Cultura y sociedad

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Tutankamón en la Residencia de Estudiantes, 1928_3

      

    

Howard Carter y los duques de Alba. El Heraldo de Madrid, 21 de mayo de 1928

     Introducción: Mientras recabábamos datos sobre el campeonato de España de fútbol de 1928[1], estuvimos buscando referencias en la prensa de los dos partidos del 20 y 22 de mayo para contrastar la memoria de los literatos de la Generación del 27 sobre aquel evento con la famosa oda a Platko. Al mismo tiempo, nos encontramos con referencias a un hecho cultural del que habíamos escrito con anterioridad: la visita de Howard Carter a España[2] para hablar de Tutankamón y la popularización de la egiptología en la década de 1920[3], tras los descubrimientos de Carter, con su amistad con el duque de Alba y la creación del Comité Hispano-inglés. Las conferencias de Carter fueron el modelo que utilizó Jiménez Fraud en 1924 para las siguientes charlas que se dieron en la Residencia de Estudiantes. Es el momento de dar relieve a esta segunda visita de 1928 desde distintos puntos de vista.

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     Carter llegó a Madrid el 19 de mayo de 1928 desde Egipto con el único motivo de dar dos conferencias y después marchar a Francia e Inglaterra, donde otros compromisos le esperaban antes de regresar a la tierra de los faraones. Durante esta segunda visita se hospedó en el Palacio de Liria, como ocurrió en 1924.

     La primera conferencia tuvo lugar en la Residencia de Estudiantes el 20 de mayo a las siete de la tarde. Lleno absoluto que hizo que las personas se amontonaran en la puerta abierta y en el pasillo. Se remarcó la presencia de la reina Victoria Eugenia, el exrey de Grecia Jorge II, la infanta doña María Cristina, los embajadores de Inglaterra, Estados Unidos y Francia, ministros de distintos países, políticos, aristócratas, intelectuales, etcétera.

     El acto fue presentado por el duque de Alba. Dijo que la conferencia era la continuación de la de hace cuatro años, cuando relató la apertura de la tumba de Tutankamón. Así lo refrendó Carter. El trabajo de campo se había dirigido a la apertura de ataúdes que estaban junto al del faraón y ver el estado de la momia del faraón, que era bastante deficiente, según el egiptólogo, por los materiales empleados en el embalsamamiento. Su explicación se acompañó de diapositivas que explicaban el estado de la momia y una selección de los 143 objetos que se encontraron en su ajuar. Carter terminó esta conferencia contextualizando la llegada de la Edad de Hierro a Egipto. La conferencia fue un éxito. Hubo una recepción del duque de Alba en el Palacio de Liria donde asistieron el conde de Gimeno, traductor del libro de Carter y presidente de la Junta de Excavaciones y Antigüedades; el director general de Bellas Artes; Raimundo Fernández Villaverde y el director de la Residencia de Estudiantes, Alberto Jiménez Fraud.

      Por el interés suscitado, la segunda conferencia fue trasladada al Teatro de la Princesa el 22 de mayo y versó sobre La cripta interior. En el invierno de 1926-1927, las investigaciones del equipo de Carter le llevaron hacia la tercera estancia, la cripta interior, alejada de la Cámara Sepulcral que contenía la tumba. Era una cámara que parecía encontrarse tal y como la dejaron los antiguos obreros faraónicos, con objetos y motivos funerarios y religiosos: figuras de divinidades protectoras; estatuillas de dioses del otro mundo; estatuillas del rey con sus atributos de soberanía; barquitas para seguir los viajes del sol; canoas para ir de caza en el otro mundo; barcos mayores para la santa peregrinación o para cruzar las celestiales aguas; cofrecillos conteniendo tesoros y artículos de tocador para la vida futura; y el templete con los vasos canopos y el arca donde se colocaban las vísceras del monarca, bajo la protección de cuatro diosas tutelares y sus genios, propiciatorios de la momificación.

     Se ha realizado aquí un resumen de la visita publicado en el Boletín de la Institución Libre de Enseñanza en 1993[4].


Howard Carter, 1925. Biblioteca Nacional de Francia.


     En 2022, Myriam Seco y Javier Martínez Barbón publicaron Tutankha-món. Howard Carter en España. El duque de Alba y las conferencias del egiptólogo en Madrid. Recoge más extensamente que Rueda el acto de las conferencias, repitiendo el lleno y la asistencia de personalidades. Incluye la presentación del duque de Alba, donde se refleja la amistad y hospitalidad del duque hacia el arqueólogo y donde recordó las diapositivas sobre el hallazgo de la tumba de Tutankamón que donó al Comité Hispano-inglés. Diapositivas de las que tuvieron que hacer copias por las peticiones de distintos sitios de España y Sudamérica, con demanda de nuevas conferencias.

      Carter inició su conferencia con un breve preámbulo en el que recordó lo que había expuesto en las conferencias de 1924. Explicó el laborioso trabajo de los miembros de los equipos arqueológicos para extraer y abrir los ataúdes antropomorfos. Insistió en los problemas de la adecuada conservación de la momia por la gran cantidad de aceites y resinas vertidos sobre ella, que habían producido la destrucción de parte de los finos sudarios de lino y el cuerpo del faraón. Comenzó a reproducir las diapositivas de las fotografías que fue comentando. Entre las particularidades de este ataúd destacaban unas láminas de oro que lo recubrían, más gruesas en las manos y en la cara. Leyó entonces Carter la inscripción de la parte anterior dedicada a la diosa Nut: ¡Oh Madre Nut! Extiende tus alas sobre mí como las estrellas imperecederas.

     El público pudo contemplar la cabeza y los hombros del ataúd exterior; las manos cruzadas que sujetaban el mayal y el cayado, emblemas de la realeza egipcia. Sobre la frente se podía observar el buitre y la cobra, Nekhbet y Uadjet, símbolos divinos del Alto y Bajo Egipto. Una vez levantada la tapa, pudieron visualizar un segundo ataúd cubierto con una corona y guirnaldas de flores situadas sobre la envoltura de lienzo, en los que sobresalían unos pétalos de loto azul.

