Cultura y sociedad

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Apenas iniciado el movimiento popular salvador...

       

Miguel de Unamuno. Bagaria.

     Como introducción, reproducimos el Manifiesto de Miguel de Unamuno de finales de octubre-principios de noviembre de 1936, que muestra la mirada del intelectual bilbaino sobre la situación española en los tres meses finales de su vida:  

     Apenas iniciado el movimiento popular salvador que acaudilla el general Franco, me adherí a él diciendo que lo que hay que salvar en España es la civilización occidental cristiana y con ella la independencia nacional (b). El gobierno fantasma de Madrid me destituyó por ello de mi rectoría y luego el de Burgos me restituyó en ella con elogiosos conceptos.

     En tanto me iban horrorizando los caracteres que tomaba esta tremenda guerra civil sin cuartel debida a una verdadera enfermedad mental colectiva, a una epidemia de locura (c). Las inauditas salvajadas de las hordas marxistas, rojas, exceden toda descripción y he de ahorrarme retórica barata. Y dan el tono no socialistas, ni comunistas, ni sindicalistas, ni anarquistas, sino bandas de malhechores degenerados, expresidiarios criminales natos sin ideología alguna que van a satisfacer feroces pasiones atávicas sin ideología alguna. Y la natural reacción a esto toma también muchas veces, desgraciadamente, caracteres frenopáticos. Es el régimen del terror. España está espantada de sí misma. Y si no se contiene a tiempo, llegará al borde del suicidio moral. Si el desdichado gobierno de Madrid no ha podido querer resistir la presión del salvajismo apellidado marxista, debemos esperar que el gobierno de Burgos sabrá resistir la presión de los que quieren establecer otro régimen de terror. En un principio se dijo, con buen sentido, que, ya que el movimiento no era una cuartelada o militarada, sino algo profundamente popular, todos los partidos nacionales antimarxistas depondrían sus diferencias para unirse bajo la única dirección militar, sin prefigurar el régimen que habría de seguir a la victoria definitiva. Pero siguen subsistiendo esos partidos: Renovación Española (monárquicos constitucionales), tradicionalistas (antiguos carlistas), Acción Popular (monárquicos que acataron la república) y no pocos republicanos que no entraron en el frente llamado popular. Y por haber manifestado mis temores de que esto acreciente el terror, el miedo que España tiene a sí misma y dificulte la verdadera paz; por haber dicho que vencer no es convencer ni conquistar es convertir el fascismo español ha hecho el gobierno de Burgos que me restituyó a mi rectoría... vitalicia! con elogios me haya destituido de ella sin haberme oído antes ni dándome explicaciones. Y esto, como se comprende, me impone cierto sigilo para juzgar lo que está pasando.

     Insisto en que el sagrado deber del movimiento que gloriosamente encabeza Franco es salvar la civilización occidental cristiana y la independencia nacional, ya que España no debe estar al dictado de Rusia ni de otra potencia extranjera cualquiera, puesto que aquí se está librando, en territorio nacional, una guerra internacional. Y es deber también traer una paz de convencimiento y de conversión y lograr la unión moral de todos los españoles para rehacer la patria que se está ensangrentando, desangrando, arruinándose, envenenándose o entonteciéndose. Y para ello, impedir que los reaccionarios se vayan en su reacción más allá de la justicia y hasta de la humanidad, como a las veces tratan. Que no es el camino el que se pretenda formar sindicatos nacionales compulsivos, por fuerza y amenaza, obligando por el terror a que se alisten en ellos a los ni convencidos ni convertidos. Triste cosa sería que al bárbaro, anti-civil e inhumano régimen bolchevísitico se quisiera sustituir con un bárbaro, anti-civil e inhumano régimen de servidumbre totalitaria. Ni lo uno ni lo otro, que en el fondo son lo mismo.

     (b) ya que se está aquí, en territorio nacional, ventilando una guerra internacional.

     (c) con cierto substrato patológico-corporal.

     Y en el aspecto religioso, a la profunda desesperación típica del alma española que no logra encontrar su propia fe. Y a la vez se nota en nuestra juventud un triste descenso de capacidad mental y un cierto odio a la inteligencia unido a un culto a la violencia por la violencia misma. 

                          Manifiesto de Unamuno, octubre-noviembre de 1936.

