Por mi tarjeta de Toledo habrás sabido que
tu carta me llegó bien y que me produjo grande alegría. Esperaba para
escribirte a que hubiera salido en EL SOL la noticia adjunta sobre tu libro (noticia publicada ayer). Verás en ella que un ratito me pongo «dómine»: hay que dar a la gente la
sensación de que no se hace un «suelto de contaduría»... Me gustaría consultar contigo algunos detalles que tengo señalados en tu
libro..."
Por carta fechada el 31 de julio de 1921, Adolfo Salazar daba consejos a Federico García Lorca sobre sus poemas y le comunicaba que había escrito un artículo en EL SOL celebrando al joven poeta.
"La aparición de un poeta en nuestro horizonte es un fenómeno de mucha mayor importancia que una súbita fulgencia de un astro nuevo en nuestro firmamento. Goce espiritual, que prima al de los ojos. Poesía por poesía, preferimos aquella, viva. Porque, ¿cómo explicar sino poéticamente también a esos buscadores de estrellas? (¿Y no es eso, el poeta?) Horror para el astrónomo puro, ávido de meter en sus tablas la estrella nueva. O del crítico que en seguida encasille al poeta recién amanecido."
Federico había aparecido como la estrella nueva en el firmamento de la poesía, porque era presentado por y ante la crítica especializada. Por el crítico cultural por excelencia, Adolfo Salazar. Aunque García Lorca jugaba con el factor campo a su favor. Adolfo Salazar era uno de los que le aconsejaban en los inicios de su carrera.
"Me gustaría consultar contigo algunos detalles que tengo señalados en tu
libro; por ejemplo, «tiene el polen fatal del desengaño», «y como la Virgen
María pudieras/botar de tus senos otra vía láctea», «que la pulsen como las
cuerdas de un arpa» —pequeñas cosas en las que me parece... por parecerme hipócrita el no decírtelo, no he de guardarlo… Nada de
esto tiene importancia para quienes te queremos..."
Salazar le indicaba que si no le avisaba de esos errores, la crítica más acerba, los enemigos, se cebarían con él.
"Federico García Lorca no es poeta sublime por el tono, ni dramático por retórica. Su poesía, muy en tono menor, se compone de los ingredientes más humildes del repertorio... Emoción viva, con una palpitación ingenua, una delectación creciente por la materia sonora, un infantil asombro para la belleza recién descubierta, y un deseo de decirle, con un mohín gracioso, un piropo truncado por la timidez. Signo viviente de los esplendores de cada día, este reloj de sol para el que sólo cuentan las horas claras, tiene un gesto sonriente y una distinta cuerda lírica para cada, nueva y eterna, emoción del repertorio de la Naturaleza: el campo, el río, el vario cielo en el matiz que les dan las horas, con una complacencia singular por la tarde avanzada y una permanente sorpresa por la primera estrella."
Con todo, Lorca estaba preocupado porque no aparecían críticas sobre "Libro de poemas". Salazar le pedía paciencia. En su carta le dijo que Canedo (Enrique Díez-Canedo) estaba muy ocupado con el curso de extranjeros de la Residencia de Estudiantes; que iba a dar a conocer su libro a Ortega y Gasset. Y que de la distribución que hiciera la Sociedad General de Librería debía estar pendiente Federico.
"Una colección copiosa de poemas comprendidos entre los años 1918 y 1920. Es curioso observar el progreso continuo y firme que se muestra en sus versos conforme la fecha avanza, y es esto lo que autorizaría, de no saberse ya cuál es la rara categoría de este poeta, a ver en él una promesa del granar más rico."
De García Lorca se conocía un libro de prosas adolescentes sobre el que alguna referencia se ha hecho en este blog sobre la impresión de la burgalesa Cartuja de Miraflores.
"Hay en García Lorca otro tono, fuerte y recio, de poeta de gran envergadura, en composiciones como "Campo", "Chopo muerto" y "Árboles"; de 1919 esta última poesía, tras la que se ve clara la traza de nuestra historia poética.
Cerca de setenta poemas tiene este libro. Abundancia insólita hoy, tan rara como la abundancia cordial que le dicta y que ha sabido traducirse en el ademán más gracioso de línea."
