Urdimbre y trama

Cultura y sociedad

Hace cien años, el viaje en tren de Alfonso XIII

Alfonso XIII. Museo Sorolla.

 

 

     Hace cien años, entre el treinta de noviembre y el dos de diciembre de 1926, el rey Alfonso XIII se alojó en el palacio de los marqueses de Salinas de Manzanares por invitación del esposo de la marquesa, Manuel González de Jonte, que había sido profesor del príncipe de Asturias. La intención del rey era cazar en el coto que Manuel González de Jonte y Corradi tenía en las cercanías de Villanueva de los Infantes. El punto de vista que se ofrece, en su mayoría, es el viaje a Manzanares y la vuelta a Madrid en tren según la prensa madrileña. Las jornadas de caza son un complemento en este caso. 

     In memoriam por los afectados por los accidentes de Adamuz y Orgaz de 2026.

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     Anoche, a las nueve y media, llegó a Palacio D. Alfonso, de regreso de su cacería en Manzanares[1].

     Para recibir al monarca acudieron a la estación madrileña el jefe de Gobierno, el ministro de la Gobernación general Martínez Anido; el alcalde de Madrid, conde de Vallellano; el gobernador civil, señor Semprún; el jefe superior de Policía, D. Valeriano del Valle; D. Blas Sorribas, inspector general de Caminos, y el coronel de Seguridad, sr. Tirel.

     El convoy regio llegó con retraso. Por este motivo, el general Primo de Rivera, que tenía que asistir a una fiesta organizada en casa de los duques de Parcent, se hubo de marchar y delegó su representación en el ministro de la Gobernación.

     En las proximidades de Getafe, en el kilómetro 14, se detuvo el tren que trasladaba al rey, por la rotura de los enganches del coche salón en donde viajaba Alfonso XIII.

     Detenido el tren, se trasladó al monarca y sus acompañantes a un vagón de primera para que continuasen el viaje a Madrid, a donde llegó con media hora de retraso. Las unidades que no pudieron continuar el viaje permanecieron en Getafe hasta que fueron auxiliadas por una máquina que llegó de Madrid.

      Con el rey viajaban el infante don Alfonso de Borbón, el príncipe don Gabriel de Borbón[2], el duque de Santoña e hijo, el marqués de Someruelos, el conde de Maceda y don Sebastián García Guerrero.

      Cuando el don Alfonso llegó a Madrid, saludó a las personas que le esperaban, se mostró satisfecho del viaje realizado y poco después se dirigió a Palacio en automóvil en compañía de su primer montero, el conde de Maceda[3].

     El rey volvió en el rápido de Andalucía muy satisfecho de las cacerías que había celebrado en Manzanares[4].

     Hubo periodistas que consideraron que el tren llegó con bastante retraso. Se comentó que el jefe de estación entró en la sala de espera de Madrid, donde recibirían al rey el presidente del Consejo y sus acompañantes, para informarles de la avería producida en Getafe. No había ocurrido ninguna desgracia. Eso sí, eran necesarias las maniobras de desenganche de los vagones rotos y la habilitación de un vagón de equipajes adicional al que se preparaba para el monarca, acompañantes y algunos viajeros. El tren llegó finalmente a las diez y cinco. A la llegada, el rey informó a las personas que esperaban sobre el accidente que había ocurrido, quitando importancia al hecho porque habían sido advertidos oportunamente. Alfonso XIII se mostró contento con los días pasados en Manzanares, Villanueva de los Infantes y otros pueblos de la zona que habían visitado por el cariño del que fue objeto[5].

     La cacería se había desarrollado en el coto de Los Hoyuelos, donde se habían cazado setecientas veinticinco piezas el primer día, en medio de un tiempo invernal. Allá donde iba, el rey era muy agasajado[6].

     El segundo día, el rey volvió a salir en dirección a la casa del coto de Los Hoyuelos a las ocho de la mañana y regresó a las cuatro de la tarde sin haber podido cazar por el temporal de nieve. A las siete, el Ayuntamiento de Manzanares organizó un vino de honor y recibió después a diversas comisiones. Debido a las inclemencias del tiempo invernal, no saldría al campo al día siguiente, por lo que aprovecharía para visitar con detenimiento la población. Como hemos mencionado, el rey volvió en el anochecer del día 2 de diciembre. Sobre el desarrollo de su estancia en Manzanares y la cacería habló por teléfono con el presidente del Consejo. En esas fechas, la Compañía Telefónica Nacional de España estaba construyendo nuevas líneas interurbanas que le permitían establecer rápidas comunicaciones entre Madrid y una serie de localidades, entre ellas, Manzanares, donde se encontraba Alfonso XIII[7].

     El rey había sido recibido en Manzanares con muestras de cariño. Se habían iluminado las calles y se levantaron varios arcos de triunfo. Se alojó en el domicilio del señor Jonte, quien le había invitado a cazar en unos días de frío intensísimo[8]. A pesar de la temperatura y la nieve, el primer día pudieron cazar y almorzar en el coto. El rey tenía afición y habilidad para la caza. El regreso se realizó a las siete de la tarde. Cuando pasaron por Villanueva de los Infantes, el rey se detuvo a tomar el té porque le invitaron los infanteños[9].

