Como buen aventurero...

 

Previa del estreno de Las calles de Cádiz

Latas de sardinas. Wikipedia
       La retina nos permite grabar imágenes en nuestra memoria que permanecen en el tiempo de forma duradera.

    Uno de esos recuerdos viene, hoy, a nuestro repositorio mental de imágenes selectivas, de los álbumes fotográficos de la familia Sánchez Mejías. ¿Por qué hoy?

      Leyendo a Paulina Fariza, a José Javier León, a Gerardo Diego. Por partes….

     A Paulina Fariza le recomendaron, Gibson y José Javier León, que fuera a consultar al recientemente abierto, 2018, Archivo MuseoSánchez Mejías, porque estaba buscando documentación para su biografía sobre Encarnación López, Argentinita, y su larga relación profesional y personal con Ignacio Sánchez Mejías; y, también, por su estrecha relación amistosa y artística con Federico García Lorca, desde el canto y la danza a compartir el apadrinamiento de un bautizo que causó el trato familiar de comadre y compadre

     Fariza cuenta que en ese primer momento no encontró nada en el archivo. Pero más tarde llegaron al archivo tanto su publicación como las de Gibson, José Javier León y las obras completas de Gerardo Diego, donde se completaba ese mundo del espectáculo, gracias a los buenos oficios de Gloria, la coordinadora de museos de Manzanares. En el Archivo familiar era difícil, con anterioridad, encontrar datos de Argentinita.

Argentinita. Museo Julio Romero de Torres

     Pero hay personajes en ese Archivo que hacen de nexo con la famosa bailarina y que se desprende por su participación como el perejil que acompaña toda buena comida. En el archivo fotográfico, además del torero intelectual Ignacio Sánchez Mejías practicando múltiples habilidades, destaca la presencia de Rafael Gómez Ortega en distintas fases de su vida y dedicación. Nada extraño. Era hermano de Dolores y José Gómez Ortega, los Gallos. Rafael Gómez fue Gallito, después Gallo, y, finalmente, el Divino Calvo. Y cuñado de Sánchez Mejías.

Espárragos cojonudos. Flickr.

    ¿Qué nos sorprendió? La gran presencia fotográfica de José Bello Lasierra, conocido por todos como Pepín Bello. Pasó largas temporadas en la finca Pino Montano, gozando de la hospitalidad de la familia Sánchez Mejías Gómez y, al mismo tiempo, participó en los viajes por la provincia de Cádiz de Argentinita y Sánchez Mejías cuando estaban buscando cantantes y bailarines para Las Calles de Cádiz. Al menos así lo refiere Paulina Fariza en su biografía de Argentinita. Cita como fuente en primer lugar a María Teresa León y su Memoria de la melancolía. María Teresa acompañaba a su pareja, el portuense Rafael Alberti, en la búsqueda de bailaores y cantaores puros, no maleados por la ópera flamenca, llamada así en Madrid por los puristas, según contaba el propio Alberti en La Arboleda Perdida. María Teresa León dice que Ignacio miraba fijo a los artistas y decidía luego… Y según Alberti, ningún gitano se resistía a las proposiciones artísticas de Sánchez Mejías.

     Una segunda fuente de información fue el escenógrafo Santiago Ontañón. Fariza cuenta que acompañaban a Argentinita y Sánchez Mejías, Federico García Lorca. A ellos se podía añadir Pepín Bello y Eduardo Ugarte, colega del poeta granadino en La Barraca.

     Y consideramos que es fiable esta información de Ontañón por la colaboración de este escenógrafo y decorador en La Barraca en las obras La cueva de Salamanca y La tierra de Alvargonzález. No fue extraña la colaboración de pintores, decoradores y figurinistas en La Barraca. Era el caso de alguno de los participantes en la Exposición de la Sociedad de Artistas Ibéricos de 1925, como Norah Borges y Benjamín Palencia.

     Fariza nos cuenta que el papel de Sánchez Mejías en La Compañía de Bailes Españoles de Argentinita no era público. Se comportaba con discreción. Pero su importancia era clara. José Javier León publicó en El duende, hallazgo y cliché una tarjeta enviada por Eduardo Ugarte, el codirector de La Barraca con Lorca, que dirigía al señor don Ignacio Sánchez Mejías, al que denomina director de la Compañía de Bailes Españoles de Argentinita. Esta tarjeta quedó guardada en la casa de la bailarina.

