Urdimbre y trama

Cultura y sociedad

Adolfo Salazar en Cuba (1)

     

     

Indumentaria Ñáñigo, Cofradía Abakuá. Museo de América



     Los lectores de EL SOL recibían con el café y las porras del desayuno las noticias del día y la vida cotidiana de sus más reputados articulistas. Es el caso del viaje a Cuba de Adolfo Salazar, el intelectual y musicólogo más importante del primer tercio del siglo XX: 

     "Después de una ausencia de más de dos meses ha regresado a Madrid nuestro fraternal camarada, el crítico musical de EL SOL, Adolfo Salazar, el cual ha permanecido parte de ese tiempo, como saben nuestros lectores, en La Habana, adonde fue expresamente invitado por diversas asociaciones culturales para que desarrollara allí cursos y conferencias sobre temas de su especialidad."

     Encabezaba la noticia EL SOL con DE AMÉRICA Regreso de Adolfo Salazar. Y nos contaba la categoría y personalidad del viajero como uno de los más firmes valores de la intelectualidad española, que había participado en distintos actos culturales en Cuba, los cuales causaron una gran resonancia. Sus actuaciones fueron recogidas por la prensa local como EL PAÍS, DIARIO DE LA MARINA y la revista AVANCE. Todas mostraron un gran interés y afecto.

     Conferencias como la dictada en la Sociedad Pro Arte, presidida por la señora Giberga, ante un auditorio de 4.000 personas, donde dio un curso sobre la música romántica y conferenció sobre la música española contemporánea. 

    En la Sociedad Hispanoamericana de Cultura, dirigida Don Fernando Ortiz, pronunció conferencias sobre Madame de Stäel y los comienzos del Romanticismo literario en Inglaterra, Francia y Alemania.

     El redactor de la noticia informaba que Adolfo Salazar se proponía referir en algunos artículos su periplo cubano, y contar la sugestiva música negra y criolla que había apreciado en una fiesta de ñáñigos, entre otros fastos.

     La noticia proseguía con el siguiente remate final:

     "Por cierto que del "Manuel Arnús", que trajo a Adolfo Salazar desde Nueva York, donde aquel se detuvo unos días, han desembarcado también en Cádiz, y también con estelas de éxito, el poeta Federico García Lorca, que regresa de Cuba, y la publicista Teresa de Escolarza, que regresa de la capital yanqui.

     Sean todos bien llegados."

     Esta noticia publicada en EL SOL hacía referencia al viaje que había realizado Adolfo Salazar a Cuba en mayo y junio de 1930. Allí había coincidido con García Lorca a su regreso de Nueva York. Salazar era uno de los intelectuales españoles que habían animado a continuar sus estudios en Madrid después de un primer año irregular, como sabemos por la correspondencia mantenida desde los primeros años de la década de 1920. Y sabemos también del contacto que establecieron con María Muñoz y Antonio Quevedo, Los Quevedo, en la capital cubana. De lo cual haremos una breve reseña en una siguiente entrega. 

     Entre las noticias que acompañaban a la vuelta del viaje a Cuba destacamos el anuncio del duque de Alba de la pronta desaparición de la censura, tras la caída de Primo de Rivera, y la convocatoria de las posibles elecciones, como así fueron, en abril de 1931. Sobre este futuro clima político, por esos días, escribía Ortega y Gasset en varias entregas un artículo titulado César, los conservadores y el futuro. Ortega se cuestionaba sobre un César monárquico o republicano en los estertores de la República Romana.

      (Continuará)




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     Bibliografía consultada:

     - EL SOL, se han consultado los ejemplares de junio, julio, agosto y septiembre de 1930. 

     - El Epistolario de Adolfo Salazar con Alejandro García Caturla y Federico García Lorca, para ubicar cronológicamente el momento. Este epistolario se conformó con el archivo de Salazar en México, con el depositado en la Residencia de Estudiantes, la Fundación Ortega y Gasset, la Fundación Paul Sacher y el Colegio de México. Nosotros hemos consultado entre el 6 y el 11 de noviembre de 2025 en el Archivo Museo Sánchez Mejías, la edición de Consuelo Carredano, publicada por la Fundación Scherzo y la Residencia de Estudiantes, con la colaboración de INAEM, en Madrid, 2008. Las cartas cubren el periodo 1912-1958.



10-01-2026 23:27 Actualizado 11-01-25 12:23

Helena de Troya

 

     

Ilíada. 


      En el campo se habían enfrentado Menelao y Paris por conseguir la bella Helena y sus riquezas. Al que venciera la poseería con sus riquezas, impidiendo la confrontación entre aqueos y troyanos. Zeus apoyaba a Menelao y Afrodita a Paris. La diosa salvó al troyano de las acometidas de Menelao porque utilizó una densa niebla que le llevó a sus aposentos. Afrodita buscó a Helena que estaba en las murallas de Ilión acompañada de otras troyanas y la llevó a la cámara nupcial de Paris. Helena le increpó ante los tristes designios que se presentaban:

     ¡Vienes de la lucha… y hubieras debido perecer a manos del esforzado varón que fue mi anterior marido! Blasonabas de ser superior a Menelao, caro a Marte, en fuerza, en puños y en manejo de la lanza; pues provócale de nuevo en singular combate. Pero no: te aconsejo que desistas y no quieras pelear ni contender temerariamente con el rubio Menelao; no sea que enseguida sucumbas, herido por su lanza.”[1]

     Paris se defendió. Estaba siendo vencido por el anterior marido de su amada Helena. Otro día vencería él porque tenía también dioses que le protegían. Solo quería volver al tálamo con su bella esposa. La pasión le envolvía; la amaba y era dulce su deseo. Mientras, en el campo de batalla, tras la densa niebla, Menelao seguía buscando al troyano y clamaba su victoria, exigiendo la entrega de la argiva Helena con sus riquezas, más una indemnización.