     El rey viajó en tren con la intención de cazar hasta el día 2 de diciembre en la finca Los Hoyuelos, en el término de Villanueva de los Infantes. El coto de caza era propiedad de quien había sido profesor del príncipe de Asturias, don Manuel de Jonte. Como hizo el viaje en tren, al salir de Madrid, fue despedido por el director de Ferrocarriles, el general Bazán, entre otras personalidades como el alcalde y el ministro de Gobernación[10]. El rey subió de pasajero en el rápido de Algeciras[11].

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     Comentario final:

     La prensa madrileña informó del viaje del rey tanto como del desarrollo de los días de cacería. Pudo influir el tiempo invernal con mucho frío y nieve. Los datos que se recogen del anfitrión de la visita real a Manzanares cambian según el medio de información. Manuel González de Jonte es renombrado como señor Ponte por El Imparcial, señor Gonte por El Liberal y señor Jonte por El Sol. Villanueva de los Infantes es nombrada Infantes y la Finca Hoyuelos aparece como Los Hoyuelos o coto de Hoyuelos o coto los Hoyuelos.


Anuncio publicitario de Compañía Telefónica Nacional de España. 2-12-1926.

     Sobre la comunicación del rey con Primo de Rivera del transcurso de los días que pasó en Manzanares hay dos versiones. Según El Liberal, el rey telegrafió a Primo de Rivera como presidente del Consejo del Directorio. Según El Sol, el rey se comunicó por teléfono. Nosotros hemos optado por la opción telefónica por la continua publicidad insertada en los diarios del desarrollo de las líneas de comunicación de la Compañía Telefónica Nacional de España en esos días, sin poder confirmar cuál de las dos formas de comunicación fue realizada por el rey.


Casa de los marqueses de Salinas. Manzanares. Wikipedia.

 



[1] El Liberal, Madrid, 3 de diciembre de 1926.

[2] La Época, Madrid, 29 de noviembre de 1926

[3] El Imparcial. Madrid, 3 de diciembre de 1926.

[4] El Sol, Madrid, 3 de diciembre de 1926.

[5] La Época, Madrid, 3 de diciembre de 1926.

[6] El Imparcial, 2 de diciembre de 1926.

[7] El Sol, Madrid, 2 de diciembre de 1926.

[8] El Imparcial, Madrid, 1 de diciembre de 1926.

[9] La Época, Madrid, 1 de diciembre de 1926.

[10] El Imparcial, Madrid, 30 de noviembre de 1926.

[11] El Liberal, Madrid, 30 de noviembre de 1926.


     30 de octubre de 2026. 23:17. Actualizado 1-11-26, 12:26.

La crítica literaria de "Los lunes de El Imparcial"

 



     Gabriel Alomar Villalonga fue un poeta, prosista, ensayista, crítico literario y político nacido en Palma de Mallorca el 7 de octubre de 1873. Por su azarosa vida, falleció en 1941 en El Cairo. Se le ha relacionado con el modernismo catalán. Colaboró como crítico literario en El Poble Catalá y en El Imparcial.[1]  

     En su actividad política, intentó fusionar catalanismo y socialismo. Durante la II República fue elegido diputado por la Conjunción Federal Socialista de Mallorca, presidente de la Comisión Permanente de Instrucción Pública (1931) y embajador de España en Roma (1932-1934). En julio de 1937, fue nombrado ministro plenipotenciario de la II República en El Cairo, donde vivió y murió exiliado tras la guerra[2].

Gabriel Alomar. Ramón Casas. MNAC. Copia de Wikipedia.


     Nos fijamos aquí en la labor como crítico literario que desarrolló en El Imparcial, por la crítica cáustica que realiza del poemario Imagen de Gerardo Diego. Los lunes de El Imparcial fue el suplemento literario de este diario que se publicó entre 1874 y 1933. Estuvo dirigido por periodistas intelectuales como José Ortega Munilla e Isidoro Fernández Flórez. Fue la cima de los suplementos literarios de ese periodo por sus artículos de divulgación científica, crítica literaria, teatral, de arte y de creación[3].

     La crítica del 11 de julio de 1922 de Gabriel Alomar se publicó al final del suplemento tras un relato de creación de Cristóbal de Castro; la reproducción de la conferencia de Alberto Ghiraldo sobre El espíritu de rebeldía en la poesía popular argentina; el proyecto de monumento a los poetas americanos Rubén Darío y Amado Nervo; un relato de creación de una joven escritora, hoy olvidada, Magda Donato, titulado La rosa mágica; y Luis Astrana Marín escribiendo sobre las relaciones entre Quevedo y Francisco Manuel de Melo.

     ¿Qué dijo Gabriel Alomar sobre la poesía contenida en Imagen, escrita por Gerardo Diego?

     Que era un poeta intencionadamente funambulesco, de la rima en la rama. Lo tenía por buen versificador. Diego cumpliría en 1922 veintiséis años. Se encontraba en su época ultraísta. Alomar llama escarceos ultraístas que iban de un horror nativo a la solemnidad vacua. Le costaba trabajo comentar este tipo de poesía porque no pretendía prolongar el lirismo ni la vibración sentimental del poeta. Únicamente quería comunicar impresiones puramente sensitivas. Destacaba la poesía de las doce constelaciones del zodíaco como representativa. Nombre, imagen y mito unidos. Caprichosas fantasías del poeta. Sagitario lanzaba su flecha desde su galope de estrellas y su dardo era un contagio de inspiraciones. Así Gerardo Diego lanzaba su flecha. Su cohete al infinito[4].  

