Cultura y sociedad

En tanto que de rosa y azucena.

      "En tanto que de rosa y azucena

se muestra la color en vuestro gesto,

y que vuestro mirar ardiente, honesto,

enciende al corazón y lo refrena;

                          y en tanto que el cabello, que en la vena

del oro se escogió, con vuelo presto,

por el hermoso cuello blanco, enhiesto,

el viento mueve, esparce y desordena;

        coged de vuestra alegre primavera

el dulce fruto, antes que el tiempo airado

cubra de nieve la hermosa cumbre.

        Marchitará la rosa el viento helado,

todo lo mudará la edad ligera,

por no hacer mudanza en su costumbre."

 

    La biografía de Manuel Altolaguirre sobre Garcilaso de la Vega cuenta que, cuando asistieron a la boda del Emperador y Rey Carlos de Gante con Isabel de Portugal en Sevilla (1526), conocieron al embajador de la señoría de Venecia, Andrea Navagero, con el que trabaron amistad Juan Boscán y el poeta toledano. Pero no fue hasta una estancia posterior en Granada donde el embajador les persuadió de emplear la métrica italiana en la lengua castellana mientras paseaban por el Generalife. Navagero recitó algunos de los poetas italianos, lo cual impresionó a Garcilaso y Boscán.

     Los hechos fueron relatados en una epístola que envió el poeta barcelonés a la duquesa de Soma. Navagero fue además un observador de la realidad española del XVI con su Viaje por España

     Boscán tradujo El Cortesano de Baltasar de Castiglione, que define al cortesano o caballero perfecto del Renacimiento. La traducción fue repasada por Garcilaso.

     Un soneto era y es una composición poética que consta de catorce versos endecasílabos distribuidos en dos cuartetos y dos tercetos. Los cuartetos riman, en general, ABBA ABBA, y en ambos deben ser unas mismas las consonancias. En los tercetos pueden ir estas ordenadas de distintas maneras, CDE CDE o CDE DCE.

     Se debe recordar que los versos son ese conjunto de palabras que están sujetas a cadencia y medida, o solo a cadencia. Que una estrofa es un conjunto de versos ordenados de forma igual que conforman una composición poética. 

     El soneto XXIII de Garcilaso de la Vega, que hemos reproducido al principio de este escrito, desarrolla, según Ana Suárez, el mito horaciano del carpe diem, a partir de la invitación a una joven para que disfrute de toda su juventud y su belleza.

     Esta idea de aprovechar el tiempo, porque pasa rápido se vio también en El club de los poetas muertos de Peter Weir donde se instaba a no perder el tiempo porque no era recuperable.


          Ha sido una constante en el pensamiento occidental la rapidez del paso del tiempo, su fugacidad, la necesidad de aprovecharlo mientras dura y pensar que no somos eternos.

     Carpe diem fue un tema muy repetido en la literatura latina, literatura de la que beben los escritores renacentistas. De Horacio, Ausonio y Marcial pasa a Petrarca, y de aquí a los poetas de la Península Ibérica como Garcilaso de la Vega. Petrarca consideró a los autores clásicos como vivos, contemporáneos a él, y su estilo, moderno. Su Cancionero (1470) gozó de gran fama desde su publicación. En él publicó sonetos, canciones y otras poesías de diferentes métricas en lengua vulgar (italiano) y no en latín. La influencia en Europa fue enorme.

     El soneto reseñado al principio nos relata en los dos cuartetos la belleza de una mujer, sus cualidades estéticas: “de rosa y azucena… la color en vuestro gesto” (rostro); “mirar ardiente… clara luz… tempestad serena” (ojos, mirada); “cabello… vena del oro… hermoso cuello blanco” (pelo); y “hermoso cuello blanco”. Describe el ideal de belleza bajo medieval y renacentista. Una belleza áurea, rubia y etérea. Recuerda el canon clásico griego. Canon que atraviesa las culturas medievales. Recuérdese que los omeyas andalusíes buscaban esposas y concubinas del norte de la península, preferentemente rubias. 

     Pero en los dos tercetos se torna pesimista tanto que quiebra la alegre descripción de los cuartetos. Una mirada triste a lo efímero y su destrucción. Tanto que el mero hecho de “coged… el dulce fruto” sea ya fuente marchitable. Aquí ya es “tiempo airado”

     El último terceto es la confirmación del final de todas las cosas. Un “viento helado” marchitará las rosas; la fugacidad es nombrada “edad ligera”; y acaba con un ambiguo “por no hacer mudanza en su costumbre”, puesto que todo cambiará, desaparecerá, menos esa costumbre. Se pasa de la alegre primavera al viento helado. El reflejo de las estaciones como paso de la vida.

     La fugacidad de la vida es reflejada de forma tranquila, sin mucha emoción, sin mucha tragedia. Se exhorta, se sentencia, se juzga. No se ama y se asume la muerte.

