río deslizando sus brazos entre las ondas, que comenzaron a emitir un rumor que la sobresaltó. Salió de las aguas por la ribera contraria a la que pasó cuando Alfeo, porque así se llamaba el río, empezó a hablarle preguntando a dónde iba, lo que asustó a Aretusa que se dio a la fuga, desnuda, lo que alimentó más el deseo del río. Ella sabía que una cazadora estaba acostumbrada a correr, pero el río era persistente en su camino y persecución. Agotada, Aretusa, imploró la ayuda de Diana que le facilitó una de sus nubes para que pasase desapercibida ante los ojos de Alfeo, que había tomado forma humana mientras gritaba su nombre para encontrarla. Alfeo se paró junto a la nube cuando vio que no podía seguir el rastro de Aretusa y comenzó a mirar la curiosa nebulosa. Dentro de ella, Aretusa tuvo un sudor frío que resbaló por sus pies y en sus cabellos se condensó un rocío, dando comienzo a su conversión en caudal acuático. Alfeo reconoció en las aguas a Aretusa y abandonó la figura humana para mezclar sus aguas con las nuevas de la ninfa. Diana, la diosa cazadora, rompió la tierra dirigiendo las aguas de la náyade Aretusa por caminos subterráneos en dirección a Ortigia, por donde, desde entonces, mana como un manantial.

     En la época de Rameau y Lully, André Campra, hacia 1701, compuso una ópera ballet con el nombre de Arethusa o la venganza del amor, basado en el mito del manantial y río.

Hércules desvía el cauce del río Alfeo-Zurbarán (Wikimedia commons)

  

   Cuenta otra leyenda que uno de los trabajos de Hércules consistió en desviar las aguas de los ríos Alfeo y Peneo hacia los establos de los rebaños de Augias, rey de Élide, porque acumulaba mucho estiércol que privaba a los campos de abono y fertilidad. Hércules rompió la pared de los establos y consiguió que las aguas pasaran por allí. Los establos se limpiaron y las tierras volvieron a ser fértiles. Otros dicen que era tanta la suciedad de los establos que contaminaban la región e impedían el desarrollo de la ganadería.

Maíno_La recuperación de Bahía (Museo del Prado, detalle, uso personal)

     Zurbarán, en la década de 1630, pintó este trabajo dentro del encargo sobre Hércules que recibió de la Monarquía Hispánica para el Salón de Reinos que pretendía incidir en el carácter poderoso del gobernante que está pendiente de sus súbditos. Clemencia, poder y magnificencia se aunaban en el Salón de Reinos del Palacio del Buen Retiro para sorprender a los visitantes extranjeros. A toda esta grandeza se añadía la colocación de los cuadros del Salón a una altura de 1,40 metros. Altura que obligaba al visitante a un esfuerzo adicional para ver en toda su extensión la serie de Hércules de Zurbarán, La recuperación de Bahía de Maíno, donde el centro de la escena no son los poderosos sino la atención a los heridos, y/o La rendición de Breda de Velázquez.

La rencdición de Breda_Veláquez (Pycril)

     Hace unos meses, en la primavera de 2022, el Museo del Prado colocó a esa altura, en la sala 9 A, varios de los cuadros que estuvieron en su momento en el Salón de Reinos para que los visitantes pudiéramos apreciar el efecto sobre la vista y las cervicales.

     Volviendo a Aretusa y Alfeo, hace poco más de cien años, un joven Gerardo Diego encontró en la Biblioteca de la santanderina Menéndez Pelayo una poesía sobre la fábula de Alfeo y Aretusa con algunas hojas rotas, enmiendas y tachaduras, que mostraban un poema del siglo de oro en fase de elaboración. Supo apreciar su calidad, copió el poema, que según parece desapareció en 1921, y elaboró un artículo o estudio que nunca publicó, pero que situaba al autor en el periodo de las Soledades gongorinas.

Gerardo Diego. Wikimedia Commons.


     En 2012, con la ayuda de la Fundación Gerardo Diego y la hija del escritor, Elena Diego, una de las expertas en el descubridor de la poesía, Rosa Navarro Durán, defendió que la autoría del poema del siglo XVII era obra de Pedro Soto de Rojas[ii], discípulo de Góngora. Se da la casualidad de que, entre los poetas del Siglo de Oro a los que prestaba atención Gerardo Diego, uno era este Pedro Soto de Rojas, a quien dedicó su vanguardista Fábula de Equis y Zeda.

 

     Para saber más:

       Para ambientarse en el siglo de Oro, la serie de novelas de Arturo Pérez Reverte sobre el Capitán Alatriste. Muy entretenidas. José Calvo Poyato tiene una novela interesante sobre esa época, Los galeones del Rey.

       Los hispanistas británicos Elliot, Brown y Parker para historia y arte del siglo de oro, cualquiera de sus obras. Españoles: Martínez Shaw, Luis Antonio Ribot, Alicia Cámara, Diana Carrío, entre otros muchos.

Archivo Museo Ignacio Sánchez Mejías. (BMRE)
       Sobre el papel de Gerardo Diego en la generación del 27: Sus obras y artículos son muy extensos. Además de las antologías del 27, de Gerardo Diego hay editadas las obras completas en poesía y prosa. Yo he consultado las depositadas en el Archivo Museo Ignacio Sánchez Mejías. Y Gerardo Diego, como uno de los grandes poetas del 27, tocaba muchos espacios y tiempos culturales.

— Para ver pintura del siglo de oro: Museo del Prado, Museo de Bellas Artes de Sevilla, Museo de Bellas Artes de Bilbao. Otros: En el Museo provincial de Cádiz, por ejemplo, están los zurbaranes de La Cartuja de Jerez. Hay más…

 

       A Carmen y Lola, por esperar.



[i] OVIDIO.: Metamorfosis. Bruguera Libro Clásico. Barcelona. 1984. Introducción, traducción y notas de Antonio Ruiz de Elvira. Para la fábula de Aretusa y Alfeo, canto V, páginas 158-161.

[ii] Granada, 1584-1658.

 

Entre el flamenco y la vanguardia: La propuesta y los críticos_2

  Puerta de la Justicia, acceso a La Alhambra. Flickr          La proposición del “Cante jondo”      “En la sesión celebrada el día ...