     Álvarez-Sala Moris, uno de sus antiguos alumnos en el Real Instituto Jovellanos, contaba en el especial que hicieron en la revista Aldaba de dicho instituto que su poesía creacionista no fue entendida en su momento. Diego contestaba: No quiero indicar nada, he querido tan sólo dar o producir impresión de algo plástico, algo moldeable en el lenguaje; tan sólo eso he pretendido.[5]

     Para que salgamos de dudas sobre este poemario, incluimos uno de estos poemas, titulado Tren. El reloj y el tren eran aficiones favoritas de Gerardo Diego, según contó en una conferencia que dictó en 1928 en el Centro Gallego de Montevideo, por el deseo paradójico de precisión y aventura, que se concretaba en vocaciones más intelectuales como la geometría y la cosmografía, junto con intermedios mitológicos, con preferencia en las constelaciones de Capricornio y Sagitario[6].

     Vamos, entonces, con el poema citado:

     TREN
     Venid conmigo
   Cada estación es un poco de nido
El alma llora porque se ha perdido
          Yo                   ella
         como               dos
     golondrinas        paralelas
Y arriba una bandada de estrellas mensajeras
El olvido
                      deposita sus hojas
                                         en todos los caminos
Sangre            Sangre de aurora
                  Pero no es más que agua
Agitando los árboles
            llueven
                       llueven silencios
                               ahorcados de las ramas[7]



[1] https://historia-hispanica.rah.es/biografias/2576-gabriel-alomar-i-villalonga

[2] https://historia-hispanica.rah.es/biografias/2576-gabriel-alomar-i-villalonga

[3] https://hemerotecadigital.bne.es/hd/es/card?sid=188939

[4] Los lunes de El Imparcial, en El Imparcial, Madrid, 11 de junio de 1922.

[5] Álvarez-Sala Moris, J. L.: Revista Aldaba, enero de 1989. Real Instituto Jovellanos de Gijón.

[6] DIEGO, G.: Obras completas, tomo IV. Conferencia en el Centro Gallego de Montevideo, 12 de octubre de 1928. Alfaguara y herederos de Gerardo Diego. Madrid. 1997. Nota 5-07-2023 Archivo Museo Sánchez Mejías.

[7] DIEGO, G.: Tren, poemario Imagen. Hay múltiples ediciones, como el tomo I de sus Obras completas de Alfaguara. Es obvio que a nosotros nos gusta la poesía de Gerardo Diego. 



      29-10-2026. 21:20. In memoriam de los fallecidos en Urda el 28-10-2026. Actualizado 30-10-2026. 11:13.

Adiós, ríos; adiós, fontes.

 

Mujeres en el arte. Estampa. Reportaje de Emilio Fornet. Fotos: Montaña.


      Como le indiqué en cartas anteriores, el de la cultura es uno de los oficios más costosos y menos satisfactorios. Es la razón del ahorro y control del gasto en las dietas. Le recomendé los bocadillos de mortadela porque usted había cogido gusto a pasar facturas de Rías Baixas, Ribera del Duero y Rioja. Y no digamos cuando empezó a darme discursos sobre las cualidades de los envejecidos y caros vinos de Jerez VORS. 

     Por Bizum ha recibido en el día de hoy las dietas de los viajes de los dos últimos años con una bonificación especial por la dedicación que pone en los empeños de este humilde escribano.

     Le agradezco el detalle que tuvo de traerme la Antología bilingüe de Rosalía de Castro, tras pasar por su casa museo. Las anotaciones al margen de su dura vida, sus partos y su marido me han servido de gran información. 

     Manuel Murguía, luego, de alguna manera, utilizó su legado en la causa, merecida, del renacimiento cultural del galleguismo. Su viudo fue editor del fenómeno literario Rosalía de Castro. 

    Le recuerdo que Rosalía ya fue cantada por Amancio Prada en la década de 1970. Hoy que las efemérides citan a las escritoras, y uno no es de efemérides ni días de, se acuerda de Rosalía de Castro. Como de otras que no consiguieron publicar en vida, o bien lo hicieron con pseudónimo y aún hoy en día son rechazadas porque se tienen prejuicios al género literario o la autora, sea cual sea.  

    Como sé que no tuvo tiempo de leer a Rosalía de Castro, le adjunto fragmentos de una de las poesías más conocidas y el enlace a la versión que hizo Amancio Prada. La selección, por tanto, será la letra de la versión musical: 

    Adiós, ríos; adiós fontes;
adiós, regatos pequeños;
adiós, vista de meus ollos;
no sei cándo nos veremos.
     Miña terra, miña terra,
terra donde me eu criei, 
hortiña que quero tanto,
figueiriñas que prantei,
     prados, ríos, arboredas,
pinares que move o vento, 
paxariños piadores,
casiña do meu contento.
     Muíño dos castañares, 
noites craras de luar, 
campaniñas trimbadoras
da igrexiña do lugar,
     amoriñas das silveiras
que eu lle daba ó meu amor,
camiñinos antre o millo,
¡adiós, para sempre adiós!
     ¡Adiós, groria! ¡Adiós, contento!
¡Deixo a casa onde nacín,
deixo a aldea que conoÇo
por un mundo que non vin!
    Deixo amigos por estraños, 
deixo, en fin, canto ben quero...
¡quén pudera non deixar...!
     Adiós, adiós, que me vou, 
herbiñas de camposanto
donde meu pai se enterrou, 
herbiñas que biquei tanto,
terriña que vos criou.
     Xa se oien lonxe, moi lonxe
as campanas de Pomar;
para min, ¡ai!, coitadiño, 
nunca máis han de tocar.
     Xa se oien lonxe, máis lonxe...
cada balada é un dolor;
voume soio, sin arrimo...
Miña terra, ¡adiós! ¡adiós!
     ¡Adiós, tamen, queridiña...!
¡Adiós por sempre, quizais...!
Dígoche este adiós chorando
desde a beiriña do mar.
     Non me olvides, queridiña, 
sin morro de soidás
tantas légoas mar adentro...
     ¡Miña casiña!, ¡meu lar!