      Garcilaso murió joven. Según relata Altolaguirre de forma heroica, pero arriesgando más de lo debido, por solventar unas ofensas al rey y a España que provocaron su ira. Solo, se dirigió a la fortaleza de Muey recibiendo saetas y/o flechas, mientras intentaba subir la altura de las almenas. En un momento dado un soldado francés le dio una fuerte pedrada. Cayó en el foso, moribundo. 

Tumba de Garcilaso de la Vega. Toledo.

     La reacción de las tropas del emperador fue vengar al soldado poeta. Tomaron la fortaleza, que quedó destruida y demolida. Sus habitantes recibieron un castigo severo. Un grupo de veinte jóvenes fue eliminado.

     Horacio nos proponía que aprovecháramos el día porque no podíamos fiarnos del mañana. En Garcilaso el día se consume mientras se aprovecha el momento.

     

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Publicada 6/11/2023 19:57

 


 

Presencia de Ignacio_y 3

Actualizado 20-01-2025 7:15      

El amigo mitificado. Instituto Cervantes.

     Con esta entrada cerramos el atrevido resumen de la presencia de Sánchez Mejías en la prosa de Gerardo Diego. Comenzábamos con la referencia que hizo de Ignacio en las palabras pronunciadas cuando recibió el Premio Cervantes, acompañada por los primeros momentos de la amistad de Diego y Cossío, cuando ya conocían a los Gallos y Sánchez Mejías; amigos que junto a Bergamín fueron los grandes aficionados de los toros de la generación del 27, probablemente. Y, como obvio, los actos fundacionales de la generación en Sevilla, donde fue mecenas y coronó a Dámaso Alonso.
     En nuestra segunda entrada, incidíamos en el carácter emotivo de las referencias, como el acto poético de 1968 en la plaza de Manzanares, joya en prosa escrita en ABC, con referencias clásicas al teatro romano de Mérida y su celebérrimo certamen. Parangón sin igual.
     Nos hemos dejado artículos ya referidos en otras entradas, como los de la proeza atlética tras de un taxi y la merma de facultades en los días previos a su última tarde o la repetida anécdota de su claridad intelectual que asombró a Jorge Guillén, como les asombró en otra ocasión la sabiduría taurina del filósofo Ortega y Gasset. Hay cierto desconocimiento en estas lides sobre el hijo de José Ortega Munilla. Nos dirigimos a momentos, instantes y recuerdos de una amistad, en distintos lugares y a través de los tiempos.
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     Eso no lo hace ya más que Rafael. Y con cincuenta años casi... le dijo Ignacio a Gerardo. Estaban entusiasmados. Eran dos amigos que estaban viendo ejercer su maestría a Rafael El Gallo. Gerardo discretamente recoge las impresiones años más tarde. Sabía que lo que hacía Rafael Gómez no podía repetirlo Ignacio... ese revoleo de flor...; reconocía su valor extremo, pero sentía entusiasmo al ver la precisión magistral del Divino Calvo. El Veragua mitológico se empeñaba en atacar al cuadrúpedo equino y El Gallo salió al quite, aliviando con majestad y con gracia calada... 

     Habían entrado tarde, más allá de las cinco de la tarde, pero la idea era de Ignacio. Siempre generoso. Le llegó a pagar junto a Gerardo de Alvear el viaje a las Américas cuando le era difícil sufragar ese gasto.

     Siempre resaltó la facilidad para el manejo del segundo tercio de Joselito y Rodolfo Gaona, de Antonio Bienvenida. Gerardo se planteó la posibilidad de la supresión del garapullo por las prisas con las que se realizaba, lo mal que se ejecutaba, el desdén de las figuras, el mal hacer de los segundos... Comenzaba a carecer de sentido. Para Diego se ponían más nones que pares. El santanderino recordaba a Magritas, quien 20 años después de la Guerra Civil, ya viejo, guardaba su estilo. (Siempre es preferible cumplir años a perder el estilo, puesto que estamos vivos). Su estilo..., aunque su estatus de plata no fuera llamativo, según Gerardo Diego. Magritas fue novillero en competencia con Sánchez Mejías en sus inicios. Y brillaron en este segundo tercio. Y años más tarde, con valor y voluntad, Ignacio consiguió un puesto de primera fila hasta llegar a las astas del 11 de agosto de 1934.







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     - Arriba, 12-2-1967

     - El Ruedo, 18-01-1966

     - DIEGO, G.: Obras Completas, tomo V. Alfaguara. Madrid. 1997. Reseñas de 24-11-2023 y 26-04-2024, en biblioteca Archivo Museo Sánchez Mejías.

Presencia de Ignacio_2

      Publicado 21-12-2024 12:45

Sánchez Mejías, Lorca, Alberti, Diego, Alonso, Salinas, Góngora, Aleixandre, Cernuda y Bergamín. ABC-Cultura-26-01-2018


     Los artículos taurinos de Gerardo Diego obedecían en su mayoría tanto al saber taurino como al propio conocimiento de los protagonistas. Conocimiento que llegó a convertirse en amistad con Ignacio Sánchez Mejías, según Díez de Revenga.

