Urdimbre y trama

Cultura y sociedad

De las posibilidades de la pintura: Los colores de Juan Gris. Recepción e influencia_2

 

   

Juan Gris. Violín y guitarra. 1913. MNCARS

    

     En las pinturas realizadas entre 1915 y 1920, Juan Gris descubrió su gama de color característica: verde, burdeos, azul y crema salpicados de toques españoles en amarillo y rojo. Su búsqueda de formas más condensadas le llevo a formas más simplificadas: curvas y líneas rectas. En sus collages, las materias retienen sus identidades de origen: un trozo de periódico sigue representando lo mismo en el cuadro, mientras los papeles jaspeados se utilizan para los tableros de mesas de mármol y los papeles que imitan madera para las paredes de este material. Juan Gris mantuvo una actitud a contracorriente con respecto de muchos de los supuestos de la vanguardia por su acción encaminada a devolver a la pintura una elevada condición académica desvirtuada durante el siglo XIX. De ahí su conferencia en la Sorbona.

     Le preocupaba el valor de lo permanente frente a los vertiginosos procesos de cambio. Con el cubismo pretendía crear un lenguaje que se convirtiera en un estilo moderno. La actitud de Gris de sistematizar, definir y establecer unos principios permanentes y la práctica pictórica planteada desde una idea previa era todo lo contrario a lo presupuestado por Picasso, que no era hacer cubismo. Era expresar lo que estaba en él[1].

     En 1921 se había publicado una monografía sobre Juan Gris de Raynal. Kahnweiler había vuelto a abrir una nueva galería en París, Galería Simon, en la que acogió de nuevo a Juan Gris. Su anterior galería había sido confiscada con la Primera Guerra Mundial y fue subastada en 1921 con los efectos del hundimiento de los precios del cubismo en el mercado francés.

     Debido a una enfermedad pulmonar y a la colaboración con los Ballets Rusos, cuando Gris regresa a París se instala fuera de la primera línea del ambiente artístico de la capital. Tras la guerra vuelve un periodo de rígida tradición ajena al cubismo, y hacia 1924 se manifiesta un nuevo ismo: El surrealismo, que sería dominante, con el inconsciente como mayor valor estético[2].       

     Gris fue olvidado en España. Su prematura muerte por agravamiento de los problemas pulmonares, y el hecho de descansar sus restos en Boulogne-sur-Seine, le alejó del recuerdo en su país, junto a la escasez de obras que lo recordara. Hasta la exposición de 1974, en París y fuera de España, se habían realizado treinta y siete exposiciones. Había salido de España con 19 años[3].

     Puede que algunos españoles viajaran a ver la exposición de París. En el Museo Español de Arte Contemporáneo, precedente del Reina Sofía se guardaban pocas obras antes de 1990. Con los datos del Reina Sofía, no había realmente obras Gris hasta 1977. Guitarra ante el mar, 1925, fue la primera obra en entrar en esa colección. En 1977, en la Galería Theo se hizo una exposición individual cuando se cumplía el medio siglo de su muerte[4].

     Y no fue hasta la retrospectiva de 1985 que no se hizo plenamente justicia a Juan Gris. En la Biblioteca Nacional, un 20 de septiembre de 1985, dos centenares de obras- 97 óleos, 92 dibujos, 2 esculturas y diversas litografías- comisariadas por le conservador del Metropolitan Museum de Nueva York, Gari Tinterow, se recogía su recorrido artístico desde 1910 y se ponía un acento especial en la época 1913-1917 y se hablaba de las interacciones e influencias con otros artistas como Picasso, Matisse y Maria Blanchard. La retrospectiva se había ido retrasando por la celebración de muestras sobre cubismo en Londres y sobre el propio Gris en Washington y Nueva York[5]. Esta retrospectiva hizo tomar conciencia en España de la necesidad de aumentar las obras de Gris para el patrimonio español. Hoy se guardan treinta y nueve obras entre pintura, dibujos y obra gráfica en el Reina Sofía[6].

Juan Gris. Naturaleza muerta con mantel a cuadros. 1915. The Met.