     


     No olvide que Alfonso X el Sabio escribió las Cantigas en galaico-portugués porque era la lengua tradicional de la lírica y vivió parte de su juventud en esa tierra. Tampoco obviemos que unos gallegos, Golpes bajos, cantaban en los años ochenta de la movida Malos tiempos para la lírica, signo del finito futuro de los poetas. 

     No, no acabo la carta. Creo que es de justicia añadir a otra poeta. Rosalía muere en 1885 por un cáncer de útero y cuarenta y tres años después (1928) publica su segundo poemario Concha Méndez, Surtidor, un libro pionero, vanguardista, que plasma el nuevo universo abierto a la mujer moderna del primer tercio del siglo XX. Gran amante de los deportes, se ofrece aquí un pequeño poema llamado Nadadora:

     Mis brazos:
los remos.
     La quilla:
mi cuerpo.
     Timón:
mi pensamiento.
     (Si fuera sirena, 
mis cantos
serían mis versos).

     No. No es cuestión de efemérides. La razón es otra. Se motivó el interés al ver que la revista Estampa, que en marzo de 1934 publicaba reportajes con el título Mujeres en el arte. Al pasar las páginas, cuando cayeron en las manos de quien escribe estas letras, surgían los nombres de la pintora e ilustradora de revistas literarias Norah Borges, las escritoras Consuelo Valcárcel y Rosa Chacel y las pintoras Delhy Tejero, Rosario Velasco y Maruja Mallo.

     Lea, escriba, viaje, piense, hable... Sea paciente y, cuando quiera huir de la realidad, lea poesía. Aunque, como en los años ochenta, sigan siendo malos tiempos para la lírica. 

     19 de octubre de 2026. Tierras del Azuer.





     Referencias:

     CONCHA MÉNDEZ: Surtidor. Cuaderno de vigía. Madrid-Granada. 2018. Prólogo de Nieves Muriel.

      ROSALÍA DE CASTRO: Antología bilingüe. Introducción de Xesús Alonso Montero. Fundación Rosalía de Castro. Centro de Estudios Rosalianos. 2009. 

      Estampa. Revista ilustrada fundada por Luis Montiel. 17 y 24 de marzo de 1934.



19-10-2026 22:54 actualizado... 21-10-2026 7:47.



Cuando nada pasa en agosto

 



 
   

     En los calurosos veranos de los años treinta del siglo pasado, los diarios y las revistas solían informar de dónde veraneaban los políticos, cómo eran los estudiantes guineanos, cuán grande era la vitalidad impresionante de una centenaria con nueve hijos, cuarenta y cinco nietos y veinte bisnietos, cuáles eran los últimos éxitos cinematográficos y se publicaban novelas por entregas muy entretenidas.
     ¿Nada pasaba en los veranos de los años treinta del siglo pasado?
     Ocurrían sucesos truculentos como la apertura de una especie de campo de concentración en virtud de la Ley de Vagos y Maleantes. Y sucedían desgracias en las que se perdía la vida.
     El trece de agosto de 1934 fallecía el hijo menor de Alfonso XIII, Gonzalo, en accidente de automóvil cuando viajaba por Austria. Y ese mismo día falleció Ignacio Sánchez Mejías en Madrid tras una cornada recibida el 11 de agosto en Manzanares.
     Por esos días de verano, se publicaba en la revista Estampa una novela de Manuel Chaves Nogales titulada El maestro Juan Martínez que estaba allí. La novela sería publicada a principios de septiembre de 1934. Lo que hacía Estampa era la primicia de un avezado escritor, que había destacado como brillante periodista en Ahora, El Sol o El Heraldo de Madrid.





     La novela trataba de un bailarín que pasa del París de principios de siglo a ver la revolución soviética cuando intentaba probar suerte en la corte de los zares, con el ritmo ágil y culto de Chaves Nogales.
     ¿Y qué contaban de Ignacio Sánchez Mejías el 18 de agosto de 1934?
      Su fallecimiento a las diez de la mañana. Decían que tras Joselito y Belmonte no había en la generación actual una personalidad tan acusada. Que debía haber sido galeno y lo abandonó por los paseos por la Alameda de Hércules. Que se hizo hombre entre América y España y se había retirado en 1927. A los ruedos había vuelto en el verano de 1934, cuando parece que no pasaba nada. 
     Entre el 15 de julio y el 11 de agosto volvieron las palmas, el sol y la sangre a su vida y su muerte.
     Sus amigos y sus deudos decían que tenía más coraje que todos sus compañeros juntos, mientras lloraban la fatalidad del momento.
 