En los consejos finales, Salazar le recordaba que era necesaria la paciencia, el crítico profesional era muy remolón en darlas y en decidir sin compromiso.
Estábamos en 1921, con García Lorca con 23 años recién cumplidos. Federico buscaba confianza en los consejos de los amigos, en la afirmación de los críticos especializados y en el silencio admirativo de sus enemigos. Recordemos la seguridad con la que quince años después le pide que se rectifique unas declaraciones suyas en EL SOL a Bagaria, el caricaturista salvaje, ya en la fama de los inicios tormentosos de 1936, al amigo que en sus inicios le daba consejos.
Terminamos con la recomendación de Adolfo Salazar, el poema Árboles de 1919:
¡Árboles!
¿Habéis sido flechas
caídas del azul?
¿Qué terribles guerreros os lanzaron?
¿Han sido las estrellas? Vuestras músicas vienen del alma de los pájaros,
La
rumba cubana es una mezcla festiva de baile y música de todas las prácticas
culturales que la conforman. Desde 2016 está en la lista representativa
del patrimonio cultural inmaterial de la humanidad.
La rumba cubana hunde sus raíces en la cultura
africana que se nutre de elementos propios de la cultura antillana y del
flamenco español. Surgió en los barrios populares o marginales de La Habana, Matanzas,
en las proximidades de los puertos y en las zonas rurales donde había comunidades
de esclavos.
Al relacionarse con las comunidades
venidas de África por la esclavitud, la rumba cubana fue una forma de manifestar resistencia y proclamar su estima personal, que creaba relaciones sociales
entre esas comunidades. Y esa expresión se plasmaba mediante cantos, mediante
bailes, por palmadas, con un lenguaje corporal genuino. Por la humildad de sus
orígenes, los instrumentos musicales nacieron de la percusión de herramientas
de trabajo o domésticas que fueron incorporadas a los instrumentos musicales
habituales que se han transmitido de generación en generación, con muestras de
sensualidad y gracia en sus expresiones que permearon todas las clases sociales
de la Gran Antilla.
En líneas generales, la
rumba flamenca nació a principios del siglo XX como asimilación de los
ritmos caribeños a la geografía musical andaluza, que con el paso del tiempo formó un
estilo propio entre lo caribeño y el ritmo flamenco, donde la improvisación y
la alegría generan un disfrute vital de la fiesta representada.
Y henos aquí recordando las evocaciones de
Adolfo Salazar, que presenciaba con su vista y oído los viajes de ida y vuelta
de unas músicas emocionales. En un principio, nuestro interés por Adolfo Salazar se había dirigido
hacia el magisterio musical que ejerció con Manuel de Falla en el grupo de músicos
que renombraron como de los Ocho. Al estilo de la generación literaria
del 27 en la vida musical española. Más tarde, nuestra mirada analizó el
carácter cercano de la relación con un joven Federico García Lorca, con sus
consejos y, en la hibridación de estas relaciones, cómo influyeron en la vida
cultural española e hispanoamericana las ideas de Ortega y Gasset, factótum
intelectual de El Sol, en el origen de Musicalia, con el añadido
de los artículos que publicaba Salazar en la sección La vida musical del
periódico citado.
Un
“monstruo” en términos lírico-teatrales es una letra embutida a la fuerza en un
diseño musical que se quiere conservar intacto. Las rumbas que Salazar había
escuchado en España podían no guardar su origen, aunque su ritmo y color
evocaran a los países de América Central. Cuando visitó La Habana en 1930, se
dirigió al teatro de la Alhambra con la intención de presenciar una rumba
auténtica, estuviese embutido el monstruo o no, porque, inicialmente,
le costaba entender las letras. Entendía solamente los estribillos. Al menos, el musicólogo,
sin saber la pureza de la rumba, tuvo la sensación de presenciar algo auténtico.
¿Cuál fue la primera rumba que vio y oyó?
La negra Quirina. No era desconocida. Su autor era Moisés Simons. Por ese
viaje de ida y vuelta, Adolfo Salazar sabía que había sido atraído al otro lado
del océano en alguna ocasión.
