Me
extraña su empeño en extender el conocimiento más allá de nuestro conflicto
bélico más cruel. El marco temporal que se marcó, o al menos así me lo dijo,
estaba relacionado con el primer tercio del siglo XX, con la base cultural como
decantador principal. Y buscando antecedentes en el último cuarto del siglo
XIX. El punto de partida era el decreto de Orovio que da lugar al surgimiento
de la Institución Libre de Enseñanza (ILE). Por esta misma razón, sus razones
me plantean varias suposiciones. La primera, muy básica: ¿Por qué, si quien
mucho abarca, poco aprieta, este empeño? ¿Necesita estar entretenido siempre?
¿No desea aburrirse? Después de revisar 118 cartas entre Aleixandre y Cela y la
mitad, aproximadamente, entre Gerardo Diego y Cela, con la solicitud de
selección correspondiente que habrá de revisar concienzudamente en su
escribanía, su humilde servidor recuperó fuerzas con ternera gallega en su
punto y un mencía de Valdeorras. Cuando repase la selección que le enviarán,
verá la cordialidad entre Aleixandre y Cela, en contraste con la relación más
profesional de Cela y Gerardo Diego. Luego le indico en el sobre lacrado una
bibliografía muy interesante sobre este periodo.
Como el sobre está lacrado, lea antes las
instrucciones, saque los documentos, porque se autodestruirá en cinco segundos
tras el mensaje pregrabado. Son seguidores del famoso espía Ethan Hunt.
Me tomé el café y, en la espera del
recorrido por las instalaciones de la Fundación Camilo José Cela en Iria
Flavia, pensé en la servidumbre de sus peticiones. No tenía suficiente con el
viaje a Galicia, no tenía suficiente con el desplazamiento a Padrón, no tenía
suficiente con la investigación epistolar entre los literatos del 27 y Cela, no
tenía suficiente con hacerme probar la exquisita comida de aquellos lares; quería igualmente que le contara cómo es lo de Cela en Iria Flavia.
Además, el corsé de las cuatrocientas
palabras. Cela fue una personalidad irrepetible. Tomó parte de la guerra en el
bando nacional. Por una enfermedad pulmonar, como Alberti, que ocasionó gastos
a la familia y, para pagarlos, trabajó de censor. Censura que luego sufrió su
literatura.
Lo magnífico o maravilloso fue que se
propuso mantener las relaciones con los escritores de su generación anterior,
la de la Edad de Plata, con los que estaban en España y los exiliados. Y
publicarlos. Saber qué era de ellos. Saber cómo habían sobrevivido. En otro
mundo…
Reproducción de la carta recibida el 3 de septiembre de 2026.