Cultura y sociedad

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Adolfo Salazar en Cuba: La enseñanza y las orquestas (4)

 

     

Fuente: El Sol. 1917-1939


     Cuando Adolfo Salazar escribía sobre la enseñanza musical y las orquestas en Cuba, su periódico, EL SOL, editorializaba sobre varios asuntos el 16 de agosto de 1930. En primer lugar, el problema de las subsistencias: Sobre lo que suponía el alza del coste de la vida y la política económica del gobierno. De las políticas que debía tomar. Y de lo meditado que debía estar cada decisión para que la vida no fuese tan cara. Aquello, también, de no pedir sacrificios a nadie sin antes dar ejemplo. En este caso, el gobierno.

     Un segundo editorial lo dedicaba a la situación de Alemania después de la Gran Guerra. Con el título La política alemana, se incidía en cómo se estaba produciendo el crecimiento de los partidos extremos: comunistas y nazis. Se intuía una victoria de los socialdemócratas, con los partidos de la derecha divididos. Pedía a los posibles ganadores que aunque no llegasen a una coalición, al menos consiguiesen una armonía mayor.

      Como último editorial del día, El Acuerdo italorruso: El acuerdo económico entre el gobierno de los fascistas italianos y los soviéticos rusos, firmado por los ministros italianos Bottai y Mosconi y el representante soviético Linbinov-¿Litvinov?-. Surgía el temor a un pacto contra los gobiernos democráticos. EL SOL creía que imperaban razones político-económicas en ambos países. Los soviéticos no conseguían entenderse con los gobiernos capitalistas y los italianos no había conseguido rebajar su deuda ni llegar a un acuerdo con los Estados Unidos. En Europa, ni Francia, ni Inglaterra, ni Alemania abrían sus arcas en su ayuda. El acuerdo preocupaba en las cancillerías internacionales. Dos dictaduras llegaban a un acuerdo en agosto de 1930. Dos dictaduras que deseaban crear un orden social incompatible con el ya existente. Y EL SOL, matizando o reduciendo el diapasón de la alerta, la reseñaba para la defensa de la democracia.

     Con este panorama, Adolfo Salazar escribe La vida musical en Cuba. – La enseñanza. Las orquestas.

     Estamos en Cuba, año 1930. La iniciativa privada en la mayor de las Antillas se extendía a ámbitos que en Europa solía ocupar el Estado. Era el caso de la enseñanza, en este caso, musical. Cuba y España no tenían teatros oficiales, ni orquestas oficiales. No tenían consignación presupuestaria, salvo en el aspecto de las bandas municipales.

     En Cuba, como en Estados Unidos y las repúblicas hispanoamericanas, se dejaba esta cuestión a la iniciativa privada. Pero se hablaba o se empezaba a hablar de crear un Conservatorio oficial. Salazar creía que su éxito dependería de su criterio de selección. No ayudaba la descentralización administrativa del poder en Cuba que obstaculizaba una homogénea dirección de los criterios pedagógicos.

     Adolfo Salazar había recibido información del número de profesionales que trabajaban en el mundo de la música. Dependía de su nivel de formación el éxito que tuvieran. Y pensaba que no debía de dejar de reconocerse la labor de la iniciativa privada. En este punto, reseñaba la labor de los músicos españoles. Y hablaba del Conservatorio Bach que dirigía María Muñoz de Quevedo, que calificaba como una institución modelo. Tanto en el criterio como en sus procedimientos. Tanto en lo artístico como en el sistema pedagógico. Fundado en 1925, era la idea que sostenía la revista Musicalia. Este Conservatorio, esta revista y la nueva Asociación- de Música Contemporánea- estaban en la cabeza de sus creadores para surgir- nacer- en el momento indicado. Y la madurez artística de María Muñoz era reseñada por el musicólogo español. Probablemente, para indicar que este instante era el momento ideal.

