Cultura y sociedad

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El campeonato de España de fútbol de 1928

    

Arrillaga , Samitier y el árbitro Vallana. El Heraldo de Madrid. 21-05-1928.


     Fue allí, en Tudanca, donde del verso corto, frenado, castigado, pasé insensiblemente a otro más largo, más moldeable al movimiento de mi imaginación de aquellos días. Escribí entonces «Tres recuerdos del cielo», el primer y espontáneo homenaje de mi generación a Gustavo Adolfo Bécquer. (Mucho más tarde vendrían los de otros.) Pero de pronto, dejando a un lado alas y tinieblas, hice una oda a un futbolista —«Platko»—, heroico guardameta en un partido entre el Real de San Sebastián y el Barcelona. Fue en Santander: 20 de mayo de 1928. Allí fui con Cossío a presenciarlo. Un partido brutal, el Cantábrico al fondo, entre vascos y catalanes. Se jugaba al fútbol, pero también al nacionalismo. La violencia por parte de los vascos era inusitada. Platko, un gigantesco guardameta húngaro, defendía como un toro el arco catalán. Hubo heridos, culatazos de la Guardia Civil y carreras del público. En un momento desesperado, Platko fue acometido tan furiosamente por los del Real que quedó ensangrentado, sin sentido, a pocos metros de su puesto, pero con el balón entre los brazos. En medio de ovaciones y gritos de protesta, fue levantado en hombros por los suyos y sacado del campo, cundiendo el desánimo entre sus filas al ser sustituido por otro. Mas, cuando ya el partido estaba tocando a su fin, apareció Platko de nuevo, vendada la cabeza, fuerte y hermoso, decidido a dejarse matar. La reacción del Barcelona fue instantánea. A los pocos segundos, el gol de la victoria penetró por el arco del Real, que abandonó la cancha entre la ira de muchos y los desilusionados aplausos de sus partidarios. Por la noche, en el hotel, nos reunimos con los catalanes. Se cantó Els segadors y se ondearon banderines separatistas. Y una persona que nos había acompañado a Cossío y a mí durante el partido, cantó, con verdadero encanto y maestría, tangos argentinos. Era Carlos Gardel. (Rafael Alberti. La arboleda perdida)

     El recuerdo de Alberti unió dos partidos en uno. Por la correspondencia entre José María de Cossío y Gerardo Diego, conocían algunos jugadores del nuevo deporte de moda, el fútbol. A continuación, citamos a Gerardo Diego, que siente no haber asistido a los dos partidos del Campeonato de España.


La Nación, 21-05-1928

           Querido José María: Sentí en efecto perderme la epopeya de Santander, en dos partes. ¿Visteis también la segunda? (Carta de Gerardo Diego a José María de Cossío a finales de mayo de 1928). La vinculación con el nuevo deporte de moda entre los miembros de la generación del 27 llevó a tener amistad con algún jugador famoso, como vemos en otra carta de Diego a Cossío:

     Hice el viaje de ida con el Barcelona F. C. Me aburrí bastante porque se pasaban la vida jugando al póker, 7 y media, chamelo, etc., cantidades inabordables para mi pobreza e inocencia en esos juegos. Y luego, ese maldito catalán del que apenas se apeaban. Por lo demás bien. Allí, fui invitado por ellos al hotel a comer y a ver un partido de argentinos donde representé bastante bien el papel de delegado catalán. (Carta de Gerardo Diego a José María de Cossío el 22 de noviembre de 1928 tras su viaje a Uruguay y Argentina, donde enfermó. Tenía amistad con Samitier).

     Según la prensa de la época, hubo dos partidos. Uno, el 20 de mayo de 1928. Otro, dos días después. Ambos acabaron con empate tras la prórroga. El árbitro del segundo partido fue el célebre Pedro Escartín, quien, a juicio del corresponsal de El Sol, estuvo acertado, pese a las críticas de los guipuzcoanos. El partido de desempate quedó aplazado hasta después de las Olimpiadas, en las que el fútbol era disciplina olímpica y no había todavía campeonato del mundo. Los jugadores estaban agotados. El torneo olímpico lo ganó Uruguay. En 1930 se celebró la primera Copa del Mundo. 
     Continuando con el Campeonato de España, hubo incidentes tras el segundo partido.
     Un grupo de seguidores vascos del Real de San Sebastián insulta a Samitier, jugador del Barcelona, que contesta propinando un puñetazo al que le injuria y marchándose al vestuario, a donde se dirigen los seguidores vascos. En la caseta se produce una batalla campal, que no pasó a mayores por la intervención de la fuerza pública, que llegó a simular una carga policial para disolver a los grupos que se acercaban. La caseta del vestuario del Barcelona fue acordonada para que no entrase nadie ajeno al equipo. Únicamente resultó herido Ramón, reserva del Barcelona, el cual, al intentar reunirse con su equipo, recibió un culatazo en el pecho. Estos incidentes fueron reseñados de esta manera por los corresponsales de El Diario Español y El Mundo. El corresponsal de El Sol habla de algunos incidentes porque seguidores de uno y otro equipo querían entrar en las casetas de vestuario de los equipos. Esto provocó que la Guardia Civil tuviera que desenvainar sus sables para contener a las dos aficiones. Y necesitaron entrar en las casetas para que no se agrediesen entre jugadores y directivos de ambos equipos, imponiendo su autoridad a culatazos. La excitación, según parece, fue muy intensa.
     Lo que sí fue memorable es la memoria parcial de Rafael Alberti. Memorable porque se quedó con la visión de Platko herido en el primer partido. Recuerdo que dio lugar a la oda deportiva más famosa de la literatura española, al menos para los seguidores del Barcelona. Nadie es/somos perfectos. Donde el heroísmo, el sacrificio y la mitificación preludian algunos de los temas de Llanto por Ignacio Sánchez Mejías de Federico García Lorca, con la diferencia de la supervivencia del portero, careciendo del tema clásico de la muerte en la literatura, propio de esta bella elegía lorquiana. Dejamos la Oda a Platko de Rafael Alberti como final de la exaltación deportiva:

