EL SOL editorializaba el 16 de agosto de
1930 sobre el problema de las subsistencias. Del coste de la vida y de la
política económica del gobierno. De las políticas que debía tomar. De lo
meditado que debía estar cada decisión para que la vida no fuese tan cara.
Otro editorial lo dedicaba a la situación de
la Alemania de después de la Gran Guerra. Del crecimiento de los partidos extremos:
comunistas y nazis. Se intuía una victoria de los socialdemócratas. Los
partidos de la derecha estaban divididos. Pedían a los posibles ganadores que aunque
no llegasen a una coalición, al menos consiguiesen una armonía mayor.
Y otro editorial lo dedicaba al acuerdo entre
los fascistas italianos y los soviéticos rusos. El temor a un pacto contra los
gobiernos democráticos. EL SOL creía que imperaban las razones político-económicas
de ambos países. Los soviéticos no conseguían entenderse con los gobiernos
capitalistas y los italianos no había conseguido rebajar su deuda ni llegar a un
acuerdo con los Estados Unidos. En Europa, ni Francia, ni Inglaterra, ni
Alemania le abrían sus arcas. El acuerdo preocupaba en las cancillerías internacionales.
Dos dictaduras llegaban a un acuerdo en el agosto de 1930. Dos dictaduras que
deseaban crear un orden social incompatible con el ya existente. Y EL SOL, matizando
la alerta, la reseñaba para la defensa de la democracia.
Es en este panorama que refleja EL SOL
cuando Adolfo Salazar escribe La vida musical en Cuba. – La enseñanza. Las
orquestas.
Cuba 1930. La iniciativa particular en la
Gran Antilla se extendía a ámbitos que en Europa ocupaba el Estado. Es el caso
de la enseñanza. Cuba y España no tenían teatros oficiales, ni orquestas
oficiales. No tenían consignación presupuestaria salvo en el aspecto municipal
de las bandas.
En Cuba, como en Estados Unidos y las
repúblicas hispanoamericanas se dejaba esta cuestión a la iniciativa privada.
Pero ya se hablaba de crear un Conservatorio oficial. Salazar creía que su
éxito dependía de su criterio de selección. No ayudaba la descentralización del
poder en Cuba que impedía una homogénea dirección de los criterios pedagógicos.
Adolfo Salazar había recibido información
del número de profesionales de la música. Dependía de su nivel de formación el
éxito que tuvieran. Y no debía de dejar de reconocerse la labor de la iniciativa
privada. Y en este punto, reseñaba la labor de los músicos españoles. Y hablaba
del Conservatorio Bach que dirigía María Muñoz de Quevedo que consideraba como
una institución modelo. Tanto en el criterio como en sus procedimientos. Tanto
en lo artístico como en el sistema pedagógico. Fundado en 1925, era la idea que
sostenía Musicalia. Este Conservatorio, esta revista y la nueva
Asociación estaban en la cabeza de sus creadores para surgir en el momento
indicado. Y la madurez artística de María Muñoz era reseñada por el musicólogo
español.
El conservatorio Bach se basaba en la
enseñanza del piano. Pero también se enseñaba armonía y un panorama de amplitud
que se extendía a la historia del arte en general y la literatura. Sensibilidad
y técnica. En las clases de Historia analítica
de la música e Historia de las Artes, con proyecciones, participa Antonio
Quevedo.
Salazar nos cuenta el éxito que han tenido
las conferencias de Federico García Lorca en el Institución Hispano Cubana de
Cultura, y que hablaría para la institución de los Quevedo del ciclo histórico
de la poesía española.
Elogiaba también los métodos pedagógicos
infantiles de María Muñoz. El que la música se hable musicalmente para
los niños desde párvulos. Dando importancia en esta enseñanza a los músicos de
los antiguos yu de los modernos como Bela Bartok, Stravinski o Poulenc. La música
moderna entusiasmaba a los más pequeños, según Salazar.
Las clases eran individuales, salvo
conferencias o cursillos de análisis a los que podían asistir alumnos de otros
centros. Como complemento, se enseñaban idiomas, especialmente para los que
querían dedicarse al canto.
La falta de protección oficial era más aparente
en la vida de las orquestas, llenando este hueco la iniciativa privada.
Españoles como Pedro San Juan, según Adolfo Salazar, mostraban paciencia y
entusiasmo en la Orquesta Filarmónica.
La Orquesta Sinfónica de La Habana era
dirigida notablemente por Gonzalo Roig, director también de la Banda Municipal
y de la escuela Municipal de Música. Destacaba, por otra parte, la labor de la Orquesta
Falcón dirigida también por Roig, con esfuerzos heroicos para sobrevivir.
Salazar quería para España en 1930 una
gran Orquesta Nacional, asentada en sólidas bases económicas, con directores
fijos, pero también ocasionales. Con unos planes diseñados y definidos. Con
método. Y desearía, otro tanto, para Cuba. Por su entusiasmo y esfuerzo.