Moisés Simons. Wikipedia
Salazar apreciaba en La negra Quirina
su carácter y colorido como música popular. Observaba la buena conexión entre
el elemento primitivo de origen africano con la gracia criolla, cubana o antillana.
Y le permitía saber la relación que se establecía entre la rumba y el “son”, que
tan en boga se estaba poniendo en Cuba en 1930. Eran impresiones lo que Salazar
anotaba. No podía sentenciar porque podía ser considerado un erudito a la violeta.
Intuitivamente, apreció que lo africano
servía de base rítmica y era incitador de giros melódicos, y que los detalles
estilísticos eran adiciones de lo cubano o criollo. La estructura y hechura se
habían importado de Europa con una reelaboración en la Gran Antilla.
No dejó de observar la lubricidad y sensualidad
de la rumba cubana. Rasgos que se acentuaban con el lenguaje libérrimo y la
gestualidad desenvuelta utilizados en el teatro de la Alhambra, llegando en
algún momento a considerar que lo más pudoroso de la actuación era la rumba
misma.
Moisés
Simons fue un músico cubano que nació con el nombre de Moisés Simón Rodríguez
en La Habana en 1889 y falleció en Madrid en 1945. Compositor, pianista y
director de orquesta, fue el autor del éxito internacional del son pregón“El manisero”. En la obra musical de Simons destacan
también las operetas o zarzuelas cubanas. De entre ellas, La negra Quirina.
Para otro momento, las fritas.
Debía buscar el aire libre, el calor, la muchedumbre humana, el ron… Aún
quedaba el final de julio y los comienzos del agosto caribeño de 1930.
Ahora vuelve a oírse su nombre: La Habana y Cuba...
Hace casi
cien años, los viajeros que llegaban de España al Malecón eran acogidos de
forma cordial, efusiva y generosa por el mero hecho de ser españoles,
especialmente por la juventud, y no solo porque les estaban mirando y oyendo, incluso con
fraternidad intelectual.
La Cuba de 1930 era un país joven, con inquietudes similares a la gente joven de España.
Cuando allí llegó Adolfo Salazar se sintió como el joven que llega por primera
vez. Sintió el frescor vegetal que amanece con la tierra al llegar al puerto. Un
frescor que ya no era del mar.
En el terreno artístico y literario era
una más de las Españas, donde resonaba lo que venía de la península y donde su
aroma e inteligencia cultural prendía a todo lo español. Las calles de La
Habana 1930 eran estrechas y calientes, abigarradas de gente, con
resonantes canciones, con olores a frutas del trópico que impregnaban a cualquier
español a su llegada.
Cada paso era un descubrimiento. A todo ello encontraba
Salazar un encanto sutil e inexplicable, que estaba formado por la raíz
española- andaluza- y la flor criolla. Algo incomprensible para un extranjero, ya fuese francés o alemán.
Por las calles y las plazas
se vagaba con arte durante horas y días, al Sol y a la Luna. Algo raro, algo
estrafalario. Porque pudiera que esas ciudades o esos pueblitos no tuvieran nada de
extraordinario.
Salazar creía que la arquitectura de 1930
en La Habana era la arquitectura burguesa más horrible del mundo. Se salvaba por sus calles que recorría de un lado a otro. Y allí observaba la yuxtaposición de
la entraña española con lo criollo y el confort traído de la influencia
norteamericana. Una vieja raza creada de lo español y lo criollo se mezclaba
sin fundirse en sus costumbres. Veía negras prietas envueltas en las gasas vaporosas
del traje largo de salón nocturno neoyorkino. La gente, en su cabeza, seguía contando en
duros, pesetas y reales, cuando lo que circulaba era el dólar.
En lo criollo nacía la gracia fina y
aromática de Cuba. El viajero contaba que admiraba la gradación de la piel cubana y los tonos
de color de sus ojos. Y las mujeres mayores que acumulaban la experiencia de la
vida y su fatiga. Y disfrutaba de la alegría infantil del cubano que invitaba a
compartir el primer mordisco de un mango o una “mameya” (mamey).
Esos mulatos eran el alma musical de Cuba.
