Cultura y sociedad

Muchos años después, recordó los últimos días

Gerardo Diego, 1935. Fundación Gerardo Diego.


     Muchos años después, treinta y siete, recordó a Ignacio Sánchez Mejías cuando lo vio en Santander, en uno de sus penúltimos festejos de alabanza y triunfo antes de la tragedia definitiva. En la escalinata del hotel se despidió para tomar el coche que habría de llevarle a La Coruña: «No olvido que estoy en deuda con vosotros», les dijo a Diego y su esposa. «Cuando concluya esta temporada, os enviaré mi regalo de boda». Germaine y Gerardo se casaron en 1934. Estas fueron las últimas palabras que escucharon antes del abrazo que iba a ser, sin saberlo, el último que recibieron.

     Si nuestra memoria no falla, cuando Gerardo Diego ve a Ignacio Sánchez Mejías, transcurre el 5 de agosto de 1934. Se dirige a La Coruña para alternar con Belmonte y Domingo Ortega el 6 de agosto. Hay un intermedio de cuatro días hasta llegar a Huesca el 10 de agosto, y de allí a Manzanares, el día 11. Son los últimos días.

     El artículo de Diego reflexionaba sobre la consideración del vocablo penultimidad, que derivaba de penúltima. Recordaba que los filósofos y algunos teólogos habían reflexionado sobre la ultimidad. Se consideraba el inventor de penultimidad. Nombre que había utilizado en uno de sus poemas que había dedicado a Manolete. Y lo había hecho sobre días anteriores a su muerte, o a la muerte misma, en tono elegíaco.

      Contaba también, a la luz de su elegía, que siempre es la hora penúltima en España. Pero creía que también en los demás pueblos y naciones. En su caso, como poeta, consideraba que la hora esencial de la poesía de todos los tiempos es la poesía efímera y eterna.

     Concluyó con un libro de prosas, que eran poéticas, de Pedro Salinas, Víspera del gozo, como una espera o anuncio del final; como un sábado augurio de fiesta. En definitiva, penultimidad.


Ignacio Sánchez Mejías, dibujo publicado en El Clarín, Valencia, 18-08-1934


     Si miramos hacia Agustín de Hipona, san Agustín, no sabemos cuándo moriremos, pero moriremos. En estos días recordamos la prefiguración o premonición de la muerte que tuvieron los amigos de Sánchez Mejías. Y si profundizamos en esta dirección un poco más, sabemos que el tiempo pasa. Que la vida es fugaz. 
     Creemos que Heidegger decía que la muerte estructura nuestra existencia desde ahora, sabiendo que tu existencia no es infinita. Es el recuerdo de esa premonición o predisposición lo que pudo, treinta y siete años después, provocar en Gerardo Diego la sensación y nombrarla como penultimidad. Tal vez elucubremos en exceso, o no. Tempus fugit


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     Referencias consultadas:

   - DIEGO, G.: Obras completas. Tomo V. Penultimidad, artículo escrito en Arriba, 7-02-1971. Edición e introducción de Francisco Javier Díez de Revenga. Alfaguara y herederos de Gerardo Diego. Madrid. 1997. Nota 27-04-2024 y 8-08-2026, Archivo Museo Sánchez Mejías.

     - Ideas de san Agustín, Agustín de Hipona, sobre la vida y la muerte.

     - SÁNCHEZ MECA, D.: Historia de la filosofía moderna y contemporánea. Dykinson. Madrid. 2010. «La muerte es una posibilidad de ser que ha de tomar sobre sí en cada caso el ser ahí mismo. Con la muerte es inminente para el ser ahí él mismo en su poder ser más peculiar. Su muerte es la posibilidad del ya no poder ser ahí», según Heidegger, M., El ser y el tiempo




9-08-2026 10:06. Actualizado... 10-08-2026 16:39

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