     El conservatorio Bach basaba la enseñanza en el piano. Pero no únicamente. También se enseñaba armonía y un panorama amplio de disciplinas que se extendía a la historia del arte en general y la literatura. Sensibilidad y técnica.  En las clases de Historia analítica de la música e Historia de las Artes- utilizando proyecciones- participaba Antonio Quevedo.

     Salazar nos contaba además el éxito que había obtenido Federico García Lorca con las conferencias en la Institución Hispano Cubana de Cultura, y que hablaría para la institución de los Quevedo sobre el ciclo histórico de la poesía española.

     Elogiaba, por otra parte, los métodos pedagógicos infantiles de María Muñoz. El que la música se hablara musicalmente para los niños desde párvulos. Dando importancia en esta enseñanza a los músicos antiguos y modernos, como Béla Bartók, Stravinski o Poulenc. La música moderna entusiasmaba a los más pequeños, decía Salazar.

     Las clases eran individuales, salvo conferencias o cursillos de análisis a los que podían asistir alumnos de otros centros. Como complemento, se enseñaban idiomas, especialmente para aquellos que querían dedicarse al canto.

     La falta de protección oficial era más aparente todavía en la vida de las orquestas, llenando este hueco la iniciativa privada. Nombraba a españoles como Pedro San Juan, que mostraban paciencia y entusiasmo en la Orquesta Filarmónica.

     La Orquesta Sinfónica de La Habana era dirigida notablemente por Gonzalo Roig, director también de la Banda Municipal y de la escuela Municipal de Música. Destacaba, por otra parte, la labor de la Orquesta Falcón, dirigida también por Roig, con esfuerzos heroicos para sobrevivir. Gonzalo Roig fue autor de zarzuela cubana y éxitos de la época como "Quiéreme mucho".



     Salazar quería que España, en 1930, tuviese una gran Orquesta Nacional, asentada en sólidas bases económicas, con directores fijos, pero también con invitados ocasionales. Con unos planes diseñados y definidos. Con método. Y desearía, otro tanto, para Cuba. Porque había mostrado entusiasmo y esfuerzo. Tenía en cuenta, en el final de su artículo, los difíciles tiempos económicos- señalamos que eran los tiempos de la depresión económica de 1929- con el recuerdo de la fusión de las orquestas Filarmónica y Sinfónica de la ciudad de Nueva York- babilónica la adjetivaba- para resistir los rudos embates de la Economía.

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          Lo que aquí se reseña es la versión de la visita a Cuba de Adolfo Salazar, según los artículos que publicó en EL SOL. En el mes de noviembre de 2026 se publicó Antonio Quevedo y Sánchez, por Ignacio García Noblejas Santa-Olalla, que se sumerge en las relaciones humanas y profesionales de Antonio Quevedo, sus matrimonios, destacando el de María Muñoz, y las relaciones con la intelectualidad española- por ejemplo, cuando conoció a Salazar y García Lorca- y cubana. Publicado en Océano Atlántico Editores.




     Contexto:

     - Adolfo Salazar en Cuba_1

     Adolfo Salazar en Cuba: Los artículos de EL SOL_2

     - Adolfo Salazar en Cuba: La Asociación de Música Contemporánea_3

     Los orígenes de Musicalia_1

    - Los orígenes de Musicalia_2


23-01-2026 23:48, programado 24-01-2026 0:03. Actualizado 29-01-26 20:08

Adolfo Salazar en Cuba: La Asociación de Música Contemporánea (3)

 

 

Mancheta de EL SOL, segunda semana de agosto de 1930. Fuente: EL SOL.
  


Fuente: EL SOL, caricatura de López Rubio, 14-8-1930


     Cuando a mediados de agosto de 1930 publica Adolfo Salazar su artículo en EL SOL titulado La vida musical en Cuba. – Las sociedades de conciertos, en la vida de los ciudadanos que leían el periódico había preocupación por la enseñanza de sus ciudadanos; Salvador de Madariaga analizaba las instituciones faraónicas del estado: trono, iglesia, ejército y burocracia; se relataba el fracaso de la concentración de los partidos medios- centristas- en Alemania; Ramón Gómez de la Serna escribía sobre cómo se estaba pasando de moda el sombrero, circunstancia que celebraba; y Bagaria hacía caricatura política sobre las futuras elecciones, que luego se celebrarían en abril de 1931.

