Cultura y sociedad

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Sobre "El collar de la paloma"

 



      Introducción.
     Según una convención tradicional, se consideraba que la llamada Generación del 27 bebía de tres grandes tradiciones: Góngora, el romancero y las vanguardias. Con la publicación y edición de Emilio García Gómez (1905-1995) de Poemas arábigoandaluces, 1930, los jóvenes poetas descubrieron que la poesía moderna también debía mirar a la Córdoba, Sevilla o Granada del siglo XI. No debemos ni queremos olvidar las ghazal y qasida (gacela y casida) que nombran las composiciones de Diván de Tamarit de García Lorca o el uso de palabras de origen andalusí en Rafael Alberti

     A las tres convenciones tradicionales, Góngora —nosotros incluiríamos todo el Siglo de Oro—, el romancero y las vanguardias, se unirían los poemas de origen arábigoandaluz. Pero, aún más, toda esta eclosión cultural no sería posible sin otra vía principal más: el camino que abre la Institución Libre de Enseñanza y la creación de instituciones como la Residencia de Estudiantes, la Residencia de Señoritas y la Junta para la Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas, o el Centro de Estudios Históricos.

     Nudo.

     Veintidós años después, otra edición y publicación de Emilio García Gómez con prólogo de José Ortega y Gasset resucitó una obra maravillosa de la cultura española: El collar de la paloma, sobre el amor en los tiempos de la caída del califato omeya, escrito en 1022 en Játiva (Xàtiva) por Ibn Hazm, entre la fitna y el surgimiento de los reinos de taifas


Ibn Hazm. Córdoba. Wikipedia

   

      Nada más publicarse El collar de la paloma en 1952, Gerardo Diego escribió sobre la edición y traducción de esta obra, destacando la fortaleza de la poesía española/castellana: desde la aportación latina de Lucano y Marcial, la difusión del castellano en el continente americano, el judeoespañol de la diáspora sefardí, y hasta el hebreo y árabe que se habló en la península. En su época de estudiante aprendió la importancia de El collar de la paloma de Ibn Hazm de Córdoba de forma incompleta. Por ello, la aparición en castellano por obra de Emilio García Gómez se elogia en su traducción y erudición. Y alaba a su vez el prólogo de José Ortega y Gasset. 

     Nos ha llamado la atención que señale Diego el prólogo de Ortega porque hace referencia al sentido del amor en la Córdoba andalusí, el cual enlaza el poeta con el Estudio sobre el amor del filósofo, considerando este prólogo como un capítulo adicional a su obra de 1941. Y, además, porque en el obituario que escribe Diego sobre la muerte de Ortega, recuerda otra vez su obra sobre el amor. 

     Diego disecciona la obra, señalando la profunda introducción de García Gómez. Una vida de aventura la de Ibn Hazm, que da paso a la consideración de la obra como una especie de Vita Nuova dantesca. Un análisis psicológico de las variedades del amor o del loco amor que diría Juan Ruiz, Arcipreste de Hita. El poeta cordobés narra, analiza, moraliza e ilustra con composiciones poéticas que recuerdan al Ars Amandi, hoy más edificante que escandaloso, que nos evoca la vida íntima de las callejas estrechas de Córdoba.

     Cuando Ibn Hazm habla de la separación, no la circunscribe únicamente a la separación de los amantes, sino que se amplía al destierro de la ciudad, porque para una cultura urbana como fue la andalusí, el alejamiento de Granada, Córdoba o Almería era como la pérdida de una novia a la que se requebraba, adoraba y pensaba/deseaba compartir hasta el último instante de la vida. Veamos aquí los versos del capítulo XXIV, Sobre la separación:

     ¡Ojalá volviese hoy a ver el cuervo! (El cuervo en poesía árabe es presagio de separación entre amantes)
     Tal vez apartaría de mí vuestro apartamiento, que ya se prolonga.
     Así dije: pero la noche dejó caer su velo,
     jurando que no acabaría y lo ha cumplido.
     El lucero se quedó atónito en el horizonte celeste.
     No caminaba ni, a causa de su perplejidad, se movía.
     Pensarías que era alguien que había errado el camino, o un tímido azorado,
     o un sospechoso amenazado, o un extenuado amante. 

         En el prólogo hay una frase de Ortega y Gasset que dice que nadie puede tener las mismas ideas que otro si, de verdad, tiene ideas. Y así nos vamos a la interpretación del significado de collar que Diego también destaca, porque collar (tawq) haría referencia al cuello de la paloma y los colores de sus finas plumas, como cambiantes son los matices del deseo amoroso que nos muestra Ibn Hazm.

     Ortega nos dice que la intimidad humana es fabulosamente rica en su flora y en su fauna, pero, a fuer de intimidad, no puede de suyo manifestarse, sino que está para ello atenida a los gestos y actos corporales.

     Se plantea Ortega si el concepto de amor del siglo XI se puede comparar con el contemporáneo. Para el filósofo tenía un concepto distinto. En 1955, en España se entendía el amor como la relación entre un hombre y una mujer. Para Ortega, siguiendo a García Gómez, el amor en este libro es indiferente a las diferencias sexuales. Tampoco cree que sea similar al ideado por Platón, porque en Platón el amor no es indiferente a los sexos, sino que tiene su sentido primario en el amor de hombre a hombre. Según Ortega, el amor es una institución, invento y disciplina humanas, no un primo de la digestión o de la hiperclorhidria.


Melchor Fernández Almagro, Los poetas de Málaga, Gaceta Literaria. Recepción de la poesía andalusí.


     García Gómez, siguiendo a Américo Castro, ve huellas de El collar de la paloma en la literatura hispano-cristiana del siglo XIV, en forma más o menos oral, pero también escrita; que hay textos que son traducción de esta obra; y que el libro de amor, de estilo oriental, fue desconocido en Grecia y Roma y su aparición en la Edad Media es eco de Ibn Hazm y obras similares. Incidía especialmente en el Arcipreste de Hita, comparando páginas de El libro del buen amor con El collar de la paloma. García Gómez, con otros arabistas, había defendido la influencia de Ibn Hazm en la literatura cristiana hispana del siglo XIV. Castro compara páginas de estas dos obras que acabamos de citar, estableciendo similitudes, pero García Gómez piensa que son obras, en definitiva, distintas, así como el carácter y la vida de sus autores. De todas formas, El libro del buen amor de Juan Ruiz, Arcipreste de Hita, no puede entenderse sin los supuestos andalusíes anteriores.

