Cultura y sociedad

Adolfo Salazar en Cuba (1)

     

     

Indumentaria Ñáñigo, Cofradía Abakuá. Museo de América



     Los lectores de EL SOL recibían con el café y las porras del desayuno las noticias del día y la vida cotidiana de sus más reputados articulistas. Es el caso del viaje a Cuba de Adolfo Salazar, el intelectual y musicólogo más importante del primer tercio del siglo XX: 

     "Después de una ausencia de más de dos meses ha regresado a Madrid nuestro fraternal camarada, el crítico musical de EL SOL, Adolfo Salazar, el cual ha permanecido parte de ese tiempo, como saben nuestros lectores, en La Habana, adonde fue expresamente invitado por diversas asociaciones culturales para que desarrollara allí cursos y conferencias sobre temas de su especialidad."

     Encabezaba la noticia EL SOL con DE AMÉRICA Regreso de Adolfo Salazar. Y nos contaba la categoría y personalidad del viajero como uno de los más firmes valores de la intelectualidad española, que había participado en distintos actos culturales en Cuba, los cuales causaron una gran resonancia. Sus actuaciones fueron recogidas por la prensa local como EL PAÍS, DIARIO DE LA MARINA y la revista AVANCE. Todas mostraron un gran interés y afecto.

     Conferencias como la dictada en la Sociedad Pro Arte, presidida por la señora Giberga, ante un auditorio de 4.000 personas, donde dio un curso sobre la música romántica y conferenció sobre la música española contemporánea. 

    En la Sociedad Hispanoamericana de Cultura, dirigida Don Fernando Ortiz, pronunció conferencias sobre Madame de Stäel y los comienzos del Romanticismo literario en Inglaterra, Francia y Alemania.

     El redactor de la noticia informaba que Adolfo Salazar se proponía referir en algunos artículos su periplo cubano, y contar la sugestiva música negra y criolla que había apreciado en una fiesta de ñáñigos, entre otros fastos.

     La noticia proseguía con el siguiente remate final:

     "Por cierto que del "Manuel Arnús", que trajo a Adolfo Salazar desde Nueva York, donde aquel se detuvo unos días, han desembarcado también en Cádiz, y también con estelas de éxito, el poeta Federico García Lorca, que regresa de Cuba, y la publicista Teresa de Escolarza, que regresa de la capital yanqui.

     Sean todos bien llegados."

     Esta noticia publicada en EL SOL hacía referencia al viaje que había realizado Adolfo Salazar a Cuba en mayo y junio de 1930. Allí había coincidido con García Lorca a su regreso de Nueva York. Salazar era uno de los intelectuales españoles que habían animado a continuar sus estudios en Madrid después de un primer año irregular, como sabemos por la correspondencia mantenida desde los primeros años de la década de 1920. Y sabemos también del contacto que establecieron con María Muñoz y Antonio Quevedo, Los Quevedo, en la capital cubana. De lo cual haremos una breve reseña en una siguiente entrega. 

     Entre las noticias que acompañaban a la vuelta del viaje a Cuba destacamos el anuncio del duque de Alba de la pronta desaparición de la censura, tras la caída de Primo de Rivera, y la convocatoria de las posibles elecciones, como así fueron, en abril de 1931. Sobre este futuro clima político, por esos días, escribía Ortega y Gasset en varias entregas un artículo titulado César, los conservadores y el futuro. Ortega se cuestionaba sobre un César monárquico o republicano en los estertores de la República Romana.

      (Continuará)




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     Bibliografía consultada:

     - EL SOL, se han consultado los ejemplares de junio, julio, agosto y septiembre de 1930. 

