Cultura y sociedad

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"Gracias a la almorta"

 

La pesadilla. Henry Fuseli. Wikimedia


     Cuando Henry Fuseli (1741-1825) pinta La pesadilla en 1781, no pensaba en la influencia que tendría gracias a su difusión en grabado, porque llegó a toda clase de públicos. Esta obra tendría múltiples lecturas.

  Son muchos los que la han identificado con la escenificación de un sueño erótico, pero, otros, han podido entender como el miedo a lo desconocido y al ocaso del reinado de la Razón; como muestra del paradigma del clasicismo. Aunque admiró el lenguaje neoclásico, imitó en sus obras las figuras de las vasijas griegas y la pureza del dibujo de John Flaxman (1755-1826), lo que da fuerza a sus composiciones y formas, en la línea de Miguel Ángel, para lograr un mayor dramatismo.

     Flaxman estuvo en Roma entre 1788 y 1794, aprendiendo del cosmopolita ambiente de la ciudad. En sus obras el recuerdo grecolatino está muy presente, queriendo recoger el deseo de regeneración de las artes basado en la simplicidad y esencialidad de los trazados. Autor de obras como El monumento a Lord Nelson (1808-1818), destacó también como ilustrador de obras clásicas como La Ilíada, La Odisea y la Divina Comedia.


John Flaxman. Infierno. Divina Comedia. Dante. Grabador: Joaquín Pi y Margall[1].

 

     Francisco de Goya (1746-1828) también estuvo en Roma entre 1763-1766. Muchos le relacionan por su originalidad con Fuseli, siendo una rareza entre los pintores españoles de su tiempo.

     La enfermedad que le dejó sordo en 1792, le obligó a hablar por señas. Además, dotó de unas características especiales a su obra, convirtiéndose en el arquetipo de pintor moderno, donde se mezcla lo atormentado y la genialidad. En su obra aparecieron elementos propiamente románticos como lo extraño, lo exótico, lo grotesco, lo misterioso y lo sobrenatural. Desde fantasmas a vampiros, pasando por el terror anónimo. Flaxman y Fuseli habían incorporado a sus obras elementos oníricos o fantásticos. Los dibujos de Flaxman para la Divina Comedia de Dante, publicados en Roma entre 1793 y 1802, sirvieron de inspiración a Goya en muchos de sus grabados a la hora de encuadrar sus obras en escenarios fantásticos. Ganó expresividad y comunicación con menos elementos, y así podía expresar por medio del arte sus opiniones, como es el caso de los Caprichos. En la mente del pintor aragonés está el deseo de regeneración moral de la sociedad de finales del siglo XVIII, deseo común a Moratín o Jovellanos. Recordemos el grabado 43, El sueño de la Razón produce monstruos (1797), en el que cuando la Razón deja paso al sueño se liberan los monstruos del subconsciente. Goya dejó escrito en este grabado que cuando los hombres no oyen el grito de la razón todo se vuelve visiones, en una escena rodeada de animales nocturnos.

El sueño de la Razón produce monstruos. Goya. Museo del Prado.

 

     Con el inicio de la guerra de la Independencia(1808), Goya, ya mayor, sobrevive a la contienda y sus horrores, y su arte se libera de esos monstruos y retrata lúcido lo acontecido. En 1810 comienza la serie de Los desastres de la guerra, donde expresa las escenas terribles que ha vivido o que le cuentan. El pintor se desahoga en el arte. Esta serie no fue un encargo, ni fue conocida a hasta después de su muerte. Con escasez de medios, utiliza materiales precarios en escenas en las que las figuras se recorta sobre fondos vacíos, llenas de fuertes contrastes y escasas gradaciones de tono. Escenarios intemporales, inconexos entre ellos, que únicamente coinciden en expresar lo trágico como verdadero. Es aquí donde muestra las semejanzas compositivas con Fuseli[2][3].

      Aunque no hay pruebas directas de contacto personal, se puede ver el conocimiento de la obra de Fuseli por Goya en los Desastres de la guerra. Por la gran circulación por Europa de sus grabados y reproducciones se aprecian afinidades en el uso del dramatismo, la deformación expresiva y la representación de lo ominoso. Tomemos el ejemplo de Gracias a la almorta.

