Cultura y sociedad

Mujeres constituyentes en España: 1977-1979

 

     En las Cortes constituyentes de 1977-1979 fueron elegidas diputadas al Congreso las siguientes mujeres:

-        Soledad Becerril Bustamante, diputada de Unión del Centro Democrático por Sevilla.

-        Pilar Brabo Castells, diputada del partido Comunista de España por Alicante.

-        Carlota Bustelo García del Real, diputada del Partido Socialista Obrero Español por Madrid.

Carlota Bustelo

-        María Dolors Calvet Puig, diputada del Partido Comunista-PSUC por Barcelona.

-        Virtudes Castro García, diputada del Partido Socialista Obrero Español por Almería.

-        Asunción Cruañes Molina, diputada del Partido Socialista Obrero Español por Alicante.

-        María Victoria Fernández-España Fernández-Latorre, diputada de Alianza Popular por La Coruña.

-        Carmen García Bloise, diputada del Partido Socialista Obrero Español por Madrid.

-        Dolores Ibarruri Gómez, diputada del partido Comunista de España por Oviedo.

-        María Izquierdo Rojo, diputada del Partido Socialista Obrero Español por Granada.

-        Rosina Lajo Pérez, diputada del PSC-Partido Socialista Obrero Español por Gerona.

-        Marta Ángela Mata i Garriga, diputada del PSC-Partido Socialista Obrero Español por Barcelona.

-        Mercedes Moll de Miguel, diputada de Unión del Centro Democrático por Granada.

-        Dolores Blanca Morenas Aydillo, diputada de Unión del Centro Democrático por Badajoz.

-        Elena María Moreno González, diputada de Unión del Centro Democrático por Pontevedra.

-        Palmira Pla Pechovierto, diputada del Partido Socialista Obrero Español por Castellón.

-        María Teresa Revilla López, diputada de Unión del Centro Democrático por Valladolid.

-        Ana María Ruiz-Tagle Morales, diputada del Partido Socialista Obrero Español por Sevilla.

-        Inmaculada Sabater Llorens, diputada del Partido Socialista Obrero Español por Alicante.

-        Esther Beatriz Tellado Alfonso, diputada de Unión del Centro Democrático por Santa Cruz de Tenerife.

-        Nona Inés Vilariño Salgado, diputada de Unión del Centro Democrático por La Coruña.[1]

     En el Senado fueron elegidas o designadas senadoras en el periodo constituyente, 1977-1979, las siguientes mujeres:

-        Juana Arce Molina, senadora de Unión del Centro Democrático por Albacete.

-        Gloria Begué Cantón, senadora por designación real[2].

-        María Belén Landáburu González, senadora por designación real.

-        Amalia Miranzo Martínez, senadora del Partido Socialista Obrero Español por Cuenca.

-        María Dolores Pelayo Duque, senadora de Unión del Centro Democrático por Tenerife.

-        María Rubiés Garrofé, senadora del grupo parlamentario Entesa Dels Catalans[3][4].

     Sin indicar nombres, la actividad profesional con la que llegaron a las cámaras en las elecciones de 15 de junio de 1977 sería la siguiente:  

-        Profesoras enseñanza media/ universitarias, 10.

-        Estudios universitarios, 3.

-        Profesora de Magisterio y/o pedagogía, 4.

-        Activista política/ sindicalismo, 3.

-        Periodista, 1.

-        Contable, 1.

-        Empresaria, 1.

-        Servicios financieros/ banca, 1.

-        Abogacía, 3[5].

     El punto de partida de la participación femenina en las cámaras legislativas en 1977 era bajo, un escaso seis por ciento, que se mantuvo durante los primeros diez años. A partir de 1986 subió a un 18 %, alcanzando en las elecciones de principios de siglo el camino del 30% (2011-2018). Se acercó al 50 % en las elecciones de 2019 y se mantiene por encima del 40 % en la actual legislatura[6]. En España, al igual que en los países nórdicos se organiza por el sistema de cuotas establecidas por/en los partidos, con efectos, parece, más positivos que negativos[7].

     Como añadido, señalaremos varias diferencias entre la mujer y el hombre que existían antes de la Constitución de 1978 y de la puesta al día de derechos femeninos que aportó. Era el reto que tenían estas mujeres constituyentes.

