Estas líneas se proponen recoger la apertura en las fiestas de Manzanares de 1900 de su coso taurino. No somos expertos en la lidia taurina, ni en la ganadería de reses bravas. No entendemos cuándo un toro tiene que ser toreado ni dónde se tiene que colocar un torero. Por ello, observaremos detalles que pueden ser considerados por los aficionados como poco relevantes y nimios.
Lo que es innegable es la categoría de
espectáculo de masas que fue el toreo entre finales del siglo XIX y el primer
tercio del siglo XX, hasta que el fútbol le arrebató esa primacía. Consideremos
también la influencia que tuvo en todas las clases sociales y en las élites
culturales e intelectuales. Principalmente, entre los intelectuales de la
llamada Generación del 27.
Haremos una relación de prensa taurina o especializada y, otra, generalista o
diaria, que tenga sección de información o crítica taurina sobre la
inauguración de la plaza de toros de Manzanares; relación nunca inacabada
porque siempre aparecerá un nuevo documento que así lo acredite.
La prensa taurina tuvo su edad dorada en
los finales del siglo XIX y primer tercio del siglo XX, con ediciones semanales
o quincenales, e incluso con menos días
en los periodos de mayor intensidad de festejos durante la temporada.
La prensa generalista tenía una
publicación diaria, utilizaba la inmediatez de la información telegráfica y se podía
fijar en detalles adicionales a la lidia. Comenzamos. Una observación: El
lenguaje de los cronistas taurinos de 1900 es demasiado descriptivo de la faena
y puede ser considerado, con la perspectiva de hoy, no apto para personas
sensibles. Puede continuar leyendo o no.
PRENSA ESPECIALIZADA
-
La
Lidia
La
Lidia se publicó entre el 2-04-1882 y el 26-11-1900 en Madrid. Está
considerada como la revista más importante de la prensa taurina de finales del
siglo XIX. Moderna, con calidad en los redactores y colaboradores. En sus
ilustraciones introdujo el color en las finas estampas que publicaba. Fundada
por Julián Palacios Sardinero en 1882, tuvo como primer director a Juan Martos
Jiménez “Alegrías”. Su director artístico más cualificado será el dibujante y
cartelista Daniel Perea y Rojas (1834-1909)[i].
Ilustración de Perea. La Lidia, 13-08-1900
El 13 de agosto de 1900, La Lidia
publicó cuatro páginas, con una ilustración de Perea que cubría la segunda y la
tercera, y en la cuarta página, columna tercera, cuarto párrafo, venía la
siguiente noticia:
MANZANARES[ii]
(8). – Con una excelente tarde y una buena entrada, se efectuó la corrida de
inauguración de la nueva plaza, que es bonita y capaz para 10.000 espectadores.
Se lidiaron en ella seis toros de Ibarra,
de los que el primero fue bueno, cumplió el segundo, quemaron al tercero,
cuarto y quinto, y se escapó el sexto gracias a echarle los caballos encima y
taparle la salida. La corrida, pues, por lo que se refiere al ganado, resultó
un fiasco.
Lagartijillo. – Mató el primero de
una buena, al tercero de una baja, y al quinto, el más buey[iii]
de todos, lo tumbó mejor que merecía. Estuvo trabajador en la brega.
Bombita chico quedó bien en el
primero y el sexto, y estuvo superior en el quinto, al que mató de una gran
estocada después de lucido trasteo. En quites muy trabajador.
La gente con buenos deseos. El público,
poco complacido en cuanto al ganado, que era más a propósito para una novillada
de desecho que para una corrida de toros y de inauguración.[iv]
La Lidia, 13-08-1900
La Lidia refleja la decepción del público
aficionado sobre lo que se presentó aquel día ante las expectativas iniciales.
La frase "Tarde de expectación, tarde de decepción" resulta aplicable.
Refleja en unas pocas pinceladas la buena tarde que hizo, la buena entrada
de público y la belleza del sitio y su capacidad.
-
El
Toreo (1874-1927)
Fue originalmente un suplemento de la
revista semanal La correspondencia teatral, de la que se independiza de
esta a partir de 1875. A comienzos del siglo XX era la decana de la prensa
taurina. Su principal crítico era Paco Media-Luna, seudónimo utilizado por
sucesivos escritores. Es el caso de Emilio Sánchez Pastor y Antonio Ibáñez.
Tendrá una publicación variable en el día, pero con una periodicidad semanal.
Junto a La Lidia conseguirá el respeto de los lectores tanto por su
independencia como por su calidad. Como propietario, editor y director de mayor
duración, hemos de reseñar a Pedro Núñez Samper, que lo ejerce hasta su muerte
en 1903. Habitualmente era una publicación de cuatro páginas que se
incrementaron a ocho en su última etapa[v].