En los salones de Cuba se cantaban las canciones que antes solo se oían en las
cocinas de las casas. Los sones hervían por doquier como viva estampa de lo
criollo. La música o el sonido de la calle era otro: La de los rumores, los ruidos, las
risas, la inagotable charla. Los murmullos de una gran ciudad.
El vendedor ofrecía sus frutas, las hojas para el
baño o cualquier remedio. Y por las tardes, el chino que vende maní cerca
del teatro chino aparecía donde representaban dramas de gran quietud.
El pueblo llano, más humilde, no iba al teatro
chino ni a la opera italiana que cantaban tenores españoles en el Payret, ni a
las comedias madrileñas del Teatro Nacional del Centro Gallego. Ni a los bares
alegres y atestados del Parque Central con sus helados y jugos de fruta. El
pueblo llano dejaba el bar para el pueblo señorito y se dirigía al desenvuelto
teatro de la Alhambra. Salazar, que se sentía perteneciente a ambos pueblos, satisfacía su sed en los bares con daiquiris y marchaba al Alhambra a ver bailar la rumba[1].
Trocadero. La Habana. 1929. PYCRIL
[1] Adolfo
Salazar. El Sol, 12 y 13 de julio de 1930.
Cuando Adolfo Salazar escribía sobre la enseñanza musical y las orquestas en Cuba, su periódico, EL SOL, editorializaba sobre varios asuntos el 16 de agosto de
1930. En primer lugar, el problema de las subsistencias: Sobre lo que suponía el alza del coste de la vida y la
política económica del gobierno. De las políticas que debía tomar. Y de lo
meditado que debía estar cada decisión para que la vida no fuese tan cara. Aquello, también, de no pedir sacrificios a nadie sin antes dar ejemplo. En este caso, el gobierno.
Un segundo editorial lo dedicaba a la situación de Alemania después de la Gran Guerra. Con el título La política alemana, se incidía en cómo se estaba produciendo el crecimiento de los partidos extremos:
comunistas y nazis. Se intuía una victoria de los socialdemócratas, con los
partidos de la derecha divididos. Pedía a los posibles ganadores que aunque
no llegasen a una coalición, al menos consiguiesen una armonía mayor.
Como último editorial del día, El Acuerdo italorruso: El acuerdo económico entre el gobierno de los fascistas italianos y los soviéticos rusos, firmado por los ministros italianos Bottai y Mosconi y el representante soviético Linbinov-¿Litvinov?-. Surgía el temor a un pacto contra los
gobiernos democráticos. EL SOL creía que imperaban razones político-económicas en ambos países. Los soviéticos no conseguían entenderse con los gobiernos
capitalistas y los italianos no había conseguido rebajar su deuda ni llegar a un
acuerdo con los Estados Unidos. En Europa, ni Francia, ni Inglaterra, ni
Alemania abrían sus arcas en su ayuda. El acuerdo preocupaba en las cancillerías internacionales.
Dos dictaduras llegaban a un acuerdo en agosto de 1930. Dos dictaduras que
deseaban crear un orden social incompatible con el ya existente. Y EL SOL, matizando o reduciendo el diapasón de la alerta, la reseñaba para la defensa de la democracia.
Con este panorama, Adolfo Salazar escribe La vida musical en Cuba. – La enseñanza. Las
orquestas.
Estamos en Cuba, año 1930. La iniciativa privada en la mayor de las Antillas se extendía a ámbitos que en Europa solía ocupar el Estado. Era el caso
de la enseñanza, en este caso, musical. Cuba y España no tenían teatros oficiales, ni orquestas
oficiales. No tenían consignación presupuestaria, salvo en el aspecto de las bandas municipales.
En Cuba, como en Estados Unidos y las
repúblicas hispanoamericanas, se dejaba esta cuestión a la iniciativa privada.
Pero se hablaba o se empezaba a hablar de crear un Conservatorio oficial. Salazar creía que su
éxito dependería de su criterio de selección. No ayudaba la descentralización administrativa del
poder en Cuba que obstaculizaba una homogénea dirección de los criterios pedagógicos.
