Ahora vuelve a oírse su nombre: La Habana y Cuba...
Hace casi
cien años, los viajeros que llegaban de España al Malecón eran acogidos de
forma cordial, efusiva y generosa por el mero hecho de ser españoles,
especialmente por la juventud, y no solo porque les estaban mirando y oyendo, incluso con
fraternidad intelectual.
La Cuba de 1930 era un país joven, con inquietudes similares a la gente joven de España.
Cuando allí llegó Adolfo Salazar se sintió como el joven que llega por primera
vez. Sintió el frescor vegetal que amanece con la tierra al llegar al puerto. Un
frescor que ya no era del mar.
En el terreno artístico y literario era
una más de las Españas, donde resonaba lo que venía de la península y donde su
aroma e inteligencia cultural prendía a todo lo español. Las calles de La
Habana 1930 eran estrechas y calientes, abigarradas de gente, con
resonantes canciones, con olores a frutas del trópico que impregnaban a cualquier
español a su llegada.
Cada paso era un descubrimiento. A todo ello encontraba
Salazar un encanto sutil e inexplicable, que estaba formado por la raíz
española- andaluza- y la flor criolla. Algo incomprensible para un extranjero, ya fuese francés o alemán.
Por las calles y las plazas
se vagaba con arte durante horas y días, al Sol y a la Luna. Algo raro, algo
estrafalario. Porque pudiera que esas ciudades o esos pueblitos no tuvieran nada de
extraordinario.
Salazar creía que la arquitectura de 1930
en La Habana era la arquitectura burguesa más horrible del mundo. Se salvaba por sus calles que recorría de un lado a otro. Y allí observaba la yuxtaposición de
la entraña española con lo criollo y el confort traído de la influencia
norteamericana. Una vieja raza creada de lo español y lo criollo se mezclaba
sin fundirse en sus costumbres. Veía negras prietas envueltas en las gasas vaporosas
del traje largo de salón nocturno neoyorkino. La gente, en su cabeza, seguía contando en
duros, pesetas y reales, cuando lo que circulaba era el dólar.
En lo criollo nacía la gracia fina y
aromática de Cuba. El viajero contaba que admiraba la gradación de la piel cubana y los tonos
de color de sus ojos. Y las mujeres mayores que acumulaban la experiencia de la
vida y su fatiga. Y disfrutaba de la alegría infantil del cubano que invitaba a
compartir el primer mordisco de un mango o una “mameya” (mamey).
Esos mulatos eran el alma musical de Cuba.
En los salones de Cuba se cantaban las canciones que antes solo se oían en las
cocinas de las casas. Los sones hervían por doquier como viva estampa de lo
criollo. La música o el sonido de la calle era otro: La de los rumores, los ruidos, las
risas, la inagotable charla. Los murmullos de una gran ciudad.
El vendedor ofrecía sus frutas, las hojas para el
baño o cualquier remedio. Y por las tardes, el chino que vende maní cerca
del teatro chino aparecía donde representaban dramas de gran quietud.
El pueblo llano, más humilde, no iba al teatro
chino ni a la opera italiana que cantaban tenores españoles en el Payret, ni a
las comedias madrileñas del Teatro Nacional del Centro Gallego. Ni a los bares
alegres y atestados del Parque Central con sus helados y jugos de fruta. El
pueblo llano dejaba el bar para el pueblo señorito y se dirigía al desenvuelto
teatro de la Alhambra. Salazar, que se sentía perteneciente a ambos pueblos, satisfacía su sed en los bares con daiquiris y marchaba al Alhambra a ver bailar la rumba[1].
Trocadero. La Habana. 1929. PYCRIL
[1] Adolfo
Salazar. El Sol, 12 y 13 de julio de 1930.