     El conferenciante mostró fotografías sobre cómo se enrolló la envoltura de lienzo que cubría el segundo ataúd y cómo este estaba colocado dentro del primero. Aportó datos sobre su tamaño y características. Al abrirlo, vieron un tercer féretro que presentaba una forma osiriaca similar a los dos anteriores.

     Las fotografías del tercer ataúd dieron continuidad a la conferencia. Mostraba el rostro de oro bruñido y un collar de flores alrededor del cuello. El resto del féretro estaba envuelto por un lienzo rojo. Aquel ataúd era de oro macizo, valorado según Carter en cincuenta mil libras esterlinas de 1928. La similitud de los rostros de este féretro con el del ataúd exterior fue resaltada y subrayó las delicadas figuras de las diosas Nekhbet y Buto, en brazos y abdomen, y de las diosas protectoras Isis y Neftis, en los miembros inferiores.

     La tapa estaba unida mediante ocho espigas de oro. Extraída y levantada la tapa, pudo mostrarles cómo era la momia del rey: La máscara de oro batido, con las insignias reales sobre la frente y la barba; un gran escarabajo sagrado colgando del cuello; las manos de oro bruñido sujetando el mayal y el cayado, y la mortaja exterior, que presentaba diversos ornamentos, entre los que sobresalía un pájaro Ba de oro, ave con cabeza humana que simbolizaba una de las manifestaciones espirituales del fallecido.

      Carter reflexionó sobre las riquezas de las tumbas de los grandes faraones del Reino Nuevo y las comparó con las de un rey menor como Tutankamón. Recordó la equiparación de estos con Osiris, que murió, fue enterrado y resucitó para encaminarse hacia la inmortalidad.

     Se centró en el examen de la momia hecho por los doctores Derry y Bey Hamdi, que retiraron los vendajes carbonizados y podridos, al tiempo que recogían 143 objetos, destacando su diadema e insignia. Destacó que había tres objetos de hierro, síntoma de la introducción primigenia de este metal en Egipto. Murió con dieciocho años y tuvo gran parecido, según Carter, con Akenatón.

     Los residuos líquidos habían adherido el cadáver vendado al féretro de oro. La máscara de oro mostraba el retrato del rey en su temprana muerte. Carter fue relatando en las siguientes fotografías el pectoral de oro con forma del pájaro Ba. Entre las envolturas extraídas encontraron una diadema de oro con incrustaciones de cornalina y fabricada en una sola moldura.

     Debajo de las vendas que cubrían la parte superior de la cabeza, se encontró un casquete que se ajustaba al cráneo rasurado del faraón. Los últimos vendajes cubrían el rostro y fueron retirados con sumo cuidado para evitar daños por su fragilidad. Entre los vendajes de la momia aparecieron objetos como collares, un escarabajo sagrado, varios amuletos, un delantal de ceremonias, un cinturón y un puñal. Carter se detuvo en la descripción de los collares de Horus, Nekhbet y Buto. Oro con incrustaciones de coloridos cristales. El escarabajo sagrado llevaba incrustado un pájaro Benu. Los amuletos eran protectores: Thet de jaspe rojo, Ded de oro y Uaz de fedespalto verde. Carter contó la relación entre los amuletos y el escarabajo con citas del Libro de los muertos[5] y la finalidad que poseían.

     Sobre el tórax fueron encontrados diversos pectorales: El del buitre Nekhbet, muy hermoso, o el macizo de escarabajos Kheper, que fueron interpretados por el arqueólogo como una asociación de elementos relacionados con Osiris y Ra. Mostró también los brazaletes y las pulseras de los brazos del monarca que denotaban la delgadez de sus brazos.

     El delantal que se ve en los relieves egipcios estaba alrededor de su cintura. Sobre el delantal dorado no sabía exactamente su significado. Con el delantal había un puñal de oro con una vaina ricamente labrada con escenas de caza, con un friso con volutas, inscripciones y motivos florales.

     Extraídos más vendajes, apareció otro cinturón de oro y un puñal de hierro. La aparición de la industria de hierro la relacionó Carter con los primeros pasos del ocaso del Antiguo Egipto. Su teoría era que los primeros objetos de hierro habían sido introducidos en los contactos con los hititas a pequeña escala.

     Concluyó diciendo que los amuletos de los vendajes pretendían la protección del difunto en el más allá; que, por su calidad, había que elogiar a los joyeros y artesanos tebanos que unían la calidad con la búsqueda de la felicidad definitiva para los difuntos.

     Al igual que se citó con anterioridad, el éxito, los aplausos y el interés por la segunda conferencia hicieron que se trasladara al Teatro de la Princesa para el 22 de mayo a las siete menos cuarto de la tarde.


Howard Carter y su equipo a principios de la década de 1920. Museo de Antigüedades del Mediterráneo y del Cercano Oriente. Estocolmo

    
 La fuente a la que nos referimos reproduce la introducción completa del duque de Alba en la segunda sesión, que trataba sobre la descripción de una cámara secundaria anexa a la cámara funeraria con el sentimiento y la sensación especial de ser la primera vez que se entraba en ella después de treinta siglos.

     Las dimensiones de la cámara, 4 por 5 metros y 2 de altura, mostraban paredes sin alisar y estaba repleta de materiales arqueológicos, con un significado religioso en su mayoría, que podía ser protectora ante la idea del terror de los humanos y el bienestar de la otra vida. Divinidades protectoras, estatuillas del rey, maquetas de barcos de distintos tamaños y significados, cofres de joyas y artículos de tocador. Capillas con ushebtis, que fueron figurillas que se colocan en las tumbas que sustituyen a los difuntos en las tareas agrícolas que realizarían en los Campos de Osiris; y los vasos canopos protegidos por las cuatro diosas tutelares.

     Tras la introducción, Carter dispuso las diapositivas desde la entrada en la cripta protegida por la figura negra de Anubis, perro negro parecido a un chacal: El guardián de los muertos y divinidad de la momificación en tiempos dinásticos.

     Siguió con la cabeza de la vaca Meh-Urit mirando hacia el oeste. Era una manifestación de la diosa Hathor como Señora de Amentit, territorio del ocaso.

