Cultura y sociedad

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Visiones históricas de Las Hurdes: Luis de Hoyos Sáinz, 1922_2

 

En Las Hurdes, Bagaria, EL SOL, 18-06-1922.


       Bagaría dibujó el 18 de junio de 1922 a unos hurdanos que decían: 

     - Mañana vienen muchos políticos.

     - Qué, ¿y se van a quedar aquí?

     No lo quiera Dios. ¡Era lo único que nos faltaba!

    

     Luis de Hoyos Sainz (Madrid, 1868-1951) fue un geógrafo, antropólogo, etnógrafo y folclorista que escribía artículos sobre agronomía en El Sol. Como había conocido la situación de Las Hurdes con anterioridad al viaje de junio de 1922 del rey Alfonso XIII, acompañado por Gregorio Marañón, escribió dos artículos en el citado periódico sobre sus conocimientos del lugar los días 15 y 17 de junio de 1922.

     No se establecerán paralelismos entre el mundo y la vida de hace cien años y el actual. Pero llama la atención que un representante político del territorio tuvo que enviar un comunicado a la prensa cuando se preparaba el viaje del rey a Las Hurdes en el que explicaba, puede que sin una petición previa, que sí, que iba al territorio de su circunscripción para saber cómo vivían sus habitantes.

     También es necesario comentar que cuando se escribió acerca de la visión de Las Hurdes de Concha Méndez, no se citó que su artículo en la prensa mexicana, como había sido una obra de 1947, estaba escrito con el conocimiento de todo lo ocurrido con el viaje real de 1922 y, once años después, el documental del director surrealista Luis Buñuel, durante un tiempo su pareja, Las Hurdes, tierra sin pan (1933).

     Hoyos quería poner sordina al desinterés oficial, para después ser muy descriptivo. Decía que el caso de Las Hurdes era una cruz en el paraíso español que representaba un mal endémico agudizado y con necesidad perentoria de ayuda para una concentración de personas que morían de pobreza fisiológica en un territorio latifundista de escaso rendimiento. Estaban abandonados por la Administración española, que no había llevado allí la cultura, ni la higiene o las comunicaciones y la protección social.

     Las Hurdes eran un tema de conocimiento histórico, de literatura descriptiva y estudio geográfico. Sin embargo, no preocupaba al gobernante, ni era causa de protesta nacional.

     La región natural era más amplia que la humana y social, y no todos los ayuntamientos se consideraban en la misma situación dentro de la zona de problemática hurdana. 

     En esta región natural había tres zonas: una, liberada y habitable: la margen derecha del río de los Ángeles; otra, liberable con ayuda estatal: la margen izquierda del río y las vegas y lomas que formaban el tercio inferior de Pino Franqueado, los pueblos de camino Morisco y los valles bajos de los ríos Hurdano y Malo, desde Vegas de Coria en el primero y El Cabezo en el último; y la zona alta de la serranía y escarpes, que era un terreno inhabitable porque no servía para el cultivo agrícola y ganadero, siendo muy difícil la plantación de arbolado. Hoyos, con los conocimientos de 1922, no veía posible la minería o industrias hidráulicas. Definía esta tierra como estéril.

     Más de la mitad de la tierra hurdana no tenía suelo vegetal. Los valles carecían de vegas, porque eran remansos y recodos de los ríos. Además, estaban elevados y rellenados de tierra. Las Hurdes quedaron en la conformación geológica del suelo extremeño con escasez de todos los elementos de la fertilidad.

     En los cultivos existentes, el trigo no entraba en las rotaciones hurdanas. Algún tipo de centeno. Habichuelas y altramuces en las legumbres, a las que se añadían los nabos y las patatas. Algún olivo y alguna higuera salvaban los cultivos arbóreos en los que iban desapareciendo los castaños envejecidos. Era el culmen de la improductividad dentro del territorio cacereño. No se tenían datos de producción. Al recorrer el terreno, se apreciaba que, en las casas o guaridas de sus habitantes, no había graneros ni almacenes, ni arcas ni costales donde guardar la cosecha. La escasa cosecha existente se acababa al poco tiempo, de forma tan rápida, que el Catastro no llegaba a valorar su riqueza.

     Una región montañosa, propicia para la ganadería, que no tenía ganados. No había censo pecuario o, si lo había, era de escaso valor. No había ganado vacuno para trabajo ni para conseguir renta con él. A la falta de vacuno se unía la falta de cría caballar o mular. Había algún ganado ovino en las cercanías de Alagón y algunas cabras de muy escaso rendimiento y entidad. El ganado porcino se compraba en un mínimo ejemplar para uso familiar, no para criarlo, por falta de medios para su mantenimiento y reproducción.

     En Las Hurdes, toda labor de civilización estaba sin realizar. Hoyos citaba al entusiasta diputado conde de Romilla porque no había epígrafe de los presupuestos que no fuera necesario pedir para que se civilizara la tierra hurdana. Todo estaba por hacer en un territorio donde el Estado estaba presente únicamente por la Guardia Civil y los recaudadores de impuestos.

     Había que gastar dinero y había que repartirlo para salvar la tierra que mejorara la calidad de vida de sus habitantes. Invertir dinero en la mejora de caminos empezados que, por falta de recursos, no se habían acabado.