Cuando Adolfo Salazar escribía sobre la enseñanza musical y las orquestas en Cuba, su periódico, EL SOL, editorializaba sobre varios asuntos el 16 de agosto de
1930. En primer lugar, el problema de las subsistencias: Sobre lo que suponía el alza del coste de la vida y la
política económica del gobierno. De las políticas que debía tomar. Y de lo
meditado que debía estar cada decisión para que la vida no fuese tan cara. Aquello, también, de no pedir sacrificios a nadie sin antes dar ejemplo. En este caso, el gobierno.
Un segundo editorial lo dedicaba a la situación de Alemania después de la Gran Guerra. Con el título La política alemana, se incidía en cómo se estaba produciendo el crecimiento de los partidos extremos:
comunistas y nazis. Se intuía una victoria de los socialdemócratas, con los
partidos de la derecha divididos. Pedía a los posibles ganadores que aunque
no llegasen a una coalición, al menos consiguiesen una armonía mayor.
Como último editorial del día, El Acuerdo italorruso: El acuerdo económico entre el gobierno de los fascistas italianos y los soviéticos rusos, firmado por los ministros italianos Bottai y Mosconi y el representante soviético Linbinov-¿Litvinov?-. Surgía el temor a un pacto contra los
gobiernos democráticos. EL SOL creía que imperaban razones político-económicas en ambos países. Los soviéticos no conseguían entenderse con los gobiernos
capitalistas y los italianos no había conseguido rebajar su deuda ni llegar a un
acuerdo con los Estados Unidos. En Europa, ni Francia, ni Inglaterra, ni
Alemania abrían sus arcas en su ayuda. El acuerdo preocupaba en las cancillerías internacionales.
Dos dictaduras llegaban a un acuerdo en agosto de 1930. Dos dictaduras que
deseaban crear un orden social incompatible con el ya existente. Y EL SOL, matizando o reduciendo el diapasón de la alerta, la reseñaba para la defensa de la democracia.
Con este panorama, Adolfo Salazar escribe La vida musical en Cuba. – La enseñanza. Las
orquestas.
Estamos en Cuba, año 1930. La iniciativa privada en la mayor de las Antillas se extendía a ámbitos que en Europa solía ocupar el Estado. Era el caso
de la enseñanza, en este caso, musical. Cuba y España no tenían teatros oficiales, ni orquestas
oficiales. No tenían consignación presupuestaria, salvo en el aspecto de las bandas municipales.
En Cuba, como en Estados Unidos y las
repúblicas hispanoamericanas, se dejaba esta cuestión a la iniciativa privada.
Pero se hablaba o se empezaba a hablar de crear un Conservatorio oficial. Salazar creía que su
éxito dependería de su criterio de selección. No ayudaba la descentralización administrativa del
poder en Cuba que obstaculizaba una homogénea dirección de los criterios pedagógicos.
Adolfo Salazar había recibido información
del número de profesionales que trabajaban en el mundo de la música. Dependía de su nivel de formación el
éxito que tuvieran. Y pensaba que no debía de dejar de reconocerse la labor de la iniciativa
privada. En este punto, reseñaba la labor de los músicos españoles. Y hablaba
del Conservatorio Bach que dirigía María Muñoz de Quevedo, que calificaba como
una institución modelo. Tanto en el criterio como en sus procedimientos. Tanto
en lo artístico como en el sistema pedagógico. Fundado en 1925, era la idea que
sostenía la revista Musicalia. Este Conservatorio, esta revista y la nueva
Asociación- de Música Contemporánea- estaban en la cabeza de sus creadores para surgir- nacer- en el momento
indicado. Y la madurez artística de María Muñoz era reseñada por el musicólogo
español. Probablemente, para indicar que este instante era el momento ideal.
El conservatorio Bach basaba la
enseñanza en el piano. Pero no únicamente. También se enseñaba armonía y un panorama amplio de disciplinas que se extendía a la historia del arte en general y la literatura. Sensibilidad
y técnica.En las clases de Historia analítica
de la música e Historia de las Artes- utilizando proyecciones- participaba Antonio
Quevedo.