     Los asistentes pudieron contemplar a continuación dos de las arcas abiertas, cada una de las cuales tenía una divinidad con el cuerpo envuelto en una fina tela. Otras arcas, situadas hacia el suroeste de la sala, contenían estatuillas de madera del rey envueltas en lino, pero con la cara descubierta, con particularidades unas del arte de Amarna y otras del arte tebano.

     Las estatuillas del rey tenían el cetro y el flagelum como el soberano del Bajo Egipto; y el cayado de pastores y el mayal del labrador, como soberano del Alto Egipto; aparecía también saludando al sol, sostenido por la deidad Mankaret; y sobre una canoa de cañas, encima de un leopardo negro con forma de Horus el Vengador.

     Una flotilla de dieciocho barcos amontonados correspondía a la tradición egipcia de acompañar al sol en sus viajes, a Horus en la cacería en los pantanos, en las peregrinaciones o para llegar a los Campos de los Bendecidos.

      El rincón noroeste de la cripta tenía los templetes de madera que contenían las figurillas de ushebtis, con la finalidad agrícola en los campos de Osiris. Sus aperos de labranza eran de cobre, consistiendo en una azada, un pico, un yugo, cestos y dos cántaros de agua.

     Las arquetas con objetos preciosos situadas a lo largo de la pared septentrional habían contenido objetos de valor que fueron robados y el resto había sido esparcido por la cámara. No explica cuándo fueron robados porque se desbarataría la idea de treinta siglos ocultos o bien fueron robados prontamente por los contemporáneos. Las arquetas, por otra parte, tenían un trabajo delicado de ornamentación. Una de ellas, con 45.000 piezas de incrustación, con las joyas, entre otras, de la orden de la Salida del Sol; la orden de cómo era llevada; la orden de la Luna y clases de las mismas órdenes. Una segunda arqueta tenía la forma ovalada del cartucho del rey y estaba elaborada con madera de conífera y listas de ébano. Sobre la tapa se podía leer el nombre de entronización de Tutankamón, formado por jeroglíficos de marfil y ébano sobre un fondo de oro. Una tercera arqueta estaba fabricada en madera de cedro y adornada con listones de marfil. Portaba signos que significan: Toda la vida y buena suerte. El interior estaba dividido en dieciséis departamentos expoliados en época dinástica. La quinta arqueta guardaba el abanico del rey, de plumas de avestruz y mango de marfil.

     Sobre el significado de los cuatro vasos canopos, dijo que eran los receptáculos de las vísceras y los vinculaba a cuatro genios bajo la protección de Isis, Neftis, Neith y Selket.


Traslado de objetos de la tumba de Tutankamón en el Valle de los Reyes. Museo de Antigüedades del Mediterráneo y Cercano Oriente. Estocolmo.


     Las últimas fotografías de la conferencia presentaban los siguientes detalles: el cofre canopo cubierto con un paño mortuorio de color pardo oscuro y sin decoración; el cofre canopo de alabastro casi translúcido, poseedor de un rodapié de oro y colocado sobre dos largueros de madera con mangos de plata. Los sellos eran de arcilla y estaban colocados, dos a cada lado, sujetos a argollas de oro; la cubierta del cofre canopo levantada, que dejaba al descubierto las cuatro tapas con forma de cabeza humana cuyo rostro se asemejaba al de Tutankamón; las cuatro tapaderas; una de las tapaderas vista de perfil; la apertura de los cuatro recipientes del cofre que contenían, cada uno, un minúsculo ataúd de oro y uno de los ataúdes de oro en miniatura, que contenía vísceras del rey envueltas en forma de momia.

     Para Carter, los objetos hallados en aquella pequeña cámara se podían dividir en tres grupos: piezas necesarias para la tumba, elementos de protección para el más allá y el ajuar que el difunto podía necesitar. Según él, la labor de los ladrones había impedido conservar el cincuenta por ciento de los cofres y se habrían llevado probablemente lo mejor.

     Aquí dejamos la reseña de las dos conferencias hechas por Seco y Martínez[6]. Ahora veremos las referencias en la prensa de la época que, realmente, es la razón por la que hemos vuelto sobre este tema.

   Abordamos cómo vio la visita de Carter en 1928 El Heraldo de Madrid. El 21 de mayo informó de la llegada de Howard Carter a España con una fotografía en la que estaba acompañado por los duques de Alba y que encabeza este artículo. En el artículo hace un resumen de la conferencia del 20 de mayo que concluye con la relación que establece el egiptólogo entre la profusión de amuletos con los símbolos sagrados y con las creencias supraterrenas de los egipcios, que tan amantes eran de la suprema felicidad, según el periodista.

     El 22 de mayo, El Heraldo de Madrid publica una entrevista o unas pocas palabras de Carter antes de dirigirse a un almuerzo con los duques de Alba en el Palacio de Liria. El periodista, en el escaso tiempo que está con Carter, observa que el egiptólogo es sencillo y efusivo, casi como los meridionales, donde su cara tiene una sonrisa afable. Siente simpatía por España y ha visitado sus antiguas ciudades y ha admirado a sus pintores, en especial a Velázquez. En España quedan cosas por descubrir y le dice al periodista que los objetos egipcios encontrados en España reflejaban el comercio existente en el Antiguo Egipto por el Mediterráneo. Al periodista le cuenta todo lo relativo a los tres ataúdes del joven faraón, los problemas de las resinas empleadas que causaron grandes problemas de extracción. De pronto le indica que va a llegar tarde al almuerzo en el momento que alaba el sol de España. Le pide que le envíe la entrevista que le está haciendo, que las guarda. El periodista lo hará, aunque su fruto sea escaso, por la amabilidad del inglés.  


EL IMPARCIAL, 23-05-1928

     El Imparcial recoge las dos conferencias de Carter en sus ediciones del 22 y 23 de mayo de 1928. Del inicio de la publicación del 22 de mayo destacamos la valoración que hace del lugar donde se celebra la conferencia. La Residencia de Estudiantes es honrada en su cátedra. Allí donde van llegando las personalidades más salientes de la intelectualidad mundial. Por ello vuelve otra vez el conferenciante y los aplausos de la nutrida concurrencia así lo testifican. Aquí el detalle de los asistentes se extiende más allá de la nobleza porque sabemos que asistió Ortega y Gasset, Pérez de Ayala, Bolívar, Bugallal o Gómez Moreno.

