Cultura y sociedad

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Cinglan victoriosas las yolas

     


 

     Hubo un tiempo mítico en el que nuestros abuelos tomaron la acertada decisión de ser absolutamente modernos. (La generación del 27, una generación deportiva)... Los felices veinte fueron precursores de unos hábitos que pudieron ser calificados de extravagantes o provocativos. Con el tiempo se extenderían a toda la sociedad.

     Algunos de ellos, pioneros, fueron conformadores de lo que acabaría llamándose Generación del 27. Unos jóvenes que amaban el cine y la fotografía. Que se hicieron múltiples fotos adoptando actitudes deportivas. Habían nacido con el cine, que dijo Alberti, pero también con el jazz, el baile, los automóviles, el viaje y practicar variados deportes. Y además de practicarlos, escribieron sobre el cine y esos deportes. Así, Pedro Salinas remó en Torrevieja, Buñuel se puso los guantes en la Residencia de Estudiantes, Concha Méndez nadaba y esquiaba, Hinojosa tiraba al plato o elegía el mejor palo de golf y Josefina de la Torre jugaba al tenis, entre sus muchas actividades.


Josefina de la Torre esquiando. Casa Pérez Galdós. 


     Ortega, en 1925, reflexionaba sobre los valores de la juventud y la senectud en La deshumanización del arte. Entresacamos estas líneas, que a continuación añadimos por la clarividencia de sus ideas:

     En pocos años hemos visto crecer la marea del deporte en las planas de los periódicos, haciendo naufragar casi todas las carabelas de la seriedad. Los artículos de fondo amenazan con descender a su abismo titular, y sobre la superficie cinglan victoriosas las yolas de regata. El culto al cuerpo es eternamente síntoma de inspiración pueril, porque sólo es bello y ágil en la mocedad, mientras el culto al espíritu indica voluntad de envejecimiento, porque sólo llega a plenitud cuando el cuerpo ha entrado en decadencia. El triunfo del deporte significa la victoria de los valores de juventud sobre los valores de senectud. Lo propio acontece con el cinematógrafo, que es, por excelencia, arte corporal

     José Ortega y Gasset. La deshumanización del arte (1925). 

     

Cartel del centenario Buñuel llega a la Residencia. Residencia de Estudiantes y Turismo de Aragón.


     Los personajes más famosos de la Residencia de Estudiantes fueron Dalí, García Lorca y Buñuel. Este último, practicó el ejercicio físico como una de sus mayores aficiones:

     Fue también en la Residencia donde cobré afición a los deportes. Cada mañana, con calzón corto y descalzo, incluso con el suelo cubierto de escarcha, corría por un campo de entrenamiento de la Caballería de la Guardia Civil. Fundé el equipo de atletismo del colegio, que tomó parte en varios torneos universitarios, y hasta practiqué el boxeo amateur. En total, no disputé más que dos combates. Uno lo gané por incomparecencia del contrincante y el otro lo perdí por puntos en cinco asaltos, por falta de combatividad. En realidad, yo no pensaba más que en protegerme la cara.

     Cualquier ejercicio me parecía bueno. Hasta escalé la fachada de la Residencia.

     Luis Buñuel. Mi último suspiro (1982).


     

     

Olympics.com

     Román Gubern nos cuenta que, además del cine, el deporte entró por su origen exterior y la jerga utilizada, que fue utilizada y repetida por la prensa del momento. Se vivía con rapidez lo novedoso.

     El prestigio social del deporte estuvo potenciado en España a principios de siglo (XX) por su procedencia extranjera y por su terminología anglosajona... José María Hinojosa practicó el fútbol, el tenis, el golf y el boxeo. Y Concha Méndez, que fue novia de Buñuel y esposa de Manuel Altolaguirre, fue gimnasta y campeona de natación en San Sebastián, actividades que se infiltraron en su libro de poesía Surtidor, de 1928...

     El epígrafe que ideó Luis Gómez Mesa en 1929 para sus entrevistas a intelectuales rezaba «la generación del cine y los deportes».

     Román Gubern. Proyector de luna. La generación del 27 y el cine (1999).

    

     Luis Gómez Mesa enviaba unos cuestionarios a los nuevos intelectuales que vivían a un ritmo trepidante. Como ejemplo, ponemos unas líneas de la entrevista que publicó este periodista en Popular Film con declaraciones de Luis Buñuel: 

–¿Quién?

–Soy yo: Gómez Mesa. ¿Y usted es Buñuel?

–Sí, para lo que usted mande.