     Desde otro punto de vista, se cree que el diestro que más admiró fue Rafael Gómez El Gallo o el Divino Calvo, quien estuvo casado con Pastora Imperio, como reseñamos en la boda de Pastora y Rafael[1]. Sin embargo, la obra periodística taurina está muy marcada por el recuerdo emotivo de dos toreros distintos, fallecidos en distintos lugares y en distintos momentos históricos: Sánchez Mejías y Manuel Rodríguez Manolete. Además, se dio la casualidad de la asistencia de Gerardo Diego a las dos penúltimas faenas de estos toreros.

     Siguiendo a Díez de Revenga, pensamos que el mejor artículo de Diego sobre Sánchez Mejías, dramaturgo y torero, fue escrito el 9 de julio de 1968, en ABC, tras un homenaje en su recuerdo en la plaza de toros de Manzanares, donde se impregnó de la emoción ambiental unida al tono personal. Habían pasado casi treinta y cuatro años cuando el recuerdo se evocó.

     Díez de Revenga[2] nos señala otro artículo de Diego donde aparece un banderillero de Ignacio, Magritas, especialista en las banderillas, como Sánchez Mejías, tercio que cayó en decadencia en los años sesenta. Lo comentaremos en otra ocasión.

     El recuerdo poético de Manzanares en  1968 se produjo un dos de julio. En ese acto, Esperanza Abad, José Enrique Camacho y Eusebio Poncela leyeron “Verte y no verte” de Alberti, “Citación fatal” de Miguel Hernández, y “Llanto por Ignacio Sánchez Mejías” de Federico García Lorca. Tres días más tarde se publicó el artículo en ABC[3].

     Gerardo Diego sintió la tarde de aquel recital poético como algo inolvidable. Una tarde de verano tormentosa, que abrió su cielo para la serenidad del homenaje, para el recuerdo de la sangre derramada y para el propio concepto del pundonor. En la pequeña intimidad del acto como reflejo del coso en el que se celebraba. Temía que el tiempo no quisiera colaborar con la reunión: El cielo entoldado, agorero, goterones de lluvia, fragorosos truenos de tinieblas, rejones y banderillas de rayos amenazadores. Después de la tempestad, vino la calma y el recital.

     Diego no olvida los asistentes: pueblo de Manzanares, su alcalde, la peña taurina “Ignacio Sánchez Mejías”, la agrupación de teatro de cámara y ensayo dirigida por Miguel Arrieta[4]. Y su amigo, José María de Cossío. Cossío alabó el acto en el que se descubrió la lápida en recuerdo de Ignacio. Sobre un tablero en el ruedo, adosado a la barrera, Alfonso Carreño dirigió unas oportunas palabras. Se recitó a Alberti y Lorca. Y la poesía de Miguel Hernández, menos conocida en esos instantes. Diego cuenta que luego dirigió unas pocas palabras antes de leer su Presencia de Ignacio Sánchez Mejías. La emoción se desbordó. En realidad, se cuenta que sorprendió la vitalidad de Don Gerardo.

      A todo ello ayudó la acústica perfecta. A Diego ese sonido trágico, impresionante y perfecto le recordó el teatro de Mérida, cuando asistió a la representación de la Medea Séneca-Unamuno antes del 11 de agosto de 1934. Medea fue estrenada 18 de junio de 1933 en Mérida por la compañía de Enrique Borrás y Margarita Xirgu, con orquesta y coros dirigidos por Bartolomé Pérez Casas.

Margarita Xirgu y Enrique Borrás en Medea, 18-6-1933. Bocconi en ABC

      Diego citaba en el verano de 1968 que era necesario este homenaje. Que de los tres toreros modernos, que habían muerto en la cercanía, su recuerdo faltaba. En Talavera de la Reina, Joselito; en Linares, Manolete: Era él el más poeta y amigo de poetas, el dramaturgo, el iniciador del viaje poético a Sevilla y el promotor de la coreografía gitana y andaluza, fueran unos poetas desde el más allá y otros sobrevivientes quienes le honrasen[5].

     En la revista local Siembra n.º 4, julio-agosto 1968, aparece la fotografía de Gerardo Diego recitando “Presencia de Ignacio Sánchez Mejías”, sobre el homenaje dedicado al torero desaparecido en la plaza de toros de Manzanares.

     En Siembra n.º 103, julio de 1984, se publicó un extra por Sánchez Mejías donde se reproducen las cualidades de Sánchez Mejías según Los Toros de José María de Cossío. Junto a la entrada de la enciclopedia, colaboraciones locales de Tomás Sánchez-Gil, poema; o la de Jolopca que nos recuerda como se exhibió la cabeza del toro que corneó a Ignacio Sánchez Mejías en las barracas de feria, o que las fotos de la cogida que aparecieron en ABC son de Melchor Díaz Pines. Colaboraron otros autores locales, como Manuel Rodríguez Mazarro, Manuel Agustín Serrano Amo, y Teodoro Sánchez Migallón. En la página 38 de la revista aparecen fotografías de homenajes a Sánchez Mejías en Manzanares: la citada de 1968; la conferencia -homenaje de 1971; y la visita de María Teresa Sánchez Mejías con su primo Joselito en 1980 en el homenaje que se realizó en el coso de Manzanares, entre otros actos conmemorativos[6]

     Un poeta tan distinto como distante en el tiempo, Benjamín Prado, escribía en EL PAÍS que la obra de Gerardo Diego era un episodio ineludible de nuestra literatura. Desde sus inicios en la vanguardia hasta sus depurados versos de madurez. Y que sus artículos en ABC y Arriba son un retrato magnífico de la España de la posguerra y de las gentes que la habitaban. (EL PAÍS, 25 de enero de 2001).