     Para Salazar la vida musical cubana en 1930 contaba con paralelismos con la española, aunque, era obvio, la influencia de los cercanos Estados Unidos era palpable. Cuba respondía a dos parámetros semejantes a España: la iniciativa particular y la falta de protección oficial.   

     La iniciativa particular era una ocupación o preocupación de unas cuantas personas que lo hacían con generosidad y nada interesados empresarialmente. No conocía en Cuba mecenas filarmónicos al estilo de Estados Unidos que ayudaran a los que desinteresadamente trabajaban por la música de la isla caribeña. Al menos, se le ocultaba a su curiosa mirada. Había algún caso, según le decían.

     En cuanto a la Sociedad Pro Arte Musical, existía por el entusiasmo y esforzado trabajo de mujeres de la sociedad habanera, destacaba a la señora Giberga, tanto por las programaciones que ofrecían como por la construcción del edificio en el que residían, el teatro Auditórium, donde se ofrecían óperas, conciertos sinfónicos y de cámara. Sostenía un círculo de aficionados elegante y selecto con una incipiente biblioteca y la publicación de una revista que ejercía como boletín oficial.

     Tanto esta sociedad como las sociedades de concierto españolas encauzaban la vida musical, aspecto que Salazar remarcó con insistencia y que dependía de sus directores las líneas maestras de este desarrollo. A la Sociedad Pro Arte Musical se unió, según el musicólogo español, la Asociación de Música Contemporánea, que fomentaba la música más reciente, y en la que pronunció una de sus conferencias, estableciendo la relación entre la nueva y la Sociedad Internacional de Música, en cuyo nacimiento estuvo muy implicado. Su queja se dirigía a que en Cuba se había conformado esta sociedad contemporánea y no había conseguido que sucediera esto mismo en España.

     La Asociación de Música Contemporánea nacía como consecuencia del ambiente creado por la revista Musicalia, fundada por María Muñoz de Quevedo, que fue definida por Adolfo Salazar como una singular mujer en quien la sensibilidad, carácter, inteligencia, voluntad y entusiasmo se unen en una mezcla rara. Añadía que era una excelente artista, discípula de Manuel de Falla, creadora del Conservatorio Bach, junto a la revista citada, y, ahora- 1930-, el nacimiento de la Asociación de Música Contemporánea.

     Salazar elogiaba la revista Musicalia. Consideraba casi imposible sacarla en España, tanto en lo espiritual como en lo material. A estas tres entidades creadas por el matrimonio Quevedo les auguraba un resultado formidable para la cultura musical cubana. Echaba de menos esta actividad en España. Pero era feliz y se alegraba de esta labor entusiasta y generosa, cualidades que consideraba netamente cubanas. En la presentación de esta nueva asociación contribuyeron pianistas que Salazar no se olvidaba de nombrar: el norteamericano Julián de Gray y el centroamericano Héctor Ruiz Díaz. La música que escuchó Adolfo Salazar iba de Bach a Stravinski y Satie. 

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     Lo que aquí se reseña es la versión de la visita a Cuba de Adolfo Salazar, según los artículos que publicó en EL SOL. En el mes de noviembre de 2026 se publicó Antonio Quevedo y Sánchez, por Ignacio García Noblejas Santa-Olalla, que se sumerge en las relaciones humanas y profesionales de Antonio Quevedo, sus matrimonios y las relaciones con la intelectualidad española- por ejemplo, cuando conoció a Salazar y García Lorca- y cubana. Publicado en Océano Atlántico Editores.



     Contexto:

     - Adolfo Salazar en Cuba_1

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23-01-2026 21:55, programado 24-01-26 0:01, actualizado, 26-01-26 17:39



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