     Miguel de Unamuno (1864-1936) tuvo una última evolución ideológica en los tres meses anteriores a su muerte, 31 de diciembre de 1936. Desde el 12 de octubre con los sucesos del Paraninfo de la Universidad de Salamanca y su polémica con Millán Astray, pasó de adherirse a los sublevados del 18 de julio de 1936 a criticarlos mediante una serie de documentos junto al manifiesto que hemos reproducido y que se recoge en El resentimiento trágico de la vida. Notas sobre la Revolución y Guerra Civil. Será su testamento político. Recordemos que sufrió destierro durante la dictadura de Primo de Rivera en Fuerteventura.


Cocina de la casa de Unamuno en su destierro de Fuerteventura durante la dictadura de Primo de Rivera


     Entre los documentos que componen este corpus de pensamiento se encuentran las dos últimas cartas dirigidas a Quintín de Torre, 1 de diciembre y 13 de diciembre de 1936. La primera fue enviada con seguridad. En cuanto a la segunda, hay dudas de si finalmente se envió, después de haberse redactado. 

     El escultor Quintín de Torre y Miguel de Unamuno se conocían del ambiente intelectual de la ciudad que les había visto nacer, Bilbao. Al iniciarse la guerra, Torre está en Espinosa de los Monteros, Burgos, en zona nacional, pero cercana al frente de guerra. Unamuno se encuentra en Salamanca, ciudad decantada desde el principio hacia los sublevados y donde se había iniciado la persecución política contra los que no simpatizaban con el Movimiento. Las cartas dirigidas a Quintín de Torre muestran la decepción por haberse situado a favor del alzamiento. 

     De Torre se trasladaba en verano de Bilbao a Espinosa de los Monteros. Fue desde el principio controlada por los sublevados, aunque el frente estaba hasta el verano de 1937 cerca del límite con Cantabria en la zona montañosa. En su palacete de Cuevas de Velasco vivió la guerra y sobrevivió al escrutinio de los militares que sabían o conocían su amistad con Indalecio Prieto, bilbaíno también, y la realización de un busto de Manuel Azaña.

     En la primera carta que recibe de Unamuno, fechada el 1 de diciembre, el filósofo le cuenta que vive encerrado en su casa desde que el 12 de octubre dijo en el Paraninfo que vencer no es convencer. Que en la sede universitaria se oían voces de odio y escasa compasión. Que entre los hunos y los hotros se ensangrentaba España. Conocía que Quintín de Torre estaba cerca del frente de batalla, donde la gente podía morir, pero que en la retaguardia salmantina se fusilaba a los que no simpatizaban con el alzamiento militar. Temía que el régimen que se impondría no fuera mejor que el que había criticado antes de la guerra porque creía que quería imponer un régimen bolchevista, ruso o marxista.

     Quintín de Torre le contestó por carta. La envió abierta para facilitar el trabajo de la censura. Estaba saliendo de una enfermedad, pero lo que sus ojos veían del devenir de España le tenía anonadado. Vivía cerca de los enfrentamientos de tropas; llegaban informaciones a la zona nacional de las atrocidades de las tropas republicanas, y la impresión que da es que asume la zona de guerra donde le ha tocado estar. Era distinto a Unamuno, quien criticaba a los políticos de la República, pero ya atacaba sin piedad a los sublevados.

     En la segunda carta de Unamuno, se cuenta que Salamanca no tiene frente de guerra, pero el gobierno de Franco deja hacer y se persigue a judíos y masones, imponen multas que son robos y fusilan sin juicio. Para Unamuno, los franquistas atacan más a los liberales que a los bolcheviques, individualizándolo en Gil Robles, que se tuvo que recluir en su casa. Las cartas están en la Casa Museo de Unamuno en Salamanca. A imprenta fueron llevadas por primera vez en 1976 por José Bergamín. Se cree que, por la dureza de la segunda carta, no fue al final enviada por el intelectual vasco. Y, además, no existe contestación del escultor.

     Antes de ser llevadas a imprenta las cartas por Bergamín, fueron publicadas mutiladas por José Luis Cano en 1975 por la dureza de las mismas, según reconocía este investigador. Según Cano, la carta de 1 de diciembre contestaba a otra del escultor bilbaíno que le preguntaba sobre sus últimos libros. Y Unamuno descarga en su paisano el desengaño que sufre, contando al final que sus últimas publicaciones fueron El hermano San Juan y San Manuel Bueno, mártir

     Quintín de Torre se hizo depositario de parte del último pensamiento político del filósofo vasco antes de despedirse de este mundo. Había nacido en la convulsa política de la década de 1860 y moría con una guerra cruel, la española.

