| Howard Carter y los duques de Alba. El Heraldo de Madrid, 21 de mayo de 1928 |
Introducción: Mientras recabábamos datos sobre el campeonato de España de fútbol de 1928[1], estuvimos buscando referencias en la prensa de los dos partidos del 20 y 22 de mayo para contrastar la memoria de los literatos de la Generación del 27 sobre aquel evento con la famosa oda a Platko. Al mismo tiempo, nos encontramos con referencias a un hecho cultural del que habíamos escrito con anterioridad: la visita de Howard Carter a España[2] para hablar de Tutankamón y la popularización de la egiptología en la década de 1920[3], tras los descubrimientos de Carter, con su amistad con el duque de Alba y la creación del Comité Hispano-inglés. Las conferencias de Carter fueron el modelo que utilizó Jiménez Fraud en 1924 para las siguientes charlas que se dieron en la Residencia de Estudiantes. Es el momento de dar relieve a esta segunda visita de 1928 desde distintos puntos de vista.
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Carter llegó a Madrid el 19 de mayo de
1928 desde Egipto con el único motivo de dar dos conferencias y después marchar
a Francia e Inglaterra, donde otros compromisos le esperaban antes de regresar a
la tierra de los faraones. Durante esta segunda visita se hospedó en el Palacio
de Liria, como ocurrió en 1924.
La primera conferencia tuvo lugar en la
Residencia de Estudiantes el 20 de mayo a las siete de la tarde. Lleno absoluto
que hizo que las personas se amontonaran en la puerta abierta y en el pasillo.
Se remarcó la presencia de la reina Victoria Eugenia, el exrey de Grecia Jorge
II, la infanta doña María Cristina, los embajadores de Inglaterra, Estados
Unidos y Francia, ministros de distintos países, políticos, aristócratas,
intelectuales, etcétera.
El acto fue presentado por el duque de
Alba. Dijo que la conferencia era la continuación de la de hace cuatro años,
cuando relató la apertura de la tumba de Tutankamón. Así lo refrendó Carter. El
trabajo de campo se había dirigido a la apertura de ataúdes que estaban junto
al del faraón y ver el estado de la momia del faraón, que era bastante
deficiente, según el egiptólogo, por los materiales empleados en el embalsamamiento.
Su explicación se acompañó de diapositivas que explicaban el estado de la momia
y una selección de los 143 objetos que se encontraron en su ajuar. Carter
terminó esta conferencia contextualizando la llegada de la Edad de Hierro a
Egipto. La conferencia fue un éxito. Hubo una recepción del duque de Alba en el
Palacio de Liria donde asistieron el conde de Gimeno, traductor del libro de Carter
y presidente de la Junta de Excavaciones y Antigüedades; el director general de
Bellas Artes; Raimundo Fernández Villaverde y el director de la Residencia de
Estudiantes, Alberto Jiménez Fraud.
Por el interés suscitado, la segunda conferencia fue trasladada al Teatro de la Princesa el 22 de mayo y versó sobre La cripta interior. En el invierno de 1926-1927, las investigaciones del equipo de Carter le llevaron hacia la tercera estancia, la cripta interior, alejada de la Cámara Sepulcral que contenía la tumba. Era una cámara que parecía encontrarse tal y como la dejaron los antiguos obreros faraónicos, con objetos y motivos funerarios y religiosos: figuras de divinidades protectoras; estatuillas de dioses del otro mundo; estatuillas del rey con sus atributos de soberanía; barquitas para seguir los viajes del sol; canoas para ir de caza en el otro mundo; barcos mayores para la santa peregrinación o para cruzar las celestiales aguas; cofrecillos conteniendo tesoros y artículos de tocador para la vida futura; y el templete con los vasos canopos y el arca donde se colocaban las vísceras del monarca, bajo la protección de cuatro diosas tutelares y sus genios, propiciatorios de la momificación.
Se ha realizado aquí
un resumen de la visita publicado en el Boletín de la Institución Libre de
Enseñanza en 1993[4].
| Howard Carter, 1925. Biblioteca Nacional de Francia. |
En 2022, Myriam Seco y Javier Martínez Barbón
publicaron Tutankha-món. Howard Carter en España. El duque de Alba y las
conferencias del egiptólogo en Madrid. Recoge más extensamente que Rueda el
acto de las conferencias, repitiendo el lleno y la asistencia de
personalidades. Incluye la presentación del duque de Alba, donde se refleja la
amistad y hospitalidad del duque hacia el arqueólogo y donde recordó las
diapositivas sobre el hallazgo de la tumba de Tutankamón que donó al Comité
Hispano-inglés. Diapositivas de las que tuvieron que hacer copias por las peticiones
de distintos sitios de España y Sudamérica, con demanda de nuevas conferencias.