     En las normas reguladoras del Derecho de Familia había en el franquismo una subordinación jurídica de la mujer con respecto al varón, con prohibiciones o imposibilidades originadas en la tradición cristiana y la Sección Femenina: Mujer como esposa y madre que estaba bajo la autoridad del padre/marido. Desapareció el divorcio civil existente en la II República.

     En los casos de filiación, las mujeres quedaron discriminadas, no instándose la  investigación de paternidades. Las relaciones patrimoniales venían también marcadas por la discriminación. 

     El régimen obligatorio era de comunidad y la mujer carecía de poder de administración y disposición, incluso de su privativo patrimonio aportado a la comunidad, salvo permiso del marido/padre. Y tampoco ejercer de albacea, tutor o mandatario sin permiso del marido, así como aceptar herencias o solicitar partición. La reforma de Derecho de Familia comenzó por Ley 14 de 2 de mayo de 1975, que abrió el camino para la reforma constitucional.

     El Derecho penal estuvo impregnado de las normas tradicionales católicas. La mujer era un apéndice del hombre y se prestaba ayuda a las mujeres consideradas “honestas”. Podían ser violadas por sus maridos y ser muy difícil que tuviera un reproche penal. Lo que se escondía en las leyes penales franquistas no era la protección de la mujer y, al contrario, se pretendía la protección del honor del hombre. Existían la presunción o el prejuicio en las violaciones y el estupro. Se rebajaba la pena de infanticidio de la madre o los abuelos maternos para ocultar la deshonra o por determinados estados de ansiedad. No existía el aborto, que se atenuaba por los motivos citados de deshonra o cooperación de los padres de la mujer.

     Hubo también medidas restrictivas en Educación al actuar la Iglesia Católica, haciendo desaparecer las leyes republicanas. Volvió la segregación en las clases. La educación se orientaba ser buenas esposas y madres. Esta situación empezaría a cambiar en la década de 1960. Se consigue la total alfabetización infantil y la Ley General de Educación de 1970 establece una educación básica obligatoria y se permitió un mayor acceso de los ciudadanos de ambos sexos a los estudios superiores.

     En el Derecho de Trabajo, no existía libertad sindical y se regulaba las relaciones laborales mediante un intervencionismo administrativo absoluto. Las mujeres trabajadoras seguían bajo el esquema mental de alejarlas del taller o de la fábrica[8]. Pero también había excepciones como las telefonistas que antes de la mecanización del servicio podían gestionar centralitas telefónicas. Los límites existían, por ejemplo, que si contraían matrimonio dejaban de ser telefonistas, de “coger números” para las llamadas, que se hacían con la introducción de clavijas.

     La concepción general hasta los años finales del franquismo era que el hombre se encargaba del sostén económico de la familia, y la mujer se encargaba de los hijos y la casa.



 

 



[2] Senadores por designación real al amparo de la Ley 1/1977 de 4 de enero de la Reforma Política. 41 en total.

[5] Autoridades en portal del Archivos Españoles, en interrelación www.congreso.es, de igual modo las fotografías de las diputadas y senadoras.

[7] RUIZ MIGUEL, A.:  Mujeres y representación democrática. En Leviatán 85-86. 2011. Páginas 75-99.

[8] VV.AA.: Las mujeres parlamentarias en la legislatura constituyente. Cortes Generales y Ministerio de la Presidencia. Madrid, 2006.


8-3-2026 20:16  actualizado 9-3-2026 15:34

Entre el flamenco y la vanguardia: La propuesta y los críticos_2

 

Puerta de la Justicia, acceso a La Alhambra. Flickr

 

      La proposición del “Cante jondo”

     “En la sesión celebrada el día ocho del pasado mes por el Ayuntamiento de Granada, fue presentada y elocuentemente apoyada por don Antonio Ortega Molina, una solicitud de subvención para celebrar un concurso de Cante Jondo (canto primitivo andaluz) …” Así comenzaba Manuel de Falla un artículo en El defensor de Granada el 21 de marzo de 1922.

     Falla quería que se celebrara durante el Corpus, la fiesta grande de Granada. Alegaba la numerosa nómina de firmantes de la solicitud, que el Ayuntamiento había recogido con auténtico fervor, del cual se había hecho eco toda la prensa.