 

     El catálogo de la exposición ponía sobre el ojo curioso del espectador el análisis de especialistas como Calvo Serraller o las relaciones históricas que había mantenido con Gerardo Diego y Juan Larrea, por ejemplo, y que tiene para una reseña que haremos en otro momento. Ahora vamos hacia algo más alejado de 1927. En las retrospectivas de los años ochenta, pintores como Alfredo Alcain reconocen influencias de Juan Gris en sus bodegones[7]. Pero, fuera de la pintura...

     Vamos a tirar de cómo vieron el cubismo personas que iban esperimentando en el diseño de moda. Hace meses mientras reseñabamos para la revista Siembra de Manzanares sobre el Museo Manuel Piña, volvimos a revisar el abrigo talar realizado artesanalmente en tafetán de algodón con macramé de la colección OI 1982-1983. Puede que hilemos muy fino. 

     Con uno de sus colaboradores, Enrique Sinovas, Manuel Piña experimentó con diferentes técnicas el macramé artesanal. Hilando lanas y algodones a mano y tiñendo con tintes vegetales. Se interesaron por la obra cubista de Juan Gris, sus bodegones, y plasmaron tapices manuales aplicados- como los collages de Gris- en la espalda de gruesos abrigos de lana mechada tejidos por la artesana toledana Agapita Sevillano, que cosía en su taller de Toledo, algo muy común en talleres textiles de Castilla-La Mancha. Agapita debía tener una habilidad especial para esta labor. Contaron también con otra artesana dominadora del tinte, Isabel Redondo, muy importante, para dotar a los mechones de lana de una variadísima tonalidad de tintes naturales. Un Berlín previo a la caída del Muro acogió esta colección experimental[8].

      Si hiciéramos suposiciones de cómo consiguieron información sobre el cubismo antes de la gran retrospectiva española de 1985, nuestras conclusiones se dirigirían así:

-        Los cuadros cubistas de Gris podían haberlos visionado en libros o catálogos especializados.

-        Podía haber visitado la retrospectiva de 1974 en París, que reseña Ramírez de Lucas, o cualquier otra publicación sobre la misma, o el catálogo de la exposición parisina.

-        La exposición realizada en la Galería Theo en 1977. En aquella época, ya tenía Manuel Piña un taller de confección en la capital de España desde 1974.

-        Y la visita a las exiguas piezas del Museo Español de Arte Contemporáneo.

     

Museo Manuel Piña. Sala 2. Colección OI 1982-83.



[1] TUSELL, G. y NIETO, V.: El cuadro y la representación: El cubismo. En La vanguardia fragmentada. Arte del siglo XX. Editorial Universitaria Ramón Areces. Madrid. 2023. Páginas.47-86.

[2] JIMÉNEZ-BLANCO, M.ª D.: Juan Gris. Tiempo y tiempos del cubismo. En El tiempo y el arte. Reflexiones sobre el gusto. Vol. 1. Páginas 213-228.

[3] Revista de Arquitectura núm. 189, 1974. Páginas 103-108.

De las posibilidades de la pintura: Los colores de Juan Gris_1

Juan Gris en Revista de Arquitectura. 1974, sobre la retrospectiva parisina.

 

      El crítico de arte Juan Ramírez de Lucas[1] escribió en la Revista de Arquitectura, 1974, que el cubismo fue para Juan Gris toda su vida porque murió creyente y practicante de este estilo en 1927.

      Juan Gris era el nombre artístico de José Victoriano González, nacido en Madrid en 1887. Poco después de ingresar con quince años en la Escuela de Artes y Oficios comienzó a realizar ilustraciones en Blanco y Negro y Madrid Cómico. En 1906 se traslada a París, con diecisiete francos y entra en contacto con Picasso. Consigue trabajo como ilustrador en revistas francesas. Conoce a Apollinaire, Max Jacob, André Salmon y al que sería su primer marchante, Daniel-Henry Kahnweiler. Consiguió salir de las penurias económicas gracias a él y por la recomendación de Picasso. Según Ramírez de Lucas hubo ciertos celos profesionales de Picasso cuando Gris empieza a pintar según los postulados del cubismo sintético y comienza a ser un competidor, y, sobre todo, porque intelectuales coleccionistas como Gertrude Stein empieza a interesarse por su obra. Gris llegó a ser uno de los pintores más puros del cubismo.