     Veamos ahora los versos del capítulo XV de El collar de la paloma, titulado Sobre la contradicción:

      Cuando logre que mi alma alcance sus deseos
de esa gacela que no cesa de atormentarme,
tanto me dará su aversión como su sumisión,
e igual será para mí su cólera que su contento. 

     Ortega y Gasset había escrito en 1941 Estudios sobre el amor, donde analiza el fenómeno amoroso más allá de su aspecto sentimental: Amamos cuando vemos en otro un valor singular que nos atrae y nos hace proyectar posibilidades de vida en común... El amor no es ciego: él selecciona, distingue e ilumina aspectos de la persona amada que para otros pueden pasar desapercibidos.

     La edición de García Gómez está repartida en treinta capítulos: Los diez primeros, sobre los fundamentos del amor; doce segundos, sobre los accidentes del amor y sus cualidades apreciables y despreciables; los seis terceros, sobre las malaventuras que sobrevienen en el amor; y dos capítulos finales cierran y tratan sobre la fealdad del pecado y las excelencias de la castidad.

     Destacamos aquí unos versos que demuestran la categoría de Ibn Hazm para mezclar cinco elementos en el capítulo II, Señales del amor:

     Me quedé con ella a solas, sin más tercero que el vino,
mientras el ala de la tiniebla nocturna se abría suavemente.
     Era una muchacha sin cuya vecindad perdería la vida.
     ¡Ay de ti! ¿Es que es pecado este anhelo de vivir?
     Yo, ella, la copa, el vino blanco y la oscuridad
parecíamos tierra, lluvia, perla, oro y azabache.

     Desenlace.

     Hemos citado a un gran arabista, Emilio García Gómez, por su influencia en la recepción de la cultura andalusí en los poetas de vanguardia. Nombramos a un gran filósofo, José Ortega y Gasset, que promovió grandes empresas culturales desde la Revista de Occidente y El Sol que incidieron en el arte y las letras. Y terminamos con dos grandes poetas: Ibn Hazm, autor de El collar de la paloma, que habla del amor medieval en el siglo XI, cuando la decadencia del califato, y precedente de la adaptación aristotélica que harán Averroes en el siglo XII y el tomismo en el siglo XIII. 

     El segundo poeta, Gerardo Diego, era también prosista, como Ibn Hazm. Diego contaba que entre los proyectos culturales más impresionantes que conocía estaba la enciclopedia que su amigo José María de Cossío había emprendido sobre los toros. En 1975, en las páginas de Arriba escribió que la idea de la empresa había sido de José Ortega y Gasset, que consiguió embarcar a Cossío en el acometimiento y despliegue enciclopédico, ayudado por colaboradores especialistas o discípulos. 

    Y aunque no participó Ortega en los actos que se preparaban en diciembre de 1927 por el centenario de Góngora —Revista de Occidente iba a publicar una serie sobre el poeta cordobés, serie interrumpida por el recelo de algunos colaboradores comprometidos—, sí se publicó el estudio de Dámaso Alonso sobre Las soledades, que marcó un hito en la historia de la crítica poética.




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     Referencias:

     - IBN HAZM: El collar de la paloma. Edición e introducción de Emilio García Gómez, prólogo de José Ortega y Gasset. Alianza Editorial. Madrid. 1952-1989.

     - DIEGO, G.: Obras completas. Tomo IV, VI y VIII. Edición e introducción de José Luis Bernal. Alfaguara. Madrid. 2000. Nota 19 y 20-6-26 del artículo de 27-07-1952: El collar de la paloma; Ortega y Gasset; y El otro, de Gerardo Diego en Archivo Museo Sánchez Mejías.

     - ORTEGA Y GASSET, J.: Estudios sobre el amor. Versión Kindle. 



19 de junio de 2026 11:09 Actualizado 20-06-26 20:52

Ortega y Gasset y "El Sol" en la muerte de Sánchez Mejías

      

Ortega y Gasset, copia de retrato de Sorolla en 1918. Wikipedia


     No por repetidas, las anécdotas taurinas de José Ortega y Gasset nos ayudan a comprender o contextualizar el pensamiento del filósofo y el ser humano. Decía Gerardo Diego que una vez saltó al ruedo en una famosa plaza de toros con juvenil agilidad para esperar la salida de un toro. Y a la fiera, como a don Quijote los leones, presentó pelea. 

     Más conocida es la anécdota del primer encuentro entre Ignacio Sánchez Mejías y José Ortega y Gasset. En una cena estaban acompañados por José María de Cossío, Rafael Alberti, Federico García Lorca, Manuel Altolaguirre y Gerardo Diego. Se quedaron boquiabiertos con los conocimientos taurinos del filósofo. El pensador narró sus confidencias sobre el toreo, evocó sus recuerdos y teorías mágicas. Hablaba como si dibujara el toreo de Lagartijo, y para que fuese comprendido de la mejor manera, les dejó estupefactos, ya que con la cumplida servilleta que se ofrecía en los cenáculos madrileños antes de la guerra, dibujó con clase una larga lagartijera y, como remate, se echó la servilleta al hombro cuando se dirigía a la mesa de sus acompañantes.

     Cuando Nicolás María de Urgoiti y José Ortega y Gasset fundaron El Sol, crearon un periódico intelectual de mucha calidad. Allí escribieron los grandes pensadores, los grandes geógrafos, los más destacados arabistas y los más importantes literatos y músicos. Como decía su hijo José Ortega Spottorno, únicamente había un tema sobre el que no informaba: El toreo. Había que tener en cuenta la tradición taurina de los Ortega, tanto la del filósofo como la de su padre, José Ortega Munilla, que había dirigido El Imparcial. Y Ortega y Gasset, según su hijo, pensó muy en serio ser torero. Del mismo grupo editorial de El Sol era La Voz, en la que sí se hacía crítica taurina, destacando el periodista Corinto y Oro. La Voz publicaba la noticia de la muerte de Sánchez Mejías en portada con ampliación en páginas interiores.