–¿Y esas respuestas a mi cuestionario, que jamás llegan, que me ha prometido usted?

–Bien, muy bien.

–¿Cómo?

–Que en este momento me disponía a enviárselas.

–¿Palabra que no me engaña usted?

–¡Palabra!

–En ese caso, y ya que las tiene usted ahí, dígamelas.

–¿Tanto le urgen?

–Enormemente...

     Entrevista de Luis Gómez Mesa a Luis Buñuel en 1929. 

      

       Según Rafael Gómez de Tudanca, Alberti, Cossío y Gerardo Diego asistieron al tercer partido de la Copa de España el 29 de junio, con el desempate final de la victoria del Barcelona sobre la Real de San Sebastián por 3-1. Gerardo Diego transcribió una carta que le remitieron José María de Cossío y Rafael Alberti, donde le enviaban las poesías debidas para su revista Carmen y seguían pasmados por la Copa de España de fútbol. Diego apostillaba en esa carta recibida que Alberti había inmortalizado el fútbol con la oda a Platko. Todo el ritmo de la composición poética está basado en la fusión de los ritmos sincrónicos del encuentro y sus prórrogas del primer y segundo día. 

     Hubo casos en los que deportistas consagrados en la década de 1920 destacaron también en la escritura y el avance femenino. Es el caso de Lili Álvarez, quien fue triple finalista en Wimbledon y que practicó otros deportes adicionales a la raqueta, como el alpinismo, el esquí, el automovilismo y el patinaje. Mujer polifacética, fue también una intelectual que escribió y fue periodista. Mujer convencida de sus derechos, fue una pionera del feminismo, que descubrió cuando volvió a España en los años cuarenta del siglo pasado que las mujeres, para resolver cualquier contingencia administrativa, necesitaban la tutela masculina. Su reconocimiento fue tardío, cuando las nieblas del alzhéimer le acompañaban.


Los valores de la juventud decantados por el espíritu del envejecimiento. Archivo Residencia de Estudiantes. 1990.




     Referencias consultadas:

     - ORTEGA Y GASSET, J.: La deshumanización del arte. Publicada en 1925, se ha manejado versión de Amazon Kindle.

     - BUÑUEL, L.: Mi último suspiro. El genial cineasta evoca sus recuerdos en un último instante. Plaza y Janés. Barcelona. 1982. Gloria. 

     - GUBERN, R.: Proyector de luna. La generación del 27 y el cine. Anagrama. Barcelona. 1999.

     - MESA TORÉ, J. A. y SÁNCHEZ, A.: La generación del 27. Una generación deportiva. Centro Cultural de la Generación del 27. La sombra del barco. Málaga. 2003. 19-07-2023 y 5-08-2026: Reseña Archivo Museo Sánchez Mejías.

     - DÍEZ DE REVENGA, F. J.: Gerardo Diego y Rafael Alberti: de la colaboración, la amistad, la distancia y el reencuentro. En Grama y cal, revista de filología de la Universidad de Baleares, vol. 2. 1998. Díez de Revenga cita a Gómez de Tudanca. 

     - GÓMEZ MESA, L.: Al habla con Luis Buñuel. En Popular Film. 1929.

     - Lili Álvarez, mucho más que una pionera.

     - BILE 69, 2008, Homenaje a Pepín Bello. En este boletín aparece una fotografía de los supervivientes en 1990 que pasaron o visitaron la Residencia de Estudiantes (RE). En la foto del archivo de RE, en la delantera aparecían Joaquín Rodrigo, Carmen Conde, La Niña de la Puebla, Lili Álvarez, Rosa Chacel y Pilar Primo de Rivera. En el centro del campo, José Prat, Rafael Alberti, Luis Escobar, José María de Areilza, Severo Ochoa, Pedro Laín, Consuelo Larrucea, José Luis López Aranguren y Pepín Bello. En la defensa, José María Llanos, Ramón Rubial, Faustino Cordón y Antonio Garrigues Walker. 


     5-08-2026 6:53. Actualizando... 6-08-2026 11:53

Las ediciones especiales

 

     

Llanto por Ignacio Sánchez Mejías. Ediciones Casariego.


     Hace unos meses se expuso en el Archivo Museo Ignacio Sánchez Mejías, Casa Malpica de Manzanares, una muestra de las distintas traducciones, tanto históricas como raras o extraordinarias, del Llanto por Ignacio Sánchez Mejías de Federico García Lorca. Esta exposición mostraba la repercusión internacional que tuvo dicha obra, la fama que alcanzó García Lorca en su corta y truncada vida, y el esmero que pusieron los distintos editores en esta obra desde un primer instante.