     Aunque ya se ha comentado en una reseña anterior, Estampa era una de las revistas que modernizará el periodismo gráfico español. Una de las razones para buscar la incompleta publicación que ha llegado de la novela publicada por entregas de Chaves Nogales son las ilustraciones que le acompañan. Su primer diseñador y director en los años de la dictadura de Primo de Rivera será Antonio González Linares. Esta publicación estará impulsada por Luis Montiel, a quien veremos también en Ahora, As y Semana.




Las imágenes han sido extraídas de la revista Estampa, 18 de agosto de 1934.




17-10-2026 19:46, actualizado 18-10-2026. 7:58.



Ciudadanos contemporáneos, 3: Duelo a garrotazos.

     

Duelo a garrotazos. Francisco de Goya. Museo del Prado.

 


     ¿Cómo era la Quinta del Sordo en 1823? Debieron impresionar las catorce escenas conocidas como Pinturas Negras. Decoraron dos habitaciones en las plantas baja y alta. Con esos pigmentos oscuros y negros. Ahora están en la sala 67 del Museo del Prado, pegando a la fachada de Murillo. Hay fotografías del conjunto realizadas en la Quinta del Sordo hacia 1873, en medio del Sexenio Democrático. ¿Quedaría algo del alma o el aire de don Francisco?

     Siempre nos fijábamos en el perro en medio de la nada. Últimamente miramos la escena que está a su izquierda. En el inventario del hijo de Goya se titulaba Dos forasteros. Imaginamos que era así porque era incomprensible que dos paisanos o conocidos se agrediesen con semejante saña.

     En la monografía de Charles Yriarte sobre Francisco de Goya se refiere a esta escena con el nombre Dos boyeros, a los que la tradición considera de origen gallego. En la Quinta del Sordo estaba en la planta alta. En el primer catálogo del Museo del Prado de 1900 recibió el título conocido: Duelo a garrotazos.[1]

     Lo más evidente, lo que nos preocupa, es la pelea. ¿Dos actores individuales? ¿Alegoría de la lucha fratricida entre los españoles? En 1823 era el enfrentamiento entre absolutistas y liberales. ¿Era demasiado pronto para la negociación, la mediación, el arbitraje? ¿La conciliación?

     Negociar siempre ha significado ceder en algo. El resultado es una satisfacción que no es completa. La escena del cuadro es dura. Dos personas con garrotes se aprestan a golpearse hasta el cansancio o la derrota. Los agresores están hundidos hasta donde la pierna se dobla en la rótula, como si estuvieran atados o empezaran a ser tragados por el fango. No pueden huir. ¿Morirán los dos?

     Hay quien cuenta que no están hundidos, que falta la parte inferior del cuadro que se perdió al trasladar las pinturas y se optó por rematar el suelo en color ocre.

     Los duelistas parecen luchar eternamente. Sus cuerpos destacan sobre un escueto o pobre paisaje. La escasa luz del cuadro hace pensar en el amanecer o en la llegada del anochecer, cuando todo parece morir.

     En 1823 acabó el Trienio Liberal. Se ajustició a Riego en tiempos de Fernando VII. Los liberales y afrancesados se exiliaron. Entre ellos, Francisco de Goya. Se ha querido ver el enfrentamiento entre las dos Españas que llega hasta la Guerra Civil de 1936. La intelectualidad siempre vio ese enfrentamiento, esa violencia innata del ser humano, que criticó la Ilustración, tanto como la discordia entre los hombres y la lucha fratricida.

     El duelo a garrotazos simboliza el primitivismo del ser humano. La satisfacción de los instintos más atávicos. Es la reacción en caliente ante las contrariedades de la vida, que puede ocultar un error[2]. Un error irreparable.

     En principio, estas pinturas fueron creadas para el disfrute privado. Carecían de vista exterior y respondían al gusto personal del artista. El paso del tiempo ha dotado a Duelo a garrotazos de lectura política relacionada con la historia de España, con hipótesis políticas, antropológicas y mitológicas.

     La lectura política comenzó casi de inmediato. Hemos comentado que es posible que falte la parte inferior del cuadro, a la altura de las rodillas de los duelistas. Que en su lugar hubiese hierba y no el fango que les inmoviliza. En la inicial, uno de ellos podía huir; en la obra repintada o restaurada, está hundido.

     Santos Juliá decía que uno de los rasgos que caracterizaban la identidad española era la oposición entre dos grupos irreconciliables. Goya ya presentó dos bandos irreconciliables en Carga de mamelucos o en El dos de mayo. Entendamos que era contra un invasor. Pero el motivo profundo es la violencia entre seres humanos. Cuando se pierde el dominio de sí.

     Valeriano Bozal dijo que era la muerte de dos personas que no pueden escapar a su destino terrible. Dos personas con ropajes que algunos dirían de pobres. Pero su lucha se eleva como algo trágico. Mortal.

     Se ha relacionado con las luchas de absolutistas y constitucionalistas, las guerras carlistas y la Guerra Civil de 1936. Si se pintó durante el Trienio Liberal, es producto del enfrentamiento entre los partidarios del absolutismo y los partidarios de la Constitución de 1812. Otros alargan la premonición hasta la Guerra Civil. Hay quien ha visto por su indumentaria que uno representa la mirada al pasado y otro, la mirada al futuro. Sin duda, es una obra que puede conectarse con la variada serie de conflictos históricos de España. Sirve de reflexión y tiene influjo en creadores artísticos del siglo XX.