     Y testimonio de esa colaboración la encontramos también en la biografía de Amorós en Ignacio Sánchez Mejías, el hombre de la edad de plata, biografía del intelectual y torero.

     Gracias a las biografías de Pepín Bello, pero también a su longevidad, sabemos que en los últimos instantes del torero, cuando Argentinita no podía pasar al sanatorio madrileño, una de las personas con las que tuvo contacto fue Pepín. Sí, el entrañable José Bello Lasierra, al que se atribuye la creación de los anaglifos e inspirador de algunas escenas de El perro andaluz de Luis Buñuel.

     De su carácter amistoso da muestra el viaje que hizo a Venecia con el abogado Antonio Garrigues Walker. El abogado contaba en el Boletín de la Institución Libre de Enseñanza, número 69, en 2008, que había heredado la amistad con Pepín de su padre. Los dos fueron centenarios, Pepín y Garrigues padre, y el hijo disfrutó de un ser divertido que juzgaba con capacidad de análisis a todos los mitificados y desmitificados. Viajaron en coche a Venecia y durante ese viaje Garrigues Walker conoció al amigo de su padre. Él los había oído hablar de poesía. Les encantaba recitar un poema de Jorge Guillén: “Como buen aventurero, / cuando muera, /quiero saber que me muero”. Poema que se leyó en el entierro de Antonio Garrigues Díaz-Cañabate.

     Y le fascinó su predilección por las latas de conserva. Por ese sabor exquisito de una sardina o un espárrago de lata… Cuando le regalaban espárragos naturales, los tiraba. Genio y figura.

      Y todo esto por leer a Fariza, a León, a Diego, que estás en los cielos, por la altura y por lo cierto.

De Madrid a Venecia en coche. Kellbillet.

     -----     -----     -----

     Para saber más:

     —Boletín ILE, 68, 2008. 

    - Sáenz de la Calzada, Luis.: (1976) La Barraca. Federico García Lorca y su teatro universitario. Revista de Occidente. Madrid.

     En el Archivo Museo Sánchez Mejías:

       Fariza Guttman, P.: (2020): La vida encontrada de Encarnación López “La Argentinita”. Bala perdida. Madrid. (reseña entre 21-10-23 y 28-5-24).

       León, José Javier.: (2020) La sangre derramada: ecos de la tauromaquia de Sánchez Mejías en García Lorca. El pase de la muerte. Athenaia. Sevilla. (reseña 21/10/23).

       Alberti, R.: (2005) La arboleda perdida. El País. Madrid.

       Diego, Gerardo.: (2000) Obras completas, tomo VIII. Edición de José Luis Bernal. “El teatro musical de Federico García Lorca”, El imparcial, 16-04-1933. (reseña 18-07-23).

       Castillo, David.: (2007). Conversaciones con José “Pepín” Bello. Anagrama. Barcelona.

       Archivo fotográfico visualizado en el verano de 2022.

El Azuer en tiempos del Marqués de Velada

Puede ser un gráfico de ‎texto que dice "‎MANZANAR ES VSLOS DÍA INTERNACIONAL DE oS MUSEOS CONFERENCIA LAS DISPUTADAS AGUAS DEL RÍO AZUER A SU PASO POR MANZANARES EN EL ANTIGUO REGIMEN por Francisco Javier Moreno Díaz del Campo Profesor de Historia Moderna de la UCLM Viernes 17 de mayo, 20.00h. Casa Malpica Monjas, 12 Manzanares Entrada libre hasta completar aforo ICOM ICOM лиKB သမေးဆုင် โ.วาัสกธซอ بلا‎"‎
Fuente: Museos de Manzanares

 

 

      Contaba Francisco Javier Moreno Díaz del Campo que los historiadores se tienen que conformar con que lleguen a ser leídos por otros historiadores. No hay un público de mayorías que lea historia, salvo contadas excepciones. Este historiador tiene la suerte de un estudio muy popular entre los vecinos de la vega del río Azuer:

     —¿Agua para regar o agua para moler? La explotación del río Azuer durante la encomienda del II marqués de Velada
en Manzanares (Ciudad Real) (1596-1616)
, publicado en Ciudad y Territorio, n.º 5, de la universidad de Jaén, en 2015.

