Cultura y sociedad

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Helena de Troya

 

     

Ilíada. 


      En el campo se habían enfrentado Menelao y Paris por conseguir la bella Helena y sus riquezas. Al que venciera la poseería con sus riquezas, impidiendo la confrontación entre aqueos y troyanos. Zeus apoyaba a Menelao y Afrodita a Paris. La diosa salvó al troyano de las acometidas de Menelao porque utilizó una densa niebla que le llevó a sus aposentos. Afrodita buscó a Helena que estaba en las murallas de Ilión acompañada de otras troyanas y la llevó a la cámara nupcial de Paris. Helena le increpó ante los tristes designios que se presentaban:

     ¡Vienes de la lucha… y hubieras debido perecer a manos del esforzado varón que fue mi anterior marido! Blasonabas de ser superior a Menelao, caro a Marte, en fuerza, en puños y en manejo de la lanza; pues provócale de nuevo en singular combate. Pero no: te aconsejo que desistas y no quieras pelear ni contender temerariamente con el rubio Menelao; no sea que enseguida sucumbas, herido por su lanza.”[1]

     Paris se defendió. Estaba siendo vencido por el anterior marido de su amada Helena. Otro día vencería él porque tenía también dioses que le protegían. Solo quería volver al tálamo con su bella esposa. La pasión le envolvía; la amaba y era dulce su deseo. Mientras, en el campo de batalla, tras la densa niebla, Menelao seguía buscando al troyano y clamaba su victoria, exigiendo la entrega de la argiva Helena con sus riquezas, más una indemnización.

     Así acaba el tercer canto de la Ilíada que nos cuenta el enfrentamiento entre aqueos y troyanos con el tema de la huida de Helena de Esparta por sus amores con el troyano Paris.

     Helena cargó durante mucho tiempo con la culpa del origen de la guerra de Troya que cantó Homero en la Ilíada y la Odisea. La causa de esta guerra fue el rapto de Helena, reina de Esparta y esposa del rey Menelao, por el príncipe troyano París, hijo de Príamo y hermano de Héctor. Voluntaria o involuntariamente, Helena había seguido al troyano. El amor de la más bella del mundo griego era el premio otorgado a Paris por elegir a Afrodita como la más hermosa de las diosas en competencia con Atenea y Hera (Juicio de Paris). Prefirió el amor de Helena frente a la victoria (sabiduría) y el poder que ofrecían las otras diosas. Se disputaba la manzana de la Discordia que sobre la mesa tenía la inscripción A la más bella de las diosas.

      Después del juicio, Paris se dirigió a Esparta para conseguir el amor de Helena con la ayuda de Afrodita y, obtenido, se la llevó a Troya. Helena era la más bella de las mujeres. Todos los príncipes griegos pretendieron su mano. Antes de elegir a Menelao, prometieron respetar su decisión y acudir en su ayuda en el caso de que Helena se encontrase en peligro. Tras el rapto, estos príncipes de Grecia se conjuraron al mando del hermano de Menelao, Agamenón, rey de Micenas.

     El juicio de Paris fue muy representando en la Antigüedad en cerámicas áticas o en sarcófagos romanos, donde el troyano aparece con aspecto pastoril junto a las tres diosas y Hermes. En el Medievo fue un tema desaprovechado y con la Edad Moderna se retomó para que se mostrara el desnudo femenino, quedando el significado original de poder, sabiduría y amor en segundo plano. Recordados son los trabajos ejecutados por Cranach, Lucas Giordano y Rubens. El rapto de Helena aparece en menos casos en las artes figurativas, aunque el Barroco nos muestra grandes ejemplos[2].

Juicio de Paris. Rubens. Museo del Prado

 

     El relato mitológico del Juicio de Paris tiene su origen en la boda de Tetis y Peleo, donde Eris, la diosa de la Discordia, retó a la diosa más bella a recoger la manzana de oro que había lanzado a los presentes. Como se ha citado, el resultado ocasionó el rapto de Helena y la consecuente guerra de Troya. Rubens utilizó este tema en varias ocasiones para deleitarse con su ideal de belleza femenina y las consecuencias del amor y la pasión. En el Museo del Prado se centró en las mujeres desnudas, pintadas con líneas sinuosas y escorzos exagerados. Es deudor de la pintura veneciana que admira al final de su carrera. Fue un encargo de Felipe IV, rey de la monarquía hispánica, hacia 1638-39 y decoró el Palacio del Buen Retiro[3].