     Así acaba el tercer canto de la Ilíada que nos cuenta el enfrentamiento entre aqueos y troyanos con el tema de la huida de Helena de Esparta por sus amores con el troyano Paris.

     Helena cargó durante mucho tiempo con la culpa del origen de la guerra de Troya que cantó Homero en la Ilíada y la Odisea. La causa de esta guerra fue el rapto de Helena, reina de Esparta y esposa del rey Menelao, por el príncipe troyano París, hijo de Príamo y hermano de Héctor. Voluntaria o involuntariamente, Helena había seguido al troyano. El amor de la más bella del mundo griego era el premio otorgado a Paris por elegir a Afrodita como la más hermosa de las diosas en competencia con Atenea y Hera (Juicio de Paris). Prefirió el amor de Helena frente a la victoria (sabiduría) y el poder que ofrecían las otras diosas. Se disputaba la manzana de la Discordia que sobre la mesa tenía la inscripción A la más bella de las diosas.

      Después del juicio, Paris se dirigió a Esparta para conseguir el amor de Helena con la ayuda de Afrodita y, obtenido, se la llevó a Troya. Helena era la más bella de las mujeres. Todos los príncipes griegos pretendieron su mano. Antes de elegir a Menelao, prometieron respetar su decisión y acudir en su ayuda en el caso de que Helena se encontrase en peligro. Tras el rapto, estos príncipes de Grecia se conjuraron al mando del hermano de Menelao, Agamenón, rey de Micenas.

     El juicio de Paris fue muy representando en la Antigüedad en cerámicas áticas o en sarcófagos romanos, donde el troyano aparece con aspecto pastoril junto a las tres diosas y Hermes. En el Medievo fue un tema desaprovechado y con la Edad Moderna se retomó para que se mostrara el desnudo femenino, quedando el significado original de poder, sabiduría y amor en segundo plano. Recordados son los trabajos ejecutados por Cranach, Lucas Giordano y Rubens. El rapto de Helena aparece en menos casos en las artes figurativas, aunque el Barroco nos muestra grandes ejemplos[2].

Juicio de Paris. Rubens. Museo del Prado

 

     El relato mitológico del Juicio de Paris tiene su origen en la boda de Tetis y Peleo, donde Eris, la diosa de la Discordia, retó a la diosa más bella a recoger la manzana de oro que había lanzado a los presentes. Como se ha citado, el resultado ocasionó el rapto de Helena y la consecuente guerra de Troya. Rubens utilizó este tema en varias ocasiones para deleitarse con su ideal de belleza femenina y las consecuencias del amor y la pasión. En el Museo del Prado se centró en las mujeres desnudas, pintadas con líneas sinuosas y escorzos exagerados. Es deudor de la pintura veneciana que admira al final de su carrera. Fue un encargo de Felipe IV, rey de la monarquía hispánica, hacia 1638-39 y decoró el Palacio del Buen Retiro[3].

El rapto de Helena. Tintoretto. Museo del Prado.

 

      Tintoretto pintó hacia 1578-80 El rapto de Helena que se encuentra en el Museo del Prado. Como hemos mencionado, el relato literario y mítico se cuenta en Homero (Ilíada). El cuadro muestra las reticencias de Helena por abandonar a Menelao, sugiriendo el rapto de Paris. No por voluntad propia como había sugerido la versión de Giulio Romano. Tintoretto recrea la escena cuando Helena es conducida a un barco, mientras se libra una batalla en tierra. El aspecto de los personajes recuerda a los enfrentamientos entre los reinos europeos y el turco en la época de la batalla de Lepanto (1571). Helena es vista como el peligro que corre la ciudad de Venecia ante el turco, por lo que se utiliza como una alegoría. Obsérvese el contraste entre el primer plano en claroscuro y el fondo, muy iluminado. También contrasta la composición dinámica con la inferioridad y desvalimiento de Helena. La obra perteneció al duque de Mantua, de ahí pasó a la colección de Carlos I de Inglaterra. En 1561 era propiedad de John Jackson; poco después, tuvo nuevo propietario en la persona de Luis de Haro valido de Felipe IV, a quien se la regaló[4].

     Helena era hija de Leda, reina de Esparta, casada con Tindáreo. Zeus se convirtió en cisne para seducirla. De la seducción nació Helena y Pólux, uno de los Dioscuros. De Tindáreo y Leda nacieron Cástor y Clitemnestra. Los Dioscuros (Cástor y Pólux) son la representación de los héroes míticos dorios, valientes y luchadores[5]. Clitemnestra fue la mujer del rey de Micenas, Agamenón, y tema central de la Orestiada de Esquilo. Cezanne pinta la seducción de Zeus a Leda (1882) en el momento que convertido en cisne toma su mano. La obra es de un cromatismo radical. Leda es muy sensual en su aspecto. El cromatismo es máximo[6].