      Ramírez de Lucas reseñaba una retrospectiva que se había dedicado en París, 1974, a Juan Gris. Se presentó una colección minuciosa y exquisita. Juan Gris trabajaba sus cuadros con un cuidado que hacían de sus obras joyas de gran perfección.

      Juan Gris estaba en los setenta del siglo pasado casi ausente/olvidado en los museos españoles. Reseñamos aquí un artículo que nos llevará a por qué fue tan profundo el estudio del cubismo de Gris que provocó motivaciones intelectuales que se postularon en 1924 en Universidad de la Sorbona, como cita Ramírez de Lucas, y que hizo que fuese revitalizado en el último cuarto de siglo XX.

     En 1924, la recepción o el eco de la conferencia De las posibilidades de la pintura según Juan Gris en la universidad parisina fue recogido en la revista Alfar, una de las revistas literarias/artísticas más importantes de nuestro primer tercio del siglo XX. Su director fue Julio J. Casal y en ella aparecen escritores de la generación del 98 y los jóvenes del 27. La conferencia fue traducida por el director.

     En septiembre de 1924 se publica De las posibilidades de la pintura, conferencia pronunciada el 15 de mayo de 1924 en el Grupo de Estudios Filosóficos y Científicos de la Universidad de la Sorbona. En ella, Gris dice que para pintar no basta con armarse de telas, brochas y colores. Es necesario la idea de pintura. Saber en qué consiste la pintura y cuál es su origen. 

     Partiendo del estado de contemplación, establece la siguiente gradación: Los que contemplan todo con el mismo estado; los que sienten una emoción intensa ante una manifestación de arte; y los que pueden sentir esa emoción intensa ante un espectáculo natural o industrial, o la misma manifestación artística. Y es el espectador quien modifica la contemplación.

     Un objeto se hace espectáculo tan pronto como haya un espectador para contemplarlo y puede considerarse este objeto de múltiples maneras. Y para un pintor una pintura será simplemente, en principio, un conjunto de formas planas coloreadas.

     Cada época ha influído con sus preocupaciones los elementos pictóricos. Esa influencia ha formado lo que se ha llamado la estética de cada momento. Y los descubrimientos científicos aplicados a la técnica pictórica como por ejemplo la perspectiva italiana ha permeado todas las estéticas a partir del Renacimiento.

     Para que una emoción pueda ser transcrita por la pintura es preciso que antes haya sido compuesta con elementos concernientes a un sistema de estética procedente de la época. Todo sistema de estética debe ser fechado. Y se verá qué debe hacerse lo mismo con la técnica.

     La representación del mundo substancial y espiritual de este/os objeto/s ha estado influenciado por las necesidades y preocupaciones de cada época. En cada ocasión la técnica no ha hecho más que adjetivar este mundo sustancial. Gris piensa que únicamente los medios arquitectónicos son constantes en la pintura.

     Si la estética es el conjunto de analogías entre la pintura y el mundo exterior, la técnica es el conjunto de analogías entre las formas y los colores que contienen y entre las mismas formas coloreadas. Esa es la composición y tiene por resultado el cuadro.

         En un cuadro cada forma debe responder a tres acciones vitales: Al elemento que representa, al color que contiene y las otras formas que componen con ella la tonalidad del cuadro. Es decir, que responda a una estética.

     Lo primero que se advierte al observar las formas planas son dos propiedades primordiales: extensión y calidad. Un color tiene también dos propiedades primordiales: su calidad y su intensidad. Gris observó una primera analogía entre la calidad de una forma y el color que contiene, entre su extensión y el tono de su color. Una forma cuando está muy calificada no importa su extensión, pudiendo ser reemplazada por un tono de color

     Otra analogía establece entre que haya colores más luminosos y expansivos y otros más oscuros y concentrados. También hay formas más expansivas que otras. El círculo equivaldría a tonos claros y el triángulo a tonos más oscuros.

     Una tercera analogía fija entre colores más calientes y colores más fríos. Amarillo cadmio sería más caliente y los que más se alejan hacia el azul cobalto serían más fríos.

     Una cuarta analogía ve entre colores más densos y de más peso que el resto. Entre los más densos, los colores de las tierras.