     Quintín perdió a uno de sus hijos en el frente de Lérida. Tras la guerra civil estuvo muy solicitado como imaginero religioso. Para reconocer su valía, reproducimos dos obras de Quintín. La que elabora en Manzanares de Nuestro Padre Jesús del Perdón (1942) y la que esculpe en Zamora para la cofradía relacionada con excombatientes de la guerra de Jesús en la Tercera Caída (1947). No haremos un estudio, pero dejamos que observen las diferencias en el rostro y la similitud en las aguas, colores y remates de las túnicas y añadimos la escultura original de Manzanares, anterior a su destrucción en 1936, por la fotografía de Bernardo Portuondo para el Catálogo Monumental de la provincia de Ciudad Real (1917).


Jesús del Perdón anterior a 1936. Bernardo Portuondo. Catálogo monumental de la provincia de Ciudad Real. Copia.


Nuestro Padre Jesús del Perdón de Manzanares. Quintín de Torre. 1942. Radio Surco.




Jesús en la tercera caída. Zamora. Quintín de Torre. 1947


     Desde la guerra civil, a Quintín de Torre se le diagnosticó que sufriría parálisis general progresiva. Su salud nunca fue buena y tuvo que realizar ejercicios para el fortalecimiento de sus músculos, por lo que alguno de sus trabajos hubo de compartirlos con miembros de su taller que en la década de 1940 se instaló en la madrileña calle Villanueva número 29. 

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     Referencias:

    - URRUTIA LEÓN, MANUEL MARÍA: Un documento excepcional: el manifiesto de Unamuno a finales de octubre-principios de noviembre de 1936. Revista de Hispanismo Filosófico, número 3, 1998, páginas 95-101.  

    - GARCÍA DE JUAN, MIGUEL ÁNGEL: Las dos cartas de Miguel de Unamuno a Quintín de Torre en diciembre de 1936: Examen filológico y de la azarosa suerte de la segunda. En Boletín de la Biblioteca de Menéndez Pelayo, XCIC-1, 2023. Páginas 77-89.

    - CANO, JOSE LUIS: Dos cartas de Unamuno sobre la guerra civil. En Los cuadernos del Norte. Número 40. Diciembre 1986-febrero 1987. 

     - BERNARDO PORTUONDO: Catálogo monumental de la provincia de Ciudad Real. 1917-1972.

     - GARCÍA-LOZANO, RAFAEL GARCÍA: Inspiración de inspiración. El sello de Quintín de Torre en la obra de Raimundo Rubal. Estudios mindonienses, volumen 38. 2025. Páginas 443-457.







21-08-2026 13:03 actualizado... 22-08-2026 10:39

Nota sobre los debates doctrinales de una nueva religión (1)

 

     

Representación del Crismón como Anastasis o Resurrección


     Según Antiseri y Reale, Cristo anunció su mensaje de forma verbal. Tras su muerte, su palabra se plasmó en algunos escritos a partir de mediados del primer siglo. Textos que se multiplicaron con el paso del tiempo, de los que hubo que desbrozar una selección que garantizase una credibilidad histórica.    

     Los primeros textos recogidos, parece, fueron las Cartas dirigidas por el apóstol Pablo a las comunidades cristianas. La fijación del canon definitivo fue compleja y larga, los tres primeros siglos, porque se tuvo que excluir algunos textos que eran familiares y apreciados. El canon del Nuevo Testamento fue fijado por una carta de Atanasio en el 367, aunque, con posterioridad, aparecieron textos pretendidamente sagrados. Los textos excluidos o redactados posteriormente fueron denominados Apócrifos del Nuevo Testamento.

     En cuanto al Antiguo Testamento, el cristiano debía aceptarlo. Según el Evangelio de Mateo, Cristo dijo que no había venido a abolir la ley y a los profetas, que antes pasarían el cielo y la tierra que dejar de cumplir la ley hasta que todo se cumpla[1]. El problema era conciliar las expresiones veterotestamentarias con las del Nuevo. Pero los gnósticos lo rechazaban por considerar al Dios del Antiguo Testamento distinto y menor al del Nuevo Testamento. Para otros, el lenguaje antropomorfo del Antiguo era otra dificultad. Estos debates propiciaron una interpretación alegórica (Filón de Alejandría), que abrió distintos planos de comprensión del texto bíblico con su reflexión moral, teológica y filosófica.

