| Mancheta de EL SOL, segunda semana de agosto de 1930. Fuente: EL SOL. |
| Fuente: EL SOL, caricatura de López Rubio, 14-8-1930 |
Cuando
a mediados de agosto de 1930 publica Adolfo Salazar su artículo en EL SOL
titulado La vida musical en Cuba. – Las sociedades de conciertos, en la vida de
los ciudadanos que leían el periódico había preocupación por la enseñanza de
sus ciudadanos; Salvador de Madariaga analizaba las instituciones faraónicas
del estado: trono, iglesia, ejército y burocracia; se relataba el fracaso de la
concentración de los partidos medios en Alemania; Ramón Gómez de la Serna escribía
sobre cómo se estaba pasando de moda el sombrero, circunstancia que celebraba;
y Bagaria hacía caricatura política sobre las futuras elecciones, que luego se
celebrarían en abril de 1931.
Salazar narraba que la vida musical cubana
en 1930 contaba con paralelismos con la española, aunque la influencia de los
cercanos Estados Unidos era palpable. Respondía a dos parámetros semejantes a
la española: la iniciativa particular y la falta de protección oficial.
La iniciativa particular era una ocupación
o preocupación de unas cuantas personas que lo hacían con generosidad y nada
interesados empresarialmente. No conocía en Cuba mecenas filarmónicos al estilo
de Estados Unidos que ayudaran a los que desinteresadamente trabajaban por la
música de la isla caribeña. Al menos se le ocultaba a su curiosa mirada. Había
algún caso.
En cuanto a la Sociedad Pro Arte Musical,
existía por el entusiasmo y esforzado trabajo de mujeres de la sociedad
habanera, señora Giberga, tanto por las programaciones que ofrecían como por la
construcción del edificio en el que residían, el teatro Auditórium, donde se
ofrecían óperas, conciertos sinfónicos y de cámara. Sostenía un círculo de
aficionados elegante y selecto con una incipiente biblioteca y la publicación
de una revista que ejercía como boletín oficial.
Tanto esta sociedad como las sociedades de
concierto españolas encauzaban la vida musical, aspecto que Salazar remarcó con insistencia
y que dependía de sus directores las líneas que implementaban este desarrollo. A
la Sociedad Pro Arte Musical se unió, según el musicólogo español, la
Asociación de Música Contemporánea, que fomentaba la música más reciente, en la
que pronunció una de sus conferencias, estableciendo la relación entre esta y
la Sociedad Internacional de Música, cuyo nacimiento presenció muy de cerca. Su
queja se dirigía a que en Cuba se ha conformado esta sociedad contemporánea y no
ha conseguido que suceda lo mismo en España.
La Asociación de Música Contemporánea nació
como consecuencia del ambiente creado por la revista Musicalia, fundada por
María Muñoz de Quevedo, definida por Adolfo Salazar como una singular mujer
en quien la sensibilidad, carácter, inteligencia, voluntad y entusiasmo se unen
en una mezcla rara. Dice más: que era una excelente artista, discípula de
Falla, creadora del Conservatorio Bach, además de la revista citada, y, ahora,
la Asociación de Música Contemporánea.
Salazar elogiaba la revista Musicalia,
casi imposible sacarla en España, tanto en lo espiritual como en lo material. A
estas tres entidades creadas por el matrimonio Quevedo les auguraba un resultado
formidable para la cultura musical española. Echaba de menos esta actividad en
España. Pero era feliz y se alegraba de esta labor entusiasta y generosa,
cualidades que consideraba netamente cubanas. En la presentación de esta nueva
asociación contribuyeron pianistas que Salazar cita: el norteamericano Julián
de Gray y el centroamericano Héctor Ruiz Díaz. La música: de Bach a Strawinsky y Satie.
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