     El artículo analiza la conflictividad producida por el aprovechamiento del agua en el periodo 1596-1616, periodo en el que el caballero calatravo II Marqués de Velada era el comendador de la encomienda de Manzanares. Gómez Dávila y Toledo fue mayordomo mayor en la corte de los Austrias, aunque no gozó de la simpatía del Duque de Lerma. A la corte llegó con la casa de Alba, familiares maternos, y formó parte de la camarilla del príncipe Carlos, hijo de Felipe II.

   Moreno Díaz del Campo utilizó como fuentes para su estudio el Archivo Histórico Nacional de Madrid, donde se encuentra el mapa o grabado de Esteban de Perola, que fue prueba pericial en los pleitos de 1616. Y utilizó también el Archivo de Simancas y el de la Real Chancillería de Granada. Como fuente usó además las Relaciones Topográficas de Felipe II, básicas para el conocimiento de Castilla La Nueva a finales del siglo XVI. 

     La orden de Calatrava consideró muy importante la obtención de recursos hídricos en la zona del Alto Guadiana. La irregularidad estacional del río Azuer podía impedir la molienda en ciertas épocas del año.

     El conferenciante presentó al Azuer contextualizado en su dimensión geográfica y económica, recordando a Fernand Braudel y su magna obra sobre el Mediterráneo en época de Felipe II. Sugerente propuesta y razonable propósito. Sin el río Azuer, sin un intento de control de sus aguas, sin el aprovechamiento de los recursos económicos que proveía, ni Sebastián Gómez Rabadán, ni Pedro Fernández de Salinas, ni el marqués de Velada hubieran aparecido. Son complementos del escenario geográfico y económico del Azuer a lo largo de los siglos. Como lo fue FelipeII para el Mediterráneo, y se mantuvo mientras no se desplazó el eje político y cultural hacia el Atlántico con el desarrollo geográfico y  económico de la llegada al continente americano.

     Las roturas de las acequias por deficiente mantenimiento o por la mano del hombre; sus usos irregulares; la obtención de rentas, el cobro de diezmos, los juicios en las distintas instancias, ya fuese Almagro o en el consejo de las órdenes militares. La propia riqueza de los quiñones de las huertas, etcétera… todo era producto del marco geográfico y económico de un río irregular, de invierno, que quedó mediatizado por la mano del hombre con la creación del caz nuevo, y en 1987 con la construcción del embalse de Puerto de Vallehermoso.

    Y como testigo de los siglos, el Molino Grande de Manzanares: El molino de pan y aceite de don Pedro Fernández de Salinas del plano de Esteban de Perola de 1616. Regado por las aguas del río para su aprovechamiento económico.

     La conferencia se desarrolló en la sala de conferencias de la Casa Malpica, calle Monjas, 12, que alberga el Museo del queso manchego y el Archivo Museo Sánchez Mejías el 17 de mayo de 2024. 

 

El Lyceum Club Femenino: En los orígenes del feminismo español

 

 

María de Maeztu en el Círculo Leonés en enero de 1935. ABC

     A María nada le atraía más en este mundo que dejar al morir una gran obra donde las mujeres españolas encontraran algo mejor a lo que ella tuvo en su juventud. Tuvo un camino lleno de obstáculos que salvar para conseguir unos fines acertados y brillantes[i].

    Hubo un lugar de reunión de unas mujeres luminosas y primigenias que compartían ideas, inquietudes, que debatían y trabajaban a favor de las mejoras de sus derechos como ciudadanas.

     María de Maeztu había conseguido que las reuniones que  realizaban fuesen cada vez más numerosas. Se citaban, según Carmen Baroja, en la Residencia de Señoritas norteamericanas de la calle Miguel Ángel. 