El rapto de Helena. Tintoretto. Museo del Prado.

 

      Tintoretto pintó hacia 1578-80 El rapto de Helena que se encuentra en el Museo del Prado. Como hemos mencionado, el relato literario y mítico se cuenta en Homero (Ilíada). El cuadro muestra las reticencias de Helena por abandonar a Menelao, sugiriendo el rapto de Paris. No por voluntad propia como había sugerido la versión de Giulio Romano. Tintoretto recrea la escena cuando Helena es conducida a un barco, mientras se libra una batalla en tierra. El aspecto de los personajes recuerda a los enfrentamientos entre los reinos europeos y el turco en la época de la batalla de Lepanto (1571). Helena es vista como el peligro que corre la ciudad de Venecia ante el turco, por lo que se utiliza como una alegoría. Obsérvese el contraste entre el primer plano en claroscuro y el fondo, muy iluminado. También contrasta la composición dinámica con la inferioridad y desvalimiento de Helena. La obra perteneció al duque de Mantua, de ahí pasó a la colección de Carlos I de Inglaterra. En 1561 era propiedad de John Jackson; poco después, tuvo nuevo propietario en la persona de Luis de Haro valido de Felipe IV, a quien se la regaló[4].

     Helena era hija de Leda, reina de Esparta, casada con Tindáreo. Zeus se convirtió en cisne para seducirla. De la seducción nació Helena y Pólux, uno de los Dioscuros. De Tindáreo y Leda nacieron Cástor y Clitemnestra. Los Dioscuros (Cástor y Pólux) son la representación de los héroes míticos dorios, valientes y luchadores[5]. Clitemnestra fue la mujer del rey de Micenas, Agamenón, y tema central de la Orestiada de Esquilo. Cezanne pinta la seducción de Zeus a Leda (1882) en el momento que convertido en cisne toma su mano. La obra es de un cromatismo radical. Leda es muy sensual en su aspecto. El cromatismo es máximo[6].

Leda y el Cisne. Cezanne. Wikipedia

    

     Vamos a la literatura. En el Cancionero de romances de Amberes (mitad siglo XVI) aparece el Juicio de Paris. Se presenta en forma de sueño, porque Paris dormía: Era por el mes de mayo/ que los calores hacía, …

     Y es aquí cuando se solicita el juicio en esta versión por unas diosas a un dormido que contesta de esta manera[7]: Suplico a vuestras altezas/ desnudas veros querría, / que ya he visto lo público, / el secreto ver querría,/ porque yo pueda juzgar y absolver vuestra porfía./ …

     El tema de Helena evolucionó a través de la historia. De causante de la guerra de Troya, con Gorgias comienza a ser vista de otra manera. Todos coinciden en la belleza de la hija del cisne Zeus y Leda. Así como que nace de un huevo. El proceso conceptual de Helena pasa de canon de la belleza a instrumento de los designios divinos, y de aquí a una especie de Mata-Hari de la Antigüedad.

     Se inserta en el ciclo de las leyendas troyanas. Homero pone en su boca que sabe que será materia de canto para generaciones futuras. Homero, que retrata a Helena por su belleza, refleja el sentimiento de culpabilidad que le embarga, ya sea rapto o complicidad en la fuga. Rasgos contradictorios en nuestra heroína que la hacen tan humana como mítica. De las críticas en la Ilíada, a la primera defensa en la Odisea por Penélope (mujer de Ulises). Empieza a tener una segunda oportunidad. Termina, vemos, otra vez en el reino de Esparta. Su belleza es tal que se relaciona con su ascendencia divina.

     Otra versión negativa la aporta Hesiodo. Dibuja a Helena como adultera. O como Estesícoro que perdió la vista por un poema negativo sobre nuestra bella protagonista y la recuperó desmintiendo lo dicho en el poema anterior, porque según afirma nunca estuvo en Troya. Este poema de Estesícoro fija el canon de la no presencia en Troya de Helena que más tarde repetiría Heródoto, que ubica a Helena en Egipto.

    Más tarde, Isócrates compone un Elogio a Helena que resalta su belleza y dota a su persona de símbolo del panhelenismo. En Orestes, Eurípides la condena inicialmente, para salvarla en el último instante. Aunque su imagen en otras obras de Eurípides es negativa. En Heléne vuelve a surgir la contrafigura de Helena, que está en Egipto, y no como la que se encuentra en Troya.