     Antropológicamente, se ha visto como la lucha del bien y del mal. A Ramón Gómez de la Serna, los duelistas recordaban a los mendigos mutilados del Madrid de Goya. Mutilados y mendigos que aparecen en los dibujos de Goya. Pero no parece ser el cuadro de una pintura costumbrista. Toda la escena nos lleva a la discordia humana que se soluciona sin remedio con la muerte. Una disputa arraigada, eso sí, desde tiempos lejanos. ¿Un juicio de Dios? ¿Una destrucción recíproca?

     Nos hace reflexionar sobre la oposición entre dos actitudes humanas. La búsqueda de la verdad del duelista al que apreciamos la cara frente a la sinrazón del que la tiene oculta.

      Otro aspecto llamativo es la indeterminación del lugar donde se produce la disputa. Y esa indeterminación espacial hace intemporal el tema de la violencia. Como ahora los vemos sujetos por las piernas al fango y no a la hierba original, nos surge la duda de si, en vez de la lucha entre el Bien y el Mal, como no sabemos quién es cada uno, debemos redirigirlo al concepto de cainismo. Solo cainismo, no Caín y Abel. Los dos duelistas son cainitas. Manuela Mena dijo que Goya estaba obsesionado con el mal en sí. Mal que afecta a toda la naturaleza y es intemporal.

     ¿Por qué se decidió enterrarles en el fango? ¿Intervino el recuerdo del grabado de la empresa 75 de Empresas políticas (1640) de Saavedra Fajardo? En este grabado, ocho guerreros pelean con parte del cuerpo enterrado.

Empresas políticas, empresa 75, Diego de Saavedra Fajardo.


     La diferencia con el cuadro de Goya estriba en que, en un duelo, disputan dos personas y sus vestimentas no guardan relación con ningún ejército.

     Por otro lado, Empresas políticas pertenecían a un género literario doctrinal o pedagógico parecido al ensayo que parte de una máxima y una ilustración que luego es explicada y aplicada para la educación de príncipes y nobles. La empresa 75 tiene una máxima conocida: Quien siembra discordias cosecha guerras. Parece que Saavedra Fajardo tuvo de fuente de inspiración el capítulo VII de Metamorfosis de Ovidio, con una atribución dudosa a Medea, cuando era una acción de Jasón la siembra de los dientes de dragón de los que nacerían los guerreros que se enfrentan entre sí.

     Volviendo a las piernas enterradas o tapadas en la hierba. La reforma del cuadro fue realizada por Salvador Martínez Cubells. ¿Pudo ser quien se inspiró en Saavedra Fajardo? ¿Pudo sobrepasar sus funciones? ¿Pudo ser por comodidad? ¿Quiso reproducir las luchas tradicionales? No sabemos cuál.

     El tema mitológico aparece también en Saturno devorando a sus hijos y en Las Parcas.

     En realidad, todo nos hace volver hacia el tema del cainismo. A la tierra que determina la lucha entre congéneres humanos. A su tragedia y al perjuicio que caerá en todos. Si hay un perdedor, muere. Si hay un vencedor, elimina a un semejante. Caín.

     Goya pasó de lo costumbrista y luminoso a lo violento y oscuro. Y este punto de vista sobre la violencia es el que más ha influido en el arte moderno[3].

    




[1] https://www.museodelprado.es/coleccion/obra-de-arte/duelo-a-garrotazos/2f2f2e12-ed09-45dd-805d-f38162c5beaf

[2] CARLOS CID BABARO: Duelo a garrotazos en Una mirada laboralista a la pintura del Prado. Obra dirigida por SEMPERE NAVARRO, A. V. Colección de Derecho del Trabajo y Seguridad Social. Boletín Oficial del Estado. Madrid. 2020.

[3] MIGUEL ÁNGEL DE LA FUENTE GONZÁLEZ Y SANTIAGO SEVILLA VALLEJO: Tres hipótesis de “Duelo a garrotazos”, de Francisco de Goya. Acercamiento político, etnológico y mitológico en Revista de Folklore núm. 457. Marzo. 2020. Fundación Joaquín Díaz. 

    Otras referencias consultadas:

     - OVIDIO: Metamorfosis. Libro VII. Introducción, traducción y notas de Antonio Ruiz de Elvira. Bruguera. Barcelona. 1981-1984.

     - DIEGO DE SAAVEDRA FAJARDO: Empresas políticas. Empresa 75. Edición, introducción y notas de Francisco Javier Díez de Revenga. Planeta. Barcelona. 1988.



11-10-2026 Actualizado. 14-10-2026. 7:05

Subida al cielo


Subida al cielo, Luis Buñuel. 1951. Fotograma 



     En el epistolario de Manuel Altolaguirre se guarda un telegrama fechado el 14 de junio de 1955, que dice:

     El Teatro Nacional de Cine de Londres desea proyectar «Subida al cielo» para un público selecto dentro del ciclo de homenaje a Luis Buñuel, que él mismo presentará. Cinedis está dispuesta a prestar copias durante cuatro noches si usted da su autorización. Le agradeceríamos enormemente su consentimiento.

     Este telegrama fue remitido desde Londres por Karel Reisz a Manuel Altolaguirre, que entonces vivía en México. Subida al cielo fue una película dirigida por Luis Buñuel en 1951, con guion y producción de Manuel Altolaguirre. Sobre esta colaboración vamos a indicar varios puntos de vista.