El ejemplar de El Toreo que aquí reseñamos se
publicó el lunes 13 de agosto de 1900. Consta de 4 páginas y su portada se
dedica a la plaza de toros de Madrid y a la corrida de novillos que se había
celebrado el 12 de agosto. Nuestro interés se dirige a la tercera columna, dos últimos
párrafos, de la segunda página, donde comienza un extenso artículo sobre la
inauguración citada en las fiestas de agosto de Manzanares y que reproducimos a
continuación:
TOROS EN MANZANARES
8 de agosto de 1900
Hoy se ha verificado la inauguración de
este circo taurino, lidiándose toros de los señores Ibarra, que fueron
estoqueados por Antonio Moreno (Lagartijillo) y Ricardo Torres (Bombita chico),
que sustituía al Algabeño, que aún continúa herido.
El nuevo circo, que está enclavado a un kilómetro
de la población, es bastante hermoso y capaz para 10.000 espectadores.
El redondel mide 50 metros.
Los corrales y chiqueros están bastante
bien situados, permitiendo que los toros puedan atenderse con toda comodidad
hasta salir al redondel.
El autor del plano y director de la obra
ha sido el ingeniero D. Diego Lama, y el contratista ha sido el maestro D.
Manuel Caro.[vi]
------
Hecha esta ligera descripción de la nueva
plaza, pasaré a grandes rasgos a describir la corrida.
Esta dio principio a la hora designada en
los carteles, disponiendo el señor presidente que salieran las cuadrillas.
Estas hicieron su presentación en el
redondel entre los atronadores aplausos de la concurrencia que ocupaba en su
casi totalidad las localidades de la plaza.[vii]
Cuando los peones entregaron a sus amigos
los capotes de lujo, cambiándolos por los de percal y los picadores tomaron
posiciones, el presidente agitó el pañuelo, disponiendo que saltara a la arena
el primer bicho de la tarde.
Atendía a Corcito, y fue de pelo negro y no mal
colocado de pitones.
Con bravura tomó tres varas de Chano, la
primera superior, que le valió palmas.
Varillas pinchó una vez, sufriendo un
descenso de su cabalgadura.
En los quites, muy oportunos Lagartijillo
y Bombita chico, que fueron aplaudidos.
En la brega perecieron dos caballos[viii].
Cambiada la suerte, Taravilla prendió un
par al cuarteo[ix].
Berrinches metió uno bueno, que le valió
palmas.
Cerrando el tercio Taravilla cuarteando
medio par.
Lagartijillo, que vestía de verde y oro,
pronunció ante el señor Presidente el brindis propio de estos casos, marchando
en seguida donde estaba Corcito.
Con tranquilidad le tendió el trapo rojo,
dándole dos pases naturales, uno cambiado, dos de pecho y tres con la derecha,
con lo que puso al bicho en condiciones de entrar a herir, y entrando bien a
volapié largó una buena media estocada que hizo doblar a de Ibarra.
Palmas.
El segundo bicho tenía por nombre Vicario,
y fue de pelo negro, astillado del pitón izquierdo y burriciego.
¡No en balde los veterinarios quisieron
desechar en el apartado dos toros!
De los picadores Badilo, Trescalés y
Varillas tomó seis varas, matándoles tres caballos.
Patalero y Perdigón le adornaron con tres
pares, escuchando el primero palmas.
Bombita chico, que lucía uniforme botella
y oro, pronunció ante la presidencia algunas frases, marchando en seguida en
busca de su enemigo.
Desde cerca y aguantando con la muleta, le
dio tres pases con la derecha, dos de pecho, tres naturales y uno en redondo,
para un pinchazo en hueso.
Otros dos naturales y media estocada en
buena dirección.
Y después de un trasteo, logró descabellar
al primer intento.
El tercer bicho tenía nombre Aguador, de pelo negro, y cortito de
herramientas.
Salió arremetiendo a los piqueros, tomando
una buena vara del Chano.
A continuación, aceptó un puyazo de
Trescalés.
El bicho se dolió al castigo y comenzó a
huirse, ordenando la Presidencia que le tostaran la piel.[x]
Pareado con las de fuego por los
banderilleros, pasó a entendérselas Lagartijillo con el bicho, al que, tras una
breve faena de muleta, lo mandó al desolladero de una estocada baja.
El toro cuarto, que también fue de pelo
negro, tan sólo tomó una vara, y vista su mansedumbre, se ordenó que lo
foguearan, lo cual efectuaron los banderilleros, reinando en la plaza un gran
barullo.