Adolfo Salazar había recibido información
del número de profesionales que trabajaban en el mundo de la música. Dependía de su nivel de formación el
éxito que tuvieran. Y pensaba que no debía de dejar de reconocerse la labor de la iniciativa
privada. En este punto, reseñaba la labor de los músicos españoles. Y hablaba
del Conservatorio Bach que dirigía María Muñoz de Quevedo, que calificaba como
una institución modelo. Tanto en el criterio como en sus procedimientos. Tanto
en lo artístico como en el sistema pedagógico. Fundado en 1925, era la idea que
sostenía la revista Musicalia. Este Conservatorio, esta revista y la nueva
Asociación- de Música Contemporánea- estaban en la cabeza de sus creadores para surgir- nacer- en el momento
indicado. Y la madurez artística de María Muñoz era reseñada por el musicólogo
español. Probablemente, para indicar que este instante era el momento ideal.
El conservatorio Bach basaba la
enseñanza en el piano. Pero no únicamente. También se enseñaba armonía y un panorama amplio de disciplinas que se extendía a la historia del arte en general y la literatura. Sensibilidad
y técnica.En las clases de Historia analítica
de la música e Historia de las Artes- utilizando proyecciones- participaba Antonio
Quevedo.
Salazar nos contaba además el éxito que había obtenido Federico García Lorca con las conferencias en la Institución Hispano Cubana de
Cultura, y que hablaría para la institución de los Quevedo sobre el ciclo histórico
de la poesía española.
Elogiaba, por otra parte, los métodos pedagógicos
infantiles de María Muñoz. El que la música se hablara musicalmente para
los niños desde párvulos. Dando importancia en esta enseñanza a los músicos antiguos y modernos, como Béla Bartók, Stravinski o Poulenc. La música
moderna entusiasmaba a los más pequeños, decía Salazar.
Las clases eran individuales, salvo
conferencias o cursillos de análisis a los que podían asistir alumnos de otros
centros. Como complemento, se enseñaban idiomas, especialmente para aquellos que
querían dedicarse al canto.
La falta de protección oficial era más aparente todavía en la vida de las orquestas, llenando este hueco la iniciativa privada. Nombraba a españoles como Pedro San Juan, que mostraban paciencia y
entusiasmo en la Orquesta Filarmónica.
La Orquesta Sinfónica de La Habana era
dirigida notablemente por Gonzalo Roig, director también de la Banda Municipal
y de la escuela Municipal de Música. Destacaba, por otra parte, la labor de la Orquesta Falcón, dirigida también por Roig, con esfuerzos heroicos para sobrevivir. Gonzalo Roig fue autor de zarzuela cubana y éxitos de la época como "Quiéreme mucho".
Salazar quería que España, en 1930, tuviese una
gran Orquesta Nacional, asentada en sólidas bases económicas, con directores
fijos, pero también con invitados ocasionales. Con unos planes diseñados y definidos. Con
método. Y desearía, otro tanto, para Cuba. Porque había mostrado entusiasmo y esfuerzo. Tenía en cuenta, en el final de su artículo, los difíciles tiempos económicos- señalamos que eran los tiempos de la depresión económica de 1929- con el recuerdo de la fusión de las orquestas Filarmónica y Sinfónica de la ciudad de Nueva York- babilónica la adjetivaba- para resistir los rudos embates de la Economía.
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Lo que aquí se reseña es la versión de la visita a Cuba de Adolfo Salazar, según los artículos que publicó en EL SOL. En el mes de noviembre de 2026 se publicó Antonio Quevedo y Sánchez, por Ignacio García Noblejas Santa-Olalla, que se sumerge en las relaciones humanas y profesionales de Antonio Quevedo, sus matrimonios, destacando el de María Muñoz, y las relaciones con la intelectualidad española- por ejemplo, cuando conoció a Salazar y García Lorca- y cubana. Publicado en Océano Atlántico Editores.
Mancheta de EL SOL, segunda semana de agosto de 1930. Fuente: EL SOL.
Fuente: EL SOL, caricatura de López Rubio, 14-8-1930
Cuando
a mediados de agosto de 1930 publica Adolfo Salazar su artículo en EL SOL
titulado La vida musical en Cuba. – Las sociedades de conciertos, en la vida de
los ciudadanos que leían el periódico había preocupación por la enseñanza de
sus ciudadanos; Salvador de Madariaga analizaba las instituciones faraónicas
del estado: trono, iglesia, ejército y burocracia; se relataba el fracaso de la
concentración de los partidos medios- centristas- en Alemania; Ramón Gómez de la Serna escribía
sobre cómo se estaba pasando de moda el sombrero, circunstancia que celebraba;
y Bagaria hacía caricatura política sobre las futuras elecciones, que luego se
celebrarían en abril de 1931.