Salazar nos contaba además el éxito que había obtenido Federico García Lorca con las conferencias en la Institución Hispano Cubana de
Cultura, y que hablaría para la institución de los Quevedo sobre el ciclo histórico
de la poesía española.
Elogiaba, por otra parte, los métodos pedagógicos
infantiles de María Muñoz. El que la música se hablara musicalmente para
los niños desde párvulos. Dando importancia en esta enseñanza a los músicos antiguos y modernos, como Béla Bartók, Stravinski o Poulenc. La música
moderna entusiasmaba a los más pequeños, decía Salazar.
Las clases eran individuales, salvo
conferencias o cursillos de análisis a los que podían asistir alumnos de otros
centros. Como complemento, se enseñaban idiomas, especialmente para aquellos que
querían dedicarse al canto.
La falta de protección oficial era más aparente todavía en la vida de las orquestas, llenando este hueco la iniciativa privada. Nombraba a españoles como Pedro San Juan, que mostraban paciencia y
entusiasmo en la Orquesta Filarmónica.
La Orquesta Sinfónica de La Habana era
dirigida notablemente por Gonzalo Roig, director también de la Banda Municipal
y de la escuela Municipal de Música. Destacaba, por otra parte, la labor de la Orquesta Falcón, dirigida también por Roig, con esfuerzos heroicos para sobrevivir. Gonzalo Roig fue autor de zarzuela cubana y éxitos de la época como "Quiéreme mucho".
Salazar quería que España, en 1930, tuviese una
gran Orquesta Nacional, asentada en sólidas bases económicas, con directores
fijos, pero también con invitados ocasionales. Con unos planes diseñados y definidos. Con
método. Y desearía, otro tanto, para Cuba. Porque había mostrado entusiasmo y esfuerzo. Tenía en cuenta, en el final de su artículo, los difíciles tiempos económicos- señalamos que eran los tiempos de la depresión económica de 1929- con el recuerdo de la fusión de las orquestas Filarmónica y Sinfónica de la ciudad de Nueva York- babilónica la adjetivaba- para resistir los rudos embates de la Economía.
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Lo que aquí se reseña es la versión de la visita a Cuba de Adolfo Salazar, según los artículos que publicó en EL SOL. En el mes de noviembre de 2026 se publicó Antonio Quevedo y Sánchez, por Ignacio García Noblejas Santa-Olalla, que se sumerge en las relaciones humanas y profesionales de Antonio Quevedo, sus matrimonios, destacando el de María Muñoz, y las relaciones con la intelectualidad española- por ejemplo, cuando conoció a Salazar y García Lorca- y cubana. Publicado en Océano Atlántico Editores.
Mancheta de EL SOL, segunda semana de agosto de 1930. Fuente: EL SOL.
Fuente: EL SOL, caricatura de López Rubio, 14-8-1930
Cuando
a mediados de agosto de 1930 publica Adolfo Salazar su artículo en EL SOL
titulado La vida musical en Cuba. – Las sociedades de conciertos, en la vida de
los ciudadanos que leían el periódico había preocupación por la enseñanza de
sus ciudadanos; Salvador de Madariaga analizaba las instituciones faraónicas
del estado: trono, iglesia, ejército y burocracia; se relataba el fracaso de la
concentración de los partidos medios- centristas- en Alemania; Ramón Gómez de la Serna escribía
sobre cómo se estaba pasando de moda el sombrero, circunstancia que celebraba;
y Bagaria hacía caricatura política sobre las futuras elecciones, que luego se
celebrarían en abril de 1931.
Para Salazar la vida musical cubana
en 1930 contaba con paralelismos con la española, aunque, era obvio, la influencia de los
cercanos Estados Unidos era palpable. Cuba respondía a dos parámetros semejantes a España: la iniciativa particular y la falta de protección oficial.