     La Junta de Colonización existente en 1922 tenía una gran obra por hacer, actuando como si no estuvieran pobladas. Se necesitaban casas, escuelas, fuentes para una zona de España que parecía separada del resto del Estado. Era preciso tomar medidas que mejoraran los valles y laderas desnudas. Era vital que se plantaran árboles donde el cultivo era difícil. Que los agrónomos, en fin, repartieran aperos, semillas, abonos, ganados y sementales que tuvieran futuro con planos y estudios de renovación agropecuaria. Eso sí, con más cordialidad y espíritu misionero que un simple frío consejo, para acabar con la visión pintoresca, pero trágica, de la leyenda de esos lares. 

     Dentro de la despoblación cacereña de 1922, que era cercana a 20 habitantes por kilómetro cuadrado, la población de Las Hurdes era variable, pero en algunas zonas mayor a la media.

     Hoyos criticaba las leyendas y fantasías sobre la existencia de una raza perdida en la comarca hurdana. Ni la antropología ni la etnografía podían sustentarla. Eran extremeños a los que el medio y la miseria afectaron. La talla y el peso se habían reducido y se habían visto afectados por degeneraciones y atavismos. Hoyos definía los casos de poca estatura y peso de los habitantes de Las Hurdes como dominantes, pero no únicos. Es cierto que había una abundancia de casos de enanismo, acondroplasia y cretinismo, con una edad de desarrollo fisiológico retrasada respecto a la cronología habitual.


El Sol, 16 de junio de 1922.

     Con los conocimientos de 1922, Luis de Hoyos manifestaba que no era lo material y físico lo más reducido de este pueblo atrasado. Había una especie de retraso o impotencia mental que impedía hacer un mínimo análisis psicológico y tampoco ético en valores aceptados ya en esa época. Postulaba una intervención por medio de los párrocos rurales por la obediencia que tenían sus habitantes en ellos, para que ayudasen en la regeneración de los hurdanos.

     Era la situación de un pueblo natural pobre que había perdido las actividades que en su día tuvo y no alcanzó las novedades que la civilización aportaba. Los antropólogos preparaban cuestionarios para establecer concomitancias con otras sociedades. Su escasa indumentaria era más simple que la de los pueblos nómadas. Sus ropajes se creaban de restos de otras zonas, pareciendo en algunos casos a la del pordiosero. Su vida en invierno era mantenida por la salida a trabajar en otros lugares con motivo de la siega o la recogida de la aceituna.

     Hoyos recordaba a Joaquín Costa al decir que eran básicas la despensa y la escuela para Las Hurdes. La urgencia hacía que esta propuesta se quedara coja al necesitar la sanidad. El paludismo ya había sido estudiado y diagnosticado. Sin embargo, pensar solamente en los medios sanitarios e higiénicos también era una solución escasa. Había que pensar en mejorar el medio, la tierra, para que pudieran vivir en ella y de ella.

     Por tanto, había que partir de la creación de la sanidad, para servir de base a la cultura y al trabajo. Médicos y maestros. Maestros misioneros que fueran más del pueblo que de niños. Maestros especiales y superiores por corazón y cultura. Maestros que fueran guías activos y dinámicos de la gente. Docentes que despertaran sus almas antes que enseñarles a leer. Pedía Hoyos que los maestros que se encontraban en 1922 fueran sustituidos. Solamente encontraron tres. Serían sustituidos para la necesaria regeneración de Las Hurdes. Las escuelas no podían ser únicamente salas de clase. Debían ser cantina, ropero, asilo, hospicio y casa de alumnos. Los niños debían ser salvados de las alquerías. Debían ser nutridos y educados. Necesitaban pan y abrigo antes que gramática y cuentas.

      La escuela de Las Hurdes, propuesta final de Hoyos, debía ser obra de la higiene y la cultura. Médico y maestro. Allí, donde había faltado su patria. 

 

  

Visión geográfica de Las Hurdes. El Sol, 22-06-1922.

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     Referencias consultadas:

-        https://historia-hispanica.rah.es/biografias/22846-luis-de-hoyos-sainz

-        ELSOL, Madrid, artículos-reportajes sobre Las Hurdes publicados el 14 y el 16 de junio de 1922.

-       Visiones históricas de Las Hurdes: Concha Méndez_1




8-10-2026, 23:14, actualizado... 10-10-2026, 21:37.

Paisajes de Cuba: El "son" en las "Fritas". Adolfo Salazar_8

 


     Dentro de las secciones dedicadas a Musicalia de José Ortega y Gasset y a la visita de Adolfo Salazar en Cuba, donde hablamos de sus cartas con Caturla y el elogio a María Muñoz y Antonio Quevedo, ahora ofrecemos la versión resumida de la visión de Salazar sobre los sones cubanos o afrocubanos y criollos, desde el punto de vista de un europeo de 1930, que en su cultura tiene el acervo de la conexión que España tuvo con Cuba durante siglos con el intercambio de ida y vuelta cultural que se produjo. Salazar se presentó con su libreta de apuntes y su saber musical en las playas de Marianao, en la zona de diversión de las fritas, donde la comida y bebida se endulzaba con orquestas populares. A lo largo del resumen se añaden vídeos de sones cubanos mencionados.

     Comenzamos el 24 de julio de 1930. EL SOL publica Paisajes de Cuba: El “son” en las “fritas”. I, firmado por Adolfo Salazar.

     Salazar creía que las “fritas” eran una herencia hispana de esparcimiento al aire libre donde se freían alimentos en un humoso ambiente. Aunque asistían también los cubanos blancos, eran dominantes los afrocubanos. El son experimentaba en los años veinte un auge en Cuba, especialmente en La Habana, debido al éxito del jazz.