Para Salazar la vida musical cubana
en 1930 contaba con paralelismos con la española, aunque, era obvio, la influencia de los
cercanos Estados Unidos era palpable. Cuba respondía a dos parámetros semejantes a España: la iniciativa particular y la falta de protección oficial.
La iniciativa particular era una ocupación
o preocupación de unas cuantas personas que lo hacían con generosidad y nada
interesados empresarialmente. No conocía en Cuba mecenas filarmónicos al estilo
de Estados Unidos que ayudaran a los que desinteresadamente trabajaban por la
música de la isla caribeña. Al menos, se le ocultaba a su curiosa mirada. Había
algún caso, según le decían.
En cuanto a la Sociedad Pro Arte Musical,
existía por el entusiasmo y esforzado trabajo de mujeres de la sociedad
habanera, destacaba a la señora Giberga, tanto por las programaciones que ofrecían como por la
construcción del edificio en el que residían, el teatro Auditórium, donde se
ofrecían óperas, conciertos sinfónicos y de cámara. Sostenía un círculo de
aficionados elegante y selecto con una incipiente biblioteca y la publicación
de una revista que ejercía como boletín oficial.
Tanto esta sociedad como las sociedades de
concierto españolas encauzaban la vida musical, aspecto que Salazar remarcó con insistencia
y que dependía de sus directores las líneas maestras de este desarrollo. A
la Sociedad Pro Arte Musical se unió, según el musicólogo español, la
Asociación de Música Contemporánea, que fomentaba la música más reciente, y en la
que pronunció una de sus conferencias, estableciendo la relación entre la nueva y
la Sociedad Internacional de Música, en cuyo nacimiento estuvo muy implicado. Su
queja se dirigía a que en Cuba se había conformado esta sociedad contemporánea y no
había conseguido que sucediera esto mismo en España.
La Asociación de Música Contemporánea nacía como consecuencia del ambiente creado por la revista Musicalia, fundada por
María Muñoz de Quevedo, que fue definida por Adolfo Salazar como una singular mujer
en quien la sensibilidad, carácter, inteligencia, voluntad y entusiasmo se unen
en una mezcla rara. Añadía que era una excelente artista, discípula de Manuel de Falla, creadora del Conservatorio Bach, junto a la revista citada, y, ahora- 1930-, el nacimiento de la Asociación de Música Contemporánea.
Salazar elogiaba la revista Musicalia. Consideraba casi imposible sacarla en España, tanto en lo espiritual como en lo material. A
estas tres entidades creadas por el matrimonio Quevedo les auguraba un resultado
formidable para la cultura musical cubana. Echaba de menos esta actividad en
España. Pero era feliz y se alegraba de esta labor entusiasta y generosa,
cualidades que consideraba netamente cubanas. En la presentación de esta nueva
asociación contribuyeron pianistas que Salazar no se olvidaba de nombrar: el norteamericano Julián
de Gray y el centroamericano Héctor Ruiz Díaz. La música que escuchó Adolfo Salazar iba de Bach a Stravinski y Satie.
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Lo que aquí se reseña es la versión de la visita a Cuba de Adolfo Salazar, según los artículos que publicó en EL SOL. En el mes de noviembre de 2026 se publicó Antonio Quevedo y Sánchez, por Ignacio García Noblejas Santa-Olalla, que se sumerge en las relaciones humanas y profesionales de Antonio Quevedo, sus matrimonios y las relaciones con la intelectualidad española- por ejemplo, cuando conoció a Salazar y García Lorca- y cubana. Publicado en Océano Atlántico Editores.