[2] DIEZ DE REVENGA, F. J.: Edición e introducción de Obras Completas de Gerardo Diego, tomo IV. Alfaguara y Fundación Gerardo Diego. Madrid.1989. Páginas 77-81. (Archivo Museo Sánchez Mejías, 26-04-2024).

[3] DIEGO, G.: Gerardo Diego en ABC. Edición de Rafael Inglada. Fundación Gerardo Diego. Centro de documentación de la poesía española del S. XX. Bodega y Azotea, 3. Santander. 2011. Página 413-414. (Archivo Museo Sánchez Mejías, 18-7-2023).

[4] https://www2.march.es/arte/madrid/exposiciones/arte-sonoro/cronologia-datos.aspx

http://www.carloscruzdecastro.com/0000009b300810c07/0000009b30081310b/index.html Esperanza Abad y Miguel Arrieta presentaron el grupo CANON en 1970, en él actuaba José Enrique Camacho. Teatro musical.

[5] ABC, 9 de julio de 1968. Gerardo Diego comparte la Tercera con el premio Nobel guatemalteco Miguel Ángel Asturias que escribe sobre la personalidad quijotesca o mesiánica de Fray Bartolomé de las Casas. La referencia a la coreografía gitana y andaluza parece recordar "Las calles de Cádiz".

[6] SIEMBRA n.º 4, julio-agosto 1968; y n.º 103, julio-agosto 1984.

Presencia de Ignacio_1

     Publicado 13-12-2024 5:06

Gardel y Samitier. Fuente: Diario Clarín


     También Carlos Gardel y el tango, los médicos uruguayos que empezaron a salvarme la vida, los futbolistas españoles con los que hice el viaje y salí a las canchas bonaerenses. E Ignacio Sánchez Mejías, Rey Pastor..., así evocaba Gerardo Diego a su amigo torero cuando recogió el Premio Cervantes, casi con un pie en el estribo, con las ansias de la muerte... como la última dedicatoria cervantina. 


         
     Felicito a usted por su publicación, hasta por el pudor de no vender por unos reales el derecho de hablar de sus sentimientos, y crea que me ha producido todos los buenos efectos que un libro puede producir salvo el de sorpresa, ya que algo conocía de Ud. y conocía sobre todo a Ud. mismo
     A José del Río que recibí las fotografías con el intermedio de Sánchez Mejías...José María de Cossío conocía a Ignacio Sánchez Mejías, tal vez de su época de banderillero de los Gallo y de su época de miembro de la cuadrilla, compartiendo el kilométrico ferroviario. La carta, desde Tudanca, 9-08-1920.
Kilométrico de Joselito en Tudanca con Cossío. Fuente: Toro Cultura

     
     Los dos actos celebrados en los días 16 y 17 en la sociedad de Amigos del País, organizados por el Ateneo y patrocinados y pródigamente costeados por Ignacio Sánchez Mejías, fueron memorables ciertamente para cuantos actuamos o escucharon lo que allí se proclamó... Cuando fue el cincuentenario de los actos fundacionales de la generación del 27, Diego seguía aseverando la prodigalidad de Ignacio, con motivo de una edición facsímil de Carmen y Lola, a las que tanto queremos. 
Lola. Foto: autor

     En una de sus suites líricas Federico García Lorca canta casos y cosas de la selva de los relojes. "Fondos de tic-tac/ racimos de campanas, y, bajo la hora múltiple/ constelaciones de péndulos". Su terrible "A las cinco de la tarde" del "llanto por Ignacio Sánchez Mejías" no fue invención de Lorca, porque ya venía utilizándose como contraste de precisión de los poemas ultraístas y creacionistas, pero sí certera obsesión escogida para atemorizar oyentes y lectores impresionables... Diego ahondaba en los insondables relojes de las cinco que se visualizan en el patio de la Casa Malpica, terribles como dice Lorca, terribles como los sentía Gerardo Diego en 1954, por estas fechas de diciembre... frías, pero con el recuerdo caluroso del frío sevillano.