La iniciativa particular era una ocupación
o preocupación de unas cuantas personas que lo hacían con generosidad y nada
interesados empresarialmente. No conocía en Cuba mecenas filarmónicos al estilo
de Estados Unidos que ayudaran a los que desinteresadamente trabajaban por la
música de la isla caribeña. Al menos, se le ocultaba a su curiosa mirada. Había
algún caso, según le decían.
En cuanto a la Sociedad Pro Arte Musical,
existía por el entusiasmo y esforzado trabajo de mujeres de la sociedad
habanera, destacaba a la señora Giberga, tanto por las programaciones que ofrecían como por la
construcción del edificio en el que residían, el teatro Auditórium, donde se
ofrecían óperas, conciertos sinfónicos y de cámara. Sostenía un círculo de
aficionados elegante y selecto con una incipiente biblioteca y la publicación
de una revista que ejercía como boletín oficial.
Tanto esta sociedad como las sociedades de
concierto españolas encauzaban la vida musical, aspecto que Salazar remarcó con insistencia
y que dependía de sus directores las líneas maestras de este desarrollo. A
la Sociedad Pro Arte Musical se unió, según el musicólogo español, la
Asociación de Música Contemporánea, que fomentaba la música más reciente, y en la
que pronunció una de sus conferencias, estableciendo la relación entre la nueva y
la Sociedad Internacional de Música, en cuyo nacimiento estuvo muy implicado. Su
queja se dirigía a que en Cuba se había conformado esta sociedad contemporánea y no
había conseguido que sucediera esto mismo en España.
La Asociación de Música Contemporánea nacía como consecuencia del ambiente creado por la revista Musicalia, fundada por
María Muñoz de Quevedo, que fue definida por Adolfo Salazar como una singular mujer
en quien la sensibilidad, carácter, inteligencia, voluntad y entusiasmo se unen
en una mezcla rara. Añadía que era una excelente artista, discípula de Manuel de Falla, creadora del Conservatorio Bach, junto a la revista citada, y, ahora- 1930-, el nacimiento de la Asociación de Música Contemporánea.
Salazar elogiaba la revista Musicalia. Consideraba casi imposible sacarla en España, tanto en lo espiritual como en lo material. A
estas tres entidades creadas por el matrimonio Quevedo les auguraba un resultado
formidable para la cultura musical cubana. Echaba de menos esta actividad en
España. Pero era feliz y se alegraba de esta labor entusiasta y generosa,
cualidades que consideraba netamente cubanas. En la presentación de esta nueva
asociación contribuyeron pianistas que Salazar no se olvidaba de nombrar: el norteamericano Julián
de Gray y el centroamericano Héctor Ruiz Díaz. La música que escuchó Adolfo Salazar iba de Bach a Stravinski y Satie.
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Lo que aquí se reseña es la versión de la visita a Cuba de Adolfo Salazar, según los artículos que publicó en EL SOL. En el mes de noviembre de 2026 se publicó Antonio Quevedo y Sánchez, por Ignacio García Noblejas Santa-Olalla, que se sumerge en las relaciones humanas y profesionales de Antonio Quevedo, sus matrimonios y las relaciones con la intelectualidad española- por ejemplo, cuando conoció a Salazar y García Lorca- y cubana. Publicado en Océano Atlántico Editores.
Resumen breve: Adolfo Salazar, intelectual y musicólogo, es invitado a dar conferencias en Cuba. En una carta que recibió, Alejandro
García Caturla mostraba su satisfacción al saber a ciencia cierta que Adolfo
Salazar iría a Cuba porque le había llegado el boletín de la Sociedad Pro-Arte
que lo anunciaba. Es más, le decía que Los
Quevedo, entre otros amigos, iban a estar muy satisfechos con su visita porque
sería una ayuda en el arte nuevo.[1]
Adolfo Salazar escribió una serie de
artículos en los que daba su visión de Cuba, de la situación de su música y cultura,
y de las interrelaciones que estableció. Vamos a intentar ordenar la estructura
de esos artículos y contextualizarlos.