     En ese instante se había producido una liberación de la música negra en las Antillas y el mediodía de los Estados Unidos. En un principio, la música era perseguida o minusvalorada porque se había traído desde África a América. Una nueva generación, sin embargo, había sabido apreciar esta transformación musical sabrosa de antillanos y africanos, que habían llegado a los campos de trabajo y luego habían luchado por su libertad y la de su nación.

     En la década de 1920, no había igualdad de trato entre blancos y negros, pero se reconocieron algunos derechos. Los negros no habían conseguido entrar en muchas sociedades de blancos. En cambio, los negros nada oponían a la presencia de blancos en sus fiestas, sagradas o no.

     A Salazar, el chófer afrocubano que le llevaba a las “Fritas”, muy hablador, le habló de una situación social explosiva. Le tuteó y dijo que el cubano es una raza improvisada sin poder ejecutivo.

     La reciente afición musical de los cubanos es encantadora cuando entonan “Papa Montero”. En los tiempos de la esclavitud hubo un trato distinto entre los que trabajaban en las haciendas locales y aquellos que vivían en las casas de los próceres urbanos. Estos tenían una serie de “privilegios” al poder llevar a cabo sus ritos, sus ceremonias, sus cánticos y sus bailes, importándose y mezclándose con influencias europeas, mayoritariamente españolas. Adolfo Salazar consideraba que era lo propiamente criollo. Y en esta música hay piezas de buena calidad y piezas de mala calidad. La juventud se cansó de las habaneras, guajiras, guarachas criollas, serenatas y buscó una reacción en los tonos más acusados de la música campesina de los negros. Mezclada, sí. Pero virgen de los salones y dueña de un carácter. Sin olvidar el auge de la música negra americana.



     El 27 de julio de 1930, la sección de Adolfo Salazar, La vida musical, publica en EL SOL, Paisajes de Cuba: El son en las “Fritas”. II. 

     Salazar se llevó a las “Fritas” un cuaderno para tomar notas para percibir mejor las letras cantadas, su diseño melódico o su percusión endiablada. En fondo y forma, le parecía casi un arte infantil por la simpleza de su estructura o la poca elaboración de materiales aportados. Una simplicidad propia de técnicas “primitivas” que le hizo pensar en la creación de un museo al estilo del Arqueológico[1] de Madrid, donde se recogieran todas las características folclóricas, musicales, históricas sobre la cultura afrocubana. Cita los trajes de las ceremonias con ñáñigos.

      Esta superposición de elementos sin apenas elaboración era perceptible en los sones, cuya mejor representación escénica se producía en las “Fritas” de la playa de Marianao, con toda Cuba como museo viviente:

     El son tenía una estructura. En primer lugar, un fondo rítmico persistente, de principio a fin, sucesión de nota breve y nota larga, propia de la música negro-americana.

     Sobre esa base rítmica aparecía una forma sencilla de canción, de origen en muchos casos hispano-andaluz de ida y vuelta. Se continuaba con lo que los criollos llaman montuno, un estribillo repetido enésimas veces, alternando o no con frases, donde se reconoce el componente africano. La inicial canción se repetía a voluntad, con otro texto, que hace que el son se alargue como se desee, pudiendo alternarse con instrumentales que pueden variar el canto principal. Las repeticiones se podían producir en el bajo o en las voces agudas, o en todas, hasta dar la posibilidad de no conocer la melodía principal.

     Lo fundamental en el son es la base rítmica ejecutada en instrumentos de percusión. Los instrumentistas son también cantores, salvo el bongosero. La copla la entona un solista. El estribillo lo repiten todos. Cuando el ron ha hecho su efecto; cuando todos los músicos cantan la copla y cuando todos los asistentes cantan el estribillo, esa repetición eterna obsesionaba a los asistentes. Las variaciones que hacían entonces los músicos con la animación de los asistentes al repetir el estribillo con mayor vehemencia enardecían aún más y eran ayudados por los percusionistas en polirritmias que no se podían descifrar.

     No hay una composición regular en la formación de las orquestas de los sones. Oscila entre tres y siete, con un percusionista, un bajo y un tocador de “tres”, especie de guitarra de tres series de cuerdas de metal. El contrabajo, que se podía añadir, tocado en “pizzicatos” muy rudos, afinaba en quintas sus tres cuerdas.

     Salazar afirmaba que la mayoría de los sones estaban en tono de sol; pero la tonalidad oscilaba entre el tono mayor y el relativo, de manera que cuando el acompañamiento repite la sucesión sol-re-mi, las dos primeras notas se armonizaban en sol, y la tercera, con mi menor o la menor. El quid consistía en la red de ritmos que ofrecía la percusión.

     Con el 30 de julio de 1930, EL SOL publicó en La vida musical. Paisajes de Cuba: El son en las “Fritas”. III. Generacionalmente, los cubanos nacidos entre los que hicieron la guerra y aquellos que prefieren el jazz en su adolescencia son una joven generación que quería organizar los sones. García Caturla o Amadeo Roldán caminaban hacia lo afrocubano con prudencia, no olvidando lo europeo, sin obviar lo indígena. A ello se solidarizó Nicolás Guillén, que buscaba la estructura poética del son, entre esa alternativa de copla y estribillo. Gracias a Guillén supimos que el son recoge el último suceso y lo glosa en sus coplas.

     Entre las diferentes combinaciones instrumentales de las orquestas, la más tradicional es la “Clave de Oriente”, llamada así por su origen en la parte sudeste de Cuba: Santiago, Guantánamo y Baracoa. Baracoa es la patria del son, según Eduardo Sánchez de Fuentes, desde los tiempos de Ma Teodora, que con su “bandola” cantaba ritmos populares que luego pasaron a Santiago de Cuba, donde alcanzaron gran popularidad.