     Es por esta razón, el cuidado y mimo de los editores al presentar un nuevo trabajo, que no se tiene otro remedio que hablar de un trabajo maravilloso sobre el Llanto publicado en 1993 por Editorial Casariego S. L.[1]

     Casariego hizo una tirada de 1.750 ejemplares. Se va a reseñar el que hace el número 910. Los cien primeros números fueron encuadernados en piel. Además, se numeraron los 55 primeros para los colaboradores de la obra, pero la presentación que se tiene en mano tiene tapa dura en negro con letras del título en rojo y en amarillo del autor. Igualmente, en rojo, la estampa o dibujo de un diestro y la editorial que lo presenta.

     La estructura de la edición es la siguiente:

     -Una introducción de uno de los poetas mayores de la generación del 27: Jorge Guillén.

     -El Llanto por Ignacio Sánchez Mejías acompañado por las ilustraciones de Picasso.

     -Una nota aclaratoria del editor de las razones por las que se añade la edición facsímil de la obra.

     -Y la edición facsímil.

     En total, 66 páginas. La edición facsímil no está numerada.

     ¿Qué cuenta Jorge Guillén en la introducción?

     En primer lugar, que llanto, planto o elegía tienen un sentido similar que nos lleva hacia la conmoción ante algo. El llanto es una elegía conmovedora, estructurada en cuatro partes, con distintos nombres:

     1. La cogida y la muerte no tienen, según Guillén, una narración realista. La hora de las cinco no puede abarcar todos los sucesos que se imaginan, aunque el estribillo sea un gran acierto:

     A las cinco de la tarde

     Eran las cinco en punto de la tarde…

     … ¡Eran las cinco en todos los relojes!

     ¡Eran las cinco en sombra de la tarde!

     La irrealidad simbólica reúne sucesos que no sucedieron, como el niño con la sábana, la espuerta de cal, la paloma y el leopardo, las campanas de arsénico y de humo, hasta una rotura de ventanas por el gentío. Hay, según el poeta, crítico y amigo, una leve indicación al hecho en sí, como muslo con el asta o heridas quemantes, que laten bajo el estribillo que imprime una gran eficacia patética que no se recuerda en ninguna otra elegía:

     “¡Ay que terribles cinco de la tarde!” …

 las cinco en sombra.”

     2. La sangre derramada

     Aunque García Lorca no estuvo en el ruedo, ve la sangre sobre la arena cuando ya no hay nadie en la plaza. Por eso invoca a los jazmines, a la vaca del viejo mundo y a los toros de Guisando. Pero no quiere ver esa sangre.

     ¡Qué no quiero verla!

     Surge de pronto, según Guillén, la necesidad de un retrato del fallecido, tanto espiritual como psicológico, que incide en que era como el primero entre todos: No hubo príncipe en Sevilla, por su fuerza y prudencia, dentro del aire de Roma andaluza. Persona y lugar. Armonía clásica.

     A Jorge Guillén le emocionan o conmueven los versos siguientes:

     ¡Oh blanco muro de España!

     ¡Oh negro toro de pena!

     Le emocionan porque contienen y potencian la idea de país, desde un punto de vista andaluz.    

     3. Cuerpo presente.

     El cuerpo adquiere forma pétrea, activa, que coge simientes o nublados. Y más cosas. Se pregunta Guillén sí la piedra es una tumba o simplemente una metáfora. Lo dice por la cabeza de oscuro minotauro y porque la lluvia penetra por su boca. Lorca nos pide contemplar el cadáver como un reto para despedirlo.

     Según Guillén, todo va juntándose: sueño, vela, reposo. Como una liberación imaginada. Nos queda como consuelo la denominada incongruencia, según el introductor, cuando dice que ¡También se muere el mar!, pero que nos remite a otros elementos de la naturaleza.

    4. Alma ausente.

     Guillén ve que el muerto ya está solo, que nadie le conoce, porque te has muerto para siempre. Se enuncia una verdad general: deja al muerto en el cementerio. El autor del poema, según Guillén, piensa en su mito, en su héroe, cuando estaba vivo y relata su madurez superior a aquellos de su clase, insigne por su conocimiento, con las palabras nobles y elevadas de un andaluz tan claro, tan rico de aventura. Y termina:

     Yo canto su elegancia con palabras que gimen

     Y recuerdo una brisa triste por los olivos.

     Guillén ve caminando a Ignacio y Federico entre esos olivos.