     La versión de Román Gubern. 

     Según Gubern, Altolaguirre inicia su trabajo como guionista al recalar en México, con la adaptación de la novela La casa de la Troya (1947), que dirigió Carlos Orellana. En 1947 funda Producciones Isla, que repite el nombre de su editorial mexicana, pero dirigida a la producción de películas. Su primera película fue Yo quiero ser tonta (1950), dirigida por Eduardo Ugarte (La Barraca), con un guion de Arniches adaptado por Altolaguirre. A ella siguió Doña Clarines y El puerto de los siete vicios, ambas dirigidas por Ugarte. En la última, Altolaguirre era guionista y productor. Y en 1951 llegó Subida al cielo. El director era Luis Buñuel. Altolaguirre se encargaba de guion y argumento, pero surgió el problema de la escasez de presupuesto. El rodaje fue modesto y apresurado, donde se describe un accidentado y pintoresco viaje en autobús, aunque permite el lucimiento poético/surrealista de Buñuel con el edípico sueño del protagonista.

     La versión de James Valender.

     Según Valender, en agosto de 1951 se inicia el rodaje de la más prestigiosa de las películas de Producciones Cinematográficas Isla: Subida al cielo. Dirigida por Luis Buñuel, con argumento original de Altolaguirre y protagonizada por Lilia Prado, Esteban Márquez y Luis Aceves Castañeda, Subida al cielo fue presentada al año siguiente en el Festival Internacional de Cine de Cannes de 1952 y allí recibió el Segundo Premio Internacional de la Crítica. Tuvo tal éxito que la estrella del cine mexicano Dolores del Río se sintió obligada a atacar la película por su repercusión y la falta de mayores alturas estéticas. Juan de la Cabada, adaptador con Lilia Solano de los diálogos al contexto mexicano, hubo de salir a rebatir a la actriz con firmes argumentos.

     En declaraciones a Octavio Alba en mayo de 1952, Manuel Altolaguirre contó que la película estaba ambientada en el Estado mexicano de Guerrero. En un pintoresco pueblo, San Jerónimo, se daban unas bodas peculiares. Los novios solicitaban consentimiento a la madre de la futura esposa, ya que allí no había juez ni sacerdote, y los novios se marchaban en una barca adornada con flores a una isla. Pasaban allí la noche y, cuando regresaban, estaban casados. 

     Por la mala salud de la madre del novio, no pueden hacer el viaje a la isla y, en cambio, el novio debe hacer un viaje en autobús. En este viaje, Altolaguirre incluye sus recorridos en el cine ambulante. A ello, añadimos nosotros, la experiencia, tal vez, como director del teatro universitario La Barraca.

     El sello de Buñuel aparece especialmente en las escenas oníricas. El complejo edípico del novio. Se encuentra dividido entre el amor filial a su madre, el amor a su novia y la fuerte atracción sexual que despierta en él una joven que viaja en el autobús. Buñuel declaró en otra entrevista a Octavio Alba que la película era una fantasía experimental, donde quería alejarse de lo truculento o literario. Trataba de encontrar algo maravilloso en lo aparentemente trivial. En el estreno de la película no estuvo Manuel Altolaguirre, pero sí viajó a Francia por la participación en el certamen o la posible distribución de la película.

     Las cuentas como productor cinematográfico no fueron muy boyantes. Hay que reconocer que el balance de películas no es menor. Once películas como productor, veinticinco guiones que se tradujeron en nueve rodajes y cinco películas como director. Y no olvidemos su labor como exhibidor ambulante.

     Citamos aquí a Agustín Sánchez Vidal, que colaboró con James Valender en la edición de Las Islas Invitadas sobre Altolaguirre, referenciada al final. La razón de la estancia mexicana de los exiliados por la guerra civil española está contextualizada por un hecho adicional: la debilidad demográfica mexicana del momento frente a los Estados Unidos, reconocida por su presidente, Lázaro Cárdenas. También debilidad en sus cuadros profesionales. Entre 1939 y 1948 acogió a unos 21.000 exiliados españoles. Que no se integraron sin dificultades. En el cine, aún más. Buñuel, un reconocido director de cine, las tuvo. La razón estriba en el aumento de los costes de producción cinematográfica tras la 2.ª Guerra Mundial y la actuación de los sindicatos mexicanos que controlaban el acceso de actores, directores y guionistas. Al desarrollo del cine mexicano, Manuel Altolaguirre llega un poco tarde por su estancia previa en Cuba. Las dificultades que atravesó fueron publicadas en algún artículo de prensa. Sánchez Vidal, como Valender, señala que el mayor éxito de Altolaguirre fue su colaboración con Luis Buñuel en Subida al cielo. El viaje en autobús es el centro de la película y Buñuel supo dar personalidad a la película con las escenas oníricas. 

     No olvidemos la relación con el cine de los literatos del 27. Hemos contado en otras reseñas las anécdotas del pie de Vilma Banki o la visita de Keaton a España, especialmente la parada malagueña.

     En cuanto a Buñuel, muchos vieron una película rosa, pero la realidad es que el director aragonés buscó lo mágico en lo cotidiano, fiel a la estética surrealista. Valender nos cuenta que fue alabada por J. F. Aranda, historiador del cine, que vio que el surrealismo flotaba en una comedia de poesía límpida.

     La versión de Buñuel, Xifra y Fructuoso.