Por segunda vez empuñó los trastos Bombita
chico, y desde cerca le dio a Paulito
(que así se llamaba el bicho) un pase cambiado, uno de pecho, cinco con la
derecha y uno en redondo, para una estocada en buena dirección, que hizo doblar
al morito.
El que se jugó en quinto lugar atendía por
Lechuzo, de pelo
negro y brocho de pitones.
De Varillas aceptó tres puyazos.
Chano le puso dos varas superiores, que le
valieron palmas.
En quites, muy oportunos los matadores.
En la refriega pereció un caballo.
Cambiada la suerte, Taravilla y Berrinches
adornaron al bicho con tres pares de rehiletes.
Lagartijillo dio a Lechuzo dos pases naturales, uno de
pecho, otro en redondo y cinco con la derecha, para una estocada corta.
Varios pases más propinados con ambas
manos, y una corta a volapié que hizo morder el polvo al animal.
El que cerró plaza atendía por Sardinito, y fue de pelo negro y
cortito de herramientas.
Tomó cinco varas, algunas de ellas buenas,
y pasó a manos de los banderilleros.
Rodas clavó dos buenos pares al cuarteo.
Palatero prendió otro entero, que le valió
palmas.
Bombita chico se dispuso a poner fin a la
corrida, y después de varios pases dados con alguna precipitación, atizó una
buena estocada a volapié, que puso al bicho en condiciones de que lo
arrastraran las mulillas.
RESUMEN
La corrida no ha satisfecho a los
aficionados.
El ganado ha sido desigual, y tres de los
toros parecían de desecho y más propios de novilladas que de una corrida de
toros.
De los picadores, Chano.
Banderilleando, Patatero.
9 de agosto de 1900
La mala impresión que causó en la afición
el resultado de la corrida de ayer, y el haber intervenido la Hacienda las
taquillas desde las primeras horas de la mañana, poniendo en las puertas de los
despachos parejas de la Guardia Municipal, hizo que el público se retrajera de
asistir al espectáculo, y cuando dio comienzo la fiesta apenas si habría en la
plaza 2.500 espectadores.[xi]
Y no es que el cartel careciera de
atractivos, pues se componía de seis toros de D. Félix Gómez, que habían de
estoquear Rafael González (Machaquito) y Rafael Molina (Lagartijo); pero las
circunstancias antes enunciadas fueron la causa del fracaso en los intereses de
la Empresa.
Y apuntado esto, paso a describir la
corrida.
Esta dio principio a la hora anunciada,
ocupando su sitio en la Presidencia la Autoridad municipal.
Las cuadrillas, precedidas de un
alguacilillo, hicieron el paseo, y cuando cambiaron los capotes de lujo por los
de faena, y los picadores tomaron posiciones, se dio suelta al primer bicho de
la corrida.
Atendía por Escribiente, señalado con el núm. 1,
y fue de pelo retinto.
Salió con pies, saltando por frente a la
puerta de caballos.
De Formalito y Quilín tomó seis varas,
derribándolos dos veces.
Machaquito y Lagartijo, muy bien en los
quites.
Chatín y Mojino adornaron a Escribiente con tres pares de
cuarteo.
Machaquito, que lucía terno verde y oro,
después de cumplimentar a la Presidencia, pasó a entendérselas con el
colmenareño.
Desde cerca y parando, le dio dos pases
naturales, dos cambiados, dos con la derecha, el segundo por bajo, y uno de
pecho, y entrando con coraje a volapié, atizó una estocada por alto, algo
tendida, que hizo doblar a Escribiente.
Palmas y la oreja del toro.
El segundo bicho se llamaba Pelón, núm. 4, de pelo retinto y
astillado del derecho.
De salida lo tomó de capa Lagartijo,
dándole tres verónicas movidas.
De Bomba y Montalvo tomó cinco puyazos, a
cambio de tres caídas y dos jacos para el arrastre.
En los quites, oportunos los dos
matadores, que se hicieron aplaudir.
Quedado pasó el bicho a banderillas, y
Chiquilín le clavó dos pares a la media vuelta.
Y Recalcao clavó otro entero bastante
aceptable.
Sonaron los clarines, y Lagartijo, que
vestía de luto riguroso, pronunció algunas palabras ante la Presidencia.
Una vez cumplido este requisito, mandó
retirar la gente, y desde cerca y parando dio tres pases naturales, uno de
pecho, otro con la derecha y uno alto, para una estocada corta bien señalada,
que hizo doblar a la res.
Ovación y la oreja.
Castaño,
núm. 5, era el nombre del tercero, que fue de pelo retinto.
Tardeando tomó cuatro varas de los picadores
de tanda, a los que derribó dos veces.
