Urdimbre y trama

Cultura y sociedad

Impresión al llegar a La Habana en 1930. Adolfo Salazar (5)

 

La Habana. 1930.Colección. Get Archive

 

     Ahora vuelve a oírse su nombre. Hace casi cien años, los viajeros que llegaban de España al Malecón eran acogidos de forma cordial, efusiva y generosa por el mero hecho de ser españoles, especialmente por la juventud, y no solo porque les estaban mirando y oyendo con fraternidad intelectual.

     La Cuba de 1930 era un país intelectualmente joven, con inquietudes similares a la gente joven de España. Cuando allí llegó Adolfo Salazar se sintió como el joven que llega por primera vez. Sintió el frescor vegetal que amanece con la tierra al llegar al puerto. Un frescor que ya no era de mar.

     En el terreno artístico y literario era una más de las Españas, donde resonaba lo que venía de la península y donde su aroma e inteligencia cultural prendía a todo lo español. Las calles de La Habana 1930 eran estrechas y calientes, abigarradas de gente, con resonantes canciones y olores a frutas del trópico que interesaban a cualquier español que llegaba. Cada paso era un descubrimiento. A todo ello encontraba Salazar un encanto sutil e inexplicable, que estaba formado por la raíz española- andaluza- y la flor criolla. Algo incomprensible para un extranjero francés o alemán.

     Por las calles y las plazas se vagaba con arte durante horas y días, al Sol y a la Luna. Algo raro, algo estrafalario. Porque puede que esas ciudades o esos pueblitos no tengan nada de extraordinario.

     Salazar creía que la arquitectura de 1930 en La Habana era la arquitectura burguesa más horrible del mundo. Se salvaban sus calles que recorría de un lado a otro. Y allí observaba la yuxtaposición de la entraña española con lo criollo y el confort traído de la influencia norteamericana. Una vieja raza creada de lo español y lo criollo se mezclaba sin fundirse en sus costumbres. Negras prietas envueltas en las gasas vaporosas del traje largo de salón nocturno neoyorkino. La gente seguía contando en duros, pesetas y reales, pero lo que circulaba era el dólar.

      En lo criollo nacía la gracia fina y aromática de Cuba. Salazar admiraba la gradación de la piel cubana y los tonos de color de sus ojos. Y las mujeres mayores que acumulaban la experiencia de la vida y su fatiga. Y disfrutaba de la alegría infantil del cubano que invitaba a compartir el primer mordisco de un mango o una “mameya” (mamey).

     Esos mulatos eran el alma musical de Cuba. En los salones de Cuba se cantaban las canciones que antes solo se oían en las cocinas de las casas. Los sones hierven por doquier como viva estampa de lo criollo. La música de la calle es otra: La de los rumores, los ruidos, las risas, la inagotable charla. Los murmullos de una gran ciudad.

     El vendedor de frutas, de hojas para el baño o para cualquier remedio. Y por las tardes, el chino que vende maní cerca del teatro chino donde representan dramas de gran quietud.

     El pueblo llano, más humilde, no va al teatro chino ni a la opera italiana que cantan tenores españoles en el Payret, ni a las comedias madrileñas del Teatro Nacional del Centro Gallego. Ni a los bares alegres y atestados del Parque Central con sus helados y jugos de fruta. El pueblo llano deja el bar para el pueblo señorito y se dirige al desenvuelto teatro de la Alhambra. Salazar, que se siente perteneciente a ambos pueblos, satisface su sed en los bares con daiquiris y se va al Alhambra a ver bailar la rumba[1].

Trocadero. La Habana. 1929. PYCRIL



[1] Adolfo Salazar. El Sol, 12 y 13 de julio de 1930.



14-03-26 12:31 Actualizado 13:20

Quién manda en el mundo, por Ortega y Gasset.

 

Alejandro y Apeles según Tiépolo. Wikipedia.

     

     Ortega y Gasset tenía una fijación intelectual con Cayo Julio César. Establecía una diferencia con su referente obvio del mundo grecorromano: Alejandro Magno. Don José contaba que los grecorromanos tenían una ceguera para visualizar el futuro porque vivían radicados en el pasado. En el modelo de sus mayores. Su vivir era en cierto modo revivir. 