Resumen breve: Adolfo Salazar, intelectual y musicólogo, es invitado a dar conferencias en Cuba. En una carta que recibió, Alejandro
García Caturla mostraba su satisfacción al saber a ciencia cierta que Adolfo
Salazar iría a Cuba porque le había llegado el boletín de la Sociedad Pro-Arte
que lo anunciaba. Es más, le decía que Los
Quevedo, entre otros amigos, iban a estar muy satisfechos con su visita porque
sería una ayuda en el arte nuevo.[1]
Adolfo Salazar escribió una serie de
artículos en los que daba su visión de Cuba, de la situación de su música y cultura,
y de las interrelaciones que estableció. Vamos a intentar ordenar la estructura
de esos artículos y contextualizarlos.
Los artículos fueron publicados en los meses
de julio y agosto de 1930. Si tomamos como referencia la fecha de vuelta de
Cuba de Adolfo Salazar y la participación del musicólogo en el Primer Congreso
Internacional de Musicología que se celebraría en Lieja, Amberes, Aquisgrán y Bruselas
con motivo de la Exposición Internacional de Lieja en los primeros días de
septiembre de 1930, acotaríamos en esos meses la publicación de los artículos.
Delimitando un poco más, cuando se publica
en EL SOL que Salazar ha vuelto a España, el diario anunciaba que se había
producido un temblor/terremoto en España que había provocado que algunas
iglesias de Ciudad Real tocaran sus campanas; que, aunque no esté relacionado, el
duque de Alba aseguraba que la censura desaparecería pronto; algo más, que un expreso
entre París y Burdeos había detenido su paso por el parto de una pasajera al
pasar por Chatellerault; o que los catedráticos de Instituto se manifestaban
sobre la reforma del bachillerato. Ortega hablaba de la operación cesárea que
Cayo Julio César hizo para establecer un Estado universal en el que los viejos
aristócratas pareciesen pigmeos y los hombres de Oriente y Occidente, de Italia
y las provincias, tuviesen un estatuto de libertad y garantía[2].
Cuando Salazar viaja a Bélgica, Pilsudkil se
puso al frente del gobierno polaco; se estaban produciendo los hechos que acabaron
con el gobierno de Leguía en Perú; y en Ciudad Real, la gente acudía a examinar
las listas electorales expuestas por el Ayuntamiento, lo que había provocado
que algunas organizaciones políticas montasen oficinas electorales[3].
El orden de los artículos es/era el siguiente:
Julio
-Paisajes
de Cuba: La Habana, 1930.
-Paisajes
de Cuba: Por las calles y las plazas.
-No
es un artículo. Es la resonancia en la prensa cubana de la visita de Adolfo
Salazar a la Isla. En este caso, la revista cubana “1930”[4].
-Paisajes
de Cuba: La rumba en el Alhambra.
-Paisajes
de Cuba: Del malecón a las “fritas”.
-Paisajes
de Cuba: El “son” en las “fritas”. Como curiosidad, cuando se publica este
artículo, EL SOL cuenta que se había celebrado el 23 de julio un banquete en la
finca de los Señores Mira, en Manzanares, Ciudad Real, con motivo del éxito
obtenido por Marcos Redondo en La rosa del azafrán.
-Paisajes
de Cuba: El “son” en las “fritas” (V). Curiosidades en ese día, EL SOL contaba que el 1 de agosto una mala
praxis del láudano había producido la muerte de dos niños en Manzanares, Ciudad
Real, a manos de sus padres.
-Paisajes
de Cuba: Café Carretero.
-Paisajes
de Cuba: Mariel y el lirio blanco.
-La vida
musical en Cuba: I. las sociedades de conciertos.
-La
vida musical en Cuba: La enseñanza. Las orquestas.
-Paisajes
de Cuba. - La playa y Baracoa.
La propuesta sería la siguiente: Informar sobre
lo que esos artículos nos cuentan y contextualizarlos con las noticias que en
esos días se publicaron en el mundo por medio de EL SOL.
Fuente: Bagaria en EL SOL, 27 de agosto de 1930.
[1] SALAZAR,
A.: Epistolario 1912-1958. Edición de Consuelo Carredano. Fundación
Scherzo/ publicaciones de la Residencia de Estudiantes. Instituto Nacional de
las Artes Escénicas y la Música. Madrid. 2008. Reseña 6-11-25 Archivo Museo SánchezMejías. La carta se fechó el 21 de noviembre de 1929.