     Una quinta analogía será el contraste más o menos señalado entre dos colores que quizás equivalen al contraste de dos formas diferentes.

     Esto puede ser la base de una arquitectura pictórica. Será la matemática del pintor y la que podrá servirle para establecer la composición del cuadro. Un cuadro es una síntesis como es sintética toda arquitectura.

     Es necesario que el pintor sea su propio espectador y que sea él quien modifique el aspecto de estos (sus) productos de formas abstractas. Es preciso que hasta la terminación de la obra ignore su aspecto total.

     La estética es la materia y el espíritu es el nombre. El tono y la pintura pertenecen a la técnica, el color local a la estética. No es la materia la que debe volverse color, sino el color transformarse en materia.

     El estilo no es más que el perfecto equilibrio entre la estética y la técnica. En arte, como en biología, hay herencia, pero no identidad con los ascendientes. Los pintores heredan los caracteres adquiridos por sus precursores. De ahí que cada obra importante no pueda pertenecer más que a la época o momento en que fue hecha.

     Gris iniciaba la parte final de su conferencia diciendo que para él la pintura es un tejido muy homogéneo y continuado en el que los hilos que van en un sentido son el lado representativo, o la estética, y los que se entrecruzan para formar el tejido son el lado técnico, arquitectural o abstracto. Estos hilos se sostienen mutuamente y, cuando faltan los de una dirección, el tejido es imposible. A esa estética y técnica se une las exigencias profesionales. Para la unidad del cuadro hace falta homogeneidad, asociar las partes constitutivas.

     Concluía diciendo que la única posibilidad de la pintura es la expresión de distintas afinidades del pintor con el mundo exterior y que el cuadro es la asociación íntima de estas analogías entre ellas, y entre estas y la superficie limitada que las contiene.

      Alfar recogía la conferencia de Juan Gris cuando el cubismo sentía el aliento del surrealismo. Alfar cubrió un periodo importantísmo de los inicios de los años 20 del siglo pasado. José María de Cossío le confirió un alto valor documental al señalar esa revuelta vida poética del momento. En el número 43 que publica Alfar, junto a los dibujos de Gris y su conferencia en la Sorbona, aparece un elogio de Presagios de Pedro Salinas. Juan Chabás escribe sobre si hubo influencia de Rubén Darío compartiendo la tesis desviadora de Bergamín sobre los poetas del 98, Juan Ramón Jiménez y los hermanos Antonio y Manuel Machado. De Antonio Machado publica unos poemas escritos en Segovia. Y Adolfo Salazar inicia una serie de artículos sobre las mujeres de Richard Wagner.



Revista Alfar. Septiembre de 1924. Página 24



[1] Revista de Arquitectura núm. 189, 1974. Páginas 103-108. Se cree que Juan Ramírez de Lucas fue la inspiración de Sonetos del amor oscuro de Federico García Lorca. 

     - Sobre Alfar se puede consultar un artículo de Víctor García de la Concha, «Alfar»: Historia de dos revistas literarias: 1920-1927. Fue publicado en marzo de 1971 en Cuadernos Hispanoamericanos, número 255.



19-03-2026 12:39 Actualizado 17:21

Impresión al llegar a La Habana en 1930. Adolfo Salazar (5)

 

La Habana. 1930.Colección. Get Archive

 

     Ahora vuelve a oírse su nombre: La Habana y Cuba...

    Hace casi cien años, los viajeros que llegaban de España al Malecón eran acogidos de forma cordial, efusiva y generosa por el mero hecho de ser españoles, especialmente por la juventud, y no solo porque les estaban mirando y oyendo, incluso con fraternidad intelectual.

     La Cuba de 1930 era un país joven, con inquietudes similares a la gente joven de España. Cuando allí llegó Adolfo Salazar se sintió como el joven que llega por primera vez. Sintió el frescor vegetal que amanece con la tierra al llegar al puerto. Un frescor que ya no era del mar.

     En el terreno artístico y literario era una más de las Españas, donde resonaba lo que venía de la península y donde su aroma e inteligencia cultural prendía a todo lo español. Las calles de La Habana 1930 eran estrechas y calientes, abigarradas de gente, con resonantes canciones, con olores a frutas del trópico que impregnaban a cualquier español a su llegada. 