     De la conferencia del día 22, la edición del 23 recoge que el lugar fue el Teatro de la Princesa, que versó sobre la cripta interior, pero aporta fotografías de la momia real dentro de su ataúd y el examen de la momia real por el doctor Derry, ayudado por Howard Carter, mientras en el cuerpo del artículo se reseña la cripta interior, considerada como el lugar más recóndito de la tumba de Tutankamón. No olvida el carácter religioso, místico y funerario del lugar, ni los atributos de la soberanía, ni las naves pequeñas y su significado. Los cofres y el templete de los vasos canopos. El periodista ve una colección heterogénea que se puede agrupar en tres categorías: requisitos efectivos para la tumba, defensas para el otro mundo y cosas que pudiera necesitar el difunto en la vida futura.


Examen momia Tutankamón, EL IMPARCIAL, 23-05-1928.


     En las publicaciones de El Liberal del 22 y 23 de mayo de 1928 se recoge la misma estructura de las conferencias: En la primera, los antecedentes de la visita de 1924 y el relato que aporta en su visita de 1928 sobre los trabajos de 1926-1927. Cuenta de este modo las tres cajas mortuorias, las dos primeras de roble y la tercera de oro, la edad del rey joven y los accesorios y ajuar del difunto, que demostraban las creencias en el más allá de los egipcios. Al final, muchos aplausos y aviso sobre la segunda conferencia que será realizada en el Teatro de la Princesa.

     El Liberal reseña muy brevemente la segunda conferencia el 23 de mayo de 1928. Pero es interesante reflejar su primera página porque bajo una foto de Howard Carter escribe el siguiente pie de foto: Míster Howard Carter, ilustre arqueólogo inglés, cuyas conferencias sobre la tumba de Tutankamón en la Residencia de Estudiantes han constituido una de las notas más interesantes de nuestra vida intelectual.

Howard Carter. EL LIBERAL. 23-05-1928

     Acabamos por donde deberíamos haber empezado. Reseñamos un periódico dedicado a información militar, La Correspondencia Militar de 21 de mayo de 1928, que únicamente hace referencia a la llegada de Howard Carter a España e informa que es colaborador de Lord Carnavon en los importantes descubrimientos producidos en el Valle de los Reyes, que las conferencias las dará en la Residencia de Estudiantes, que dichas conferencias versarán sobre la sepultura de Tutankamón y la cámara (cripta) sepulcral, que su interés es dar a conocer los descubrimientos de estos años y que, cumplida esta misión, volverá a Francia e Inglaterra, para después marchar a Egipto. El egiptólogo se hospedará en el Palacio del duque de Alba, del que el periódico informa que del palacio acudieron a recibirle algunos funcionarios

 


[4] RUEDA MUÑOZ DE SAN PEDRO, G.: 1924-1928, las dos estancias de Howard Carter en España. En Boletín de la Institución Libre de Enseñanza, 17. Madrid. 1993.

[5] LARA PEINADO, F.: Libro de los muertos. Estudio preliminar, traducción y notas del autor. Textos y fórmulas para vencer las dificultades y peligros que aguardaban en el Más Allá en la cultura egipcia.

[6] SECO ÁLVAREZ, M. y MARTÍNEZ BARBÓN, J.: Tutankha-món. Howard Carter en España. El duque de Alba y las conferencias del egiptólogo en Madrid. Almuzara. 2022. Ebook para Kindle. Introducción de Manuel Pimentel y prólogo de Zahi Hawass.

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     Referencias periodísticas

-        EL HERALDO DE MADRID, 21 y 22 de mayo de 1928.

-        EL IMPARCIAL, 23 y 23 de mayo de 1928.

-        EL LIBERAL, 22 y 23 de mayo de 1928.

-        LA CORRESPONDENCIA MILITAR, 21 de mayo de 1928.

     



Residencia de Estudiantes. Calle Pinar. Madrid. 




23-07-2026. 20:50. Actualizado... 24-07-2026 18:15

Ricardo de Orueta, residente.

 

Ricardo de Orueta. Wikipedia


     ¿Qué recuerdo tenían los miembros de la Residencia de Estudiantes del historiador y político Ricardo de Orueta

    Vamos a utilizar como documentación o bibliografía el epistolario de Alberto Jiménez Fraud, las conversaciones de Pepín Bello a Castillo y Sardá y el epistolario de Gabriel Celaya y Luis Sánchez Cuesta. Va a ser una cita parcial porque trataremos de ceñirnos más a los residentes, incluido los internos coetáneos, y, entre ellos, el director de la Residencia. Para otra ocasión dejaremos la labor de Orueta en la creación en el Museo Nacional de la Escultura de Valladolid.

    Según Pepín Bello, en la Residencia de Estudiantes había cinco o seis personas mayores que vivían allí y no eran estudiantes. Recuerda a José Moreno Villa, poeta y pintor, que, según Pepín, era mayor que Lorca o Dalí. Que también estaba alojado don Ricardo Orueta, un hombre que tenía unos cincuenta años. Y recuerda también a don Ángel Llorca, profesor, y un algún otro de quien no se acuerda.

      En una carta de Luis Buñuel a Pepín Bello, el cineasta dice que su puesta en escena se parece mucho, oral y materialmente, a D. Ricardo de Orueta. El historiador era conocido por la forma en la que enseñaba Toledo a los residentes[1]. Era el tutor encargado de las visitas culturales. Mostraba la ciudad a los jóvenes residentes que luego se divertían en la misma fundando la orden de Toledo. También hay fotografías de Buñuel en actitud deportiva y/o desafiante.

Luis Buñuel. Wikipedia.

     Gabriel Celaya recuerda a Ricardo Orueta en el cincuentenario dedicado a la Residencia de Estudiantes en la revista Residencia, “con su amor: la belleza visible en el atleta de la última olimpíada”[2]. El poema Mi residencia de Estudiantes, con dedicatoria a Alberto Jiménez Fraud fue escrito para la conmemoración de los cincuenta años por los antiguos residentes que vivían en España y los exiliados.