     Los músicos que conoció Salazar de la “Clave de Oriente” provenían todos de Santiago. Tenían amor por el “Bacardí” y desde media tarde tocaban antes de la llegada del público a las “fritas”. Por enronquecer tantas horas, las ganancias eran exiguas para alojarse y comer. Por ello le pedían a Salazar si los podía llevar a la península. Situación que meditó el musicólogo, aunque no era empresario. La “Clave de Oriente” llevaba dos treses, guitarras de tres cuerdas; un contrabajo, el tocador de claves, el maraquero y el bongosero. En otras, cambiaban el bongosero por el tamborilero. Podían añadir un tocado de güiro o de marimba. La mayoría tenía un cornetín de pistón, con sordina, que el instrumentista acentuaba acercando su sombrero de paja.

     El 1 de agosto de 1930, EL SOL publica otro artículo de Salazar titulado Paisajes de Cuba: El son en las “Fritas” IV: La percusión. 

     Los güiros, maracas, claves, bongos y marimbas son instrumentos de percusión utilizados en el son. De origen africano y tan antiguos como los humanos. Sobre la percusión cubana ha escrito Fernando Ortiz, al que cita en más de una vez Adolfo Salazar.

     Sobre el bongó: Recordemos los tambores y sus infinitas formas que tienen personalidad sagrada en ritos o ceremonias en los que intervienen de forma práctica sobre actos humanos: amor, religión, comunicación… Actos que tienen su corazón palpitante en el tambor. Los tambores se diferencian de los timbales en la existencia de dos membranas en el primero y una membrana en los segundos.

     El bongó es un timbal pequeño, de etimología congoleña, que se toca acompañado de otro más pequeño, de sonido más agudo. Se afina calentando el cuerpo de resonancia con una lamparilla de alcohol hasta encontrar el tono conveniente. En pleno siglo XX, los afrocubanos han reemplazado los instrumentos de cuerda y de aire africano por los europeos, pero conservan los originarios de percusión.

      Las maracas son unas sonajas cerradas que contienen unas piedrecillas que producen sonido cuando se agitan. Las maracas más viejas de Cuba tenían forma cónica al estilo de las existentes en África, rodeadas de cuerda para amortiguar el sonido, con agarradero de cuerdas como en las fiestas de ñáñigos. Se ha intentado buscar origen o similitud en zonas de África oriental, en América del Norte y Colombia. Salazar cita a Ortiz y Cuervo sobre el dudoso origen guaraní de la voz maraca.

      Las claves son xilófonos simples que se documentan en pueblos de las Indias y África. Estas claves son palitos de madera durísima, que suenan al golpear el uno contra el otro. Se necesita cierta pericia, ya que la mano hace de caja de resonancia de la vibración de la otra mano. Son palos de unos veinte centímetros, siendo uno más delgado que otro para producir un sonido más alto. Indispensable en la música criolla. Salazar lo escuchó en su paso tranquilo, sincopado, nunca en repiqueteos vivos.



      El contrabajo tocado a la manera criolla, a golpes fuertes, podría ser incluido en esta relación, con sonido semejante a las láminas de caña o metal de las marimbas. El contrabajo sustituye en las orquestas modernas al tocador de botijuela de los antiguos sones.

     Las marimbas de los criollos se derivan de los “m’bichi” de África Central y Congo. Consisten en láminas vibrantes sujetas a un cuerpo resonante, como plancha metálica o calabaza seca. Tiene un sonido profundo y estridente, como bajo en los tipos de percusión, con efecto físico sobre el plexo solar al escucharlo.

    El 2 de agosto de 1930, EL SOL publicó La vida musical de Salazar con el artículo Paisajes de Cuba: El son en las “Fritas”. V. La forma.

     ¿Sería “Mamá Inés” contemporánea de la Má-Teodora de Baracoa? Hay quien dice que puede ser anterior. Antes hemos citado a Baracoa como patria del son. “Mamá Inés” es el modelo de regularidad del son. Comienza con un preludio instrumental con la música de la copla que canta:

       Aquí estamos tos los negros

que venimos a rogar

que nos boten cafetito

para cantar y bailar.

     Y el estribillo, por dos veces, sigue:

     ¡Ay, mamá Inés!

¡Ay, mamá Inés!

Todos los negros

 tomamos café.

     Sigue una cuarteta donde un cantante pregunta a la negra Belén dónde está metida. Se vuelve a repetir el estribillo, que no es correspondido por Inés, y la letra hace que los demandantes se marchen buscando sus compañeros mulatos donde haya café. Alterna copla y estribillo de forma regular, aunque se permitan excepciones. Hay casos donde solamente se canta el estribillo. Hay sones famosos como en “Oye, Miguel”, con preludio instrumental, copla, una segunda copla con cornetín en la que está el estribillo.

     Esta forma de una primera parte y una segunda repetida, sin volver a oír la primera, se ordena al revés en “El Manisero”, o bien se hace una combinación de ambas formas como en “El que siembra su maíz”.




     La forma de dos partes independientes entre sí se observa exactamente y de modo más regular en el son “Cómo está Miguel”. Tiene un preludio instrumental bello; la copla va seguida de otro trozo instrumental que completa el preludio, repite la primera copla y viene el estribillo:

     Trumbarará,

cómo está Miguel.

     Este se presentará seis veces y seguirá el orden de nuevo.