     Cada paso era un descubrimiento. A todo ello encontraba Salazar un encanto sutil e inexplicable, que estaba formado por la raíz española- andaluza- y la flor criolla. Algo incomprensible para un extranjero, ya fuese francés o alemán.

     Por las calles y las plazas se vagaba con arte durante horas y días, al Sol y a la Luna. Algo raro, algo estrafalario. Porque pudiera que esas ciudades o esos pueblitos no tuvieran nada de extraordinario.

     Salazar creía que la arquitectura de 1930 en La Habana era la arquitectura burguesa más horrible del mundo. Se salvaba por sus calles que recorría de un lado a otro. Y allí observaba la yuxtaposición de la entraña española con lo criollo y el confort traído de la influencia norteamericana. Una vieja raza creada de lo español y lo criollo se mezclaba sin fundirse en sus costumbres. Veía negras prietas envueltas en las gasas vaporosas del traje largo de salón nocturno neoyorkino. La gente, en su cabeza, seguía contando en duros, pesetas y reales, cuando lo que circulaba era el dólar.

      En lo criollo nacía la gracia fina y aromática de Cuba. El viajero contaba que admiraba la gradación de la piel cubana y los tonos de color de sus ojos. Y las mujeres mayores que acumulaban la experiencia de la vida y su fatiga. Y disfrutaba de la alegría infantil del cubano que invitaba a compartir el primer mordisco de un mango o una “mameya” (mamey).

     Esos mulatos eran el alma musical de Cuba. En los salones de Cuba se cantaban las canciones que antes solo se oían en las cocinas de las casas. Los sones hervían por doquier como viva estampa de lo criollo. La música o el sonido de la calle era otro: La de los rumores, los ruidos, las risas, la inagotable charla. Los murmullos de una gran ciudad.

     El vendedor ofrecía sus frutas, las hojas para el baño o cualquier remedio. Y por las tardes, el chino que vende maní cerca del teatro chino aparecía donde representaban dramas de gran quietud.

     El pueblo llano, más humilde, no iba al teatro chino ni a la opera italiana que cantaban tenores españoles en el Payret, ni a las comedias madrileñas del Teatro Nacional del Centro Gallego. Ni a los bares alegres y atestados del Parque Central con sus helados y jugos de fruta. El pueblo llano dejaba el bar para el pueblo señorito y se dirigía al desenvuelto teatro de la Alhambra. Salazar, que se sentía perteneciente a ambos pueblos, satisfacía su sed en los bares con daiquiris y marchaba al Alhambra a ver bailar la rumba[1].


Trocadero. La Habana. 1929. PYCRIL



[1] Adolfo Salazar. El Sol, 12 y 13 de julio de 1930.



     Serie Adolfo Salazar en Cuba:

     - Adolfo Salazar en Cuba_1

    - Adolfo Salazar en Cuba: Los artículos de EL SOL_2

    - Adolfo Salazar en Cuba: La Asociación de Música Contemporánea_3

    - Adolfo Salazar en Cuba: La enseñanza y las orquestas_4 



14-03-26 12:31 Actualizado  16-3-26 9:33 

Quién manda en el mundo, por Ortega y Gasset.

 

Alejandro y Apeles según Tiépolo. Wikipedia.

     

     Ortega y Gasset tenía una fijación intelectual con Cayo Julio César. Establecía una diferencia con su referente obvio del mundo grecorromano: Alejandro Magno. Don José contaba que los grecorromanos tenían una ceguera para visualizar el futuro porque vivían radicados en el pasado. En el modelo de sus mayores. Su vivir era en cierto modo revivir. 

     Por el contrario, los europeos habíamos girado hacia el futuro, hacia el después. Y vemos, veía, a los grecorromanos como anacrónicos o antiguos. La ecuación para juzgar a César se hacía inicialmente fijándose en el modelo de Alejandro como el macedonio se había fijado en Milciades. A esto añadimos aquí que en la Historia del Arte ha sucedido algo igual entre Alejandro y el pintor Apeles como modelo para Carlos de Gante, rey y emperador, y Tiziano.