Entre Mojino y Mancheguito pusieron cuatro
pares de rehiletes a Castaño.
Machaquito cogió los trastos, dando al de
D. Félix tres naturales, sufriendo un desarme, y cuatro con la derecha para un
pinchazo.
Y después de varios pases, dos pinchazos y
una estocada delantera, descabelló a pulso al primer intento.
Cuarto, de nombre Perseguido, núm. 6, y de pelo castaño
De Montalvo y Bomba aceptó cinco puyazos,
derribándoles tres veces y dejando un jamelgo para el arrastre.
Recalcao clavó un par al cuarteo y otro a
la media vuelta.
Y Cantimplas metió otro entero al cuarteo.
Por segunda vez empuñó los trastos
Lagartijo, y con arte dio a Perseguido
cinco pases naturales, dos con la derecha y dos por alto, y después de un
pinchazo cogiendo hueso, largó una estocada honda, descabellando al primer
intento.
Palmas.
El que se lidió en quinto lugar tenía por
nombre Retinto, y
así era de pelo, estando marcado con el número 21.
De los de aúpa[xii]
tomó cinco varas, derribándoles cuatro veces.
A los quites acudieron con gran solicitud
los matadores, escuchando palmas.
Pareado por Mancheguito y Chatín con los
tres pares de ordenanza, paso a manos de Machaquito, que se deshizo de su
enemigo, después de un trasteo de muleta sin parar, de varios pinchazos, una
estocada corta y tendida, y un certero descabello a pulso.
El que cerró plaza atendía a por Palillero, número 22, que fue de pelo
castaño.
Con voluntad tomó seis varas de los de
tanda, a los que derribó cuatro veces, matándoles dos caballos.
Machaquito y Lagartijo, muy bien en los
quites, y para terminar uno torearon al alimón, concluyéndolo arrodillándose
ante la cara del toro, quedando abrazados.
Gran ovación.
A petición del público cogieron los palos
los matadores, clavando Lagartijo un buen par de frente, que le valió palmas.
Y Machaquito, después de varias
preparaciones de efecto, clavó dos buenos pares, que le valieron palmas.
Lagartijo puso fin a la corrida con una
bonita faena de muleta, un pinchazo en hueso y dos medias estocadas.
Y con esto terminó la fiesta, saliendo el
público satisfecho de la corrida.
PEPE.
-----
----- ----- -----
En 1900, el lenguaje de los cronistas
taurinos era totalmente diferente al de la década de 1920, cuando se empezó a
debatir la necesidad de los petos y la prohibición de las banderillas de fuego.
Era el espectáculo del pueblo y las revistas taurinas como La lidia y El
Toreo eran leídas masivamente. Las publicaciones antitaurinas del primer
tercio del siglo XX se reducen casi exclusivamente a las publicadas por Eugenio
Noel con El Chispero y El Flamenco, ambas de 1914. De 1900 son
otras publicaciones especializadas en el mundo taurino, como El Volapié,
de corta vida tanto en sus ediciones de Valencia como de Barcelona, que se publican
entre mayo y julio de 1900. Otra publicación dedicada al mundo de los toros en
1900 fue El Enano, que no publica reseña sobre Manzanares en sus
fiestas. Creemos que debemos continuar hacia la prensa generalista diaria para
completar la recepción en la prensa de esta fiesta en Manzanares y que veremos
en otro próximo documento.
[ii] Se
transcribe conforme a normas ortográficas de 2026.
[iii] Dicen
del toro apático, reservón o falto de nervio.
[iv] La
Lidia, 13 de agosto de 1900, página 4.
[vi] En diez,
once líneas, resume la ganadería que se lidia, los diestros, el sitio, su
capacidad y medida, la ubicación de algunas dependencias, el autor y director
de obra, y el contratista.
[vii] El día
de la inauguración casi se llena el aforo de 10.000 localidades.
[viii] El
uso de los petos en los caballos se debatió en el primer tercio del siglo XX.
Hay opiniones sobre la necesidad de ellos de Ignacio Sánchez Mejías y Gerardo
Diego. En la dictadura de Primo de Rivera se implantaron los petos al mismo tiempo que las banderillas
de fuego se prohibieron.
[x] Antes de
1928 se permitían banderillas de fuego: Con petardos o pólvora. Definitivamente
desaparece en 1950. Un terrible castigo.
[xi] En 1900
también ocurrían las intervenciones de Hacienda sobre las taquillas con el fin
de cumplir con las obligaciones pertinentes. A la desilusión por la floja inauguración del día anterior, se unió la intervención de la taquilla, que hizo desistir a los ciudadanos de Manzanares.