     En Mi último suspiro, Buñuel cuenta/recuerda el rodaje apresurado por problemas económicos y sindicales, que impidieron rodar escenas tal y como estaban concebidas, como la del entierro de la niña, que Altolaguirre había relatado en su obra Diario al aire libre, con la visión del director. En el recuerdo de Buñuel, el rodaje fue agradable. Su guionista era un viejo amigo de Madrid, Manuel Altolaguirre, casado en 1951 con una cubana riquísima. Toda la película se desarrollaba en el Estado de Guerrero, que Buñuel consideraba uno de los más violentos de México. 

     Buñuel se interesó mucho por la película, aunque no sabía si interesaría a los demás. Los incidentes del viaje eran tan anodinos que el director pensaba que no aguantarían hasta el final. Relata un aspecto de la realidad mexicana que, en el fondo, es pura ficción. Suprimiría episodios y nadie lo notaría. Un personaje desaparecería y nadie lo notaría. ¿Y el final? La casita es para... ¿Y qué? Es indiferente. Pero a Buñuel le gustaba y el público seguía el film con interés. En México aprendió/se vio obligado a filmar con rapidez. Algo que a veces lamentaba.

     El rodaje se interrumpió por falta de dinero. El autobús era lamentable. Los rodajes en México, imprevisibles. La película es la exaltación de lo trivial. Fue para su director una fantasía experimental. Con Subida al cielo inaugura Luis Buñuel la estructura itinerante en sus películas, presente en La Vía Láctea o El fantasma de la libertad. A pesar de las limitaciones de presupuesto, a pesar de los límites impuestos a los horarios y días de rodaje por los sindicatos, la desenvoltura narrativa de Buñuel, su desvergüenza plena de talento y su inventiva fresca y humorística hacen de esta película un film muy recordable. En cuanto al guion original de Altolaguirre, sigue bastante el original. Se respetan los nombres de los personajes, aunque se altera el momento en que aparecen algunos y el orden de algunas escenas. Hay más supresiones que añadidos al guion.

     La versión de José Ramón Alonso Lorea.

     Como nota final, hemos de señalar a la persona que vivió los últimos años de vida con Manuel Altolaguirre: María Luisa Gómez Mena, la mujer que financió los últimos proyectos del poeta malagueño y que falleció en el acto en el accidente automovilístico entre San Sebastián y Madrid en 1959. Altolaguirre fallecería tres días después.

     José Ramón Alonso Lorea escribió en el Nuevo Herald de Miami en 2015 que María Luisa era la mecenas olvidada. Sobrina de la condesa de Revilla de Camargo de igual nombre, nació en Cuba en una familia relacionada con la industria azucarera e inmobiliaria. Había estado casada a los 19 años con un militar en España, pero vuelve en 1936 a Cuba con un hijo. En 1939 ayuda a Concha Méndez y Manuel Altolaguirre a establecerse y crear una editorial en La Habana. La complicada relación con Altolaguirre se empieza a gestar a partir de 1944. Méndez y Altolaguirre se van a México y comienza una relación epistolar que mantiene/aumenta la relación con la dedicación a María Luisa de la obra de Altolaguirre. Ella financia su editorial Isla y ayuda en la creación de la productora del mismo nombre en México. Conocemos el éxito de Subida al cielo. En 1959, con la primera versión de El cantar de los cantares, se presentaron en el Festival de Cine de San Sebastián, exhibida fuera de concurso. Querían conseguir financiación para una segunda versión. De vuelta a Madrid, el 23 de julio de 1959, tuvieron un accidente mortal cerca de Burgos. 


María Luisa Gómez Mena y Manuel Altolaguirre. Deinos, revista crítica. 



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     Referencias consultadas:

     -     ALTOLAGUIRRE, M.: Epistolario. 1925-1959. Edición de James Valender. Amigos de la Residencia de Estudiantes. Ministerio de Cultura. Centro Cultural de la Generación del 27. Diputación de Córdoba. Fundación Giner de los Ríos. Madrid. 2005. Nota 28-07-2026 Archivo Museo Sánchez Mejías.

     -     ALTOLAGUIRRE, M.: Álbum. Biografía de James Valender. Residencia de Estudiantes, Centro Cultural de la Generación del 27 y Colegio de México. Madrid. 2012. Nota 29-07-2026 Archivo Museo Sánchez Mejías.

     -     ALTOLAGUIRRE, M.: Obras completas, II. Edición crítica de James Valender. Herederos de Manuel Altolaguirre. Istmo. Madrid. 1989.

     -     ALTOLAGUIRRE, M.: Viaje a las Islas Invitadas. Manuel Altolaguirre "1905-1959". Edición de James Valender. Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales y Amigos de la Residencia de Estudiantes. Madrid. 2005. En este libro, AGUSTÍN SÁNCHEZ VIDAL, Manuel Altolaguirre y el cine. De Cartas a los Muertos a El Cantar de los Cantares. Nota 30-07-2026 Archivo Museo Sánchez Mejías.

     -     BUÑUEL, L.: Mi último suspiro. FNAC. 2017. Gloria.

     -     GUBERN, R.: Proyector de luna. La generación del 27 y el cine. Anagrama. Barcelona. 1999.

     -     XIFRA, J. y FRUCTUOSO, M.: Diccionario Buñuel. Prensas de la Universidad de Zaragoza. 2025.

     - https://www.elnuevoherald.com/vivir-mejor/article27033865.html




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