     Pero César era lo contrario al conquistador macedónico. Eran semejantes en la idea de un reino universal. César es el origen del Imperio que su sobrino forjará. César no siguió la conquista de Alejandro hacia el Oriente; eligió Occidente y buscó un Imperio romano que viviese de la periferia, de las provincias. Un imperio donde colaborasen los más distintos pueblos. Para Ortega esta actitud hacía olvidar la ciudad estado griega. Hoy sabemos que ya rompió con ella Alejandro Magno. Antiseri y Reale nos cuentan que cuando escribe Aristóteles sobre la organización de la ciudad, su discípulo se prepara para establecer las monarquías helenísticas que dominaran el mundo conocido hasta la llegada de los romanos.

      Los romanos crearon un gigantesco cuerpo social, dice Ortega, donde cada elemento era a la vez sujeto pasivo y activo del Estado. De ahí surgió nuestro estado moderno. César fue un genio futurista.


Julio César. Coustou. Wikipedia


     

     Colaboraron con él gente de provincias como el reconocido comerciante gaditano Lucio Cornelio Balbo. Un atlántico. El Estado nace cuando se convive con más personas que tu familia. Es decir, se convive con grupos separados. El Estado no es la consanguinidad, ni la unidad lingüística, territorial, o la contigüidad. Es un puro dinamismo manifestado en la voluntad de hacer algo en común, y por ello, la idea estatal no está limitada por término físico alguno.

     El Estado es en todo instante algo que viene de y va hacia. Tiene una unidad de convivencia fundada en cualquier atributo material, pero tiene que realizar otras acciones que hagan superar la unidad original, porque si cesa de actuar, ese Estado tenderá a desaparecer, independientemente del origen de esa unidad inicial producida por razas, idiomas o fronteras.

      Ortega creía que lo que nuestros ojos ven al repasar la evolución de cualquier nación moderna como Francia, España o Alemania es que lo que en un momento dado parece constituir su nacionalidad, y si lo vemos en una fecha posterior, aparece como negado. Primero, la nación parece la tribu, y la no-nación, la tribu de al lado. La nación comprende esas dos tribus, que más tarde será una comarca, un condado o un reino. Es evidente, entonces, la presencia de dos principios: uno variable y siempre superado- tribu, condado, ducado, reino con idioma-; y otro, permanente, que salta todos estos límites y postula como unidad lo que aquel consideraba como radical contraposición.

     Se muestra crítico con la visión de filólogos e historiadores. Para explicarnos cómo se han formado Francia y España supone que Francia y España preexistían como unidades en el fondo de las almas francesas y españolas; y porque así no existían en realidad, puesto que se tenían que decantar o forjar en más de dos mil años de faena.

     Las naciones actuales son, para Ortega, la manifestación de un principio variable condenado a perpetua superación. No es la sangre ni el idioma, que es un efecto de ella, y no su causa. Ese principio, para el filósofo, es la “frontera natural”, término utilizado por diplomáticos pero que no debe ser usado por historiadores[1].

     Ortega impresionaba entre sus contemporáneos. Gerardo Diego contó la anécdota de cuando fueron presentados el filósofo José Ortega y Gasset y el torero Ignacio Sánchez Mejías. Junto a ellos, José María de Cossío. Rafael Alberti, Federico García Lorca, Manuel Altolaguirre y Diego. Comenzaron a hablar de toros y se quedaron pasmados, más aún Sánchez Mejías, cuando José Ortega y Gasset relató sus recuerdos y teorías. Les habló de Lagartijo y para explicar su toreo, se levantó y concitó la atención también de camareros y resto de comensales, agarró la servilleta grande que disponían antes de la guerra, y dibujó imaginarios pases taurinos, colocándose después la servilleta al hombro de forma mayestática[2].

     No conocían o no sabían de la afición taurina de su padre, José Ortega Munilla, que había insuflado en su familia.

     En 1935 redactó Historia como sistema en la que nos cuenta que la vida no puede comprenderse fuera de su contexto histórico. Recordando su famosa frase, el hombre es inseparable de sus circunstancias. Y siguiendo las pautas del artículo citado de 1930, el hombre es una realidad en constante construcción, moldeada por las decisiones y situaciones que cada uno se encuentra. El hombre se hace a sí mismo en el transcurso del tiempo. Va siendo. La historia es el propio medio de ser del hombre. Y propone/postula la razón histórica: el conocimiento y los valores son fruto de la vida y la experiencia concreta de los pueblos a lo largo del tiempo. Cada época posee su propia perspectiva y comprender el pasado hace entender el modo vital que lo originó. Crea así una filosofía de la historia.