      La estampa de Gracias a la almorta fue manuscrita por Goya en la primera y única serie de la que se tiene conocimiento en el momento de su realización, que el pintor regaló a su amigoAgustín Ceán Bermúdez. Se grabó en la plancha sin modificación para la primera edición de los Desastres de la guerra, en 1863, realizada por la Real Academia de San Fernando. Hay un dibujo preparatorio en el Museo del Prado.

     Una mujer cubierta y con el rostro oculto reparte entre un grupo de personajes hambrientos unas gachas o sopa hecha con harina de almorta, por el título de esta estampa. En primer término, se puede ver a una mujer recostada y vestida de blanco que sujeta en su mano una cuchara y extiende su brazo ofreciendo un plato. Tras ella aparecen tres figuras de pie con rostros caricaturescos de mandíbulas y pómulos marcados, narices afiladas y ojos hundidos, todos ellos duramente castigados por la hambruna que asoló el país durante la guerra de la Independencia. Las vestiduras son harapientas y extravagantes, y algunas impropias. En segundo plano, Goya ha representado a dos mujeres con rostros espectrales.

      Como es sabido, la almorta sustituyó a otros cereales durante la guerra de la Independencia. Crecía sin especial cuidado en condiciones extremas. Su consumo durante periodos prolongados y constituyendo la base de la dieta diaria podía producir latirismo, dando lugar a paraplejias en adultos y problemas en el crecimiento infantil. Esta ambivalencia es reflejada por Goya. Podía darte de comer, pero su abuso podría empeorar tu salud. La figura de la mujer oculta y tapada se presenta como una figura siniestra[4].

     Un dibujo de una persona

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Dibujo preparatorio de Gracias a la almorta. Museo del Prado[5].

 

     Estar en las garras de una pesadilla es algo común con lo que todos nos identificamos, pero quizá nunca la experimentemos exactamente como la representa un artista en particular. Fuseli evocaba una imagen aterradora, llena de misterio y pánico, pero con una vaga y perturbadora familiaridad. Sugiere cómo se siente la mujer en las garras de una pesadilla demoníaca, no lo que ve. La Pesadilla fue reproducida como grabado. Una copia colgaba en el apartamento de Sigmund Freud en Viena en la década de 1920[6]. Fuseli lo aplicaba más a lo fantástico y lo psicológico y Goya lo aplicó a la realidad española que vivió.

     El hambre, la guerra, los sueños, la pobreza afectan a la Razón y fue un motivo creador para los artistas del inicio del siglo XIX.

     Como muestra y reflejo de la dura vida de los agricultores hasta bien entrado el siglo XX, el cultivo de la almorta y su molienda fue un recurso habitual para alimentarse. En la exposición del Museo del Molino Grande[7] se cita y reproduce Gracias a la almorta de Francisco de Goya para recordarnos la subsistencia en los duros trabajos agrícolas de los labradores manchegos gracias a una leguminosa que crecía en terrenos difíciles, aunque su abuso producía graves enfermedades.

Imagen que contiene cocina, cuarto, refrigerador, grande

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Panel molienda habitual con la reproducción de Gracias a la almorta de Goya. Museo del Molino Grande.



[2] ANTIGÜEDAD, M.ª D., NIETO, V. y MARTÍNEZ, J.: El siglo XIX: La mirada al pasado y la modernidad. Editorial Universitaria Ramón Areces. Madrid. 2015-2024. Páginas 43-44, 46-47 y 52-57.

[3] CÁMARA, A. y CARRIÓ-INVERNIZZI, D.: Historia del arte de los siglos XVII y XVIII. Redes y circulación de modelos artísticos. Editorial Universitaria Ramón Areces. Madrid. 2014-2021. Página 516.

[7] https://www.turismomanzanares.es/que-ver-hacer/museos/5

     Otras referencias consultadas:

    - ANTIGÜEDAD, M.ª D.: Goya, las mujeres y la guerra de la Independencia, en Espacio, Tiempo y Forma. Serie VII, Historia del Arte, t. 22-23, 2009-2010, páginas 157-182.


1-12-2025 22:30 Actualizado 5-12-2025 7:44




El vermú del Paralelo

     

   

Copa martini o martinera


      En la calle de la Merced hay un bar donde el camarero previene de la astucia de las gaviotas. 

