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| José María Blanco White |
Tres días después de la carnicería, una esquela de un amigo íntimo me hizo atravesar casi toda la ciudad; pero aunque tuve que caminar por las calles principales el número de madrileños con que me encontré no pasó de seis, hablando al pie de la letra. En todas las calles y plazas de alguna importancia había fuertes retenes de infantería francesa. Los soldados estaban echados en el suelo con las armas al lado, a excepción del centinela, que paseaba de un lado a otro a corta distancia de sus compañeros. Cierto orgullo mortificado se unía al sentimiento de inseguridad que experimentaba cada vez que me acercaba a estos grupos de soldados extranjeros, que habían convertido Madrid en un desierto. Cuando tenía que pasar junto a ellos, me iba al otro lado de la calle sin levantar la vista del suelo. Una vez se me ocurrió mirar a un suboficial —creo que era sargento— que llevaba la cruz de la Legión de Honor, y el francés interpretándolo como un insulto, me llenó de improperios y amenazas en el lenguaje más grosero. La Puerta del Sol, el salón favorito del pueblo madrileño, se había convertido en el campamento de una división francesa de Caballería e Infantería y habían colocado dos cañones de doce libras apuntando en la dirección de las calles principales que desembocaban en la plaza. Todas las tiendas estaban cerradas, y no se oían otras voces que aquellas que herían los oídos con su acento extranjero.
Carta duodécima. José María Blanco White.
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La Gazeta de Madrid había quedado en manos francesas. Desde principios de junio la Gazeta de Sevilla actúa como órgano oficioso de la Junta Suprema trasladada de Madrid a Sevilla. En ella se publicarán las proclamas, bandos, alocuciones y edictos de la Junta. Recogerá también noticias de operaciones militares que ponen su imagen en la batalla de Bailén como momento destacable.
Desde que supimos la insurrección de la España contra el tirano universal, diximos que el aguero era favorable. La masa de la nación tiene virtudes y valor; y puede dirigirse con seguras esperanzas a la libertad de su patria. Las relaciones publicadas en los papeles franceses de la superioridad del exército de Murat, son muy exageradas y solo podrán medrentar a los cobardes. Las noticias de todas las provincias del reyno anuncian que el pueblo desea ardientemente ocasiones de combatir a sus enemigos.
Ya el fuego sagrado del patriotismo ha inflamado los guerreros españoles del exército de Dinamarca; se dice que ya han venido a las manos muchas veces con las tropas francesas en el Holstein y en la isla de Fionia. El regimiento de Cataluña, que está en Niburg, se ha declarado tan abiertamente, que ha sido preciso retirar de allí los franceses.
Gazeta ministerial de Sevilla del sábado 16 de julio de 1808. Noticia desde Gran Bretaña. Londres, 10 de junio. Número 14, 105.
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Había corrido el alboroto de la Sierra hasta La Mancha, y el 5 de junio los vecinos de Santa Cruz de Mudela, arremetiendo a unos 400 franceses que había en el pueblo y matando a muchos, obligaron a los demás a fugarse camino de Valdepeñas. En esta villa opusiéronse los naturales al paso de los enemigos, y estos, para esquivar un duro choque, echando por fuera de la población, tomaron después el camino real, aguardando a un cuarto de legua, en el sitio apellidado de la Aguzadera, a ser reforzados. No tardó, en efecto, en llegar en el mismo día, que era el 6 de junio, el general Liger-Belair, procedente de Manzanares, con 600 caballos, e incorporados todos, revolvieron sobre Valdepeñas...
...Para que con más desembarazo pudiera este jefe efectuar el movimiento retrogrado, dirigió aquel sobre Manzanares al general Cobert con su división, en la que estaba la brigada de coraceros que había en España. Mas Dupont, ya fuese por temor de su posición, o ya deseos de conservarse en Andalucía, ordenó a Corbert que se le incorporase, y este se sometió a dicho mandato después de dejar un batallón en Manzanares y otro en Puerto del Rey...
... Al paso que con las victorias de Bailén fue en las provincias colmado el júbilo, y, universal y extremado el entusiasmo, se consternó y cayó postrado el gobierno de Madrid. Empezó a susurrarse tan grave suceso en el día 23 (julio). De antemano y varias veces se había anunciado la deseada victoria como si fuera cierta, por lo que los franceses calificaban la voz esparcida de vulgar e infundada., Sacóles del error el aviso de que un oficial suyo se aproximaba... Según lo convenido en la capitulación, un oficial francés, escoltado por la tropa española, debía en persona comunicarlo al duque de Rovigo, general en jefe del ejército enemigo, y ordenar también, en su tránsito por la Sierra y Mancha, a los destacamentos apostados en la ruta, y que formaban parte de las divisiones rendidas, ir a juntarse con sus compañeros, ya sometidos, para participar de igual suerte. Cumplió fielmente Mr. de Viloutreys con lo que se le previno, y todos obedecieron, incluso el destacamento de Manzanares. Fue el de Madridejos el que primero resistió a la orden comunicada... (Mr. de Viloutreys era el oficial que comunicó la derrota y las condiciones)...