     Para Salazar, el son que conecta con las formas criollas es “Tribilín cantore”, que descompone la décima de la guajira: Un corto preludio instrumental, el estribillo repetido cinco veces que se presenta como la primera parte de la décima con la cuarteta, con una segunda voz ininteligible y un añadido final: ¡bien! De nuevo seis veces el estribillo, al que sigue lo que no se incluyó de la décima y su ¡bien! Hay un nuevo texto de la siguiente cuarteta. Y el estribillo ya se repite diez veces. Una nueva cuarteta y el estribillo dos veces. Toda esta complejidad es disfrutada por Adolfo Salazar porque apreciaba la reminiscencia criolla de origen español, sin disminuir su interés.

       La transición entre lo colonial y lo afrocubano se observa en “Aquella boca”, donde una primera parte aguajirada, nada interesante, se enlaza con el estribillo que Salazar veía poco afrocubano. 

     Dejamos aquí a Salazar con su cuaderno de notas, entre músicas, fritas y ron.




 

 



[1] Hoy en el Museo de América hay muestras de indumentaria ñáñiga.




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 Otras referencias que contextualizan este texto:

         Serie Adolfo Salazar en Cuba:

    - Adolfo Salazar en Cuba_1

    - Adolfo Salazar en Cuba: Los artículos de EL SOL_2

    - Adolfo Salazar en Cuba: La Asociación de Música Contemporánea_3

    - Adolfo Salazar en Cuba: La enseñanza y las orquestas_4 

    - Impresión al llegar a La Habana. Adolfo Salazar_5

    - La negra Quirina. Adolfo Salazar_6. 

    - El trío Matamoros y las "fritas". Adolfo Salazar_7.

        Serie Musicalia:

    - Los orígenes de Musicalia_1

    - Los orígenes de Musicalia_2 

     Los vídeos de YouTube añadidos son: El son de Má-Teodora; Papa Montero; Cómo tocar el clave cubano; Cómo está Miguel; Tribilín cantore; y ¡Ay, Mamá Inés!





26-9-2026. 7:44. Actualizado... 27-09-2026 13:06

Piel de España

 

Encarnación López, Argentinita. ABC, 20-04-1933.

     

        Rafael Marquina (1887-1960) fue un ensayista, periodista, dramaturgo y biógrafo nacido en Barcelona que murió en La Habana. Desde muy joven se dedicó al periodismo, como redactor en las revistas La Publicidad y Teatralia, o como crítico en El Imparcial hasta 1935, cuando se trasladó a la capital cubana. Allí trabajó para Información, escribiendo una reputada sección, Vida cultural y artística, e integrándose en la vida social y cultural de la Gran Antilla. Era hermano del dramaturgo catalán Eduardo Marquina[1].

     Nos interesa una colaboración que publicó el 23 de abril de 1933 en otro medio español, Blanco y Negro, donde con el título Piel de España y corazón de Francia[2], analizaba la obra Piel de España de Pierre Sarment, que se había presentado en el teatro de L’Athenée, actuando su autor como el protagonista, Lord Cowley, que tiene devaneos amorosos con Soledad, una española, que no le corresponde al estar enamorada de Charlie, un amante de lo español y la española. Además, en la obra, los tres personajes principales no son lo que parecen. ¿Por qué nos interesa este drama con aires folletinescos?


La fábrica de locuras, en Folies Bergère, como exageración española. 1931. ABC. 


      La razón reside en la visión que tiene el autor francés de España en 1933 y porque incluye a Argentinita en la reseña que Rafael Marquina hace sobre la obra. Haremos una mención previa a Argentinita para contextualizar y seguiremos luego con el artículo.

     En esos días de abril de 1933, Argentinita actuó en el Teatro Español en una única audición con cantes y danzas españolas[3]. Un par de meses más tarde anunciaba que reintegraba a su repertorio El amor brujo de Falla, en un espectáculo que sería el germen de Las calles de Cádiz. ABC mencionó la colaboración de su hermana Pilar, Rafael Ortega, Antonio Triana y La Macarrona. En cuanto a la música, la orquesta Bética, que había fundado Manuel de Falla y dirigía Ernesto Halffter, estaba al cargo de su perfecta ejecución[4]. Argentinita se había especializado en canciones y danzas españolas, cosechando grandes aplausos del público con repertorios de Albéniz, Falla, García Lorca o Barbieri[5].

     La reseña que Marquina hacía sobre Piel de España y su visión del españolismo le servía al autor para recordar una especie de restauración frecuente de esta idea, con distintos eclipses, entre el público parisino, donde España era actualidad en sus escenarios.

      En el Folies Bergère se representaron en los años treinta espectáculos de motivos españoles con cierto pintoresquismo. Los éxitos que tuvieron antes Antonia Mercé, La Argentina, y, en ese momento, Encarnación López, Argentinita, Anita Ávila o Raquel Meller, remarcaban esa españolidad en las tablas francesas. Para Marquina, es más bien un exceso en la representación que sería homologable al exceso en el marchamo francés, como en la obra La Francerie de Paul Raynal o Raynald, que incidía en el mismo exceso sobre lo español de las obras sobre tema hispano.

     En Francia, en los años treinta del siglo pasado, la mayoría de los comediantes habían abandonado los temas bélicos, tratando obras más frívolas, como descanso de la meditación o el filosofismo tras la Gran Guerra.


Teatralia, dirigida por Rafael Marquina. 30-01-1909. Archivo de revistas catalanas antiguas.
     