     Se juntaban todas, o casi todas, las mujeres que habían hecho algo en Madrid y que por ellas o por sus maridos tenían una representación[ii]. Fueron los momentos fundacionales del Lyceum Club Femenino.

     María fue su primera presidenta y una de sus fundadoras[iii]. En una entrevista concedida en El Heraldo de Madrid el 5 de noviembre de 1926 dijo que el club era algo más que un lugar de recreo, un lugar que intentaba facilitar a las mujeres españolas, que estaban recluidas hasta el momento en sus casas, un mutuo conocimiento y ayuda: un movimiento de fraternidad femenina. Unas mujeres que deseaban intervenir activamente en los problemas culturales y sociales del país. Así, el club tenía seis secciones: Social, Musical, Artes Plásticas e Industriales, Literatura, Ciencias e Internacional. María de Maeztu estaba convencida de la capacidad de las mujeres españolas.

     Tania Balló cita que uno de los defensores de este club femenino fue José María Salaverría. Su pareja, Amalia Galárraga fue tesorera y fundadora. Encontraban similitudes con otros clubes estadounidenses y europeos. El modelo era el Lyceum Club londinense. Tras las primeras reuniones de la calle Miguel Ángel, buscaron sitio en La Casa de las Siete Chimeneas, Infantas, 31.

     Los problemas burocráticos hacían difícil el empeño. Las mujeres, entonces, no podían disponer de una economía propia, ni ingresar dinero, ni alquilar una casa o negociar…

     El primer acto público fue una exposición de las hijas de Joaquín Sorolla, María y Elena. Mujeres influyentes, mujeres liberales, mujeres importantes del panorama social y cultural integraron el club. Isabel Oyarzabal, Zenobia Camprubí, María de la O Lejárraga, Carmen Baroja, formaban parte de la junta directiva. Concha Méndez, Ernestina de Champourcín, Rosa Chacel, estaban entre sus socias.

Socias del Lyceum Club en 1930. Fuente: Revista Estampa



     Resistieron. Lucharon contra las críticas. En 1927 llevaron a cabo un estudio del Código Civil y Penal de la mano de abogadas en ejercicio que remitieron al gobierno con sus reivindicaciones mínimas en cuestión derechos humanos de las mujeres. Algunas de sus socias ostentaron en el corto periodo de la II República cargos de responsabilidad. Balló incide en el significado de este club como el de un crecimiento personal, social e intelectual de las mujeres de su tiempo.

     Las conexiones entre el Lyceum Club Femenino y la Residencia de Señoritas, que estaba también dirigida por María de Maeztu, era evidente por el interés de su directora en el apoyo de la cultura de la mujer. Algunas de sus socias estuvieron de una manera u otra en los dos centros citados[iv].

     María Pérez Herrero escribió Ni locas ni tontas, donde relata las vivencias de estas pioneras del feminismo en España. De sus distintos colores, de sus distintas culturas. Muchas de ellas mujeres de que intentaban sobresalir, realizarse. Fueron capaces de unirse entre ellas, creer en sí mismas y en su capacidad de obrar. María de Maeztu fue la primera mujer pedagoga. Estudió en Alemania e Inglaterra gracias a una beca de la Junta de Ampliación de Estudios. Su trayectoria internacional le valió para dedicarse a la educación de la mujer española: El derecho a la cultura de la mujer no es un privilegio, es un deber que se cumple.

     En los años treinta España estaba cambiando: Mujeres que llegaban a diputadas, derecho al voto, divorcio, asociacionismo, reclamaciones de emancipación femenina…

     Los éxitos del Lyceum no siempre fueron aceptados por la burguesía femenina que estuvo en su fundación. Las elecciones y los sucesivos cambios políticos produjeron fisuras entre ellas. Carmen Baroja, fundadora, contaba que la política lo envenenaba todo y muchas mujeres se dieron de baja. El club se hacía demasiado político.

     La guerra acabó con todo esto. La mayoría marchó al exilio. Una de las mujeres más destacadas, María de la O Lejárraga dijo, como resumen a estas palabras:

     ¡Apasionaos, mujeres desapasionadas! Salid, decididas y serenamente en busca de la verdad, que, a mitad de camino, saldrá ella a vuestro encuentro.[v]

     El Lyceum Club Femenino de Madrid tuvo vida entre 1926 y 1939. María de Maeztu fue destituida de la Residencia de Señoritas en 1936 y murió en Mar de Plata, Argentina, en 1948[vi].