Indumentaria Ñáñigo, Cofradía Abakuá. Museo de América
Los lectores de EL SOL recibían con el café y las porras del desayuno las noticias del día y la vida cotidiana de sus más reputados articulistas. Es el caso del viaje a Cuba de Adolfo Salazar, el intelectual y musicólogo más importante del primer tercio del siglo XX:
"Después de una ausencia de más de dos meses ha regresado a Madrid nuestro fraternal camarada, el crítico musical de EL SOL, Adolfo Salazar, el cual ha permanecido parte de ese tiempo, como saben nuestros lectores, en La Habana, adonde fue expresamente invitado por diversas asociaciones culturales para que desarrollara allí cursos y conferencias sobre temas de su especialidad."
Encabezaba la noticia EL SOL con DE AMÉRICA Regreso de Adolfo Salazar. Ynos contaba la categoría y personalidad del viajero como uno de los más firmes valores de la intelectualidad española, que había participado en distintos actos culturales en Cuba, los cuales causaron una gran resonancia. Sus actuaciones fueron recogidas por la prensa local como EL PAÍS, DIARIO DE LA MARINA y la revista AVANCE. Todas mostraron un gran interés y afecto.
Conferencias como la dictada en la Sociedad Pro Arte, presidida por la señora Giberga, ante un auditorio de 4.000 personas, donde dio un curso sobre la música romántica y conferenció sobre la música española contemporánea.
En la Sociedad Hispanoamericana de Cultura, dirigida Don Fernando Ortiz, pronunció conferencias sobre Madame de Stäel y los comienzos del Romanticismo literario en Inglaterra, Francia y Alemania.
El redactor de la noticia informaba que Adolfo Salazar se proponía referir en algunos artículos su periplo cubano, y contar la sugestiva música negra y criolla que había apreciado en una fiesta de ñáñigos, entre otros fastos.
La noticia proseguía con el siguiente remate final:
"Por cierto que del "Manuel Arnús", que trajo a Adolfo Salazar desde Nueva York, donde aquel se detuvo unos días, han desembarcado también en Cádiz, y también con estelas de éxito, el poeta Federico García Lorca, que regresa de Cuba, y la publicista Teresa de Escolarza, que regresa de la capital yanqui.
Sean todos bien llegados."
Esta noticia publicada en EL SOL hacía referencia al viaje que había realizado Adolfo Salazar a Cuba en mayo y junio de 1930. Allí había coincidido con García Lorca a su regreso de Nueva York. Salazar era uno de los intelectuales españoles que habían animado a continuar sus estudios en Madrid después de un primer año irregular, como sabemos por la correspondencia mantenida desde los primeros años de la década de 1920. Y sabemos también del contacto que establecieron con María Muñoz y Antonio Quevedo, Los Quevedo, en la capital cubana. De lo cual haremos una breve reseña en una siguiente entrega.
Entre las noticias que acompañaban a la vuelta del viaje a Cuba destacamos el anuncio del duque de Alba de la pronta desaparición de la censura, tras la caída de Primo de Rivera, y la convocatoria de las posibles elecciones, como así fueron, en abril de 1931. Sobre este futuro clima político, por esos días, escribía Ortega y Gasset en varias entregas un artículo titulado César, los conservadores y el futuro. Ortega se cuestionaba sobre un César monárquico o republicano en los estertores de la República Romana.
(Continuará)
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Bibliografía consultada:
- EL SOL, se han consultado los ejemplares de junio, julio, agosto y septiembre de 1930.
- El Epistolario de Adolfo Salazar con Alejandro García Caturla y Federico García Lorca, para ubicar cronológicamente el momento. Este epistolario se conformó con el archivo de Salazar en México, con el depositado en la Residencia de Estudiantes, la Fundación Ortega y Gasset, la Fundación Paul Sacher y el Colegio de México. Nosotros hemos consultado entre el 6 y el 11 de noviembre de 2025 en el Archivo Museo Sánchez Mejías, la edición de Consuelo Carredano, publicada por la Fundación Scherzo y la Residencia de Estudiantes, con la colaboración de INAEM, en Madrid, 2008. Las cartas cubren el periodo 1912-1958.