     El texto de la solicitud, la conferencia dada en el Centro Artístico por Federico García Lorca, los artículos publicados en prensa local y nacional señalaban el fin elevado del proyecto sobre el que escribía el músico gaditano afincado en Granada. Sin embargo, se veía en la necesidad de aclarar o solucionar ciertos equívocos que contrastaban con las innumerables adhesiones que había recibido para el proyecto.

     Para el maestro, la necesidad de actualización y revalorización del canto jondo era tan necesaria para Granada como la conservación del palacio de Alhambra, gastos que nunca consideraría injustificados, y cuya arquitectura había sido emulada en muchos edificios. Por ello consideraba que la música nueva no sería tal, ni las orquestas sonarían de un modo determinado de no haber existido influencias como los cantes populares andaluces y este era el caso del cante jondo.

     No era un simple azar que las músicas rusas buscasen inspiración en los ritmos, las formas, el color y los recuerdos de España. Una música, poesía de Andalucía, que estaba en peligro. Decía Falla que el canto andaluz era la sombra de lo que fue y debe ser, que había degenerado en el flamenquismo que adulteraba y modernizaba elementos esenciales que le caracterizaban. Se producían artificios en la modulación vocal que impedían la comparación de los puros cantos primitivos de Oriente con los nuestros. Criticaba, en fin, la torpe amplitud del reducido ámbito melódico de los cantos: la pobreza tonal de las dos únicas escuelas modernas y la frase groseramente metrificada sin flexibilidad rítmica.

     Pero no cabía la desesperación. Había que restituir la canción andaluza a su primitiva belleza como fin primordial del concurso de cante jondo. Y el marco incomparable de Granada se había elegido por devoción a la ciudad y la creencia en que ella misma hubiese dado forma definitiva a estos cantos. Persistirían en el intento de llevar a cabo el evento y sabían que, en un futuro, los artistas tendrían una razón para recordar Granada, su Corporación, el Centro Artístico y los iniciadores de la idea porque renacieron en toda su pureza esos cantos de maravilla como legítimo orgullo de la música natural europea[1].

      ¿Quiénes criticaban la iniciativa del Concurso de Cante Jondo?

     Existían dudas en el mismo periódico donde escribía Falla. Se comentaba que le eliminaron una alusión sobre la conservación de la Alhambra[2]. En medios liberales como EL SOL veremos cómo se informó críticamente. En los medios locales resalta la figura de Francisco de Paula Valladar con su revista La Alhambra. Y fuera de Granada, destacó la figura de Eugenio Noel, antiflamenquista y antitaurino, como recoge Gerardo Diego. Se habla incluso del excesivo purismo y elitismo de Fernando de los Rios, que inicialmente expuso críticas al cartel de Manuel Ángeles Ortiz. Debemos decir que, en defensa de Fernando de los Ríos, que era el factótum de todo lo que se organizaba en relación con el Concurso de cante jondo como autoridad académica indiscutible, miembro de la Institución Libre de Enseñanza y el miembro del partido socialista que fue a la Unión Soviética con Daniel Anguiano para elaborar un informe en 1920 sobre la adhesión de los socialistas a la Tercera Internacional comunista. Su tesis de no adhesión fue aceptada. El viaje y su posición sobre la Unión Soviética fue publicada en libro

     El cartel del concurso de Ortiz fue criticado entre los miembros del Centro Artístico más antiguos, lo que Lorca llamaría en el lenguaje de sus amigos de la Residencia de Estudiantes, putrefactos. Todo se solucionó con la copia del cartel que Falla envía a Zuloaga. El pintor le contesta por telegrama que era un cartel magnífico. Y Manuel de Falla lo fija en el tablón de anuncios del Centro Artístico. Silencio en todos sus miembros. Zuloaga era respetado por todos.

      Vamos por los críticos. En el diario EL SOL se publicaba el 14 de junio de 1922 una viñeta de Bagaria donde un guitarrista cantaba muertes y ejecuciones de forma sarcástica/irónica como única alegría.