Gabriel Celaya. Feria del Libro, 1962. ABC

      El compositor Jesús Bal y Gay recibió el 14 de marzo de 1939 una carta de Alberto Jiménez Fraud, ya establecido en Oxford. Jesús Bal había sido Residente entre 1925-1930. Durante su estancia en México recibió noticias de Jiménez Fraud. Se habían enterado en Oxford, con alegría, del matrimonio de José Moreno Villa, pero le contaban la noticia de la muerte de Ricardo Orueta el 10 de febrero de 1939. Le pedían a Bal que no dijera nada de la triste noticia a José Moreno Villa, quien estaba en México también. Orueta y Moreno Villa, junto a Jiménez Fraud eran parte de la peña malagueña, amigos desde la juventud, y no quería empañar la alegría de su enlace[3].

     Cuando se crea la primera asociación de antiguos residentes, Ricardo de Orueta se encarga de presidirla.

Cervantes virtual

     En 1960 se preparaba un especial de la revista Residencia, recordando, como hemos mencionado antes por el poema de Gabriel Celaya, los cincuenta años de la apertura de la Residencia de Estudiantes. Jiménez Fraud volvía a escribir a Jesús Bal dándole consejos sobre qué introducir en ese especial. Y se acordaba de Orueta y su decisiva actuación en la creación del Museo de la Escultura de Valladolid. Orueta se había convertido en vida en un gran fotógrafo de obras escultóricas. Jiménez Fraud indicaba a Bal y Gay que buscaran las fotografías de Ricardo Orueta sobre las esculturas del museo, porque tenían más calidad. Y porque las que se publicaron en 1933 en un artículo de Francisco Javier Sánchez Cantón en Residencia eran peores[4].

     En estos homenajes por el cincuentenario, Jiménez Fraud escribió a otro Residente en los años 20, José Solís Suárez, que se había convertido en un eminente psiquiatra, a pesar de haber sido depurado tras la guerra civil. Terminó siendo director del Hospital Psiquiátrico de León. Como se preparaba la antología de la revista, Alberto Jiménez indicó qué personas no debían ser olvidadas y añadió en el anexo lo siguiente sobre Ricardo Orueta:

      “Don Ricardo Orueta. Fundó el Museo Nacional de Escultura de Valladolid. En el número de mayo 1933 de Residencia se publicó un artículo de Sánchez Cantón, muy bien ilustrado. Podrían ustedes dedicar cuatro o seis páginas a esta fundación de un Residente, publicando un artículo de Lafuente Ferrari, por ejemplo, sobre don Ricardo, una foto de la lápida que el director Francisco de Cossío hizo colocar mencionando a Orueta, una espléndida foto de la Virgen de Berruguete en La Anunciación del retablo de Olmedo, y una reproducción (que se daría muy bien) del dibujo de la fachada del Colegio de San Gregorio, por Pérez Villaamil, las dos a toda plana….”

     Uno de los protegidos, en los inicios de su carrera para conseguir beca en la Junta de Ampliación de Estudios, por Jiménez Fraud, José Castillejo y Ramón y Cajal, fue el médico Luis Calandre, que escribía el 12 de noviembre de 1960 a Alberto Jiménez una carta en la que contaba que había recogido unas cuarenta fotos de Residentes de un archivo de clichés de Orueta, donde aparecía el autor junto a Moreno Villa, Paulino Suárez y Francisco Beceña[5].

     Jiménez Fraud contestaba rápidamente a Luis Calandre desde Oxford diciendo:

     “Me interesa mucho lo que dice usted de las fotos de Ricardo Orueta. Me vendría muy bien tener copias de las de la Residencia porque precisamente llevo meses reuniendo, con grandes gastos y dificultades, material gráfico para ese número de la revista Residencia que están preparando los Residentes de Méjico y constantemente le envío a Jesús Bal (que tiene más directamente la responsabilidad de la publicación) lo que voy obteniendo… Si usted pudiera enviarme un par de copias de esas fotos de Residentes y de la Residencia se lo agradecería infinito…”.[6] 

     Luis Calandre había sido médico en el bando republicano durante la guerra civil. Entre 1912 y 1938 había publicado ochenta trabajos, alguno de ellos en prestigiosas revistas internacionales, pero, entre 1939 y 1961, año de su fallecimiento, únicamente pudo publicar tres. Durante la guerra fue médico civil en el hospital de enfermos y heridos de guerra de la calle Joaquín Costa, 38. Con el transcurrir de la guerra transformó los pabellones de la Residencia de Estudiantes en Hospital de Guerra del Cuerpo de Carabineros. Con la victoria de Franco, fue sometido a dos consejos de guerra, condenado a prisión y desposeído de sus cargos oficiales. Se le prohibió ejercer la medicina en Madrid y provincia durante cinco años[7].



Luis Calandre. Ficha encausado. Centro Documental Memoria Histórica


     Lo que no impidió la participación de los Residentes que estaban en España, como Calandre, que muere el 29-09-1961, o Solís, quien le había escrito a la residencia mexicana de Jesús Bal informándole de las reuniones que tenían en España. Entre ellas estaba una excursión a Toledo en la que seguirían la ruta de Ricardo Orueta.

Jesús Bal (dcha), Rosita García Ascot, Vera e Igor Stravinsky. México, 1947. ABC y archivo Residencia Estudiantes


      Aunque no fue Residente, Modesto Laza Palacios[8] estuvo muy ligado por su tío Enrique Laza y el Laboratorio de Bacteriología de Málaga, del que heredó su farmacia, a los institucionistas de Málaga. Fue autor, además, de El laboratorio de Celestina, obra que indaga los ungüentos y pócimas presuntamente mágicas de la protagonista de la obra de Fernando de Rojas. Modesto Laza escribió a Alberto Jiménez Fraud buscando anécdotas, frases o gestos de Giner de los Ríos, Ricardo Orueta o José Moreno Villa en el mes de abril de 1961[9].