 

La Voz. Portada. 13-08-1934.

     Ortega y Gasset fue muy amigo de Juan Belmonte y en alguna conferencia elogió tanto a Domingo Ortega que declaró que el torero era el verdadero Ortega, el importante.  

     El Sol informaba de toros cuando había una cogida. Y la sección se llamaba entonces La llamada fiesta nacional. Aunque no siempre fue así, como veremos.

     Toda esta introducción nos lleva a cómo informó El Sol de la fatalidad o desgracia de un torero que tuviese un significado especial en el primer tercio del siglo XX, en el que se uniera lo trágico con lo intelectual, los empeños con el atractivo personal y el arrojo con la reflexión. 




     La llamada fiesta nacional

     Sánchez Mejías, gravemente herido.

     En la corrida celebrada ayer en Manzanares resultó cogido el diestro Ignacio Sánchez Mejías. Ingresó en la enfermería, donde facilitaron el siguiente parte facultativo:

     "Durante la lidia del tercer toro ingresó en esta enfermería el diestro Ignacio Sánchez Mejías, con una herida penetrante en la región anterointerna del muslo derecho, con dirección ascendente de unos doce centímetros de profundidad. Pronóstico grave." (El Sol, 12 de agosto de 1934).


     El Sol resumía dominicalmente la situación mundial y nacional. En el mundo, el problema monetario internacional hacía temer una devaluación de la libra esterlina; las malas cosechas y las pérdidas ganaderas en Estados Unidos; la informalidad alemana en el cumplimiento de sus obligaciones internacionales; y el alza de las tarifas, de nuevo, aduaneras del gobierno francés para obtener más ingresos. 

     En el ámbito nacional, continuaba el conflicto catalán, al que se añadía la amenaza de la complicación vasca, también desde el punto territorial. Había también problemas en la minería de hulla asturiana, conjurado provisionalmente con un crédito gubernamental; no cesaba el problema de las harinas cerealísticas de difícil solución entre las tasas, las existencias, los agricultores y los panaderos; y la elaboración de presupuestos de 1935, que tenía entretenidos al jefe de Gobierno y el ministro de Hacienda.

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     Continuamos. El 14 de agosto, El Sol publicaba la siguiente noticia:

     LA LLAMADA FIESTA NACIONAL

     Muere a consecuencia de una cornada el matador de toros Ignacio Sánchez Mejías

     A las diez de la mañana del lunes falleció en Madrid el diestro Ignacio Sánchez Mejías. Fue cogido por el primer toro en una corrida celebrada el sábado último en Manzanares, hecho del cual ya informamos a nuestros lectores. Como la gravedad del herido era extraordinaria, una vez que le fue practicada la primera cura por el médico de Manzanares se dispuso su traslado a Madrid, cosa que se efectuó en un coche ambulancia. Ingresó en las primeras horas del domingo en el sanatorio del doctor Crespo.

     El doctor Segovia reconoció a Sánchez Mejías, que pasó la mañana del domingo muy decaído y con alta fiebre, delirando en varios momentos.

     Debido a la gran hemorragia sufrida, la debilidad del diestro se fue acentuando, y por la tarde los médicos decidieron practicarle la trasfusión de sangre. Varias personas se prestaron a la operación. Los médicos eligieron al también matador de toros José Bienvenida. A la primera hora de la noche se le hizo la trasfusión de doscientos gramos. 

     Después de la operación, se facilitó el siguiente parte facultativo: 

     "En la mañana de hoy ha sido intervenido operatoriamente el diestro Ignacio Sánchez Mejías, que sufre una herida, por asta de toro en la cara interna, tercio superior del muslo derecho, pasa por debajo del lecho de los vasos femorales superficiales, comprendiendo las arcadas vasculares de la femoral profunda y alcanza la piel de la región externa y superior del muslo.

     Debido a la intensa hemorragia y a los grandes desgarros musculares, son de temer complicaciones infectivas graves.

     Esta tarde le ha sido practicada una trasfusión sanguínea. Temperatura, 39; pulso, 110. —Doctor Segovia."

     Practicada la operación, Sánchez Mejías reaccionó, pero al poco tiempo volvió a recaer. La debilidad del diestro fue en aumento, y a la una de la madrugada entró en el periodo agónico. El herido pasó la noche delirando y constantemente hacía ademán de quitarse los vendajes. 

     En un momento en que sólo se encontraba con el herido el banderillero de su cuadrilla Joaquín Manzanares "Mella", Sánchez Mejías, aquejado de fuertes dolores, se agarró a los barrotes del lecho y haciendo un extraordinario esfuerzo se arrojó al suelo. "Mella", auxiliado por otras personas, lo volvió a subir a la cama. 

     Poco después de la una de la madrugada, el diestro perdió el habla y desde ese momento no hizo más que pedir agua por señas, cosa en la que no era complacido por haberlo prohibido el médico.

     A las cuatro de la madrugada llegaron los familiares de Sánchez Mejías.

     A las ocho de la mañana de ayer los doctores Segovia, Castillo y Crespo visitaron nuevamente al herido y pudieron comprobar que se había declarado la gangrena gaseosa. A las diez menos cuarto sobrevino un colapso cardiaco y momentos después falleció.

     A las once de la mañana se personó en el sanatorio el Juzgado de guardia, que ordenó que el cadáver fuese reconocido por el médico forense.

     Rápidamente circuló por Madrid la noticia del fallecimiento, y numerosas personas fueron al sanatorio para dejar tarjeta. El cadáver de Sánchez Mejías será trasladado a Sevilla, donde recibirá sepultura.

     El cadáver es velado por los individuos de su cuadrilla.

     El cadáver del infortunado diestro fue trasladado anoche a las ocho desde la habitación número 1, donde ingresó al llegar al sanatorio, a otra de la planta baja. Allí se improvisó la capilla ardiente. El cadáver no ha sido amortajado, pues a las diez de la mañana de hoy será embalsamado por el doctor D. Andrés Crespo González.

     El hermano del difunto, D. Trinidad Luis Sánchez Mejías, llegó a las diez de la noche al sanatorio, procedente de Sevilla. Inmediatamente pasó a la cámara mortuoria y permaneció en ella largo rato contemplando el cadáver, emocionadísimo. Tuvo que ser retirado de la estancia por varios amigos. 