¡Anda, arma mía y sigue echando alegrías por la boca!... Bagaria para EL SOL, 14-06-1922

 

     Sin embargo, al día siguiente, 15 de junio de 1922, hay una información más detallada y elogiosa coincidiendo con la celebración del Corpus. El 13 de junio: Entradas agotadas con el detalle de los vestidos a la moda de 1840 tanto en la aristocracia como en la gente del pueblo. Los hombres, con sombrero ancho y capa. Zuloaga decorando la plaza de los Aljibes. Tapices granadinos, mantones de Manila y telas antiguas. Candiles y faroles iluminaban con brillo y fantasía. Tras las presentaciones, discurso inaugural de Ramón Gómez de la Serna. Y después, se recoge las actuaciones de los concursantes. Al tiempo, se desarrollaba una exposición de cuadros de Zuloaga con éxito.

     Durante el 14 de junio, los trenes llegaron abarrotados de Sevilla y Córdoba. En medio del silencio más absoluto, al llegar la noche, cantaron Diego Bermúdez, Concha Sierra, Manuel Pavón, el Niño de Jerez, Antonio Muñoz y Carmen Salinas. A las doce, con el fin e inicio del día, comenzó a llover. Tras el chubasco, Caracol cantó saetas.

     El 16 de junio en un breve de EL SOL se informa de la decisión del jurado con el comentario del éxito del concurso, la fiesta ha tenido un carácter andaluz maravilloso que hará guardar al público un inolvidable recuerdo.

    El 17 de junio, EL SOL, en otro breve informa de la recepción que se celebró el día siguiente a la finalización del concurso en los salones de la Asociación de Periodistas en Granada. Se cita a Falla, Rusiñol, Zuloaga, Gómez de la Serna, corresponsales extranjeros y nacionales, artistas de Granada, pero no a García Lorca. Se celebró un lunch en una fiesta cordial.

      La ironía o la crítica, algo atávica, vuelve de la mano de Bagaria el 21 de junio. Sobre el carácter flamenco del vasco Zuloaga y el catalán Rusiñol.

     En las referencias que estamos haciendo de EL SOL, notábamos la ausencia de Adolfo Salazar, el crítico musical del diario, firmante de la adhesión a la solicitud del Concurso de Cante Jondo de 1922. En esos días se encontraba en París. Escribe un artículo el 23 de junio con el título Kaleidoscopio, y llegando al final dice:

      Tras el nombre de Falla, que está en todas las bocas, y tras el concurso de “cante jondo” que organiza, y que es aquí ya famoso…

      A pesar de la versión de González Alcantud, las críticas del desarrollo del concurso no pasaron de las caricaturas de Bagaria en EL SOL, aunque no sean extensos los artículos.

     Mayor crítica al concurso viene de la revista La Alhambra dirigida por Francisco de Paula Valladar. A mediados de febrero de 1922 advierte: Ser entusiasta de la fiesta de los cantos populares granadinos, pero dejémonos de «cante jondo…» Corremos, no lo olvide el Centro, el peligro gravísimo de que esta fiesta pueda convertirse en una españolada…

Francisco de Paula Valladar. Wikipedia

 

     A finales de marzo criticaba el artículo escrito en El defensor de Granada por Manuel de Falla por la referencia a la influencia del cante jondo en Rusia y Francia, argumentando que desde entonces han aumentado las españoladas y que se debería copiar la propuesta sevillana de saetas; y ve más interesante una labor investigadora y educativa como la de los músicos regionales manchegos y sus seguidillas o el sistema murciano de enseñanza de su canto regional.

     Sin embargo, no deja de señalar de forma admirativa la llegada de Rusiñol y Zuloaga, sin explicar que el motivo son los preparativos del concurso (La Alhambra, 31-5-1922). El 15 de junio critica que el tema El origen de los cantos populares andaluces: su estudio y vicisitudes, que había sido propuesto por la Real Sociedad Económica, haya quedado desierto en el concurso. Porque creía que era  escaso el tiempo para realizarlo, el ámbito geográfico de su estudio y la investigación sobre su origen e influencias en los gitanos.