     
     Como complemento a este artículo, volvamos a Encarnación López Júlvez, Argentinita, y su única representación de cante y danza española en el Teatro Español el 22 de abril de 1933. Y aquí seguimos la crónica de El Sol del día siguiente, 23 de abril.
     A Encarnación López le seguía un público fiel. Lo más culto y sensible de Madrid. Era una artista inimitable por su voz y por su personalidad: Su forma de bailar, su forma de tocar las castañuelas... Su arte era fragante y cautivador. Una composición de Falla o una tonadilla de nuestro folklore eran expresadas de forma adecuada, a través de la armonía de su cuerpo y su voz. 
     A los espectadores ofreció una primera versión de Triana de Albéniz, y Argentinita la representó sobria en las maneras y con entusiasmo en la pasión. El público le contestó con fervorosos truenos de palmas y una admiración sin límites. (El Sol, 23 de abril de 1933).


Argentinita con una muñeca. Fondo Francisco de Goñí y Soler. Copia sin datar. Archivo de la imagen de Castilla-La Mancha.




[1] https://historia-hispanica.rah.es/biografias/28086-rafael-marquina

[2] BLANCO Y NEGRO, 23 de abril de 1933.

[3] ABC, 20 de abril de 1933.

[4] ABC, 16 de junio de 1933.

[5] ABC, 23 de abril de 1933.



15-08-2026 20:30 Actualizado 18-08-2026 21:43

El 1 de mayo de 1926

      El Heraldo de Madrid recordaba a Pablo Iglesias Posse el 1 de mayo de 1926 en la primera Fiesta del Trabajo tras su fallecimiento el 9 de diciembre de 1925. En un laudatorio breve del apóstol del socialismo español, evocaba las fiestas del trabajo que había promovido y los avances que había conseguido en la toma de conciencia del proletariado español.

     En 1926, El Heraldo de Madrid decía que la Fiesta del Trabajo había perdido su originaria significación porque las masas obreras iban perdiendo la fe en la eficacia del mito de la revolución catastrófica y confiaban más en el poder de una modificación gradual de la organización del trabajo, haciéndola cada vez más justa y equitativa. El diario continuaba señalando que, si bien había disparidades de interés entre las diversas clases, hay por encima de ellas una suprema solidaridad, que es la que debe ser decisiva. Saludaban finalmente la fiesta del trabajo como un paso más en el camino a la paz social, hacia la que la humanidad caminaba, aunque hubiese recodos en el camino que pudieran desalentar.

El Heraldo de Madrid, 1 de mayo de 1926

 

     En un breve más reducido, el 1 de mayo de 1926, El Sol informaba que la Agrupación Socialista de Carabanchel Bajo había celebrado la noche anterior en el Ideal Cinema una velada necrológica en memoria de Pablo Iglesias. Unos instantes antes de la celebración del acto, la autoridad suspendió el acto. Se informaba que el acto se intentaría celebrar el dos de mayo si las autoridades lo permitían. Se elevaría a las autoridades del Gobierno la idea de dar el nombre de Pablo Iglesias a una calle de Carabanchel porque el alcalde de la localidad en ocasión anterior lo había denegado.

     Tanto El Heraldo de Madrid como El Sol llevaban en portada la coincidencia del primero de mayo con la huelga general de la minería inglesa que provocaba efectos internacionales por su trascendencia Y coincidía con la presentación del presupuesto del gobierno británico cuando el Ministerio de Hacienda era ocupado por Winston Churchill, cuyas intervenciones en la Cámara de los Comunes concitaban la máxima expectación.

     Debemos tener en cuenta que hace cien años los diarios salían a la venta visados por la censura durante la dictadura de Primo de Rivera, visado que era indicado en portada, pero también en páginas interiores.

     Aunque se informaba de actos celebrados, o por celebrar, y homenajes, en los diarios de mayor tirada se reseñaba de manera menor los actos celebrados en España con motivo del 1 de mayo.

     En El Liberal de Madrid se insertaba, el 2 de mayo, una fotografía de obreros con sus familias celebrando la Fiesta del Trabajo en la Dehesa de la Villa.

El Liberal, 2 de mayo de 1926

       

      Era prácticamente la única información del día del trabajo en uno de los diarios de mayor tirada y reconocido como republicano y liberal. Se seguía dando mucha información sobre el conflicto minero inglés y, como anotación del momento político de España, se señalaban las medidas de identificación que se iban a solicitar por la Dirección de Seguridad y la policía a los estudiantes para acceder a los centros universitarios mediante su tarjeta identificativa o documento acreditativo de pago de matrícula, sin los cuales podían ser sancionados con falta.

     La Libertad, posiblemente uno de los diarios de mayor tirada de Madrid, y puede que el de más tirada, era una escisión de El Liberal y se situaba a su izquierda. En portada aparecía una familia de obreros merendando en la Dehesa de la Villa; en la página dos llevaba la corrida de toros que se había celebrado por la Fiesta del Trabajo, que resultó decepcionante para los aficionados. En la página cuatro se cuenta que la festividad se celebró de puertas adentro en teatros, bares, tabernas. Faltó la manifestación de obreros. Y el tiempo no acompañó. Se apreció porque se hizo descanso general: no se trabajó.

     Hubo cierres de comercios total o parcialmente. En la mayoría de los oficios hubo paro, salvo en aquellos de necesidad pública como los suministradores de electricidad, agua y transportes. No hubo incidentes, señala el diario. Las conclusiones de la Comisión nombrada por la Casa del Pueblo se hicieron entrega al general Martínez Anido. Se informaba de manera breve de la festividad en provincias y en el extranjero con la nota común de la tranquilidad.