Biblioteca Virtual de la Real Academia de Farmacia

     No podemos olvidarnos de los recuerdos que nos da el epistolario de Jiménez Fraud de la relación que José Moreno Villa tuvo con Ricardo de Orueta, más cercano en edad y más amistoso e íntimo en la relación. En una carta a Bal y Gay, hemos visto con anterioridad que Moreno Villa se había casado cuando fallece Orueta. Pero, antes, utilizaremos dos cartas de Moreno Villa y Alberto Jiménez que han abandonado Madrid, pero siguen pendientes del desarrollo de las vicisitudes de la guerra y de su amigo Ricardo.

     El siete de marzo de 1937, Ricardo de Orueta estaba en Valencia bebiendo cerveza y coñac hasta hincharse el rostro, mientras escribía un libro eterno, según contaba Moreno Villa a Natalia Cossío y Alberto Jiménez Fraud, que dedicaría al  Estudio sobre la escultura española. Así lo dejó Moreno Villa. Cual no sería su sorpresa cuando se entera que Ricardo de Orueta vuelve a Madrid. Y Moreno Villa envía una carta en el verano de 1937 a Jiménez Fraud.

    El 29 de agosto de 1937, un Moreno Villa impresionado cuenta lo que ha pasado con el cuarto de Orueta y lo de Casimira a Jiménez Fraud. Moreno Villa y Jiménez Fraud exiliados. Dice que Ricardo Orueta ha vuelto a Madrid, que no se explica el motivo, porque eran conocedores del peligro de la precaria situación de Madrid: Sitiada por los nacionales y con la actuación incontrolada de milicias de la retaguardia republicana. El cuarto de Ricardo Orueta había sido asaltado, así como habían menospreciado a Casimira Mayor, la encargada del comedor que tocaba el gong para llamar a comer a los Residentes. Casimira se refugió en Piedrabuena (Ciudad Real) durante cinco meses. Por Moreno Villa sabemos la acumulación de recuerdos, libros, útiles de revelado fotográfico, colecciones varias… que Ricardo de Orueta tenía en su habitación; revuelta para su amigo malagueño. Hoy su legado está depositado en la Biblioteca de Humanidades del CSIC. En la última época de Madrid, Orueta vivió en casa de uno de sus hermanos.[10] 

Casimira Mayor, Fotograma Qué es España. Luis Araquistáin y Cayetano Coll

     Hizo unas fotografías a Santiago Ramón y Cajal, premio Nobel y presidente de la Junta de Ampliación de Estudios, que fueron utilizadas en el segundo número de la revista Residencia, mayo-agosto 1926, donde se homenajeaba al científico. Aunque ya comentamos sobre este hecho, recordemos que del reportaje fueron cuatro las que llevaron autoría de Ricardo de Orueta. 
    No se han citado referencias de Américo Castro que se han econtrado en las cartas de Jiménez Fraud porque, aunque estaba relacionado con la Institución Libre de Enseñanza, no fue Residente. Tampoco hemos reseñado su aptitud para dar conferencias fuera de la Residencia, como hizo en la Universidad Popular de Segovia. 
     Terminamos haciendo referencia a una carta que enviaron a Alberto Jiménez Fraud en los primeros compases de la guerra, en la que le contaban como estaban los que allí se habían quedado.
      - Carta de Emilio Lizcano, administrador de la Residencia de Estudiantes, a Alberto Jiménez Fraud (extracto):

                                                                 24 de octubre de 1936
     Mi respetable y querido jefe D.Alberto: ...
     Por la Resi todo marcha bien. Ahora tenemos en ella un cuartel lo mismo que en el Auditorium y en el Instituto. De residentes sólo hay Catorce, los demás se marcharon. Don Paulino, Don José, don Ángel y don Ricardo siguen todos buenos en casa. Don Francisco [hermano de Ricardo Orueta, con quien se aloja en sus últimos días] se marchó a su casa hace dos días...
     Todos estamos deseando que esto [la guerra] acabe por momentos.
     Don Paulino y los señores Moreno, Llorca, Orueta me dan muchos recuerdos para don Alberto, doña Natalia y Natalita, y míos muy espacialmente para usted, doña Natalia y Natalita...
     [Añadido final: JIMÉNEZ FRAUD, A.: Obra citada. Reseña Archivo Museo Sánchez Mejías (12-08-2025)].
     

   


[1] CASTILLO, D. y SARDA, M.: Conversaciones con don José “Pepín” Bello. Anagrama. Barcelona. 2007. Páginas 32 y 204. Reseña Archivo Museo Sánchez Mejías (14-07-2023 y 12-08-2025).

[2] CELAYA, G. y SÁNCHEZ CUESTA, L.:  Epistolario (1932-1952). Edición de Juan Manuel Díaz de Guereñu. Publicaciones de la Residencia de Estudiantes. Madrid. 2009. Reseña Archivo Museo Sánchez Mejías [AMSM](12-08-2025).

[3] JIMÉNEZ FRAUD, A.: Epistolario. Tres tomos. Carta de Alberto Jiménez Fraud a Jesús Bal y Gay, 14 de marzo de 1939. Edición dirigida por James Valender y José García-Velasco. Fundación Unicaja. Publicaciones de la Residencia de Estudiantes. Madrid. 2017. Reseña Archivo Museo Sánchez Mejías (12-08-2025).

[4] JIMÉNEZ FRAUD, A.: Obra citada. Carta de Alberto Jiménez Fraud a Jesús Bal y Gay, 28 de febrero de 1960. AMSM, 13-08-25.

[5] JIMÉNEZ FRAUD, A.: Obra citada. Carta de Luis Calandré a Alberto Jiménez Fraud, 12 de noviembre de 1960. AMSM, 13-08-25.

[6] JIMENEZ FRAUD, A.: Obra citada. Carta de Alberto Jiménez Fraud a Luis Calandre, 15 de noviembre de 1960. AMSM, 13-08-25.

[9] JIMENEZ FRAUD, A.: Obra citada. Carta de Modesto Laza Palacios a Alberto Jiménez Fraud, 22 de abril de 1961.

[10] JIMÉNEZ FRAUD, A.: Epistolario. Tres tomos. Cartas de José Moreno Villa a Alberto Jiménez Fraud, 7 de marzo de 1937 y 29 de agosto de 1937. Edición dirigida por James Valender y José García-Velasco. Fundación Unicaja. Publicaciones de la Residencia de Estudiantes. Madrid. 2017. Archivo Museo Sánchez Mejías  (Reseña 13-08-2025).