     También me parece oportuno recordar que la celebración sevillana de otros actos del centenario, si se pudo realizar con el esplendor y las muy sonoras campanadas que repercutirían en pocos años por todo el universo mundo de la lengua y la poesía española, se hizo gracias a Cossío... con su arte y "aquel" para aunar aficiones, estamentos y voluntades, fue el que presentó mutuamente a toreros y poetas y singularmente a Ignacio Sánchez Mejías... Volviendo al origen, atribuyendo la impronta de Cossío en el comienzo de la relación entre los poetas y el toreo, pasión popular entonces y poetas amantes de lo popular, en el recuerdo por la pérdida del intelectual autor de las Fábulas mitológicas en España y la enciclopedia de Los Toros.
Entrega de premio Cervantes a Gerardo Diego

     Santander, 6 de julio de 1925
     Querido José María: ¿cómo va ese pie? El día de Santiago habrás visto que torea Belmonte con Marcial y Algabeño. Te espero. El 19 torea Ignacio en Santoña. Es fácil que me anime a ir. No he estado nunca en Santoña.
     Cumplí los encargos. Te adjunto el recibo del sindicato y las cuartillas sobre Gracián... He hecho esas décimas para Litoral, la revista del mar que hacen en Málaga...
     ... Escríbeme. Un abrazo cariñoso de 
                                                                  Gerardo

     Esta carta resume parte de lo que fue la vida intelectual hace cien años con sus pasiones taurinas, amantes del fútbol como novedad, pero, al mismo tiempo, pendientes de los trabajos de Gracián y las publicaciones en revistas de vanguardia. Descansados, ya, leyendo parte de Presencia de Ignacio:
     
... Como lo que eras, Ignacio,
como lo que eras y eres,
gloria y pelea de hombres,
cuchillo de las mujeres...

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     Para saber más:
     -Diego, G.: Obras Completas. Poesía y Prosa. Tomos II y VIII. Alfaguara. Madrid. 2000. Reseñas 31-05 y 1-06-2024 Archivo Museo Sánchez Mejías.
     -Cossío, J. M. y Diego, G.: Epistolario. Nuevas claves de la Generación del 27. Ediciones la Universidad y F.C.E. Gobierno de Cantabria. Alcalá de Henares. 1996.


Tutankamón en la Residencia de Estudiantes_2

     El 4 de diciembre de 1924, Jiménez Fraud escribía al duque de Alba, comentándole que estaba ultimando los detalles con Palomares y Jorge Silvela para una conferencia popular que tendría lugar en el Real Cinema el 14 de diciembre a las once de la mañana. Añadía que no había sido posible otra cosa, pero que, así, les daría tiempo a prepararlo bien. Había convenido la elaboración de una introducción a la conferencia con Sánchez Rivero. 
     Otro de sus colaboradores, Mélida, esperaría a después del 14 citado para tener copia de las proyecciones de Carter.
Presentación de Carter por el Duque de Alba en la Residencia de Estudiantes


     Recordemos. En noviembre de 1924, el comité Hispano-Inglés invitó al arqueólogo Howard Carter a dar conferencias en la Residencia de Estudiantes, como comentamos en el primer capítulo de este tema. Como dijimos, Carter había descubierto dos años antes la tumba del faraón Tutankamón. Hubo tal interés que decidieron organizar un acto posterior en un cine de Madrid que sería presentada por Manuel Machado sobre un texto de Ángel Sánchez Rivero, especialista en Egipto Antiguo.     
*
          Carter donó un material, proyecciones sobre el descubrimiento de la tumba, al Comité, que fue copiado y divulgado en 68 centros de toda España. En una carta dirigida a Antonio Ballesteros el 18 de febrero de 1925, Jiménez Fraud les avisaba que este material llegaría a la Universidad Popular Segoviana en marzo de ese mismo año. La proyección se realizó en el Teatro Cervantes de Segovia el 25-06-1925, con gran éxito.
     En esa misma fecha, el director de la Residencia de Estudiantes, volvía a escribir al Duque de Alba, presidente del Comité Hispano-Inglés, con la idea de enviar las proyecciones a la América española, previamente contactando con embajadores y ministros de repúblicas hispanoamericanas. Era necesaria una mínima logística a través del Ministerio de Instrucción Pública de España con sus homólogos sudamericanos para una mejor preservación del material que se enviara. Y siempre con la autorización del egiptólogo Carter. 
    La Residencia de Señoritas dirigida por María de Maeztu recibió un aviso por escrito en el que se decía que las señoritas que tengan interés en asistir a la conferencia que Mr. Carter dará mañana miércoles a las seis de la tarde en el Teatro Fontalba, deberán apuntarse en Secretaría mañana por la mañana, miércoles, antes de las doce. (Madrid 25-11-1924). 
     Era la segunda conferencia a la inicial en la Residencia de Estudiantes y anterior a la proyección que presentaría Manuel Machado.
     En el prólogo de Tutankhamón Howard Carter en España. El duque de Alba y las conferencias del egiptólogo en Madrid, de Myriam Seco y Javier Martínez, Zahi Hawas, el egiptólogo que vemos en muchos documentales, sobreviviente de distintas épocas en Egipto moderno, rememora a Carter y sus cuatro visitas a España, con el auge del Antiguo Egipto en España y en el mundo. Vino en 1924 y 1928. Hawas fue también a Madrid a dar conferencias y conoció a la duquesa Cayetana de Alba, hija del amigo de Carter. La conferencia fue impartida en el mismo lugar inicial, la Residencia de Estudiantes. Al igual que Carter fue recibido por Alfonso XIII, Hawas tuvo de oyente a la Reina Sofía. 
     Hawas considera que Carter hizo un buen trabajo con los objetos obtenidos con el descubrimiento, 5.398. Su casa de reposo en Egipto se convirtió en museo en su recuerdo.
     Actualmente, se considera que el faraón descubierto por Carter murió de una caída. El agujero que se observaba en su cabeza no obedecía a un asesinato. Al contrario, era el orificio por el que se introducía el líquido de embalsamamiento para su momificación. Era, además, un enfermo con un pie roto, plano y enfermo de malaria.
     Gracias al ADN, se sabe que otro esqueleto que se encontró, KV 55, pertenece a su padre, Akenatón, el de la herejía monoteísta de Amarna.
     Manuel Pimentel, director de Almuzara y Arqueomanía, cuenta que durante el viaje de novios del duque de Alba fueron a Egipto y visitaron las, en ese momento, infructuosas excavaciones de Carter. De allí surgió la amistad entre el duque y Carter.