La Libertad, 2 de mayo de 1926

 

          El Imparcial fue un periódico fundado por Eduardo Gasset y Artime en 1867 y dejó de publicarse en 1933. Tuvo gran influencia en el último tercio del siglo XIX y las dos o tres primeras décadas del siglo XX. En sus orígenes está relacionado con la Unión Liberal, pero también está relacionado con las personas que gestaron la Gloriosa en 1868.

     Sobre la fecha que estamos escribiendo, hay que buscar en la página 3 para encontrar noticia, breve, sobre la Fiesta del Trabajo. Informa que las manifestaciones obreras estaban suspendidas y que únicamente ha ocurrido un paro general que ha sido observado rigurosamente en todos los oficios, según cita el 2 de mayo. A pesar del tiempo desapacible, las familias lo celebraron con comidas campestres y no hay noticia de incidentes tanto en Madrid como en provincias.

     La huelga minera inglesa aparece en portada. La corrida de toros de Tetuán citada más arriba tiene su información, pero no se relaciona con la Fiesta del Trabajo.

     Como nota complementaria, se publica en su página 5 un artículo sobre la elegancia del Príncipe de Gales que se convertiría en categoría de distinción y se acompaña de críticas literarias sobre Tigre Juan de Ramón Pérez de Ayala —La plaza es como una tertulia de viejas tullidas— y el debate sobre si el Quijote de Avellaneda era obra de Lope de Vega.

          Este tenor de celebración festiva era resaltado en El Sol el tres de mayo de 1926. El mal tiempo no había impedido el disfrute de las familias de trabajadores en las afueras de la capital. Ese carácter festivo y la paralización del trabajo se reflejan en las distintas provincias, donde se resalta el ambiente de Barcelona, Bilbao, Málaga y Zaragoza. En los editoriales de El Sol, la inquietud por el desarrollo de la huelga en Gran Bretaña: Grandes masas de trabajadores se quejan de su pobreza en un país rico y se establecen paralelismos con el desarrollo industrial de Estados Unidos, en la época que los norteamericanos se constituyen como primera potencia industrial tras la Primera Guerra Mundial.

       En El Heraldo de Madrid de 3 de mayo de 1926 no hay referencia de la festividad del Primero de Mayo, pero hay referencia a la huelga en Gran Bretaña- habían fracasado las negociaciones- y de las dificultades impuestas a los estudiantes universitarios en Madrid que anteriormente se señaló.

      Nuestra mirada se ha fijado en otras noticias. En un artículo de Chaves Nogales sobre la luminosa idea de Luis Bello de luchar contra el analfabetismo en España con la creación de la Sociedad de Amigos de la Escuela. Y en otra, en la sección de Toros y Toreros, la cogida de Ignacio Sánchez Mejías cuando alternaba en Jerez de la Frontera con Juan Belmonte y José Belmonte.

      Un último ejemplo del tratamiento del 1 de mayo irá dirigido a la prensa local de provincias. El Defensor fue un semanario que se publicó entre 1920 y 1936. En sus orígenes aparece como semanario de vida local que se publica en Almodóvar del Campo (Ciudad Real). El número de 2 de mayo de 1926 se publica en la localidad cercana e industrial de Puertollano. Esa zona está relacionada desde la Antigüedad con la minería de Almadén. No olvidemos que en el término municipal de Almodóvar del Campo está el yacimiento de Sisapo en el lugar conocido como La Bienvenida. 

     Al ser un semanario, trata en portada dos temas: El recuerdo del 2 de mayo de 1808 y la reacción del pueblo; y el Primero de mayo como crónica del momento. En cierto modo quiere establecer un paralelismo, más bien continuidad, entre la actuación popular de 1808 y el movimiento obrero o proletario.

     El 2 de mayo para los redactores de El Defensor es la encarnación del verdadero sentimiento del pueblo en defensa de su vida nacional y de su libertad ciudadana. Termina el tema dedicado a la guerra de la Independencia con las palabras del conde de Toreno sobre el entusiasmo por la libertad del pueblo: Desaparezcan de una vez esas odiosas expresiones de pueblo bajo, plebe y canalla, porque este pueblo bajo, esta canalla, es la que libertará a España.

     Este semanario se publicaba los domingos y en su cabecera expresaba: No reconocemos por dueño nuestro más que al pueblo. Junto a una canción de 1.º de mayo disertaba sobre el significado del día en sus crónicas del momento. Con cierta amargura decía que en la actualidad la significación del 1 de mayo era una fiesta más con el agravante de calificarla del trabajo. Pero no debía cundir el pesimismo. Cada día y cada hora, cada minuto, creían acercarse más a la meta de la libertad y la justicia. Achacaba a la ignorancia y pasividad de algunos explotados, y la astucia de todos los explotadores, que trabajaban al unísono para convertir en cómico burlesco un día que empezó siendo trágico y que pudo ser de grandes reivindicaciones.

           Avisaba en su segunda página, como noticia de su hazaña mezclada con un interés comercial, que los tripulantes del Plus Ultra —Franco, Durán, Alda y Rada— visitarían Puertollano trayendo medicamentos nacionales y extranjeros a la instalación de una farmacia y, de paso, contarían su famoso vuelo Palos-Buenos Aires.

     Como resumen: Aunque se habían suprimido las manifestaciones del Primero de mayo, el paro había sido secundado por prácticamente toda España. El control de la dictadura de Primo de Rivera había impedido actos como el homenaje a Pablo Iglesias Posse, pero se habían celebrado actos en lugares cerrados y, después, festivos en lugares de recreo. La prensa estaba revisada por la censura.