Carter inició su conferencia con un breve
preámbulo en el que recordó lo que había expuesto en las conferencias de 1924.
Explicó el laborioso trabajo de los miembros de los equipos arqueológicos para
extraer y abrir los ataúdes antropomorfos. Insistió en los problemas de la adecuada
conservación de la momia por la gran cantidad de aceites y resinas vertidos
sobre ella, que habían producido la destrucción de parte de los finos sudarios
de lino y el cuerpo del faraón. Comenzó a reproducir las diapositivas de las
fotografías que fue comentando. Entre las particularidades de este ataúd
destacaban unas láminas de oro que lo recubrían, más gruesas en las manos y en
la cara. Leyó entonces Carter la inscripción de la parte anterior dedicada a la
diosa Nut: ¡Oh Madre Nut! Extiende tus alas sobre mí como las estrellas
imperecederas.
El público pudo contemplar la cabeza y los
hombros del ataúd exterior; las manos cruzadas que sujetaban el mayal y el
cayado, emblemas de la realeza egipcia. Sobre la frente se podía observar el
buitre y la cobra, Nekhbet y Uadjet, símbolos divinos del Alto y Bajo Egipto. Una
vez levantada la tapa, pudieron visualizar un segundo ataúd cubierto con una
corona y guirnaldas de flores situadas sobre la envoltura de lienzo, en los que
sobresalían unos pétalos de loto azul.
El conferenciante mostró fotografías sobre
cómo se enrolló la envoltura de lienzo que cubría el segundo ataúd y cómo este estaba colocado dentro del primero. Aportó datos sobre su tamaño y características. Al
abrirlo, vieron un tercer féretro que presentaba una forma osiriaca
similar a los dos anteriores.
Las fotografías del tercer ataúd dieron
continuidad a la conferencia. Mostraba el rostro de oro bruñido y un collar de
flores alrededor del cuello. El resto del féretro estaba envuelto por un lienzo
rojo. Aquel ataúd era de oro macizo, valorado según Carter en cincuenta mil
libras esterlinas de 1928. La similitud de los rostros de este féretro con el
del ataúd exterior fue resaltada y subrayó las delicadas figuras de las diosas
Nekhbet y Buto, en brazos y abdomen, y de las diosas protectoras Isis y Neftis,
en los miembros inferiores.
La tapa estaba unida mediante ocho espigas
de oro. Extraída y levantada la tapa, pudo mostrarles cómo era la momia del
rey: La máscara de oro batido, con las insignias reales sobre la frente y la
barba; un gran escarabajo sagrado colgando del cuello; las manos de oro bruñido
sujetando el mayal y el cayado, y la mortaja exterior, que presentaba diversos
ornamentos, entre los que sobresalía un pájaro Ba de oro, ave con cabeza humana
que simbolizaba una de las manifestaciones espirituales del fallecido.
Carter reflexionó sobre las riquezas de
las tumbas de los grandes faraones del Reino Nuevo y las comparó con las de un
rey menor como Tutankamón. Recordó la equiparación de estos con Osiris, que
murió, fue enterrado y resucitó para encaminarse hacia la inmortalidad.
Se centró en el examen de la momia hecho
por los doctores Derry y Bey Hamdi, que retiraron los vendajes carbonizados y
podridos, al tiempo que recogían 143 objetos, destacando su diadema e insignia.
Destacó que había tres objetos de hierro, síntoma de la
introducción primigenia de este metal en Egipto. Murió con dieciocho años y
tuvo gran parecido, según Carter, con Akenatón.
Los residuos líquidos habían adherido el cadáver
vendado al féretro de oro. La máscara de oro mostraba el retrato del rey en su
temprana muerte. Carter fue relatando en las siguientes fotografías el pectoral
de oro con forma del pájaro Ba. Entre las envolturas extraídas encontraron una
diadema de oro con incrustaciones de cornalina y fabricada en una sola moldura.
Debajo de las vendas que cubrían la parte
superior de la cabeza, se encontró un casquete que se ajustaba al cráneo
rasurado del faraón. Los últimos vendajes cubrían el rostro y fueron retirados
con sumo cuidado para evitar daños por su fragilidad. Entre los vendajes de la
momia aparecieron objetos como collares, un escarabajo sagrado, varios
amuletos, un delantal de ceremonias, un cinturón y un puñal. Carter se detuvo
en la descripción de los collares de Horus, Nekhbet y Buto. Oro con
incrustaciones de coloridos cristales. El escarabajo sagrado llevaba incrustado
un pájaro Benu. Los amuletos eran protectores: Thet de jaspe rojo, Ded de oro y
Uaz de fedespalto verde. Carter contó la relación entre los amuletos y el escarabajo
con citas del Libro de los muertos[5]
y la finalidad que poseían.