Los artículos fueron publicados en los meses
de julio y agosto de 1930. Si tomamos como referencia la fecha de vuelta de
Cuba de Adolfo Salazar y la participación del musicólogo en el Primer Congreso
Internacional de Musicología que se celebraría en Lieja, Amberes, Aquisgrán y Bruselas
con motivo de la Exposición Internacional de Lieja en los primeros días de
septiembre de 1930, acotaríamos en esos meses la publicación de los artículos.
Delimitando un poco más, cuando se publica
en EL SOL que Salazar ha vuelto a España, el diario anunciaba que se había
producido un temblor/terremoto en España que había provocado que algunas
iglesias de Ciudad Real tocaran sus campanas; que, aunque no esté relacionado, el
duque de Alba aseguraba que la censura desaparecería pronto; algo más, que un expreso
entre París y Burdeos había detenido su paso por el parto de una pasajera al
pasar por Chatellerault; o que los catedráticos de Instituto se manifestaban
sobre la reforma del bachillerato. Ortega hablaba de la operación cesárea que
Cayo Julio César hizo para establecer un Estado universal en el que los viejos
aristócratas pareciesen pigmeos y los hombres de Oriente y Occidente, de Italia
y las provincias, tuviesen un estatuto de libertad y garantía[2].
Cuando Salazar viaja a Bélgica, Pilsudkil se
puso al frente del gobierno polaco; se estaban produciendo los hechos que acabaron
con el gobierno de Leguía en Perú; y en Ciudad Real, la gente acudía a examinar
las listas electorales expuestas por el Ayuntamiento, lo que había provocado
que algunas organizaciones políticas montasen oficinas electorales[3].
El orden de los artículos es/era el siguiente:
Julio
-Paisajes
de Cuba: La Habana, 1930.
-Paisajes
de Cuba: Por las calles y las plazas.
-No
es un artículo. Es la resonancia en la prensa cubana de la visita de Adolfo
Salazar a la Isla. En este caso, la revista cubana “1930”[4].
-Paisajes
de Cuba: La rumba en el Alhambra.
-Paisajes
de Cuba: Del malecón a las “fritas”.
-Paisajes
de Cuba: El “son” en las “fritas”. Como curiosidad, cuando se publica este
artículo, EL SOL cuenta que se había celebrado el 23 de julio un banquete en la
finca de los Señores Mira, en Manzanares, Ciudad Real, con motivo del éxito
obtenido por Marcos Redondo en La rosa del azafrán.
-Paisajes
de Cuba: El “son” en las “fritas” (V). Curiosidades en ese día, EL SOL contaba que el 1 de agosto una mala
praxis del láudano había producido la muerte de dos niños en Manzanares, Ciudad
Real, a manos de sus padres.
-Paisajes
de Cuba: Café Carretero.
-Paisajes
de Cuba: Mariel y el lirio blanco.
-La vida
musical en Cuba: I. las sociedades de conciertos.
-La
vida musical en Cuba: La enseñanza. Las orquestas.
-Paisajes
de Cuba. - La playa y Baracoa.
La propuesta sería la siguiente: Informar sobre
lo que esos artículos nos cuentan y contextualizarlos con las noticias que en
esos días se publicaron en el mundo por medio de EL SOL.
Fuente: Bagaria en EL SOL, 27 de agosto de 1930.
[1] SALAZAR,
A.: Epistolario 1912-1958. Edición de Consuelo Carredano. Fundación
Scherzo/ publicaciones de la Residencia de Estudiantes. Instituto Nacional de
las Artes Escénicas y la Música. Madrid. 2008. Reseña 6-11-25 Archivo Museo SánchezMejías. La carta se fechó el 21 de noviembre de 1929.