     - El Epistolario de Adolfo Salazar con Alejandro García Caturla y Federico García Lorca, para ubicar cronológicamente el momento. Este epistolario se conformó con el archivo de Salazar en México, con el depositado en la Residencia de Estudiantes, la Fundación Ortega y Gasset, la Fundación Paul Sacher y el Colegio de México. Nosotros hemos consultado entre el 6 y el 11 de noviembre de 2025 en el Archivo Museo Sánchez Mejías, la edición de Consuelo Carredano, publicada por la Fundación Scherzo y la Residencia de Estudiantes, con la colaboración de INAEM, en Madrid, 2008. Las cartas cubren el periodo 1912-1958.



10-01-2026 23:27 Actualizado 11-01-25 12:23

Helena de Troya

 

     

Ilíada. 


      En el campo se habían enfrentado Menelao y Paris por conseguir la bella Helena y sus riquezas. Al que venciera la poseería con sus riquezas, impidiendo la confrontación entre aqueos y troyanos. Zeus apoyaba a Menelao y Afrodita a Paris. La diosa salvó al troyano de las acometidas de Menelao porque utilizó una densa niebla que le llevó a sus aposentos. Afrodita buscó a Helena que estaba en las murallas de Ilión acompañada de otras troyanas y la llevó a la cámara nupcial de Paris. Helena le increpó ante los tristes designios que se presentaban:

     ¡Vienes de la lucha… y hubieras debido perecer a manos del esforzado varón que fue mi anterior marido! Blasonabas de ser superior a Menelao, caro a Marte, en fuerza, en puños y en manejo de la lanza; pues provócale de nuevo en singular combate. Pero no: te aconsejo que desistas y no quieras pelear ni contender temerariamente con el rubio Menelao; no sea que enseguida sucumbas, herido por su lanza.”[1]

     Paris se defendió. Estaba siendo vencido por el anterior marido de su amada Helena. Otro día vencería él porque tenía también dioses que le protegían. Solo quería volver al tálamo con su bella esposa. La pasión le envolvía; la amaba y era dulce su deseo. Mientras, en el campo de batalla, tras la densa niebla, Menelao seguía buscando al troyano y clamaba su victoria, exigiendo la entrega de la argiva Helena con sus riquezas, más una indemnización.

     Así acaba el tercer canto de la Ilíada que nos cuenta el enfrentamiento entre aqueos y troyanos con el tema de la huida de Helena de Esparta por sus amores con el troyano Paris.

     Helena cargó durante mucho tiempo con la culpa del origen de la guerra de Troya que cantó Homero en la Ilíada y la Odisea. La causa de esta guerra fue el rapto de Helena, reina de Esparta y esposa del rey Menelao, por el príncipe troyano París, hijo de Príamo y hermano de Héctor. Voluntaria o involuntariamente, Helena había seguido al troyano. El amor de la más bella del mundo griego era el premio otorgado a Paris por elegir a Afrodita como la más hermosa de las diosas en competencia con Atenea y Hera (Juicio de Paris). Prefirió el amor de Helena frente a la victoria (sabiduría) y el poder que ofrecían las otras diosas. Se disputaba la manzana de la Discordia que sobre la mesa tenía la inscripción A la más bella de las diosas.

      Después del juicio, Paris se dirigió a Esparta para conseguir el amor de Helena con la ayuda de Afrodita y, obtenido, se la llevó a Troya. Helena era la más bella de las mujeres. Todos los príncipes griegos pretendieron su mano. Antes de elegir a Menelao, prometieron respetar su decisión y acudir en su ayuda en el caso de que Helena se encontrase en peligro. Tras el rapto, estos príncipes de Grecia se conjuraron al mando del hermano de Menelao, Agamenón, rey de Micenas.

     El juicio de Paris fue muy representando en la Antigüedad en cerámicas áticas o en sarcófagos romanos, donde el troyano aparece con aspecto pastoril junto a las tres diosas y Hermes. En el Medievo fue un tema desaprovechado y con la Edad Moderna se retomó para que se mostrara el desnudo femenino, quedando el significado original de poder, sabiduría y amor en segundo plano. Recordados son los trabajos ejecutados por Cranach, Lucas Giordano y Rubens. El rapto de Helena aparece en menos casos en las artes figurativas, aunque el Barroco nos muestra grandes ejemplos[2].