Leda y el Cisne. Cezanne. Wikipedia

    

     Vamos a la literatura. En el Cancionero de romances de Amberes (mitad siglo XVI) aparece el Juicio de Paris. Se presenta en forma de sueño, porque Paris dormía: Era por el mes de mayo/ que los calores hacía, …

     Y es aquí cuando se solicita el juicio en esta versión por unas diosas a un dormido que contesta de esta manera[7]: Suplico a vuestras altezas/ desnudas veros querría, / que ya he visto lo público, / el secreto ver querría,/ porque yo pueda juzgar y absolver vuestra porfía./ …

     El tema de Helena evolucionó a través de la historia. De causante de la guerra de Troya, con Gorgias comienza a ser vista de otra manera. Todos coinciden en la belleza de la hija del cisne Zeus y Leda. Así como que nace de un huevo. El proceso conceptual de Helena pasa de canon de la belleza a instrumento de los designios divinos, y de aquí a una especie de Mata-Hari de la Antigüedad.

     Se inserta en el ciclo de las leyendas troyanas. Homero pone en su boca que sabe que será materia de canto para generaciones futuras. Homero, que retrata a Helena por su belleza, refleja el sentimiento de culpabilidad que le embarga, ya sea rapto o complicidad en la fuga. Rasgos contradictorios en nuestra heroína que la hacen tan humana como mítica. De las críticas en la Ilíada, a la primera defensa en la Odisea por Penélope (mujer de Ulises). Empieza a tener una segunda oportunidad. Termina, vemos, otra vez en el reino de Esparta. Su belleza es tal que se relaciona con su ascendencia divina.

     Otra versión negativa la aporta Hesiodo. Dibuja a Helena como adultera. O como Estesícoro que perdió la vista por un poema negativo sobre nuestra bella protagonista y la recuperó desmintiendo lo dicho en el poema anterior, porque según afirma nunca estuvo en Troya. Este poema de Estesícoro fija el canon de la no presencia en Troya de Helena que más tarde repetiría Heródoto, que ubica a Helena en Egipto.

    Más tarde, Isócrates compone un Elogio a Helena que resalta su belleza y dota a su persona de símbolo del panhelenismo. En Orestes, Eurípides la condena inicialmente, para salvarla en el último instante. Aunque su imagen en otras obras de Eurípides es negativa. En Heléne vuelve a surgir la contrafigura de Helena, que está en Egipto, y no como la que se encuentra en Troya.

     En Heroidas, Ovidio presenta una Helena hermosa, decente y esposa fiel. Pero es humana y se siente halagada por Paris y se imagina en Troya, con sus riquezas y el rechazo de sus habitantes. Surge el amor y la aventura.

      Quinto de Esmirna, en el siglo III de nuestra era, ya se muestra favorable a la inocencia de Helena. Temerosa del castigo de Menelao se esconde en el palacio de Príamo. Allí le encuentra el rey de Esparta. Cuando la va a matar, Afrodita interviene y hace desparecer los celos de Menelao y surgir de nuevo el amor. Sin embargo, está ante sus compañeros de armas en la guerra de Troya y vuelve a empuñar la espada mortífera que solo conseguirá refrenar su hermano Agamenón, puesto que le convence de la culpabilidad de Paris, que fue quien la forzó en el rapto.

     En la Edad Media también se debatió su figura. Mal vista por los más moralistas que argüían que del huevo del cisne Zeus no podía nacer un buen polluelo, a visiones más positivas que remarcan que fue raptada[8]. Contra su voluntad, nunca siendo dueña de su destino.

    La etimología, finalizamos, de Helena proviene del griego Ελένη, que significa antorcha o luz, pero otros lo relacionan con el movimiento solar. Con el tiempo, su nombre se entrelaza con el término Hélenes que designa a los griegos en su lucha frente a los poderes que llegan de Asia.

   



[1] HOMERO: Iliada. Canto III. Colección Austral. Espasa Calpe. Madrid. 1954-1972.

[2] MARTÍNEZ, C., GONZÁLEZ, M.ª T. y ALZAGA, A.: Mitología Clásica e Iconografía Cristiana. Editorial Universitaria Ramón Areces. Madrid. 2010. Páginas 120-121.

[5] MARTÍNEZ, C., GONZÁLEZ, M.ª T. y ALZAGA, A.: Obra citada. Páginas 154-155.

[7] COSSÍO, J. M.ª.: Fábulas Mitológicas en España. Espasa Calpe. Madrid. 1952

 

[8] SAQUERO, P.: Helena de Troya: una heroína controvertida. En Asparkia, 25. 2014, Páginas 113-126.  


4-01-2026 18:36   Actualizado 7-01-26 6:30


   

En el corazón de los años locos, las revistas de 1925

Elegancias, diciembre de 1925


      Elegancias despedía 1925 con una portada de Tono. Fue una revista mensual que se empezó a publicar en enero de 1923 por la papelera controlada por José María de Urgoiti. Revista de gran lujo y formato, presentada en papel cuché, de influencia parisina, dedicada a la moda y los diseñadores. Este número costaba tres pesetas y su director era Francisco Verdugo. Contaba con delegados en París. Dibujaban mujeres españolas, modernas y estilizadas. Mundanas. La moda y sus complementos. Los deportes, como el esquí; el diseño de espacios, o el automóvil, en plena eclosión. Anuncios de marcas sofisticadas, hoteles lujosos. Productos y establecimientos relacionados con la belleza y el estilo. Hoy diríamos, estilismo. Su público era la alta burguesía o la aristocracia de nuevo cuño.

     En el número de diciembre de 1925 contaban qué sombreros se llevaban o la elegancia femenina en los cuadros de Tiziano y Van Dyck junto a un relato de Isabel de Palencia (Beatriz Galindo), pseudónimo de Isabel Oyarzábal.