     Platko
     (Santander, 20 de mayo de 1928)
     Nadie se olvida, Platko,
     no, nadie, nadie, nadie,
     oso rubio de Hungría.

     Ni el mar, 
     que frente a ti saltaba sin poder defenderte.
     Ni la lluvia. Ni el viento, que era el que más regía.

     Ni el mar, ni el viento, Platko,
     rubio Platko de sangre,
     guardameta en el polvo,
     pararrayos.

     No, nadie, nadie, nadie.

     Camisetas azules y blancas, sobre el aire,
     camisetas reales,
     contrarias, contra ti, volando y arrastrándote,
     Platko, Platko lejano,
     rubio Platko tronchado,
     tigre ardiendo en la yerba de otro país. ¡Tú, llave,
     Platko, tú, llave rota, 
     llave áurea caída ante el pórtico áureo!

     No, nadie, nadie, nadie,
     nadie se olvida, Platko.

     Volvió su espalda al cielo.
     Camisetas azules y granas flamearon, 
     apagadas, sin viento.
     El mar, vueltos los ojos,
     se tumbó y nada dijo.
     Sangrando en los ojales,
     sangrando por ti, Platko,
     por tu sangre de Hungría,
     sin tu sangre, tu impulso, tu parada, tu salto,
     temieron las insignias.

     No, nadie, Platko, nadie.
     nadie, nadie se olvida.

     Fue la vuelta del mar.
     Fueron
     diez rápidas banderas
     incendiadas, sin freno.

     Fue la vuelta del viento.
     La vuelta al corazón de la esperanza.
     Fue tu vuelta.

     Azul heroico y grana,
     mandó el aire en las venas.
     Alas, alas celestes y blancas, rotas alas,
     combatidas, sin plumas, encalaron la yerba.

     Y el aire tuvo piernas,
     tronco, brazos, cabeza.

     ¡Y todo por ti, Platko,
     rubio Platko de Hungría!

     Y en tu honor, por tu vuelta,
     porque volviste el pulso perdido a la pelea,
     en el arco contrario el viento abrió una brecha.

     Nadie, nadie se olvida.

     El cielo, el mar, la lluvia lo recuerdan.
     Las insignias.
     Las doradas insignias, flores en los ojales,
     cerradas, por ti abiertas.

     No, nadie, nadie, nadie, 
     nadie se olvida, Platko.

     Ni el final: tu salida,
     oso rubio de sangre,
     desmayada bandera en hombros por el campo.

     ¡Oh, Platko, Platko, Platko,
     tú, tan lejos de Hungría!

     ¿Qué mar hubiera sido capaz de no llorarte?

     Nadie, nadie se olvida,
     no, nadie, nadie, nadie.


En la tercera final del Campeonato de España ganó el Barcelona. Wikipedia.



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     Referencias consultadas:

     ALBERTI, R.: La arboleda perdida.

     El Heraldo de Madrid, 21-05-1928

     La Nación, 21 de mayo de 1928.

     El Diario Español, 23 de mayo de 1928

     El Mundo de Madrid, 23 de mayo de 1928

     El Sol, 23 de mayo de 1928.

     DIEGO, G./COSSÍO, J.M.: Epistolario. Nuevas claves de la Generación del 27. Ediciones de la Universidad de Alcalá de Henares y Fondo de Cultura Económica. Edición de Rafael Gómez de Tudanca. Prólogo de Elena Diego. 1996.

     ALBERTI, R.: Cal y canto. Platko. El tema de la sangre, la vida o la muerte saliendo por los ojales debe ser un recurso literario recurrente de Alberti. En Joselito en su gloria utiliza un término popular andaluz, alamar, para indicar ¡que se me escapa la vida / por entre los alamares!, como se aprecia en el manuscrito que se guarda en el Archivo Museo Sánchez Mejías.






    18-07-2026, 10:51, actualizado el día que España ganó el mundial de fútbol. 19-07-2026 9:31

Ni más ni menos

          



     Amorós relata sobre Ignacio Sánchez Mejías que, aunque Ni más ni menos, obra teatral del mecenas y miembro de la generación del 27, no se editara ni estrenara, tenía el interés de su argumento y esencia. 