Juicio de Paris. Rubens. Museo del Prado

 

     El relato mitológico del Juicio de Paris tiene su origen en la boda de Tetis y Peleo, donde Eris, la diosa de la Discordia, retó a la diosa más bella a recoger la manzana de oro que había lanzado a los presentes. Como se ha citado, el resultado ocasionó el rapto de Helena y la consecuente guerra de Troya. Rubens utilizó este tema en varias ocasiones para deleitarse con su ideal de belleza femenina y las consecuencias del amor y la pasión. En el Museo del Prado se centró en las mujeres desnudas, pintadas con líneas sinuosas y escorzos exagerados. Es deudor de la pintura veneciana que admira al final de su carrera. Fue un encargo de Felipe IV, rey de la monarquía hispánica, hacia 1638-39 y decoró el Palacio del Buen Retiro[3].

El rapto de Helena. Tintoretto. Museo del Prado.

 

      Tintoretto pintó hacia 1578-80 El rapto de Helena que se encuentra en el Museo del Prado. Como hemos mencionado, el relato literario y mítico se cuenta en Homero (Ilíada). El cuadro muestra las reticencias de Helena por abandonar a Menelao, sugiriendo el rapto de Paris. No por voluntad propia como había sugerido la versión de Giulio Romano. Tintoretto recrea la escena cuando Helena es conducida a un barco, mientras se libra una batalla en tierra. El aspecto de los personajes recuerda a los enfrentamientos entre los reinos europeos y el turco en la época de la batalla de Lepanto (1571). Helena es vista como el peligro que corre la ciudad de Venecia ante el turco, por lo que se utiliza como una alegoría. Obsérvese el contraste entre el primer plano en claroscuro y el fondo, muy iluminado. También contrasta la composición dinámica con la inferioridad y desvalimiento de Helena. La obra perteneció al duque de Mantua, de ahí pasó a la colección de Carlos I de Inglaterra. En 1561 era propiedad de John Jackson; poco después, tuvo nuevo propietario en la persona de Luis de Haro valido de Felipe IV, a quien se la regaló[4].

     Helena era hija de Leda, reina de Esparta, casada con Tindáreo. Zeus se convirtió en cisne para seducirla. De la seducción nació Helena y Pólux, uno de los Dioscuros. De Tindáreo y Leda nacieron Cástor y Clitemnestra. Los Dioscuros (Cástor y Pólux) son la representación de los héroes míticos dorios, valientes y luchadores[5]. Clitemnestra fue la mujer del rey de Micenas, Agamenón, y tema central de la Orestiada de Esquilo. Cezanne pinta la seducción de Zeus a Leda (1882) en el momento que convertido en cisne toma su mano. La obra es de un cromatismo radical. Leda es muy sensual en su aspecto. El cromatismo es máximo[6].

Leda y el Cisne. Cezanne. Wikipedia

    

     Vamos a la literatura. En el Cancionero de romances de Amberes (mitad siglo XVI) aparece el Juicio de Paris. Se presenta en forma de sueño, porque Paris dormía: Era por el mes de mayo/ que los calores hacía, …

     Y es aquí cuando se solicita el juicio en esta versión por unas diosas a un dormido que contesta de esta manera[7]: Suplico a vuestras altezas/ desnudas veros querría, / que ya he visto lo público, / el secreto ver querría,/ porque yo pueda juzgar y absolver vuestra porfía./ …

     El tema de Helena evolucionó a través de la historia. De causante de la guerra de Troya, con Gorgias comienza a ser vista de otra manera. Todos coinciden en la belleza de la hija del cisne Zeus y Leda. Así como que nace de un huevo. El proceso conceptual de Helena pasa de canon de la belleza a instrumento de los designios divinos, y de aquí a una especie de Mata-Hari de la Antigüedad.