     Durante todo el día continuó el desfile de numerosas personas por el sanatorio para dar el pésame. También se han recibido numerosos telegramas, incluso uno de "Guerrita".

     Durante la noche estuvieron velando el cadáver sus hermanos, los individuos de su cuadrilla y el mozo de estoques. 

     A las once y media de la noche fueron cerradas las puertas del sanatorio y no se permitía la entrada a nadie.

     Numeroso público se congregó por los alrededores del sanatorio, que fue dispersado por guardias de seguridad."


     La noticia tenía un añadido adicional desde Sevilla. Era el siguiente:

     SEVILLA 13 (3,50 t).- La noticia de la muerte de Ignacio Sánchez Mejías, que se conoció en esta capital minutos después de ocurrir, ha causado verdadero sentimiento. Algunos periódicos colocaron pizarras, circulando rápidamente la noticia por toda la ciudad.

     A última hora de la tarde del sábado, al saberse la cogida que sufrió en Manzanares, salió en avión para dicho lugar el hijo mayor de Ignacio, José, y ayer, domingo, informada ya la familia de la extraordinaria gravedad del herido, emprendieron el viaje en automóvil la esposa, doña Dolores Gómez Ortega, y sus hijos María Teresa y Pepito, acompañados del hermano político de la primera, Aurelio Sánchez Mejías. Esta ha marchado también para Madrid el otro hermano de Ignacio, Trinidad Sánchez Mejías, con los hermanos Pazos.

     El alcalde accidental ha recibido un  telegrama participándole los propósitos de la familia de traer el cadáver a Sevilla pasado mañana. El alcalde dio las órdenes oportunas con relación al sepelio.

     La Junta directiva del Betis Balompié ha enviado a la viuda un telefonema de pésame. (Febus).




     El uso de pizarras informativas en las fachadas de los periódicos o en lugares destacados era una costumbre habitual cuando la prensa era el medio de información más importante y las tasas de analfabetismo todavía eran considerables. En ese día las noticias giraban también en otras esferas.

     El primer tema del día fue político. Publicó El Sol el 14 de agosto de 1934 el titular El rescate de la República, que acababa de la manera siguiente:

     "Rescate a la República" no significa que el Poder pase de manos de las derechas a manos de las izquierdas, ni de unos ciertos partidos a otros que se llaman republicanos "netos" —¡qué palabra tan de principios del siglo XIX!—, sino que la República deje de ser partidista y se convierta en una forma nacional de Estado, que es lo que unos y otros —los monopolizadores de ahora y de antes y los rescatadores, presuntos monopolizadores de mañana— impiden e impedirán que sea.

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     Sigamos con el tratamiento de la muerte de Ignacio Sánchez Mejías el 16 de agosto.

     El intelectual Melchor Fernández Almagro había ocupado en El Sol el puesto de crítico cultural que había dejado Enrique Díaz Canedo al marchar a la Legación de España en Montevideo, Uruguay. El 16 de agosto de 1934 escribió en la sección Panoramas, con el título A propósito de un carácter nacional, las siguientes palabras:

     Torero era y toreando ha muerto. Es natural que a esta luz —sol y sombra de los redondeles taurinos— haya sido contemplada por los informadores y comentaristas la figura del lidiador que acaba de sucumbir. Pero evidentemente tales perfiles no bastan a caracterizar a Sánchez Mejías. Y no precisamente porque él fuese al mismo tiempo escritor, animador de empresas literarias y espectáculos teatrales, aficionado a estas u otras actividades o simples escapes del espíritu, sino porque en Sánchez Mejías operaba toda una profunda fuerza de raza y de historia. Es decir, poseía carácter, ese carácter que es el sello de la personalidad, y al que sirven de corroboración los ejercicios preferidos.

     Desde este punto de vista tanto afirmaba la unidad psicológica de Sánchez Mejías la pluma como el estoque, si bien éste fuera de mucho más asiduo uso, y aquella, una mera veleidad. Pero en todo caso se denunciaba el mismo ímpetu, la misma voluptuosidad por el choque, idéntico gusto por lo arriesgado y difícil. Puesto a ser dramaturgo, lo fácil para Sánchez Mejías, torero y andaluz, hubiera sido el cuadro de costumbres, con anecdotismo pintoresco. Rehuyó la tentación, y a tono con preocupaciones generales, escribió "Sin razón", "juguete trágico", que evidenciaba insospechables contactos con la inspiración moderna del teatro, y así resultó su autor incorporado al grupo de los escritores que formaban nuestra "vanguardia", vocablo no del todo exacto, pero gracias al cual nos entendemos. El hecho causó asombro: ¿intuición?, ¿preparación?... Valor e inteligencia, verdaderamente de hombre avezado a la lucha con el toro y con los públicos, con las situaciones y con los temas; con el peligro cierto de la vida, jamás esquivado por quien —españolísimo de sangre— no nació torero, ni escritor, ni misionero, ni soldado, sino pura y simplemente hombre de carácter... (Damos aquí un pequeño salto en el texto).

     Ni la historia ni la leyenda, ni la literatura, ni el folklore nos dan más visión del español yendo a la guerra, a sus guerras universales, de grandeza mitológica, como un mercenario picado por la espuela de la necesidad. Pero la vocación más pura y entrañable exige que lo necesario le trasmita todas sus esencias, y de esta suerte adquiere categoría de necesidad lo que para los demás es lujo o vanidad: oro, renombre, gloria o popularidad a secas.

     Hacia América marchan todos los días, año tras año, siglo tras siglo, bandadas de españoles. Algunos de estos, los emigrantes en el sentido más penoso, son gente vencida, y en determinado aspecto, descastada. Pero otros son los verdaderos hijos de los descubridores, conquistadores y colonizadores, impulsados, como ellos, por la necesidad de jugarse la vida para engrandecerla, y por la vocación de aventura a toda costa, y porque sí. Hacia Méjico (sic) se fugó un día de su adolescencia ambiciosa Ignacio Sánchez Mejías. Como los tiempos mudan, ya no podía forzarse con la espada el acceso a Eldorado, ni a Jaujas, ni a Cuzcos, ni a Perules. La espada se ha hecho estoque para la imaginación de muchos. No cabe duda que el torero ha sido el obligado derivativo de las ansias heroicas —borrosas, pero ciertas— del alma popular española una vez decaído el imperio colonial.