[i] Versión libre de la carta de María de Maeztu a Eulalia Lapresta, París 4 de agosto de 1922.

[ii] BAROJA Y NESSI, C.: (1998) Recuerdos de una mujer de la generación del 98, Barcelona, Tusquets, p. 89.

[iii] BALLÓ, T.: (2016) Las sinsombrero. Sin ellas la historia no está completa. Espasa. Barcelona. Epígrafe No solo ellos tomaban café. El Lyceum Club Femenino. (Archivo Museo Sánchez Mejías, 17-05-2024)

[iv] https://www.nodulo.org/ec/2011/n111p09.htm

[v] PÉREZ HERRERO, M.: (2022) El Lyceum Club, un desafío femenino, en Torre de los Lujanes, Real Sociedad Matritense de Amigos del País 79. Madrid.  

[vi] JIMÉNEZ FRAUD, A.: (2018) Epistolario, tomos I y II. Fundación Unicaja y Publicaciones de la Residencia de Estudiantes. Edición de Valender, García-Velasco, Aguilar-Álvarez y Trilce Arroyo.Epistolario parcialmente leído de 60 cartas entre dos de los pedagogos más importantes que han existido en España, Alberto Jiménez Fraud y María de Maeztu. (Archivo Museo Sánchez Mejías, 13 a 17 de mayo de 2024)

 


La Cartuja de Miraflores. El cartujo y la ornamentación

     

La Cartuja de Miraflores. Autor

     Don Martín recibió la siguiente dedicatoria:

     “A la venerada memoria de mi viejo maestro de música, que pasaba sus sarmentosas manos, que tanto había pulsado pianos y escrito ritmos sobre el aire, por sus cabellos de plata crepuscular, con aire de galán enamorado y que sufría antiguas pasiones al conjuro de una sonata beethoveniana. ¡Era un santo!

     Con toda la piedad de mi devoción.”

     Hace más de cien años las pisadas de un caminante se deslizaron suavemente entre sauces y retamas camino del final de una tarde otoñal pintada de humores grises. Las laderas se modulaban rítmicamente con el alfombrado verde que cubría su amplia extensión. La niebla azul plomo comenzaba su efecto cortina de agua fina.

     El caminante tenía una sensación ambivalente entre tristeza y amargura. Los árboles se mecían y meditaban ante el espectáculo de la naturaleza y de los sentimientos que surgían tras hollar el suelo con las pisadas del calzado mientras luchaba contra el viento que hacía crujir las hojas caducas.

     Se cruzó con pocas personas. Tal vez unas mujeres que contrastaban su ropaje encarnado con los azules y grises plomizos del paisaje. A su derecha surgió el sendero que ascendía a la Cartuja. Sintió, sufrió, la ausencia de sol, o la soledad. Sufrió, sintió, la falta de riqueza pasional.

     Vio que todos los caminos estaban salteados de cruces. Cruces salpicadas de herrumbre. Entrevió que las iglesias guardaban las figuras de Cristo en lugares abandonados de los humanos y acogidas por el polvo. Cristos abandonados en su presencia y temerosos de fieles atemorizados.

     El caminante llegó a la explanada de La Cartuja. Le pareció un sombrío caserón que el ambiente helaba antes de llamar cuando esperaba la entrada. Un cartujo salió y le atendió mientras un chillido suave y continuo movía la puerta.

     San Bruno esculpido le llevó hacia la iglesia que se encuentra a la izquierda, donde se ubica un Cristo en el Calvario que manifiesta su dolor de siglos. Siloé aparecía más tarde.

Panteón Reyes de Castilla, detalle. Autor.

     En el centro del presbiterio cree ver una hoguera de mármol blanco. Gil de Siloé esculpió el panteón de los reyes de Castilla, Juan II y su mujer, que no parecen, o él así lo ve, como muertos. No indica, no sabe, o no recuerda, que fue su hija católica quien encargó esculpir el panteón de los reyes y el sepulcro de su hermano, el cual le parece soberbiamente realizado en su suave ritmo, en su severidad funeraria. Le embriaga el olor a incienso, la humedad del ambiente, el olor a cera quemada.