     El 30 de junio dice que se han exagerado las influencias del cante jondo sin aportar documentos. Se queja de las 12.000 pesetas que ha aportado el Ayuntamiento, que no se han tenido en cuenta sus observaciones para no caer en la españolada, como así lo ha visto. Dijo que como festejo nuevo había resultado estupendo. Pero que, como cosa artística, había sido nulo. Y puso como ejemplo de españolada la zambra de gitanos y gitanas camino del Sacromonte con asistentes ataviados como en 1840. Y criticó, finalmente, la relación establecida con los orientalismos- las influencias del cante jondo y los cantos primitivos del Oriente- con la nueva música de Glinka, Debussy, Ravel y Stravinsky o Gautier y Merimeé.

     El 31 de julio anunciaba que estaba recogiendo toda la información publicada sobre el Concurso de Cante Jondo y señalaba un artículo publicado en La acción, irónico sobre el certamen. Las referencias siguen apareciendo directa o indirectamente al concurso de cante jondo como de la España de la pandereta el 31 de agosto, o como celebraciones a evitar (31-10-1922). Y a final de año- 31 de diciembre- describe al Concurso de Cante Jondo como de desagradable recuerdo.

     Finalmente, citaremos entre los críticos del Concurso del Cante Jondo y el flamenco a Eugenio Noel. Considerado miembro de la generación del 14 o epígono de la del 98, sobre él escribió Gerardo Diego por su aversión al flamenco y la tauromaquia como adversario ambulante y melenudo de la fiesta y en general del flamenquismo, al que atribuye todos los males del atraso patrio…sus diatribas contra el flamenquismo y el toreo hay que reconocer que se produjeron en un momento en que el exceso de popularidad del toreo y lo incompatible del abundante sacrificio caballar con la nueva sensibilidad moral que ya se estaba forjando las haría disculpables aunque tan exageradas…[3]

     Noel había publicado en 1914 dos revistas antiflamencas y antitaurinas de escasa tirada y poco anuncio económico que las sustentara: El flamenco y El chispero. En el caso que nos ocupa, la referencia es un artículo escrito el 10 de junio de 1922 en La Esfera. Con el título El misterio del Cante Hondo. El “tablao” se va, comenzaba calificando de huraño y hosco a Felipe Pedrell (folklorista y musicólogo amigo de Falla) para citar su obra y remarcar que los jóvenes artistas al sentirse atraídos por el ejemplo ruso han indagado el cancionero galaico portugués y el orientalismo musical bético o bien el catellanismo agrupado en sus virtudes y acentos por Salinas. Y, además, buscando la espontaneidad viva del sentimiento, se preguntaban qué cosa sea el cante hondo andaluz, el género flamenco y el sentimiento gitano. 

     Han llegado a idear un torneo de canciones en marco apropiado a esos apoyos rítmicos en libertad tan caros a las isocronías del compás moderno, en una plaza del Albaicín, en la San Nicolás.

     Hasta ahí califica de acertada la labor erudita, pero critica que la complejidad de estos cantes andaluces es ajena a los propios andaluces al ignorar esos innumerables y sutilísimos diseños, arabescos, impresionismos, patetismos y elementos decorativos, e, incluso, repugnan hablar de ello. Critica Noel a los cantaores, al andaluz cerrado porque no distingue el cante hondo flamenco y el cante de sentimiento de la tierra tartasia[4], que, según Noel, indigna a la inteligencia y la técnica.

     La técnica y el intelectualismo son impotentes para luchar con un alma que no es cristiana y posee substancialmente su contenido emocional; que no es mora ni mucho menos árabe, y tiene del corazón africano y sangre oriental la proyección más extraordinaria. Un andaluz puede libertarse, en la vida diaria, de la sugestión de lo flamenco, pero siempre está dispuesto y ansioso de caer en esa emoción que le es necesaria a su espiritualidad. Y lo curioso es que ama lo flamenco por eso mismo: porque se niega a toda definición, a toda ley, porque admite todos los estilos y modalidades, cadencias, sonidos y ritmos.”

     Y, acercándonos al final,: De ahí el fenómeno curioso de que mientras no hay fuerzas humanas que separen moral y musicalmente lo flamenco de lo andaluz, cada día lo flamenco tiene menos valor de exhibición y una como tendencia a no prodigarse. Cada día son mayor número los que gustan de él que los profesionales de él. Los cuadros flamencos, los famosísimos tablaos desaparecen, se van…

     Remata, con un tono que hoy veríamos discriminatorio/racista,

      Y es que lo pintoresco, al retirarse del ambiente por su propia inanidad, hace más interesante y extraordinario el espíritu de esa Raza única. Si los gitanos no mintieran tanto; si fuera posible que un gitano profundizara en las pasiones, tal vez diera la solución del problema…Pero acercaos a cualquier cantaor o danzante gitanos, y no sólo no sabrá deciros cosa alguna, sino que, según toda probabilidad, lo ignora tanto como vosotros.