     Un ladrón de guante blanco es asesinado en un robo y su espíritu vaga por el éter. El espectador ve una gran balanza con sus platillos sobre el decorado. Sobre el platillo derecho, un ángel; sobre el platillo izquierdo, un demonio. Los platillos oscilan conforme se cuenta el balance de virtudes y defectos. Amorós recuerda el fenómeno teatral de la década de 1920 de la revitalización de la técnica del auto sacramental barroco sin su fundamento teológico. Se recuerda aquí que una de las primeras obras que representó García Lorca en La Barraca fue La vida es sueño, auto sacramental de 1677 de Calderón de la Barca. No confundir con su drama del mismo nombre de 1635. Una de las primeras actrices de la compañía universitaria, María del Carmen García Lasgoity, cita entre los asistentes a los ensayos de los barraquitos a Ignacio Sánchez Mejías.

      En el decorado se dibuja la cara del ladrón asesinado con sus ojos proyectando una luz dirigida a uno de sus socios que, apartado, no se mezclará en el diálogo en un primer momento. Amorós ve influencias del cine expresionista o fantástico. El gabinete del doctor Caligari de Robert Wiene se estrenó con gran repercusión cultural en 1920 e influencia en García Lorca, Rafael Alberti y los miembros del Cine Club Español de la Residencia de Estudiantes (Gubern). El espiritismo tuvo éxito hace cien años porque se editaban revistas como Lumen (Tarrasa), de temática científico-filosófica de estudios psicológicos.

      La afición por el cine fue un signo característico de la vanguardia española del primer tercio del siglo XX. Maruja Mallo ilustró la revista cinematográfica Hollywood (Relatos contemporáneos) del peruano Xavier Abril, o un libro que no salió a la luz en colaboración con Rafael Alberti sobre cine mudo (Gubern). Y, finalmente, antes de pasar a la exposición que origina esta reseña, se recuerda la hibridación de colaboraciones que caracterizó a estos artistas.

      Del ocho de abril al diecisiete de mayo se expone en la sala de exposiciones temporales de la Casa Malpica de Manzanares la colaboración desconocida entre Maruja Mallo e Ignacio Sánchez Mejías. Diecisiete bocetos de estilización vanguardista se acompañan de vitrinas y paneles explicativos de una colaboración experimental que sale a la luz un siglo después.



     La familia Recasens Sánchez Mejías ha cedido originales manuscritos y mecanoscritos de la obra. Se han recopilado documentos de hemeroteca sobre el reconocimiento en los años anteriores a la guerra civil de Maruja Mallo, las versiones de la obra teatral de Sánchez Mejías, la influencia literaria inglesa en Ni más ni menos y una pintura preparatoria del decorado que preparaba Maruja Mallo.

     Los paneles guían por la trayectoria vital de Maruja Mallo, las intenciones estilísticas que se propone para llevar a cabo la escenografía de la obra de Ignacio y las entrañas teatrales de una pieza que no subió a los escenarios. 

     ¿Consigue Adriana escapar del acoso del jefe de policía? ¿Consigue Raffles reunirse con su amada tras equilibrar virtudes y culpas?...

     La astucia de Ulises, el amor imposible de Píramo y Tisbe, el periplo viajero de Orfeo y Eurídice... Temas eternos en todo drama.   



     La alegoría abocetada del Ángel y el Demonio es una de las creaciones más expresivas del conjunto. El bien y el mal, las virtudes y los defectos pesan en la balanza vital del ladrón enamorado. Los figurines de indumentaria social informan de las diferencias de clase que tienen los personajes de la obra de Mejías. Para esta distinción, Mallo utiliza el color. Del realismo crudo de los marginados a la simbología de los seres sobrenaturales, pasando por la sofisticación de la alta sociedad. También hay una gradación del color por la edad, como se puede observar en los ángeles de mayor edad, donde se subraya su jerarquía divina, sabiduría, misericordia y cambio.


     En la exposición se muestra una pintura preparatoria de decorado donde se representa un ángel con alas extendidas, situadas en torno a un decorado mezcla de elementos arquitectónicos y naturales de temática surrealista. En los paneles ad hoc se indica la tendencia de la artista a la organización geométrica de la naturaleza, así como el uso de formas puras y la creación de una atmósfera onírica. Pasen, disfruten y vean.


     Ficha. 

      Sala de Exposiciones Temporales de Casa Malpica, Calle Monjas, 12, 13200 Manzanares. 926614056. Museos de Manzanares. Del 8 de abril al 17 de mayo.




9-4-2026 12:37     Actualizado 5-06-2026 16:51

El Greco, Góngora, Alberti, Falla...

      

Sepulcro de Góngora. Capilla de san Bartolomé y san Esteban. Mezquita de Córdoba. bmre.


     Contaba en 1927 Enrique Romero de Torres, también pintor como su famoso hermano, que Francisco Pacheco encargó a su yerno Diego Velázquez, cuando viajó a la capital para visitar El Escorial, un retrato de Luis de Góngora. Se ha creído durante muchos años que ese cuadro era el depositado en el Museo del Prado. En realidad, es una copia del original, que fue muy celebrado en su tiempo, y que se exhibe en el Museum Fine Arts de Boston. El autor de la copia es anónimo y Enrique Romero de Torres reflexionaba en los comienzos de 1927 sobre la autoría del retrato del Prado cuando se iba a cumplir el centenario del vate cordobés. Era un retrato sobre el que se habían hecho múltiples versiones o copias, de mejor o peor calidad. Romero de Torres seguía pensando en 1927 que era obra de Velázquez. Hubo también una teoría expresada por Enrique Romero de Torres: La existencia de un retrato de Góngora pintado por El Greco, tesis de un crítico portugués y obra no conocida. El artículo de Romero de Torres finaliza así:
     "Si el semblante es el espejo del alma, al contemplar estos retratos de Góngora, de rostro largo y abultado, ojos pequeños y mirada penetrante, nariz larga y encorvada, fruncido entrecejo, barbilla saliente y boca sumida plegada con maliciosa rigidez, vemos también la fisonomía moral de aquel ingenio que causó una gran revolución en nuestra literatura nacional y a quien la posteridad le dio el honroso dictado de Príncipe de los poetas líricos de España." (Mayo 1927, Enrique Romero de Torres, BRAC)