Sobre el tórax fueron encontrados diversos
pectorales: El del buitre Nekhbet, muy hermoso, o el macizo de escarabajos
Kheper, que fueron interpretados por el arqueólogo como una asociación de
elementos relacionados con Osiris y Ra. Mostró también los brazaletes y las
pulseras de los brazos del monarca que denotaban la delgadez de sus brazos.
El delantal que se ve en los relieves
egipcios estaba alrededor de su cintura. Sobre el delantal dorado no sabía
exactamente su significado. Con el delantal había un puñal de oro con una vaina
ricamente labrada con escenas de caza, con un friso con volutas, inscripciones
y motivos florales.
Extraídos más vendajes, apareció otro
cinturón de oro y un puñal de hierro. La aparición de la industria de hierro la
relacionó Carter con los primeros pasos del ocaso del Antiguo Egipto. Su teoría
era que los primeros objetos de hierro habían sido introducidos en los
contactos con los hititas a pequeña escala.
Concluyó diciendo que los amuletos de los
vendajes pretendían la protección del difunto en el más allá; que, por su calidad,
había que elogiar a los joyeros y artesanos tebanos que unían la calidad con la
búsqueda de la felicidad definitiva para los difuntos.
Al igual que se citó con anterioridad, el
éxito, los aplausos y el interés por la segunda conferencia hicieron que se
trasladara al Teatro de la Princesa para el 22 de mayo a las siete menos cuarto
de la tarde.
| Howard Carter y su equipo a principios de la década de 1920. Museo de Antigüedades del Mediterráneo y del Cercano Oriente. Estocolmo |
Las dimensiones de la cámara, 4 por 5
metros y 2 de altura, mostraban paredes sin alisar y estaba repleta de
materiales arqueológicos, con un significado religioso en su mayoría, que podía
ser protectora ante la idea del terror de los humanos y el bienestar de la otra
vida. Divinidades protectoras, estatuillas del rey, maquetas de barcos de distintos
tamaños y significados, cofres de joyas y artículos de tocador. Capillas con
ushebtis, que fueron figurillas que se colocan en las tumbas que sustituyen a
los difuntos en las tareas agrícolas que realizarían en los Campos de Osiris; y
los vasos canopos protegidos por las cuatro diosas tutelares.
Tras la introducción, Carter dispuso las
diapositivas desde la entrada en la cripta protegida por la figura negra de
Anubis, perro negro parecido a un chacal: El guardián de los muertos y
divinidad de la momificación en tiempos dinásticos.
Siguió con la cabeza de la vaca Meh-Urit
mirando hacia el oeste. Era una manifestación de la diosa Hathor como Señora de
Amentit, territorio del ocaso.
Los asistentes pudieron contemplar a
continuación dos de las arcas abiertas, cada una de las cuales tenía una
divinidad con el cuerpo envuelto en una fina tela. Otras arcas, situadas hacia
el suroeste de la sala, contenían estatuillas de madera del rey envueltas en
lino, pero con la cara descubierta, con particularidades unas del arte de
Amarna y otras del arte tebano.
Las estatuillas del rey tenían el cetro y
el flagelum como el soberano del Bajo Egipto; y el cayado de pastores y
el mayal del labrador, como soberano del Alto Egipto; aparecía también saludando al sol,
sostenido por la deidad Mankaret; y sobre una canoa de cañas, encima de un leopardo
negro con forma de Horus el Vengador.
Una flotilla de dieciocho barcos
amontonados correspondía a la tradición egipcia de acompañar al sol en sus
viajes, a Horus en la cacería en los pantanos, en las peregrinaciones o para
llegar a los Campos de los Bendecidos.
El rincón noroeste de la cripta tenía los
templetes de madera que contenían las figurillas de ushebtis, con la
finalidad agrícola en los campos de Osiris. Sus aperos de labranza eran de
cobre, consistiendo en una azada, un pico, un yugo, cestos y dos cántaros de
agua.
