Cultura y sociedad

Dámaso y el olvido.1

   

Dámaso Alonso, con gafas, en la boda de Luis Felipe Vivanco, con Cela, entre otros. 1945. BVPB.



     Una alegre jira[1] de siete amigos—“la brillante pléyade”, que había de decir un periódico local— a la siempre despierta y admirable Sevilla, invitados amablemente por el Ateneo, había de rematarse con una conmovedora ceremonia que no se había repetido en la península desde los tiempos trovadorescos de Quintana y Zorrilla: la solemne, la triunfal coronación de Dámaso Alonso en la venta de Antequera… Tan brillante fue el éxito de Dámaso que cuatro bellísimas muchachas no pudieron contenerse y desfilaron ante su tribuna para felicitarle antes de concluir su conferencia, aprovechando una pausa de sorbo de agua… el banquete, culminación de aquella serie gentilísima de agasajos, en la Venta de Antequera. Mediada la comida, apareció, escoltado por una comisión que integraban representantes del Ateneo y de la revista Mediodía, el rector de la Universidad de Apolo, Max Jacob Antúnez. Después de un elocuentísimo discurso, salpimentado de eruditas alusiones, depositó sobre las sienes ruborosas de Dámaso una auténtica corona de laurel. La siempre verde y vencedora rama fue cortada a un árbol vecino por las manos, expertas ya en tales cosechas, de Ignacio Sánchez Mejías.[2]

     Casi cincuenta años después, en 1975, Dámaso Alonso era director de la Real Academia de la Lengua. En la cumbre de su prestigio, se hacía eco el diario Informaciones de un llamamiento para proteger la casa de Federico García Lorca. La noticia estaba redactada por el que luego sería durante muchos años corresponsal en Francia de ABC, Juan Pedro Quiñonero. Un plan urbanístico podía acabar con la Huerta de San Vicente. Allí escribió buena parte de su obra, allí fue probablemente fotografiado con su familia por última vez por Eduardo Blanco Amor. El director de la Real Academia, Dámaso Alonso, encabezaba una serie de intelectuales dando la alerta. Firmaban con él Vicente Aleixandre, Gerardo Diego, Blas de Otero, Luis Felipe Vivanco, Gabriel Celaya, Carlos Bousoño, José Hierro y José Luis Cano, entre otros.

     Los firmantes pedían al Ayuntamiento de Granada que no lo hiciera. Los herederos de Lorca querían proyectar un museo con recuerdos, muebles, objetos y libros del poeta. Sus obras creadas en dicho espacio eran el honor de la literatura española, el legado espiritual de uno de los maestros de la lírica castellana de todos los tiempos. Era un monumento de nuestra historia espiritual, pieza imprescindible del memorial de nuestra cultura[3]. Francisco, hermano de Federico García Lorca, también alertó de este peligro.


Federico García Lorca. Eduardo Blanco, diputación de Orense y Huerta de San Vicente.

     

     Hoy, la Huerta de San Vicente es la casa museo de Federico García Lorca desde 1995, tras la compra del Ayuntamiento de Granada de la casa a la familia García Lorca en 1985[4].

     Dámaso Alonso había sido sucesor en la dirección de la Real Academia de la Lengua de Ramón Menéndez Pidal, quien había sido director antes de la Guerra Civil Española (1926-1939). Dimitió por presiones de la dictadura, fue apartado de su cátedra y, con la desaparición del Centro de Estudios Históricos, dejó de ser su director. El prestigio internacional de Menéndez Pidal hizo que fuera rescatado por el franquismo en una de sus primeras aperturas hacia el exterior. Pemán, sustituto de Pidal, dejó paso a su predecesor para restituir al intelectual liberal respetado por todos. Fue elegido por unanimidad y voto secreto de sus compañeros para su segundo mandato.

     Dámaso Alonso había entrado como discípulo de Menéndez Pidal en el Centro de Estudios Históricos. En el documental ¿Qué es España? de Luis Araquistáin y Cayetano Coll (1926) aparece como el joven ayudante de su maestro. Cuando fue coronado en la Venta de Antequera por su brillante actuación en los actos del Ateneo de Sevilla, había recibido el Premio Nacional de Literatura por su estudio sobre Las Soledades de Góngora. Fue director de la Academia entre 1968 y 1982.

     Gerardo Diego contó su coronación en Lola en 1928 y Gerardo Diego lo recordó años después en un artículo escrito en Arriba (1972). Señalaba que se había alzado con la capitanía del grupo del 27, unidos por lazos de amistad imperecedera. Añadía que desde 1927 había resplandecido el genio de interpretación poética y la erudición crítica e investigadora de Dámaso Alonso, quien reunía las artes y oficios del escritor, del filólogo y el poeta[5]. En aquellos años, el prestigio y la admiración por Dámaso Alonso se recordaba con los poemarios Oscura noticia, donde se hila el misticismo aduendado con el paraíso cerrado de Federico muerto, debido a una frase de san Juan de la Cruz, e Hijos de la ira, significativo despertar poético de la posguerra.



[1] Banquete o merienda entre amigos con regocijo y bulla.

[2] Lola, núm. 5, abril de 1928.

[3] JUAN PEDRO QUIÑONERO: Informaciones, febrero de 1975. Archivo Linz de la Transición Española, Fundación Juan March, registro R-6766.

[4] https://huertadesanvicente.com/huerta36.php

[5] GERARDO DIEGO: El almuerzo del director en Arriba, 16-1-1975, Obras Completas, tomo IV. Edición-Introducción de Francisco Javier Díez de Revenga. Alfaguara y Herederos de Gerardo Diego. Madrid. 1997. Nota 4-11-2026, Archivo Museo Sánchez Mejías.



6-11-2026 18:12. Actualizado 7-11-2026, 7:23.

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