     Lo cierto es que para el flamenco y el cante jondo, el festival, con sus revisiones, se sigue recordando y celebrando.


La Esfera, 10-06-1922.



[1] Manuel de Falla en El defensor de Granada, 21 de marzo de 1922.

[2]  GONZÁLEZ ALCANTUD, J. A.: Jondistas y antifalmenquistas en el concurso de 1922. Un antes y un después en la historia del flamenco en Andalucía en la Historia, 74. Enero-marzo 2022.

[3] DIEGO, G.: Obra Completas. Tomo V. Conferencia inédita, 1957. Alfaguara. Madrid. 1997. Consultado 27-4-2024. Archivo Museo Sánchez Mejías.

[4] Tartaria. Puede ser un error sobre una supuesta civilización.



27-02-2026 12:27, actualizado 28-02-2026 11:35

Yo disiento, 4 de junio de 1982


EL PAÍS, 4 junio de 1982. Yo disiento. Adolfo Suárez


     Por su interés, se reproduce el artículo que publicó el 4 de junio de 1982 en EL PAÍS Adolfo Suárez, presidente constitucional el 23 de febrero de 1981, tras los juicios de Campamento a los rebeldes del golpe del 23 F. Como se está consultando EL PAÍS, se recomienda las crónicas del juicio de Martín Prieto, por ejemplo, que luego fue publicado en libro. El artículo sienta ya la actitud del jefe del Estado ese día, refrendada en el juicio, tesis aceptada por la mayoría de historiadores. Va, por otra parte, en el sentido del recurso que el gobierno de UCD presentó ante el Tribunal Supremo para que se elevaran las penas que, en la instancia inferior, el tribunal militar había dictado en la setencia. Y muestra la forma de pensar sobre qué democracia se quería en 1982. A continuación, Yo disiento de Adolfo Suárez, para EL PAÍS:

     

     Yo disiento

     Adolfo Suarez

     04 JUN 1982 - 00:00 CEST

     El 23 de febrero de 1981, mientras el Gobierno de la nación y los representantes del pueblo español se encontraban reunidos para la investidura de un nuevo presidente del Gobierno, un reducido grupo de jefes y oficiales de la Guardia Civil asaltaron con las armas en la mano la sede de la representación nacional, secuestraron, bajo amenaza de muerte, a los miembros del Gobierno y del Parlamento durante cerca de dieciocho horas e intentaron subvertir el orden democrático establecido en la Constitución que el pueblo español, con la sanción del Rey, se ha dado a sí mismo. Son de sobra conocidos los autores de estos delitos. Enjuiciados por la jurisdicción militar, han sido sometidos a un proceso que han aprovechado, en numerosas ocasiones, como plataforma de propaganda política, difundiendo falsedades que enturbian la clara actuación del Rey y exponiendo, con desprecio al tribunal militar que les ha encausado, ideas contrarias a la democracia y a la Constitución.


      Ante las sentencias dictadas por el Consejo Supremo de Justicia Militar, dentro del respeto que tal institución me ha merecido siempre, me veo obligado en conciencia a manifestar mi opinión política en las siguientes, consideraciones:

      Entiendo que las sentencias no protegen de manera suficiente los derechos del pueblo español. El rigor no consiste en concentrar las responsabilidades, sino en castigar adecuadamente a todos los culpables. La ejemplaridad no se produce si quedan sin castigar comportamientos intolerables. La justicia penal también debe ser disuasoria, y no se disuade a los que puedan participar en una rebelión militar si se personalizan las penas en los promotores y se libra a quienes las secundan y actúan fuera de la ley. Nunca puede ser aceptable que quede un amplio margen de irresponsabilidad para quienes intervienen en un golpe de Estado y con su actuación provocan amenazas que ponen en crisis la democracia en España.