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     Decía Alberti que "a mí siempre, al lado de Tintoretto y Tiziano, sin olvidar al Veronés, me arrebató El Greco, amando su apasionada y punzante locura, como ascendiendo a vértice de llama, a luz hecha salmuera, a lava de espíritu candente. Lo llamé en mi libro A la pintura: 

     purgatorio del color, castigo,

desbocado castigo de la línea,

descoyuntado laberinto, etérea

cueva de misteriosos bellos feos,

de horribles hermosísimos, penando

sobre una eternidad siempre alumbrada!

     Entre los más grandes admiradores que tuvo El Greco se encontraba Góngora, que le dedicó un alambicado soneto que estuvo grabado en su lápida de la iglesia de San Torcuato, que más tarde fue perdida, perdiéndose la tumba del pintor:

     Esta en forma elegante, ¡oh, peregrino!,

de pórfido luciente dura llave,

el pincel niega al mundo más süave,

que dio espíritu a leño, vida a lino.

    El Greco había muerto en 1614, dos años antes que Cervantes y Shakespeare... Trece años después moría Góngora, dando lugar con esa fecha—1627—al origen de nuestra generación llamada del 27...

Fuente: ABC, 31-12-1929

     ... En esta larga y casi milagrosa travesía hacia mi río del Olvido, ese Guadalete que por mi pueblo discurre bajo el puente de San Alejandro (hoy desaparecido) y con cuyas aguas me veré confundido un día no muy lejano, me han acompañado, en momentos muy distintos de mi vida, María Teresa y María Asunción... (Alberti, R.: La arboleda perdida, V, 1988-1996).



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Góngora


     En el Boletín musical de Córdoba de 1928 se publicaba la siguiente reseña musical sobre Manuel de Falla:
     "Las últimas obras de Falla son: Homenaje para guitarra; «Córdoba», obra escrita para voz y arpa sobre un soneto de Góngora, homenaje espiritual a la memoria del vate cordobés; y el Concierto de «Clavicémbalo», dado a conocer en el pasado mes de noviembre por la orquesta del Palacio de la Música y considerado por la crítica como una de las páginas representativas del arte musical contemporáneo..." (José Algibez, Boletín musical de Córdoba, marzo de 1928).



 
Manuel de Falla para "Litoral", 5-6-7, octubre 1927.


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     Tomamos esta nota el 14-12-2022 en el Archivo Museo Sánchez Mejías:      "Revista Litoral- SM 82E LIT-, facsímil de los nueve números publicados entre 1926 y 1929 en Málaga, y de los tres números editados en México en 1944. Introducción de Julio Neira. Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales, 2007. Edición al cuidado de publicaciones de la Residencia de Estudiantes. Málaga: 9 números, 1926-1929, Emilio Prados y Manuel Altolaguirre. México: 3 números, 1944, Rejano, Giner, Moreno Villa, Prados y Altolaguirre. Nos interesa el número 5-6-7, octubre 1927, por las colaboraciones sobre Góngora, más valiosas por las colaboraciones de pintores como Gris, Picasso, Dalí, Palencia, Prieto y, curiosamente, José María de Cossío." (Revisaremos con otros artículos o estudios).


Benjamín Palencia para "Litoral", 5-6-7, octubre 1927.


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     "En este contexto se encontraban cuando decidieron acometer un volumen triple de la revista dedicado a don Luis de Góngora, culminación del homenaje mediante el que, con motivo del tercer centenario de su muerte, el grupo de poetas jóvenes reivindicaba su concepto de la poesía y reafirmaba una identidad estética coherente." (Introducción, Neira, J: Manuel Altolaguirre: impresor y editor. Universidad de Málaga y Residencia de Estudiantes. Ficha 14-12-22 Archivo ISM).
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     Contaba, y finalizamos, Miguel Artigas en 1927 en el Boletín de la Real Academia de Ciencias, Bellas Letras y Nobles Artes de Córdoba que, en los últimos años de Luis de Góngora, había menguado su fortuna, que, desaparecido Lerma y Felipe III, tuvo que esperar a ganarse la confianza del conde-duque de Olivares, quien lo terminó admirando o temiendo y le concedió su amistad. El mantenimiento del prestigio familiar, especialmente el de los Góngora maternos, exigía unos gastos que sus deudos pedían. Olivares le dio una pensión de 4.000 ducados en Córdoba y hábitos de Santiago a alguno de sus deudos. Poco pudo disfrutarla. Se le concedió en 1625 cuando tuvo su ataque de apoplejía, trastornando su memoria. La reina Isabel de Borbón, una de las musas de sus poesías, le envió sus mejores médicos. Algo mejoró para después acabar falleciendo el 16 de mayo de 1627. Fue sepultado en la capilla de San Bartolomé de la Mezquita Catedral de Córdoba, donde estaban enterrados sus padres y deudos, y donde durmió junto a su ensalzado Guadalquivir: 

 ¡Oh excelso muro, oh torres coronadas
 de honor, de majestad, de gallardía!
 ¡Oh gran río, gran rey de Andalucía,
 de arenas nobles, ya que no doradas!