     En Heroidas, Ovidio presenta una Helena hermosa, decente y esposa fiel. Pero es humana y se siente halagada por Paris y se imagina en Troya, con sus riquezas y el rechazo de sus habitantes. Surge el amor y la aventura.

      Quinto de Esmirna, en el siglo III de nuestra era, ya se muestra favorable a la inocencia de Helena. Temerosa del castigo de Menelao se esconde en el palacio de Príamo. Allí le encuentra el rey de Esparta. Cuando la va a matar, Afrodita interviene y hace desparecer los celos de Menelao y surgir de nuevo el amor. Sin embargo, está ante sus compañeros de armas en la guerra de Troya y vuelve a empuñar la espada mortífera que solo conseguirá refrenar su hermano Agamenón, puesto que le convence de la culpabilidad de Paris, que fue quien la forzó en el rapto.

     En la Edad Media también se debatió su figura. Mal vista por los más moralistas que argüían que del huevo del cisne Zeus no podía nacer un buen polluelo, a visiones más positivas que remarcan que fue raptada[8]. Contra su voluntad, nunca siendo dueña de su destino.

    La etimología, finalizamos, de Helena proviene del griego Ελένη, que significa antorcha o luz, pero otros lo relacionan con el movimiento solar. Con el tiempo, su nombre se entrelaza con el término Hélenes que designa a los griegos en su lucha frente a los poderes que llegan de Asia.

   



[1] HOMERO: Iliada. Canto III. Colección Austral. Espasa Calpe. Madrid. 1954-1972.

[2] MARTÍNEZ, C., GONZÁLEZ, M.ª T. y ALZAGA, A.: Mitología Clásica e Iconografía Cristiana. Editorial Universitaria Ramón Areces. Madrid. 2010. Páginas 120-121.

[5] MARTÍNEZ, C., GONZÁLEZ, M.ª T. y ALZAGA, A.: Obra citada. Páginas 154-155.

[7] COSSÍO, J. M.ª.: Fábulas Mitológicas en España. Espasa Calpe. Madrid. 1952

 

[8] SAQUERO, P.: Helena de Troya: una heroína controvertida. En Asparkia, 25. 2014, Páginas 113-126.  


4-01-2026 18:36   Actualizado 7-01-26 6:30


   

El trabajo en equipo: Los cerditos y Ulises.