Las arquetas con objetos preciosos
situadas a lo largo de la pared septentrional habían contenido objetos de valor
que fueron robados y el resto había sido esparcido por la cámara. No explica
cuándo fueron robados porque se desbarataría la idea de treinta siglos ocultos
o bien fueron robados prontamente por los contemporáneos. Las arquetas, por
otra parte, tenían un trabajo delicado de ornamentación. Una de ellas, con 45.000
piezas de incrustación, con las joyas, entre otras, de la orden de la Salida
del Sol; la orden de cómo era llevada; la orden de la Luna y clases de las
mismas órdenes. Una segunda arqueta tenía la forma ovalada del cartucho del rey
y estaba elaborada con madera de conífera y listas de ébano. Sobre la tapa se
podía leer el nombre de entronización de Tutankamón, formado por jeroglíficos de
marfil y ébano sobre un fondo de oro. Una tercera arqueta estaba fabricada en madera de cedro y
adornada con listones de marfil. Portaba signos que significan: Toda la vida
y buena suerte. El interior estaba dividido en dieciséis departamentos expoliados en época dinástica. La quinta arqueta guardaba
el abanico del rey, de plumas de avestruz y mango de marfil.
Sobre el significado de los cuatro vasos
canopos, dijo que eran los receptáculos de las vísceras y los vinculaba a cuatro
genios bajo la protección de Isis, Neftis, Neith y Selket.
| Traslado de objetos de la tumba de Tutankamón en el Valle de los Reyes. Museo de Antigüedades del Mediterráneo y Cercano Oriente. Estocolmo. |
Las últimas fotografías de la conferencia
presentaban los siguientes detalles: el cofre canopo cubierto con un paño
mortuorio de color pardo oscuro y sin decoración; el cofre canopo de alabastro casi translúcido, poseedor de un rodapié de oro
y colocado sobre dos largueros de madera con mangos de plata. Los sellos eran de arcilla y estaban colocados, dos a cada lado,
sujetos a argollas de oro; la cubierta del cofre canopo levantada, que dejaba
al descubierto las cuatro tapas con forma de cabeza humana cuyo rostro se
asemejaba al de Tutankamón; las cuatro tapaderas; una de las tapaderas vista de
perfil; la apertura de los cuatro recipientes del cofre que contenían, cada
uno, un minúsculo ataúd de oro y uno de los ataúdes de oro en miniatura, que contenía
vísceras del rey envueltas en forma de momia.
Para Carter, los objetos hallados en
aquella pequeña cámara se podían dividir en tres grupos: piezas necesarias para
la tumba, elementos de protección para el más allá y el ajuar que el difunto
podía necesitar. Según él, la labor de los ladrones había impedido conservar el
cincuenta por ciento de los cofres y se habrían llevado probablemente lo mejor.
Aquí dejamos la reseña de las dos conferencias
hechas por Seco y Martínez[6]. Ahora veremos las referencias
en la prensa de la época que, realmente, es la razón por la que hemos vuelto
sobre este tema.
Abordamos cómo vio la visita de Carter en 1928 El Heraldo de Madrid. El 21 de mayo informó de la llegada de Howard Carter a España con una fotografía en la que estaba acompañado por los duques de Alba y que encabeza este artículo. En el artículo hace un resumen de la conferencia del 20 de mayo que concluye con la relación que establece el egiptólogo entre la profusión de amuletos con los símbolos sagrados y con las creencias supraterrenas de los egipcios, que tan amantes eran de la suprema felicidad, según el periodista.
El 22 de mayo, El Heraldo de Madrid publica una entrevista o unas pocas palabras de Carter antes de dirigirse a un almuerzo con los duques de Alba en el Palacio de Liria. El periodista, en el escaso tiempo que está con Carter, observa que el egiptólogo es sencillo y efusivo, casi como los meridionales, donde su cara tiene una sonrisa afable. Siente simpatía por España y ha visitado sus antiguas ciudades y ha admirado a sus pintores, en especial a Velázquez. En España quedan cosas por descubrir y le dice al periodista que los objetos egipcios encontrados en España reflejaban el comercio existente en el Antiguo Egipto por el Mediterráneo. Al periodista le cuenta todo lo relativo a los tres ataúdes del joven faraón, los problemas de las resinas empleadas que causaron grandes problemas de extracción. De pronto le indica que va a llegar tarde al almuerzo en el momento que alaba el sol de España. Le pide que le envíe la entrevista que le está haciendo, que las guarda. El periodista lo hará, aunque su fruto sea escaso, por la amabilidad del inglés.
| EL IMPARCIAL, 23-05-1928 |
El Imparcial recoge las dos
conferencias de Carter en sus ediciones del 22 y 23 de mayo de 1928. Del inicio
de la publicación del 22 de mayo destacamos la valoración que hace del lugar
donde se celebra la conferencia. La Residencia de Estudiantes es honrada en su cátedra.
