
Duelo a garrotazos. Francisco de Goya. Museo del Prado.
¿Cómo fue la Quinta del Sordo en 1823? Debieron impresionar las catorce escenas conocidas como Pinturas Negras. Decoraron dos habitaciones, en las plantas baja y alta. Esos pigmentos oscuros y negros. Ahora están en la sala 67, pegando a la fachada de Murillo, en el Museo del Prado. Hay fotografías del conjunto realizadas en la Quinta del Sordo hacia 1873, en medio del Sexenio Revolucionario. ¿Quedaría algo del alma o el aire de don Francisco?
Siempre nos fijábamos en el perro en medio
de la nada. Últimamente miramos la escena que está a su izquierda. En el
inventario del hijo de Goya se titulaba Dos forasteros. Imaginamos que
era así porque era incomprensible que dos paisanos o conocidos se agrediesen
con semejante saña.
En la monografía de Charles Yriarte sobre
Francisco de Goya se refiere a esta escena con el nombre Dos boyeros, a
los que la tradición considera de origen gallego. En la Quinta del Sordo estaba
en la planta alta. En el primer catálogo del Museo del Prado de 1900 recibió el
título conocido: Duelo a garrotazos.[1]
Lo más evidente, lo que nos preocupa, es
la pelea. ¿Dos actores individuales? ¿Alegoría de la lucha fratricida entre los
españoles? En 1823 era el enfrentamiento entre absolutistas y liberales. ¿Era
demasiado pronto para la negociación, la mediación, el arbitraje? ¿La
conciliación?
Negociar siempre ha significado ceder en
algo. El resultado es una satisfacción que no es completa. La escena del cuadro
es dura. Dos personas con garrotes se aprestan a golpearse hasta el cansancio o
la derrota. Los agresores están hundidos hasta donde la pierna se dobla en la
rótula, como si estuvieran atados o empezaran a ser tragados por el fango. No
pueden huir. ¿Morirán los dos?
Hay quien cuenta que no están hundidos,
que falta la parte inferior del cuadro que se perdió al trasladar las pinturas
y se optó por rematar el suelo en color ocre.
Los duelistas parecen luchar eternamente.
Sus cuerpos destacan sobre un escueto o pobre paisaje. La escasa luz del cuadro
hace pensar en el amanecer o en la llegada del anochecer, cuando todo parece morir.
En 1823 acabó el Trienio Liberal. Se
ajustició a Riego por orden de Fernando VII. Los liberales y afrancesados se
exiliaron. Entre ellos, Francisco de Goya. Se ha querido ver el enfrentamiento
entre las dos Españas que llega hasta la Guerra Civil de 1936. La
intelectualidad siempre vio ese enfrentamiento, esa violencia innata del ser
humano, que criticó la Ilustración, tanto como la discordia entre los hombres y
la lucha fratricida.
El duelo a garrotazos simboliza el
primitivismo del ser humano. La satisfacción de los instintos más atávicos. Es
la reacción en caliente ante las contrariedades de la vida, que puede ocultar un
error[2]. Un error irreparable.
En principio, estas pinturas fueron creadas
para el disfrute privado. Carecían de vista exterior y respondían al gusto
personal del artista. El paso del tiempo ha dotado a Duelo a garrotazos
de lectura política relacionada con la historia de España, con hipótesis
políticas, hipótesis antropológica e hipótesis mitológica.
La lectura política comenzó casi de
inmediato. Hemos comentado que es posible que falte la parte inferior del
cuadro, a la altura de las rodillas de los duelistas. Que en su lugar hubiese
hierba y no el fango que les inmoviliza. En la inicial, uno de ellos podía
huir; en la obra repintada o restaurada, está hundido.
Santos Juliá decía que uno de los rasgos
que caracterizaban la identidad española era la oposición entre dos grupos
irreconciliables. Goya ya presentó dos bandos irreconciliables en Carga de
mamelucos o en El dos de mayo. Entendamos que era contra un invasor.
Pero el motivo profundo es la violencia entre seres humanos. Cuando se pierde
el dominio de sí.
Valeriano Bozal dijo que era la muerte de
dos personas que no pueden escapar a su destino terrible. Dos personas con
ropajes que algunos dirían de pobres. Pero su lucha se eleva como algo trágico.
Mortal.