     El trabajo en equipo consiste en el reparto de tareas necesarias para conseguir un objetivo común, una finalidad necesaria o un proyecto laboral durante el que se establecen relaciones entre las tareas o funciones a desarrollar, sea como complemento o ayuda, o bien, se  presentarán en la solución final, siempre bajo la supervisión de un jefe o coordinador de equipo que se encargará de mantener la cohesión del grupo.
     ¿Cómo deberían funcionar los equipos? ¿Qué éxitos y fracasos tienen? Sobre fracasos, en la cultura popular, hay un cuento que nos ayuda a entender lo que no se debe hacer en el trabajo en equipo: “Los tres cerditos”. Es un cuento inglés tradicional que nos relata como tres cerditos deben actuar ante la llegada del lobo que quiere su carne como alimento. Analizan la situación correctamente: se deben proteger. No hay un acuerdo en la actuación llegando a construir tres tipos de casas, de menor a mayor seguridad. Pero la actuación más permisiva es que se separan. Si estuviesen actuando como un equipo, construyendo una casa triplemente reforzada y defendible, podrían elaborar incluso soluciones de ataque para ahuyentar al lobo. Al final son tres contra uno. Actuando de forma coordinada y solidaria podrían vencer.  Separados, son presa fácil para su competidor, un cazador temible durante milenios. Estudiarían sus debilidades de lobo: Suelen cazar en grupo y va en soledad. Y está hambriento[i]. Será más débil. 
      La labor del encargado o jefe de equipo se dirigirá al mantenimiento de un buen ambiente de trabajo, de lo que se ha consignado siempre como compañerismo, y a la capacidad para limar aristas y solucionar conflictos cuando estos se presenten. Es una labor de cohesión y coordinación. Es necesaria cierta capacidad de liderazgo. Y ciertas dosis de astucia.
   Líder astuto fue Ulises que superó pruebas difíciles durante la vuelta a Ítaca. Supo dirigir a sus compañeros esquivando el canto de las sirenas, absteniéndose de comer la flor de loto y minimizando pérdidas en su encierro con Polifemo[ii]. Tal vez ‘demasiado’ astuto: se fue a tirar unas espadas con los amigos y tardó veinte años en volver a casa y al gobierno de su isla. En su defensa se puede argumentar que eran tiempos antiguos. Joyce[iii], en Ulises, con humor, reduce el tiempo del héroe contemporáneo a un día para novelar su visión del Odiseo moderno.
   La función primaria y esencial es la asignación de tareas tras el conocimiento del trabajo, proyecto u objetivo. El proyecto debe tener unos objetivos claros. En caso de presentar dificultades de compresión, objetivos difusos, fines indefinidos, o tareas indeterminadas se debe proceder a realizar un trabajo previo de definición y clarificación anterior al reparto de tareas en el equipo.
     Del mismo modo, las tareas asignadas deben ser claras y definidas. Las funciones, objetivos y plazos deberían ser presentadas por escrito. El jefe de equipo debe indicar también ante quien o quienes se deben remitir los problemas que se presenten durante el desarrollo de las tareas, quien o quienes deben intervenir en la resolución de conflictos dentro y fuera del trabajo para evitar problemas de convivencia o armonía.
     La estructura de los equipos de trabajo es, y debe ser, flexible por las labores multidisciplinares que, hoy en día, se realizan. Estructuras rígidas, inadaptables suelen obtener fracasos.
     Es un error pensar que los equipos deben tener compartimentos estancos. No es la ciudad ideal de Platón de filósofos, militares y artesanos caracterizados por sabiduría, fortaleza y templanza donde la justicia armonizaba estas tres virtudes (Libros VII-IX, República, Platón[iv]). La caracterización actual de los equipos interrelaciona sus tareas y conocimientos desde el inicio, se complementan y se ayudan en las tareas en un ejercicio de solidaridad y empatía de grupo. Son o deben ser profesionales.
     El equipo debe ir cumpliendo sus funciones según objetivos y fechas marcados. Es labor del jefe de equipo coordinar esta labor pudiendo delegar funciones durante el desarrollo del proyecto. Estas delegaciones deben ser hechas por escrito.
     Cuando se termine el proyecto debe ser supervisado antes de presentar los resultados, coordinadas las tareas y tiempos de ejecución. Esta es labor esencial del supervisor o jefe de equipo. Porque si el equipo no cumple, el equipo ha funcionado mal, y el supervisor o jefe es la cabeza visible sobre el que caerán las críticas.

     Con reminiscencias con lo citado de la República de Platón, la actuación en equipo de los náufragos y retenidos en el Nautilus en Veinte mil leguas de viaje submarino de Jules Verne es un ejercicio de trabajo en equipo para fugarse. Reminiscencias platónicas porque el profesor Aronnax representa la sabiduría, el arponero Ned Land la fortaleza y el mayordomo Consejo la templanza. El Capitán Nemo, alter ego de Verne, tiene encerrados a sus huéspedes en el submarino evitando que vuelvan al mundo de donde proceden. Ellos terminan llegando a un acuerdo. Escapar cuando sea posible, volver al mundo real del progreso decimonónico al que pertenecen para contar lo que han visto. O no. No están a gusto en el vientre de la ballena del Nautilus. Aprecian su libertad, es su objetivo, y establecen un plan conjunto de acción. Tras múltiples peripecias y un ejercicio de solidaridad, escapan y sobreviven a Nemo. Julio Verne les absuelve como humanos[v].
     Resumiendo: El trabajo en equipo es un ejercicio profesional de trabajo, solidario y empático, con tareas y fines determinados, y con una estructura flexible y adaptable.
         


[ii] HOMERO.: La Odisea. Sirenas, Canto XII. Lotófagos y Polifemo, Canto IX. Versión digital libre.
[iii] JOYCE, J. : Ulises. Bruguera Lumen. Barcelona. 1981. Traducción de José María Valverde. Dos tomos.
[iv] PLATON.: La república o el estado. Colección Austral, Espasa Calpe. Madrid. 1980. Páginas 205-277.
[v] VERNE, J.: Veinte mil leguas de viaje submarino. Plaza y Janés y Círculo de Lectores. Barcelona. 1992. 518 páginas.  

Adolfo Salazar en Cuba: La enseñanza y las orquestas (4)

        Fuente: El Sol. 1917-1939      Cuando Adolfo Salazar escribía sobre la enseñanza musical y las orquestas en Cuba, su periódico, EL S...