     La famosa película La momia, de 1932, dirigida Karl Freund y protagonizada por Boris Karloff, dio origen a una saga de aventuras y miedo a la muerte que ha llegado hasta nuestros días. Y es fiel reflejo de la afición y fascinación por el Antiguo Egipto.
     Finalmente, recordamos que las vísceras se guardaban en vasos canopos para volver a reunir el cuerpo en otra vida. El Antiguo Egipto elaboró la primera y más elaborada cultura de la muerte de la antigüedad hasta la llegada del mundo grecorromano y las religiones monoteistas.
Vaso Canopo encontrado en Málaga. Dinastía XXVI, 665-525 a. C. MAN.

      
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     JIMÉNEZ FRAUD, A.: Epistolario IFundación Unicaja y Residencia de Estudiantes. Madrid. 2018. Consultado octubre-noviembre 2022 en sala biblioteca Archivo Museo Sánchez Mejías. :Carta de 4 de diciembre de 1924, duque de Alba;  Carta de 19 de enero de 1925, Antonio Ballesteros; Carta de 18 de febrero de 1925, Antonio Ballesteros; Carta de 25 de junio de 1925, duque de Alba; Carta de 18 de noviembre de 1925, J. B. Trend; Carta de 18 de diciembre de 1925, J. B. Trend. 
        - SECO, M. Y MARTÍNEZ, J.:Tutankhamón Howard Carter en España. El duque de Alba y las conferencias del egiptólogo en Madrid. Almuzara. 2022. Prólogo de Zahi Hawas e introducción de Manuel Pimentel. Edición kindle. *La foto de la carta de Jiménez Fraud es una captura del libro de M. Seco y J. Martínez editado por Almuzara.






      

Escuela de Estado Mayor de Santa Cruz de Marcenado

     

Jinetes en la Escuela de Estado Mayor 1951-1952. Archivo personal.


     La Escuela de Estado Mayor se creó siendo ministro de Guerra Evaristo San Miguel por Decreto de 22 de febrero de 1842. Para ingresar era necesario para los cadetes que habían obtenido el empleo de subteniente alumno pasar un examen. Después, seguían la formación con la instrucción y perfeccionamiento en la educación relativa al servicio de Estado Mayor en paz y guerra. Al salir, eran nombrados tenientes del Cuerpo y debían pasar seis meses en una unidad de Infantería, otros seis en otra de Caballería y dos en una de las maestranzas y parque de Artillería, complementado con prácticas de Ingenieros. 

     Debían aprender Geometría Analítica y Descriptiva; Trigonometría esférica; fundamento de Cosmografía y mecánica; Geodesia aplicada a levantamientos de planos y croquis; Geografía y Topografía; Táctica Superior; y elementos de Poliorcética, como asedio de artillería y fortificación permanente.

     Como pocos oficiales se presentaron al examen de ingreso, en 1851, para cubrir las necesidades del servicio, se aprobó un reglamento que admitía en las convocatorias a paisanos con edades entre 16 y 25 años, con la condición de que sus familiares aportaran una asistencia diaria de doce reales. 

     En 1856 se aprobó un nuevo reglamento por el que aumentaban las materias de ingreso y en su plan de enseñanza aparecía el aprendizaje de lengua inglesa, aunque se suprimiera más tarde para aumentar la carga lectiva del arte de la guerra. Se mejoró la actividad física como disciplina y la miopía fue causa de inutilidad.

     Corriendo en el tiempo, llegamos a la sede de Santa Cruz de Marcenado en Madrid, en 1920. El proyecto era de 1901, modificado en 1902, con terminación prevista en 1917.

     En el año 1934, por ejemplo, nos ha llamado la atención la Librería del Ejército, que ofrecía un Catálogo de Obras Militares que servirían de apoyo a la vida intelectual de los militares españoles. El índice de materias se agrupaba en siete apartados. Y tres de ellos tenían una base en Humanidades: Moral militar, psicología y pedagogía; Ciencia y arte militar, geografía e historia militares; y Escuelas, academias e instrucción. Tenían la posibilidad de leer novela histórica, con los Episodios Nacionales de Galdós a la cabeza, y la lectura de autores extranjeros como el inglés Fuller, el alemán Jünger; y textos de tratadistas militares españoles, de Ahumada a San Román. Sin olvidar el género biográfico, desde Simón Bolívar a Serrano, pasando por Baldomero Espartero y Juan Prim.