     Para saber más:

     - MARTÍNEZ DEL CAMPO, L.: La formación del gentleman español. Las residencias de estudiantes en España (1910-1936) Institución "Fernando el Católico" CSIC. Zaragoza. 2012


28-08-25 12:30 Actualizado 12:57        Programación 15-22-28                                                                                                                       

El patrimonio cultural y natural en la España interior

      

Iglesia de San Martín, Fromista (Palencia). BMRE

     El enfoque de protección del patrimonio cultural y natural con su gestión, documentación y divulgación no se puede hacer únicamente hacia el propio de las grandes ciudades patrimonio de la humanidad.   

     Yo vengo a defender el turismo de masas para la España vaciada de humanos y llena de patrimonio cultural y natural, que no se visita tanto como el señalado por UNESCO. 

Casona de Tudanca.BMRE

     Es una manera de dispersar el turismo que satura la Mezquita de Córdoba o el Museo del Prado. Yo quiero emocionar a los turistas de masas con aquellas pequeñas iglesias románicas palentinas, quiero que se apasionen con la dificultad de acceso a la Casona de Tudanca que perteneció a José María de Cossío donde se guarda, entre otros documentos, el manuscrito del "Llanto por Ignacio Sánchez Mejías" de Federico García Lorca. Yo quiero que la gente se enerve visitando el "Molino Grande" de Manzanares o la "Motilla del Azuer" en un río habitualmente seco, pero que fue en su momento como el Mediterráneo que nos cuenta Braudel; que lo piensen, que lo imaginen. 

     Yo quiero digitalizar ese patrimonio para que lo visiten más. Yo quisiera plasmar, documentar y digitalizar la pasión de estos monumentos como la pasión que sintieron los asistentes a la conferencia que dio Carter en la Residencia de Estudiantes por medio del Comité Hispano-Inglés con un público entregado el 24 de noviembre de 1924, con Jiménez Fraud y el duque de Alba.

Molino Grande de Manzanares

     En las zonas rurales donde el mundo se aletarga, donde el olvido se hace presente, la gestión y documentación del patrimonio se hace urgente como otra fuente de ingresos y una promoción para la visita del patrimonio cultural y natural.
     Esos pueblos que se vacían sentirían como propio, más aún, el legado artístico y natural de sus antepasados. Se emocionarían tanto como los posibles visitantes. Porque se volvería a hablar de ellos. No solamente Córdoba, Madrid, Barcelona o Toledo. Démosle alivio y demos vida donde la vida social y económica se apaga.
     Cuenta Torrente Ballester en "La saga/fuga de JB" que Castroforte del Baralla se elevaba del suelo cuando los residentes de la ciudad tenían una emoción fuerte o una preocupación. La España vaciada, por ejemplo, mi llanura de La Mancha, quisiera que muchos de estos, sus pueblos, levitaran por la pasión por sus monumentos.

La Residencia de Estudiantes en la calle Pinar. Los altos del Hipódromo

 

    

 

     

Residencia de Estudiantes. Wikipedia

     
“Querido Castillejo: Dividiré mi carta en dos partes: Residencia y Patronato… 
     Residencia. Anteayer (7 de julio de 1913) conseguí, después de muchos esfuerzos, que se firmase la orden de deslinde y amojonamiento de los terrenos del Hipódromo. Ahora falta que Velázquez no la haga dormir… que Gato no ponga mala voluntad… yo trataré de enternecerle el corazón…(para)… autorizándonos para construir en dicho terreno… El ministro sigue blandito y según dice embobado con la Residencia, y de eso aprovecharé yo mañana para hacerle una visita… Alba, a quien he escrito dando todos los datos… me contesta por medio de Guillén que lo tomará con interés[1]…”

     La Residencia de Estudiantes iniciaba en esos momentos el proceso para su traslado de la calle Fortuny a la calle Pinar, en los Altos del Hipódromo, que después serían denominados por Juan Ramón Jiménez “La colina de los chopos”.

      La carta del director de la Residencia de Estudiantes nos habla del arquitecto Ricardo Velázquez Bosco[2] (1843-1923), presidente de la Junta Facultativa de Construcciones Civiles y próximo a Giner de los Ríos, colaborando en el boletín de la Institución Libre de Enseñanza. Trabajó como delineante y dibujante en la restauración de la Catedral de León. Fue autor del Palacio de Velázquez y el Palacio de Cristal en el Parque del Retiro de Madrid (1883), actualmente área expositiva del Reina Sofía; estuvo detrás de la restauración de Santa Cristina de Lena; realizó la intervención definitiva del Monasterio de la Rábida, en las vísperas de las celebraciones colombinas y que luego sería el cobijo de los frescos de Vázquez Mella. A partir de 1892 se le sitúa restaurando la Mezquita de Córdoba, en el redescubrimiento de Medina Azahara entre 1909 y 1923, en la recuperación global del entorno de la Alhambra y el Palacio de Carlos V, etcétera. Entre sus continuadores y discípulos, Torres Balbás y Flórez, uno de los arquitectos de la Residencia de Estudiantes.

     Carlos Gato Soldevilla[3] (1879-1933) fue arquitecto y catedrático de la Escuela de Arquitectura de Madrid, autor, entre otras obras, del efímero Pabellón del Ministerio de Fomento (1907) para la Exposición de Industrias Madrileñas del Retiro. Probablemente, sería uno de los deseados para encargarle la obra en un primer momento.