     Hubo que defenderse, obviamente, de los ataques de adversarios: judíos, paganos y herejes. Esta situación exigió una complicada tarea para los Padres de la Iglesia como pensadores que han contribuido a la elaboración de la doctrina cristiana. La idea que sobresale era que hasta los más doctos padres tenían un interés religioso/teológico porque su filosofía era parte integrante de su fe. Esta tarea tuvo tres fases:

-       La época de los padres apostólicos del siglo I

-       La época de los padres apologistas del siglo II

-       La época de la patrística en sentido estricto, desde el siglo III hasta el inicio de la Edad Media, en la que los elementos filosóficos, en especial el platonismo, tuvieron un papel reseñable.

       Los principales principios teológicos debatidos que necesitaron de la filosofía fueron la Trinidad; la encarnación; las relaciones entre la libertad y la gracia; y las relaciones entre fe y razón.

     El dogma de la Trinidad tuvo su formulación en el concilio de Nicea, 325, tras denunciar el adopcionismo (Cristo es adoptado por Dios Padre) por comprometer su divinidad, y el modalismo, que consideraba la Trinidad como formas de ser de un único Dios. Había, además, otras posturas con afinidad a estas dos.

     La encarnación de Cristo exigió un laborioso empeño a través del tiempo porque existía la posibilidad de la escisión de las naturalezas de Cristo, divina y humana, como ocurría con el nestorianismo, o con la reducción de las dos a una sola persona, como sucedía con el monofisismo. En el 431, el concilio de Éfeso condena el monofisismo, y en el 451, en el concilio de Calcedonia, fue condenado el nestorianismo. Se afirmó la idea de dos naturalezas en una sola persona, Jesús, como verdadero Dios y hombre.

     Al estudio de la libertad y la gracia dedicaremos un espacio especial con Agustín de Tagaste o Hipona, San Agustín.

     Las relaciones entre fe y razón fueron estudiadas por la escuela catequética de Alejandría, en San Agustín encuentra una primera propuesta clarificadora, y ocupará un lugar central de debate, con la escolástica a la cabeza, dando lugar a diversa soluciones e implicaciones.

     El texto básico que ayudó al uso de la razón y a la sistematización de la doctrina cristiana es el prólogo del Evangelio de Juan, junto a las Cartas de Pablo. Allí se habla de Verbo o Logos divino. Y de Cristo como Logos:

     1En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba junto a Dios, y el Verbo era Dios. 2Él estaba en el principio junto a Dios. 3Por medio de él se hizo todo, y sin él no se hizo nada de cuanto se ha hecho. 4En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. 5Y la luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no lo recibió. 6Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: 7este venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él. 8No era él la luz, sino el que daba testimonio de la luz. 9El Verbo era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre, viniendo al mundo. 10En el mundo estaba; | el mundo se hizo por medio de él, y el mundo no lo conoció. 11Vino a su casa, y los suyos no lo recibieron. 12Pero a cuantos lo recibieron, les dio poder de ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre. 13Estos no han nacido de sangre, ni de deseo de carne, | ni de deseo de varón, sino que han nacido de Dios. 14Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria como del Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad. 15Juan da testimonio de él y grita diciendo: «Este es de quien dije: el que viene detrás de mí se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo». 16Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia. 17Porque la ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad nos han llegado por medio de Jesucristo. 18A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios unigénito, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.

     En este texto se enumeran los problemas esenciales. La noción de Logos permitió utilizar una serie de elementos del helenismo (con un concepto del Logos concluido) de manera fecunda.[2]

Los tres hebreos salvados por Dios del fuego eterno.




[1] Mateo 5, 17-19.

[2] REALE, G. y ANTISERI, D.: Historia del pensamiento filosófico y científico I Antigüedad y Edad Media. Herder. Barcelona. 1988. ISBN: 978-84-254-1587-6. Páginas 351-353.

Visiones históricas de Las Hurdes_1: Concha Méndez.

                    Concha Méndez con Altolaguirre, Prados y Dalí. Torremolinos. Wikimedia      Nos proponemos dar dos o tres visiones sobre...