Ortega y Gasset hacia 1950. Wikipedia




[1] El Sol, 13-07-1930.

[2] Conferencia inédita, 1957. Obras Completas de Gerardo Diego, Tomo V. Alfaguara. Madrid. 1997. Consultado 27-4-24 Archivo Museo Sánchez Mejías.




13-03-26 23:23 Actualizado 15-03-26 17:14

Mujeres constituyentes en España: 1977-1979

 

     En las Cortes constituyentes de 1977-1979 fueron elegidas diputadas al Congreso las siguientes mujeres:

-        Soledad Becerril Bustamante, diputada de Unión del Centro Democrático por Sevilla.

-        Pilar Brabo Castells, diputada del partido Comunista de España por Alicante.

-        Carlota Bustelo García del Real, diputada del Partido Socialista Obrero Español por Madrid.

Carlota Bustelo

-        María Dolors Calvet Puig, diputada del Partido Comunista-PSUC por Barcelona.

-        Virtudes Castro García, diputada del Partido Socialista Obrero Español por Almería.

-        Asunción Cruañes Molina, diputada del Partido Socialista Obrero Español por Alicante.

-        María Victoria Fernández-España Fernández-Latorre, diputada de Alianza Popular por La Coruña.

-        Carmen García Bloise, diputada del Partido Socialista Obrero Español por Madrid.

-        Dolores Ibarruri Gómez, diputada del partido Comunista de España por Oviedo.

-        María Izquierdo Rojo, diputada del Partido Socialista Obrero Español por Granada.

-        Rosina Lajo Pérez, diputada del PSC-Partido Socialista Obrero Español por Gerona.

-        Marta Ángela Mata i Garriga, diputada del PSC-Partido Socialista Obrero Español por Barcelona.

-        Mercedes Moll de Miguel, diputada de Unión del Centro Democrático por Granada.

-        Dolores Blanca Morenas Aydillo, diputada de Unión del Centro Democrático por Badajoz.

-        Elena María Moreno González, diputada de Unión del Centro Democrático por Pontevedra.

-        Palmira Pla Pechovierto, diputada del Partido Socialista Obrero Español por Castellón.

-        María Teresa Revilla López, diputada de Unión del Centro Democrático por Valladolid.

-        Ana María Ruiz-Tagle Morales, diputada del Partido Socialista Obrero Español por Sevilla.

-        Inmaculada Sabater Llorens, diputada del Partido Socialista Obrero Español por Alicante.

-        Esther Beatriz Tellado Alfonso, diputada de Unión del Centro Democrático por Santa Cruz de Tenerife.

-        Nona Inés Vilariño Salgado, diputada de Unión del Centro Democrático por La Coruña.[1]

     En el Senado fueron elegidas o designadas senadoras en el periodo constituyente, 1977-1979, las siguientes mujeres:

-        Juana Arce Molina, senadora de Unión del Centro Democrático por Albacete.

-        Gloria Begué Cantón, senadora por designación real[2].

-        María Belén Landáburu González, senadora por designación real.

-        Amalia Miranzo Martínez, senadora del Partido Socialista Obrero Español por Cuenca.

-        María Dolores Pelayo Duque, senadora de Unión del Centro Democrático por Tenerife.

-        María Rubiés Garrofé, senadora del grupo parlamentario Entesa Dels Catalans[3][4].

     Sin indicar nombres, la actividad profesional con la que llegaron a las cámaras en las elecciones de 15 de junio de 1977 sería la siguiente:  

-        Profesoras enseñanza media/ universitarias, 10.

-        Estudios universitarios, 3.

-        Profesora de Magisterio y/o pedagogía, 4.

-        Activista política/ sindicalismo, 3.

-        Periodista, 1.

-        Contable, 1.

-        Empresaria, 1.

-        Servicios financieros/ banca, 1.

-        Abogacía, 3[5].