(Diciembre de 1808) Habían contado algunos con que Toledo haría resistencia; mas desapercibida la ciudad y cundiendo por sus hogares el terror que esparcían la rota y dispersión de los ejércitos, abrió el 19 de diciembre sus puertas al vencedor...
Ciertos y contados pueblos ofrecieron la imagen de la más completa anarquía, atropellando y asesinando pasajeros... Por Ciudad Real pasaba preso a Andalucía D. Juan Duro, canónigo de Toledo... ni su estado, ni su dignidad, ni sus súplicas le guarecieron de ser bárbaramente asesinado... Malagón... la misma suerte cupo... a D. Miguel Cayetano Soler, ministro de Hacienda de Carlos IV...
Otras poblaciones... detuvieron y escarmentaron a los invasores. Señalóse la villa de Villacañas... Varias partidas de caballería enemiga, que quisieron penetrar por sus calles, fueron constantemente rechazadas en diferentes embestidas que dieron en los días del 20 al 25 de diciembre... cuya población quedó, durante algún tiempo, libre de enemigos, en medio de La Mancha, inundada de sus tropas.
Estas, antes de terminar diciembre, se habían extendido hasta Manzanares, y amagaban aproximarse a las gargantas de Sierra Morena... Las juntas... vista la dispersión de los ejércitos, y en dudas del paradero de la Central, trataron de reunirse en La Carolina, enviando allí dos diputados de cada una que las representasen... pero la Central, fuese previsión o temores de que se le segregasen estas provincias, había comisionado a Sierra Morena al marqués de Campo Sagrado... con orden de promover los alistamientos y de poner en estado de defensa aquella cordillera. El 6 de diciembre ya se hallaba en Andujar, como asimismo el marqués del Palacio, encargado del mando en jefe del ejército que se reunía en Despeñaperros, habiendo sido antes llamado de Cataluña...De Sevilla enviaron los útiles y cañones necesarios para fortificar la sierra, adonde también, y con felicidad, retrocedieron desde Manzanares catorce piezas que caminaban a Madrid. Por este término se consiguió, al promediar diciembre, que en La Carolina y contornos se juntasen 6.000 infantes y 300 caballos, cubriéndose y reforzándose sucesivamente los diversos pasos de la sierra...
(Febrero de 1809) Era el de Alburquerque (duque) mozo valiente... Encaminóse por Ciudad y el país quebrado y de bosque espeso llamado La Gualdería, y se acercó a Mora, que ocupaba con 500 a 600 dragones franceses el general Dijon. Aunque, por equivocación de los guías, y cierto desarreglo...no había llegado aún toda la gente de Alburquerque...determinó este atacar a los enemigos el 18 de febrero; lo cuales, advertidos por el fuego de las guerrillas españolas, evacuaron la villa de Mora, y sólo fueron alcanzados camino de Toledo. Acometiéronlos con brío nuestro jinete, señaladamente los regimientos de España y Pavía...y acosándolos de cerca, se cogieron unos 80 hombres, equipaje y el coche del general Dijon.
Avisados los franceses de las cercanías de tan impensado ataque, comenzaron a reunir fuerzas considerables, de lo que temeroso Alburquerque, se replegó a Consuegra, en donde permaneció hasta el 22... se descubrieron los franceses por la llanura que yace delante de la villa, y desde las nueve... estuvo jugando de ambos lados la artillería, hasta las tres de la misma tarde. Sabedor Albuquerque de que 11.000 infantes y 3.000 caballos venían sobre él, creyó prudente replegarse por la cañada del puerto de Jineta. No siguió el enemigo, parándose en el bosque de Consuegra, y los españoles se retiraron a Manzanares descasadamente. Infundió esta excursión, aunque de poca importancia, seguridad en el soldado...
(Julio-agosto 1809)... En tanto José pensó en hacer frente al general Venegas, que por su parte había puesto en gran cuidado a la corte intrusa, adelantándose al Tajo en 23 de julio, al tiempo que el general Sebastiani retrocedió a Toledo. Era el ejército de D. Francisco Venegas de los mejores acondicionados de España... El 27 de julio dispuso el general Venegas que la primera división pasase a Mora, cayendo sobre Toledo, al paso que él se trasladaba a Tembleque con la cuarta y quinta, y avanzaban a Ocaña la segunda y tercera. Ejecutóse la operación, yendo hasta Aranjuez en la mañana del 29...
En tal situación, parecía natural que Venegas se hubiera metido en Madrid, desguarnecido con la salida de José via de Talavera. Aguijón era para ello el nombramiento...día 29...de la Central, encargándole interinamente el mando de Castilla la Nueva, con prevención de que residiese en Madrid...