       En el número de enero de 1926, los peinados de moda, el elogio de Berta Singerman, la colaboración de Isabel de Palencia, los modistos que hacían perfumes, el esquí o el calzado, las galerías de arte, consejos sobre salud o la limpieza de los tapices; ropa interior de moda; el cuidado de los perros; el divorcio de Natacha Rambova y Rodolfo Valentino; lo que se iba a llevar en el cercano carnaval de 1926; y cómo ser la mujer perfecta.


Gran Vida, diciembre de 1925



     El ejemplar de Gran Vida de diciembre 1925 estaba protagonizado por Severiano Goiburu, futbolista que triunfó en Osasuna, Barcelona y Valencia. Gran vida fue una revista especializada en deportes que incluía notas de sociedad. Estaba dirigida por Vicente de Castro Les. De periodicidad mensual y con cubiertas a dos tintas. Comenzó como órgano de prensa de entidades hípicas, relacionadas con un alto nivel adquisitivo. Publicaba noticias también de turismo, fotografía y finanzas. Una revista de sociedad que llegó hasta 1936. Su ámbito geográfico principal fue Madrid. En el final de 1925 informaba del fútbol en Madrid con entrevistas a varios jugadores, con firmas reconocidas en el deporte. Como curiosidad: Habla de arte y artistas en un artículo de Hesperia, donde se cita a Santiago Costa, Tellaeche, Sainz de la Maza, José Clará y Guillermo Ruiz. Y el fútbol extranjero, el boxeo o el cross. En las noticias de finanzas se cita el fallecimiento en 1925 de dos figuras históricas de España: Antonio Maura y Pablo Iglesias.

     En enero de 1926 la portada está protagonizada por el futbolista madrileño Ernesto Mejías. Destacamos junto a las noticias deportivas de Madrid y los deportes universitarios, los trabajos de la Comisaría Regia de Turismo que presidía el marqués de la Vega Inclán (relacionado con el Museo del Greco y Cervantes, entre otros proyectos) con motivo de su obra España, el centenario de la Catedral de Toledo y el funcionamiento de la Oficina de Nueva York.

Gran Vida, enero de 1926



     
La Esfera, año XII, número 625, 26 de diciembre de 1925

     
     
     La portada de La Esfera estaba protagonizada en su último número de diciembre de 1925 por un retrato de Isabel de Borbón cuando era Princesa de Asturias. Fue una revista de información general que se publicó entre 1914 y 1931 en Madrid. Considerada de gran calidad y la mejor de su época. Competía en su campo con Blanco y Negro. Relacionada también con Nicolás María de Urgoiti.
    Trató temas de actualidad general, teatro, cine, modas, deporte, industria, geografía, viajes, historia, arte, literatura, tanto de España como de otros países.

     En este número de diciembre llama nuestra atención un artículo El botánico y los botánicos, firmado por Ramón Gómez de la Serna. Y un segundo artículo sobre El resurgimiento de Córdoba para modernizar la ciudad de la mezquita con vistas a la demanda turística.

La Esfera, 3 de enero de 1926


      Contó con muchísimos colaboradores. Por ejemplo, el padre de Ortega y Gasset, José Ortega Munilla, o Ramón Pérez de Ayala, Unamuno, Carmen de Burgos, Rubén Darío, etc. Ilustraron desde Rafael de Penagos a Mariano Benlliure, pasando por Néstor o Julio Romero de Torres. Entre los fotógrafos destacamos a José Campúa.

      En el primer número de 1926 escribía José María Salaverría sobre El idioma que hablamos. Margarita Nelken escribía sobre La Virgen del Canciller de Van Eyck; o un homenaje a distintas labores sociales de entidades bancarias.


La Hormiga de Oro, 31-12-1925


     La Hormiga de Oro fue una revista ilustrada católica que se publicó entre 1884 y 1936 en Barcelona. Estuvo relacionada con Luis María de Llauder y de Dalmases, quien en sus orígenes se relacionó con el carlismo, pero que en la Restauración borbónica se adaptó a los nuevos tiempos. Participará en la aparición de El Correo Español en 1888. A principios de siglo XX llegará a tener una tirada de 30.000 ejemplares.

    Solía hacer semblanzas de católicos, representantes de su sector más conservador. Criticaba las ideas liberales y socialistas, pero adaptándose a cada periodo histórico. Tuvo varios directores a lo largo de su historia. En la revista colaboró Joaquín Xauradó y con el siglo XX empieza a publicar fotrografías de Merletti, Sagarra y Ojanguren.

     

San Antonio Abad en La Hormiga de Oro, 14-01-1926

          Si nos fijamos en estructura de la revista vemos en la portada de fin de año al profeta Isaías y en el interior noticias de contenido católico como la llegada de los Reyes Magos, el balance de la revista, un comentario de La adoración de los Magos de Gentile de Fabriano; un cuento sobre los Reyes Magos; la alegría de la lotería de Navidad; la caridad de los reyes de España; la previsión del centenario de Goya en 1928. Pero se vuelve a lo religioso con informaciones sobre la caridad con los pobres o se estudia el cuadro que hace referencia a la portada: El profeta Isaías y las Sibilas de Rafael. En el número de 14-01-1926 se hace un resumen de las fiestas navideñas y religiosas con el año del Jubileo y la fiesta de Cristo Rey. Entre estas, noticias de Madrid o de Santiago Rusiñol o grandes pintores religiosos como Poussin.