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     En estos días que los ríos Guadalete y Guadalquivir parecían leones furiosos, recordamos a algunos que disfrutaron de su vista.

 6-2-26 22:05... Actualizado  9-2-2026 20:35


Sermones, moradas, amistades y elegías.

     

Tudanca, valle del Nansa, desde la Casona en el mes de febrero. bmre.


     En los primeros días de enero aparecerá en la revista Siembra de Manzanares una reseña del Archivo Museo Ignacio Sánchez Mejías

     Hay dos medicinas contra quien ignora: el tiempo y el conocimiento. Y otra, contra el que odia, el amor.


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      ¿Cuándo empezó la amistad entre José María de Cossío e Ignacio Sánchez Mejías?

     "A José del Río que recibí las fotografías con el intermedio de Sánchez Mejías..." . Carta de José María de Cossío a Gerardo Diego el 9 de agosto de 1920 desde Tudanca que revela que ya tenía la suficiente amistad con Ignacio para que hiciese de correo entre José del Río, Pick, y el señor de Tudanca. Cossío había viajado con la cuadrilla de Joselito, según el kilométrico que se guarda en la casona de Tudanca. Ignacio Sánchez Mejías fue banderillero de Rafael El Gallo y Joselito.

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     ¿Y la amistad entre Sánchez Mejías y Rafael Alberti?:

     El entusiasmo taurino de José María de Cossío, nueva amistosa adquisición de nuestras reuniones gongorinas me llevó una tarde a conocer, en el hall del Palace Hotel, a un tipo excepcional, que sería, luego de su horrorosa muerte, héroe de una de las mejores elegías derramada de pluma española: Ignacio Sánchez Mejías, tan sólo matador de toros en aquellos momentos. (Digo «tan sólo» porque poco más tarde llegó a ser autor dramático, y, con la asesoría de García Lorca, animador y empresario de una compañía de bailes españoles encabezada por su amiga Encarnación López, «La Argentinita»).  

     Así describía Alberti a Ignacio Sánchez Mejías en La arboleda perdida cuando lo conoció. Y evocaba su horrorosa muerte. La muerte fue un tema importante para García Lorca y Alberti. Vamos a relacionar esta idea de muerte con su poemario Sermones y moradas por alguno de ellos, empezando por la significación de la sangre y la visualización de la muerte.

     Según Casado, el concepto albertiano de la sangre ha de interpretarse como la propia conciencia, como el pasado no superado, que tira de él hacia lo más profundo, oscuro y desasosegante, como vemos en el poema Sermón de la sangre

     La edad terrible de violentar con ella las puertas más cerradas, los años más hundidos por los que descender a tientas, siempre con el temor de perder una mano o de quedar sujeto por un pie a la última rendija, esa que filtra un gas que deja ciego y hace oír la caída del agua en otro mundo, la edad terrible está presente, ha llegado con ella y la sirvo:

mientras me humilla, me levanta, me inunda, me desquicia, me seca, me abandona, me hace correr de nuevo, y yo no sé llamarla de otra forma:

Mi sangre

     ¿Es la bajada a los infiernos? ¿Es una vuelta al pasado? Casado ve que Alberti no desea que la vuelta al pasado sea un estancamiento que impida avanzar porque el infierno puede ser uno mismo.

     En Adiós a la sangre, el poeta dice:

     Sujetadme,

sujetad a mi sangre,

paredes,

muros que la veláis y la separáis de otras sangres que duermen.

¿Yo me decía adiós porque iba hacia la muerte?

     Y nos cuenta que se diferencia de otras sangres dormidas porque no les tortura el pasado y regresar a él. Y si se despide de su sangre, está emergiendo la muerte.

     La muerte emerge primero en los otros, pero poco a poco toma conciencia de la propia. En otro poema de Sermones y moradas, Espantapájaros, aparece esa preocupación de la muerte:

     Ya en mi alma pesaban de tal modo los muertos futuros

que no podía andar ni un solo paso sin que las piedras revelaran sus entrañas...

Se hace imposible el cielo entre tantas tumbas anegadas de setas corrompidas.

¿Adónde ir con las ansias de los que han de morirse? 

     La preocupación por los otros muertos, obstáculo para volver al edén pasado, se ve también en la elegía que escribe por la muerte de Fernando Villalón, quien fallece con una última voluntad consistente en enterrarle con el reloj en marcha. Alberti utiliza este deseo para hacer el esquema de su elegía, que Casado cree, es algo posible, que influya en García Lorca a la hora de escribir Llanto por Ignacio Sánchez Mejías:

    "... para que a la una en punto desaparecieran las islas, 

para que a las dos en punto a los toros más negros se les volviera blanca la cabeza,

para que a las tres en punto una bala de plomo perforara la hostia solitaria expuesta en la custodia de una iglesia perdida en el cruce de dos veredas: una camino de un prostíbulo y otra de un balneario de aguas minerales,

(y el reloj sobre el muerto)

para que a las cuatro en punto la crecida del río colgara de una caña el esqueleto de un pez aferrado al pernil de un pantalón perteneciente a un marino extranjero,

para que a las cinco en punto un sapo extraviado entre las legumbres de una huerta fuera partido en dos por la entrada imprevista de una rueda de coche volcado en la cuneta,

para que a las seis en punto las vacas abortadas corrieran a estrellarse contra el furgón de cola de los trenes expresos, ..."