Uno de los
musicólogos más influyentes del primer tercio del siglo XX fue Adolfo Salazar.
Colaboraba en el diario “El Sol” como crítico musical. El 15 de octubre de 1933
escribió la siguiente crónica sobre el estreno en el Teatro Español de la Compañía
de Bailes Españoles de la Argentinita la noche anterior:
“El cuadro
que se estrenó, “Calles de Cádiz”, contiene momentos de intenso sabor popular.
En cuanto se liguen un poco más… pueden constituir un ejemplo muy típico de lo
que puede ser el nuevo “ballet” de esta compañía. Hay en “Calles de Cádiz”
elementos cuyo valor no es fácil que lleguen a un público como el del Español,
pero que son carne viva de Andalucía. Tales, por ejemplo, el viejo “cantaor”
Ezpeleta, y otro más joven de vibrante timbre, llamado “el Gloria”. De las
muchachas, Manolita Maora y Jeroma son deliciosas; excelentes “bailaoras”
además, tanto “en lo suyo” como en su intervención en “El amor brujo”. El viejo
Tili hace una pareja impagable con la Macarrona. Lillo tiene un estilo
distinguido y de gran elegancia… El cuadro del patio jerezano es digno de
Bartolozzi, su autor.
El
romance de la hija de Villacampa, que canta la Argentinita, es por sí solo una
estampa de género… da ejemplo de lo que esta compañía de “ballets” debe ser:
esto es, tan popular como se quiera; pero enseguida, superándose a sí misma,
superando lo popular para adquirir el nivel del gran arte. Primero “baile”. En
seguida, “danza”. - Ad. S.[1]”
Salazar había
alcanzado gran relevancia como crítico, musicólogo y compositor en los años
20-30 del siglo XX. Su relevancia sobrepasó los límites nacionales y muestra de
ello es la importancia que tuvo en la creación del Colegio de México. Es muy
interesante su epistolario que se consultó en el Archivo Museo Sánchez Mejías. Cartas con Ezra Pound, García Lorca, los hermanos Rodolfo y Ernesto
Halffter, Gerardo Diego o Luis Sánchez Cuesta, entre otros[2].
El diario El Sol,
que había sido creado en 1917 por Nicolás María de Urgoiti, estaba dirigido por
Félix Lorenzo y tuvo a José Ortega y Gasset como referente editorial. Un hijo
de Nicolás María de Urgoiti fue uno de los primeros socios financieros de Luis
Buñuel: Ricardo Urgoiti Somovilla y su productora Filmófono en 1935. Antes,
Buñuel, lo había intentado con Ignacio Sánchez Mejías, según cuentan las cartas
que remitió a José “Pepín” Bello[3].
El diario Ahora,
del propietario/director Luis Montiel con la ayuda de Chaves Nogales, no firmaba la
critica de la presentación en el Teatro Español de la Compañía de Bailes
Españoles de La Argentinita:
“… se estrenó
el poema popular “Calles de Cádiz”, original de Jiménez Chavarri, sucesión de
estampas… “Canción de corro”, “Lección de baile”, “Tangos”, “Bulería del Camaronero”,
“Guardias del Barrio”, “Nochebuena”… con Argentinita y Pilar, la Fernanda, la
Macarrona, La Malena, la Jeroma, Manolita Maora… Antonio y Juanito Jiménez, el
Churri, Espeleta… Todas las estampas , de un gran colorido, de un añejo sabor
popular, presentadas con ponderada estilización y fino sentido artístico,
fueron muy celebradas…Ella (Argentinita), su hermana, sus colaboradores y
acompañantes, escucharon muestras inequívocas de la aprobación del público, que
llenaba la sala del teatro municipal.”
Ahora, 15-10-1933, Hemeroteca digital
Ahora
dejo de editarse en 1939, tras una segunda época en la que fue controlada por un Consejo
Obrero según relata Chaves Nogales[4] en A sangre y fuego,
destituyendo al propietario, que años más tarde fundaría Semana y As.