Mundo Gráfico, 12 de enero de 1926



     Mundo Gráfico publicaba en su portada de 6 de enero de 1926 una fotografía de la danzarina y actriz de cine Isabelita Ruiz. Había bailado con Vicente Romero y se encontraba en 1925 en un momento dulce de su carrera. La revista se editó entre 1911 y 1938 en Madrid. Tenía un aspecto moderno y se podía definir de información general con muchas fotografías. Nació de una escisión de Nuevo Mundo, tras la muerte de José del Perojo, saliendo Mariano Zavala, Francisco Verdugo y Campúa. Era una revista semanal de un máximo de 48 páginas, aunque la última de 1925 y la primera de 1926 cuentan con 22. Se considera la de peor calidad de las de Urgoiti, también la más económica y dirigida a una mayoría. Llegó a vender más de cien mil ejemplares en toda España. La dirigió Campúa y trabajó para él también el famoso fotógrafo Alfonso, que fue enviado especial en la campaña del Rif de 1909. Sufrió la censura en época de Primo de Rivera. Durante la Guerra Civil fue dirigida por Luis Linares y Campúa estuvo en varios frentes de guerra, ya con una menor tirada de páginas (8). En esta revista trabajó José María Carretero Novillo (El Caballero Audaz, fotógrafo, novelista y crítico), entre otros muchos.

     

Mundo Gráfico, 30 de diciembre de 1925


     La portada de Mundo Gráfico traía a otra bailarina, Victoria Pinillos, que fue cantante y vedette de la revista musical española. En la página 5 se publicaba una fotografía de Cámara de la famosa actriz Raquel Meller en la película "La tierra prometida". La actriz y cantante fue famosa por "La violetera" y "El relicario", apareció en la portada de Time y fue conocida internacionalmente. Chaplin utilizó "La violetera" en Luces de la ciudad
      Al ser una publicación hecha por fotógrafos, es interesante ver cómo eran autoridades de la época, el detalle de la información visual de las lluvias de fin de año torrenciales, o las fotos de cualquier suceso en el planeta gracias a la habilidad de sus fotoperiodistas.

La Unión Ilustrada, 27-12-1925. 


     Luisita Esteso era una joven estrella de variedades que protagonizaba la portada de 27 de diciembre de La Unión Ilustrada. Hizo buena parte de su carrera en Argentina. Actriz cómica, vedette y cupletista, trabajó desde muy joven en las tablas. En la foto tenía 17 años. 
     La Unión Ilustrada fue una revista que se editó entre 1909 y 1931 en Málaga. Está considerada como la mejor revista gráfica andaluza de los años veinte del siglo pasado. En su origen está la mano del empresario José Creixell Olivella, dueño de la imprenta La Unión Mercantil, que editaba el periódico del mismo nombre. Compitió en periodismo gráfico con Blanco y Negro, Nuevo Mundo, o Mundo Gráfico.
      Tenía periodicidad semanal, con paginación variable y con una gran cantidad de ellas de información gráfica. Se estructurará en temas de actualidad, ecos de sociedad, asuntos locales, nacionales o extranjeros. Usará el color a principios de la década de 1910.  Su mayor tirada fue de 42.000 ejemplares. Con el tiempo se irá posicionando hacia posturas conservadoras y monárquicas en la etapa republicana.
      El último número de 1925 evocaba (Zaragüeta) a Pablo Iglesias y Antonio Maura, en la página 8 se evocaba a Málaga por Legaza; había varios escritos y pensamientos sobre la Nochebuena, y por noticias varias se llegaba los reportajes fotográficos.
     La nieve en Navacerrada, la fiesta infantil organizada por la Asociación de la Prensa o la inauguración de una presa que se seguía de una boda aristocrática en Zaragoza. Imágenes congeladas en  los finales de 1925, en cualquier parte de España. 

Antonio Maura, La Unión Ilustrada, página 23, 27-12-1925



     No olvidaba la muerte de Antonio Maura. Ni las acciones militares en el norte de África. Los sucesos ocupaban otra parte importante de los reportajes gráficos.
      Los espectáculos musicales y el cine daban paso a una miscelánea de noticias variadas. Los anuncios cubrían buena parte del ejemplar de final de año. De los bombones a los remedios contra las hemorroides. Llegaba así, el lector, al final. Como todos los años, como todos los cuentos, como la vida.


Anuncios, La Unión Ilustrada, página 41, 27-12-1925



     
     
     


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     Bibliografía consultada:

     - Hemeroteca Digital de la Biblioteca Nacional de España.

     - Los números de las revistas de diciembre 1925 y enero 1926 que se citan.




29-12-2025 15:44.  Actualizado 20:46

 

Sobre el origen de "Musicalia" (y 2).

 


Ortega y Gasset. Alejandro Cañada. Museo de Teruel. Fotógrafo: Jorge Escudero


     

     El 13 de junio de 2025, con motivo de los cien años de La deshumanización del arte de Ortega y Gasset, se celebraron una serie de actos en su memoria que incluyeron la conferencia audición “Escuchar Musicalia” que pretendía leer y escuchar fragmentos musicales citados por Ortega en sus artículos. Se oyeron sus ideas sobre Debussy, las comparaciones con Wagner o Beethoven; lo que pensaba de Bach o Chopin. Y la audición terminó con la interpretación de la Nana de Sevilla, en la versión de Federico García Lorca (1931)[1]. Quien recuerde esta nana no olvidará que la estrenó Encarnación López Argentinita:

     “Ese galapaguito no tiene mare…”




     La repercusión de las teorías orteguianas sobre el arte y la novela transformaron la publicación del libro en un acontecimiento que se extendió a las artes plásticas y la música. Ortega se refería así al arte en general que englobaba a la música nueva, a la nueva pintura, la nueva poesía y el nuevo teatro. Es 1925. Recordemos, el año de la exposición de la Sociedad de Artistas Ibéricos o cuando Guillermo de Torre publica Literaturas europeas de vanguardia.

