| Miguel de Unamuno. Bagaria. |
Apenas iniciado el movimiento popular salvador que acaudilla el general Franco, me adherí a él diciendo que lo que hay que salvar en España es la civilización occidental cristiana y con ella la independencia nacional (b). El gobierno fantasma de Madrid me destituyó por ello de mi rectoría y luego el de Burgos me restituyó en ella con elogiosos conceptos.
En tanto me iban horrorizando los caracteres que tomaba esta tremenda guerra civil sin cuartel debida a una verdadera enfermedad mental colectiva, a una epidemia de locura (c). Las inauditas salvajadas de las hordas marxistas, rojas, exceden toda descripción y he de ahorrarme retórica barata. Y dan el tono no socialistas, ni comunistas, ni sindicalistas, ni anarquistas, sino bandas de malhechores degenerados, expresidiarios criminales natos sin ideología alguna que van a satisfacer feroces pasiones atávicas sin ideología alguna. Y la natural reacción a esto toma también muchas veces, desgraciadamente, caracteres frenopáticos. Es el régimen del terror. España está espantada de sí misma. Y si no se contiene a tiempo, llegará al borde del suicidio moral. Si el desdichado gobierno de Madrid no ha podido querer resistir la presión del salvajismo apellidado marxista, debemos esperar que el gobierno de Burgos sabrá resistir la presión de los que quieren establecer otro régimen de terror. En un principio se dijo, con buen sentido, que, ya que el movimiento no era una cuartelada o militarada, sino algo profundamente popular, todos los partidos nacionales antimarxistas depondrían sus diferencias para unirse bajo la única dirección militar, sin prefigurar el régimen que habría de seguir a la victoria definitiva. Pero siguen subsistiendo esos partidos: Renovación Española (monárquicos constitucionales), tradicionalistas (antiguos carlistas), Acción Popular (monárquicos que acataron la república) y no pocos republicanos que no entraron en el frente llamado popular. Y por haber manifestado mis temores de que esto acreciente el terror, el miedo que España tiene a sí misma y dificulte la verdadera paz; por haber dicho que vencer no es convencer ni conquistar es convertir el fascismo español ha hecho el gobierno de Burgos que me restituyó a mi rectoría... vitalicia! con elogios me haya destituido de ella sin haberme oído antes ni dándome explicaciones. Y esto, como se comprende, me impone cierto sigilo para juzgar lo que está pasando.
Insisto en que el sagrado deber del movimiento que gloriosamente encabeza Franco es salvar la civilización occidental cristiana y la independencia nacional, ya que España no debe estar al dictado de Rusia ni de otra potencia extranjera cualquiera, puesto que aquí se está librando, en territorio nacional, una guerra internacional. Y es deber también traer una paz de convencimiento y de conversión y lograr la unión moral de todos los españoles para rehacer la patria que se está ensangrentando, desangrando, arruinándose, envenenándose o entonteciéndose. Y para ello, impedir que los reaccionarios se vayan en su reacción más allá de la justicia y hasta de la humanidad, como a las veces tratan. Que no es el camino el que se pretenda formar sindicatos nacionales compulsivos, por fuerza y amenaza, obligando por el terror a que se alisten en ellos a los ni convencidos ni convertidos. Triste cosa sería que al bárbaro, anti-civil e inhumano régimen bolchevísitico se quisiera sustituir con un bárbaro, anti-civil e inhumano régimen de servidumbre totalitaria. Ni lo uno ni lo otro, que en el fondo son lo mismo.
(b) ya que se está aquí, en territorio nacional, ventilando una guerra internacional.
(c) con cierto substrato patológico-corporal.
Y en el aspecto religioso, a la profunda desesperación típica del alma española que no logra encontrar su propia fe. Y a la vez se nota en nuestra juventud un triste descenso de capacidad mental y un cierto odio a la inteligencia unido a un culto a la violencia por la violencia misma.
Manifiesto de Unamuno, octubre-noviembre de 1936.
Miguel de Unamuno (1864-1936) tiene una última evolución ideológica en los tres meses anteriores a su muerte, 31 de diciembre de 1936. Desde el 12 de octubre con los sucesos del Paraninfo de la Universidad de Salamanca y su polémica con Millán Astray. De adherirse a los sublevados del 18 de julio de 1936, pasa a criticarlos mediante una serie de documentos junto al manifiesto que hemos reproducido y que se recoge en El resentimiento trágico de la vida. Notas sobre la Revolución y Guerra Civil. Será su testamento político.
Entre los documentos que componen este corpus de pensamiento se encuentran las dos últimas cartas dirigidas a Quintín de Torre, 1 de diciembre y 13 de diciembre de 1936. La primera fue enviada con seguridad. En cuanto a la segunda, hay dudas de si finalmente se envió, después de haberse redactado.
El escultor Quintín de Torre y Miguel de Unamuno se conocían del ambiente intelectual de la ciudad natal, Bilbao. Al iniciarse la guerra, Torre está en Espinosa de los Monteros, Burgos, en la zona nacional y cerca del frente de guerra. Unamuno se encuentra en Salamanca, ciudad decantada desde el principio hacia los sublevados y donde se había iniciado la persecución política contra los que no simpatizaban con el Movimiento. Las cartas dirigidas a Quintín de Torre muestran la decepción por haberse situado a favor del alzamiento.