     Por el contrario, los europeos habíamos girado hacia el futuro, hacia el después. Y vemos, veía, a los grecorromanos como anacrónicos o antiguos. La ecuación para juzgar a César se hacía inicialmente fijándose en el modelo de Alejandro como el macedonio se había fijado en Milciades. A esto añadimos aquí que en la Historia del Arte ha sucedido algo igual entre Alejandro y el pintor Apeles como modelo para Carlos de Gante, rey y emperador, y Tiziano.

     Pero César era lo contrario al conquistador macedónico. Son semejantes en la idea de un reino universal. César es el origen del Imperio que su sobrino forjará. César no siguió la conquista de Alejandro en el Oriente, eligió Occidente y buscó un Imperio romano que viviese de la periferia, de las provincias. Un imperio donde colaborasen los más distintos pueblos. Para Ortega esta actitud hacía olvidar la ciudad estado griega. Hoy sabemos que ya rompió con ella Alejandro Magno. Antiseri y Reale nos cuentan que cuando escribe Aristóteles sobre la organización de la ciudad, su discípulo se prepara para establecer las monarquías helenísticas que dominaran el mundo conocido hasta la llegada de los romanos.

      Los romanos crearon un gigantesco cuerpo social, nos dice Ortega, donde cada elemento era a la vez sujeto pasivo y activo del Estado. De ahí surgió nuestro estado moderno. César fue un genio futurista.


Julio César. Coustou. Wikipedia


     

     Colaboraron con él gente de provincias como el reconocido comerciante gaditano Lucio Cornelio Balbo. Un atlántico. El Estado nace cuando se convive con más personas que tu familia. Es decir, convivir con grupos separados. El Estado no es consanguinidad, ni unidad lingüística, ni territorial, ni contigüidad. Es un puro dinamismo manifestado en la voluntad de hacer algo en común, y por ello, la idea estatal no está limitada por término físico alguno.

     El Estado es en todo instante algo que viene de y va hacia. Tiene una unidad de convivencia fundada en cualquier atributo material, pero tiene que realizar otras acciones que hacen superar la unidad original, pero que si cesa de actuar, ese Estado tenderá a desaparecer, independientemente del origen de esa unidad inicial producida por razas, idiomas o fronteras.

      Ortega cree que lo que nuestros ojos ven al repasar la evolución de cualquier nación moderna como Francia, España o Alemania es que lo que en un momento dado parece constituir la nacionalidad, y en una fecha posterior aparece como negado. Primero, la nación parece la tribu, y la no-nación, la tribu de al lado. La nación comprende las dos tribus, que más tarde será una comarca, un condado o un reino. Es evidente la presencia de dos principios: uno variable y siempre superado- tribu, condado, ducado, reino con idioma-; y otro, permanente, que salta todos estos límites y postula como unidad lo que aquel consideraba como radical contraposición.

     Es crítico con la visión de filólogos e historiadores. Para explicarnos cómo se han formado Francia y España supone que Francia y España preexistían como unidades en el fondo de las almas francesas y españolas; porque no existían en realidad y porque se tenían que decantar o forjar en más de dos mil años de faena.

     Las naciones actuales son, para Ortega, la manifestación de un principio variable condenado a perpetua superación. No es la sangre ni el idioma, que es un efecto, y no su causa. Ese principio, para el filósofo, es la “frontera natural”, término utilizado por diplomáticos pero que no debe ser usado por historiadores[1].

     Ortega impresionaba entre sus contemporáneos. Gerardo Diego cuenta la anécdota de cuando fueron presentados el filósofo José Ortega y Gasset y el torero Ignacio Sánchez Mejías. Junto a ellos, José María de Cossío. Rafael Alberti, Federico García Lorca, Manuel Altolaguirre y Diego como narrador. Comenzaron a hablar de toros y se quedaron pasmados, más aún Sánchez Mejías, cuando José Ortega y Gasset relató sus recuerdos y teorías. Les habló de Lagartijo y para explicar su toreo, se levantó y concitó la atención también de camareros y resto de comensales, agarró la servilleta grande que disponían antes de la guerra, y dibujó imaginarios pases taurinos, colocándose después la servilleta al hombro de forma mayestática[2].

     No conocían o no sabían de la afición taurina de su padre, José Ortega Munilla, que había diseminado en su familia.