       Cuando el mes de marzo de 1921 se dirigía hacia su última decena, Ortega retomó en El Sol la segunda parte de su artículo Musicalia, del que reseñamos la primera parte, escrita el 7 de marzo de 1921. 

     Como había mostrado reparos al romanticismo musical, matizaba esta crítica considerando que había superado, a su vez, a lo anterior al someter las pasiones al sentimiento.

     El romanticismo consagró el sentimiento al dotarlo de color y temperatura. Esta fue la labor de Goethe y Chateaubriand. Pero, tras la primera etapa de consagración del sentimiento, debía ser consciente de lo que sentía (comprometerse a sentir). Como manifestábamos con anterioridad, cada derecho debía tener una obligación que haría que este derecho no fuera injusto y estéril.

     La liberación, decía Ortega, en arte o en política, tenía valor como tránsito entre un orden imperfecto y otro más perfecto. Era el estado en el que se encontraba el Estado Liberal: un carácter provisional y no sólido que precisaba avanzar más y crear un nuevo orden; una nueva estructura social, una nueva jerarquía.

      Del mismo modo, la intención del romanticismo radicaba en creer que las emociones constituían una zona del alma humana más profunda que la razón y la voluntad. Al primer romanticismo de la liberación, seguiría un segundo cuyo lema era selección y jerarquía, que actuaría (reobraría dice Ortega) contra la anarquía de los gustos, que había producido el descenso grave del nivel de la sensibilidad europea.

      El arte evolucionaba inexorablemente hacia una progresiva purificación, eliminando cuanto no fuera puramente estético. Las divergencias entre la vieja y la nueva música, especialmente las de orden técnico, se derivaban del estilo en que expresaban los estratos de sentimiento distantes entre sí. Para los románticos, el arte era una bella envoltura que se endosaba a lo vulgar. Para los modernos, según Ortega, el arte era un arisco imperativo de belleza integral. Preferir Mendelssohn y su Marcha nupcial a Debussy y su Iberia es exaltar lo inferior y violar lo superior. 

      Y a la diferencia de estilos se suma también el goce de sus músicas. Pensaba que era necesario plantear una doctrina que compusiera una doctrina de la fruición: una disciplina y técnica del goce. Un arte del arte.

      Nuestra alma, decía, tiene dos actitudes antagónicas cuando se dispone a disfrutar de la música: una concentración hacia dentro y una concentración hacia afuera. La concentración hacia dentro se produce cuando se abre en el fondo de nuestra intimidad recuerdos placenteros que nos cierran al mundo exterior.

     En el caso de que un ruido brusco nos haga despertar de esa intimidad y hubiéramos emergido al exterior, poniendo todos nuestros sentidos en la nueva situación, nos encontraríamos en la concentración hacia afuera. Esta diferencia se establece al oír la romanza en fa de Beethoven porque la escuchamos atendiendo al flujo de emociones que surgen en nosotros. No gozamos de la música, gozamos de nosotros mismos.

     La música de Debussy o Stravinski nos invita a una actitud contraria. Hace que nuestros sentidos, nuestro oído, se fijen en los sonidos mismos, en lo que acontece en la orquesta, recogiendo sonoridad tras sonoridad, apreciando su color y forma. Paladeándola. Es una música externa a nosotros, un objeto distante, localizado fuera de nuestro yo, ante el que somos puros contempladores, porque nos interesa.

     Resume su visión diciendo que todo estilo artístico que vive de los efectos mecánicos obtenidos por repercusión y contagio en el alma del espectador es naturalmente una forma inferior de arte. Como el melodrama o el folletín. Tiene una gran capacidad de arrebatar y crear una intensidad de efectos. Aclara Ortega: es un error creer que el valor de una obra se mida por la capacidad de arrebatar a los sujetos. Entonces los géneros superiores serían las cosquillas y el alcohol.

       El Arte, lo escribe con mayúsculas, es contemplación, no empujón. Esto supone una distancia entre lo que ve y lo que no se ve. La belleza, suprema distinción, exige que se guarden las distancias. Sepamos contener nuestro arrebato[2].

Adolfo Salazar. Wikipedia



       De los artículos sobre Musicalia de Ortega se aprecia que la música se había convertido en un tema de interés intelectual que eclosionaría con la generación del 27 de la música (grupo de los ocho) hasta llegar a la Guerra Civil. El debate, además, salió de las páginas de la crítica musical en Espectáculos Varios como síntoma de su vigor. Era cuando Falla estrenaba El Retablo de Maese Pedro, y Adolfo Salazar con Falla tutelaban a los hermanos Halffter, Pittaluga o Salvador Bacarisse. Y cuando la generación del 14 ya había consagrado a Turina, Óscar Esplá o Jesús Guridi[3]. Salazar pudo influir en las ideas musicales de Ortega por su relación en El Sol, siendo ambos europeístas y partidarios de la nueva música. Y Salazar, como el crítico más importante del primer tercio del siglo XX.

     En la primera entrega sobre Musicalia se citaba la visita de Adolfo Salazar a Cuba cuando Alejandro García Caturla hablaba de la hospitalidad que recibiría el crítico musical en La Habana. En otra carta, de 25 de noviembre de 1929, antes de llegar a Cuba, ya le decía a García Caturla que en los preliminares, no en la visita, los Quevedo estaban portándose de un modo que difícilmente podré olvidar.