Allí donde van llegando las personalidades más salientes de la intelectualidad
mundial. Por ello vuelve otra vez el conferenciante y los aplausos de la
nutrida concurrencia así lo testifican. Aquí el detalle de los asistentes se
extiende más allá de la nobleza porque sabemos que asistió Ortega y Gasset,
Pérez de Ayala, Bolívar, Bugallal o Gómez Moreno.
De la conferencia del día 22, la edición
del 23 recoge que el lugar fue el Teatro de la Princesa, que versó sobre la
cripta interior, pero aporta fotografías de la momia real dentro de su ataúd y el
examen de la momia real por el doctor Derry, ayudado por Howard Carter, mientras
en el cuerpo del artículo se reseña la cripta interior, considerada como el
lugar más recóndito de la tumba de Tutankamón. No olvida el carácter religioso,
místico y funerario del lugar, ni los atributos de la soberanía, ni las naves
pequeñas y su significado. Los cofres y el templete de los vasos canopos. El periodista
ve una colección heterogénea que se puede agrupar en tres categorías: requisitos
efectivos para la tumba, defensas para el otro mundo y cosas que pudiera
necesitar el difunto en la vida futura.
| Examen momia Tutankamón, EL IMPARCIAL, 23-05-1928. |
En
las publicaciones de El Liberal del 22 y 23 de mayo de 1928 se recoge la
misma estructura de las conferencias: En la primera, los antecedentes de la visita
de 1924 y el relato que aporta en su visita de 1928 sobre los trabajos de
1926-1927. Cuenta de este modo las tres cajas mortuorias, las dos primeras de
roble y la tercera de oro, la edad del rey joven y los accesorios y ajuar del
difunto, que demostraban las creencias en el más allá de los egipcios. Al final,
muchos aplausos y aviso sobre la segunda conferencia que será realizada en el
Teatro de la Princesa.
El Liberal reseña muy brevemente la
segunda conferencia el 23 de mayo de 1928. Pero es interesante reflejar su
primera página porque bajo una foto de Howard Carter escribe el siguiente pie
de foto: Míster Howard Carter, ilustre arqueólogo inglés, cuyas conferencias
sobre la tumba de Tutankamón en la Residencia de Estudiantes han constituido
una de las notas más interesantes de nuestra vida intelectual.
| Howard Carter. EL LIBERAL. 23-05-1928 |
Acabamos por donde deberíamos haber empezado. Reseñamos un periódico dedicado a información militar, La Correspondencia Militar de 21 de mayo de 1928, que únicamente hace referencia a la llegada de Howard Carter a España e informa que es colaborador de Lord Carnavon en los importantes descubrimientos producidos en el Valle de los Reyes, que las conferencias las dará en la Residencia de Estudiantes, que dichas conferencias versarán sobre la sepultura de Tutankamón y la cámara (cripta) sepulcral, que su interés es dar a conocer los descubrimientos de estos años y que, cumplida esta misión, volverá a Francia e Inglaterra, para después marchar a Egipto. El egiptólogo se hospedará en el Palacio del duque de Alba, del que el periódico informa que del palacio acudieron a recibirle algunos funcionarios.
[4] RUEDA
MUÑOZ DE SAN PEDRO, G.: 1924-1928, las dos estancias de Howard Carter en España. En Boletín de la
Institución Libre de Enseñanza, 17. Madrid. 1993.
[5] LARA
PEINADO, F.: Libro de los muertos. Estudio preliminar, traducción y
notas del autor. Textos y fórmulas para vencer las dificultades y peligros que
aguardaban en el Más Allá en la cultura egipcia.
[6] SECO
ÁLVAREZ, M. y MARTÍNEZ BARBÓN, J.: Tutankha-món. Howard Carter en España. El
duque de Alba y las conferencias del egiptólogo en Madrid. Almuzara. 2022.
Ebook para Kindle. Introducción de Manuel Pimentel y prólogo de Zahi Hawass.
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Referencias periodísticas
- EL HERALDO DE MADRID, 21 y 22 de mayo de 1928.
-
EL IMPARCIAL, 23 y 23 de mayo de 1928.
-
EL LIBERAL, 22 y 23 de mayo de 1928.
-
LA CORRESPONDENCIA MILITAR, 21 de mayo de 1928.
| Residencia de Estudiantes. Calle Pinar. Madrid. |
23-07-2026. 20:50. Actualizado... 24-07-2026 18:15