     Y así hasta las doce en punto:

     "... y para que a las doce en punto a mí se me paralizará la sangre y con los párpados vueltos me encontrara de súbito en una cisterna alumbrada tan sólo por los fuegos fatuos que desprenden los fémures de un niño sepultado junto a la veta caliza de una piedra excavada a más de quince metros bajo el nivel del mar..." 

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     Alberti, según La arboleda perdida, le recitó unos poemas a Ignacio, el nuevo amigo, tras ser presentado por Cossío:

     "Cossío, apasionado de mis versos, me pidió recitarlos inmediatamente, casi al mismo tiempo en que Ignacio me abrazaba y pedía a un mozo del hotel una buena botella de manzanilla... Comencé. Sánchez Mejías los escuchaba atento, abierta una sonrisa en su rostro viril...

     -¡Qué bruto!- comentó, interrumpiéndome, pero indicándome con la mano que siguiera. Concluido el recitado, le dije que aquella expresión, en boca de un hombre que había lidiado y dado muerte a más de setecientos toros, no sólo me parecía justa sino que me llenaba de orgullo"

     Después le leyeron un poema dedicado a otro torero, admirado por Bergamín, Cossío y Alberti. Y aquí apareció la rivalidad profesional con el Niño de la Palma, con un ¡Lástima de poema!

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     Ahora que llega otro diciembre pariente de los actos fundacionales sevillanos, es bueno recordar cómo se gestó la primigenia amistad de unos jóvenes idealistas en palabras de uno de ellos: 

     "Me parece oportuno recordar que la celebración sevillana de otros actos del centenario, si se pudo celebrar con el esplendor y las más sonoras campanadas que repercutirían en pocos años por todo el universo mundo de la lengua y la poesía, se hizo gracias a Cossío. Él, con su arte y 'aquel' para aunar aficiones, estamentos y voluntades, fue el que presentó a Ignacio Sánchez Mejías. Este insigne diestro fue el que ideo y sufragó la invitación al Ateneo de Sevilla, a la que sucederían por sus pasos contados las otras conmemoraciones del centenario y lo demás que siguió hasta su propia muerte, motivo de la más excelsa poesía. Si el toreo se ha cantado con verdadera elevación en nuestro siglo ha sido, por los poetas andaluces, Manuel Machado, Federico y Rafael Alberti, a los que andando los años había de incorporarse otro andaluz, otro sevillano o malagueño- Vicente Aleixandre- que en sus 'Diálogos del conocimiento' ha escrito un bellísimo y profundo poema absolutamente genial" (Gerardo Diego, "Boletín de la Real Academia Española, 1977).

     Concluyamos con un bucólico vídeo de la Casona de Tudanca, con menos barro que cuando se visitó, y recordemos a Pereda, Unamuno, José María de Cossío, José del Río 'Pick', Rafael Alberti, Federico García Lorca, que estuvieron por allí, entre otros, y, aunque no se ve en el vídeo, un retrato dedicado por Ignacio Sánchez Mejías que vaga por allí.

     


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     Referencias:

       - Alberti, R.: Sermones y moradas. Poemas: Sermón de la sangre; Adiós a la Sangre; Espantapájaros; Ese caballo ardiendo por las arboledas perdidas; Sermón de las cuatro verdades

       - Alberti, R.: «La arboleda perdida», Seix Barral y Círculo de Lectores, Barcelona, 1959-1975.

        - Gerardo Diego y José María de Cossío. Epistolario, Nuevas claves de la generación del 27. U. de Alcalá de Henares y Fondo de cultura económica. Alcalá de Henares. 1996.

         - CASADO, M.: Oscuridad y exilio interior en la obra de Rafael Alberti. Tesis doctoral, Facultad de Filología, UCM dirigida por DÍEZ, J. I., Madrid, 2015. 307 páginas.

         - DIEGO, G.: Obras Completas. Tomo VIII, Artículo escrito en 1977, tomo 57, número 212, Boletín de la Real Academia Española. Nota 31-5-2024 Archivo Museo Sánchez Mejías.

       




           17-11-2025 23:44  Actualizado 20-11-2025 17:33


Ernestina de Champourcín (3) en el Lyceum Club Femenino

Ernestina de Champourcín, Archivo General de la Administración



     Evocaba Ernestina en una entrevista concedida en 1996, aquel Lyceum Club Femenino del que formó parte activa, quitando importancia al lugar y el tiempo que ocupó y a la implicación que tuvo en el desarrollo de su creación:

     “No era nada especial. También en París y en Londres había Liceums Club. Nosotras copiamos la idea. Iban muchos hombres, el té era especial y muy barato… había salas de exposiciones, había salas de juego, pero no era exclusivamente femenino. Allí coincidieron muchas mujeres que habían frecuentado el Liceo de París, como Zenobia, como la mujer del ministro de Cultura… ahora no recuerdo su nombre. Invitábamos a los amigos y a las amigas. Lo que más les gustaba era la merienda, era muy buena y muy barata.”[1]

      Ella quería olvidar- ya nonagenaria, pero no desmemoriada- que había sido colaboradora directa del Lyceum Club desde sus inicios hasta el estallido de la Guerra Civil. Ella, que aspiraba a modernizar España a través de la educación, el club le brindó la oportunidad de canalizar sus deseos al organizar las actividades culturales.