     El punto de partida de la participación femenina en las cámaras legislativas en 1977 era bajo, un escaso seis por ciento, que se mantuvo durante los primeros diez años. A partir de 1986 subió a un 18 %, alcanzando en las elecciones de principios de siglo el camino del 30% (2011-2018). Se acercó al 50 % en las elecciones de 2019 y se mantiene por encima del 40 % en la actual legislatura[6]. En España, al igual que en los países nórdicos se organiza por el sistema de cuotas establecidas por/en los partidos, con efectos, parece, más positivos que negativos[7].

     Como añadido, señalaremos varias diferencias entre la mujer y el hombre que existían antes de la Constitución de 1978 y de la puesta al día de derechos femeninos que aportó. Era el reto que tenían estas mujeres constituyentes.

     En las normas reguladoras del Derecho de Familia había en el franquismo una subordinación jurídica de la mujer con respecto al varón, con prohibiciones o imposibilidades originadas en la tradición cristiana y la Sección Femenina: Mujer como esposa y madre que estaba bajo la autoridad del padre/marido. Desapareció el divorcio civil existente en la II República.

     En los casos de filiación, las mujeres quedaron discriminadas, no instándose la  investigación de paternidades. Las relaciones patrimoniales venían también marcadas por la discriminación. 

     El régimen obligatorio era de comunidad y la mujer carecía de poder de administración y disposición, incluso de su privativo patrimonio aportado a la comunidad, salvo permiso del marido/padre. Y tampoco ejercer de albacea, tutor o mandatario sin permiso del marido, así como aceptar herencias o solicitar partición. La reforma de Derecho de Familia comenzó por Ley 14 de 2 de mayo de 1975, que abrió el camino para la reforma constitucional.

     El Derecho penal estuvo impregnado de las normas tradicionales católicas. La mujer era un apéndice del hombre y se prestaba ayuda a las mujeres consideradas “honestas”. Podían ser violadas por sus maridos y ser muy difícil que tuviera un reproche penal. Lo que se escondía en las leyes penales franquistas no era la protección de la mujer y, al contrario, se pretendía la protección del honor del hombre. Existían la presunción o el prejuicio en las violaciones y el estupro. Se rebajaba la pena de infanticidio de la madre o los abuelos maternos para ocultar la deshonra o por determinados estados de ansiedad. No existía el aborto, que se atenuaba por los motivos citados de deshonra o cooperación de los padres de la mujer.

     Hubo también medidas restrictivas en Educación al actuar la Iglesia Católica, haciendo desaparecer las leyes republicanas. Volvió la segregación en las clases. La educación se orientaba ser buenas esposas y madres. Esta situación empezaría a cambiar en la década de 1960. Se consigue la total alfabetización infantil y la Ley General de Educación de 1970 establece una educación básica obligatoria y se permitió un mayor acceso de los ciudadanos de ambos sexos a los estudios superiores.

     En el Derecho de Trabajo, no existía libertad sindical y se regulaba las relaciones laborales mediante un intervencionismo administrativo absoluto. Las mujeres trabajadoras seguían bajo el esquema mental de alejarlas del taller o de la fábrica[8]. Pero también había excepciones como las telefonistas que antes de la mecanización del servicio podían gestionar centralitas telefónicas. Los límites existían, por ejemplo, que si contraían matrimonio dejaban de ser telefonistas, de “coger números” para las llamadas, que se hacían con la introducción de clavijas.

     La concepción general hasta los años finales del franquismo era que el hombre se encargaba del sostén económico de la familia, y la mujer se encargaba de los hijos y la casa.



 

 



[2] Senadores por designación real al amparo de la Ley 1/1977 de 4 de enero de la Reforma Política. 41 en total.

[5] Autoridades en portal del Archivos Españoles, en interrelación www.congreso.es, de igual modo las fotografías de las diputadas y senadoras.

[7] RUIZ MIGUEL, A.:  Mujeres y representación democrática. En Leviatán 85-86. 2011. Páginas 75-99.

[8] VV.AA.: Las mujeres parlamentarias en la legislatura constituyente. Cortes Generales y Ministerio de la Presidencia. Madrid, 2006.


8-3-2026 20:16  actualizado 9-3-2026 15:34

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