Permanecía así incierto, cuando el 3 de agosto le avisó D. Gregorio de la Cuesta cómo se retiraba de Talavera. Con esta noticia parecía que quien se había mostrado circunspecto en momentos favorables sería ahora mucho más... Pero no fue así, pues en vez de retirarse, tomó el 5 disposiciones para defender el paso del Tajo...
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| Batalla de Almonacid (11-8-1809). IGN |
Los franceses se presentaron en la ribera derecha a las dos de la tarde del mismo 5, y empezaron por atacar la izquierda española, colocada en el jardín del infante D. Antonio, acometiendo después los tres puentes. A todas partes acudía el general Jiron con admirable presteza, y en particular a la izquierda, apoyando sus esfuerzos los generales Lacy y Vigodet... Los franceses, viendo la porfía de la defensa, abandonaron al anochecer su intento. Perdimos 200 hombres; los enemigos 500, estando más expuestos a nuestros fuegos...
En la creencia de que los franceses sólo eran 14.000, repugnábale a D. Francisco Venegas desamparar La Mancha, inclinándose a presentar batalla. Oyó, sin embargo, antes la opinión de los demás generales...se acordó atacar a los franceses el 12, dando descanso el 11... Mas en este día previnieron los enemigos...trabando la acción a la madrugada.
Componíase la fuerza francesa del cuarto cuerpo, al mando de Sebastiani, y de la reserva, a las órdenes de Dessoles y de José en persona... 26.000 infantes y 4.000 caballos. Situáronse los españoles delante de Almonacid...
Empezó a atacar el general Sebastiani... dirigiéndose contra la izquierda española. Vióse...comprometido un cuerpo de la primera división... Inútilmente fue a su socorro el general Jiron, hasta que desplegando al frente de las columnas enemigas D. Luis Lacy, con lo restante de su primera división contuvo a aquellas, y las rechazó, apoyado en la caballería.
A la sazón llegó el general Dessoles con parte de la reserva francesa, y animando a los soldados de Sebastiani, renovóse con más ardor la refriega... acometidas la cuarta y quinta división española...
Entre tanto, acudió José con el resto de la reserva al campo de batalla, y rota la quinta división, que ya había flaqueado, penetraron los franceses hasta el cerro del castillo, al que subieron después de una muy viva resistencia. Llegó con esto a ser muy crítica la situación del ejército español, en especial la gente de Lacy, por lo cual Venegas juzgó prudente retirarse...
No bastó tan oportuna precaución para verificar la retirada ordenadamente, pues asustados algunos caballos con la voladura de varios carros de municiones, dispersáronse e introdujeron desorden. De allí, no obstante, con más o menos concierto, dirigiéronse todas las divisiones por distintos puntos a Herencia, y en seguida a Manzanares. En esta villa, corriendo entre la caballería la voz falsa y aciaga de que los enemigos estaban ya a la espalda de Valdepeñas, desrancháronse los soldados, y de tropel y desmandadamente no pararon hasta Sierra Morena, en donde, según costumbre, se juntaron después y rehicieron. Costó a los españoles la batalla de Almonacid 4.000 hombres, unos 2.000 a los franceses...con razón asiente Montesquieu, no suelen ser lo más funesto las pérdidas reales que en ellas se experimentan, sino las imaginarias y el desaliento que producen...
José María Queipo de Llano y Ruiz de Saravia fue el VII conde de Toreno. Nació en Oviedo el 27-9-1786. Aficionado a la lectura desde joven, se contaba que era de despierta inteligencia y carácter enérgico. Leyó a los clásicos y a los pensadores ilustrados. Hablaba francés e inglés. Su vida pública comienza con el decisivo año de 1808, cuando los actos de principio de mayo le hacen incorporarse a la Junta General del Principado de Asturias, que se declaró soberana para entrar en guerra con Napoleón. Envió unos delegados a Londres, entre los que estaba Toreno, para conseguir el apoyo británico en la lucha contra el invasor. A su vuelta, se traslada a la Junta Central y, poco después, participa en las Cortes de Cádiz, donde fue su diputado más joven y más radical. Acabada la guerra en 1814, se exilia en Londres y se entera de la condena a muerte y confiscación de bienes que le impuso Fernando VII. De Londres a París. Allí es detenido durante dos meses por la posible colaboración en la conspiración de Porlier, su cuñado.
Durante su exilio escribió un pequeño libro en defensa de las Cortes de Cádiz, esbozo de lo que sería la Historia del levantamiento, guerra y revolución de España. En 1835, de la imprenta Jordán, se publicaron los primeros dieciocho libros, recogidos en cuatro tomos. En 1837 publica el V tomo final, libros 19 a 24. Además del desarrollo de la guerra, cuenta los importantes sucesos políticos de 1813-1814, como la abolición del Tribunal del Santo Oficio, los trabajos de las Cortes y la reacción absolutista ante la Constitución de 1812 por Fernando VII.