     Fernández Almagro finalizaba diciendo que no se sentía atraído, ni poco ni mucho, por las corridas de toros; espectáculo que no suele frecuentar. Pero le interesa en grado extraordinario cuanto hace referencia a la Tauromaquia...

     Modelado en formas de auténtica pureza, el carácter de Ignacio Sánchez Mejías se ofrece a quien lo conoció y lo trató como un brote lozanísimo del árbol milenario que tantos hombres produjo: hombres de frente levantada y corazón en la mano. El azar de los grandes jugadores que son los hombres de acción; el albur de la vida, disfraz familiar de la fatalidad; el sino, en una palabra, por lo que tiene de misterioso y de inevitable, rige imperiosamente estas vidas de honda representación tradicional. Tradición de muchas culturas sedimentadas en el fondo último de la personalidad había en el gesto, en la palabra, en el ingenio, en el corazón de Ignacio Sánchez Mejías: español y andaluz, gallardo y desdeñoso, apasionado y escéptico, grave y alegre, con esa alegría brillante y paradójica de los buenos pasodobles, nunca faltos de un poso de tristeza.

                                                              M. FERNANDEZ ALMAGRO

      

     Ese mismo día, 16 de agosto de 1934, las noticias sobre la muerte de Ignacio Sánchez Mejías se reflejaban en dos reseñas complementarias sobre su fallecimiento. En la sección EL DIA EN PROVINCIAS se señalaba que "En el mausoleo de Joselito (el Gallo) recibieron sepultura los restos del torero Sánchez Mejías, muerto como aquél por un toro". 

     Y un poco más extensa con referencia a esta noticia citada, sin el título de la llamada fiesta nacional, se recogía la noticia desde Sevilla de esta manera:

     FINAL DE LA TRAGEDIA DE MANZANARES

     En el mausoleo que guarda los restos de "Joselito el Gallo" recibe sepultura el cadáver de Sánchez Mejías

     SEVILLA 15 (8,45 t.).- Desde las primeras horas de la mañana se hallaban abarrotados de público los andenes de la estación de la plaza de Armas, así como sus alrededores, para esperar la llegada del tren que conducía del cadáver de Ignacio Sánchez Mejías. En los andenes había numerosas comisiones y representaciones, entre ellas, de médicos, oficiales y camilleros de la Cruz Roja, de la que había sido presidente el finado y del Betis Balompié, entidad que también presidió Sánchez Mejías; el diestro Manuel Belmonte, que ostentaba la representación de su hermano Juan, y la Empresa de la plaza de toros de Sevilla, numerosos ganaderos andaluces, toreros y gran número de aficionados y amigos.

     Fuera de la estación estaba el clero de la parroquia de San Vicente, con cruz alzada.

     Acompañando el cadáver desde Madrid llegaron el hijo de Sánchez Mejías, Pepito; sus hermanos Aurelio y Trinidad Sánchez Mejías; su entrañable amigo y crítico taurino Gregorio Corrochano, el general García de la Herrán, que traía la representación del general Sanjurjo; el diestro Pepe Bienvenida, D. Justo Sanjurjo, el apoderado del difunto, José Alarcón, y su mozo de estoques, Conde. 

     En Córdoba se quedó D. Justo Sanjurjo, y en Los Jerónimos, Pepito Sánchez Mejías, que fue trasladado rápidamente a Pino Montano por encontrarse enfermo.

     El féretro fue sacado a hombros por los hermanos Paso, Pepe Bienvenida, Conde y otros íntimos de Sánchez Mejías. A la salida de la estación, el clero cantó un responso, e inmediatamente se organizó la comitiva fúnebre, marchando por las afueras de la capital a causa de la afluencia de público y por hallarse levantadas algunas de las principales calles de Sevilla, circunstancia que hacía imposible toda manifestación.

     El desfile fue presenciado por millares de personas, especialmente en La Macarena, donde la afluencia de público era enorme.

     El féretro fue depositado en un landó revestido con paños negros y tirado por cuatro caballos. Detrás del coche fúnebre iban seis coches más ocupados por coronas, con un total de unas 60, destacando entre ellas la de los hermanos Bienvenida, la de Juan Belmonte y una monumental que sólo lleva esta leyenda: "¡A Ignacio!". 

     La llegada al cementerio constituyó un momento de intensa emoción. Los alrededores, así como la rotonda, se encontraban totalmente abarrotados de público, que hacía realmente imposible el acceso. Fuerzas de asalto hubieron de intervenir discretamente... Junto al mausoleo de Joselito, donde se había dispuesto una sepultura para el cadáver de Sánchez Mejías, la afluencia era grandísima.

     Antes de procederse a depositar el cadáver se cantó otro responso. Verificado ya el entierro, se constituyó el duelo en el cementerio, formado por los hermanos de Ignacio, los sobrinos, el tío del finado, Juan Antonio Jacobo Sánchez, hombre de unos setenta años, que quería con delirio a su sobrino; el crítico taurino Gregorio Corrochano, el general García de la Herrán, el hermano político del finado Manuel Martín Vázquez, los hermanos Paso, el mozo de estoques y otros íntimos.

     Según se nos informa, al pasar el cadáver de Sánchez Mejías por la estación de Manzanares, en el andén aguardaba el pueblo en masa con una corona monumental, que fue depositada sobre el féretro. 

     (Esta noticia no tiene firma)


     La vida, el mundo, continuaba su curso. En Manzanares, la localidad donde recibió la cornada, había temor y desconfianza, como en otras localidades manchegas, por el posible alza de los precios agrícolas. El 16 de agosto, según El Sol, el precio por pesetas y arroba de 16 litros, sobre vagón, en Manzanares, oscilaba de 4,15 a 4,40 en vinos. 

     Debemos contextualizar la década de 1930. Fue la época de la Gran Depresión originada en 1929. Los más optimistas veían síntomas de reacción favorable, aunque únicamente como nuncios de una halagüeña esperanza. Así lo veía en un artículo en la sección de finanzas del diario el intendente mercantil Julián Alienes.