De Torre se trasladaba en verano de Bilbao a Espinosa de los Monteros. Fue desde el principio controlada por los sublevados, aunque el frente estaba hasta el verano de 1937 cerca del límite con Cantabria en la zona montañosa. En su palacete de Cuevas de Velasco vivió la guerra y sobrevivió al escrutinio de los militares que sabían o conocían su amistad con Indalecio Prieto, bilbaíno también, y la realización de un busto de Manuel Azaña.
En la primera carta que recibe de Unamuno, fechada el 1 de diciembre, el filósofo le cuenta que vive encerrado en su casa desde que el 12 de octubre dijo en el Paraninfo que vencer no es convencer. Que en la sede universitaria se oían voces de odio y escasa compasión. Que entre los hunos y los hotros se ensangrentaba España. Conocía que Quintín de Torre estaba cerca del frente de batalla, donde la gente podía morir, pero que en la retaguardia salmantina se fusilaba a los que no simpatizaban con el alzamiento militar. Temía que el régimen que se impondría no fuera mejor que el que había criticado antes de la guerra porque creía que quería imponer un régimen bolchevista, ruso o marxista.
Quintín de Torre le contestó por carta. La envió abierta para facilitar el trabajo de la censura. Estaba saliendo de una enfermedad, pero lo que sus ojos veían del devenir de España le tenía anonadado. Vivía cerca de los enfrentamientos de tropas; llegaban informaciones a la zona nacional de las atrocidades de las tropas republicanas, y la impresión que da es que asume la zona de guerra donde le ha tocado estar. Era distinto a Unamuno, quien criticaba a los políticos de la República, pero ya atacaba sin piedad a los sublevados.
En la segunda carta de Unamuno, se cuenta que Salamanca no tiene frente de guerra, pero el gobierno de Franco deja hacer y se persigue a judíos y masones, imponen multas que son robos y fusilan sin juicio. Para Unamuno, los franquistas atacan más a los liberales que a los bolcheviques, individualizándolo en Gil Robles, que se tuvo que recluir en su casa. Las cartas están en la Casa Museo de Unamuno en Salamanca. A imprenta fueron llevadas por primera vez en 1976 por José Bergamín. Se cree que, por la dureza de la segunda carta, no fue al final enviada por el intelectual vasco. Y, además, no existe contestación del escultor.
Antes de ser llevadas a imprenta las cartas por Bergamín, fueron publicadas mutiladas por José Luis Cano en 1975 por la dureza de las mismas, según reconocía este investigador. Según Cano, la carta de 1 de diciembre contestaba a otra del escultor bilbaíno que le preguntaba sobre sus últimos libros. Y Unamuno descarga en su paisano el desengaño que sufre, contando al final que sus últimas publicaciones fueron El hermano San Juan y San Manuel Bueno, mártir.
Quintín de Torre se hizo depositario de parte del último pensamiento político del filósofo vasco antes de despedirse de este mundo. Había nacido en la convulsa política de la década de 1860 y moría con una guerra cruel, la española.
Quintín perdió a uno de sus hijos en el frente de Lérida. Tras la guerra civil estuvo muy solicitado como imaginero religioso. Para reconocer su valía, reproducimos dos obras de Quintín. La que elabora en Manzanares de Nuestro Padre Jesús del Perdón (1942) y la que esculpe en Zamora para la cofradía relacionada con excombatientes de la guerra de Jesús en la Tercera Caída (1947). No haremos un estudio, pero dejamos que observen las diferencias en el rostro y la similitud en las aguas, colores y remates de las túnicas y añadimos la escultura original de Manzanares anterior a 1936 por la fotografía de Bernardo Portuondo.
| Jesús del Perdón anterior a 1936. Bernardo Portuondo. Catálogo monumental de la provincia de Ciudad Real. Copia. |
| Nuestro Padre Jesús del Perdón de Manzanares. Quintín de Torre. 1942. Radio Surco. |
| Jesús en la tercera caída. Zamora. Quintín de Torre. 1947 |
Desde la guerra civil, a Quintín de Torre se le diagnosticó que sufriría parálisis general progresiva. Su salud nunca fue buena y tuvo que realizar ejercicios para el fortalecimiento de sus músculos, por lo que alguno de sus trabajos hubo de compartirlos con miembros de su taller que en la década de 1940 se instaló en la madrileña calle Villanueva número 29.
----- ----- ----- -----
Referencias:
- URRUTIA LEÓN, MANUEL MARÍA: Un documento excepcional: el manifiesto de Unamuno a finales de octubre-principios de noviembre de 1936. Revista de Hispanismo Filosófico, número 3, 1998, páginas 95-101.
- GARCÍA DE JUAN, MIGUEL ÁNGEL: Las dos cartas de Miguel de Unamuno a Quintín de Torre en diciembre de 1936: Examen filológico y de la azarosa suerte de la segunda. En Boletín de la Biblioteca de Menéndez Pelayo, XCIC-1, 2023. Páginas 77-89.
- CANO, JOSE LUIS: Dos cartas de Unamuno sobre la guerra civil. En Los cuadernos del Norte. Número 40. Diciembre 1986-febrero 1987.
- BERNARDO PORTUONDO: Catálogo monumental de la provincia de Ciudad Real.
- GARCÍA-LOZANO, RAFAEL GARCÍA: Inspiración de inspiración. El sello de Quintín de Torre en la obra de Raimundo Rubal. Estudios mindonienses, volumen 38. 2025. Páginas 443-457.
21-08-2026 13:03 actualizado... 20:57
No hay comentarios:
Publicar un comentario