     En 1935 redactó Historia como sistema en la que nos cuenta que la vida no puede comprenderse fuera de su contexto histórico. Recordando su famosa frase, el hombre es inseparable de sus circunstancias. Y siguiendo las pautas del artículo citado de 1930, el hombre es una realidad en constante construcción, moldeada por las decisiones y situaciones que cada uno se encuentra. El hombre se hace a sí mismo en el transcurso del tiempo. Va siendo. La historia es el propio medio de ser del hombre. Y propone/postula la razón histórica: el conocimiento y los valores son fruto de la vida y la experiencia concreta de los pueblos a lo largo del tiempo. Cada época posee su propia perspectiva y comprender el pasado hace entender el modo vital que lo originó. Crea así una filosofía de la historia.

Ortega y Gasset hacia 1950. Wikipedia




[1] El Sol, 13-07-1930.

[2] Conferencia inédita, 1957. Obras Completas de Gerardo Diego, Tomo V. Alfaguara. Madrid. 1997. Consultado 27-4-24 Archivo Museo Sánchez Mejías.




13-03-26 23:23 Actualizado 14-03-26 15:45

Mujeres constituyentes en España: 1977-1979

 

     En las Cortes constituyentes de 1977-1979 fueron elegidas diputadas al Congreso las siguientes mujeres:

-        Soledad Becerril Bustamante, diputada de Unión del Centro Democrático por Sevilla.

-        Pilar Brabo Castells, diputada del partido Comunista de España por Alicante.

-        Carlota Bustelo García del Real, diputada del Partido Socialista Obrero Español por Madrid.

Carlota Bustelo

-        María Dolors Calvet Puig, diputada del Partido Comunista-PSUC por Barcelona.

-        Virtudes Castro García, diputada del Partido Socialista Obrero Español por Almería.

-        Asunción Cruañes Molina, diputada del Partido Socialista Obrero Español por Alicante.

-        María Victoria Fernández-España Fernández-Latorre, diputada de Alianza Popular por La Coruña.

-        Carmen García Bloise, diputada del Partido Socialista Obrero Español por Madrid.

-        Dolores Ibarruri Gómez, diputada del partido Comunista de España por Oviedo.

-        María Izquierdo Rojo, diputada del Partido Socialista Obrero Español por Granada.

-        Rosina Lajo Pérez, diputada del PSC-Partido Socialista Obrero Español por Gerona.

-        Marta Ángela Mata i Garriga, diputada del PSC-Partido Socialista Obrero Español por Barcelona.

-        Mercedes Moll de Miguel, diputada de Unión del Centro Democrático por Granada.

-        Dolores Blanca Morenas Aydillo, diputada de Unión del Centro Democrático por Badajoz.

-        Elena María Moreno González, diputada de Unión del Centro Democrático por Pontevedra.

-        Palmira Pla Pechovierto, diputada del Partido Socialista Obrero Español por Castellón.

-        María Teresa Revilla López, diputada de Unión del Centro Democrático por Valladolid.

-        Ana María Ruiz-Tagle Morales, diputada del Partido Socialista Obrero Español por Sevilla.

-        Inmaculada Sabater Llorens, diputada del Partido Socialista Obrero Español por Alicante.

-        Esther Beatriz Tellado Alfonso, diputada de Unión del Centro Democrático por Santa Cruz de Tenerife.

-        Nona Inés Vilariño Salgado, diputada de Unión del Centro Democrático por La Coruña.[1]

     En el Senado fueron elegidas o designadas senadoras en el periodo constituyente, 1977-1979, las siguientes mujeres:

-        Juana Arce Molina, senadora de Unión del Centro Democrático por Albacete.

-        Gloria Begué Cantón, senadora por designación real[2].

-        María Belén Landáburu González, senadora por designación real.

-        Amalia Miranzo Martínez, senadora del Partido Socialista Obrero Español por Cuenca.

-        María Dolores Pelayo Duque, senadora de Unión del Centro Democrático por Tenerife.

-        María Rubiés Garrofé, senadora del grupo parlamentario Entesa Dels Catalans[3][4].

     Sin indicar nombres, la actividad profesional con la que llegaron a las cámaras en las elecciones de 15 de junio de 1977 sería la siguiente:  

-        Profesoras enseñanza media/ universitarias, 10.

-        Estudios universitarios, 3.

-        Profesora de Magisterio y/o pedagogía, 4.

-        Activista política/ sindicalismo, 3.

-        Periodista, 1.

-        Contable, 1.