     Las noticias políticas presagiaban problemas: La CEDA estaba disgustada con el gobierno de la República, al que apoyaba, por la suspensión de las negociaciones con la Santa Sede. Las Cortes no se reunirían hasta octubre. Se recogía, además, la noticia de la reunión en La Granja entre el presidente Alcalá Zamora y el presidente del Gobierno, Sr. Samper, para que don Niceto tuviera una información de primera mano sobre la situación política. Se contaba que el general Franco, según El Sol, llegaría el 18 de agosto a Madrid, procedente de Baleares, llamado por el ministro de la Guerra. En principio, para hablar de Baleares, sus bases navales y presupuesto como jefe de esa división. Pero, también, de la movilización de la primera reserva del Ejército proyectada para el próximo otoño.

     El artículo de Fernández Almagro aparecía destacado en portada de El Sol. Su autor no era un asiduo a las plazas de toros, pero mostraba interés por la tauromaquia. Disputaba importancia la muerte y carácter de Sánchez Mejías a noticias como el caos cubano, que el diario atribuía al desastre imperialista norteamericano durante la presidencia Roosevelt; o los problemas con nazis en Austria; los problemas españoles con la Generalidad y los municipios vascos que inquietaban a Acción Nacional de Gil Robles con su respuesta más o menos radical; sin olvidar el plebiscito del Sarre y la influencia de la propaganda nazi.

     Luis Calvo, periodista de largo recorrido y biografía, escribía sobre los preparativos de paz británicos, que presagiaban la carrera armamentística que hubo en aquellos años en todas las naciones. Los astilleros de Estados Unidos tenían la mayor actividad industrial en diez años; las disputas diplomáticas entre rusos y japoneses hacían temer un conflicto armado. Y en Alemania, Hitler recibía el testamento político del fallecido Hindenburg de manos de su vicecanciller Von Papen. Testamento que se hizo público tanto porque iba dirigido al pueblo alemán como porque el fallecido se había mostrado esperanzado con el alcance histórico del gobierno de Hitler. En el referéndum celebrado en esos días, Hitler concentró los cargos de canciller y presidente.

     

      Vamos camino del final. El 23 de agosto apareció la siguiente noticia breve en El Sol

     Funerales por Sánchez Mejías

     En la iglesia parroquial de San Vicente se han efectuado solemnes funerales costeados por la familia, en sufragio del alma de Ignacio Sánchez Mejías.

     La concurrencia fue numerosísima, figurando en la misma Juan Belmonte y otros toreros, ganaderos, deportistas y numerosos amigos particulares de la familia doliente.

     Presidieron el duelo el hijo, los hermanos de Sánchez Mejías y Rafael Gómez "el Gallo", venido de Madrid con este motivo. (Febus).

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     Antes, hemos citado a José Ortega Spottorno declarando la ausencia de noticias taurinas en El Sol. Nosotros hemos encontrado la siguiente caricatura de Martínez de León acompañada de un breve de Oselito, su personaje imaginario y compañero de fatigas. En realidad, su otro yo. Entre el humor y la caricatura, se hacía referencia a la tauromaquia en el diario El Sol, que "nunca" informaba del mundo de los toros:

 

El Sol, 24 de agosto de 1934

          Andrés Martínez de León fue caricaturista de El Sol desde 1922 e ilustró para intelectuales contemporáneos como Chaves Nogales, Pedro Garfias, Gregorio Corrochano, Blas Infante, Armando Palacios Valdés, José María de Cossío, Adriano del Valle... Tras su detención después de la Guerra Civil por sus caricaturas de Franco y Queipo de Llano, que le llevaron a estar condenado a muerte, consiguió el indulto en diciembre de 1946. Sevillano de Coria del Río,  pudo rehacer sus contactos que recordaron sus murales cerámicos de la Plaza de España en Sevilla, sus obras sobre los toros, el Betis y la Semana Santa.

     En cursiva se han reproducido las publicaciones del momento.

     


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     Referencias consultadas:

     - DIEGO, G.: Obras completas. Tomo V. Alfaguara. Edición de Francisco Javier Díez de Revenga. Nota 27-04-2024 en Archivo Museo Sánchez Mejías.

     - https://www.youtube.com/watch?v=VuONHzIFpaE 

     - El Sol, visualizados los ejemplares del mes de agosto de 1934.

     - La Voz, 13 de agosto de 1934.

     - Andrés Martínez de León.



10-06-2026 18:47 Actualizado... 15-06-26 11:10

Quién manda en el mundo, por Ortega y Gasset.

 

Alejandro y Apeles según Tiépolo. Wikipedia.

     

     Ortega y Gasset tenía una fijación intelectual con Cayo Julio César. Establecía una diferencia con su referente obvio del mundo grecorromano: Alejandro Magno. Don José contaba que los grecorromanos tenían una ceguera para visualizar el futuro porque vivían radicados en el pasado. En el modelo de sus mayores. Su vivir era en cierto modo revivir. 

     Por el contrario, los europeos habíamos girado hacia el futuro, hacia el después. Y vemos, veía, a los grecorromanos como anacrónicos o antiguos. La ecuación para juzgar a César se hacía inicialmente fijándose en el modelo de Alejandro como el macedonio se había fijado en Milciades. A esto añadimos aquí que en la Historia del Arte ha sucedido algo igual entre Alejandro y el pintor Apeles como modelo para Carlos de Gante, rey y emperador, y Tiziano.

     Pero César era lo contrario al conquistador macedónico. Eran semejantes en la idea de un reino universal. César es el origen del Imperio que su sobrino forjará. César no siguió la conquista de Alejandro hacia el Oriente; eligió Occidente y buscó un Imperio romano que viviese de la periferia, de las provincias. Un imperio donde colaborasen los más distintos pueblos. Para Ortega esta actitud hacía olvidar la ciudad estado griega. Hoy sabemos que ya rompió con ella Alejandro Magno. Antiseri y Reale nos cuentan que cuando escribe Aristóteles sobre la organización de la ciudad, su discípulo se prepara para establecer las monarquías helenísticas que dominaran el mundo conocido hasta la llegada de los romanos.