    

     El editor nos presenta el Llanto con veintitrés ilustraciones de Picasso. Se hace una cata o selección:

     En la página 5, una cuadrilla con picador va a salir a la plaza.

     En la página 8, la suerte de banderillas.

     En la página 13, la vista aérea de un colorido coso, fechado en 1-08-1957.

     En la página 20, un toro a carbón o emplaste.

     En la página 24, un torero levantado por un toro, en rojos y azules sobre fondo blanco y negro.

     En la página 29, el torero está envuelto en su capote mientras espera al toro como la vida y la muerte.

     En la página 31, Pase ayudado en alto de un torero, sin toro.

     En la página 33, par de banderillas cara al toro.

     En la página 36, Cristo con corona de espinas.

     En la página 44, Virgen llorando fechada el 2-3-1959.

     En la página 49, torero clásico ¿rondeño? En gris y negro.

     En la página 50, como el final citado, un campo de olivos en negro y blanco[2].

     Se hace aquí una digresión para recordar que en la tesis de Peña Robledo[3] sobre Ignacio Sánchez Mejías en ABC recordaba la teoría de Olano sobre la posible relación entre una primera idea para el Guernica como recuerdo por la muerte de Sánchez Mejías, por el impacto que tuvo. Y también la teoría que entronca a uno de los pintores deudores y divulgadores del modo de pintar veneciano, el flamenco Rubens, por su cuadro Los horrores de la guerra, visto de forma invertida y transformado por Picasso en un tema taurino y doloroso, pero que coincide con las deudas que tienen Las señoritas de Avignon, 1907, con los desnudos de los pintores venecianos.

      Por otra parte, como indican diferentes estudios, como el de Fátima Halcón o Álvaro Martínez Novillo, no era extraño el tema taurino a Picasso, como a cualquier español desde finales del siglo XIX y buena parte del siglo XX. Y claro, en una persona nacida en Málaga en esta época[4].

     


     El editor, volviendo a la edición de Casariego, añade la reproducción facsímil del manuscrito que se custodia en el Museo Casa de Tudanca, que perteneció a José María de Cossío. El lector, y el curioso, podrá observar las diferencias y variaciones entre el manuscrito original y el texto final publicado. Es decir, se puede ver cómo fue el proceso creativo.

     García Lorca termina la impresión en marzo de 1935 con las ilustraciones de José Caballero en Ediciones El Árbol para Cruz y Raya. El poema fue leído en público en el Teatro Español y, en abril, en el Alcázar de Sevilla. El manuscrito dedicado llega en mayo a Cossío con el dibujo de un arlequín llorando. Está expuesto en el centro de la sala principal de la planta baja, cubierto por unas vitrinas, y se puede apreciar la dedicatoria a Cossío y el dibujo del arlequín. En el libro, la reproducción facsímil, sin numerar, supuestamente, según se ha podido comprobar, serían las páginas 52 a 66.

    Como es sabido, hay una dedicatoria anterior a la que hace a Cossío en el manuscrito. Es la dedicatoria siguiente:

     “A mi querida amiga

      Encarnación López Júlvez.”

     Una joya de edición.      

 




[1] GARCÍA LORCA, FEDERICO: Llanto por Ignacio Sánchez Mejías. Ilustrado por Pablo Ruiz Picasso. Editorial Casariego. Ediciones de Arte, fascículos y bibliofilia. Madrid. 1993. Ejemplar 910. ISBN: 84-86760-34-8. Libro propiedad de Gloria Patón Fernández-Pacheco, coordinadora de Museos de Manzanares. Depositado en Archivo Museo Ignacio Sánchez Mejías.

[2] Páginas con ilustraciones: 5, 8, 13, 16, 19, 20, 22, 24, 26, 27, 29, 31, 32, 33, 36, 38, 40, 41, 43, 44, 46, 49, 50.

[3] PEÑA ROBLEDO, E. M.: Ignacio Sánchez Mejías según el diario ABC. Tesis doctoral en la Universidad de Burgos dirigida por P. Ojeda Escudero. Páginas 203-213

[4] HALCÓN, F.: Picasso y el ruedo. Sobre su idea de plaza de toros. En Laboratorio de Arte 29, 2017.

  MARTÍNEZ NOVILLO, A.: Reseña sobre Picasso, toros y toreros en Revista de Estudios Taurinos, Número 1, 1994.

  GÁMEZ JIMÉNEZ, R.: El Guernica de Picasso como recurso didáctico. En el Centro Virtual Cervantes, Actas XLI (AEPE)



Actualizado 5-08-2026 10:43

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