      Porque la crisis de la democracia implica necesariamente la crisis de todas las instituciones españolas -la Corona, el Parlamento, el Gobierno, las Fuerzas Armadas, los partidos políticos, la Administración y los mismos tribunales de justicia-, que sólo en el orden democrático que el pueblo español, en el ejercicio legítimo de su soberanía, se ha dado a sí mismo encuentra su verdadero sentido y fundamento.

      Pienso que una crisis de este tipo abriría paso al miedo como factor determinante de la política española. Alguna vez señalé que sólo había que tener miedo al miedo mismo. No hay libertad bajo el miedo, no hay derechos ciudadanos bajo el miedo, no se puede gobernar bajo el miedo. En un ambiente de temor continuo a un nuevo y posible golpe, se confunden los ideales comunes con los intereses de los grupos, se usurpan las representaciones más legítimas y se hace imposible la libre expresión de la voluntad popular y, con ello, la paz y la concordia de todos los españoles.


      Creo que el miedo traería consigo la involución de la vida española. Con la involución viene el separatismo institucional, que implica que los que son sólo elementos de un todo armónico pretenden constituirse como un todo, con desprecio a la mayoría, e imponen una especie de presión institucional, cuyas consecuencias la historia por desgracia nos ha mostrado.

      Desde mi profundo respeto a la institución militar, creo que la terminación del proceso por los hechos del 23 de febrero tiene que dejar limpia y clara ante la opinión pública la actitud de las Fuerzas Armadas, a las que todos los ciudadanos hemos concedido como institución el privilegio extraordinario de usar armas para guardar y hacer guardar el orden constitucional, y que realmente así lo han hecho durante toda la transición y en plena democracia, con excepciones como la del reducido grupo de asaltantes al Congreso.

      Por eso es natural que la lectura de la sentencia produzca desasosiego entre quienes padecimos la violencia golpista y entre todos los demócratas del país y aun del mundo entero. Son muchos los puntos concretos que merecen un comentario pormenorizado. Pero, aun a riesgo de simplicidad, quisiera concentrar mi atención en uno de estos puntos: la absolución de algunos oficiales que ejercieron violencia física contra los representantes del pueblo y actuaron con sus armas en contra del poder civil, encarnado en el Gobierno y en el Congreso de los Diputados.


      No parece admisible, por tanto, que, por lo que: respecta específicamente a los tenientes de la Guardia Civil procesados, se haga jugar, de algún modo, la eximente de obediencia debida, aduciendo "que su error no resultaba vencible en sus circunstancias" y que "Ios acontecimientos de la noche del 23 y madrugada del 24 de febrero presentaron apariencias suficientemente confusas y expectantes para hacer dudar, incluso a mandos muy superiores, de las decisiones a tomar, y por ello a dilatar su adopción en espera de que la situación apareciese como clara y resueltamente decidida". La situación estaba ya decidida por la Constitución y estaba decidida por el Rey. La actitud del Rey hizo imposible que jugara este engaño y, por otra parte, no parece lógico que los tenientes de la Guardia Civil, que deben conocer la Constitución y el Código de Justicia Militar, puedan caer en un engaño de este tipo. Resulta evidente que el Rey no puede realizar indicaciones contrarias a la propia Constitución, que es la norma que establece las competencias de la Corona.

      Es preciso dejar muy claro que en España no existe un poder civil y un poder militar. El poder es sólo civil. Atentar contra este hecho es subvertir el orden institucional, hacer prevalecer la fuerza contra la legitimidad, tratar de usurpar la jerarquía cívica en aras de una presunta disciplina que se podría ejercer contra los supremos intereses del pueblo.


     Frente a esto no pueden tener éxito las falsedades y las insidias propagadas durante el proceso y que la propia sentencia hace bien en rechazar de supuestos deseos del Rey. Como tampoco cabría admitir la peregrina idea de una unión directa, exclusiva y excluyente, entre las Fuerzas Armadas y el Rey, que no tiene otro objetivo que colocar al propio Rey y a la misma institución militar al margen de su instancia legitimadora: el pueblo español.

     Adolfo Suárez era en 1981 el presidente constitucional del Gobierno español.

Archivo Linz Transición Española Núm. R-17304, 5-6-1982. Noticia recogida en Diario16. Fundación Juan March.





26-2-2026 11:59. Actualizado 13:24


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