Se ha relacionado con las luchas de
absolutistas y constitucionalistas, las guerras carlistas y la Guerra Civil de
1936. Si se pintó durante el Trienio Liberal, es producto del enfrentamiento
entre los partidarios del absolutismo y los partidarios de la Constitución de
1812. Otros alargan la premonición hasta la Guerra Civil. Hay quien ha visto
por su indumentaria que uno representa la mirada al pasado y otro, la mirada
al futuro. Sin duda, es una obra que puede conectarse con la variada serie de
conflictos históricos de España. Sirve de reflexión y tiene influjo en
creadores artísticos del siglo XX.
Antropológicamente, se ha visto como la
lucha del bien y del mal. A Ramón Gómez de la Serna, los duelistas recordaban a
los mendigos mutilados del Madrid de Goya. Mutilados y mendigos que aparecen en
los dibujos de Goya. Pero no parece ser el cuadro de una pintura costumbrista.
Toda la escena nos lleva a la discordia humana que se soluciona sólo con la
muerte. Una disputa arraigada, eso sí, desde tiempos lejanos. ¿Un juicio de
Dios? ¿Una destrucción recíproca?
Nos hace reflexionar sobre la oposición
entre dos actitudes humanas. La búsqueda de la verdad del duelista al que apreciamos
la cara frente a la sinrazón del que la tiene oculta.
Otro aspecto llamativo es la
indeterminación del lugar donde se produce la disputa. Y esa indeterminación
espacial hace intemporal el tema de la violencia. Como ahora los vemos sujetos por
las piernas al fango y no a la hierba original, nos surge la duda de si, en vez
de la lucha entre el Bien y el Mal, como no sabemos quién es cada uno, debemos
redirigirlo al concepto de cainismo. Solo cainismo, no Caín y Abel. Los dos
duelistas son cainitas. Manuela Mena dijo que Goya estaba obsesionado con el mal
en sí. Mal que afecta a toda la naturaleza y es intemporal.
¿Por qué se decidió enterrarles en el
fango? ¿Intervino el recuerdo del grabado de la empresa 75 de Empresas
políticas (1640) de Saavedra Fajardo? En este grabado, ocho guerreros pelean
con parte del cuerpo enterrado.
La diferencia con el cuadro de Goya estriba
en que únicamente disputan dos personas y sus vestimentas no guardan relación
con ningún ejército.
Por otro lado, las Empresas políticas
pertenecían a un género literario doctrinal o pedagógico parecido al ensayo que
parte de una máxima y una ilustración que luego es explicada y aplicada para la
educación de príncipes y nobles. La empresa 75 tiene una máxima
conocida: Quien siembra discordias cosecha guerras. Parece que Saavedra Fajardo tuvo de fuente de inspiración el capítulo VII de Metamorfosis
de Ovidio, con una atribución dudosa a Medea, cuando debía ser atribuida a
Jasón la siembra de los dientes de dragón de los que nacerían los guerreros que
se enfrentan entre sí.
Volviendo a las piernas enterradas o
tapadas en la hierba. La reforma del cuadro fue realizada por Salvador Martínez
Cubells. ¿Pudo ser quien se inspiró en Saavedra Fajardo? ¿Pudo sobrepasar sus funciones? ¿Pudo ser por comodidad? ¿Quiso reproducir las luchas tradicionales? No sabemos cuál.
El tema mitológico aparece también en Saturno
devorando a sus hijos y en Las Parcas.
En realidad, todo nos hace volver hacia el
tema del cainismo. A la tierra que determina la lucha entre congéneres humanos.
A su tragedia y al perjuicio que caerá en todos. Si hay un perdedor, muere. Si
hay un vencedor, elimina a un semejante. Caín.
Goya pasó de lo costumbrista y luminoso a
lo violento y oscuro. Y este punto de vista sobre la violencia es el que más ha influido en el
arte moderno[3].
[1] https://www.museodelprado.es/coleccion/obra-de-arte/duelo-a-garrotazos/2f2f2e12-ed09-45dd-805d-f38162c5beaf
[2] CARLOS
CID BABARO: Duelo a garrotazos en Una mirada laboralista a la pintura
del Prado. Obra dirigida por SEMPERE NAVARRO, A. V. Colección de Derecho
del Trabajo y Seguridad Social. Boletín Oficial del Estado. Madrid. 2020.
[3] MIGUEL
ÁNGEL DE LA FUENTE GONZÁLEZ Y SANTIAGO SEVILLA VALLEJO: Tres hipótesis de “Duelo
a garrotazos”, de Francisco de Goya. Acercamiento político, etnológico y mitológico
en Revista de Folklore núm. 457. Marzo. 2020. Fundación Joaquín Díaz.
11-10-2026 21:43 Actualizando.