Contemporáneo de los hechos, aquí hemos reflejado aquellos que se desarrollaron en sus inicios en La Mancha, y con más detalle, aquellos en los que tuvo presencia Manzanares, como escenario histórico.
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El sol no tardó en salir, aclarando el país y haciendo ver que no estábamos en Moravia, como vamos de Brunn a Olmutz, sino en La Mancha, célebre tierra de España.
El pueblo donde paramos a eso de las ocho de la mañana era Villarta, y dejando allí nuestros machos, tomamos unas galeras que en nueve horas nos hicieron recorrer las cinco leguas que hay desde aquel pueblo a Manzanares... Cuando entrábamos en esta villa al caer la tarde, distinguimos a lo lejos una gran polvareda, levantada al parecer por la marcha de un ejército, y dejando los perezosos carros, entramos a pie en el pueblo para llegar más pronto y saber qué tropas eran aquellas y a dónde iban.
Allí supimos que eran las del general Ligier-Belair que iba en auxilio del destacamento de Santa Cruz de Mudela, sorprendido y derrotado el día anterior por los habitantes de esta villa. En la de Manzanares reinaba gran inquietud; y, una vez que los franceses desaparecieron, ocupábanse todos en armarse para acudir a socorrer a los de Valdepeñas, punto donde se creía próximo un reñido combate. Dormimos en Manzanares, y al siguiente día, no encontrando ni cabalgaduras ni carro alguno, partimos a pie para la venta de Consolación, donde nos detuvimos a oír las estupendas nuevas que allí se referían.
Transitaban constantemente por el camino paisanos armados con escopetas y garrotes, todos muy decididos, y, según la muchedumbre de gente que hacia Valdepeñas acudía, en Manzanares y en los pueblos vecinos de Membrilla y La Solana no debían de quedar más que las mujeres y los niños...
Al punto comprendimos que el interior del pueblo (Valdepeñas) se defendía heroicamente, y que el plan de los franceses consistía en apoderarse de los extremos, incendiando todas las casas que no pudiera ocupar. De cuando en cuando, un estruendo espantoso indicaba que alguno de los endebles edificios de adobes había venido al suelo, y el polvo se confundía en los aires con el humo. los escombros sofocaban momentáneamente el fuego; pero este surgía con más fuerza, cundiendo a las casas inmediatas. Al fin pareció que todo iba a cesar, y, según dijeron los que estaban cerca, habían salido del pueblo algunos hombres a conferenciar con el general francés. Mucho tiempo debieron de durar las conferencias, porque no vimos que estos se retiraran ni que concluyese el ruido y algazara en el interior; pero al cabo de largo rato un movimiento general de la multitud nos indicó que algo importante ocurría. En efecto: los franceses, replegando sus caballos en la calzada, retrocedían hacia Manzanares...
Franceses y españoles se habían destrozado unos a otros con implacable saña; pero al fin, aquellos creyeron prudente retirarse, como lo hicieron, no parando hasta Madridejos...
(Los inicios de la guerra de la Independencia en La Mancha según "Bailén", novela de Benito Pérez Galdós, obra de 1873). ----- ----- ----- Luego fue el furor y estruendo, la turbamulta y el caos de las convulsiones colectivas. Cargaban los mamelucos, cargaban los coraceros, cargaban los guardias polacos sobre una multitud que respondía al arma blanca, con aquellas mujeres, aquellos hombres que se arrimaban a los caballos para cortarles los ijares a navajazos. Gentes envueltas por pelotones que desembocaban por cuatro calles a la vez, se metían en las casas o se daban a la fuga, saltando sobre tapias y tejados. De las ventanas llovían leños encendidos, piedras, ladrillos; derramábanse cazuelas, ollas de aceite hirviente sobre los atacantes. Uno tras otro iban cayendo los artilleros de un cañón, sin que la pieza dejara de disparar —con la mecha encendida por hembras enrabecidas cuando ya no quedaban hombres para hacerlo—. Reinaba en todo Madrid, la atmósfera de los grandes cataclismos, de las revulsiones telúricas —cuando el fuego, el hierro, el acero, lo que corta y lo que estalla, se rebelan contra sus dueños—, en un inmenso clamor de Dies Irae... Luego vino la noche. Noche de lóbrega matanza, de ejecuciones en masa, de exterminio, en el Manzanares y Moncloa... Aquella noche de un comienzo de mayo hinchaba sus horas en un transcurso dilatado por la sangre y el pavor.
(Alejo Carpentier, El siglo de las luces)
Manzanares 5-5-2026 19:51, actualizando 10-5-26. 22:27