   El edificio de la Escuela de Estado Mayor está formado por un conjunto de edificios que ocupan parte de lo que fueron huertas del Seminario, una extensión que nunca se construyó y que tenía una topografía abrupta y difícil.

     La Escuela fue creada 1842, pero no tenía una sede adecuada para desarrollar sus actividades, que se realizaban entonces en el Cuartel del Conde Duque.

     En 1901, como hemos mencionado, se aprobó un proyecto, que incluía varias construcciones: un edificio principal destinado a las actividades docentes, varios secundarios para la tropa y un picadero con las correspondientes cuadras e instalaciones para los caballos. La Escuela se instaló en el edificio de la esquina de Santa Cruz de Marcenado con Mártires de Alcalá, con una planta trapezoidal, organizada alrededor de un núcleo central formado por un patio de luces y la gran escalera imperial, cuyo gran desarrollo nos habla de la importancia simbólica que se quiso dar al edificio.

     Las aulas, despachos de oficiales y biblioteca se diseñaron con aspecto de amplias estancias con exteriores: luminosos y suficientes.

    El edificio es sobrio y militar, sin embargo, denota nobleza en el trabajo de la fachada, en tres fajas horizontales, la primera como zócalo almohadillado y las dos siguientes en ladrillo visto con una ancha franja que incorpora los antepechos en piedra. Sin apenas ornamentación ni remates decorativos. Una gran curva esquinada dignifica el edificio.

     Hubo algunos problemas en la cimentación por las dificultades topográficas y las obras estuvieron interrumpidas, pero se reiniciaron en 1917 y finalizaron en 1920.

     Junto al edificio principal se situaron los pabellones para la tropa, ejecutados en ladrillo visto de menor calidad, pero siguiendo los mismos criterios estéticos.

Escuela de Estado Mayor_Santa Cruz de Marcenado_Madrid (Fuente: COAM)

     Destacamos el pabellón del Picadero, no observable desde la calle; por allí se ejercitaban oficiales y tropa. 

     Fue incluido en el proyecto original de 1901 y construido con cinco grandes cerchas curvas como arcos de medio punto sin tirantes que cubren, con una altura de 15 metros, un espacio iluminado de 16 metros. 

     En los testeros, amplios óculos en la parte alta iluminan el interior. Nos encontramos a medio camino de Malasaña, Argüelles y Chamberí.
     Un cartel informa que es la Escuela de Guerra del Ejército de Tierra y unos guardias militares cuidan sus puertas. Los recorridos guiados por su interior son habituales en eventos como la Semana de la Arquitectura y su valiosa biblioteca está disponible para todos los que necesitan consultar allí sus históricos volúmenes. 
     El complejo fue diseñado por Miguel Manella CorralesUn ingeniero que planteó un proyecto funcional y práctico, con un edificio principal de considerable altura, en forma de bastión, acompañado de una serie de construcciones auxiliares a su alrededor que pudieran albergar hasta un centenar de oficiales estudiando. Como hemos comentado, llama la atención el picadero, una edificación con techo abovedado que en su día acogía la instrucción hípica. Detrás de este lugar estaban las cuadras y, al lado, el edificio de ordenanzas que se encontraban al servicio de los oficiales.
     El picadero fue diseñado con altos ventanales con el fin de no deslumbrar a los caballos. Los remates son de los veinte del siglo XX. Con bellas vidrieras y símbolos de distintos Cuerpos militares. La luminosidad alta ha permitido que su desuso como hípica se traslade a un uso variado.
     El edificio principal presenta unas señoriales escaleras en las que se sitúa su elemento más destacado: el monumento a los héroes del Estado Mayor, cuyas fajas descansan bajo la escultura de un león en actitud apacible. Sus cinco vitrinas guardan el recuerdo de oficiales caídos en servicio. Les distingue el azul celeste que llevan los graduados en esta escuela. 
     
   El edificio principal de la escuela cuenta con otros dos lugares destacados: el salón con las imágenes de los directores de la Escuela General de Guerra y la biblioteca.
          La biblioteca contiene 65.000 libros especializados en historia y arte militar, estrategia, polemología, geopolítica, política exterior y relaciones internacionales. Algunos de ellos datan del siglo XVIII y entre las joyas que conserva está la primera edición (1726) del Diccionario de la Lengua Castellana de seis volúmenes.
          La biblioteca es utilizada por alumnos de la escuela, pero también recibe visitas civiles de investigadores sobre historia militar y sus relaciones con el resto de la ciudadanía. Javier Sierra o Almudena Grandes han hecho uso de sus anaqueles para documentar sus novelas. Otras disciplinas interesadas son el cine y la televisión, que ambientan sus producciones de época.
    Los edificios de la Escuela de Guerra tuvieron que ser reconstruidos en parte en 1940 a causa de la Guerra Civil. Para la conmemoración de los 200 años de existencia del Estado Mayor se diseñaron unos jardines centrales (2010).