     Elogia la capacidad de Siloé de representar en los rostros de los reyes el cansancio y/o el desprecio en sus caras vueltas que parecen no querer verse.

      Unas palomas revolotean por los ventanales y observa como otro monje, rasurado y de mirada febril en unos ojos brillantes, se dirige al coro, se inclina varias veces y se ensimisma leyendo unas páginas.

     Cien años más tarde, otro caminante tiene otro sentido. El camino que recorre ya nada recuerda al de Impresiones y paisajes que recorrió Lorca.

     Camina desde la plaza de la Catedral en una mañana soleada y fría. La mayoría del camino está transitada de asfalto, coches y semáforos. Es un abril radiante. Al poco tiempo deja de sentir el frío inicial. Marca un ritmo acompasado y se encuentra con paisanos que deambulan por las calles y se esparcen por los paseos ordenados. Las laderas que vio Federico aparecen al final en medio de carreteras y autovías de circunvalación. Sí se repite el camino de subida hacia La Cartuja de Miraflores. Cambia la visión final de la explanada, ya cuidada y preparada para el turismo primaveral de la tercera década del veintiuno. Y cambia la cantidad de visitantes.

     Autocares de estudiantes y jubilados descargan a primera hora hacia la puerta de entrada. Los cartujos no atienden a los visitantes. Los cartujos moran abstraídos, mientras seglares atienden la entrada y recuerdan que pueden dar un donativo al salir porque la entrada es gratuita. Se ven valiosos atuendos, estatuas sagradas y se recuerda el expolio que en la zona hicieron los franceses, que nos enseñaron la codificación civil napoleónica y “se llevaron” el patrimonio español. Al caminante de hoy le sigue maravillando los panteones de los reyes de Castilla y el Infante Alfonso. Se fija en las pequeñas estatuas que resaltan los reyes muertos, yacentes. Una parece que le interroga. Se queda pensativo, como soñando. Le despierta una turbamulta de estudiantes que se preguntan cuánto falta para la comida a las once de la mañana.

     El caminante se dirige a la salida. Da un óbolo a San Bruno para el sostenimiento del lugar, hermoso y relajante. Decide recorrer el camino andado y marchar hacia Las Huelgas por si aún encuentra sitio. En el camino repondrá fuerzas por medio de una morcilla y vino.

     Federico García Lorca visitó la Cartuja de Miraflores, según cuenta en Impresiones y paisajes. El libro fue publicado hacia 1918. La dedicatoria fue dirigida a su maestro de música, Martín D. Berrueta. Ya colaboraba en revistas de vanguardia. En diciembre de 1918 escribió en Grecia, en su primer número, que “el artista lo primero que debe tener en cuenta para la mejor comprensión de su alma es el primer golpe de vista o sea el conjunto del monumento, pero para expresar sus pensamientos y su intención filosófica, se vale de la ornamentación, que es lo que habla gráfica y espiritualmente al que lo contempla…”  

Panteón del Infante Alfonso. Autor.

 
 

     Para saber más:

     GARCÍA LORCA, F.: Obras completas.

     GRECIA, Revista de vanguardia. Isaac del Vando Villar fue su fundador. Consultada/Reseñada 14-12-2022 en el Archivo Museo Sánchez Mejías. La edición que se maneja está realizada por BARREDA LÓPEZ, J. M., en 1998, por medio del Centro Cultural de la Generación del 27 de Málaga. Se editaron 50 números entre diciembre de 1918 y noviembre de 1920. En esta edición se incluye también el Manifiesto Vertical de Guillermo de Torre. Isaac del Vando Villar es una de las semblanzas de la Galería de raros, por extraordinarios, de Ramón Carande. El artículo de Federico García Lorca se titulaba Divagaciones de un cartujo. La ornamentación.


El cine y la generación del 27

     Placa que recuerda la primera sesión de cine en 1896. bmre       " Yo era un tonto y lo que he visto me ha hecho dos tontos, 1929,...