El Defensor, 2 de mayo de 1926

     

 

  

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-        El Heraldo de Madrid, 1 y 3 de mayo de 1926.

-        El Sol, 1 y 3 de mayo de 1926.

-        El Liberal, 2 de mayo de 1926.

-        La Libertad, 2 de mayo de 1926.

-        El Imparcial, 2 de mayo de 1926.

-        El Defensor, 2 de mayo de 1926.



30-4-2026 8:00 Actualizado... 18:31

La negra Quirina_Adolfo Salazar_6

      

 

La negra Qurina

   


     La rumba cubana es una mezcla festiva de baile y música de todas las prácticas culturales que la conforman. Desde 2016 está en la lista representativa del patrimonio cultural inmaterial de la humanidad.

     La rumba cubana hunde sus raíces en la cultura africana que se nutre de elementos propios de la cultura antillana y del flamenco español. Surgió en los barrios populares o marginales de La Habana, Matanzas, en las proximidades de los puertos y en las zonas rurales donde había comunidades de esclavos.

          Al relacionarse con las comunidades venidas de África por la esclavitud, la rumba cubana fue una forma de manifestar resistencia y proclamar su estima personal, que creaba relaciones sociales entre esas comunidades. Y esa expresión se plasmaba mediante cantos, mediante bailes, por palmadas, con un lenguaje corporal genuino. Por la humildad de sus orígenes, los instrumentos musicales nacieron de la percusión de herramientas de trabajo o domésticas que fueron incorporadas a los instrumentos musicales habituales que se han transmitido de generación en generación, con muestras de sensualidad y gracia en sus expresiones que permearon todas las clases sociales de la Gran Antilla.

         En líneas generales, la rumba flamenca nació a principios del siglo XX como asimilación de los ritmos caribeños a la geografía musical andaluza, que con el paso del tiempo formó un estilo propio entre lo caribeño y el ritmo flamenco, donde la improvisación y la alegría generan un disfrute vital de la fiesta representada.

     Y henos aquí recordando las evocaciones de Adolfo Salazar, que presenciaba con su vista y oído los viajes de ida y vuelta de unas músicas emocionales. En un principio, nuestro interés por Adolfo Salazar se había dirigido hacia el magisterio musical que ejerció con Manuel de Falla en el grupo de músicos que renombraron como de los Ocho. Al estilo de la generación literaria del 27 en la vida musical española. Más tarde, nuestra mirada analizó el carácter cercano de la relación con un joven Federico García Lorca, con sus consejos y, en la hibridación de estas relaciones, cómo influyeron en la vida cultural española e hispanoamericana las ideas de Ortega y Gasset, factótum intelectual de El Sol, en el origen de Musicalia, con el añadido de los artículos que publicaba Salazar en la sección La vida musical del periódico citado.

     Un “monstruo” en términos lírico-teatrales es una letra embutida a la fuerza en un diseño musical que se quiere conservar intacto. Las rumbas que Salazar había escuchado en España podían no guardar su origen, aunque su ritmo y color evocaran a los países de América Central. Cuando visitó La Habana en 1930, se dirigió al teatro de la Alhambra con la intención de presenciar una rumba auténtica, estuviese embutido el monstruo o no, porque, inicialmente, le costaba entender las letras. Entendía solamente los estribillos. Al menos, el musicólogo, sin saber la pureza de la rumba, tuvo la sensación de presenciar algo auténtico.

      ¿Cuál fue la primera rumba que vio y oyó? La negra Quirina. No era desconocida. Su autor era Moisés Simons. Por ese viaje de ida y vuelta, Adolfo Salazar sabía que había sido atraído al otro lado del océano en alguna ocasión.

Moisés Simons. Wikipedia


     Salazar apreciaba en La negra Quirina su carácter y colorido como música popular. Observaba la buena conexión entre el elemento primitivo de origen africano con la gracia criolla, cubana o antillana. Y le permitía saber la relación que se establecía entre la rumba y el “son”, que tan en boga se estaba poniendo en Cuba en 1930. Eran impresiones lo que Salazar anotaba. No podía sentenciar porque podía ser considerado un erudito a la violeta.

     Intuitivamente, apreció que lo africano servía de base rítmica y era incitador de giros melódicos, y que los detalles estilísticos eran adiciones de lo cubano o criollo. La estructura y hechura se habían importado de Europa con una reelaboración en la Gran Antilla.

         No dejó de observar la lubricidad y sensualidad de la rumba cubana. Rasgos que se acentuaban con el lenguaje libérrimo y la gestualidad desenvuelta utilizados en el teatro de la Alhambra, llegando en algún momento a considerar que lo más pudoroso de la actuación era la rumba misma.

     Moisés Simons fue un músico cubano que nació con el nombre de Moisés Simón Rodríguez en La Habana en 1889 y falleció en Madrid en 1945. Compositor, pianista y director de orquesta, fue el autor del éxito internacional del son pregón “El manisero”. En la obra musical de Simons destacan también las operetas o zarzuelas cubanas. De entre ellas, La negra Quirina.

           Para otro momento, las fritas. Debía buscar el aire libre, el calor, la muchedumbre humana, el ron… Aún quedaba el final de julio y los comienzos del agosto caribeño de 1930.






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Ciudadanos contemporáneos, 3: Duelo a garrotazos.

      Duelo a garrotazos. Francisco de Goya. Museo del Prado.        ¿Cómo era la Quinta del Sordo en 1823? Debieron impresionar las catorce...