     El ministro embobado con la Residencia era Joaquín Ruiz Jiménez (1854-1934), breve ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes en el Gobierno de Eduardo Dato, entre febrero y junio de 1913. Ha pasado a la historia por ser el político que más veces ha sido alcalde de Madrid (4) en cortos periodos de tiempo que no superaron los dos años, lo cual no fue óbice para conseguir el ensanche de la calle de Peligros o la terminación de un tramo de la Gran Vía. En lo que respecta al cambio de ubicación de la Residencia de Estudiantes, la memoria de la Junta de Ampliación de Estudios (JAE) de 1912-1913, en sus páginas 330-331, cita que “por Real Orden de 11 de Agosto de 1913, refrendada por el señor ministro Joaquín Ruiz Jiménez, se autoriza la construcción de los edificios de la Residencia de Estudiantes en los terrenos que el Ministerio de Instrucción Pública poseía en los altos de la derecha del Hipódromo”. Joaquín Ruiz Jiménez fue padre del político Joaquín Ruiz-Giménez Cortes[4], ministro de Educación Nacional en la dictadura franquista, caído en desgracia tras los sucesos de 1956 entre miembros universitarios del SEU y estudiantes contrarios al régimen. Alumno de José Castillejo y Fernando de los Ríos, fue profesor de Elías Díaz y Arístides Royo. Fue Defensor del Pueblo entre 1982 y 1986 a propuesta del PSOE por votación casi unánime. Dirigió la tesis de Gregorio Peces-Barba Martínez sobre Maritain.

     La referencia a Guillén como colaborador de Santiago Alba, liberal, antepasado de Lolo Rico y del filósofo Santiago Alba Rico, nos lleva hacia el padre de Jorge Guillén, Julio Guillen Sáez[5] (1867-1950). Diputado, senador y empresario, quien, por las acusaciones de connivencia con el Frente Popular, fue arrestado en los inicios de la guerra civil española, lo que provocó el exilio del poeta Jorge Guillén.

     La Residencia de Estudiantes se convirtió en sus veintiséis años de funcionamiento en el primer centro cultural de España y uno de los focos de creación e intercambio científico y artístico en la Europa de entreguerras[6]. Del epistolario citado se desprende que pretendían crear una institución a imagen y semejanza de los colegios británicos. Su primera ubicación fue en la calle Fortuny 14, edificio que se fue ampliando a los edificios anejos. Tuvo desde el primer momento un edificio dedicado a biblioteca. La biblioteca pasaría al Colegio Mayor Cardenal Cisneros tras la Guerra Civil.

    El traslado a un edificio más amplio para los libros se produce con la llegada a la Residencia de Juan Ramón Jiménez, que ocupará el cuarto 14, que primero había sido biblioteca y tenía ventanas al jardín.

Juan Ramón Jiménez

     En 1915 empieza la etapa en la calle Pinar, tras dos años de obras. Juan Ramón ayudó a organizar la biblioteca. Se alojaba en la Residencia en calidad de huésped, práctica frecuente que permitía a los residentes tratar con intelectuales y artistas. Eso sí, figuró como antiguo alumno de la institución por haber sido discípulo de Giner de los Ríos.

     Estuvo en la institución entre septiembre de 1913 y enero de 1916, momento en que marcha a Estados Unidos para casarse con Zenobia Camprubí. A su vuelta, reside otra vez por dos semanas hasta que se amuebló su nueva casa.

     En la Residencia dieron charlas o comunicaciones Unamuno, Menéndez Pidal, Antonio Machado, Américo Castro, Ortega y Gasset, Marie Curie, Howard Carter, Einstein, Chesterton, Falla y Ravel, entre otros. Y allí estudiaron Buñuel, Lorca, Dalí y Pepín Bello, por ejemplo.

     El nuevo edificio de la calle Pinar se construyó, como decíamos, en el llamado Cerro del Viento o del aire, en los altos del Hipódromo, que Juan Ramón rebautizó como la Colina de los Chopos. Fueron 3.000 y él ayudo en su plantación. Diseñó también los jardines del Patio de las Adelfas, conocido como el Jardín de los Poetas, implicándose con visitas diarias hasta su terminación. En las nuevas instalaciones disfrutó de vistas a la sierra. De esa época son estas palabras del poeta:

     “Este Cerro del Viento, cuando eran sólo aquí viento y cerro, esta hoy Colina de los Chopos (que paran el viento con su nutrido oasis y nos lo entretienen humanamente ya), ¡como baja el cenit!... Aquí se puede trabajar a gusto y mucho. Hay un gran silencio…y este rincón de jardín a que da mi cuarto, me lo respetan y nadie viene a sentarse ni a hablar por aquí cerca". La moderna búsqueda horaciana de la vida retirada de Fray Luis de León.

     En Libros de Madrid se incluye la Colina de los Chopos y la dedica a Alberto Jiménez Fraud. Para el poeta, el lugar simbolizaba el compañerismo, el amor, la vida alta y pura[7].

     Por el epistolario citado, reseñado en Archivo Museo Ignacio Sánchez Mejías, sabemos que a Jiménez Fraud, por otra carta enviada a Castillejo en septiembre de 1915, le preocupaba el canalillo que atravesaba los terrenos. Intentaba solventar y ganar terreno con su cubrimiento. El canalillo aprovechaba las aguas sobrantes del abastecimiento de Madrid por el Canal de Isabel II. A los técnicos le pareció costoso. Y en muchísimas fotos de la Residencia aparece el cauce acuático en sus inmediaciones. A partir de 1915 se ocupó de las obras el arquitecto sevillano Francisco Javier de Luque y López, que sustituía al arquitecto Antonio Flórez, institucionista, en las obras de la Residencia.




[1] Cartas de Alberto Jiménez Fraud, director de la Residencia de Estudiantes, a José Castillejo Duarte, secretario de la Junta de Ampliación de Estudios, 9 de julio de 1913, extraída de Epistolario. Alberto Jiménez Fraud. (2017) Residencia de Estudiantes y Fundación Unicaja. Edición de James Valender y otros. Reseñas 23-11-2022 y 1-12-2022 en Biblioteca Archivo Museo Ignacio Sánchez Mejías).

[6] MIGUEL ALONSO, AURORA: (2011) La biblioteca de la Residencia de Estudiantes hasta su incorporación en la Universidad de Madrid (1910-1943). CIAN. Revista de historia de las universidades. Vol. 14, 1.

[7] FERNÁNDEZ BERROCAL, R.: (2007) Guía del Madrid de Juan Ramón Jiménez. Comunidad de Madrid.

La traducción de Eminescu

        Mihail Eminescu. Wikipedia.       Mihail Eminescu fue un poeta del romanticismo rumano que vivió entre 1850 y 1889, y que está cons...