Escuela Superior de Guerra o Estado Mayor. Plano. Fuente: COAM

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     Bibliografía/ para saber más:

             - BALDOVÍN, RUIZ, E.: La Escuela de Estado Mayor del Ejército. En Ejército de Tierra español. Revista de las armas y de los servicios. Enero-febrero de 2001, año LXII, número 720.

        - ALONSO BAQUER, M.: La Enseñanza de la Historia militar en la Escuela Superior de Guerra (1893-1936) y en la Escuela de Estado Mayor (1940-1964). En Monografías del Ceseden 97, XI Jornadas de Historia Militar, La Enseñanza de la Historia Militar en las Fuerzas Armadas. Ministerio de Defensa, mayo de 2007.

       - https://fcoam.eu/guia/F1/F1.186A.htm   Visionado 22-11-2023 y 5-01-2025.

      - https://www.eldiario.es/madrid/somos/malasana/paseo-por-los-cien-anos-de-la-escuela-de-guerra-del-picadero-al-monumento-a-los-caidos_1_6415728.html  Visionado 22-11-2023

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     Ut memoria: R. M. C., 9-01-2018.

In itinere

 

La Argentinita visita ABC_1-01-1919. ABC_sin firma.
   


     Verano de 1928. Hacia
 las dos o las tres de la mañana, Martínez Nadal regresaba a casa de la tertulia de la Granja El Henar. Una tertulia en la que se reunía con un grupo de deportistas. De pronto vio por la calle de Alcalá hacia la plaza de la Independencia a Ignacio y La Argentinita, caminando cogidos del brazo. En cierta manera, llevada, en un gesto que ella gozaba. Sánchez Mejías le dijo a Encarnación que podían acompañar a Rafael un rato y de camino oler las acacias mimosas en verano. Luego cogerían un taxi. Martínez Nadal recordaba que en la plaza se cruzaron con Federico y Emilio Aladrén. García Lorca saludó con alegría a su amiga. Una conversación agradable, llena de cuentos y chistes, inundaba la ensoñación veraniega de la noche.
Tierra de cante y baile_La Puntilla. Autor

     De pronto, alegre, puede que bebido, Federico les preguntó sí habían visto el nuevo circo. Un silencio más atronador que el rugido de un león hizo que el granadino le dijera a Emilio, gritando, que se quitara la gabardina y rodara por el suelo.

     Una tormenta estival había dejado el suelo impregnado con la tierra mojada convertida en un leve barrizal. Aladrén[1] se arrojó a la húmeda calzada y rugió como los leones de piedra que se encuentran en las villas romanas sevillanas. Dio unas cuantas volteretas hasta que Federico le mandó levantarse. Le ayudó a ponerse la gabardina, saludaron de manera circense como si una multitud presenciara su número, se abrazaron y rieron, mientras una botella de ginebra asomaba de uno de los bolsillos de Emilio Aladrén[2]. La alegría por vivir.

     Un año después, en Nueva York, cuatro días antes de la conferencia de Ignacio, La Argentinita debutó en el Majestic Theatre como participante de la International Revue. El tres de marzo de 1930, Federico de Onís[3], uno de los primeros promotores de las relaciones entre españoles y estadounidenses, bautizó a su hijo y eligió a Federico y Encarnación como padrinos del nacido. Nacía de este modo el coloquial trato que mantuvieron en vida: comadre y compadre, como miembros de su propia familia[4]. La vida. 

   Nana de Sevilla_La_Argentinita_García_Lorca 

     Febrero de 1933. Una mujer francesa de 34 años conoce a Ignacio gracias a Lorca, quien le presenta como el andaluz por excelencia. El escenario era propicio. En casa de Jorge Guillén se leía una obra de teatro de próximo estreno: Bodas de Sangre. Surge el pellizco. ¿Lo sabrá en algún momento Encarnación? Según Lorca, La Argentinita los mataría de saber este amor ¿Es verdad? Pilar López siempre dijo que su hermana no era de crimen pasional. Ignacio llega a presentarse en París ante la perplejidad del marido de Marcelle Auclair, Jean Prevost: “hay sangre en ese hombre”. La fatalidad de un muerto entre los amigos de su hijo le hace volver[5]. La sangre, al fin. Todos coinciden en el poder de seducción y gusto por las mujeres de Sánchez Mejías. In itinere.

Toruño y alhelí_Valdelagrana. Autor
Osborne cerca del Molino Grande_Manzanares. Autor


[2] DÍEZ HUERTAS, C: Encarnación López, La Argentinita: Entre el folklore y la vanguardia. https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=4384189

[5] FARIZA, P.: la vida encontrada de Encarnación López “La Argentinita”. Bala perdida. Madrid. 2020. Reseña 21-10-2023 Archivo Museo Sánchez Mejías.





La traducción de Eminescu

        Mihail Eminescu. Wikipedia.       Mihail Eminescu fue un poeta del romanticismo rumano que vivió entre 1850 y 1889, y que está cons...