     Se inserta en el ciclo de las leyendas troyanas. Homero pone en su boca que sabe que será materia de canto para generaciones futuras. Homero, que retrata a Helena por su belleza, refleja el sentimiento de culpabilidad que le embarga, ya sea rapto o complicidad en la fuga. Rasgos contradictorios en nuestra heroína que la hacen tan humana como mítica. De las críticas en la Ilíada, a la primera defensa en la Odisea por Penélope (mujer de Ulises). Empieza a tener una segunda oportunidad. Termina, vemos, otra vez en el reino de Esparta. Su belleza es tal que se relaciona con su ascendencia divina.

     Otra versión negativa la aporta Hesiodo. Dibuja a Helena como adultera. O como Estesícoro que perdió la vista por un poema negativo sobre nuestra bella protagonista y la recuperó desmintiendo lo dicho en el poema anterior, porque según afirma nunca estuvo en Troya. Este poema de Estesícoro fija el canon de la no presencia en Troya de Helena que más tarde repetiría Heródoto, que ubica a Helena en Egipto.

    Más tarde, Isócrates compone un Elogio a Helena que resalta su belleza y dota a su persona de símbolo del panhelenismo. En Orestes, Eurípides la condena inicialmente, para salvarla en el último instante. Aunque su imagen en otras obras de Eurípides es negativa. En Heléne vuelve a surgir la contrafigura de Helena, que está en Egipto, y no como la que se encuentra en Troya.

     En Heroidas, Ovidio presenta una Helena hermosa, decente y esposa fiel. Pero es humana y se siente halagada por Paris y se imagina en Troya, con sus riquezas y el rechazo de sus habitantes. Surge el amor y la aventura.

      Quinto de Esmirna, en el siglo III de nuestra era, ya se muestra favorable a la inocencia de Helena. Temerosa del castigo de Menelao se esconde en el palacio de Príamo. Allí le encuentra el rey de Esparta. Cuando la va a matar, Afrodita interviene y hace desparecer los celos de Menelao y surgir de nuevo el amor. Sin embargo, está ante sus compañeros de armas en la guerra de Troya y vuelve a empuñar la espada mortífera que solo conseguirá refrenar su hermano Agamenón, puesto que le convence de la culpabilidad de Paris, que fue quien la forzó en el rapto.

     En la Edad Media también se debatió su figura. Mal vista por los más moralistas que argüían que del huevo del cisne Zeus no podía nacer un buen polluelo, a visiones más positivas que remarcan que fue raptada[8]. Contra su voluntad, nunca siendo dueña de su destino.

    La etimología, finalizamos, de Helena proviene del griego Ελένη, que significa antorcha o luz, pero otros lo relacionan con el movimiento solar. Con el tiempo, su nombre se entrelaza con el término Hélenes que designa a los griegos en su lucha frente a los poderes que llegan de Asia.

   



[1] HOMERO: Iliada. Canto III. Colección Austral. Espasa Calpe. Madrid. 1954-1972.

[2] MARTÍNEZ, C., GONZÁLEZ, M.ª T. y ALZAGA, A.: Mitología Clásica e Iconografía Cristiana. Editorial Universitaria Ramón Areces. Madrid. 2010. Páginas 120-121.

[5] MARTÍNEZ, C., GONZÁLEZ, M.ª T. y ALZAGA, A.: Obra citada. Páginas 154-155.

[7] COSSÍO, J. M.ª.: Fábulas Mitológicas en España. Espasa Calpe. Madrid. 1952

 

[8] SAQUERO, P.: Helena de Troya: una heroína controvertida. En Asparkia, 25. 2014, Páginas 113-126.  


4-01-2026 18:36   Actualizado 7-01-26 6:30


   

Adolfo Salazar en Cuba (1)

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