      Los romanos crearon un gigantesco cuerpo social, dice Ortega, donde cada elemento era a la vez sujeto pasivo y activo del Estado. De ahí surgió nuestro estado moderno. César fue un genio futurista.


Julio César. Coustou. Wikipedia


     

     Colaboraron con él gente de provincias como el reconocido comerciante gaditano Lucio Cornelio Balbo. Un atlántico. El Estado nace cuando se convive con más personas que tu familia. Es decir, se convive con grupos separados. El Estado no es la consanguinidad, ni la unidad lingüística, territorial, o la contigüidad. Es un puro dinamismo manifestado en la voluntad de hacer algo en común, y por ello, la idea estatal no está limitada por término físico alguno.

     El Estado es en todo instante algo que viene de y va hacia. Tiene una unidad de convivencia fundada en cualquier atributo material, pero tiene que realizar otras acciones que hagan superar la unidad original, porque si cesa de actuar, ese Estado tenderá a desaparecer, independientemente del origen de esa unidad inicial producida por razas, idiomas o fronteras.

      Ortega creía que lo que nuestros ojos ven al repasar la evolución de cualquier nación moderna como Francia, España o Alemania es que lo que en un momento dado parece constituir su nacionalidad, y si lo vemos en una fecha posterior, aparece como negado. Primero, la nación parece la tribu, y la no-nación, la tribu de al lado. La nación comprende esas dos tribus, que más tarde será una comarca, un condado o un reino. Es evidente, entonces, la presencia de dos principios: uno variable y siempre superado- tribu, condado, ducado, reino con idioma-; y otro, permanente, que salta todos estos límites y postula como unidad lo que aquel consideraba como radical contraposición.

     Se muestra crítico con la visión de filólogos e historiadores. Para explicarnos cómo se han formado Francia y España supone que Francia y España preexistían como unidades en el fondo de las almas francesas y españolas; y porque así no existían en realidad, puesto que se tenían que decantar o forjar en más de dos mil años de faena.

     Las naciones actuales son, para Ortega, la manifestación de un principio variable condenado a perpetua superación. No es la sangre ni el idioma, que es un efecto de ella, y no su causa. Ese principio, para el filósofo, es la “frontera natural”, término utilizado por diplomáticos pero que no debe ser usado por historiadores[1].

     Ortega impresionaba entre sus contemporáneos. Gerardo Diego contó la anécdota de cuando fueron presentados el filósofo José Ortega y Gasset y el torero Ignacio Sánchez Mejías. Junto a ellos, José María de Cossío. Rafael Alberti, Federico García Lorca, Manuel Altolaguirre y Diego. Comenzaron a hablar de toros y se quedaron pasmados, más aún Sánchez Mejías, cuando José Ortega y Gasset relató sus recuerdos y teorías. Les habló de Lagartijo y para explicar su toreo, se levantó y concitó la atención también de camareros y resto de comensales, agarró la servilleta grande que disponían antes de la guerra, y dibujó imaginarios pases taurinos, colocándose después la servilleta al hombro de forma mayestática[2].

     No conocían o no sabían de la afición taurina de su padre, José Ortega Munilla, que había insuflado en su familia.

     En 1935 redactó Historia como sistema en la que nos cuenta que la vida no puede comprenderse fuera de su contexto histórico. Recordando su famosa frase, el hombre es inseparable de sus circunstancias. Y siguiendo las pautas del artículo citado de 1930, el hombre es una realidad en constante construcción, moldeada por las decisiones y situaciones que cada uno se encuentra. El hombre se hace a sí mismo en el transcurso del tiempo. Va siendo. La historia es el propio medio de ser del hombre. Y propone/postula la razón histórica: el conocimiento y los valores son fruto de la vida y la experiencia concreta de los pueblos a lo largo del tiempo. Cada época posee su propia perspectiva y comprender el pasado hace entender el modo vital que lo originó. Crea así una filosofía de la historia.

Ortega y Gasset hacia 1950. Wikipedia




[1] El Sol, 13-07-1930.

[2] Conferencia inédita, 1957. Obras Completas de Gerardo Diego, Tomo V. Alfaguara. Madrid. 1997. Consultado 27-4-24 Archivo Museo Sánchez Mejías.




13-03-26 23:23 Actualizado 15-03-26 17:14

Sobre el origen de "Musicalia" (y 2).

 


Ortega y Gasset. Alejandro Cañada. Museo de Teruel. Fotógrafo: Jorge Escudero


     

     El 13 de junio de 2025, con motivo de los cien años de La deshumanización del arte de Ortega y Gasset, se celebraron una serie de actos en su memoria que incluyeron la conferencia audición “Escuchar Musicalia” que pretendía leer y escuchar fragmentos musicales citados por Ortega en sus artículos. Se oyeron sus ideas sobre Debussy, las comparaciones con Wagner o Beethoven; lo que pensaba de Bach o Chopin. Y la audición terminó con la interpretación de la Nana de Sevilla, en la versión de Federico García Lorca (1931)[1]. Quien recuerde esta nana no olvidará que la estrenó Encarnación López Argentinita:

     “Ese galapaguito no tiene mare…”




     La repercusión de las teorías orteguianas sobre el arte y la novela transformaron la publicación del libro en un acontecimiento que se extendió a las artes plásticas y la música. Ortega se refería así al arte en general que englobaba a la música nueva, a la nueva pintura, la nueva poesía y el nuevo teatro. Es 1925. Recordemos, el año de la exposición de la Sociedad de Artistas Ibéricos o cuando Guillermo de Torre publica Literaturas europeas de vanguardia.

       Cuando el mes de marzo de 1921 se dirigía hacia su última decena, Ortega retomó en El Sol la segunda parte de su artículo Musicalia, del que reseñamos la primera parte, escrita el 7 de marzo de 1921. 

     Como había mostrado reparos al romanticismo musical, matizaba esta crítica considerando que había superado, a su vez, a lo anterior al someter las pasiones al sentimiento.

     El romanticismo consagró el sentimiento al dotarlo de color y temperatura. Esta fue la labor de Goethe y Chateaubriand. Pero, tras la primera etapa de consagración del sentimiento, debía ser consciente de lo que sentía (comprometerse a sentir). Como manifestábamos con anterioridad, cada derecho debía tener una obligación que haría que este derecho no fuera injusto y estéril.