     En abril de 1926, María de Maeztu presidió la asamblea que constituyó el Lyceum Club de Madrid en un local de la calle Miguel Ángel. Se pretendía crear un modelo cultural de inspiración krausista. María de Maeztu lo dirigiría. Las vicepresidencias las ocuparían Isabel Oyárzabal y Victoria Kent, la tesorería sería gestionada por Amalia Galarraga, la secretaría la organizaría Zenobia Camprubí y Ernestina de Champourcín y la vicesecretaría correría a cargo de Helen Philips. Habría dos presidentas de honor: La reina Victoria Eugenia y María del Rosario de Silva, duquesa de Alba.

     Desde sus inicios, el Club tuvo siete secciones. Ernestina perteneció a la sección de Literatura y Social, y, a partir de 1934, al establecerse las secciones de Ciencias e Hispanoamericana, Champourcín colaboró esporádicamente con esta última. Pese a la oposición de sus padres, pese a las críticas de su mentor Juan Ramón Jiménez, esposo de Zenobia, que no respaldaba este foro, Ernestina siguió y lamentó que Juan Ramón no quisiera participar en una conferencia.

     Ernestina no estaba asociada al Club por oposición paterna, pero se involucró en sus actividades. En la sección de Literatura se dedicó a atraer e invitar a personalidades del mundo de las letras. En la sección Social, su labor se dirigió en ayudar a mujeres y menores sin alfabetizar. En la sección Hispanoamericana, tuvo en cuenta sus nobles ancestros uruguayos que habían gestionado o regido territorios en América durante el periodo virreinal. Mantuvo, gracias a ello, relación con la médica Paulina Luisi, la poeta Alfonsina Storni o la actriz Berta Singerman.

      Otra sinergia positiva para Ernestina fue la red de contactos que estableció en el Lyceum: la hija del director del Museo del Prado, Fernando Álvarez de Sotomayor, Pilar,  le permitió asistir a la enseñanza de obras de arte del director y la poeta correspondía invitando a su hija a las exposiciones y recitales que daban tanto la Residencia de Señoritas como el Lyceum Club. Otro tanto ocurrió con las hijas del pintor José Pinanzo Martínez, Teresa y María Luisa, con quienes compartió tardes de café y visitas culturales. Ello redundó en una cultura más intelectual y profunda.

       En la sección de Literatura, uno de sus empeños fue el cuidado de la biblioteca del club. Tenían la dotación realizada por el matrimonio formado por María de la O Lejárraga y Gregorio Martínez Sierra. La casa ducal de Alba había aportado otra dotación libresca importante. Un total de doscientos volúmenes abarcaban diversas materias y destacaban por su pensamiento tolerante.

     Además, Champourcín consiguió establecer lazos con editores y personas relacionadas con el mundo editorial que le ayudaron a dar a conocer su obra. Empezó a realizar reseñas de autores conocidos, o que sería conocidos, como Lorca, Guillén, Juan Ramón, Concha Méndez y Carmen Conde.

     Tras la publicación de su primera obra, y con la ayuda de su mentor Juan Ramón Jiménez, comenzó a frecuentar tertulias literarias, conoció de primera mano las vanguardias, a los nuevos poetas, aquellos a los que leía. Aquellos a los que compraba sus libros en la librería de León Sánchez Cuesta, en la calle Mayor, donde le atendió en varias ocasiones Luis Cernuda. Procuraba, eso sí, asistir a la Residencia de Estudiantes donde los escuchaba y participaba en el Cine-Club que organizaba Gaceta Literaria.

Portada Reglamento Lyceum Club Femenino. BNE

     Invitó a Lorca en 1928, pero no acudió hasta febrero de 1929, con la circunstancia del posible suspenso de la conferencia por la oposición del cardenal Segura o el gobierno del Directorio de Primo de Rivera. Habló sobre “Imaginación, inspiración y evasión”. Su disertación tuvo eco en la prensa de la época. Concha Méndez también se atribuyó que García Lorca diese la conferencia en el Lyceum, así como la de Alberti. Lo cierto es que la Gaceta Literaria nombra a Ernestina y Pilar Zubiaurre como organizadoras de importantes conferencias en esas fechas.

     Sobre la famosa conferencia de Alberti, Palomita y galápago (¡No más artríticos!), hay una negativa inicial del poeta gaditano a dar una conferencia. Pero hubo un cambio de parecer en el portuense que estableció de nuevo contacto con Champourcín para hablar de poesía moderna el 10 de noviembre de 1929. Alberti apareció vestido de payaso, con una paloma y un galápago y criticó abiertamente a varios de los maridos de las socias del Club. Terminó pidiendo un voto de censura para la sección literaria. Ernestina estuvo a punto de dimitir, según contó a su amiga Carmen Conde. Ernestina escribio enn la Gaceta Literaria quitando hierro al suceso y Alberti envió después una carta de agradecimiento por permitirle dar la charla, destacando a Champourcín y Zubiaurre. Con los años, Ernestina se dio cuenta de que Rafael, el tonto de Rafael, les había tomado el pelo.