     -Buenos días. ¿Un vermú?

     -¿Se va a sentar en la terraza?

     -Sí, ¿puedo?

     -No, no hay inconveniente. Únicamente...

     -Diga

     -La gaviota del Paralelo... le traigo el vermú. Un momento.

      -----------------------

     Unos minutos después llega el camarero con una copa martini, completa, de licor oscuro, rosso, con cubitos, donde se aprecia sumergida una aceituna y una rodaja de limón. Lo más sorprendente es lo que viene con el aperitivo. Para que el vermú no caiga mal, que no caerá, se acompaña un pincho de tortilla, unos frutos secos y un poco de pan. 

     -La gaviota del Paralelo no tiene miedo y se lanza sobre el pincho que viene con el vermú. Cuando menos la espere. Sin miedo. 

      Y hace el graznido de la gaviota.

     -¡Vaya! Vengo buscando tranquilidad y me dice que tengo que estar pendiente de las gaviotas de su local. ¿Pica?

     -No, ni la tortilla, ni los frutos secos.

     -La gaviota decía... recuerde a Hitchcok. Los pájaros. Jessica Tandy, Tippi HedrenSuzanne Pleshette, Rod Taylor ...


     -¿Una serie de Amazon o Netflix?

     -Déjelo. Mientras no me ataque... 

     Y se va repitiendo el graznido de la gaviota...



     La gaviota del Paralelo... ¿Serían varias? ¿Será una? ¿Provocará de verdad el desconcierto en los clientes? 

     Se sumergió en sus pensamientos y, más, en la tortilla. Poco hecha, demasiado blanda, la patata no muy hecha... 

   -Ya no queda. 

   Tantas vueltas... se la iba a comer igual.

     Había caminado por la ciudad, en una segunda salida, sin rumbo definido, sin sentido, con gusto por andar y ver la ondulación constante de las olas. Subió hacia el elogio, bajó hasta el puerto. Mirando siempre la resaca marina, el límite del horizonte, el azul del agua que rompía con el azul del aire. Un horizonte infinito producto de la creación. 

     Con los dedos índice y pulgar cogió el palillo que sujetaba la aceituna. Una gordal en un vermú es una exageración o un premio. Habitualmente era la variedad manzanilla, pero, según parece, en los últimos años, se ha impuesto la gordal por estética y porque sazona el vermú, aportando ese gusto muy apreciado tras unos minutos en la copa.

     Comió los frutos secos mientras la aceituna se ahogaba. La fue rescatando con suaves sorbos a la copa; la remató a mordiscos hasta el hueso.

     Y la gaviota sin aparecer. Sus primas, las palomas, andaban como patos para perseguir los frutos secos y las migas del suelo. ¿Estarían compinchadas? ¿Le habrían recomendado el Paralelo para un atraco vulgar y quedar, después, como un lelo? 

     En Los pájaros, una chica algo aparentemente superficial, pero no tanto, se dedica a gastar bromas de más o menos gusto; conoce a un abogado, quien conociendo su fama, no le muestra mucho interés y que va buscando un regalo para su hermana que vive en un pequeño puerto pesquero. La atracción es mutua; provoca el desplazamiento de la joven al lugar de residencia de la hermana y de la madre, buscando, en realidad, un nuevo encuentro y no tanto la broma. Una antigua admiradora del abogado, el incordio de unos pájaros molestos y amenazantes, un ambiente enrarecido por la inercia de un ataque poco creíble inicialmente, producen una película de suspense y terror que ha llegado bien a los cincuenta y nueve (1963).

     ¿Y el vermú? Bien, gracias. Huele a hierbas aromáticas, está refrescado por cubitos de hielo y la rodaja de limón se la puedo dejar de señal a la gaviota.

      -Perdón, ¿qué le debo? ¿El suspense de la gaviota no me lo cobrará? 

     Pues sí, si se lo cobró...

      El visitante sabe que, cuando más se habla, más se yerra.



     



    Gijón, 9 de septiembre de 2022

Adolfo Salazar en Cuba (1)

             Indumentaria Ñáñigo, Cofradía Abakuá. Museo de América      Los lectores de EL SOL recibían con el café y las porras del desayu...