     La liberación, decía Ortega, en arte o en política, tenía valor como tránsito entre un orden imperfecto y otro más perfecto. Era el estado en el que se encontraba el Estado Liberal: un carácter provisional y no sólido que precisaba avanzar más y crear un nuevo orden; una nueva estructura social, una nueva jerarquía.

      Del mismo modo, la intención del romanticismo radicaba en creer que las emociones constituían una zona del alma humana más profunda que la razón y la voluntad. Al primer romanticismo de la liberación, seguiría un segundo cuyo lema era selección y jerarquía, que actuaría (reobraría dice Ortega) contra la anarquía de los gustos, que había producido el descenso grave del nivel de la sensibilidad europea.

      El arte evolucionaba inexorablemente hacia una progresiva purificación, eliminando cuanto no fuera puramente estético. Las divergencias entre la vieja y la nueva música, especialmente las de orden técnico, se derivaban del estilo en que expresaban los estratos de sentimiento distantes entre sí. Para los románticos, el arte era una bella envoltura que se endosaba a lo vulgar. Para los modernos, según Ortega, el arte era un arisco imperativo de belleza integral. Preferir Mendelssohn y su Marcha nupcial a Debussy y su Iberia es exaltar lo inferior y violar lo superior. 

      Y a la diferencia de estilos se suma también el goce de sus músicas. Pensaba que era necesario plantear una doctrina que compusiera una doctrina de la fruición: una disciplina y técnica del goce. Un arte del arte.

      Nuestra alma, decía, tiene dos actitudes antagónicas cuando se dispone a disfrutar de la música: una concentración hacia dentro y una concentración hacia afuera. La concentración hacia dentro se produce cuando se abre en el fondo de nuestra intimidad recuerdos placenteros que nos cierran al mundo exterior.

     En el caso de que un ruido brusco nos haga despertar de esa intimidad y hubiéramos emergido al exterior, poniendo todos nuestros sentidos en la nueva situación, nos encontraríamos en la concentración hacia afuera. Esta diferencia se establece al oír la romanza en fa de Beethoven porque la escuchamos atendiendo al flujo de emociones que surgen en nosotros. No gozamos de la música, gozamos de nosotros mismos.

     La música de Debussy o Stravinski nos invita a una actitud contraria. Hace que nuestros sentidos, nuestro oído, se fijen en los sonidos mismos, en lo que acontece en la orquesta, recogiendo sonoridad tras sonoridad, apreciando su color y forma. Paladeándola. Es una música externa a nosotros, un objeto distante, localizado fuera de nuestro yo, ante el que somos puros contempladores, porque nos interesa.

     Resume su visión diciendo que todo estilo artístico que vive de los efectos mecánicos obtenidos por repercusión y contagio en el alma del espectador es naturalmente una forma inferior de arte. Como el melodrama o el folletín. Tiene una gran capacidad de arrebatar y crear una intensidad de efectos. Aclara Ortega: es un error creer que el valor de una obra se mida por la capacidad de arrebatar a los sujetos. Entonces los géneros superiores serían las cosquillas y el alcohol.

       El Arte, lo escribe con mayúsculas, es contemplación, no empujón. Esto supone una distancia entre lo que ve y lo que no se ve. La belleza, suprema distinción, exige que se guarden las distancias. Sepamos contener nuestro arrebato[2].

Adolfo Salazar. Wikipedia



       De los artículos sobre Musicalia de Ortega se aprecia que la música se había convertido en un tema de interés intelectual que eclosionaría con la generación del 27 de la música (grupo de los ocho) hasta llegar a la Guerra Civil. El debate, además, salió de las páginas de la crítica musical en Espectáculos Varios como síntoma de su vigor. Era cuando Falla estrenaba El Retablo de Maese Pedro, y Adolfo Salazar con Falla tutelaban a los hermanos Halffter, Pittaluga o Salvador Bacarisse. Y cuando la generación del 14 ya había consagrado a Turina, Óscar Esplá o Jesús Guridi[3]. Salazar pudo influir en las ideas musicales de Ortega por su relación en El Sol, siendo ambos europeístas y partidarios de la nueva música. Y Salazar, como el crítico más importante del primer tercio del siglo XX.

     En la primera entrega sobre Musicalia se citaba la visita de Adolfo Salazar a Cuba cuando Alejandro García Caturla hablaba de la hospitalidad que recibiría el crítico musical en La Habana. En otra carta, de 25 de noviembre de 1929, antes de llegar a Cuba, ya le decía a García Caturla que en los preliminares, no en la visita, los Quevedo estaban portándose de un modo que difícilmente podré olvidar.

Alejandro García Caturla. Wikipedia


     Como recuerdo de aquel viaje evocamos a Alejandro García Caturla que utilizó como emisario de una carta a Antonio Quevedo para entregársela a Salazar al no poder coincidir con él. Circunstancia que fue subsanada en la segunda visita de Salazar en 1937, donde los señores Quevedo presentaron a Adolfo Salazar y Alejandro García Caturla[4]. García Caturla fue un músico y abogado cubano de corta pero intensa vida intelectual, que murió asesinado en 1940. En la revista Musicalia encontró una plataforma de difusión de sus ideas musicales.





[2] ORTEGA Y GASSET, J.: Musicalia IIEl Sol. 21 de marzo de 1921.

[3] OLIVER GARCÍA, J. A.: Ortega en el debate entre romanticismo y nueva música. Temas para la educación, Revista digital para profesionales de la enseñanza. Federación de enseñanza de CC. OO. de Andalucía. Núm. 20. Mayo, 2012.

[4] SALAZAR, A.: Epistolario 1912-1958. Edición de Consuelo Carredano. Fundación Scherzo/ publicaciones de la Residencia de Estudiantes. Instituto Nacional de las Artes Escénicas y la Música. Madrid. 2008. Cartas entre Alejandro García Caturla y Adolfo Salazar antes y después de su viaje a Cuba en 1930. Volvió a visitar la isla de Cuba en 1937. Reseña 6-11-25 Archivo Museo Sánchez Mejías.




27-12-2025 17:52 Actualizado 18:41

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