Alejandro García Caturla. Wikipedia


     Como recuerdo de aquel viaje evocamos a Alejandro García Caturla que utilizó como emisario de una carta a Antonio Quevedo para entregársela a Salazar al no poder coincidir con él. Circunstancia que fue subsanada en la segunda visita de Salazar en 1937, donde los señores Quevedo presentaron a Adolfo Salazar y Alejandro García Caturla[4]. García Caturla fue un músico y abogado cubano de corta pero intensa vida intelectual, que murió asesinado en 1940. En la revista Musicalia encontró una plataforma de difusión de sus ideas musicales.





[2] ORTEGA Y GASSET, J.: Musicalia IIEl Sol. 21 de marzo de 1921.

[3] OLIVER GARCÍA, J. A.: Ortega en el debate entre romanticismo y nueva música. Temas para la educación, Revista digital para profesionales de la enseñanza. Federación de enseñanza de CC. OO. de Andalucía. Núm. 20. Mayo, 2012.

[4] SALAZAR, A.: Epistolario 1912-1958. Edición de Consuelo Carredano. Fundación Scherzo/ publicaciones de la Residencia de Estudiantes. Instituto Nacional de las Artes Escénicas y la Música. Madrid. 2008. Cartas entre Alejandro García Caturla y Adolfo Salazar antes y después de su viaje a Cuba en 1930. Volvió a visitar la isla de Cuba en 1937. Reseña 6-11-25 Archivo Museo Sánchez Mejías.




27-12-2025 17:52 Actualizado 18:41

Sobre el origen de "Musicalia" (1)

 

Ortega y Gasset (42 años). Leandro Oroz. Museo del Romanticismo


     En la primavera de 1930, Adolfo Salazar, el reputado musicólogo y crítico de El Sol, viajó a Cuba invitado por la Asociación Hispano Cubana de Cultura y la Sociedad Pro-Arte, que dirigía el matrimonio de músicos españoles residentes en La Habana, María Muñoz y Antonio Quevedo. Editaban la revista Musicalia, portavoz del movimiento renovador de música cubana, entre cuyos números pudieron recogerse interesantes artículos y puntuales reseñas de los libros publicados por Salazar. Fue un gran acontecimiento la presencia del musicólogo español en la isla, que se tradujo en el lleno absoluto de las salas donde dictó una serie de conferencias sobre el romanticismo musical, que sustentarían su libro El siglo romántico (1936), y que dedicaría «a mis amigos de La Habana». Un viaje a Cuba que le dejó gratos recuerdos; a su regreso a España, en una docena de artículos en El Sol (verano de 1930), relataría sus impresiones de viaje. En ellos deja constancia de un acusado interés por la música y los ritmos afrocubanos que tuvo ocasión de conocer en compañía de García Lorca, cuya estancia coincidió con la suya. Y, juntos, hicieron el viaje de regreso a España. Salazar fue uno de los que influyó en la inicial carrera de Federico García Lorca en Madrid.

     Lorca, recordemos, había estado en Nueva York. Los contrastes sensoriales de la gran ciudad americana y la estancia en Cuba impregnaron Poeta en Nueva York (1929-1930); y, hagamos memoria, fue cuando se hizo compadre de su comadre Argentinita como padrinos en el bautizo del hijo de Federico de Onís; y, recordemos más,  cuando consiguió que Ignacio Sánchez Mejías diese la conferencia El pase de la muerte en la neoyorquina Universidad de Columbia.

     Salazar ya fue avisado de la hospitalidad de los Quevedo por Alejandro García Caturla[i]. Aquí lo que nos interesa es el origen del nombre de la revista Musicalia. De los Quevedo se ha ocupado Ignacio García-Noblejas[ii] y únicamente nos referiremos parcialmente, sobre todo, en lo referente al carácter amable de estos españoles, coruñesa y manzanareño, en La Habana.


La Primera Guerra Mundial. "Política exterior"

     Dentro de la Edad de Plata de la cultura española hay que destacar que la música tuvo su edad áurea gracias a intelectuales que promocionan en medios de comunicación sus conocimientos en la crítica musical. Es el caso de Julio Gómez en El Liberal, Juan José Mantecón en La Voz, y, sobre todos, Adolfo Salazar en El Sol, periódico en el que colaboraron Gustavo Pittaluga y Rodolfo Halffter, además del alma mater intelectual del diario, José Ortega y Gasset.

     Entre los debates dialécticos que se suscitaron destaca el que se produce entre los favorables a la música romántica dominante y la nueva música, contraria a los románticos, que representaban Debussy, Falla, Stravinsky y Ravel. Había también un trasfondo político inserto en la neutralidad española durante la Primera Guerra Mundial. Wagner y Strauss, lo establecido, eran defendidos por los germanófilos, seguidores de austriacos y alemanes, y los aliadófilos, seguidores de franceses e ingleses, defendían la nueva música de Ravel y Falla. La importancia de este debate hizo que se produjera la intervención de José Ortega y Gasset, reconocido aliadófilo[iii].

     Y es en 1921, cuando en dos entregas escribe Musicalia en El Sol. Musicalia aparecerá posteriormente (1921) en el tomo III de El Espectador, como elaboración previa de La deshumanización del arte (1925). El Espectador nació con la intención de convertirse en una revista unipersonal del filósofo, que debido a sus múltiples quehaceres se fue convirtiendo en una obra de ocho tomos. Mostraba la curiosidad de Ortega ante cuanto acontecía en el mundo y lo redactaba con una prosa llena de metáforas, durante sus viajes, y llena de reflexiones filosóficas. Y en esta prosa ejercía una fina crítica literaria y artística[iv].