     En noviembre de 1928, a invitación de Champourcín, habló María Luz Morales, que firmaba en La Vanguardia como Felipe Centeno y escribía de una forma moderna sobre la feminidad en El Sol. Los ecos de la conferencia con reseñas positivas fueron recogidas en El Sol y La Vanguardia. Al final de su conferencia, Morales alabó a Ernestina.

     La conferencia de Alberti produjo la enemistad de algunas socias con Ernestina. Especialmente, las de mayor edad, como Carmen Baroja, y la defensa de las más jóvenes, como Concha Méndez.

     La oposición se hizo más fuerte a partir de los años treinta, especialmente con la conferencia de Ernesto Giménez Caballero sobre sexualidad. Con la República, hubo una división entre las personas que criticaban la politización del Lyceum, como Carmen Baroja, que lo abandonó, y las que consideraban que era demasiado conservador y burgués como Lejárraga o Concha Méndez. Hubo también un momento llamativo cuando Victoria Kent consigue la absolución de su defendido, Álvaro de Albornoz, implicado en el golpe de Jaca, en diciembre de 1930.

      Aunque estuvo involucrada en la organización de un homenaje a Mariana Pineda por su centenario, no asistió al acto porque la familia Champourcín se trasladó a La Granja entre mayo y octubre de 1931 con la intención de evitar que los hijos, Jaime con Renovación Española y Ernestina favorable a la República, participaran en actos políticos tras la quema de conventos en mayo de 1931. Volvió con el invierno y siguió organizando actos en el Lyceum: Recitales de poesía en el teatro Alkazar por Conchita Power, que leyó poesías de Ernestina con las de Garcilaso, Lope de Vega, Machado y Villalón. O la conferencia de Miguel de Unamuno en 1935 a cuenta de Raquel Encadenada.

     En 1935 también dio una conferencia Luis Cernuda, poeta del 27, con quien había salido años antes. En junio de 1936, las socias del Lyceum Club le organizaron un té-homenaje con motivo de su poemario Cántico inútil y por la novela La casa de enfrente, elogiadas por la crítica[2].

     El club fue un centro creativo de mujeres burguesas, con ideas femeninas, que buscaban mejorar la educación de la mujer, con carácter constructivo, intentando conseguir su emancipación. Para Balló, Ernestina fue la más moderna del grupo.

     Se ha hablado de las semejanzas y diferencias entre las alavesas del Lyceum Club: María de Maeztu, directora de la Residencia de Señoritas y presidenta del Lyceum Club hasta 1928, y la poeta Ernestina de Champourcín. 

     Eran unas alavesas que gozaron de reconocimiento público en sus respectivas áreas de trabajo y quedaron relegadas al olvido en sus últimos años. Mujeres independientes, altruistas, con gran conciencia de su valía. Ambas fueron traductoras por su dominio de los idiomas. Tomaron el exilio y se vieron marginadas. María estuvo influenciada por el cambio ideológico de su hermano Ramiro, tanto por su participación en la Asamblea Nacional primorriverrista como por el asesinato de Ramiro de Maeztu en 1936, suceso que provocó su abandono de cualquier práctica política. 

     Ernestina tampoco habló de política tras el exilio, pero es conocida su conversión religiosa que hizo que su poesía tuviese un marcado misticismo. Una mujer de contrastes. Republicana de origen aristocrático, fue mirada con recelo por republicanos, y exiliada por motivos políticos, no hizo alarde de republicanismo a su regreso. Fue promotora de literatura de mujeres y de sus derechos, sin declararse feminista. Culta y elegante, no quería aislarse de quienes la requerían para hablar de poesía o para recibir su consejo[3].

     La vida de Ernestina estuvo marcada por la Guerra Civil. Era el momento de mayor madurez poética. No esperaba el golpe y la guerra. Madrid, el Madrid que admiraba su pareja, Juan José Domenchina, cambió ante sus ojos, se transformó súbitamente. Nadie sabia dónde estaba nadie… los yo de todos era ahora muy distinto con lo que no sabía cómo enfrentarse. En el 36 se casó con Domenchina y, tras varios pasos previos, el matrimonio Domenchina Champourcin llegó a México en 1939[4].

García Lorca y Alberti en 1926. ABC







[1] SANAHUJA, E., SANZ, T. y VARGAS, A.: Ernestina de Champourcín, entrevista. En DUODA Revista d’Estudis Feministes, núm. 10-1996.

[2] ESTEBAN CEREZO, M. ª D.: “¡Quién fuera Ernestina de Champourcín!” Contribución de la poeta en el Lyceum Club Femenino (1926-1936), Hispania Nova, 23, 2025. Páginas 153-172.

[3] AGUINAGA, M.: Dos ilustres alavesas en el Lyceum Club: María de Maeztu y Ernestina de Champourcin, Revista Cálamo FASPE n. º 66. 2018. Páginas 23-30.

[4] BALLÓ, T.: Las sinsombrero, sin ellas la historia no estaría completa. Espasa. Barcelona. 2016.  Archivo Museo Sánchez Mejías (lectura 6-6-2025)


    Entradas que contextualizan este artículo:
     - La obtención del sufragio femenino en España


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