Luis Montiel fue diputado en Cortes en la monarquía de Alfonso XIII, director
general de aduanas en la dictadura de Primo de Rivera, y presidente del Círculo
Mercantil de Madrid[5].
El Heraldo de
Madrid había publicado una entrevista previa el 13 de octubre donde informaba
de la presentación de “Las calles de Cádiz” de Jiménez Chavarri. Argentinita
decía que el autor era un músico joven que tendría muchos éxitos y natural del propio
Cádiz. La entrevista previa estaba encabezada por el título: “Mañana, en el
Teatro Español, se presentará la ilustre bailarina Encarnación López
(Argentinita) con la gran compañía de bailes que ha formado. Y estrenará “Las
calles de Cádiz”, de Jiménez Chavarri. Otra vez Encarna.[6]”
El Heraldo de Madrid, 16-10-1933, Hemeroteca digital
La crítica del
estreno fue escrita por Enrique Ruiz de la Serna el 16 de octubre, el cual
manifestaba que “el programa era casi el mismo que la temporada anterior: “El
amor brujo”, en la primera parte, y, en la segunda, una serie de estampas- en
su mayoría andaluzas- de intenso sabor racial. Esto fue lo más interesante… La
Argentinita y su hermana Pilar, en alternada actuación, bailaron y cantaron con
ese arte suyo, único e inalienable, que hasta los más frígidos arrebata y
arranca el aplauso… en fin, en todo el programa, que culminó en la “Nochebuena”
y en la zambra gitana que le pone remate… La postura en escena, original- demasiado
original- en “El amor brujo” y muy adecuada en todas las estampas de la segunda
parte, que, en esto, como en todo, tuvo su mejor fortuna. - E. Ruiz de la
Serna.
La Argentinita e
Ignacio Sánchez Mejías (Jiménez Chavarri era el pseudónimo con el que había
escrito el libreto de “Las calles de Cádiz) tuvieron que esperar al 17 de
octubre para recibir la crítica de Luz. Sabían o presumían que podría
escribirla Juan Chabás, pero puede que la escribiera un músico y musicólogo llamado
Salvador Bacarisse, primo del escritor Mariano Bacarisse, y miembro del grupo
de los ocho que era la versión musical de la generación del 27, que había crecido
bajo los postulados musicales de Adolfo Salazar.
Chabás hacía las críticas de teatro; las musicales las escribía
Bacarisse. Argentinita había presentado una nueva forma de llevar a escena
los cuadros y bailes españoles.
Chabás había
firmado la crítica teatral del día 16 de octubre y era bastante negativa[7].
Luz, 17-10-1933, Hemeroteca digital
Finalmente, en
la sección de Teatros, cines y conciertos, Salvador Bacarisse escribió sobre el
estreno del Teatro Español remitiéndose, en su inicio, a la aparición de la compañía rusa de
Diaghilew que ha sido aplaudida por el público, ofreciendo “mayores y más
nuevas perspectivas a las corrientes actuales de la música y la plástica al servicio
del arte del teatro. Hasta el momento nada se había intentado entre nosotros en
este sentido…Diaghilew derivó con su compañía, del arte- si no popular, típico
ruso-, hacia otro tipo universal, cosmopolita. Quizás esta agrupación tenga que
mantenerse constantemente dentro de lo popular auténtico- por lo menos como
técnica de baile-… en ello estribará seguramente su principal atractivo, ya que
no estará nunca expuesta a presentar un espectáculo híbrido que en nuestro país
no caería en el academicismo, pero si seguramente en la mediocridad zarzuelera.