     Comenzaba Musicalia[v] señalando que el público de los conciertos seguía aplaudiendo a Mendelssohn y desaprobando a Debussy por la poca popularidad de la música francesa. Creía que el público odiaba lo nuevo por el hecho de serlo. Pero que, si algo había valido sobre la tierra, había sido hecho por unos pocos hombres en contra de la ignorancia y el rencor de las gentes.

     Es ese público que ayer silbaba a Wagner y con la nueva música, silba a Debussy. Ortega se cuestionaba por qué con Wagner la gente había cambiado con el tiempo. ¿Ocurriría igual con Debussy? El músico alemán había dejado de ser novedoso y sus óperas eran un triste tratado de Geología, y, por ello, era aclamado. Si todo lo nuevo es impopular, hay cosas que lo siguen siendo incluso llegadas, como, por ejemplo, la vejez, decía Ortega, con un fino sentido del humor.

    Y hay músicas, ideas, actitudes morales conminadas a conservar ante las muchedumbres una irremediable virginidad. Hay culturas enteras, decía Ortega, que son impopulares.

     Utilizaba comparaciones entre las culturas asiáticas, donde observaba que no había apenas principios que no fuesen comunes al erudito y al vulgo, y la cultura europea, donde esa distancia sí era evidente. Desde sus primeros tiempos; y ponía como ejemplo la homérica Iliada, únicamente cantada en fiestas cortesanas durante siglos. De ahí nace la hostilidad imperecedera del vulgo a la minoría creadora.

     Dentro de nuestra propia cultura ha sido distinto el índice de popularidad de las creaciones humanas. En 1921, Ortega manifestaba que la Matemática y la Física no eran populares por incomprendidas. Ponía el ejemplo de Einstein, cuyas ideas eran solamente comprendidas por unas docenas de personas en todo el planeta. Más aún, es difícil lo que no comprendemos, ya que es intrincado o complicado. Pero eso no es dificultad: es que no ha sido explicado. Y ahí está el quid de la impopularidad de Debussy.

     La música de Debussy es pariente del simbolismo poético y del impresionismo pictórico (Hoy nosotros, tal vez, haríamos alguna revisión crítica a esta percepción). La música de Debussy ofrecía la mejor ocasión para indicar en qué consistía. Era menos intrincada que Beethoven y Wagner, de complicadas arquitecturas y se hacía difícil al vulgo porque no era conocida. Era impopular.

     Ortega creía que el arte era expresión de sentimientos, emociones. Pero no solo estos dos aspectos. Cuando se habla de música, cuando se cambia de estilo musical, esta que es sentimental, pasa de expresar sentimientos de una clase a expresar sentimientos de otra.

     Si en la Sexta de Beethoven  se expresan los sentimientos de la clase burguesa, La siesta del fauno de Debussy expresaba los sentimientos estéticos del artista, sus emociones. Las de Claude Debussy. Y de ahí su impopularidad.

     Y aquí entra el análisis más político de Ortega porque señala que la sociedad burguesa, nacida de las revoluciones liberales francesas y atlánticas que nos trajeron los derechos de los ciudadanos, fracasará en su ensayo de democracia si no le agrega una proclamación de obligaciones. De esta falta de obligaciones acusa a los románticos.

     Hacemos aquí un paréntesis en el ensayo orteguiano de Musicalia, que remataremos en otra entrega, para señalar que para Ortega las funciones espirituales o de cultura eran también funciones biológicas. No eran esferas separadas, sino una sola vida natural y reflexiva, donde lo reflexivo potencia la vida.

      Las diferentes formas de cultura tienen en común, producto de esa reflexión, el acto creador, aquello, dice Ortega, en el que se extrae el significado de algo que todavía era insignificante. Y lo que era vida espontánea y natural se convierte en algo objetivo, libre de arbitrariedad y capricho.

     La cultura tenía/tiene como meta suprema un ideal de claridad, de esclarecimiento de la vida, de esa la realidad radical que se nos da bajo la forma de vida individual. Y esto resulta casual y falto de significación. Es preciso extraer su espíritu, su sentido, su conexión y unidad. Y formar sobre estas una zona de vida ideal[vi]. (continuará).

José Ortega y Gasset





[i] SALAZAR, A.: Epistolario 1912-1958. Edición de Consuelo Carredano. Fundación Scherzo/ publicaciones de la Residencia de Estudiantes. Instituto Nacional de las Artes Escénicas y la Música. Madrid. 2008. Carta de Alejandro García Caturla a Adolfo Salazar antes de su viaje a Cuba en 1930. Volvió a visitar la isla de Cuba en 1937. Reseña 6-11-25 Archivo Museo Sánchez Mejías.

[ii] GARCÍA-NOBLEJAS SANTA-OLALLA, I.: Antonio Quevedo y Sánchez, un manzanareño en Cuba. Océano Atlántico. Guadalajara. 2025.

[iii] OLIVER GARCÍA, J. A.: Ortega en el debate entre romanticismo y nueva música. Temas para la educación, Revista digital para profesionales de la enseñanza. Federación de enseñanza de CC.OO. de Andalucía. Núm. 20. Mayo, 2012.

[v] ORTEGA Y GASSET, J.: Musicalia en El Sol, 8 de marzo de 1921.

[vi] SÁNCHEZ MECA, D.: Historia de la filosofía moderna y contemporánea. Dykinson. Madrid. 2010. Páginas 631-672.   


23-12-2025 22:52 Actualizado 27-12-25 18:31

Adolfo Salazar en Cuba (1)

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