-        Empresaria, 1.

-        Servicios financieros/ banca, 1.

-        Abogacía, 3[5].

     El punto de partida de la participación femenina en las cámaras legislativas en 1977 era bajo, un escaso seis por ciento, que se mantuvo durante los primeros diez años. A partir de 1986 subió a un 18 %, alcanzando en las elecciones de principios de siglo el camino del 30% (2011-2018). Se acercó al 50 % en las elecciones de 2019 y se mantiene por encima del 40 % en la actual legislatura[6]. En España, al igual que en los países nórdicos se organiza por el sistema de cuotas establecidas por/en los partidos, con efectos, parece, más positivos que negativos[7].

     Como añadido, señalaremos varias diferencias entre la mujer y el hombre que existían antes de la Constitución de 1978 y de la puesta al día de derechos femeninos que aportó. Era el reto que tenían estas mujeres constituyentes.

     En las normas reguladoras del Derecho de Familia había en el franquismo una subordinación jurídica de la mujer con respecto al varón, con prohibiciones o imposibilidades originadas en la tradición cristiana y la Sección Femenina: Mujer como esposa y madre que estaba bajo la autoridad del padre/marido. Desapareció el divorcio civil existente en la II República.

     En los casos de filiación, las mujeres quedaron discriminadas, no instándose la  investigación de paternidades. Las relaciones patrimoniales venían también marcadas por la discriminación. 

     El régimen obligatorio era de comunidad y la mujer carecía de poder de administración y disposición, incluso de su privativo patrimonio aportado a la comunidad, salvo permiso del marido/padre. Y tampoco ejercer de albacea, tutor o mandatario sin permiso del marido, así como aceptar herencias o solicitar partición. La reforma de Derecho de Familia comenzó por Ley 14 de 2 de mayo de 1975, que abrió el camino para la reforma constitucional.

     El Derecho penal estuvo impregnado de las normas tradicionales católicas. La mujer era un apéndice del hombre y se prestaba ayuda a las mujeres consideradas “honestas”. Podían ser violadas por sus maridos y ser muy difícil que tuviera un reproche penal. Lo que se escondía en las leyes penales franquistas no era la protección de la mujer y, al contrario, se pretendía la protección del honor del hombre. Existían la presunción o el prejuicio en las violaciones y el estupro. Se rebajaba la pena de infanticidio de la madre o los abuelos maternos para ocultar la deshonra o por determinados estados de ansiedad. No existía el aborto, que se atenuaba por los motivos citados de deshonra o cooperación de los padres de la mujer.

     Hubo también medidas restrictivas en Educación al actuar la Iglesia Católica, haciendo desaparecer las leyes republicanas. Volvió la segregación en las clases. La educación se orientaba ser buenas esposas y madres. Esta situación empezaría a cambiar en la década de 1960. Se consigue la total alfabetización infantil y la Ley General de Educación de 1970 establece una educación básica obligatoria y se permitió un mayor acceso de los ciudadanos de ambos sexos a los estudios superiores.

     En el Derecho de Trabajo, no existía libertad sindical y se regulaba las relaciones laborales mediante un intervencionismo administrativo absoluto. Las mujeres trabajadoras seguían bajo el esquema mental de alejarlas del taller o de la fábrica[8]. Pero también había excepciones como las telefonistas que antes de la mecanización del servicio podían gestionar centralitas telefónicas. Los límites existían, por ejemplo, que si contraían matrimonio dejaban de ser telefonistas, de “coger números” para las llamadas, que se hacían con la introducción de clavijas.

     La concepción general hasta los años finales del franquismo era que el hombre se encargaba del sostén económico de la familia, y la mujer se encargaba de los hijos y la casa.



 

 



[2] Senadores por designación real al amparo de la Ley 1/1977 de 4 de enero de la Reforma Política. 41 en total.

[5] Autoridades en portal del Archivos Españoles, en interrelación www.congreso.es, de igual modo las fotografías de las diputadas y senadoras.

[7] RUIZ MIGUEL, A.:  Mujeres y representación democrática. En Leviatán 85-86. 2011. Páginas 75-99.

[8] VV.AA.: Las mujeres parlamentarias en la legislatura constituyente. Cortes Generales y Ministerio de la Presidencia. Madrid, 2006.


8-3-2026 20:16  actualizado 9-3-2026 15:34

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