En el
programa… la sabrosísima… “Calles de Cádiz”, de Jiménez Chavarri, cuadro vivo,
no cuadrito de costumbres, trasplantando a la escena con toda la rotundidad de
su alegría frenética, desordenada, improvisada… ¡Qué lejos de las danzas que
nos han presentado algunas veces de otras regiones…
En sus escenas: canción de corro, lección
de baile, tangos, bulerías, villancicos, obtuvo un éxito ruidoso toda la
compañía. Argentinita, su hermana Pilar, Rafael Ortega reverdecieron sus
triunfos anteriores en las danzas de Falla y de Albéniz, en las estampas de
García Lorca, así como en su versión tan original del magnífico “Amor brujo”,
conducido por Rodolfo Hallfter, de la Orquesta Bética de Cámara. Salvador Bacarisse[8].”
Salvador Bacarisse
nació el 12 de septiembre de 1898. Miembro de una familia burguesa, tuvo acceso
a estudios superiores. Ganó tres premios nacionales de música, 1923-1931-1934,
fue considerado durante mucho tiempo como alejado de la ortodoxia musical, no
entendido por el público. Su estilo varió entre el impresionismo, el
neoclasicismo y el neorromanticismo. Tras la Guerra Civil se instala en París y
su estilo se siente influido por la nostalgia por lo español y evoluciona su
obra hacia neocasticistas y neorrománticos[9]. Muestra de ello, su famoso
“Concertino para guitarra y orquesta”, 1957.
Lo que promovió
Argentinita, con su Compañía de Bailes Españoles, con la colaboración de
Federico García Lorca e Ignacio Sánchez Mejías era la renovación desde dentro.
Desde fuera, ya lo habían intentado Antonia Mercé, La Argentina, y Vicente
Escudero. Encarnación y Pilar López comenzaron a frecuentar a principios de los
treinta del siglo XX la Residencia de Estudiantes y los círculos intelectuales
en los que se movían los miembros de la generación del 27. En 1931 graba
Argentinita con Lorca la Colección de Canciones españolas antiguas,
mezclando tradición y vanguardia. La aparición de Ignacio Sánchez Mejías, su
cercanía con la bailarina, el desarrollo personal del sevillano como dramaturgo,
actor ocasional en La malcasada (1926) y polifacético factótum ayudó a
germinar la compañía de danza. En ella colaborarían Salvador Bartolozzi,
Santiago Ontañón, Manuel Fontanals, Alberto Sánchez, Francisco Santa Cruz y
José Caballero. En la parte musical los hermanos Halffter, Rodolfo y Ernesto,
dirigiendo la Orquesta Bética fundada por Manuel de Falla, del que se
representaba alguna de sus obras, más las de otros contemporáneos: Albéniz, Chueca
o Granados. El logotipo de la compañía sería diseñado por Santiago Ontañon[10].
Como curiosidad
y síntoma del ambiente multidisciplinar de las inquietudes de los miembros de
la Edad de Plata: Algunos de los colaboradores de la Compañía de bailes
españoles participaron en los montajes, a su vez, de teatro clásico de La
Barraca, dirigido también por Federico García Lorca con la ayuda en la escena de Eduardo Ugarte, su
mano derecha.
[1]El sol,
15 de octubre de 1933, página 12. Año XVII, número 5048.
[2] SALAZAR,
A.: Epistolario: 1912-1958. Fundación Scherzo, Publicaciones de la
Residencia de Estudiantes, Instituto de las Artes Escénicas y la Música.
Madrid. 2008. 1047 páginas.
[3] Cartas
de Luis Buñuel a Pepín Bello de agosto de 1927 y 5 de septiembre de 1928 en CASTILLO,
D. y SARDA, M.: Conversaciones con José “Pepín” Bello. Anagrama. Barcelona.
2007. Fecha de lectura en Archivo Museo Sánchez Mejías: 11-12-2022.
[10]
MURGA, I.: La Compañía de bailes españoles (1933-1934). Argentinita, Lorca y
Sánchez Mejías. Instituto de Cultura, Fundación Mafre. Ediciones Mahalí.
Valencia. 2012.